DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
AMOR DE VERANO
CAPITULO XXXVII
Incómodo, llevó sus manos a los hombros de la chica para alejarle de él.
Ella, malinterpretando su acción se movió en el sofá para ubicarse sentada a horcajadas sobre su regazo.
Se apretó contra él sin separar sus labios, mientras llevaba las manos al borde de su camiseta y tiraba de ella quitándosela por la cabeza.
Edward se separó y la miró.
Sentada sobre él, con su piel clara y suave y sus pechos desnudos, le incomodó.
- Espera, Tanya – murmuró poniendo sus manos en la cintura de la chica e instándola a bajar de su regazo para sentarse en el sofá.
Se puso de pie mesándose los cabellos en un gesto nervioso.
- ¿Qué sucede, Edward? – indagó la chica confundida
- Creo que has confundido las cosas.
- ¿Qué quieres decir?
- No estoy interesado en ti de esa forma.
- ¿De qué forma?
- Creí que éramos amigos y que estaba claro que no había nada más entre nosotros.
- Oh, Edward, por favor. Hemos estado el último mes y medio juntos. Nos divertimos, lo pasamos bien, es evidente que nos gustamos...
- No de esa forma para mí – aclaró
- ¿Qué quieres decir?
- No quiero tener nada más que una amistad contigo, Tanya. Lamento haber hecho algo para que pensaras que no era así. Creí haber dejado claro lo que quería.
- Por favor, Edward, somos dos adultos. No voy a pedirte matrimonio. Podemos divertirnos un rato, pasarlo bien juntos. Estoy segura de que podemos pasarlo muy bien juntos.
- Lo siento, Tanya, pero en este momento no es lo que estoy buscando.
- Tampoco yo lo buscaba – aseguró la chica aunque Edward dudó seriamente de su afirmación – Pero estamos aquí, tú y yo, nos gustamos, podemos pasar un buen momento.
- Lo siento, Tanya, pero no. Creo que será mejor que te marches.
- No, Edward – discutió levantándose de su asiento para acercarse a él y rodearle con sus brazos – ¿No te gusto? – ronroneó restregando sus ingles contra él – ¿No te parezco guapa? ¿Atractiva al menos?
- Eres preciosa, Tanya. Eres físicamente preciosa y lo sabes, pero yo no me siento de esa forma contigo.
- ¿Por qué no?
- Simplemente, no – dijo comenzando a impacientarse a la vez que separaba los brazos de ella de su cuerpo.
- Mírame, Edward – ordenó cuando él se alejó
Cuando Edward se volteó a verla, Tanya acariciaba sus enormes pechos frente a él tironeando de sus propios pezones endureciéndolos, mientras le dedicaba una mirada lasciva.
- ¿No te excito? – susurró sugerente
- Por favor, Tanya. Vístete – ordenó inclinándose sobre el sofá para levantar la camiseta de la chica y entregársela
- Vamos, Edward. Sólo un poco de diversión...
- No estoy interesado en ese tipo de diversión
- Dios – gimió molesta vistiéndose – ¿Es por la madre de tu hija? ¿Estás enamorado de ella?
- No es de tu incumbencia – replicó molesto
- Esa mujer nunca estará dispuesta a abandonar su vida por ti. Deberías saberlo. Eso es todo lo que le importas. – gruñó alejándose de él para ir hasta la puerta del departamento.
Cogió su bolso y su chaqueta del perchero de la entrada y se volteó hacia él molesta.
- Te estás perdiendo la oportunidad de tener tu propia familia por soñar con un imposible.
- ¿Qué sabrás tú? Tengo mi familia. Tengo una hija que es mi familia y lo será siempre.
- ¿Sí? ¿De verdad lo crees? ¿Cuánto tardará en olvidarse de ti, Edward? Esa niña pasará contigo dos o tres semanas al año, ¿crees que vuestra relación será muy fuerte? Por Dios, cuando dejes de ser una novedad, preferirá pasar los días con sus compañeros de colegio o de instituto en vez de contigo. Y tú estarás aquí solo, preguntándote qué podrías haber tenido si te hubieras dado una oportunidad de ser feliz y tener una familia – sentenció la joven antes de salir del departamento con un portazo.
Acongojado por las palabras de Tanya, se dejó caer en el sofá.
No pudo eludir el pesar y el temor. Sabía que Nessie le amaba, tanto como él a ella, pero también sabía a ciencia cierta que era una niña. Era inevitable que se sintiera atraída por otras cosas, y la devoción que sentía por él se desvanecería.
Afligido marcó el número de la única mujer que le podía calmar.
- Hola – saludó Bella aprensiva al otro lado de la línea
- Hola, Bella. – respondió con voz átona – ¿Te interrumpo o te molesto?
- No, acababa de ducharme. Iré a buscar a Nessie.
- No – le detuvo – Es contigo con quien quiero hablar.
- ¿Conmigo? – inquirió confundida
- Sí, ¿te molesto?
- No, no, en absoluto – aseguró dejándose caer en la cama, envuelta en la toalla que había cogido del baño al salir de la ducha. – Dime, ¿qué sucede?
Exhaló con profundidad antes de hablar.
- He estado hablando con Tanya... – comenzó pero Bella se sintió obligada a interrumpirle
- No, Edward, no, por favor... no quiero que me hables de Tanya, por favor...
- Por favor, Bella, sólo necesito que me escuches. Tanya dijo algo que me preocupó y necesito hablarlo contigo, por favor... – rogó
- De acuerdo – aceptó incómoda después de un momento – ¿Qué sucede?
- Dios – gimió – Es difícil de explicar, no sé por dónde empezar...
- ¿Puedo preguntar yo algo entonces?
- Sí, dime.
- ¿Estás con Tanya?
- No, se acaba de marchar.
- Quiero decir... ¿estás con ella? ¿estáis juntos? ¿estás saliendo con ella?
- No.
- ¿De verdad? – pidió algo más sosegada
- De verdad – aseguró – Pero, ¿eso cambia algo?
- No, supongo que no – reconoció con resignada tristeza ante la actitud de él – Bien, ¿qué es lo que querías preguntarme?
- En realidad no es una pregunta, pero necesito que me calmes y sólo tú sabes hacerlo.
- No te entiendo, Edward, explícate.
- Tanya dijo que Nessie acabará olvidándose de mí si tan solo nos vemos dos o tres veces al año.
- ¿Eso ha dicho? ¿Y por qué piensa eso?
- Dice que con el tiempo preferirá pasar las vacaciones con sus amigos y yo pasaré a importarle menos que sus compañeros de colegio.
- Dios, Edward – sonrió comprensiva – Claro que lo preferirá. Preferirá pasar tiempo con sus amigos antes que contigo o conmigo. ¿Acaso cuando estabas en el instituto tú no preferías pasar días y noches enteras con tus amigos en lugar de estar estancado en casa con tus padres? Porque yo sí lo prefería. Me hubiera ido a vivir con Rosalie para ver a mis padres una vez al año y sólo si era obligatorio.
- No creo que Tanya se refiriera a eso.
- Edward, no te lo tomes a mal, pero me importa un pimiento lo que Tanya tenga que decir o que opinar sobre nuestra hija. No sé qué relación tienes con ella ni la que tendrás o esperas tener...
- No tengo ninguna relación con ella, ni pienso ni espero tener ninguna – le aclaró
- Bien, si es así no debería importarte lo más mínimo lo que ella tenga que decir. Ella no te conoce, no conoce a Ness, no sabe qué relación hay entre vosotros.
- No es que me importe su opinión, pero no puedo evitar pensarlo. ¿Crees que se olvidará de mí al no vernos a menudo?
- Oh, Edward, no lo sé, no sé qué esperas que diga. Desde luego que no te olvidará, te ama, Edward. No se olvidará de ti, porque tú no desaparecerás de su vida. Porque tú no vas a desaparecer de su vida, ¿verdad? – aseguró algo temerosa
- No, claro que no, no quiero desaparecer, pero tengo miedo de que la distancia, ya sabes, que no funcione...
- Haremos que funcione, Edward – aseguró aún sin poder evitar pensar que todo sería más sencillo si él volviese finalmente a casa
- Creo que tal vez debería regresar a Seattle – aventuró él poniendo en palabras los pensamientos de Bella a la vez que encendía una pequeña llama de esperanza
- ¿De verdad lo crees? – indagó entusiasmada
- No es lo que quiero hacer, no quiero vivir en Seattle, pero no quiero que la distancia me separe de mi hija. No quiero que Ness me olvide – explicó Edward y la momentánea alegría de Bella se apagó como la llama de una cerilla en medio de un huracán
- No te olvidará, Edward. Nunca te olvidará. Yo no le permitiré que lo haga, y desde luego, tampoco tú lo permitirás.
- ¿No crees que tenga que volver a Seattle?
- No por esa razón.
- No sé qué hacer, Bella – gimió confundido mesándose los cabellos.
- Nadie puede ayudarte en esta decisión, Edward. Yo no puedo hacerlo.
- ¿Por qué no? Dime algo, necesito que me digas algo.
- Te amo, Edward. – aseguró – Yo te amo y Nessie te ama. Te amamos y seríamos las personas más felices del mundo si tu decidieras trasladarte a Seattle. Nessie porque te tendría cerca y podría verte y compartir contigo su vida entera y su día a día – explicó emotiva – Y yo porque haría todo lo posible y lo imposible para que te enamorases de mí y quisieras que viviéramos juntos y tuviéramos una familia juntos.
- ¿No crees que tal vez ya esté enamorado de ti?
- No quiero dar nada por sentado. Sé que apenas nos conocemos...
- Pero tú estás segura de estar enamorada de mí.
- Supongo que es porque tú eres irresistible – sugirió divertida haciéndole reír
- ¿Y tú crees que no eres irresistible?
- Sé que no lo soy – reconoció – Y no es falsa modestia, ni problemas de autoestima. Sé que estoy bien, y hay gente a la que le gusto y gente a la que no, pero no soy irresistible.
- Tampoco yo.
- Pues sí lo has sido para mí, y no voy a negar que intenté resistirme tanto como pude.
- Ya, a diferencia de mí, que nunca he intentado resistirme a lo loco que me vuelves. Me sucedió en aquel yate en el Mediterráneo, y me sucedió en la boda de mi hermana, y nuevamente aquí en Barcelona.
- Tonto – le regañó halagada
- Tal vez debería volver a Seattle – aventuró haciéndola estremecer dándole un giro inesperado a la conversación
- No, Edward – gimió Bella – No lo digas. No lo digas a menos que realmente lo desees. No quiero hacerme ilusiones con algo que probablemente no suceda.
- Estoy hecho un lío, Bella – confesó
- Dios, Edward. Tienes que estar seguro...
- Pensaba que querías que me trasladase a Seattle.
- Y no hay nada que desee más, pero quiero que estés seguro de tu decisión. No quiero que puedas arrepentirte o sentirte infeliz por vivir aquí.
- ¿Crees que podría ser infeliz? ¿No crees que tú y Ness podríais hacerme feliz?
- No lo sé, Edward. Sólo sé que no quiero que Ness y yo carguemos con esa responsabilidad. Nosotras te amamos y haríamos todo para que fueras feliz, pero si no lo lográramos, no quiero que seas infeliz por nuestra causa. No quiero que nunca puedas reprocharnos algo así.
- Nunca os reprocharía nada – discutió enérgico
- Tal vez no con palabras o hechos. Tal vez tú no nos lo reprocharas, pero yo lo haría. Yo me reprocharía no poder hacerte feliz, o no lograr que pensaras que había sido una buena decisión.
- ¿Qué tengo que hacer, entonces?
- Pensarlo muy bien. Ten en cuenta los pros y los contras de esa decisión. Piensa bien qué deseas y qué estás dispuesto a sacrificar. Y cuando lo sepas, tomarás la decisión correcta.
Edward suspiró pensativo.
- ¿Me esperarás? – rogó sabiendo que no tenía derecho a pedir algo así – ¿Crees que podrás esperarme?
- Dios, Edward, no puedo asegurar que te esperaré durante años, pero creo que no me equivoco si digo que, lo quiera o no, acabaré esperándote bastante más de lo conveniente. – aseguró haciéndole respirar tranquilo
Menudo capítulo el capítulo anterior!
Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos, por leer y por recomendarme.
Adelanto del próximo capi:
Yo viajaré a Roma con Royce.
- ¿Estás seguro? – preguntó la mujer con preocupación – Sabes que esto puede estirarse durante meses...
- Lo sé. Yo me ocuparé – aseguró – Despeja mi agenda para que pueda viajar mañana mismo.
- Pero, Edward...
- ¿Qué?
- Vanessa vendrá por las vacaciones de Navidad.
- Falta más de un mes para ello.
- Sí, pero si la demanda no prospera podría llevarte más de un mes.
- Iré yo, Carmen. Estaré de vuelta para las vacaciones.
- ¿Estás seguro?
Nos vemos también en el grupo de Facebook: Las Sex Tensas de Kiki, donde pueden compartir comentarios, encuestas, adelantos, etc. sobre ésta y mis otras historias.
Besitos!
Si aún no pasaron por mi nuevo fic DETRÁS DEL OBJETIVO, están todos invitados!
Aprovecho el capítulo de hoy para dejar un comentario.
El miércoles, por primera vez desde que empecé a publicar en FF eliminé un review, anónimo por supuesto.
Estoy y siempre he estado abierta a las críticas, buenas y malas, las acepto e intento aprender de ellas si son constructivas. Pero no quiero aceptar que me insulten, ni a mí, ni a quienes me leen. La vida real es demasiado compleja, profunda y difícil, como para aceptar insultos anónimos y gratuitos por un FIC. Aecpto las opiniones (no verdades, porque sobre gustos no hay nada escrito y nadie tiene la verdad, y para ello basta con leer todos los rr y ver que había opiniones de todo tipo), pero no tengo por qué aceptar los insultos. Creo que deberíamos aprender a dar opiniones sin caer en lo insultante, eso suele restar valor a una opinión.
Entiendo que no les gustara lo que sucedió en ese capítulo, pero ¿de verdad es tan importante para sus vidas que dos personajes ficticios se acuesten con alguien que no les gusta? ¿tanto les indigna como para insultar (y sin dar la cara) a otras personas a las cuales no conocéis? ES UN FIC. Una historia inventada y gratuita, gratuita para leerla y gratuita para dejar de leerla.
