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Alaric estaba en el Grill. Aún no podía creerse que su esposa Isobel estuviese sentada junto a él.

-Me alegro de verte –sonrió ella-. Estás muy bien. He oído que ahora eres profesor de Historia. Vaya, ¿cómo es eso?

-¿Dónde estabas, Isobel?

-No tengo ninguna razón que puedas comprender. No tengo ninguna explicación que te pueda satisfacer. Quería hacerlo.

-¿Así de simple?

-Sí... Y tú debías llorarme y superarlo.

-Eras mi esposa y te amaba –dijo él con un hilo de voz-. ¿Cómo no iba a buscarte?

-Porque no me había perdido, Ric.

El hombre agachó la cabeza derrotado.

-Tengo entendido que conoces a mi hija Elena –dijo ella escribiendo algo en una servilleta del bar-. Y he oído que ha estado buscándome. Así que... –añadió pasándole el papel-. Quiero que nos organices una cita.

-Vienes a verme... ¿para que pase un mensaje?

-Sí.

Alaric rompió con chulería la servilleta por la mitad y la dejó caer en la barra.

-Ya... Que te den –le dijo él-, zorra egoísta.

El profesor de Historia salió del bar muy cabreado con la mujer. Estaba abriendo la puerta de su coche cuando la vampira apareció detrás de él.

-¿Qué quieres de mí?

-Te lo he dicho.

-No voy a hacer nada por ti –se negó Ric.

Isobel se movió a velocidad vampírica y lo agarró del cuello, empotrándole contra el coche, mostrándole sus colmillos a modo de amenaza.

-Vas a decirle a Elena que quiero verla o empezaré a matar a los vecinos de este pueblo uno por uno, empezando por tus alumnos. ¿Vale?

-Va... –"vale" intentó decir él, pero la vampira le apretaba tanto el cuello que lo estaba ahogando.

Ella entendió que había captado el mensaje, por lo que le tiró al suelo y se largó de allí.

Alaric vio que junto a él en el suelo había una nueva servilleta, la cual cogió antes de que se volara con el viento.

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Elena estaba preparándose para ir al instituto. Mientras tanto, hablaba con Damon por el móvil.

-Tengo que ayudar a construir la carroza de Miss Mystic Falls para el desfile –le contó ella sin ninguna ilusión-, y si no, me las veré con Caroline.

-Sí, la Barbie puede llegar a ser muy intimidante a veces... –bromeó Damon, quien estaba tumbado en la cama de su hermano.

-¿Cómo va todo?

-Estoy genial, muchas gracias –sonrió él burlonamente.

-Sí, sobretodo después de lo de anoche... –sonrió también ella al recordar-. Pero me refería a Stefan, ¿cómo lo lleva?

-Está... horrible.

-¿Qué le pasa? –se preocupó la chica, temerosa de que hubiese vuelto a probar la sangre humana.

-Vuelve a ser aburrido, estirado y deprimente... –explicó él, a lo que Elena respondió rodando los ojos y sonriendo ante el comentario de su novio y el cómo le había dado la vuelta al asunto en poco tiempo-. Hemos conseguido quitarle lo poco de interesante que había en su personalidad.

-Te recuerdo que fue cosa tuya.

-Y cómo me arrepiento –se burló Damon, para luego ponerse más serio-. Eh... ¿Tu tío John mencionó algo sobre mi salida con el profesor de Historia?

-No, sigo evitándole. ¿Pasa algo?

-No lo sé, pero me encantaría que lo averiguaras.

-A ver qué puedo hacer. Hasta luego –se despidió ella-, llego tarde.

-Que te sea leve –le deseó él antes de colgar.

-¿Qué haces aquí? –le dijo Stefan a su hermano al verle en su habitación.

-Leer tus diarios no, desde luego. Ya lo hice una vez y acabé deprimiéndome.

-En serio, Damon. ¿Qué quieres?

-Saber cómo lo llevas, hermanito –sonrió de medio lado este.

-Me encuentro perfectamente, gracias. Aunque no me dejasteis dormir mucho anoche –se quejó Stefan, quien no había logrado librarse de oír a su hermano y Elena revolcándose en la cama durante toda la noche.

-Es lo que tiene tener novia –dijo un Damon muy orgulloso y para nada avergonzado por el hecho de que les oyese-. Deberías probarlo alguna vez, a ver si una chica te quita de una vez por todas esa cara de ceño fruncido que siempre llevas encima.

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Caroline estaba sentada con Bonnie en una de las mesas que habían dispuesto en el instituto para la preparación de las carrozas.

-¿Y Elena? –se quejó la rubia-. Iba a ayudarnos.

-No sé.

-Vale, ¿qué ocurre?

-¿Qué quieres decir? –dijo la bruja evasiva.

-No te hagas la tonta, sé que Elena y tú estáis distantes. Antes no te separabas de ella y ahora casi ni os habláis.

-No es nada.

-¿En serio? Porque a mí me parece que ocurre algo y no puedo arreglarlo sino sé qué ocurre.

-No puedo contártelo –se disculpó Bonnie, puesto que le había prometido a su amiga mantener el secreto de los vampiros-. Caroline, lo siento.

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Mientras tanto, Alaric reunió a Stefan y Elena en el aula de Historia, aprovechando que los alumnos estaban entretenidos con el diseño de las carrozas para el desfile y que no había nadie por los pasillos y aulas. Tenía algo muy importante que contarles.

Cuando Damon llegó a la clase poco después, vio que los tres estaban muy callados y con caras largas.

-Damon, gracias por venir –le dijo Ric al entrar.

-¿Llego tarde? Traigo una nota... –bromeó este-. Da igual –añadió al ver cómo el profesor le miraba muy serio; y no era el único, los tres estaban muy serios-. ¿A qué vienen esas caras?

-Vi a Isobel anoche –le contó Alaric.

-¿Está aquí? ¿En serio? –se sorprendió el vampiro, desviando rápidamente la mirada hacia Elena, la cual estaba muy preocupada.

El chico quería sentarse con ella, decirle que todo iría bien, que no pasaba nada; pero no podía moverse, no se atrevía a hacerlo por miedo a su rechazo.

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John fue a reunirse con Isobel a una mansión en venta donde esta se ocultaba. Al llegar al salón vio a un hombre y una mujer bailando sensualmente. Estaban en ropa interior y se veían mordeduras por sus cuerpos.

-Llegas tarde –le dijo la vampira, la cual estaba sentada en un sofá contemplando el espectáculo.

-¿Es que ahora tengo un horario? ¿A qué viene esto? –preguntó el humano mirando a los bailarines.

-Cherie es una cantante de jazz que recogí en un bar de Brooklyn. Y al vaquero lo encontré en un rodeo gay en Amarillo.

-¿Es gay?

-Ahora no –sonrió maléficamente ella-. Es muy bueno conmigo-. Hey, Cherie, cache vous.

Ante la orden, la pareja de humanos abandonaron la sala.

-Les enseño francés –le explicó la vampira a John, a lo que este bufó-. Puedo oler cómo te repugna todo esto.

-Son personas, Isobel. Y los tratas como a muñecos.

-Si vamos a ser socios, deberías ser un poco menos intransigente.

-Colaboramos porque tenemos un objetivo común. No pienses por eso que comparto tu estilo de vida.

-¿Mi estilo de vida? –se burló ella, cosa que el humano ignoró-. Así que... Supongo que aún no tienes el invento.

-Tranquila, lo conseguiré.

-Amenazaste con delatar a Damon Salvatore y no funcionó. Mataste a esa Pearl y no sirvió de nada. Me da la impresión de que tu plan no está funcionando, John.

-Tu presencia aquí no está ayudando nada –la acusó él, a lo que la vampira respondió dándole un tortazo en la cara y haciéndole caer al suelo.

-Has fallado, John. Tendré que encargarme yo.

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Damon se estaba desesperando, pues ninguno de los tres parecía querer hablar y explicarle lo que sea que Isobel había dicho. Por ello, tuvo que empezar el interrogatorio por su cuenta.

-¿Le preguntaste por el tío John? –le preguntó al profesor-. ¿Trabajan juntos?

-No.

-¿No qué?

-No pregunté.

-¿Y qué hay del invento?

-Tampoco.

-¿Sabe algo de la tumba?

-No lo sé.

-¿No fuiste capaz de decir una palabra? –le incriminó el vampiro, a escasos centímetros del humano, de forma un tanto intimidante.

-Estaba algo alterado al ver a mi esposa la vampira muerta para hacer preguntas –se excusó Alaric, igual de sobresaltado que Damon.

-¿Qué quiere? –preguntó este algo más calmado.

-Quiere verme, Damon –le dijo Elena con voz apagada.

El chico la miró fijamente, intentando descifrar en su mirada los sentimientos que ocultaba tras la fachada de serenidad.

-Alaric tiene que organizar la cita –añadió a la explicación Stefan-. No sabemos lo que quiere.

-No tienes que hacerlo sino quieres –le dijo Damon a su novia, aún sin apartar la vista de esta.

-No tengo más remedio.

-Ha amenazado con una matanza –explicó Alaric.

-Ah. Supongo que eso... No os parece bien, ¿verdad? –dijo Damon posando su mirada intermitentemente en cada uno de los tres miembros de la sala.

-Quero hacerlo –le dijo Elena, ganándose de nuevo la mirada del chico-. Quiero verla. Sino lo hago me arrepentiré.

-¿Estás segura de que es eso lo que quieres? –le preguntó Damon.

-Sí, estoy segura.

-Pues en ese caso... No tengo nada más que decir.

-Gracias –agradeció su apoyo ella.

Damon se acercó a la chica y se arrodilló a su lado, mirándola fijamente a los ojos.

-Siempre estaré ahí para apoyarte. Lo sabes, ¿verdad?

-Sí –dijo Elena asintiendo con la cabeza y sonriendo levemente-. Lo sé.

-Bien –sonrió forzadamente él apartándole un mechó de pelo de la cara y recogiéndoselo detrás de la oreja-. Todo irá bien.

Ella volvió a asentir y Damon le dio un cariñoso beso en la frente.

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Elena estaba sentada en una mesa en el Grill, esperando la llegada de Isobel. Estaba muy nerviosa. Le hubiese gustado que Damon estuviese allí con ella, pero sabía lo temperamental que este podía llegar a ser y no era buena idea. Además, una de las exigencias de la vampira era que ni Damon ni Alaric estuviesen presentes durante la conversación, por lo que solo Stefan podía estar allí para protegerla en el caso de que sucediese algo. Su cuñado estaba vigilando desde la mesa de billar. No le daba tanta confianza como le hubiese dado Damon, pero tenía que valer.

Isobel apareció delante de ella con semblante serio y totalmente vestida de negro. Elena la miraba con la boca abierta de la impresión mientras esta se quitaba la chaqueta y la colocaba en el respaldo del asiento. No fue hasta que se hubo sentado cuando comenzó a hablar.

-Hola, Elena –la saludó con un tono de voz de fingido entusiasmo-. Como dos gotas de agua. Asombroso.

-¿Conoces a Katherine?

-Ella me encontró cuando me convertí. Curiosidad genética, supongo. Creo que le fascinaría verte.

-¿Eso es lo que te permite salir de día? –preguntó Elena mirando el colgante de la vampira, intentando cambiar el rumbo de la conversación.

-Katherine me ayudó a obtenerlo.

-¿Quién es mi padre?

-Eso no importa. Era un adolescente imprescindible.

-Un nombre estaría bien –exigió saber la chica.

-Sí, ¿verdad? Haces muchas preguntas...

-¿Por qué obligaste a ese hombre a matarse cuando me dijo que dejara de buscarte?

-Impacto dramático. Ojala hubiera sido más eficaz.

-¿Tan poco significa la vida para ti?

-No es nada para mí –sonrió Isobel-. Es parte de ser lo que soy.

-No. Conozco a otros vampiros, no es verdad.

-¿Cómo tu novio el que está fuera del bar esperándote? ¿Damon Salvatore? No sabes las cosas que se cuentan de él. No es ningún santo que se diga.

-Ya no es así.

-Claro que no –se mofó esta con una sonrisa maléficamente-. Siento curiosidad, ¿por qué Damon? –se interesó Isobel-. ¿Por qué no elegiste a Stefan? Katherine siempre ha preferido al menor de los Salvatore, aunque Damon era más servicial y fácil de manejar. Y, según tengo entendido, mucho mejor en la cama; algo con lo que estaría de acuerdo de no ser porque no he probado al otro hermano.

La vampira estaba restregándole por la cara que se había acostado con su novio. Era algo que hacía solo para provocarla y Elena no estaba dispuesta a caer en su juego. Ella ya había hablado con Damon de ello, lo tenía superado. No iba a dejarse llevar por unos celos que no tenía sentido que tuviese, dado que Damon había repetido hasta la saciedad que solo tenía ojos para ella. Él era su chico y nada de lo que Isobel o cualquier otra que haya estado con Damon podría hacerle dudar de la fidelidad de este.

-¿O es que disfrutas de ambos... como Katherine? –se burló Isobel dejándola sin habla ante la mención de la vampira.

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Damon estaba fuera del Grill, en el terreno llano de césped frente a este. Sus nervios estaban a flor de piel. No podía dejar de pensar que Elena podría estar en peligro. Su hermano Stefan estaba dentro, pero eso no lograba hacerle sentirse más tranquilo. No estaría bien hasta que volviese a tener a su chica entre sus brazos, algo que se hacía esperar mucho.

-Deberíamos entrar –sugirió el vampiro por enésima vez.

-No –le negó Alaric, quien aparentaba calma, todo lo contrario que él, que estaba caminando en círculos sin parar-. Isobel me advirtió que no debíamos entrar.

-No voy a matarla delante de todo el mundo...

-No vas a matarla y punto –sentenció el humano.

-¿Arruinó tu vida y sigues protegiéndola?

-Es mi esposa. Era –se corrigió cuando Damon le miró alzando una ceja-. Era mi esposa. Anoche intenté reconocerla, pero solo vi a una mujer fría y distante.

-Ya, ha perdido la humanidad.

-¿Sabes? No lo entiendo. En Stefan hay humanidad, es un buen tío. Tú eres un cerdo y matas gente, y aún así tienes algo humano. Pero en ella... no vi nada.

-Puedes apagarlo –le explicó Damon-. Es como apretar un botón. Stefan es diferente. Quiere experimentar la humanidad, quiere vivir cada episodio de Cómo conocía a vuestra madre y se obliga a sentir. Pero cuando eres vampiro, tu instinto es no sentir. Isobel tomó el camino fácil. Sin culpa ni vergüenza. Sin el menor remordimiento. ¿Si pudieras no lo harías?

-Tú no lo has hecho.

-Tengo un buen motivo para no hacerlo.

-Elena –comprendió Alaric.

-El amor es lo que tiene, los vampiros nos dejamos llevar mucho por ese sentimiento. Lo puede todo.

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Mientras tanto, la chica continuaba su conversación con su madre.

-¿Para qué querías verme? –preguntó Elena intentando ignorar los comentarios ofensivos de la vampira-. No sería solo para charlar.

-Porque sentía curiosidad. Pero la verdadera razón es que quiero lo mismo que tu tío, el invento de Jonathan Gilbert.

-¿De qué le conoces? –preguntó la joven, tratando de confirmar sus sospechas sobre si John era su padre biológico o no.

-Pasé mucho tiempo aquí cuando era joven. John estuvo enamorado de mí durante años. Él fue el primero que me habló de los vampiros.

-¿Qué te hizo desear ser uno?

-Hay una larga lista de razones, Elena. En las que estoy segura que has pensado. Pero apuesto a que elegirás la más absurda: tu amor por Damon –se burló la vampira.

-Lo siento, pero no tengo lo que estás buscando –respondió la joven enfadada.

-Quiero ese invento.

-No lo tengo.

-Ya lo sé, pero tu novio sí. Y vas a conseguírmelo.

-¿Y sino me lo da?

-Entonces, correrá mucha sangre. Ha sido un placer conocerte –le dijo Isobel yéndose del local.

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Jenna estaba preparándose un sándwich cuando su sobrino llegó al comedor.

-Ah... Anna –dijo él hablando con el buzón de voz del móvil-. ¿Dónde estás? ¿Qué pasa? Ah... Llámame cuando oigas esto.

-¿Cómo está Anna? –inquirió su tía cuando este colgó el teléfono-. Me gusta, ¡tiene fuerza!

-Pues... No sé, no me devuelve las llamadas...

-¿Algún problema? –dijo John entrando en la sala.

-No, ningún problema. Anna me debe una llamada.

-¿Es la chica con la que te vi en la fiesta? Parece que lo vuestro va en serio ¿Cuánto hace que no la ves?

-¿Por qué? –se extrañó el joven de su pregunta.

-Hablaba por hablar. Nadie me dirige la palabra –dijo John mirando a Jenna, quien le estaba ignorando y evitaba su mirada-. Estoy aquí, si necesitas a alguien con quien hablar de chicas.

-Agg... Por favor –se quejó Jenna-, estoy comiendo.

John esperó a que la mujer su hubo ido para continuar hablando con su sobrino. Quería demostrarle que podía confiar en él. Quería ganarse su confianza para localizar así a su novia vampira y poder matarla.

-En serio, ¿conoces bien a Anna?

-La conozco muy bien –enfatizó este poniéndose serio.

-Sabes que puedes contarme cualquier cosa, ¿verdad? Cualquier pregunta que tengas. Te ayudaré en lo que pueda.

-¿Por qué?

-Porque tu padre no está.

-Estoy bien –logró decir el chico tras una pausa, pues no se esperaba eso.

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Isobel regresó a su mansión y se encontró a Damon en el salón, bebiendo de sus botellas de alcohol.

-Vaya, una visita del pasado tras otra... –dijo ella sonriendo irónicamente.

-Cuánto tiempo, Isobel.

-¿Cómo me has encontrado?

Damon se movió a velocidad vampírica y se colocó a escasos centímetros de ella, quien estaba apoyando la espalda contra la pared.

-Consulté las últimas hipotecas ejecutadas en la zona y busqué la más cara.

-Por supuesto. Tú me lo enseñaste. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Has armado un buen revuelo. Apareces en el pueblo y visitas a todo el mundo menos al que te hizo lo que eres –dijo él haciendo pucheritos con los labios, fingiendo coquetear con la vampira para ver si así conseguía sonsacarle información.

-Oh, cuánto lo siento... –respondió esta colocando sus manos detrás de la nuca de él.

Damon creyó que iría a besarle, pero lo que hizo fue tirarle del pelo hacia atrás con fuerza.

-¿Has traído el invento? –le preguntó Isobel, a lo que el chico rió irónicamente, lo cual significaba una negativa.

La vampira le soltó y se movió a velocidad vampírica para alejarse de él.

-¿Qué haces con John Gilbert? –preguntó Damon.

-Salimos un par de veces de jóvenes. Estaba enamorado de mí.

-Seguro... –ironizó él, acercándose más a la vampira-. ¿Para qué quieres ese invento?

-¿Personalmente? No lo quiero para nada. Solo hago lo que me dicen –dijo ella jugando con los botones de la camisa del chico-. ¿Sabes, Damon? Estamos del mismo lado.

-¿Qué lado es ese? –preguntó él intentando no prestar atención a ese sentimiento de repulsión que sentía al tenerla tan cerca.

-El de Katherine. Quiere que John Gilbert tenga ese invento y creo que ya sabes cómo se pone cuando no consigue lo que quiere.

Damon no pudo aguantar más cómo la vampira acariciaba su cuello de una forma que ella creyó sensual. De un empujó, el chico la apartó de él.

-¿Por qué le haces el trabajo sucio? –preguntó Damon empezando a enfadarse pero bien.

-No mates al mensajero. Los dos sabemos que no puedes controlar a Katherine. Hace lo que quiere.

-Yo también.

-¿De verdad, Damon? –se burló Isobel-. He oído que ahora eres mi yerno. ¿Qué piensa Elena de que estés aquí? ¿O es que no lo sabe?

-No tiene por qué saberlo... –dijo él con voz seductora, acortando una vez más las distancias entre ellos.

Estaban a escasos centímetros el uno del otro, la vampira entreabrió su boca creyendo que la besaría pero, justo en el momento que parecía que iba a hacerlo, Damon la agarró del cuello y la tumbó en el suelo en un único y rápido movimiento.

-Ahora tengo tu atención –dijo él con furia-. Escucha bien, no puedes venir a mi pueblo amenazando a la gente. Y lo de Elena... –continuó Damon apretando con fuerza su agarre del cuello, haciendo que la vampira respirase a duras penas-. ¡Mala idea! Déjala en paz o te arrancaré las tripas. Porque yo creo en matar al mensajero. ¿Sabes por qué? Porque eso envía un mensaje... –acto seguido, levantó levemente la cabeza de ella para volver a golpearla contra el suelo-. Si Katherine quiere algo, dile a esa puta que venga a buscarlo.

Sin más, Damon desapareció de allí, dejando a una confundida y algo asustada Isobel tirada en el suelo.

00000

Elena fue a la mansión Salvatore a ver a Damon, al cual encontró en el salón, sentado frente a la chimenea encendida y bebiendo Bourbon. No hacía falta ser un genio para saber que la tarde no le había ido nada bien.

-¿Qué tal con Isobel? -le preguntó ella sentándose de medio lado junto a él, doblando un pierna encima del sofá.
-Tu madre es una zorra de cuidado.
-Ya... -dijo Elena retirándole el flequillo de la cara con cariño-. ¿Te ha dicho algo nuevo?
-Solo que es la mensajero de Katherine... No sé si creérmelo. ¿Para qué querría Katherine meterse en todo esto?
-No lo sé... -dijo ella pasando los dedos de una mano por la mandíbula del chico.

Damon cerró los ojos y dejó que las caricias de Elena le relajasen, llevándole de vuelta a esa burbuja particular que ambos compartían.

-¿Vas a quedarte esta noche? -preguntó él abriendo los ojos y girando la cabeza para encontrarse con la mirada de ella.
-No puedo -respondió Elena-, mañana tengo que ir al instituto y Caroline me soltará una bronca monumental sino voy temprano por la mañana a terminar la carroza para el desfile de mañana.
-Esa sí que es un peligro y no los vampiros con los que nos enfrentamos -rió Damon, contagiándole su risa a la chica.

El chico se sentó de lado como ella y posó una mano en la mejilla de esta.

-Te quiero. Lo sabes, ¿verdad? -dijo él acariciando su rostro, a lo que Elena asintió.
-Yo también te quiero, pero eso ya lo sabes -sonrió ella colocando una mano en la nuca de él, acariciándole la piel.

Ambos se inclinaron para darse un beso, para después juntar sus frentes y cerrar los ojos para disfrutar en silencio de la compañía del otro.

-Stefan no está en casa, ¿no?
-No, está fuera -le informó Damon, sin saber muy bien a santo de qué preguntaba por su hermano ahora.
-¿Y tardará mucho?
-No lo sé, no soy su niñera -respondió el chico un tanto cortante, empezando a sentirse incómodo por este repentino interés por Stefan.

-Bueno, estaba pensando... -dijo Elena con voz seductora, pasando los dedos de una mano por la piel de él que se dejaba ver gracias al par de botones de la camisa desabrochados.
-¿En qué? -inquirió él con una sonrisa traviesa, comprendiendo la verdadera razón por la que preguntaba por Stefan, desapareciendo sus celos en el acto.
-Podríamos terminar con lo que habíamos empezaba la otra noche aquí, en tu sofá.
-No me gusta dejar las cosas sin acabar -dijo Damon posando sus manos en la cintura de ella y atrayéndola a sí.
-Ni a mí -coincidió Elena rodeando el cuello de él con sus manos.

El chico se inclinó para besarla con deseo y esta se dejó caer hacia atrás, quedando ambos tumbados en el sofá.

Esta vez no iban a permitir que les interrumpiesen de nuevo. Esta vez nada ni nadie les impediría unirse como uno solo en aquel sofá, acabando con lo que una vez empezaron.

El beso se hizo cada vez más intenso y pronto la ropa empezó a molestar. Damon se deshizo de las prendas de la chica, mientras que ella le ayudó de quitarse la suya propia. Una vez desnudos, el vampiro se dedicó a acariciar y besar cada parte del cuerpo de su novia, reforzando el recuerdo de aquellas curvas que se habían grabado en su mente y que le volvían tan loco.

Elena tomó su relevo. Damon la ayudó a posicionarse encima de él y cerró los ojos para disfrutar de esas caricias y besos que la chica repartía por todo su cuerpo. En esta ocasión, fue Damon quien suplicó que diesen el siguiente paso. Ella, feliz por sentirse tan poderosa, le hizo esperar un poco antes de complacerle.

Cuando Elena se movió para introducirse ella misma el miembro erecto del chico en su interior, ambos profirieron un sonoro gemido. El placer y el deseo les consumían, algo que parecía aumentar con cada movimiento de subida y bajada que la chica realizaba.

Damon la sujetó por las caderas y la incitó a aumentar el ritmo, dado que ese ritmo tan lento le estaba matando de excitación y ansiaba más.

Pronto llegaron a la par al clímax, dejándose llevar por esa maravillosa sensación. Al acabar, Elena estaba agotada y recostó su cabeza en el pecho de él, mientras que este sonrió complacido y se dedicó a acariciar el largo cabello de la chica y la perfecta espalda de esta.

Elena cerró los ojos y se concentró en la respiración de su novio, la cual se recuperaba poco a poco. Al final, la chica quedó profundamente dormida. Damon, procurando no despertarla, la movió para tumbarla en el sofá. Después, subió a su habitación y trajo unas delicadas y finas sábanas de tela roja y un par de almohadas. Colocó las almohadas y una sábana en el suelo, frente a la chimenea encendida. Tras eso, cargó delicadamente a su Bella Durmiente particular para tumbarla en esa improvisada cama, se tumbó con ella y cubrió sus cuerpos desnudos con la otra sábana.

El chico la abrazó y empezó a repartir besos por la piel de ella. Elena se despertó por las caricias de él.

-Hmm... –murmuró ella apretándose más al cuerpo de Damon, abriendo los ojos y sonriendo al ver dónde se encontraban-, me gusta esta nueva cama.

-Sí, tenerte desnuda en mi salón junto a la chimenea es uno de mis mayores logros –sonrió traviesamente él, para después ponerse algo más profundo-. El mayor de ellos fue conocerte y ganarme tu corazón.

-Nuestros logros comunes –sonrió Elena jugando con el pelo del vampiro.

-Lo mejor de mi existencia eres y serás siempre tú –afirmó él uniendo sus labios en un cálido y romántico beso.

Al separarse, Damon la ayudó a girarse y recolocar su espalda contra el pecho desnudo de él, quedando así abrazamos mirando hacia las ahora débiles llamas de la chimenea.

-Deberíamos vestirnos ya, nos podría pillar tu hermano –comentó ella al rato, ruborizándose solo al pensarlo.
-Tranquila, Stefan hace como unas dos horas que nos oyó cuando iba a entrar en la casa y dio media vuelta. No creo que venga esta noche -le explicó él depositando besos en el hombro de ella-. Dice que no le dejamos dormir con tanto ruido.
-¿En serio nos oyó?
-Siempre nos oye. Es lo que tiene tener un super oído -sonrió Damon sin parar de acariciar y besar a la chica.

Elena se giró nuevamente para mirarle a los ojos, sonriendo al ver ese brillo de felicidad plena que tanto le gustaba ver en él.

-Se suponía que no iba a quedarme a dormir esta noche -dijo ella acariciando el rostro del chico.
-¿Y qué te retiene? -preguntó Damon apretándose más contra la joven.
-Tú. Odio alejarme de ti.
-Pues no lo hagas –le pidió él a escasos centímetros de su boca.
-No podría -aseguró ella uniendo sus labios una vez más.

Elena decidió que no quería separarse de Damon aquella noche. Ya se pondría el despertador temprano para ayudar a Caroline. Eso si dormía esa noche... Lo único que importaba era que quería estar con su chico, lo demás era algo secundario.

00000

Al día siguiente, después de haber madrugado para ayudar a Caroline, Elena fue a su casa a darse una ducha y prepararse para salir. La chica estaba en el hall cogiendo su bolso para ir al Grill donde había quedado con Damon, cuando llamaron a la puerta. Al abrir, se sorprendió de ver a Bonnie allí.

-Hola.

-Hola... –dijo la bruja-. Anoche no pude dormir. Te vi en el Grill, estabas pasándolo mal por algo y te di la espalda porque vi a los Salvatore contigo. Yo no soy así, no puedo ser así. Eres mi amiga Elena. Si me necesitas, aquí estoy. Siento no habértelo demostrado ayer, pero eso va a cambiar. Quiero que volvamos a estar como al principio, juntas. Y si estás con Damon... Pues perfecto, te apoyo en eso. Intentaré darle una oportunidad.

Elena no sabía qué decir, tenía un cúmulo de emociones y sus lágrimas amenazaban por salir.

-He conocido a mi madre –le explicó esta en un hilo de voz.

-Oh... ¿Cómo fue? ¿Estás bien? –preguntó su amiga al ver que empezaba a sollozar.

-No.

Bonnie la abrazó para darle su apoyo y la chica derramó esas lágrimas que tantas ganas tenían de salir. Solo volvieron a hablar cuando Elena pareció mejorar.

-He quedado con Damon en el Grill, ¿te vienes?

-Claro, ¿por qué no? –accedió la bruja.

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Damon estaba en la barra del bar esperando a Elena, con la que había quedado antes de que esta tuviese que volver al instituto para preparar ese absurdo desfile. El chico no paraba de refunfuñar pensando en las estupideces que celebraban en el pueblo.

Al verla entrar, una impecable sonrisa se apoderó de sus labios, acabando de golpe con ese malhumor mañanero.

-Hola -le saludó ella dándole un beso.

-Hola, preciosa -respondió él al separarse, percatándose de la presencia de una persona junto a ella-. Hola, Bonnie -sonrió con verdadera alegría, sabiendo que si la bruja estaba allí significaba que las chicas se habían reconciliado-. Me alegra volver a verte.

-Hola, Damon -le devolvió esta una sonrisa un tanto tímida-. Elena me ha dicho que Stefan ya está mucho mejor.

-Sí, mi hermanito ha vuelto a su dieta especial.

-Me alegro. Supongo...

-¿Hay alguna novedad? -le preguntó Elena a su novio colocando ambas manos en el hombro derecho del chico, apoyándose en él.

-No, aún no -respondió este pasando una mano por detrás de la cintura de ella-. Aunque no sé si eso es bueno o no.

-Hoy prefiero quedarme con el positivismo -dijo la joven dándole un beso en la sien.

Los tres estuvieron un tiempo hablando sobre asuntos triviales. Necesitaban alejarse de sus problemas por un rato, total, estos no se irían a ninguna parte...

-Tenemos que irnos, Elena -le dijo Bonnie al recibir un mensaje de una Caroline cabreada por la tardanza de las chicas.

-No... -se quejó Damon apretando el agarre de Elena y dándole un beso.

-No tardaré mucho, te lo prometo. ¿Te veo en el instituto luego?

-Qué remedio... –dijo él a regañadientes-. Aunque preferiría no tener que separarnos...

Ella sonrió al verle hacer pucheritos con los labios y le dio un beso como disculpas.

-No seas bobo, no tardaré mucho –prometió Elena, dándole un último beso en la frente como despedida.

Bonnie, que observaba la escena embobada, no pudo evitar comprender lo muy equivocada que estaba al pensar mal de Damon por ser vampiro. Solo había que ver cómo actuaba con su amiga para saber que era un buen tipo.

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Bonnie, aprovechando que se había podido escaquear de Caroline un rato, le pidió a Elena que se reuniese con ella en una de las aulas del instituto ahora vacías. La chica le había estado hablando de aquel invento de Jonathan Gilbert que John e Isobel pedían a Damon que les entregase. Al enseñarle el reloj de bolsillo, a la bruja le resultó familiar, pero no fue hasta que revisó el grimorio de Emily cuando descubrió la coincidencia.

-Hola, gracias por venir –le dijo Bonnie a su amiga cuando esta entró en la sala-. Quería enseñarte esto.

-Es el libro de Emily...

-Llevo estudiándolo desde que Damon me lo dio cuando abrimos la tumba. Mira esto –le pidió mostrándole una página del libro.

-Es la brújula para vampiros –comprendió Elena al ver las ilustraciones.

-Sí, según Emily, Jonathan Gilbert nunca consiguió que funcionaran sus inventos. Ella los hechizó en secreto con su magia. La brújula, los anillos... –dijo pasando la página y dejando ver las ilustraciones de esta-. Y el objeto extraño del que me hablaste –añadió pasando la siguiente página.

-Sí, es este... Bueno, parte. Damon solo tiene una pieza.

-Emily juró lealtad a Katherine, pero no podía ver morir a tanta gente inocente. Pensó que de esta forma podría ayudar, haciendo creer a Jonathan que realmente había inventado estas cosas.

-¿Dice para qué sirve?

Las chicas se inclinaron para leer el libro, aunque más bien Bonnie leía y Elena miraba intentando descifrar esa lengua extraña.

-¿Seguro que Isobel busca esto? –preguntó la bruja al terminar la lectura.

-Claro que sí, ¿por qué?

-Es un arma... contra los vampiros.

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Elena estaba en el exterior del instituto, tratando de asimilar lo que su amiga le había contado mientras veía a sus compañeros de clase terminar sus carrozas.

-¡Elena! –le llamó su hermano de lejos, yendo hacia ella.

-Hola –respondió esta aún nerviosa-, ¿has visto a Damon? Necesito encontrarle.

-No, no le he visto. Oye... ¿Tienes un momento?

-Sí, ¿qué pasa? ¿Ocurre algo?

-Es Anna, le he dejado varios mensajes y... No me ha contestado nada.

-Anna. Así que seguís siendo amigos –dijo la chica no muy contenta con la idea.

-Somos más que amigos. Puede haberle pasado algo malo. Si sabes cualquier cosa... Cuéntamelo.

-No he hablado con ella.

-¿Me estás mintiendo? –la acusó Jeremy.

-¿Por qué dices eso?

-Porque es lo que haces, Elena. Mientes a cerca de todo. Sé lo que es Anna, ¿vale? Y sé que lo sabes. Así que dime: ¿tienes idea de dónde puede estar?

-No. Pero Jer –dijo al ver cómo esta la miraba con reproche y se iba-, Jeremy. ¡Espera!

Cuando Elena se giró, se asustó al ver que detrás de ella había alguien.

-Isobel... –se sorprendió la chica-. ¿Qué haces aquí?

-Soy tu madre, Elena. Quiero formar parte de tu vida.

-No te quiero en mi vida.

-Lo comprendo. Ya tienes mucha gente que te quiere, ¿verdad? Pero he investigado. Veamos si lo he hecho bien. Tú mejor amiga –dijo mirando hacia una chica, la cual caminaba cabizbaja a unos metros a ellas-, la brujita Bonnie. A esa la dejaré en paz. Oh… El pobre hermano pequeño Jeremy... –dijo mirando hacia el chico, quien estaba hablando con unos alumnos de primero-. Y ahí está Caroline –añadió mirando hacia la carroza de Miss Mystic Falls-, la pesada de Caroline, la que me ha dado toda la información. No me conocía de nada, pero no podía para de hablar... –suspiró, para después mirar hacia otra carroza-. Y ahí está Matt, amigo y ex...

-Él no tiene nada que ver –dijo Elena contante.

-Tiene que ver contigo, ¿verdad?

-Mira, me da igual. Vete.

-No. Yo también tengo amigos... Mira, ¿ves aquel hombre, al lado de Matt, junto a la carroza? –le preguntó señalando con un dedo la dirección-. Se llama Frank, es muy guapo. Y también es muy mañoso. Ha observado que el eje estaba algo oxidado y eso es peligroso. Lo único que tiene que hacer es aplicar un poco de presión y...

-¡No! –gritó Elena cuando vio cómo Frank hacía que todo el peso de la carroza cayese sobre el brazo de Matt.

La chica intentó ir a ayudarle, pero Isobel la retuvo. Por suerte, Tyler y algunos chicos del equipo de fútbol consiguieron levantar de nuevo la carroza y liberar el brazo del joven, a quien su amigo Tyler llevó al hospital en coche para que le viesen el brazo.

-¿Por qué haces esto? –le recriminó con enfado Elena a su madre.

-Quiero que veas lo fácil que es hacer daño a la gente que quieres.

-¿Todo esto por el invento de Jonathan Gilbert?

-Dámelo y te dejaré en paz.

-Te lo dije, Damon no me lo dará.

-Yo creo que subestimas lo que Damon podría hacer por ti.

-Te matará antes de dártelo –le amenazó la joven.

-¿Antes o después de que yo mate a tu hermano Jeremy? –sonrió la vampira.

Elena giró la cabeza y no fue capaz de encontrar a su hermano, había desaparecido. Isobel se esfumó de allí como el rayo, dejando a la chica desolada.

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John fue a reunirse con Isobel, la cual estaba recogiendo sus cosas para irse.

-Has hecho las maletas... Buena señal.

-Casi he terminado –respondió ella.

-¿Ya tienes la pieza? ¿Dónde está?

-Aún no la tengo.

-Entonces, ¿por qué me has llamado? –preguntó él confuso mientras la seguía hasta una de las salas de la casa.

-Tengo algo casi tan valioso...

Al llegar allí, John vio que su sobrino Jeremy estaba sentado en un sofá, escoltado por los dos humanos que controlaba la vampira.

-¿Qué estás haciendo? –le increpó el hombre a Isobel.

-Conseguir lo que quiero.

-Ya, pero es mi sobrino. Y vas a dejar que se vaya.

-Ese anillo que llevas puesto... Se puede quitar –le amenazó ella.

-Vamos Isobel, te conozco. Soy John. Sé que no le matarás.

-¿Quieres que te lo demuestre?

-¿De verdad? ¿Tan lejos has llegado? Mira... Sé que has cambiado, pero la antigua Isobel sigue estando ahí. Vamos, suéltalo.

-Bien... –accedió la vampira poniendo cara de buena, para luego dirigirse a la humana en francés.

John no vio venir el golpe que esta le asestó y le dejó caer al suelo. Después de eso, ambos humanos controlados por Isobel le dieron varias patadas hasta que esta los detuvo.

-Bien... Lo has intentado –le dijo la vampira a John, para después quitarle al anillo-. Veamos qué haces sin esto...

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Mientras tanto, en la biblioteca de la mansión Salvatore se estaba llevando a cabo una disputa.

-Por supuesto que no –se negó en rotundo Damon.

-Déjame explicarte –le pidió su novia.

-No voy a entregárselo a Isobel, para que se lo de a John y venga a matarme. Me gusta ser un muerto viviente.

-Será inofensivo –aseguró ella-, Bonnie le quitará su poder.

-No me fío de ella. No te ofendas –añadió mirando a la bruja-, pero no es que hayamos tenido muy buena experiencia con el último gran hechizo que hiciste...

-Puedo anular el hechizo original –aseguró Bonnie.

-John e Isobel no lo sabrán –dijo Elena.

-No –se negó Damon-. Rescataré a Jeremy a mi manera.

-¿De verdad? –se burló Stefan-. ¿Cómo lo harás? Porque Isobel es una vampira y Jeremy estará muerto en cuanto cruces la puerta...

Damon tuvo que reconocer que su hermano tenía razón, no podía arriesgarse a que matasen a su cuñado.

-¿Y tú sabes de qué hablas? –le preguntó el vampiro a la bruja-. No es por nada, no eres Emily Bennett. Ella sabía lo que hacía...

-He estado practicando.

-No es como tocar el piano –se burló Damon.

-Tu libro favorito.

-¿Qué? –preguntó este sin comprender.

-Di un libro. Cualquier libro.

-Un libro... ¿Qué tal... Colmillo blanco, Jack London? –la retó él.

Ante la atenta mirada de todos, Bonnie se concentró en su magia. Un libro de las estanterías salió rápidamente de su escondite y fue directo a Damon, quien lo atrapó en el vuelo.

-Jack London –leyó el vampiro mirando la portada del libro-. Buen truco de salón.

-Vamos a hacerlo, Damon –le dijo Elena-. Y lo haremos a mi manera. Dame el invento. Por favor –añadió al ver que este dudaba-, ¡no hay tiempo!

El chico suspiró, pero al final acabó cediendo y le entregó el reloj de bolsillo.

"Todo sea por rescatar al pequeño Gilbert..." se dijo él mentalmente.

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John aún se estaba doliendo en el suelo por sus heridas. Él y su sobrino estaban aún en el salón de Isobel, vigilados por el hombre al que tenía controlado.

-¿Qué es lo que busca? –le preguntó Jeremy a su tío.

-Tu antepasado inventó un arma. Un arma muy peligrosa para los vampiros. Intentamos conseguirla.

-¿Por qué?

-Porque hay un grupo de vampiros que han vuelto del pasado y quieren vengarse de este pueblo.

-¿Pero por qué una vampira quiere matar a otros vampiros?

-Tiene sus razones para quererlos muertos. Mira, Jeremy... Nadie pensó que los vampiros volverían a este pueblo después de tanto tiempo. Pero han vuelto y tenemos que destruirlos.

-¿A todos? –preguntó el chico incrédulo-. ¡No! Algunos de ellos son buenos.

-Eso no es posible.

-No me lo creo.

-Pues tu padre lo creía. Y siendo su hijo debería significar algo para ti.

-¿Cómo sabía mi padre todo esto?

-¿Quién crees que me contó la historia de la familia?

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Mientras tanto, Bonnie preparaba su hechizo para inutilizar el invento de Jonathan Gilbert. Sacó la pieza de los engranajes del reloj y lo alzó en el aire con su magia, las luces se apagaban y encendían y el fuego de la chimenea y unas velas se avivó. Después de una leve convulsión por parte de la bruja, todo volvió a la normalidad.

-Ya está –anunció Bonnie.

-Genial –dijo Damon escéptico-. ¿Y ahora qué?

-Se lo damos a Isobel –explicó Elena.

A la hora acordada, Elena fue a reunirse con la vampira frente al ayuntamiento. La chica había llegado primera, por lo que se sobresaltó cuando Isobel apareció a velocidad vampírica justo detrás de ella.

-¿Dónde está el invento?

-¿Y mi hermano? –la desafió la chica.

-No estamos negociando. ¿Dónde está el invento?

-¿Dónde está mi hermano? –insistió Elena cruzándose de brazos.

-¿De verdad crees que he venido sola? –dijo la mujer, a la vez que la chica se giraba para ver a la pareja de humanos que había detrás de ella.

-¿Y tú crees que yo he venido sola? –se burló la humana, apareciendo detrás de Isobel los hermanos Salvatore.

-Por Dios, llama a tu casa...

-¿Qué?

-Llama a casa y pregunta por tu hermano Jeremy –dijo la vampiro rodando los ojos con pesadez.

Elena cogió el móvil y marcó el número de su hermano.

-¿Hola? –dijo este.

-¡Jeremy! ¿Estás bien?

-Sí, estoy bien. Tío John se ha hecho daño, un accidente. Pero vamos, estoy bien.

-En seguida voy, ¿vale?

-Bien –se despidió el joven.

La chica colgó el móvil y dio un suspiro de alivio.

-No ibas a hacerle daño –le dijo a la vampira.

-No... –se mofó ella-. Iba a matarle. No busques rasgos positivos en mí. No hay ninguno.

-Pero te arriesgaste con Damon. ¿Cómo sabías que iba a dármelo?

-Porque está profundamente enamorado de ti –se burló Isobel-. Haría cualquier cosa por mantenerte a ti y a los tuyos a salvo.

Sin más, la mujer extendió la mano a la espera de que la joven le entregase el invento de Jonathan. A regañadientes, Elena avanzó hacia ella y se lo entregó.

-Gracias.

-¿Por qué? –preguntó Isobel.

-Por ser una decepción tan brutal. Mantiene el recuerdo de mi madre totalmente intacto.

-Adiós, Elena –sonrió irónicamente la vampira-. Mientras tengas a un Salvatore de cada brazo estás perdida. Katherine fue inteligente, los dejó. Pero ya sabemos que tú no eres Katherine...

Isobel y los suyos se fueron, dejando a una confundida y enojada Elena.

-¿Estás bien? –le preguntó Damon acercándose a ella.

-Ahora sí –respondió esta forzando una sonrisa, abrazándose a él.

El chico le dio un beso en la coronilla y la abrazó con fuerza, tratando de transmitirle con ese abrazo todos esos sentimientos de apoyo e intentos de tranquilizarla que no conseguía convertir en palabras.

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Jeremy estaba en su habitación tratando de hablar con Anna, pero siempre le saltaba el buzón de voz. Estaba empezando a preocuparse de verdad.

Elena entró en el dormitorio dispuesta a hablar, pero él no quería.

-Jeremy, tenemos que hablar de esto.

-No. No hace falta.

-No sé qué te ha contado Anna, pero hay cosas que debes saber.

-¿Sí? Porque creo que tu diario lo explica todo –dijo él levantándose de la cama y encarándola.

-¿Leíste mi diario? –se sorprendió ella.

-Ahórrate lo de la invasión de la intimidad porque ya he leído que Damon me borró de la memoria lo que le pasó a Vickie.

-Jeremy, por favor... No lo entiendes. La noche que murió Vickie fue como si papá y mamá hubieran vuelto a morir. Lo vi en tu cara. Y era tan horrible verte así que solo quería quitarte el dolor. De verdad, lo siento mucho.

-Sal de aquí –le pidió él con un gesto sombrío.

-No, Jeremy...

-¡Elena! Vete. Por favor.

La chica salió y este cerró la puerta de su habitación para no verla.

Cuando Elena fue a su habitación, vio que Damon la estaba esperando allí. Obvio, el chico quería ver cómo estaba después de todo lo que había tenido que pasar aquel día.

-Hola –saludó ella al verle sentado en el hueco de la ventana.

-Hey –sonrió él, intentando transmitirle algo de alegría con ese gesto.

Elena fue a sentarse en el regazo del vampiro, quien la rodeó con sus brazos de forma protectora.

-Se le pasará –le aseguró él, el cual había oído la conversación de los hermanos Gilbert-. Es un adolescente cabreado, pero no va a estarlo siempre.

-Nunca me había mirado de esa forma –dijo ella casi en un susurro, apretándose más al chico-. Parecía muy dolido.

-Se le pasará –repitió Damon.

-¿Vas a quedarte esta noche? –preguntó Elena pasado unos minutos de tranquilo silencio.

-No lo creo. No es buena idea. Aunque podrías venir tú a mi casa... –añadió esto último acariciando la espalda de ella.

-Podría intentarlo –dijo la joven separándose un poco para mirarle a los ojos-. No creo que Jenna tenga ningún inconveniente.

-Espero que no... –sonrió él antes de depositarle un corto beso en los labios-. Ojala que no –añadió finalmente al separarse, haciendo sonreír a la chica.

-Damon...

-Dime, preciosa –le dijo el vampiro ayudándola a acomodar la cabeza en el pecho de él.

-Con respecto al comentario que hizo Isobel de Katherine...

-¿Lo de dejarnos a los dos Salvatore?

-Sí.

-¿Vas a dejarme? –se burló él.

-Jamás cometería ese error, te lo aseguro –respondió ella dándole un beso en el pectoral izquierdo por encima de la camisa-. Solo quería que supieras que... Yo jamás seré como Katherine.

-Eso ya lo sé –sonrió Damon jugando con el cabello de la chica-. Eres mucho mejor de lo que ella jamás llegaría ni a soñar siquiera.

-No tengo ningún interés por Stefan –le aseguró Elena-. Y no lo tendré nunca. Te quiero a ti. Solo a ti.

-Yo también te quiero –dijo él hundiendo su rostro en el cabello de ella-. Solo a ti.

Elena consiguió que su tía le diese permiso para dormir en casa de Damon esa noche y ambos se fueron de la casa Gilbert cogidos de la mano.

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Alaric salió del aula de Historia. El tiempo se le había echado encima y ya era muy tarde. Era el único que quedaba en el instituto a esas horas. Estaba caminando por los pasillos en penumbra cuando se encontró con Isobel.

-¿Qué quieres?

-Ahora lo entiendo –sonrió ella mirando a su alrededor-. Tú, aquí, en tu clase... Me gusta.

-¿Qué estás haciendo? –preguntó él cortante-. Haces como si nada te importara y... ¿Qué haces aquí ahora?

-Voy a irme. Solo quería despedirme.

-La otra vez no te molestaste. ¿Por qué ahora?

-Me odias, bien –dijo ella algo apenada.

-¿Te resulta más fácil? Vamos, ¿por qué estás haciendo esto?

-¿Qué esperabas? Has pasado todo este tiempo buscándome. ¿Qué esperabas encontrar?

-A la mujer que me dio esto –dijo él mostrándole el anillo que llevaba puesto en la mano derecha-. Finges que no te importo, pero me protegiste antes de irte.

-Era una persona diferente.

-Ya... –se mofó Ric-. Y esa persona se fue. Mi esposa, la mujer que quería... Sí, se fue. ¿Esperas que me lo crea? –añadió quitándose el anillo y lanzándoselo.

Después le mostró unos botecitos de cristal con verbena y los tiró al suelo.

-¿Qué estás haciendo? –le preguntó la mujer confusa.

-Ya no tengo anillo. No tengo verbena. Hazme olvidar o mátame. Porque... No me lo creo. Ni por un segundo.

Isobel se movió a velocidad vampírica y lo empotró contra la pared.

-Yo quería esto –le dijo ella-. Lo necesitaba. Y lo lamentaré eternamente... Fue mi equivocación. No la tuya.

Alaric quería decir algo, pero las palabras no salían de su boca.

-No vas a recordar esto –le obligó la vampira-. Te quise, de verdad. Y cuando pienso en lo que perdí me sigue doliendo. Pero ahora tu corazón está libre de mí. Es más fácil así. Adiós, Ric.

Isobel le volvió a poner el anillo y le acarició la cara antes de irse de allí para no volver nunca más.

Cuando el profesor de Historia volvió en sí, no comprendió lo que había pasado, pero pensó que algo había ocurrido.

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Jeremy salió de la ducha con el pijama ya puesto, dispuesto a dormir, cuando vio a Anna aparecer de repente en su habitación.

-¡Anna! –sonrió él.

Al verla bien, vio que la chica llevaba una mochila al hombro y tenía los ojos llorosos.

-Mi madre... –intentó decir la chica entre sollozos-. Está muerta.

-¿Qué? –se sorprendió este.

-La han matado.

-Oh, Dios, Anna... Lo siento mucho – dijo Jeremy acercándose más a ella.

-Sé que no debería estar aquí... pero no tengo dónde ir.

El joven la abrazo con cariño, mientras que la vampira se derrumbaba por completo contra el pecho de él. Sus lágrimas empezaron a brotar con más intensidad, mientras que este le decía palabras tranquilizadoras y le acariciaba el pelo.

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John estaba en el salón de casa de los Gilbert cuando le llamaron al móvil.

-Hola –saludó con pesadez a Isobel.

-En la puerta de tu casa está lo que buscabas –le informó esta.

-¿Y mi anillo?

-No vuelvas a fallar. Sabes lo que tienes que hacer, John.

El hombre fue al portal de su casa y recogió el sobre marrón claro que había en el suelo.

-Ya lo tengo. No fallaré.

-Más te vale –le advirtió la vampira, mientras él se ponía su anillo y tomaba el invento de Jonathan entre sus manos-. Katherine quiere a todos los vampiros de la tumba muertos. Y yo quiero añadir dos más a la lista.

-No me lo digas... –dijo John, intuyendo a quienes se refería.

-Stefan y Damon. No quiero esta vida para ella.

-Eso siempre fue parte del plan –aseguró él-. Dadlos por muertos.

-Es nuestra hija, John. Se lo debemos.

-Lo sé.

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Caroline estaba en el Grill con Bonnie. Esta última estaba muy decaída por algo.

-¿No vas a decirme qué ha pasado? –preguntó la rubia.

-No hecho algo malo, Caroline –confesó la bruja-. Y además he mentido...

-¿A quién?

-A Elena. He fingido hacer algo que no he hecho.

-¿De qué estás hablando? –preguntó su amiga sin comprender.

-Tenía que ayudar a Jeremy, pero Damon no estaba dispuesto a ceder... Tenía que hacerlo. No tenía la capacidad de hacer lo que me pidieron, aún no puedo hacer tales cosas... Cuando Elena lo descubra no me lo perdonará jamás.