Capitulo 38

Un golpe insistente lo despertó, revisó su reloj… casi eran las cuatro de la tarde ¿acaso Ray temía importunarlos? Se levantó con mucho cuidado y se vistió rápido para evitar que ella se despertara. Al abrir no se encontró con su amigo.

—Agente Fajardo, buenas tardes Doctor…Spengler— leyó en su libreta de apuntes después de mostrarle la placa — ¿la señorita Torres?—

—Mi esposa está indispuesta— respondió contrariado — ¿para que la busca?—

—Tengo la orden de llevarla en calidad de testigo, su presencia ha coincidido con dos muertes, una de ellas un claro homicidio—

— ¿perdón…homicidio?— la palabra le pegó como puñetazo en el estomago –voy a llamarla— confundido entró cerrando la puerta.

Silvana dormía tranquila con una flamante sonrisa y evidentes marcas de cansancio en su rostro ¿Por qué decía ese individuo que ella estaba ligada en cierta forma con…?

— ¿Silvana?— susurró en su oído, la sonrisa se acentuó y sin abrir los ojos le extendió los brazos.

—Ven— susurró tomándolo por los hombros, al encontrar resistencia abrió los ojos sin entender que pasaba — ¿Egon?—

—hay un policía que te busca… cree que eres testigo en dos muertes—

— ¿Ese tipo de nuevo?— bufó enojada mientras se levantaba y buscaba su ropa.

— ¿algo que tengas que decirme?—

— ¡nada! Cuando la estúpida del bar decidió suicidarse un borracho dijo haberme visto, ni siquiera me había acercado al bar esa noche— revisó su blusa sin botones y se caló una camiseta de Ray que le quedaba grande.

— ¿y la segunda?—

—no lo se— lo miró confundida — ¿Nahama?— un golpe en su columna vertebral como si la jalaran por dentro la estremeció, sus ojos cambiaron y chispeaban furiosos – soy un súcubo no una asesina— gruño enojada –no se te ocurra dejarnos solas ¿entendido?— furiosa miraba hacia la puerta.

—déjala, si el agente te ve es seguro que la declaren culpable de inmediato— ordenó Egon, un nuevo escalofrío recorrió a la chica.

—No fue ella— sollozó asustada –tampoco yo… ¿Qué pasa?—

—Tranquilízate— le acomodó la desordenada melena plateada –trae una orden para llevarte a declarar— buscó con la mirada sus zapatos y una camisa que se puso de inmediato, arreglo su cabello con los dedos y volvió a abrir la puerta, el agente seguía ahí.

—Señorita Torres… me apena molestarla pero…—

— ¿ahora que quiere? ¿Tiene la fiable declaración de otro ebrio despechado?—

—Necesito que me acompañe para dar su declaración—

— ¿Egon?— susurró asustada tomándolo de la mano.

—Voy a dejar una nota para Ray y voy con ella— resoplo enojado.

La cárcel municipal constaba solo de un pequeño cuarto con reja en vez de puerta, un vestíbulo donde apenas cabía un escritorio y tres sillas, un archivero y la fotografía del presidente municipal del periodo pasado.

— ¿Por qué insiste en ligarme a esas personas?— molesta Sy trataba de mantener la calma –le dije la vez pasada que no estuve cerca del bar, ni siquiera conocía a esa mujer—

—según me enteré usted tomó a mal las atenciones de la señorita Mariana para con el Doctor…— reviso su cuadernito – Stantz— la miró y luego miró a Egon –mi testigo dice que la vio salir por la puerta de empleados, describió su cabello—

—oh vaya, un ebrio que reconoce a una mujer por su cabello ¿sabe cuantas pelucas se venden oficial?—

—Agente, no oficial— la corrigió – lo que me hace sospechar es que usted deambulaba sola por el jardín esa noche—

—No era la única— resoplo — ¿ya le preguntó a los recién casados que se besuqueaban frente al mirador?— Fajardo se acomodó en su silla –además había una pareja gay jugando entre los viveros ¿también los cuestionó?—

—El caso es que uno la ubica ahí— insistió

—Ah si, el ebrio— Egon la miro extrañado –supuestamente un tipejo me invito una copa y lo mandé a freír espárragos—

—lo mandó al demonio y utilizó un distorsionador de voz— corrigió el agente.

— ¿No es algo muy estúpido para tenerla aquí?— ya enojado se decidió a intervenir –si no tiene nada claro entonces…— fue interrumpido por el agente que con suficiencia sacó una bolsita del cajón y la puso en el escritorio.

—Este mechón de cabello fue encontrado en la escena del crimen de la señora Ana María Hernández, mesera del restaurante y que… tengo entendido puso sus atenciones sobre usted, Doctor Spengler—

— ¿Mataron a esa…?— sorprendida Silvana tuvo que taparse la boca para no soltar un "resbalosa descarada"

Fajardo sacó una serie de fotografías a color que puso sobre el escritorio, temblando Silvana las tomo para verlas una por una.

—No fui yo— murmuro en su nuca con voz temblorosa Nahama mientras las veían –es un trabajo hermoso pero no fui yo—

Lo que parecía ser el cuerpo de la mesera estaba atado con alambre de púas en forma de cruz en una malla ciclónica de un jardín; la piel se había retirado por completo y fue posicionada de tal manera que aparentaba ser un murciélago gigante, de la boca salían dos trozos enormes de algo que le fue imposible de identificar ya que la sangre los había cubierto por completo y parecían los colmillos ensangrentados del animal después de alimentarse.

Le habían cortado los parpados y con dos cortes abrieron la extensión de la boca dando forma a un enorme hocico del que colgaba la lengua laxa, el rostro parecía haber sido molido a golpes y vuelto a reconstruir como si se tratara de masilla de modelaje.

Egon le arrebató las fotografías y las arrojó al agente que volvió a guardarlas, Sy estaba claramente mareada y un color pálido verdoso en su cara la ponía en evidencia.

— ¿Qué relación tiene esto con mi esposa?— gruño tomándola de la mano que estaba fría y temblorosa.

—solo que encontramos esto Doctor Spengler— el agente le adelantó el mechón de cabello plateado, estaba manchado de sangre reseca.

—Como le dijo Silvana, cualquiera pudo comprar esa peluca, las venden hasta en halloween— la muchacha miraba con asco el mechón y acariciaba sus propios cabellos.

—Yo no fui— musitó

—esa noche otros huéspedes la vieron salir del hotel señorita Torres—

—no dejé el hotel, estaba en la terraza, tenia muchas cosas en que pensar—

— ¿Qué cosas?—

—cosas personales, además usted puede decir que es mi cabello pero no puede hacer nada, necesita hacer pruebas periciales para poderme acusar— soltó ella de golpe –así que no puede retenerme—

—Los resultados llegan pasado mañana, así que me veo en la obligación de pedirle su pasaporte para evitar que deje el país—

—si cree que se lo voy a dar está loco…— gruño enojada –además no lo traigo conmigo—

—Entonces voy a dejar a uno de mis oficiales haciendo guardia en el hotel para evitar que se vaya antes de que recibamos los resultados—

Dejaron el lugar muy perturbados, incluso Nahama guardaba silencio pensando en quien sería el artífice de tal obra maestra, al llegar al hotel los esperaba Ray muy preocupado.

— ¿y bien?—

Silvana entró al baño donde la escucharon vomitar entre sollozos.

—La acusan de homicidio— respondió Egon muy contrariado –tienen un mechón de cabello idéntico al de ella, un tipo asegura que estaba cerca del bar cuando la mujer se suicido—

— ¿el súcubo?—

—Asegura que no fue ella, obviamente no le creo nada—

— ¿pero cuando? No la hemos dejado—

—La noche que murió la chica del bar Sy dio un paseo sola, la noche que murió la mesera también salió a dar un paseo y llegó muy tarde—

—si, y nos dijo el por que tenia que estar sola—

—Yo no fui— murmuró llorosa, los ojos rodeados de unas ojeras violáceas y la piel amarillenta.

—déjanos hablar con ella— le pidió Ray –se que no fuiste tu…pero…— fue interrumpido por una fuerte variación de temperatura, el ambiente dentro de la habitación se volvió pesado y un olor pestilente invadió el lugar, furiosa Nahama se dejaba ver en su personalidad más terrible.

—¡no lo hicimos nosotras!— gruño furiosa –Silvana es una puritana mojigata y yo…que compartí mis pasos con la primera, con la única…no me rebajaría a acabar de esa manera con un simple animal— los ojos almendrados brillaban rojizos —¡son tan ciegos!— el espejo cubierto reventó en mil pedazos —Es tan clara la situación que no pueden verla— resoplo furiosa –no es un ritual satánico, es la representación del dios murciélago, de Zotzilaha Chamalcan, uno de los demonios adorados por los mayas— se sujetó con fuerza la cabeza –era uno de los que acompañaba a Ah Puch la noche en que me mataron… ¡necesitan saber de Esperanza!— gimió apretando las sienes –deben darse prisa— y cayó inconsciente en la cama.

Estaba claro que el súcubo comenzaba a recordar, Esperanza era la clave y Spengler tuvo una epifanía, comenzó a empacar algunas de sus cosas.

— ¿A dónde piensas ir?— Ray lo seguía con la mirada sin entender el por que de tanto ajetreo por parte de su amigo.

—Necesitamos los resultados de las pruebas de ADN de los huesos de los Borja, me llevo una muestra del cabello de Silvana y esto— sacó de su bolsillo la bolsa con la muestra forense de Fajardo.

—Demonios, si ese tipo sabe que tienes su única muestra que liga a Silvana…—

—lo se por eso debemos darnos prisa… tienes que cuidarla, evita que salga y sobre todo que nadie más la vea— revisó con la vista el área para evitar olvidar algo –tomo un vuelo a la Ciudad de México, me pongo en contacto con Mario, espero volver pronto— checo a Silvana que aún no despertaba y su respiración era extremadamente agitada – Nahama esta furiosa, debes intentar controlarla ¡sin el equipo de protones!—

—Entendido Spans— lo acompaño hasta la puerta desde donde veía al oficial que custodiaba a Silvana –no tardes… esto se pone muy mal—

La habitación quedó en silencio, solo la fuerte y agitada respiración de Silvana rompía esa quietud, Raymond atinaba a revisar su pulso, su corazón y respiraciones cada veinte minutos hasta que casi tres horas después sonara el teléfono, eran casi las diez de la noche.

— ¿Doctor Stantz?— la voz preocupada de Seretta sonaba con algo de interferencia — ¿Martina se ha puesto en contacto con usted?—

—En lo absoluto, estuve esperándolos casi tres horas en Chichén y nunca llegó— respondió enojado como pocas veces — ¿esa es su seriedad? Los arqueólogos negaron que llegara el transporte con la pieza de Ah Puch— solo con escuchar el nombre Silvana se sentó asustada en la cama –así que deje sus juegos Seretta, diga donde la tiene—

—Raymond… Martina me envió a Palenque diciendo que los de Chichén no podían recibirla, me encuentro en Chiapas en este momento—

La enorme figura de Ah Puch robada, ¿Por qué? ¿Tan ambiciosa era Martina?

—Seretta te espero en mi hotel, traiga todos sus trabajos de investigación, tenemos que hablar sobre lo que nos tiene aquí a Spengler y a mí—

Cortó la llamada, fue cuando se percato de que Sy lo miraba fijamente.

— ¿Princesa?— rápidamente se sentó a su lado y tomó su mano — ¿Nahama?—

—Ella está descansando Ray— susurró con voz dulce –me ha dicho lo que pasó— se abrazó a él buscando protección –no dejes que me lleven, yo no maté a esa mujer—

—lo se, te creo…—

— ¿Y Egon?— lo buscó de reojo.

—Volvió a la ciudad de México, se llevó algunas cosas, muestras para probar tu inocencia—

—Ray tengo miedo— confesó abrazándolo con más fuerza — ¿Quién sería capaz de matar así a esa mujer?—

—no lo se nena— suspiro recostándose con ella –por ahora duerme que yo te cuido—

—Ray— insistió – ¿si fui yo y no lo recuerdo?— gimoteo — ¿y si intento dañarte?—

—Tranquila princesa— le dio un suave beso mientras le acariciaba la mejilla mirándola fijamente –no vas a hacer eso porque tu no mataste a esas mujeres—

—gracias— susurró escondiéndose en el hueco del cuello masculino –gracias por quedarte—

Apenas amanecía cuando de nuevo llamaron a la puerta, Ray abrió pensando en que Seretta llegaba muy temprano.

— ¿Doctor Stantz?— era la gerente del hotel –quiero disculparme a nombre de mi personal –le entregó un paquete –tenemos esto desde hace tres días, llegó a nombre de la Señorita Torres, como no la teníamos registrada no atinábamos a devolverlo o buscarla—sonrió –ayer antes de partir el Doctor Spengler nos dijo que se encontraba bajo su cuidado—

—si…gracias— recibió el paquete, venia con el sello de envió de cuatro días atrás, cerró la puerta y lo destapo… era ropa de Silvana y una nota.

"Silvanita te mando la ropa que me pediste por teléfono, tu papá está muy preocupado y tu mamá va para allá, me dijo que llegaba en cinco días, te aviso para que te pongas de acuerdo con los Doctores y tu mamá no los descubra.

Vienen días difíciles mi niña y todos los días rezo por ti y tus amigos. Se fuerte mi niña y pelea con todo porque ya mereces ser muy feliz.

Tu nanita que te quiere. Juana"

Violeta llegaría el día 18 como estaba planeado, tal vez en esos momentos se encontraba con Spengler en la casa de Chapultepec, pero lo más importante… ¿Quién llamo a Juana? Despertó de inmediato a su chica.

—Silvana despierta— ella gimió amodorrada –Silvana por favor nena despierta— insistió y ella abrió los ojos lentamente –preciosa ¿llamaste a Juana para pedirle ropa?—

— ¿llamarla? No, he estado llevando tanto mi ropa como la de ustedes a la lavandería del hotel— sin decirle nada más Ray le entregó la nota que leyó varias veces.

—alguien llamó a Juana para averiguar donde estás—

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estoy enojada como para decir algo lindo... sorry cosas externas a este paraiso