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Kate acarició con sumo cuidado la mejilla sonrosada del bebé que acunaba en sus brazos.
Las sensaciones la estaban matando por dentro. Sentía una calidez en su pecho a la vez que la angustia de saber que probablemente ella no sintiera eso por un hijo propio nunca.
Era como un dolor que subía y bajaba a la par que su respiración era errática. Aun así, era capaz de obviarlo y concentrarse en esos ojos azules que intentaban observarlo todo con curiosidad revolviéndose en los brazos de la detective.
Ella sabía que el bebé, tan pequeño aun no distinguía lo que veía…Que veía borroso y sólo bultos a cierta distancia pero no podía dejar de admirar esa mirada tan dulce. Probablemente sus ojos se aclararían más aun como los de su madre y su abuelo, sin embargo; hacía tiempo que no se quedaba tan prendada de una mirada.
Le hizo un par de carantoñas invadida por ese espíritu entre maternal e infantil que se contagiaba al estar cerca de un recién nacido.
Beckett nunca había sido así. Nunca había tenido pasión por los bebés…Ni por los niños más grandes, sin embargo, ahora era diferente… Había vivido el embarazo de Alexis de cerca y pensar que ella no podría vivirlo en su propia piel sólo había acrecentado sus ganas de tener un hijo… Eso y la pasión de Rick que le había mostrado poco a poco.
Se movió por la sala enamorada de ese niño desde que sus miradas habían conectado y le dio un beso en su suave cabecita.
Su olor era algo de lo que jamás se cansaría.
Los deditos de Dylan agarraron el pulgar de Kate y ella jugueteó con su manita sintiendo que las lágrimas la invadían por sorpresa, en una mezcla de emoción y tristeza.
-Eres el bebé más bonito que he visto en mi vida…-susurró sin dejar de mirarle y obviando por completo a Rick que se acercaba por detrás a ella.
-Al final…-la sobresaltó-Voy a estar un poquito celoso.
Kate se giró levemente y le sonrió.
Rick se quedó paralizado al ver los ojos llorosos de ella, pero no dijo nada.
-¿Alexis?
-Duerme.
Kate asintió y cuando volvió a mirar a Dylan este cerraba lentamente los ojos, agotado.
-Él también…-sonrió.
Rick apoyó su mentón en el hombro de ella, acariciando su cintura mientras observaba a su nieto. Era una atracción propia de un Castle la que desprendía el pequeño pelirrojo que hacía que todos estuvieran hipnotizados por él.
Rick alargó una de sus manos y pasó su dedo por la leve pelusilla rojiza de su cabecita.
-Es tan guapo…
-Si…-Castle besó el cuello de su novia y ésta sonrió. Una lágrima se deslizó por su mejilla a la vez que el escritor se pegaba más a ella, sintiéndose protegida.-¿Te quedas a dormir conmigo, cariño?
Kate le miró de reojo y asintió. Se separó de él y caminaron a la habitación. Castle, con cuidado, tomó en brazos a Dylan y comprobó que el pañal estuviera seco y todo estuviera bien ante la atenta mirada de Kate.
Lo dejó en el moisés, en un rincón de su despacho –Sorprendentemente más cerca de su habitación que la de Alexis- Y entró en su habitación, entornando la puerta y con un walkie en la mano que dejó en la mesita.
-Alexis estaba agotada…
-Si…
-Le fue bien la terapia…
-Si…
Rick se sentó al lado de su novia y sin mediar una sola palabra la abrazó con fuerza intentando trasmitirle todo lo que sentía, todo lo que la amaba…Hacerle sentir que él estaba ahí para ella.
Verla llorar con el bebé en sus brazos había hecho que un dolor punzante atravesara su corazón, sabiendo que él era incapaz de hacer nada por esa angustia que Kate sentía cada vez que estaba cerca de Dylan y a la vez se sentía tremendamente orgulloso de cómo era capaz de hacerlo.
Pero ahora, ahora sólo necesitaba demostrarle que podía hacerla feliz…Que iba a estar ahí pasara lo que pasara.
Ninguno de los dos dijeron nada…Tan sólo se dejaron llevar. Cuando Kate quiso darse cuenta, Rick besaba su cuello y la recostaba en la enorme cama del escritor; esa que tantas veces habían compartido.
Pero ninguna sería como esa… Castle estaba acariciándola casi con temor a la vez que con devoción. La adoraba. Era su musa. Era el amor de su vida.
Beckett devolvió sus caricias, removiéndose, atrapando sus labios suaves, dulces que se mezclaban con el salado de sus lágrimas.
No podía dejar de llorar.
Rick se separó y la miró a los ojos. Sus ojos también brillaban con intensidad en la penumbra de la habitación.
La sonrisa que le dedicó hizo que las piernas de la detective temblaran. Suerte que estaban en la cama.
Ambos se reunieron en el centro de ésta, arrodillados, desnudándose el alma mutuamente con una parsimonia que sólo hacía incrementar el deseo de ambos. Sus manos eran puro fuego en la piel del otro bajo las telas que los cubrían.
Castle se deshizo de la camiseta de ella, acariciando con la yema de sus dedos su vientre mientras la miraba.
-Eres perfecta, Kate Beckett-dijo mientras se inclinaba a besar sus labios, rozándolos levemente, bajando por su mentón hasta su hombro.
Kate tembló levemente cuando sus dedos se encargaron de deshacerse del sujetador y dejar a la vista sus pezones duramente erectos para él.
Agachó la mirada ante las manos de él sobre sus pechos, haciéndola jadear.
Rick la obligó a mirarla y besó sus pómulos, surcados por dos ríos salados.
Kate tiró del borde de la camiseta de él hacia arriba con prisa y deslizó sus dedos por el abdomen de él, haciendo que su vello se erizara.
Sonrió al ver la palpitante erección de él abarcando sus vaqueros y no pudo evitar acariciarla por sobre de ellos, casi raspando la tela con sus uñas, provocando un gemido ronco en él.
Rick la miró divertido y la hizo recostar de nuevo, posicionándose sobre ella, hundiendo su boca en su pecho, mordisqueando su pezón.
-mmmm Rick-Kate se arqueó sintiendo su cabeza tocar en el cabecero de la cama y buscando una fricción con la entrepierna de él-.
-Yo también se jugar, cariño-succionó su pecho mientras acariciaba el otro con una experiencia que hacia delirar de placer a la detective.
Beckett movió sus manos y logró desabrochar los pantalones de él mientras no paraba de arremeter con su lengua alternando ambos pechos.
Introdujo su mano dentro de los bóxers de él y apretó su miembro haciéndole gruñir.
-Te necesito.
-Pero…
-Te necesito en mi, Castle.-pidió casi en una súplica mientras le agarraba de su nuca y casi se desplomó sobre ella cuando asaltó su boca en un beso lento pero apasionado.
A partir de ese momento la ropa voló por la habitación quedando desnudos, piel con piel, torso con torso.
Rick alzó la mirada mientras su erección se frotaba en el sexo de ella y besó su rostro: su frente, su nariz, sus ojos aun húmedos, sus pómulos y finalmente sus labios.
-Lo siento, cariño.
-¿Qué?
-Se que querías…otra cosa-dijo deslizándose bien lentamente en ella y haciendo que sus músculos internos se adaptaran a la inmensidad y dureza de él, subiendo la pierna de ella hasta su cadera sin dejar de mirarla a los ojos.
No quería, no; más bien no podía dejar de mirarla. De admirarla. DE AMARLA.
Acarició con su pulgar el contorno de sus ojos mientras salía de su interior tan lento que tuvo que concentrarse para no dejarse llevar.
-Será lento… Necesito tiempo para demostrarte todo lo que te amo, Kate.
Beckett no pudo evitar sonreír y besar sus labios. Entendió a lo que se refería Castle… él no quería sexo… Él quería hacerle el amor… Y eso era exactamente lo que ella necesitaba.
Perderse en sus caricias. Volverse loca con sus besos. Sentirse protegida en sus brazos. Sentirse amada.
Rick empezó a moverse lentamente sin dejar de sostenerla, de besarla, de mirarla embelesado, perdido en su mirada sintiendo sus caderas conectarse en un vaivén pausado que hacía que sus cuerpos vibraran de placer. El uno con el otro. Juntos.
Jadearon.
Gimieron.
Gritaron en la boca del otro, para no hacer ruido mientras se sostenían mutuamente, abrazándose, sintiendo su corazón desbocado en el pecho del otro y sus caderas unirse en un solo ser.
-Te amo-susurró en el oído de ella, tan suave que casi no lo oye.
Las uñas de Kate arremetieron contra la espalda de Castle cuando éste llegó más profundo en ella, sintiendo el incipiente orgasmo de ella que probablemente provocaría el de él en una oleada de placer.
La cabeza de Kate volvió a hundirse en la almohada cuando mordió su labio y Rick embistió hondo haciendo que se pegara de nuevo al cabecero. Ambos sonrieron.
Castle se detuvo un segundo disfrutando de la sensación que le provocaba estar así con ella. Sin protección.
-Es deliciosamente placentero poder sentirte…Kate-susurró incrementando levemente el ritmo, sin soltarla, haciéndole el amor, uniéndose a ella con su alma.
Beckett gimió y él aumentó la velocidad de sus embestidas, incitado por los ruiditos de ella y porque necesitaba experimentar la caída al abismo del deseo que sentía cada vez que terminaba en ella, gimiendo su nombre.
El único sonido que se escuchó en la habitación fueron los gemidos que compartieron y el vaivén de sus cuerpos en uno solo hasta explotar en el mejor orgasmo de sus vidas.
Cuando consiguió recuperar la respiración, sus piernas aun temblaban, su vista se había nublado y Rick respiraba profundamente sobre ella, agotado, sin soltarla, sin dejarla ir.
Sonrió besando su hombro, mordisqueándolo consiguiendo que se separara de ella lentamente, sintiendo el letargo del orgasmo, el palpitar de su sexo.
-Te amo Rick-dijo mirándolo a su lado. Besó su nuez. –Te amo-dijo abrazándose a él con fuerza.
-Nunca te dejaré, Kate. Pase lo que pase… Voy a hacerte feliz-besó su pelo y la apretó contra su pecho hasta que ambos, entre besos y caricias cayeron en los sueños de Morfeo.
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