Esta historia es de HuskyWalker que amablemente me permitió traducirla. Muchas gracias a LatexoHPo por betear

Capítulo XXXVI.

Esa noche Harry sintió cuando alguien trato de cruzar las protecciones alrededor de la casa. En un instante salió de la cama y antes de despertar completamente tomó su varita y con un hechizo transformó su ropa de dormir por una túnica; se puso los anteojos.

Nagini siseó enojada por haber sido despertaba de esa manera pero Harry no le prestó atención. Por la sensación de hormigueo creciente sabía que quien estaba tratando de pasar era poderoso. Sabía los lados fuertes y débiles de sus protecciones. Si alguien quería destruirlas debía ser muy poderoso o debían ser muchos.

Por los ronquidos provenientes de la habitación de Tom, Harry supo que ni Tom ni Abraxas estaban despiertos. Como invitado Abraxas no podía sentir nada y Harry no vio necesidad de que Tom sintiera cuando las alarmas avisaban la llegada de extraños.

En la puerta se detuvo. Aún estaba oscuro afuera y sabía que nadie iría de visita a esa hora. Bueno, Mortimus podría haber sido una posibilidad si no fuera porque Harry sabía que lord Malfoy siempre se aseguraba de dormir más que suficiente.

Sintiendo el hormigueo aumentar, Harry se apresuró. Quien estuviera tratando de pasar las protecciones estaba atacándolas. Se sentía dividido sobre despertar a los chicos y advertirles o averiguar con rapidez qué estaba sucediendo.

Tomó la decisión cuando sintió una de las protecciones romperse bajo la presión. Sabiendo que no tenía mucho tiempo antes que la siguiente cayera abrió la puerta y salió corriendo a la oscuridad.

Harry gritó de supresa cuando sus pies descalzos tocaron la nieve. Cuando había transformado su ropa de dormir había olvidado el calzado. Aunque ya sentía el frío inundar su cuerpo no dejo de correr para encargase del problema. Se dirigió al lugar donde estaban siendo atacadas las protecciones. Sabía que el atacante no podía estar lejos de allí.

Mientras corría tuvo tiempo de pensar en lo que estaba sucediendo. Podía pensar en varias personas que querrían atacar su casa. La mayoría estaba en el futuro y aún no nacían así que estaba seguro de que no podían ser ellos. Eso le dejaba solo dos personas por las que sentía un gran desprecio.

Lord Nott y Dumbledore.

Por la fuerza necesaria para destruir una de sus protecciones Harry sabía que no podía ser lord Nott. Porque aunque el mago era un sangrepura no tenía la fuerza suficiente para hacer algo así.

Eso sólo dejaba a Dumbledore.

Harry frunció el ceño y se mordió los labios. ¿Qué beneficio recibiría Dumbledore al atacarlo de esa manera? Harry sabía que había molestado al mago desde que había llegado a ese tiempo. Se había rehusado a regresar a Tom al orfanato cuando Dumbledore había tratado de convencerlo de que lo hiciera. Le había hecho bromas al mago y algunas habían sido bastante desagradables. Especialmente la que envío antes de las vacaciones.

Pero Dumbledore mercería todo eso. Por cosas que el mago había hecho ahora o cosas que haría en el futuro

Cuando Harry llego a las protecciones no había nadie a la vista. Aunque sabía que no era posible tenía la sensación de estar siendo observado. Algo le dijo que era la protección que impedía que se viera la casa la que había caído.

Harry miró cómo su aliento formaba vapor blanco que salía de su boca. Estaba helado hasta los huesos y su cuerpo temblaba. Ahora su cama parecía una mejor opción que antes. Desafortunadamente no podría regresar a la cama hasta averiguar qué había atacado sus protecciones haciendo caer una.

—Buenos días querido Evan.

La voz sonó de algún lado en la oscuridad y Harry se quedo helado. Conocía la voz y se preguntó qué estaría haciendo aquí. ¿Había venido por venganza?

—¿Qué estás haciendo aquí? ¿Por qué no te acercas para que te pueda ver?

Harry se sintió orgulloso de que su voz no temblara. Ni siquiera un poco.

Una risa relajada sonó en algún lado a su izquierda, aun al otro lado de las protecciones pero tan cerca que sabía que debería poder ver quién era. La nieve había dejado de caer y el cielo estaba libre de nubes. La luna daba luz suficiente para ver sus alrededores pero aun así no podía ver a nadie.

—Evan, Evan, Evan. Pensé que serias lo suficientemente inteligente para saber por qué estoy aquí.

El hombre se movía alrededor hablando en un ronroneo. Harry dejo su varita seguir los movimientos del hombre. Aunque sabía que las protecciones lo protegerían encontró que era mejor prevenir que lamentar.

—¿Estás aquí porque dejé que los aurores arrestaran a tu amante?

Fue puro reflejo lo que hizo que Harry se moviera cuando vio el hechizo que se dirigía hacia él. Se tiró al piso y rodó; se levantó justo a tiempo para ver la maldición chocar contra las protecciones.

Risa lleno el aire y le dio un escalofrío.

—Eso fue culpa de Albus. Él actuó como un Gryffindor y olvidó pensar. Es como un niño, incapaz de hacer nada si no hay alguien allí que le diga qué hacer.

Harry cruzo los brazos y miró con el ceño fruncido hacia donde creía estaba el hombre.

—Si mi memoria me sirve bien fue usted el que le dijo al profesor que se encargara de mí.

Sus ojos miraron alrededor. Aunque no podía ver a Grindelwald en ninguna parte tenía la sensación de que el hombre podía verlo claramente.

—Fue un error de mi parte. Hable antes de saber de ti. Si hubiera sabido que eras tan poderoso no habría permitido que Albus tratara de matarte. No es que tuviera mucha suerte con eso. Lo he castigado por ese error. No permito que mis seguidores me fallen.

Esta vez fue Harry quien rió.

—De verdad he tenido mucha gente que ha tratado de matarme. Y dudo que un simple profesor de Transfiguración pueda tener éxito cuando tantos han fallado.

Harry se quedó en silencio apenas las palabras dejaron su boca al ver algo moverse en la oscuridad. Grindelwald se volvió visible y Harry se dio cuenta que el hombre había usado un hechizo para esconderse hasta ahora.

Esta vez Harry se tomo su tiempo para mirar al hombre. A diferencia de otros magos, Grindelwald había entrenado su cuerpo para volverse invisible. Quizás el hombre había sido un auror antes de probar suerte como señor oscuro.

—¿Por qué estás aquí?

Sin mirar a los ojos al Señor Oscuro, Harry lo observo. No podía arriesgarse a que el hombre supiera que era un viajero del tiempo. Ya era malo que hubiera captado su interés.

Grindelwald se acercó hasta que sólo unas pulgadas los separaban. Harry abía que la única cosa que impedía que el hombre se acercara aun más eran las protecciones.

—Tú eres joven, poderoso y hermoso. Serias un perfecto consorte.

Harry fulminó con la mirada al hombre que estaba apoyando su mano en las protecciones. Espero que la mano del hombre estuviera completa en las protecciones y envió un shock eléctrico hacia él.

Para su impresión Grindelwald no mostro ningún tipo de reacción al ataque aparte de sacar su mano de las protecciones. Sabía que había sido doloroso, y le frustró que el hombre ni siquiera hubiera demostrado dolor.

—Lamento darte la noticia, pero ya tengo pareja y aunque no la tuviera, simplemente no eres mi tipo.

Para su sorpresa Grindelwald no se veía enojado, si no divertido. Cómo el hombre podía encontrar el dolor divertido no lo comprendía Harry. Él prefería evitar cualquier tipo de dolor.

Grindelwald sonrió.

—No tienes que pensar al respecto. Siempre consigo lo que quiero. Pero supongo que tendré que convencerte de que te unas a mí.

Harry meneó la cabeza. Voldemort también le había ofrecido que se le uniera y él le había dado la misma respuesta. Aunque Harry dudaba que Voldemort hubiera tenido las mismas intenciones que Grindelwald parecía tener con la oferta.

—Como te dije antes no estoy interesado y nada que hagas me hará cambiar de idea.

Opuesto a lo que Harry había esperado Grindelwald no perdió su sonrisa. Harry sintió muchos deseos de golpear al hombre pero no se movió de donde estaba parado. Sabía que las protecciones lo mantendrían a salvo.

No supo cuánto tiempo estuvo parado así. Finalmente Grindelwald se dio la vuelta y comenzó a alejarse.

—Sugiero que pienses en mi oferta. Estaré listo para la respuesta la próxima vez que no veamos. Por la seguridad del niño con el que vives espero que tomes la decisión correcta.

Harry lanzó una Bomdarda Maximahacia Grindelwald pero el mago se Apareció segundos antes que lo alcanzara. Un cráter se formo donde chocó la maldición y Harry fácilmente pudo imaginar cómo habría quedado su víctima si le hubiera dado.

Maldiciendo en voz alta envió mas maldiciones tratando de deshacerse de la rabia que tenia.

Quince minutos después, y mucho más calmado que antes, Harry volvió a la casa.

Cuando entró encontró a Hubert esperando por él. Desde que había traído a Nagini a la casa había visto muy poco al fantasma. Era divertido ver como alguien, que ya estaba muerto, pudiera temer una mordida de serpiente. Y eso era sin comprender lo que ellos estaban hablando.

—Evan, ¿estás bien? Te vi marcharte pero no respondiste cuando te llame. Te quedaste fuera bastante tiempo y sin zapatos. ¿Que estabas pensando? ¿Te quieres enfermar?

Harry se sonrojó y se sobó el cuello.

—Lo siento, algo estaba perturbando las protecciones y debía averiguar qué era. No hay razón de preocuparse, ya me encargue de todo.

Mientas hablaban Harry se movió a la sala. Miró a la chimenea y las llamas saltaron a la vida. Era una de las razones por la que amaba la magia. Hacía la vida mucho más fácil.

—¿Por qué luces como algo que arrastró un gato a casa?

Harry se acurrucó en un sillón y cerró los ojos. Se sentía sin energía y su cuerpo estaba congelado. El calor aumentando lentamente detuvo sus escalofríos e hizo que su cuerpo se relajara. Apoyó su cabeza contra el respaldo del sillón y suspiró. Descansaría sus ojos un momento, lo suficiente para entrar en calor, y luego volvería a la cama.

T&H

Tom gruñó cuando algo cálido y brillante lo despertó de su profundo sueño. No dispuesto a despertar aún se dio la vuelta alejándose de la luz y se acurrucó bajo las mantas con un suspiro satisfecho.

Con los ojos aun cerrados estiró la mano para abrazar a Evan. Era demasiado temprano para que estuvieran despiertos. Cuando su mano toco el lado de la cama vacio y frío frunció el ceño. ¿Si estaba en casa porque su adormilada mente le decía que él y Evan estaban dormidos en sus respectivas habitaciones y no durmiendo juntos como era costumbre? ¿Acaso habían peleado? Si ese era el caso, ¿Por qué había sido?

Su pensamientos se detuvieron cuando escuchó ronquidos no lejos de donde estaba. Por lo que sabía Tom ni él o Evan roncaban. Ese era un sonido que sólo escuchaba en la escuela cuando dormía en el dormitorio con los demás chicos Slytherin de su año.

Frunciendo el ceño abrió los ojos y giró su cara hacia el sonido.

Abraxas estaba acostado de estómago con el trasero al aire y sus brazos bajo su pecho. Su rostro estaba girado hacia Tom y tenía la boca abierta. Tom sonrió al ver saliva salir de la boca del chico. Se preguntaba cuánto pagaría Abraxas para asegurase que su forma de dormir no fuera vista por los demás.

No tomo mucho tiempo para que Tom se aburriera de ver a Abraxas. No era tan fascinante como observar a Evan en las mañanas. Eso era algo de lo que nunca se aburriría.

Ya no sintiendo sueño, mayormente porque Evan no estaba en la cama con él, Tom se puso de pie y caminó hacia la cama donde Abraxas todavía dormía. Tom se quedo parado mirando al dormido chico, preguntándose como despertarlo.

Decidiéndose al fin Tom agarro las mantas de Abraxas y destapó al heredero Malfoy.

—Papá, quiero dormir.

Tom levantó una ceja, para nada impresionado.

—Deberías saber que es imposible que yo sea tu padre. A menos, claro está, que de alguna manera consiga un giratiempo. Y aun así no sería posible porque no soy un Malfoy. Aunque claro siempre podría matar a lord Malfoy y luego usar poción multijugos para usurpar su lugar.

Tom cerró la boca cuando Abraxas se sentó en la cama y se estiró.

—El pensar que seas mi padre da miedo, si puedo decirte lo que pienso, mi lord.

—Ya lo has hecho, Abraxas. Ahora levántate. No se supone que durmamos todo el día cuando hay cosas qué hacer.

Sin esperar la respuesta de Abraxas, Tom dejo la habitación y se dirigió al baño.

Cuando la puerta estuvo cerrada y asegurada Tom se desvistió y abrió la llave del agua. Miró hacia abajo y sonrió. Aunque él y Evan habían pasado la noche en habitaciones diferentes aun así la tenía dura.

Tom se metió bajo el agua y envolvió con su mano su miembro. Imaginando que estaba enterrado profundamente en Evan, Tom comenzó lentamente a masturbarse. Cerró los ojos y vio a Evan acostado frente a él. Los ojos verdes estaban entrecerrados y llenos de lujuria. El largo cabello negro estaba esparcido sobre la almohada. Tom dejó que su mano libre acariciara su cabello, disfrutando la sensación.

Evan tenía las piernas alrededor de su cintura y arqueaba su espalda tratando de que lo penetrara más...

Sintiendo el calor recorrer su cuerpo y posarse en su miembro Tom tiró su cabeza hacia atrás y gimió con fuerza mientras se corría en su mano.

Terminando de bañarse cerró el agua y salió de la ducha. Sin privacidad no había forma que pudiera hacer esto en la escuela. Él no era como esos detestable sangresucia que no comprendían la necesidad de privacidad.

Cuando salió del baño notó que Abraxas lo estaba esperando. Tom se hizo a un lado y dejo que el chico entrara. Abraxas le hizo un gesto con la cabeza y se apresuró al baño.

Vestido en una túnica de diario Tom bajo las escaleras. Había tratado de entrar a la habitación de Evan para ver si aun dormía y encontró la puerta de la habitación cerrada. Tom no volvió a intentar entrar. Sabía que las protecciones alrededor del cuarto de Evan eran muy poderosas para intentarlo sin varita.

Pensando que Evan ya debería estar abajo, o se había marchado a trabajar, Tom decidió no insistir. Él no se rindió; era mejor decir que tenía cosas más importantes que hacer que tratar de echarle una mirada a su dormido tutor.

Cuando Tom llegó abajo no pudo oler el desayuno ni pudo ver u oír a Evan en la casa. ¿Cuándo se había marchado Evan? Quizás debería buscar a Hubert y que el fantasma le contara lo que sabía de su paradero.

Justo cuando Tom iba a llamar al fantasma, Hubert apareció flotando por la pared. Tom estaba feliz de que nadie, bueno nadie con vida, estuviera allí para oír el gritito de sorpresa que dejó escapar. Mirando alrededor para asegurase que no hubiera nadie Tom volvió su atención al fantasma enfrente de él.

—Hubert ¿dónde está Evan? ¿Ya se marcho a trabajar?

El fantasma le hizo una seña para que se mantuviera en silencio y lo siguiera. Tom decidió hacer lo que Hubert le pedía y lo siguió a la sala.

En un sillón frente a la chimenea Tom encontró a Evan acurrucado y profundamente dormido. El mago estaba con túnica pero por alguna extraña razón no estaba usando ni calcetines ni zapatos. El borde de la túnica de Evan estaba húmeda como si hubiera estado caminando en la nieve.

Evan tenía el ceño fruncido mientras dormía y Tom se preguntó qué estaría soñando. Quería tocarlo esperando clamar sus sueños pero cambió de opinión antes de hacerlo. Evan lucia como si necesitara dormir y Tom no se arriesgaría a despertarlo.

Asintiéndole al fantasma se alejó, salió de la sala y encontró a Abraxas esperándolo en el vestíbulo. Al igual que él, Abraxas estaba vestido con una túnica de diario. Pero la túnica del heredero Malfoy era de mejor calidad que la de Tom.

—Iremos a Hogsmeade y comeremos algo. Evan está dormido y pagarás caro si lo despiertas.

Abraxas asintió y, después de una mirada insegura hacia la sala salieron de la casa. Tom se aseguró de informarle a Hubert a dónde se dirigían. De esa manera si Evan despertaba antes de que volvieran sabría donde estaban.

En Hogsmeade la gente ya estaba levantada. Tom no se sorprendió de ver estudiantes de Hogwarts. Después de todo, los alumnos mayores tenían permitido ir a Hogsmeade siempre que los profesores supieran a donde habían ido. No muchos Slytherins se quedaban en Hogwarts para las vacaciones de navidad, así que Tom y Abraxas mayormente vieron gente de otras casas.

Nadie les prestó atención, que era lo que Tom quería. No necesitaba a sus seguidores tras él mientras compraba regalos. Abraxas tenía permitido acompañarlo porque era su invitado y Tom esperaba que el chico pudiera ayudarlo a encontrar un regalo para Evan.

Sus zapatos se hundieron en la nieve mientras caminaban y tenían las capas aferradas con fuerza para mantenerse cálidos.

Después de desayunar en Las Tres Escobas, Tom y Abraxas caminaron por Hogsmeade en busca de regalos de navidad. Tom tenía el dinero que Evan le había dado mensualmente. Era suficiente para comprarse algo cuando salía de la escuela y Tom había esperado hasta ahora para usarlo para tener suficiente.

Se seguía preguntando qué debería regalarle mientras miraban las tiendas. Después de todo Evan había comprado collares para ambos el año anterior. Aunque era bonita la joyería tenía sus usos.

Tom entró a una pequeña tienda de pociones con Abraxas tras él. Recorrió lentamente los estantes observando las pociones y los ingredientes. Había una poción para cualquier cosa que uno pudiera pensar. Algunas lucían como lodo y olían aun peor. Algunas las había preparado en la escuela y otras ni siquiera las habían visto en clases. No siempre el profesor Slughorn estaba dispuesto a mirar a otro lado para poder experimentar.

En el estante con pociones para uso cosmético Tom se detuvo y sonrió. Camino hasta el fin del estante y tomo un frasco con una poción azul medianoche en su mano.

Aunque Evan era casi perfecto había un pequeño detalle que Tom quería cambiar en él y dudaba que Evan se opusiera.

Tom miro el precio y frunció el ceño. Le costaría todo el dinero que tenia. Aun así sabía que valdría la pena el que su Evan quedara perfecto.

Nada menos que la perfección era bueno para lord Voldemort.