Los mapas de mi vida

By Tenshi Lain

Notas en el diario de abordo:

Los personajes de One Piece pertenecen a Eiichiro Oda, yo solo los cojo prestados para jugar.

Esta historia está centrada en el concepto de Shanks/Fem (Shanks como chica, si te disgusta la idea, el botón para retroceder está ahí arriba). Tendrá un formato drabble, es decir pequeñas escenas que mostrarán la vida de Shanks desde su infancia hasta la edad adulta, no seguirán un orden cronológico y algunos temas se repetirán con diferentes escenarios. También habrá algunos que irán encadenados o tendrán una continuación. He de advertir que voy al día con el manga on-line (capítulo 640 a día de hoy), así que habrá SPOILERS para quien no lo esté. Avisados quedáis, leed por vuestra cuenta y riesgo Muajajajaja

¡Dedicada a Obsidiana Nevada! ¡Gracias por ayudarme a esclarecer escenas y aportar ideas!

Coordenadas: La mente no puede dictar al corazón.


Mapa 35: Debilidades

El cañonero de la marina surcaba las aguas azules del West Blue en dirección Nordeste, su estandarte orgulloso al viento, mientras sus disciplinados marines se ocupaban de atender las diversas tareas que un barco de semejante calibre necesitaba. Era una mañana tranquila, de cielo despejado y viento constante, aquella expedición de patrulla rutinaria transcurría sin contratiempos.

La puerta del camarote principal se abrió y de ella surgió el oficial al mando del navío, el capitán Jiro Kabayama. Hombre de pocas palabras, alto, fuerte y apuesto. Un virtuoso en la lucha a dos espadas, buen tirador con un mosquete. Firme en sus decisiones, meticuloso al elaborar sus planes. El orgullo de su promoción en la academia naval, su trayectoria profesional estaba inmaculada, sus superiores le auguraban un magnífico futuro en la marina. Era un marine ejemplar.

Sin embargo… el capitán Kabayama tenía un punto débil…

- ¿Todo en orden contramaestre Roberts? – preguntó al entrar en el puesto de mando. Los pocos oficiales que se encontraban presentes se apresuraron a cuadrarse y saludar. Tras recibir un saludo del capitán regresaron a sus quehaceres.

- Sí, capitán – contestó el viejo Roberts tras asegurarse de que el barco continuaba en la ruta preestablecida -. Si el viento se mantiene constante llegaremos a la siguiente isla mañana al atardecer.

- Perfecto – dijo complacido. Todo iba según las ordenanzas.

Repentino griterío en cubierta alertó al capitán, que rápidamente salió para ver que ocurría.

- ¡Barco a estribor! – gritó el vigía de su puesto en las alturas - ¡Lleva bandera pirata!

- ¡Hombres, preparad los cañones! – gritó el capitán Kabayama - ¡disponed las armas! ¡no permitiremos que esos rufianes disturben la paz de nuestro sector!

- ¡A la orden capitán! – gritaron todos los hombres con fervor. Hacía mucho tiempo que navegaban bajo su mando y sabían que era un hombre en el que se podía confiar, un hombre integro que ni aceptaba sobornos ni se acobardaba ante el rival. Estaban orgullosos de formar parte de su tripulación.

- Henry ¿puedes distinguir su enseña? – gritó al vigía. Si podía saber de qué banda pirata se trataba, adoptaría la mejor estrategia posible para capturarlos con el mínimo de bajas y heridos posibles. En ambos bandos.

El vigía ajustó la lente de su catalejo, forzando la vista al máximo para tener una visión clara. Dio un respingo al reconocer la señera. Rogó un momento al dios de sus ancestros pidiendo que se hubiera equivocado y volvió a mirar. Pero la bandera seguía siendo la misma.

Con un gruñido y una maldición gritó:

- ¡Son los Akagami, señor!

Todo movimiento cesó en cubierta, todos los marines quedaron congelados en sus puestos a medio movimiento. El silencio podría haberse cortado con un cuchillo. Lentamente, todos los hombres giraron la cabeza para mirar a su capitán.

El hombre seguía de pie en su sitio, con los hombros tensos y la mirada fija en el pequeño puntito que se veía en el horizonte. Casi parecía que hubiera dejado de respirar.

- ¿Akagami… Shanks? – inquirió en un susurro, el cual se escuchó perfectamente en el mortal silencio.

- Sí, señor – afirmó el vigía temiendo lo peor.

Y lo peor llegó…

Un intenso rubor empezó a subir por el cuello del capitán, expandiéndose por sus mejillas, cruzando el puente de la nariz hasta las orejas. Su corazón empezó a palpitar a un ritmo frenético, sus manos heladas se cubrieron de sudor, un nudo en la garganta le hacía difícil respirar y su estómago se vio invadido por lo que parecía un enjambre de mariposas.

- ¡Poned rumbo al norte inmediatamente, tenemos que llegar a la isla Tetryl antes de mañana por la noche! – ordenó con voz sofocada antes de correr hacia su camarote a encerrarse.

Sus hombres suspiraron desanimados mientras volvían a guardar los cañones.

El capitán Jiro Kabayama no tenía problemas en luchar contra bandidos, piratas, caza recompensas y demás escoria. No se amedrentaba ante superiores que intentaran abusar de su cargo y no tenía reparos en degradar a todo aquel que no cumpliera con su deber.

Sin embargo… el capitán Kabayama tenía un punto débil… era un hombre extremadamente tímido en los temas del corazón.

Y estaba perdidamente enamorado de la pirata Shanks Akagami.

Todo había empezado unos años atrás, antes de su ascenso. El barco en el que Kabayama navegaba había recibido una llamada pidiendo apoyo en una pequeña isla en la sexta ruta de Grand Line. Al parecer una tripulación pirata estaba en pleno combate contra una flotilla entera de barcos Marines. Una de dos, o era una tripulación formidable, del calibre de los Yonkou o eran un atajo de temerarios inconscientes.

Al llegar, Kabayama pensó que se trataba de la segunda opción. El barco se veía minúsculo en comparación con los cañoneros marines. Sin embargo la gran mayoría ya mostraba grandes daños y dos de ellos zozobraban peligrosamente a los lados, probablemente no se podría impedir que se hundieran.

Por su parte el pequeño barco pirata parecía intacto.

Kobayama y sus compañeros se lanzaron al ataque para ayudar a sus camaradas a repeler piratas. En medio del caos, del ruido de los cañonazos, de las espadas al chocar, de los rifles al disparar… Kobayama vio algo que le dejó sin aliento. Hermoso, perfecto, divino… casi irreal, aquel hermoso ser parecía tan fuera de lugar en medio de la batalla. Y a la vez encajaba perfectamente. Su alborotado pelo rojo ondeando al viento, la falda de su vestido revoloteaba con sus ágiles y letales movimientos, la danza perfecta de su espada reflejando el brillo del sol. Sus ojos se encontraron por un segundo en medio del caos que pareció detenerse durante ese momento. Jamás olvidaría aquellos ojos oscuros, aquella mirada tan intensa, aquella sonrisa salvaje de absoluto deleite. Era una criatura magnífica, de las que ya solo se hablaba en las leyendas. Una diosa guerrera llegada a la tierra para arrasar y conquistar.

Y sin ninguna duda, había conquistado el corazón de Kobayama.

Desde entonces el capitán había sido incapaz de ir en contra de la pelirroja. Kobayama se volvía un manojo de nervios en su presencia, la lengua se le trababa, su aguda mente se quedaba en blanco, no era capaz de atinar con su rifle y las espadas se le caían de las manos.

- Venga capitán salga – gruñó el contramaestre Roberts aporreando la puerta.

- No puedo…

- Tiene que cumplir con su deber. Usted es un marine, su trabajo es capturar piratas.

- Eso lo sé – protestó ofendido desde dentro de su camarote –. Lo hago en base diaria. Seguramente en el cuartel no me tendrán en cuanta de que se me escape uno de vez en cuando…

Roberts miró a la puerta con una ceja alzada y cara de incredulidad.

- Pero resulta que siempre se le escapa la misma. Tarde o temprano esto tendrá repercusiones negativas en su carrera. Tiene que ponerle fin a esta situación. Tiene que enfrentarla de cara. Plantarse ante esa pelirroja y demostrarle que es un marine hecho y derecho.

Tras unos segundos de silencio la voz insegura del capitán Kabayama se escuchó.

- ¿Y qué le digo?

- ¡Que está arresta! – gritó el contramaestre Roberts con exasperación.

- ¿No te parece demasiado directo? – preguntó con tono dudoso -. Yo tenía pensado un acercamiento más sutil. Para no espantarla, ya sabes…

Con un gruñido de frustración, el contramaestre echó las manos al aire negando con la cabeza. Se rendía. Era demasiado mayor para esto.

En la distancia, el barco de los akagami siguió su camino, sin saber del pequeño drama que tenía lugar a algunas leguas de distancia.


Je je!

Sip, ese fue el incidente que le ganó a Shanks su segundo y polémico cartel.

Ja ne!