Disclaimer: NADA ME PERTENECE. Los personajes son de la fabulosa Stephanie Meyer y la historia es completamente de la grandiosa escritora Venezolana Lily Perozo (serie: Dulces mentiras, Amargas verdades) La historia es Rated M, por contener alto contenido sexual. Yo los adapto sin fines de lucro, solo por mero entretenimiento.
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Capítulo No. 36
Mike le dio un golpe en la boca del estómago que la dejó sin respiración y con la vista nublada por varios segundos, obligándola a buscar oxigeno inhalando profundamente.
—Lo siento, Bella, ¡discúlpame! Me has bajado la guardia sin previo aviso. —la voz nerviosa del boricua escupía una tras otra las palabras mientras se quitaba rápidamente los guantes.
—Estoy bien, estoy bien —le hizo saber ella resguardándose el abdomen con la mano izquierda, con la otra le asestó un derechazo en la mandíbula que lo tomó por sorpresa.
Él abrió y cerró la boca para relajar la mandíbula ante el golpe, tratando de sonreír sacudió la cabeza, debido las luces que le nublaban la visión ¡Vaya que pegaba duro Bella!
—Estoy fuera de juego —le dijo mostrándole los puños sin los guantes, tenía puestas sólo las vendas protectoras—. Descansemos un poco.
Bella se quitó los guantes y se encaminó hasta su filtro personal, regresó y dejó caer sentada al lado de Mike.
—No me digas que piensas dejar hasta aquí el encuentro, porque no me has hecho nada, ¡es boxeo! Y yo no soy una debilucha.
Bella mostraba entusiasmo y energía, mientras él la admiraba realmente sonrojada y sudada por el esfuerzo, tenía el cabello recogido en una cola alta, ofreciéndole la mejor visión de su elegante cuello.
Sus piernas perladas por el sudor lo dejaron sin aliento, los muslos estaban perfectamente formados, le gustaba que usara ese uniforme de boxeo, dejaba muy poco a su imaginación, el top corto evidenciaba un abdomen envidiablemente marcado y una cintura que no cualquier mujer poseía.
Para él, que su día a día era ver cuerpos esculturales en los gimnasios, el de Bella era el mejor de todos, estaba totalmente seguro de ello. Era armoniosa, no tenía demasiadas curvas, tenía las necesarias para enloquecer por entero al género masculino, y su rostro no dejaba de quitarle la respiración. Bella era la mujer que se escapaba de sus sueños, era tan perfecta que su imaginación no había tenido la posibilidad de crearla, y estaba seguro que aun cuando la viese con poca ropa o ropa muy ajustada todos los días, lo que se encontraba debajo debía ser glorioso.
—Sé que no eres una debilucha, ¡casi me fracturas la mandíbula! Es sólo qué… ¿Puedo hacerte una pregunta? —inquirió educadamente.
—Depende —contestó Bella encogiéndose de hombros—. Hazla, y sí me parece, te la respondo.
— ¿Estás bien? —soltó Mike de una sola vez—. Te he notado distraída, y Bella, te has metido al rin de lleno esta semana… ¿estás practicando para golpear a alguien? Sí es porque tu novio se ha portado cómo un desgraciado, sólo me lo dices y le acomodaré las ideas.
Bella no pudo evitar carcajearse antes las palabras de Mike, sobre todo por su acento al hablar y meter algunas palabras en español.
—Estoy bien Mike, es sólo que he tenido un poco de presión estos días, pero nada más.
Lo que menos quería era llorar delante de su instructor, pero en realidad se encontraba deprimida, pues esa mañana había hipotecado el apartamento, no podía evitar sentir miedo por la posibilidad de perderlo. Pero se repetía continuamente que no lo haría, trabajaría duro cada día, ya le había dicho a la profesora de italiano que suspendería de momento las clases, no podía seguir pagando la mitad del curso, ni iba a recibir de Edward la otra parte.
— ¿Es algo con el fiscal verdad? —volvió Mike a preguntar.
—No, con el fiscal ya no es nada —intentó que sus palabras demostraran convicción, pero estaba segura que no había dado resultado.
Únicamente quería dejar de sentir esa presión en el pecho cada vez que alguien lo nombraba o ella lo recordaba, sólo quería que Edward Cullen dejara de existir para ella, que se esfumará de su cabeza y su pecho de una vez por todas, debía encontrar la manera de hacerlo.
— ¡Sera imbécil el fiscal! —exclamó al darse cuenta que la chica sufría, sabía perfectamente que su extenuante entrenamiento en boxeo la última semana llevaba nombre y apellido, pero sentía que hoy había algo más—. Muy imbécil.
—Tienes razón. —una sonrisa iluminó el color enigmático de sus ojos—. Debo irme, mañana tengo que levantarme temprano, van a grabar el comercial y debó estar presente —le comentó poniéndose de pie.
— ¡Bien! —Mike se puso de pie de un salto.
Bella se dirigió hacia los vestidores, y el chico iba un paso detrás de ella, pero la adelantó para hacerle espacio entre las cuerdas, ella se detuvo y lo miro para darle las gracias silenciosamente. Mike no pudo contener sus ganas, debía arriesgarse y hacerlo, así que en un movimiento rápido pasó su brazo por la cintura de Bella y la adhirió a su cuerpo, mientras que la otra mano la llevo a la nuca de la chica y sin aviso ni permiso, la besó.
Ella se vio envuelta en una bruma que la arrastraba de un lado a otro, los primeros segundos no correspondió al beso, pero debía admitir que Mike sabía perfectamente lo que hacía, sus labios gruesos y carnosos la incitaron, la envolvieron y la obligaron a que correspondiera sus avances. Su respiración estaba realmente forzada, era un sueño hecho realidad el probar la boca de Bella, sus manos no pudieron quedarse quietas y le recorrieron la espalda femenina con algo parecido a la desesperación.
Bella sintió la excitación cobrar vida en él y las manos con caricias posesivas se apoderaban de su piel, la recorría con urgencia, mientras la besaba, Mike bajó una de sus manos y se aventuró a tocarla mucho más allá de su cintura, lo hizo con sutileza, le estaba enviando las señales, pensaba llevársela a la cama, y ello lo sabía, pero nunca había sido participé de la teoría que un clavo saca otro clavo, y como mujer se daba su puesto, no se iría a abrir de piernas al primero que se le pasará por el frente sólo porque estaba molesta con Edward, antes que Cullen, estaba ella y su amor propio, no ganaría nada con entregarse a un hombre por pura estupidez.
Podría dañarlo todo, además de arrepentirse, porque estaba segura que se arrepentiría, esas acciones las cometían mujeres de espíritu débil, con el autoestima por el suelo en busca de sentirse deseadas por otros hombres, sólo para saber que no fueron ellas quienes fallaron. Ella no necesitaba de eso, sabía que todo era culpa de la desconfianza de Edward, que el de los demonios era él y estaba loco si creía que la arrastraría a cometer un acto tan denigrante.
No se lo merecía ella y tampoco se lo merecía Mike, no quería perder a un amigo por su separación con el fiscal.
—Mike no —le dijo apartándose—. Detente.
—Bella, yo…
—Tú nada, por favor Mike, no digas nada, haré de cuenta que esto no pasó y regresaré mañana por mi clase de boxeo, pero si sigues insistiendo, no podré verte más.
—Lo siento Bella, sólo me deje llevar, tú sabes que…
—Lo sé, pero te quiero como un amigo, no busques lo que no puedo darte. —separó las cuerdas y salió trotando del lugar, quería alejarse de allí cuanto antes.
Bella en el trayecto a su casa intentaba olvidar lo sucedido, nunca había caído de esa manera, sabía que se encontraba vulnerable no solo por lo de Edward, sino por la hipoteca de su departamento, no pudo evitar maldecir al brasileño, empezaba a considerarlo una plaga, porque si él no hubiese aparecido, su plan con Vulturi hubiese salido a la perfección, tan sólo había llegado para dañarlo todo, no sólo su vida emocional, sino también sus emociones.
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