Para no perder la costumbre ;) los personajes son de Stephanie Meyer y la autora de la historia es Edward's Eternal, yo solo traduzco.
Gracias a mi querida amiga y Beta Erica Castelo por acompañarme en otra aventura.
Un año después…
Eran casi las dos de la mañana cuando detuve el coche en la entrada, mis ojos ardían por el cansancio y la emoción apenas contenida. Le eché un vistazo a la casa donde una luz tenue alumbraba la puerta y otra en la ventana, ambas encendidas, sabía que por mí; esperando que llegara a casa.
Me introduje en la casa en silencio y en seguida me encaminé a la habitación de Emma. Me puse de cuclillas junto a su cama viéndola dormir, su masa de rizos alrededor de su cabeza, sus gatos acurrucados a su lado. Cumpliría seis años muy pronto, los últimos meses habían pasado volando con sonrisas y recuerdos. Era difícil de creer. Mi corazón dolió por la pérdida que había sufrido esta noche, pero se regocijaba por el hecho de poder estar aquí y verla dormir. Mi pequeña. Inclinándome, besé su frente y acaricié su suave cabello antes de ponerme de pie y caminar por el pasillo al lugar en el que había ansiado estar por horas.
Mi refugio seguro.
Con Bella.
No me sorprendió ver que la luz seguía encendida, o que Bella estuviese todavía despierta leyendo en nuestra cama. Sin palabras, me quedé de pie en la entrada y miré cariñosamente a mi esposa. Me devolvió la mirada, sus ojos cansados y tristes llenos de comprensión y apoyo. Sin decir nada, inclinando su cabeza, me preguntó, y con un gesto afirmativo de mi cabeza le dejé saber que había terminado. Lágrimas llenaron sus ojos al mismo tiempo que sus brazos se abrían y me moví hacia la cama, subiendo al colchón para alcanzarla, y enterré mi rostro en el calor de su regazo, mis brazos acercándola a mí mientras me abrazaba protectoramente, sus manos acariciando mi cabeza, mientras me repetía palabras reconfortantes.
"Te tengo, Edward. Déjalo salir. Solo déjalo salir, cariño."
Abrazándola con fuerza, dejé que las emociones que había estado conteniendo escaparan. Las lágrimas quemaban al caer de mis ojos y mis hombros se sacudían con la fuerza de mis sollozos, todo mientras Bella me sostenía con firmeza, llorando conmigo, al darme ese lugar especial lleno de cariño que siempre proveía.
*()*
Con el tiempo paré. Las manos de Bella continuaron pasando por mi cabello de una forma reconfortante.
"¿Comiste?"
Sacudí mi cabeza.
"¿Puedo prepararte algo?"
"No," le susurré, mi voz ronca.
"¿Hay algo que quieras, Edward?"
Asentí.
"Dime," insistió en voz baja. "Déjame ayudarte."
Me levanté sobre mis codos y me le quedé mirando. Sus gentiles y cálidos ojos azules me miraron en respuesta mientras admiraba sus rasgos, memorizándolos una vez más. La mata oscura de cabello colgando más allá de sus hombros, la suave curva de sus mejillas, su dulce y comprensiva sonrisa mientras me miraba, esperando en silencio por mí, a que le dijera qué necesitaba. A pesar de estar tan devastada como yo lo estaba, seguía poniendo en primer lugar mis necesidades.
"¿Qué es lo que quieres, cariño?" Me repitió bajito.
Me acerqué lo suficiente como para poder sentir su cálido aliento en mis labios. "A ti, Bella. Te quiero a ti. Te necesito. Ahora."
Un pequeño jadeo se escapó de su boca antes de que la mía la cubriera. Al instante, su toque me calmó, calentándome como una manta. Tomando su rostro entre mis manos, la acerqué, saboreando su dulzura. Necesitaba perderme en ella. Necesitaba sentirme rodeado de ella, su vida vibrando debajo de su piel y transfiriéndose a la mía. Necesitaba probar su piel, su calor. Necesitaba estar dentro de ella, saber que estaba aquí conmigo.
Gimiendo, nos recosté en el colchón, permitiendo que mis labios dejaran los suyos solo el tiempo suficiente para deshacerme de mi ropa. Bella me observó con ojos entornados, sonriendo cuando se quitó la camiseta que llevaba y abrió sus brazos para recibirme de vuelta. Sus brazos me abrazaron con fuerza contra ella y gemí por la oleada de placer al ser sujetado firmemente contra su piel. Deposité un beso tras otro en su boca, su cuello y hombros, dejando un rastro de ellos hasta su torso mientras mis dedos la tentaban y acariciaban. Sus manos delinearon mi espalda en pequeños círculos, deslizándose hacia mis hombros y bajando perezosamente a mis caderas, su toque gentil y gratificante. Sus piernas se abrieron, envolviendo mis caderas, introduciéndome en su calor y enterré mi cabeza en la curva de su cuello cuando sentía que me cubría con su húmedo calor. Lentamente, nos movimos juntos, la necesidad de sentir al otro nos abrumaba a ambos. Piel se deslizaba sobre piel, mientras susurros de deseo y anhelo se pronunciaban en el aire a nuestro alrededor. Nuestros alientos se mezclaron cuando nuestras bocas se fusionaron, separándose para susurrar tiernas palabras de cariño y deseo solo para fusionarse de nuevo mientras nuestras lenguas se arremolinaban y probaban, deslizándose la una sobre la otra con un deseo urgente. Mi cuerpo se tensó cuando sentí mi creciente orgasmo llegar a la cima y acerqué a Bella a mí, su nombre derramándose de mis labios cuando el placer me atravesó, palpitante y ardiente. Ella se arqueó bruscamente debajo de mí, llevándome más profundo mientras jadeaba, sus manos sujetándose fuertemente de mis brazos al correrse, lloriqueando suavemente al aferrarse a mí. Poco a poco mi cuerpo se calmó y me rodé llevándola conmigo, incapaz de soltarla, todavía enterrado dentro de su calor. Mis manos apartaron el cabello de su rostro echándolo hacia atrás y la besé una y otra vez, mientras la apretaba a mí, susurrando su nombre y lo mucho que la amaba, entre uno y otro.
Sus manos tomaron mi rostro. "Estoy aquí, Edward. No voy a ir a ninguna parte," canturreó al dejar pequeños besos en mi boca. "Todo está bien, cariño, todo está bien. Estoy aquí."
Envuelto en su abrazo, nos meció suavemente, susurrando palabras de consuelo y amor y sentí que me relajaba, mi agarré en su cuerpo aflojándose a medida que mi cuerpo comenzaba a caer en un profundo sueño.
"Quédate," le supliqué con cansancio.
"No voy a ir a ninguna parte, Edward. Te tengo. Duerme," susurró contra mi frente al acurrucarme en su pecho.
La puse imposiblemente más cerca de mí y suspiré de satisfacción.
Rodeado por los brazos de Bella, estaba a salvo.
Estaba en casa.
*()*
Mis ojos parpadearon con la luz de la mañana. Me incorporé mirando alrededor. La casa estaba en silencio y eché un vistazo al reloj para ver que ya pasaban de las ocho. Tanto Bella como Emma ya se habrían ido. Jake sabía que no iba a ir hoy y Bella debió apagar la alarma para que pudiera dormir. Sacudí mi cabeza con tristeza. Hubiera preferido despertar con ella y verla antes de que se fuera, sin importar lo cansado que estaba por la larga noche. Apenas si la había visto en el último par de semanas.
Me levanté, poniéndome unos pantalones de chándal y una camiseta y entré a la cocina. Me paré en seco en la entrada al ver a Bella sentada a la mesa. Levantó la vista, sonriéndome con calidez. "Hola, cariño. Estaba pensando en ir por ti."
Avancé rápidamente, sacándola de su silla y poniéndola entre mis brazos. Sabía que la estaba sujetando con demasiada fuerza, pero no podía detenerme. "Oye," dijo con voz tranquilizadora. "Está bien, Edward." Se echó hacia atrás, tomando mis mejillas. "Estoy aquí, amor. Por favor. Relájate."
Asentí en silencio y la atraje de nuevo a mi pecho, necesitando sentirla pegada a mí. "Pensé que estarías en el trabajo."
Negó. "No. Sabía que me necesitarías hoy. De hecho, me tomé libre el resto de la semana. Tenemos mucho con lo que lidiar y necesitaba concentrarme en eso. Beth tiene todo bajo control."
Me agaché y la besé. "Gracias."
Me sonrió. "Voy a tomarme una ducha, quiero que comas algo del desayuno." Dándose la vuelta, agarró un plato del horno y lo colocó frente a mí. "Apenas si has comido en las últimas dos semanas."
Bajé la vista a mi plato, pasando saliva. No estaba excesivamente hambriento. Sacudí mi cabeza. "Voy a ducharme contigo."
"Edward."
Levanté la vista a los preocupados ojos de Bella. Se sentó a mi lado, sus manos sujetando las mías. "Solo estaré al final del pasillo. Estoy aquí. Emma está a salvo. Estamos bien, Edward."
Asentí sin decir nada. Lo sabía, pero parecía que no podía detener este horrible miedo que seguía amenazando con apoderarse de mí.
"Lo que le pasó a Jasper y Alice es terrible, Edward. Pero no nos va a pasar a nosotros, ¿está bien? Y tenemos que decidir el siguiente paso." Apretó mi mano. "Hay alguien a quién tenemos que cuidar ahora, ¿cierto?"
Respiré hondo. Ella tenía razón.
"Lo siento; no sé por qué estoy actuando así."
Bella me frunció el ceño. "Porque perdiste a tu amigo, Edward. Y lo viste sufrir mientras lloraba la muerte de su esposa. Estás afligido por ellos. Y está provocando que temas perdernos."
La puse sobre mi regazo. "No sé lo que haría si te perdiera, Bella. O a Emma."
Me rodeó con sus brazos. "No tienes que hacerlo. Estamos aquí, Edward. Justo aquí," enfatizó, besando mi frente.
Inhalé su calor. "Gracias a Dios."
*()*
Bella se sentó conmigo mientras desayunaba y luego me moví hacia el sofá con el café mientras Bella iba a ducharse. Mi cabeza se recostó en el sofá mientras mi mente repasaba, otra vez, los eventos de las últimas dos semanas.
Jasper se nos había unido no mucho tiempo después que abrimos la clínica, añadiendo otra capa de éxito a nuestro negocio. Alice encontró trabajo en una boutique local y su hijo Emmett, era una abejita aprendiz en la guardería de Bella. Bella y Alice se hicieron muy cercanas y los cuatro, junto con nuestros hijos, comenzamos a pasar tiempo juntos. Jasper y yo habíamos regresado a la comodidad de nuestra amistad como si no hubiese pasado nada de tiempo en lo absoluto. El tenerlo de vuelta en mi vida fue genial y el hecho de que nuestras familias fueran tan cercanas añadía un elemento de plenitud. Emma adoraba a Emmett, quien a su vez la seguía a todas partes como un cachorrito, y básicamente le permitía que le hiciera lo que ella quisiera; incluyendo fiestas para tomar el té y jugar a vestirse de adultos. Si Emma lo quería, él lo hacía. Nada que nuestra hija pidiera de ese niño de tres años era rechazado. Viendo su cuerpecito bajo y corpulento sentado con una boa de color rosa y un sombrero de ala ancha mientras bebía "té" con su "Amma" hacía a todo mundo sonreír. Su voz con ceceo llamándola por su nombre la hacía sonreír ampliamente mientras se metía en una esquina en uno de sus interminables juegos de las escondidillas.
Entonces, hace dos semanas, cayó la tragedia. Jasper y Alice iban de salida por la noche, cuando fueron golpeados por un conductor ebrio. Alice murió al instante, pero Jasper se aferró por días, cayendo y saliendo de la inconciencia, en algunos momentos completamente lúcido y otros perdido en un mundo que solo existía en su mente. Su dolor por perder a Alice fue doloroso de ver cuando estaba despierto. Sus padres volaron aquí de inmediato para cuidar de Emmett, turnándose para sentarse junto a su cama, mudos centinelas, viendo a su hijo entrar y salir de la inconciencia. Pasé tanto tiempo con ellos como pude, al igual que Bella.
En un momento de lucidez, Jasper agarró mi mano mientras estaba de pie en silencio hablando con su madre, y Bella limpiaba delicadamente su rostro con un paño frío. "Tienes que cuidar de Emmett por mí, Edward. Tú y Bella. Tienen que ser su familia ahora," me rogó.
Mis ojos volaron hacia los de Bella antes de tratar de reconfortarlo. "Vas a estar bien, Jazz. Tú mismo cuidarás de Emmett. Solo tenemos que estabilizarte."
Su cabeza negó; su voz frenética. "No. Prométemelo, Edward. Prométeme que cuidarás de mi hijo." Su cabeza se giró. "¿Bella? Alice quería eso, lo queremos. Está esperando por mí. No puedo irme hasta que sepamos que los tiene a ustedes para que cuiden de él. Para amarlo. Prométanme que lo amarán."
Bella se acercó, hablándole suavemente, tranquilizándolo. "Lo haremos, Jazz. Como si fuera nuestro. Cuidaremos de él."
La voz de Jasper tembló mientras sus ojos se movían rápidamente entre nosotros. "¿Lo prometen?"
La desesperación resplandeció en sus ojos mientras me miraba. Coloqué mi mano sobre su hombro. "Lo prometo, Jasper."
Sus ojos se cerraron. "Gracias," su voz sonó cansada. "Asegúrense de que sepa lo mucho que lo amamos."
Nunca despertó de nuevo.
*()*
Bella se sentó junto a mí, entrelazando sus dedos con los míos. Le sonreí y levanté nuestras manos, rozando sus dedos con mis labios.
"¿Hablaste de nuevo con los padres de Jasper?"
Asentí. "Ya contactaron con un abogado. Quieren que nos quedemos con Emmett, Bella. Quieren estar involucrados en su vida pero los dos insisten que fue el deseo de Jasper el que nosotros lo tuviéramos. Están demasiado viejos para criar a un niño y los dos me dijeron que Jasper expresó sus deseos más de una vez. Él y Alice tenían testamentos y todo será puesto en fideicomisos para él cuando sea mayor. No es demasiado, pero si lo manejamos apropiadamente, pagaría su educación y tendrá un pequeño ahorro."
"Como lo que hicieron tus abuelos contigo."
Asentí. "En realidad no hemos hablado de esto, Bella. ¿Estás segura? Emmett va a necesitar de mucho cuidado y paciencia. Va a necesitar de un gran periodo de adaptación."
Bella se puso de pie, extendiéndome su mano. "Ven conmigo."
La seguí a la habitación de huéspedes y me detuve en la puerta asombrado. Había cambiado por completo. Antes contenía un escritorio y una cama para el visitante nocturno ocasional, ahora era una habitación para un niñito. Un brillante color azul y un acogedor rojo saltaban a la vista. Una cama en forma de coche de carreras había remplazado la cama más grande que estaba allí y un buró más pequeño y un escritorio estaban colocados a lo largo de la pared del fondo. Todo lo que faltaba era el niñito.
Miré a Bella asombrado. "¿Cómo?"
Sonrió. "Tu mamá. Le dije lo que sucedió y estuvo de acuerdo conmigo en que teníamos que estar preparados. Ella se encargó de todo."
Me rodeó con sus brazos. "Entonces, la respuesta es… sí, estoy segura. Le hicimos una promesa, Edward. Emmett necesita una familia y ya lo amamos. Hablamos sobre tratar de adoptar. Él nos necesita. Podemos ser su familia."
"¿Y Emma?"
"Ella lo adora. Creo que le encantará el hecho de que va a tener un hermanito. Hablaremos con ella esta noche y tan pronto como podamos, traeremos a Emmett a casa con nosotros."
Lentamente regresamos a la sala. "Va a ser un cambio enorme."
Bella asintió. "Lo será. Pero juntos podemos hacerlo, Edward. Estaré con él todos los días en la guardería. Tú y Emma estarán aquí con nosotros en la noche. Le daremos todo lo que necesitaba para adaptarse."
"Va estar muy confundido."
La voz de Bella fue gentil. "Todos vamos a echarlos mucho de menos, Edward. Mantendremos viva su memoria y nos aseguraremos que él sepa lo mucho que lo amaban. Y es tan pequeño. Se adaptará más rápido de lo que crees. Nos aseguraremos que esté bien."
Asentí. Acercándome, la besé, atrayéndola a mí mientras sujetaba su rostro, mis labios moviéndose tiernamente con los suyos.
"Te amo."
Sonrió. "Yo también te amo. Estoy aquí, Edward. Juntos superaremos esto. Siempre somos más fuertes juntos."
Me senté de nuevo en el sofá atrayéndola a mí. Tenía razón. Pero lo que no dijo, lo que no comprendía, era que ella era la que nos hacía fuertes. Era el centro de todo lo que éramos. Era mi roca y mi refugio.
Era mi todo.
*()*
Nos sentamos en un círculo en la nueva habitación de Emmett. Él miraba alrededor desorientado. Su pequeño mundo había sido sacudido unas semanas atrás y él seguía perdido.
"¿Dónde etá mamá y papá?" La voz de Emmett estaba llena de lágrimas y confusión.
Emma habló a su lado. "En el cielo."
Emmett sacudió su cabeza. "No quelo que ten atá, los quelo atí conmilo."
Bella se inclinó hacia adelante. "Lo sabemos, peque. Ellos también querían estar aquí, pero tenían que irse."
"¿Etaban enfelmos?" Me miró, sus labios temblando. "¿Tú no los culaste, tito E?"
"Lo intenté, amiguito. Pero estaban muy enfermos."
Las lágrimas comenzaron a bajar por sus mejillas. Bella estiró sus brazos y él le permitió que lo abrazara y sollozó sobre su hombro. Sintiendo su dolor, Emma subió a mi regazo y la abracé mientras estiraba una mano y frotaba suavemente la espalda de Emmett. Los ojos de Bella encontraron los míos sobre su cabeza y vi el dolor en las profundidades de sus piscinas azules. "Te amo," le articulé en silencio. Ella asintió sin decir nada.
Emmett se apartó y nos miró a Emma y a mí. "¿Yo quedo atí ahora?"
Emma le tendió su mano. "Tú eles ahola mi helmanito, Emmett. Vives con nosotos. Ete es tu cualto. El mío eta allí," señaló al otro lado del pasillo. Sonreí en mi interior al escucharla. Cuando estaba molesta o cansada su ceceo todavía aparecía. "Ahola cuidademos de ti, ¿veldad, papi?"
"Lo haremos. Siempre."
Emmett miró a Emma, reflexionando. "¿Tú mi hemana ahola?"
Emma asintió. "¡Yo cuido de ti, Emmett! Eto es lo que hacen las hemanas."
Él asintió. "Me guta eto. Tú mi manita." Hizo una pausa y miró a Bella. "Pelo todavía estaño a papá y mamá."
Bella acarició tiernamente su cabeza. "Está bien extrañarlos, Emmett. Nosotros también los extrañamos."
"¿Ellos me extañan?" Susurró mientras frescas lágrimas caían por sus mejillas.
La respiración de Bella se atoró. "Muchísimo. Pero quería que fueras feliz aquí. Nosotros queremos que seas feliz aquí. ¿Crees que puedas intentarlo?"
Dio un hipido. "Yo tentalo."
Bella volvió a abrazarlo e incapaz de estar más tiempo lejos de ella o de él me acerqué y los envolví a todos en mis brazos, deseando desesperadamente poder aliviar su dolor.
Emmett necesitaba tiempo, amor y comprensión. Viendo los brazos que lo rodeaban sabía que recibiría todo eso y más. Todos necesitábamos sanar.
*()*
Seis meses después…
"Papi."
Levanté la vista, asustado. No había escuchado a Emmett caminando por el pasillo. Dejando a un lado la revista médica, abrí mis brazos. "Hola peque, ¿qué pasa? ¿Por qué estás despierto?"
Su pequeño cuerpo se lanzó hacia mí y alegremente lo atrapé, y al instante fui cubierto de besos y abrazos de Emmett. Era el niño más cariñoso que había conocido en mi vida y a todos nos encantaba eso de él. Tenía un suministro interminable de abrazos y besos que le gustaba regalarnos. Poniéndolo en mi regazo le sonreí. "Estabas dormido cuando fui a verte más temprano. ¿Algo te despertó?" Fruncí el ceño ante repentino pensamiento. "¿Tuviste una pesadilla, peque?"
Negó. "Tengo sed."
Asintiendo, me puse de pie y lo cargué a la cocina para darle algo de jugo. Sus brazos rodearon firmemente mi cuello y titubeé antes de ponerlo sobre la encimera. Me parecía que necesitaba que lo abrazaran, así que lo mantuve cerca de mí y agarré una pequeña botella de jugo y lo cargué de vuelta a la sala. Sonreí mientras lo veía beber de su jugo, todavía acurrucado en mis brazos, como el niño cariñoso que era.
"Mami no beso menas noches. ¿Dónde eta mami?"
Ah. Eso explicaba la visita. Aunque se había establecido y adaptado muy bien. Emmett todavía se ponía ansioso cuando uno de nosotros, pero en especial Bella, estaba fuera de su vista demasiado tiempo. Parecía aceptar que yo estaba trabajando, pero la ausencia de Bella siempre lo preocupaba. La adoraba intensamente y no había duda de quién era su persona favorita, después de su manita Emma.
"Pronto estará en casa, peque. Ella y Emma están en un shower."
Me miró. "¿Un shovel, papi?"
Me encogí de hombros, sin saber cómo explicarle el concepto, ya que ni yo mismo lo entendía. "Es cuando las mujeres se sientan alrededor y… beben té y abren regalos."
Frunció el ceño. "¿Cómo en mi cumplanos?"
Asentí. "Pero no tan divertido. Mami dice que es aburrido. Pero es para Leah así que tenía que ir."
"Oh." Asintió como si entendiera totalmente. "Mí guta Lela. Ella es amabe. ¿Espelo contilo?"
Mis manos acariciaron su cabello rizado. Él era tan adorable e imposible de resistir. Y también un gruñón cuando no dormía lo suficiente. Igual que Jasper solía ser. "Claro. ¿Quieres acostarte aquí conmigo?"
Asintió y me dio su jugo. Lo ayudé a acomodarse con su cabeza en mi rodilla y froté su espalda de forma tranquilizadora. Le gustaba eso.
"Una histolia papi, ¿pol favol?"
También amaba mis historias inventadas. Nunca duraba mucho tiempo cuando empezaba a hablar, normalmente unos cinco minutos o algo así, pero las solicitaba a menudo. Comencé a hablar bajito, contándola una historia sobre un ratón que se convirtió en un corredor de carreras y pronto vi sus ojos cerrarse y su respiración acompasarse. Seguí hablando hasta que estuve seguro que estaba dormido. Mis manos continuaron acariciando sus rizos mientras lo veía dormir. Mis pensamientos divagaron hacia los pasados seis meses desde que perdimos a Jasper y Alice.
Como siempre, Bella tenía razón. Emmett era pequeño y sanó y se adaptó bien. Su persona favorita en el mundo era su manita como siempre llamaba a Emma. Nadie podía consolarlo como ella podía. Nadie sabía cómo hacerlo sonreír y reír como ella lo hacía. La forma especial en que ella presentía las necesidades de alguien y lo ayudaba la hacía la perfecta hermana mayor para Emmett. Más pronto de lo que había esperado, comenzó a ser de nuevo el niñito travieso que conocíamos y amábamos tanto. La risa se convirtió en algo más común que las lágrimas. Su amplia sonrisa me recibía cuando llegaba a casa por las noches, y sus bracitos envolviendo mi cuello se convirtieron en lo más destacado del día. Las historias de Bella sobre sus travesuras en la guardería me hacían reír constantemente. Él y Emma eran inseparables por la noche y durante los fines de semana, y aunque sabía que con el tiempo cambiaría, me encantaba verlos juntos. Los fines de semana estaban repletos de picnics, películas, y tiempo en familia.
Sonreí con cariño mientras recordaba a los dos de pie frente a Bella y a mí, sus manos entrelazadas mientras nos informaban que habían tomado una decisión.
Bella les sonrió gentilmente, inclinándose hacia el frente. "¿Y qué es eso, mis amores?"
"Emmett es mi hermano ahora, ¿verdad?"
Bella asintió. "Sí, lo es."
"Tú eres mi mami, ¿verdad?"
Bella me echó un vistazo pero asintió otra vez.
Emma me miró. "Soy tu pequeña, ¿verdad papi?"
Le sonreí. "Sí, lo eres."
Emma se enderezó un poco más. "Emmett quiere ser tu pequeño. Quiere que sean su mami y papi ahora."
Bella y yo nos miramos el uno al otro. Ya habíamos comenzado el proceso legal para adoptar a Emmett, pero no habíamos querido hablar del tema tan pronto.
"También queremos eso, Emmett," le aseguré en voz baja.
Emmett sonrió y levantó una foto de Alice y Jasper. "Etos son mamá y papá. Yo sempe amalos. Pelo utedes sel papi y mami. Manita dice que eta men, ¿veldad?" Su voz sonaba vacilante y supe que necesitaba una confirmación de nosotros.
Miré a Bella que estaba luchando para contener las lágrimas. Pasé el nudo en mi garganta y le sonreí. "Está más que bien, peque. Mamá y papá estarían muy felices por eso. Y nos encantaría que nos llamaras mami y papi. Al igual que Emma."
Emma aplaudió. "¡Te lo dije!"
Emmett me sonrió. "Mí guta eso, papi."
Mi respiración se atoró al escuchar esa palabra. Papi.
Y mi corazón estaba rebosante.
*()*
La puerta principal abriéndose interrumpió mis reflexiones. Levantando la vista, sonreí cuando Bella entró con una Emma que parecía estar profundamente dormida. Bella sonrió con cariño cuando vio al niño dormido sobre mi rodilla. "¿Está bien?" Me preguntó en voz baja a medida que se acercaba.
Asentí. "Un poco ansioso. No recibió el beso de las buenas noches de su mami."
Sonriendo, sacudió la cabeza. "Recibió una docena de esos antes de que lo recogieras en la guardería."
Riendo entre dientes, negué. "¿Qué puedo decir? Tus besos son adictivos." Le sonreí con anhelo. Había estado de guardia toda la semana y la había echado de menos.
Me sonrió. "¿Ah, sí?"
Asentí. "Totalmente. De hecho, yo mismo estaba sufriendo de algunos síntomas de abstinencia."
Puso sus ojos en blanco, pero se agachó y me besó con dulzura. "Pongamos en la cama a nuestros hijos y veré que puedo hacer para ayudarte con ese problema."
Le sonreí. "Citando a nuestro hijo, mí guta eto."
Veinte minutos más tarde los dos estaban metidos en la cama, besados, amados y durmiendo. Emmett apenas si se removió aunque sonrió cuando Bella lo besó, acariciando su mejilla con su nariz al igual que su cabeza con sus manos. Nos quedamos de pie en el pasillo mirándolos a ambos, una sensación de alegría llenándonos a los dos.
"¿La cama o el sofá, señora Cullen?" Le susurré en voz baja.
Me sonrió con suficiencia. "¿Qué tan fuertes están esos síntomas de abstinencia, doctor Cullen?"
Fruncí el ceño. "Fuertes. Muy fuertes. Agudos de hecho."
Sus brazos rodearon mi cuello, atrayéndome a ella. Su lengua rozó juguetonamente mis labios al besarme. "La cama entonces," susurró antes de cubrir mi boca con la suya. Gimiendo, la pegué firmemente contra mí mientras su lengua tentaba a la mía, acariciándola y moviéndose rápidamente dentro de mi boca. Agachándome, la cargué y la llevé a nuestra habitación, la súbita necesidad de estar tan cerca de ella como fuera posible abrumándome.
Recostándola sobre la cama, la miré. "Te amo," le susurré con urgencia. "Te he echado de menos este último par de noches."
Levantó sus manos hacia mí. "También te amo, Edward." Sus manos acariciando mis mejillas. "¿Qué pasa, cariño?"
Sacudí mi cabeza mientras la miraba. "Odio estar lejos por las noches. Y, simplemente no sé si te lo digo lo suficiente. Si sabes lo que significas para mí. Para nosotros." Agarré su mano y besé su palma con ternura. "Tú lo eres todo, Bella. Todo."
Me miró con cariño a medida que se incorporaba, sujetando mi rostro. "Lo sé, Edward. Sí me lo dices. Me lo demuestras. Soy más feliz de lo que jamás esperé ser. Te amo. Amo a nuestra familia. Nunca tengo dudas de lo que significo para ti."
"Bien," susurré. "Nunca quiero que lo dudes."
Sus brazos me rodearon, llevándome a su dulce boca. "Hazme el amor, Edward. Demuéstramelo. Demuéstrame lo que significo para ti."
Gruñí suavemente al mismo tiempo que capturaba su boca con la mía. "Todo, Bella. Significas todo." Y entonces procedí a demostrárselo. Despacio, dulcemente, hasta que los dos quedamos satisfechos.
Después, acurrucada en mis brazos, besé su cabeza. "¿Cómo estuvo su shower?"
Se rio entre dientes. "Estuvo bien. Beth la organizó de tal forma que fuera divertida. Sin juegos tontos, solo una noche agradable para celebrar. Leah pasó un buen rato. Recibieron unos bonitos regalos."
Sonreí. "Todavía se me hace difícil de creer cómo amansó a Jake. O que se vayan a casar en un mes."
Me miró. "Ella es buena para él. Pero él también es bueno para ella. Se ha relajado un poco. Siempre estaba muy seria."
Asentí. "Él se ha hecho mucho mejor médico gracias a ella. Le ayuda a canalizar sus energías en algo positivo."
Bella se rio entre dientes. "Ahora es todo un adulto." Me sonrió. "¿Cómo estuvo hoy la reunión?"
"Excelente. Los contadores y el banco concordaron en que nos está yendo muy bien. La clínica está prosperando y las rentas del edificio van al corriente. Así que los planes para la guardería ya pueden avanzar, y Jake y yo vamos a contratar dos médicos más."
"¿Especialistas?"
"No, médicos familiares. Ya tenemos todos los especialistas que necesitamos ya sea en el personal o en el edificio. Queremos proveer algunos médicos de familia más a la comunidad. Las listas de espera para nuevos médicos son muy largas. Y Jake quiere incorporar a otro naturópata (1). Esa rama está en auge y él necesita ayuda." Sonreí. "Y entre más médicos tengamos, menos guardias hay para nosotros. Una de las ventajas de ser los dueños del lugar, ya sabes." Hice una pausa. "Y es tiempo de contratar a otro psiquiatra. Nuestros pacientes lo necesitan, y a Jasper le gustaría que dejara de postergarlo, que ponga mi trasero en marcha y contrate a alguien," añadí en voz baja.
Su mano tocó mi mejilla. "Estoy tan orgullosa de ti, Edward."
"No podría hacer esto sin ti, Bella. Y estoy ansioso por tenerte en el edificio todos los días. Podría verte más."
Se rio con un resoplido. "Puede que te canses de mí."
"Nunca. Ni siquiera es una posibilidad." Mordisqueé su oreja. "Además, si estás en el edificio eso significa más galletas recién hechas para mí."
Se acurrucó más cerca, riendo entre dientes. "Siempre pensando hacia adelante, ¿no es así, doctor Cullen?"
Sonreí. "Sip."
*()*
Dos meses después…
La casa estaba silenciosa al amanecer. Estaba agradecido de que la noche hubiese terminado, y estaba en casa. Nuevamente había sido una noche ocupada, pero Jake se encargaría ahora. Teníamos bastante suerte con la clínica para estar en guardia solo unos cuantos fines de semana ahora, con los otros médicos en la clínica tomando turnos también. Pero, con la gran cantidad de pacientes que manejamos cuando estábamos de guardia siempre era muy ajetreado y encontraba más fácil el simplemente quedarme en el hospital, en lugar de despertar a todos cuando iba y venía.
Sin hacer ruido, caminé por el pasillo para ver a mi familia. Sonreí al ver a Emma, durmiendo profundamente hecha un ovillo de su forma acostumbrada, sus dos gatos también envueltos sobre ella. Agachándome, besé ligeramente su frente. Sonreí cuando finalmente localicé a Emmett en la parte inferior de su cama, despatarrado debajo de sus mantas. Con cuidado, lo moví de vuelta a un lugar normal en la cama y lo arropé. Murmuró bajo su aliento pero su sueño continuó regular cuando besé su suave mejilla, inhalando el aroma a baño de burbujas, jabón para lavar y niñito.
Me quedé de pie en la puerta de nuestra habitación, mirando a mi esposa dormida. La luz de la mañana llenaba la habitación iluminando su cabello y rostro con un destello rosado. Desvistiéndome en silencio, me deslicé en la cama con ella, alcanzándola y acercándola a mi pecho, suspirando contento al sentirme completo como siempre me sentía cuando estaba con ella.
"Hola," murmuró adormilada. "Estás en casa."
Besé su frente. "Sí. Vuelve a dormir. Quiero descansar un par de horas y luego pasar el día con la familia. Vamos a ir al refugio, ¿verdad? ¿A buscar un perro para Em?"
"Sí. Está muy emocionado. Literalmente estuvo rebotando en las paredes todo el día."
Me reí entre dientes. "Entonces mi hijo y yo estaremos felices. Él recibe su perro y yo paso el día con mi encantadora esposa y familia."
Sus brazos me apretaron. "Nos guta eto."
Sonreí por su broma y la sentí ponerse pesada a medida que volvía a quedarse dormida. Miré alrededor de nuestra habitación, pequeños vistazos de nuestra vida por todas partes. El uniforme de fútbol de Emmett, los zapatos de danza de Emma y una de mis batas de laboratorio sobre una silla. La laptop de Bella estaba al borde de su tocador. Fotos y dibujos estaban metidos en los marcos de los espejos, colgados en las paredes y colocados en varias superficies. Todo en derredor estaba pequeñas imágenes de nuestra familia, nuestro amor y nuestra felicidad.
Felicidad describía nuestra vida juntos. Lo que había comenzado como una esperanza desesperada de conseguir que mi hija hablara de nuevo había terminado con una vida de alegría y paz. Incluso la tragedia de perder a nuestros amigos había colocado otra capa de amor en nuestra vida. Miré al rostro durmiente de Bella. Todo provenía de ella. Su silenciosa forma de mostrar cariño me había devuelto a mi hija y me había enseñado a amar y confiar de nuevo. Hacía de esta casa un hogar y a tres almas perdidas una familia. Su sola presencia nos completaba. Suavemente, acaricié su mejilla con mi dedo.
Mi Bella, mi esposa.
El centro de mi universo.
Su mano subió lentamente y sujetó la mía.
"Deja de mirarme," murmuró bajito. "Duérmete."
"Tan mandona para ser una muchachita," le susurré al inclinarme y besarla.
Me sonrió cuando abrió sus ojos. "¿Está siendo insolente conmigo, doctor Cullen?"
La acerqué. "¿Qué si lo estoy haciendo?"
"Lo castigaré."
Mis labios regaron pequeños besos por su mandíbula hacia su oreja, mientras mis manos se metían debajo de la camiseta que estaba usando, encontrando su cálida piel y acariciándola suavemente. "Me gustan tus castigos. Por lo general involucran a tus labios," gruñí bajito, de pronto lleno de deseo. "Y algún tipo de… castigo… placentero."
Bella empujó mi pecho y se rodó, poniéndose a horcajadas sobre mí. Inclinándose me miró. "Simplemente no se va a comportar, ¿verdad, doctor Cullen?"
Sacudí mi cabeza al mismo tiempo que sonreía. "Nop."
"Sabía que me causarías problemas en el momento que puse mis ojos en ti."
Levanté mis manos y sujeté su rostro, acercándola a mí. "Sabía que iba a amarte por el resto de mi vida."
Sus ojos se enternecieron al mirarme. "Edward."
Llevé mis labios a los suyos, besándola profundamente. Mostrándole cuánto la amaba. La quietud de la mañana nos rodeaba mientras nuestras lenguas se encontraban una y otra vez, arremolinándose, tocándose, probándose. Las manos se deslizaron suavemente sobre la piel mientras que los dedos se movían y acariciaban los cuerpos calientes. Su suspiro fue silencioso cuando se apartó.
"Necesitas dormir," me susurró.
"Te necesito más."
"Soy tuya, Edward. Darlo todo. Siempre."
Nos rodé, cerniéndome sobre ella. Sus ojos estaban llenos de amor y la promesa de siempre. Le respondí la mirada viendo toda mi vida con ella reflejarse en respuesta. A su lado, donde debía estar. Agachando mi cabeza, rocé sus labios.
"Darlo todo."
(1) En otros países se les llama médicos naturistas.
Ya sé, ya sé, hasta mi beta me reclamó que por qué no le avisé que iba a ser tanta lloradera. :'( Como dijo Edward, una tragedia puso otra capa de amor a su vida, Emmett. Ahora son una linda familia de cuatro, disfrutando de su vida juntos. Pues falta un capi más y terminamos con esta linda historia. Dejo mi despedida para entonces. Mientras tanto les aviso que ya publiqué mi nueva traducción, A Few Tables Away, espero que me disfruten también de leerla.
Muchas gracias a quienes comentaron en el capi anterior: vickyange, Laura Katherine, Danny, LucyGomez, pera l.t, Nadiia16, Marie Pattinson J, ginnicullenswan, liduvina, bella-maru, miop, patymdn, danielaMc1, , Yoliki, Wawis Cullen, cary, Tata XOXO, marieisahale, solecitopucheta, jacke94, pili, Little Whitiee, Sully YM, bellaliz, Chiarat, freedom2604, leonor angelita, Mary lozano, Jade HSos, Valeria, Heart on winter, Manligrez, HeydiFH, apenasmediavoz, Anuca, Jocelyn907, Ericastelo, Dayis, Blossom-Kiss y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el último capítulo.
