Daddyward
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Cansada. Esa era la mejor manera de describirme en estos momentos. En realidad no sabía en que estaba pensando al querer seguir en Florida aun después de haber pasado esos cinco días en el parque de diversiones. Ahora me encontraba en la suite del Four Seasons hotel, durante dos o tres días más. Yo quería mi casa y olvidarme de todo lo demás. En especial de aquellos dos niños pequeños que la pasaban golpeándose unos con otros.
Cuando llegan a los dos años es una etapa bastante difícil, tanto casi como a adolescencia.
Al menos estaba siendo advertida por la señora Archivald. No tenía ni la más mínima idea de cómo se comportarían mis hijos con respecto a sus edades, pero después de escuchar aquello por parte de la madre mi asistente, comencé a buscar por el bendito internet. Este, definitivamente, iba a ser un año realmente duro con unos niños hechos unos torbellinos y con un pre-adolescente.
Seguí observando la pantalla que estaba frente a mí. Podía observar dos muñecos moviéndose por algún extraño lugar con fuego alrededor. Edward y Mark seguían jugando aun después de que Mark había dicho que necesitaba dormir. Llevaban ya dos partidas y casi era media noche. Y a pesar de que casi eran las doce de la noche ninguno de los tres niños estaba dormido. Les envié otra mirada a los mellizos que yacían en el suelo jugando con sus nuevos juguetes que se les había sido comprado en el parque de diversiones.
-Yo quiedo jugad con Goofy – exclamó Anthony con tono enfadado. Lo observé sin decir nada. Él estaba mirando a su hermana con el ceño fruncido.
-¡No! Goofy es mío, mío – Elizabeth destacó la última palabra para dejarle claro a su hermano de que no debía tocarlo. Sabía que debía intervenir antes de que algo pasara pero eso sucedía casi todos los días.
-¡También es mío! – él se estiró para tocarlo pero fue detenido por un golpe por parte de su hermana. Después de analizar lo que había pasado se puso a llorar y yo con un suspiro me acerqué a ellos.
Fui consciente de que Edward estaba a mi lado cuando escuché la exclamación de Mark por haberle dejado jugando solo.
-Elizabeth – habló Edward con ese tono de voz que casi le haría helar la sangre a cualquiera, a cualquiera menos a Elizabeth, ni siquiera pareció importarle que su padre le había dirigido la palabra – No golpees tu hermano, ¿Por qué lo hiciste? – pero ella seguía jugando con sus muñecos, sin prestarle atención.
Esto iba a estar bastante interesante.
Abracé a Anthony contra mí, que aun lloraba y se tocaba la cara donde su hermana le había propinado aquel golpe. Lo apreté contra mi pecho y volví al sillón, mirando las acciones de Edward y Elizabeth.
-Escúchame, Elizabeth – volvió a hablar él y tomo a Elizabeth de los brazos, con fuerza pero sin llegar a lastimarla. Finalmente logró que ella enfocara su vista en sus ojos – No debes golpear a Anthony. ¿Entiendes? – Ella se quedó callada - ¿Elizabeth?
-Es mi fubete – contestó ella con la mirada hacia abajo. Sabía que Edward no duraría mucho tiempo con el papel de padre estricto. Elizabeth se echaría a llorar pronto – Tony tiene más fubetes – siguió con su murmullo y después su pequeño cuerpo empezó a vibrar – No te enojes.
Y con eso tenía a Edward en sus manos. Ella se lanzó a los brazos de su padre y de inmediato se vio envuelta en ellos. Él alzó la mirada hacia a mí y me dio una sonrisa de disculpa, yo solo lo miré con diversión y sacudí la cabeza.
-Lo sé, tiene su encanto igual que su padre – acepté y miré como volvía al sillón con ella. Sus pequeñas manos se posaron sobre las mejillas de su padre y lo miró a los ojos.
-No debes golpear a tu hermano, aun si quiere tu juguete, ¿de acuerdo? – le preguntó aun con gesto serio - ¿Entiendes? – Ella asintió - ¿me das un beso? – preguntó con gesto inocente y Elizabeth no lo pensó dos veces, se lanzó sobre él y besó repetidas veces la mejilla de su padre.
Sacudí la cabeza. Al fin alguien había sacado el lado tierno de Edward, y nadie mejor que sus hijos.
Bajé la mirada hacia Anthony, que estaba metiendo mano en mi blusa. Le fruncí el ceño cuando él centró su mirada en mis ojos. Se puso de rodillas sobre mis piernas y comenzó a saltar.
-Teta, mamá, teta – pidió y llevo sus manos a mis mejillas, justo como lo había hecho Elizabeth momentos atrás. Acercó mi rostro al suyo hasta que nuestras narices estuvieron juntas y me miró fijamente a los ojos – teta, mami.
¿Qué podía negarle a este niño cuando me pedía de esa forma las cosas? Cualquier persona cedería ante eso, estaba segura. Sus mejillas sonrojadas y regordetas, sus ojos de un color verde intenso no me ayudaban mucho al negarle las cosas.
El niño volvió a meter mano en mi blusa hasta dejar mi pecho del descubierto y se pegó a él como si fuera a morir si no lo hacía. Con un suspiro de resignación lo acomodé de manera horizontal sobre mis piernas. Él comenzó a jugar con la pequeña cadena que estaba alrededor de mi cuello.
Alcé la vista y me encontré con la mirada incrédula de Edward, cuando Elizabeth se dio cuenta de que su padre me estaba mirando se apresuró a taparle los ojos y no pude evitar soltar un pequeña risa. Sin embargo, eso no le impidió hablar a Edward.
-¿No está un poco grande para que aun le des pecho? – habló incrédulo. Yo rodé los ojos, pero no lo que no me esperé fue el comentario de Mark.
-¿Acaso estas celoso de que él pueda y tú no? – lo miró con una sonrisa divertida.
-¡Mark! – Le regañé al momento en el que me sonrojaba fuertemente – Eso no se dice, cariño – le fruncí el ceño.
-¿Y por qué estás sonrojada? – volvió a preguntar. Miré como Edward se quitaba las manos de Elizabeth de sus ojos mientras éstos brillaban con diversión al igual que su sonrisa.
-Sí, Bella, ¿Por qué estás sonrojada?
-Porque hace mucho calor en esta habitación – dije de manera torpe. Tomé a Anthony entre mis brazos con dificultad, que seguía pegado a mí, y me puse de pie – Elizabeth, Mark, ya es tarde, mañana podrán estar todo el día en la piscina pero por favor, vayan a dormir – ordené y desaparecí de allí, escuchando detrás de mí las risas de aquellas tres personas.
Me coloqué de costado en la cama junto con Anthony. El niño no había dejado ningún momento aquel artefacto de oro que adornaba delicadamente mi cuello.
-¿Qué tiene de especial eso? – le pregunté en un murmullo al momento en el que acariciaba sus cabellos aun húmedos debido al baño que le había dado hacia varios minutos atrás. Él alzó la mirada hacia a mí y colocó su mano en mi mejilla.
-Me busta – contestó, pero de manera inmediata volvió con su tarea.
Tendría que buscar pronto una manera de deshacerme de este niño lo más pronto posible. No podía estar pegado a mi pecho todo el tiempo, y no es que me molestara, era algo que lo tomaba rápidamente casi como un berrinche y chantaje, casi una necesidad. Eso no estaba bien.
Tomé mi teléfono celular y comencé a buscar algo en la red. Después de veinte minutos de buscar estaba confundida. Simplemente tenía que apartarme cada vez que él me lo pidiera, decir no, o untarme algo desagradable en los pechos. De acuerdo, ya había intentado las dos primeras, tendría que tener en cuenta la última para cuando llegáramos a casa. No esperaba que fuera tan difícil, y tampoco esperaba, por supuesto, que él se diera cuenta de eso.
Cuando finalmente se quedó profundamente dormido, casi después de una hora y media, me aparté de él, reajusté mi ropa y salí de la habitación, asegurándome de que hubiera la luz suficiente para que pudiera visualizar si es que se levantaba por la noche. Al salir de allí me encontré con una escena bastante extraña.
Edward se encontraba acostado en el suelo, encima de la alfombra, boca arriba, mientras que su mano sostenía la de Elizabeth, que estaba acostada en el sillón justo al lado de él. Mark tenía la cabeza sobre el abdomen de Edward y con el control del videojuego sobre su estómago. Los tres yacían profundamente dormidos. Las llaves que cayeron en el suelo ni siquiera les molestaron un poco. De no ser porque sus pechos subían y bajaban creería que estaban muertos. Por suerte no era así.
Me encaminé hacia a Mark y comencé a acariciar sus cabellos, pasando mi mano por su estómago desnudo y quité el control de allí.
-Mark, mi amor – le llamé y comenzó a parpadear – despierta cariño, vamos a la cama – dije en un susurro. Le ayudé a levantarse de allí aun en modo zombie. Se recargó en mí y le ayudé a llegar a su cuarto. Cuando se acostó en la cama me senté a su lado. Le quité cualquier cosa que le molestara para dormir y besé su mejilla – Buenas noches, te amo.
-Te amo – me contestó adormilado.
Salí de esa habitación, dejando la puerta entrecerrada para que entrara un poco de luz y volví de nuevo a la sala, donde todo estaba igual, como si no hubiera pasado nada. Yo estaba perdida con estas personas. Suspiré y me agaché hacia a Edward.
-Edward – moví su hombro y nada. Suspiré y frunció levemente el ceño – Edward, despierta – volví a llamar, su ceño se suavizó pero no tuve otro movimiento positivo de su parte. Joder, iba a golpearlo si no despertaba - ¡Edward! – exclamé en un susurro, Elizabeth se movió en su lugar y mordí mi labio. Cuando estuve segura de que estaba dormida al cien por ciento de nuevo me dirigí a Edward de nuevo.
Aumenté la presión de mis dientes contra mi labio inferior y pasé mis dedos entre el cabello espeso de Edward. Era lo suficientemente suave como recordaba. Pero no estaba allí para admirarlo sino para despertarlo, más tarde podría hacerle una broma sobre su edad y dormir en el suelo. Lo que no me esperé es que me rodeara con sus brazos en un segundo y me atrajera hacia a él.
-Guarda silencio y ven a dormir aquí – murmuró sin abrir los ojos. Me encontré sobre él, con mis manos a cada lado de su cabeza para sostener mi peso. Ladee mi cabeza para que el cabello me callera a un costado y lo miré con el ceño fruncido – Me gusta cómo estás allí.
-No siquiera me estás mirando – rodee los ojos.
-No – concordó – pero te estoy sintiendo, que es algo mucho mejor – bufé y él sonrió de manera burlona para después abrir los ojos de golpe. Su mirada penetró la mía en una fracción de segundo - ¿Sabes lo hermosa que te ves ahora mismo?
-¿Sabes lo incomodo que es esto? – Me incorporé solo para quedar sentada sobre su abdomen – Deberías estar en la cama.
-¿Contigo?
-Durmiendo – expliqué – Es bastante tarde, mañana tengo que salir y te quedarás con los niños… de nuevo.
-¿A dónde vas?
-A mirar algunos locales para la nueva tienda – me encogí de hombros y un bostezo involuntario salió de mi boca – Pero para eso necesito dormir, vamos, levántate.
-Pero aquí es bastante cómodo – siguió renegando y yo le envié una irada fulminante – además tengo una buena vista.
-No es como si fuéramos a tener sexo pronto, Edward.
-¿Pero si vamos a tenerlo? – su sonrisa parecía la de Anthony cuando conseguía lo que quería. Lo golpee y me puse de pie de manera rápida, con el rostro encendido – Aun no has contestado a mi pregunta.
-Y tú no contestas ninguna de las mías – me incliné para cargar a Elizabeth pero me detuvo, se puso de pie y la tomó en sus brazos.
-Pregúntame lo que quieras y te respondo – me dijo de manera sencilla. Miré como la niña hacia un puchero mientras dormía y Edward la abrazó hacia a sí mismo con gesto preocupado.
-Será mejor que la lleves con Anthony – señalé el cuarto principal. Hizo lo que le dije de manera inmediata y les colocó la manta a los dos. Se volteó hacia a mí, pidiendo una respuesta con la mirada. Yo suspiré resignada – Si sigues portándote como ahora probablemente si lo hagamos – me encogí de hombros y me coloqué en el marco de la puerta – Ahora largo, ve a dormir.
-Iré a dormir muy contento – dijo con una enorme sonrisa y se acercó hasta a mí – Por cierto, ya que no le contesté a Mark… te contestaré a ti – se inclinó hacia a mi hasta que su boca quedó a la altura de mi oído – Sí, estoy bastante celoso de Anthony. Pero tendré paciencia.
-Espero que la tengas, deja de ser tan arrogante y lárgate de aquí – dije si poder ocultar mi sonrisa. Tomé su rostro entre mis manos y le di un beso en la mejilla para después empujarlo fuera de la habitación – Buenas noches.
-Buenas noches – se despidió y se alejó de allí sin borrar la sonrisa. Cerré la puerta antes de que entrara a su habitación y recargué mi espalda en ésta.
Ese hombre me volvería aún más loca.
No lograba entender sus ridículos cambios de humor. Mi Edward había vuelto. Ese Edward tan niño que tenía tantas ganas de divertirse. El Edward de la preparatoria. Mi Edward, mi mejor amigo. Pero era difícil volver a acostumbrarse a él después de haber conocido al Edward frio, calculador, sin sentimientos, déspota y estúpido. No se volvía a ver con los mismos ojos, eso era lo suficientemente seguro. Pero debía aceptarlo, porque él me había pedido una oportunidad, porque sabía que no me decepcionaría y porque sabía que quería lo suficiente a sus hijos.
Me desvestí y me coloqué la camiseta de tirantes y es short de deportes para dormir, me asee y me metí a la cama con los niños.
Esa noche me fue imposible dormir por muchos hechos. Mañana me vería con Jasper y ni siquiera se lo había mencionado a Edward. Dejaría de nuevo a los niños con Edward. Necesitaba arreglar algunas cosas. Y todavía tenía que ver a Edward mañana a pesar de que esta noche habíamos tenido bromas de adolescentes.
Cuando dieron las dos de la mañana fui finalmente capaz de dormir en paz. Iba a tener un aspecto feo por las ojeras que se me formarían pronto pero ya podría vivir con eso. Por ahora solo debía preocuparme de olvidarme de todo.
A la mañana siguiente me desperté sola en la cama. La habitación de color blanca estaba completamente iluminada debido a que la luz del sol pegada directo por el balcón. Me senté, recargando mi espalda en la cabecera de la cama y disfruté por un minuto este momento solo para mí… hasta que escuché las risas fuera de la habitación.
De manera curiosa me puse pie, amarré mi cabello en una cola de caballo y salí de la habitación, sonriendo sin poder evitarlo al ver la imagen que tenía frente a mí.
Edward se encontraba en una esquina, de pie, con una bolsa de papel en la cabeza, tapándole la vista, también tenía los brazos extendidos como si fuera alguna especie de zombie. No pude evitar reír al ver eso. Mi risa llamó la atención de los tres niños. Los más pequeños se encontraban detrás del sillón y Mark los miraba divertido.
-¡Mami! – gritaron los mellizos en un unísono y corrieron hasta a mí, cada un abrazando una de mis piernas.
-Hey… parece que se están divirtiendo – despeiné sus cabellos y alzaron al mismo tiempo la vista hacia a mí con sus preciosas sonrisas.
-Papi juega con nosotos – comentó Elizabeth. Alcé la mirada a Edward que ya se había quitado la bolsa de papel de la cabeza. Lo miré con una ceja alzada.
-Dijiste que me dejarías con ellos toda la mañana… decidí empezar con los juegos ahora – dijo en forma de explicación y se encogió de hombros – Pero creo que debo llevarlos primero a desayunar.
Reí y sacudí la cabeza.
-Debes hacer eso. Tan solo los prepararé para ir a la piscina y podrás llevarlos a desayunar. Mark, cariño, ¿Qué haces tan temprano con ese videojuego? – lo miré con el ceño fruncido.
-Solo… juego – se excusó – iré a prepararme para la piscina – se acercó corriendo a mí, me dio un beso y se dirigió a su habitación. Me volví hacia a Edward.
-Creo que tendré que comprarte una marcara pronto, esa bolsa de papel no queda contigo – chasquee la lengua y él rodó los ojos – Alistaré a los niños, después podrás llevártelos a donde quieras mientras esté lejos.
Diez minutos después los niños estaban vestidos para pasar un día en la piscina del hotel o la piscina. Esta vez ya era tiempo de que confiara a Edward. Seguro que podría con los tres niños ya que lo ha intentado dos veces. La tercera es la vencida. Me despedí de ellos y miré como desaparecían tras las puertas del elevador.
Cerré la puerta con un suspiro. Aun no se me hacía fácil dejarlos. Moriría el día en que ellos tres ya fueran al colegio. Me estremecía de solo pensarlo. Sacudí la cabeza y me dispuse a cambiarme para mi cita con Jasper en una hora. Me duché durante quince minutos y después me vestí con una blusa holgada, con mangas de color melón y un short blanco. No me iba a pasar por las calles de Florida con zapatillas así que opté, de nuevo, por sandalias.
Cuando finalmente estuve lista recibí la llamada de Jasper.
-Hola Bella – escuché su voz característica – Tengo las citas de esta tarde para tres locales. ¿Tendrás tiempo para las tres?
-Tengo todo el tiempo que necesites. Tengo que hablar contigo también, ¿te parece si nos vemos en algún restaurante? Muero de hambre.
-¿En dónde están los niños? – lo imaginé frunciendo el ceño.
-De eso tengo que hablarte. Nos vemos en unos minutos – colgué y guardé el teléfono en mi bolso.
Le envié la dirección del restaurante a donde quería ir y diez minutos estaba allí. Había decidido ir a un Applebee´s, era uno de los restaurantes que estaban cerca y no creía que tuviera problema con encontrarlo. Estaba centrado y eso me beneficiaba mucho. A los cinco minutos lo miré entrar al local. Me puse de pie y lo saludé.
-Hola Jasper, que gusto verte – le di un pequeño abrazo y volví a mi lugar, mirando com mi amigo tomaba asiento frente a mi.
-Hola, es bueno volver a verte, estas muy hermosa – me sonrió y le devolví la sonrisa de manera amistosa – Sabes que me gana la curiosidad así que suéltalo de una vez.
-Creí que un psicólogo era bastante paciente – bebí de mi jugo y sonreí con diversión ante su gesto – De acuerdo – aclaré mi garganta – Edward está con los niños.
Debía decírselo, no podía estar así nada más, mirándome con mi amigo cuando sospechosamente los niños estaban en alguna parte con alguna persona desconocida. Además, había aprendido a confiar en él.
-Ya lo sabía – abrí los ojos sorprendida, eso pareció tómalo como que estaba pidiendo alguna explicación – Me lo dijo Aidan la semana pasada. Él lleva mucho tiempo contigo, ¿no? Me siento ofendido porque no me lo hayas dicho.
Está vez si estaba viendo la reacción de un psicólogo. El psicólogo Whitlock. Él estaba allí, sentado frente a mí, masticando un pedazo de fruta de manera paciente mientras mantenía mi mirada. Mi reflejo en sus ojos color azul me decían que realmente estaba sorprendida, tan solo me faltaba tener la boca abierta como una típica caricatura para niños. Después de reaccionar fruncí el ceño. ¿Por qué ellos dos estaban hablando sobre mí a mis espaldas?
-¿Qué es lo que haces tú y Aidan? ¿Intercambian chismes como abuelitas o algo así? – Me crucé de brazos y los recargué en la mesa – pero me alegra que lo hayan comentado ya, así me libro de ciertas cosas o reacciones por ahora. Dime, ¿Qué tal te ha ido últimamente?
Y así se pasó la mañana con Jasper, conversando de su vida. Él había conocido a una chica pero simplemente no había funcionado. Aun recordaba cuando Alice… Uff, Alice. Cuando ella había tenido cierto encaprichamiento por él. Se sentía como su hubiera sido hacia muchísimo tiempo, o tal vez era así. No quería pensar mucho en ellos.
Me ponía nerviosa el saber que nuestras familias algún día sepan de la existencia de los niños. Me ponía nerviosa saber qué es lo que harían. Aunque no tenían por qué hacer nada. Ese era uno de los principales motivos por los cuales no quería que mis hijos aparecieran en ninguna portada de revista ni nada de eso. Además, sería mucho estrés para ellos y lo único que quería ahora era que disfrutaran su infancia. No era pedir demasiado.
-¿Qué día es el que tendremos la cita? – pregunté de nuevo a aquel señor de pelo canoso y con el bigote de la misma manera. Él usaba unas gafas gruesas de marco negro. Él no creía que de verdad yo fuera a comprar aquel local. Era todo o nada.
-Creo que en dos semanas seria lo suficientemente correcto – me ofreció una sonrisa y yo se la devolví con mucha amabilidad. Me puse de pie del cómodo sillón en el que me encontraba sentada y extendí mi mano al ver que él hacía lo mismo.
-Ha sido un placer, señor Marx – estreché su mano e intenté no hacer una mueca al sentir la suya sudorosa. Mejoré mi sonrisa cuando nuestras miradas se encontraron.
-El placer ha sido todo mío, señora – me dijo con voz rasposa.
¡Me llamó señora! ¡Iba a morir! ¿Tan vieja estaba?
-Que tenga buen día – me despedí y salí de allí. En cuanto lo hice fui abordada por las preguntas de mi amigo.
-¿Qué tal te fue? – me preguntó con gesto tranquilo al momento en que emprendíamos partida hacia el hotel, a donde debía regresar.
-Fue interesante. Es hombre pone a prueba muchas cosas, y juzga por las apariencias. Creo que me dijo señora solo para molestarme – fruncí el ceño y me voltee hacia a él - ¿Tengo cara de señora?
Él me miró incrédulo. Casi me estaba dando bofetadas con solo mirarme pero yo no podía dejar pasar esa pregunta. No me gustaba sentirme vieja. Además, el tener tres niños pequeños no me estaba ayudando mucho. No debía volverme loca por mi apariencia, pero la mayoría de los empresarios viven de la apariencia y la seguridad y todo eso…
… como Edward.
Él, frente a las caras, ante las juntas, ante sus trabajadores era un persona verdaderamente fría, y calculadora y sin sentimientos. Él había creado una imagen de sí mismo rápidamente con tan solo plasmarlo en su rostro. No dudaba que aun siendo cariñoso con sus hijos iba a cambiar. Edward era bastante seleccionador; es decir, él escogía quien era merecedor de esa actitud tan crítica. Yo esperaba ya haber pasado esa etapa.
-¿Entonces? ¿Cuándo volveré a verte? – le pregunté cuando nos encontramos frente al Four Seasons.
-Te diría que en dos semanas pero en esa fecha estaré en Georgia – frotó su dedo pulgar en su barbilla. Después alzó su mirada hacia a mí y se encogió de hombros - ¿Mantenemos la comunicación? Tal vez les haga una visita en Rusia, todo depende de mi agenda.
-¡Perfecto! – Sonreí como loca y le di un apresurado abrazo – Muchas gracias. Me encantó verte de nuevo. Ya debo irme, quiero ver a mis criaturas – me despedí – adiós, Jasper – y después entré al hotel.
Al entrar al hotel mis sospechas de que los niños y su padre estaban en la piscina fueron confirmadas. De hecho, todo estaba tal y como lo había dejado cuando yo me había marchado de aquí. O tal vez estaban en la playa, no lo sabía. Debía recordar de llamarle para saber dónde se encontraban precisamente. Decidí vestirme con uno de los trajes de baño que había traído conmigo y encima un vestido de playa color beige. Cuando me aseguré de que tenía todo lo necesario en mi bolso salí de allí. Bajé hasta la piscina y no había rastro de tres niños jugando por allí, al llegar a la cerca que separaba el hotel con la playa escuché la fuerte risa de Elizabeth. De acuerdo, estaban en la playa.
Caminé hacia donde estaban. Elizabeth estaba corriendo por toda la longitud de la playa. Parecía que una playa completa no le bastaba solo para ella. Mark iba detrás de ella, intentando atraparla. Ella estaba vistiendo su colorido traje de baño de una pieza, y Mark solo usaba uno de colores verde y gris.
Cerca del hotel estaban algunas sobrillas con camastros. Allí encontré a Edward, sentado en una, con la espalda erguida y con Anthony entre las piernas. Por el puchero que estaba formando Anthony podía decirse que su padre estaba convenciéndolo de algo que él, necesariamente, quería hacer.
Ni siquiera sabía si de verdad existían esos hombres guapos como padres. Bueno, al menos no lo sabía antes de ver a Edward de esa manera. Él era tan malditamente guapo si camiseta, un short de playa negro con gris y con gafas de sol Ray Ban. Mierda, se veía tan malditamente caliente de esa manera.
El niño alzó la mirada hacia a él con el ceño fruncido después de escuchar algo que le dijo y agitó la cabeza. Se cruzó de brazos y dejó caer su espalda en el pecho de su padre. Por el semblante de Edward supe que no era tan malo. Se mantenía tranquilo y mirando hacia al frente, hasta que llegue a su lado. Alzó la mirada hacia a mí y me dedicó una brillante sonrisa.
-¿Cuál es el berrinche ésta vez? – pregunté y eso llamó la atención de Anthony. Lo miré con una ceja levantada y una vez que me refugié en la sombra que nos brindaba la sombrilla me quité las gafas de sol. Me situé en el otro camastro. Anthony solo me miró por unos segundos y se volvió al frente - ¿Y bien?
-Quiere una tabla de surf – me dijo Edward y se encogió de hombros – No puede tener una.
Alcé las cejas sorprendida por la idea que había tenido el niño de pedir ese objeto. Edward tenía bastante razón, además, él solo tenía dos años. No podía imaginarlo en la playa solo siquiera. Miré a Anthony que estaba apretando con fuerza los puños.
-Anthony, si sigues de esta manera tendré que llevarte al hotel y allí te quedarás tu solo, ¿entiendes? – me estaba ignorando. Él tan solo quería seguir con su berrinche porque no le había conseguido lo que había pedido y no daría su brazo a torcer frente a Edward - ¿Anthony? – Suspiré al ver que no respondía – De acuerdo, vamos – tomé su mano y lo bajé del camastro ante la atenta mirada de Edward.
Anthony se dejó llevar hasta que estuvimos lejos de la vista de Edward. Una vez que se dio cuenta de eso comenzó a patalear y a aventar arena por todas partes. Me jaló del brazo y me miró con un puchero.
-¡No quiedo id! – me gritó y volvió a patalear. Lo miré sin decir nada y me mantuve en silencio. Volví a tomarlo del brazo y caminé sin importarme la fuerza que estaba poniendo - ¡Mamá! ¡Quiedo id a la agua!
Me agaché a su altura y lo miré a los ojos.
-Anthony, escúchame – le dije con gesto serio. El niño me miró con el ceño fruncido y con mucho enojo – No hagas berrinches, no vas a lograr nada con eso, ¿entiendes? Deja de comportarte así, no hagas eso – aparté el cabello que le caía por su frente y él supo que con eso ya había acabado mi "enojo" – Vas a jugar con Elizabeth y Mark, sin tablas de surf, ¿entiendes? Podemos ir a comprar un helado con papá después, ¿sí? – Él asintió - ¿me das un beso? – estiré mis labios y él me dio un beso seguido de un abrazo.
-Quiedo helado – murmuró cerca de mi oído – Papá está enojado – enredó sus piernas alrededor de mi cintura y lo sostuve contra mí para después ponerme de pie.
-Papá no está enojado, cariño. Solo debes hacer todo lo que él te diga, ¿de acuerdo? – besé su hombro y caminé hacia donde estaba Edward, conversando con Mark de algún tema del cual se suponía que no debía saber debido a que se callaron en cuanto me vieron – Me daré cuenta de lo que están tramado después de todo – me encogí de hombros.
-Mamá tiene razón – aceptó Mark mirando a Edward. Sin embargo, el adulto tan solo me miraba sin ninguna expresión.
-Eso ya lo veremos después – dijo con una pequeña sonrisa. Se volvió hacia Anthony sin decir una sola palabra, sin embargo fue el niño quien habló.
-Lo siento – murmuró – Compa un helado – Edward se puso de pie y lo cargó, dejándome por fin sentarme en una de esas sillas. Respiré aliviada.
-Ya puedes llevarlos donde a ti se te ocurra mientras me quedo aquí – le di una sonrisa inocente. Me quité el vestido de playa, empujé un poco la sombrilla hasta que quedé expuesta al sol y me acosté allí.
Edward me estaba mirando con una enorme sonrisa en el rostro y negó con la cabeza a lo que sea que estuviera pensando. Miró a Anthony otra vez y sin esperárselo nadie, se lo echó a su hombro, con todo el cuerpo caído salvo por el tobillo, que lo estaba sosteniendo solo con eso. Pude escuchar la risa divertida de Anthony aunque me estuviera tapando la vista. Él se quitó las gafas de sol y la lanzó a una toalla.
-De acuerdo, supongo que debemos disfrutar del último día – le dijo a Mark. Chocó su mano libre con la de él y miró lejos de nosotros, donde Elizabeth estaba sentada jugando con la arena – ve con ella – ordenó a Mark y cuando se fue de allí se volteó hacia a mí - Entonces eso de "sexo pronto" ¿realmente es pronto? – él utilizó su gesto inocente.
-Muerte, Cullen – bufé y él se rió.
-Sería una pena que así fuera – eso fue lo último que dijo y se alejó de mí aun con Anthony colgando y riendo.
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Al día siguiente.
-Niños, dejen de correr por favor – miré como Anthony le lanzaba agua con su pistola a Mark mientras este corría por todo el pasillo - ¡Mark! – me puse de pie y llegué hasta donde estaban. Él me miró sin rastro de arrepentimiento – Siéntate ya, por favor – le dije de manera seria – él solo apuntó a su hermano con la pistola de agua en la frente y le disparó para después irse a sentar en algún lugar visible para mí.
Esas estúpidas pistolas.
Después de pasar el día de ayer en la playa decidimos que daríamos un pequeño recorrido a las calles de Orlando, donde compramos helado (excepto para Edward que decidió compartir conmigo) y cuando pasamos por una juguetería a Edward se le ocurrió comprarles pistolas de agua a los niños para distraerlos.
Eso había sido una mala idea.
Ahora nos encontrábamos en el jet de Edward para estar de regreso a Moscú, por fin, aunque eso quería decir que debía volver a las responsabilidades de las tiendas, debía volver a las responsabilidades de la escuela y buscar entretener a los mellizos por las mañanas. Tenía que buscar una manera para cambiar todo eso. Tal vez debería meter a los mellizos a un curso donde se pudiera poner aprueba todas sus habilidades.
Tomé asiento casi frente a Mark, que había dejado el juguete a un lado, y seguida de mi estaba Anthony, que había sacado el iPad de mi bolso para ponerse a jugar con él. Al menos se habían quedado sentados por fin. Los dos estaban empapados, y si seguían de esa manera probablemente se enfermarían al llegar a Moscú… no podría imaginar el frio que estaba haciendo allí.
Miré diestras de mí, esperando ver a Edward o a Elizabeth pero nada. ¿Qué demonios estaba haciendo? Se suponía que ya había dado las indicaciones a los pilotos y todo eso. Necesitaba irme a mi casa, necesitaba dormir por fin. Pero nada.
Desperté al sentir como alguien movía las manos alrededor de mi cintura. Abrí los ojos y me encontré con una hermosa sonrisa de disculpa por parte de Edward. Las ganas de lanzarme hacia a él inundaron mi ser por un extraño motivo. Terminó de abrochar mi cinturón de seguridad. Se sentó frente a mí, junto a una preciosa niña de cabellos y ojos color chocolate que me estaba sonriendo en grande.
-Hola mami – me saludó.
-Hola, cariño – contesté con voz ronca. Ella volvió su mirada hacia un libro para colorear que estaba en sus piernas, ignorándome por completo.
Alcé la mirada hacia Edward, que estaba mirándome.
-¿Cuánto tiempo llevo dormida? – él se encogió de hombros.
-No lose, pero probablemente más de veinte minutos, es el tiempo que llevo aquí, cuando llegué ya lo estabas – me dijo con una bella sonrisa – Pero estamos a punto de despegar así que creo que necesitas estar despierta para eso – asentí.
-Sí, de acuerdo – dije sin sentido – gracias – recargué la cabeza e el respaldo del sillón y miré a mí alrededor. Anthony y Mark estaban sentados juntos, entretenidos en sus videojuegos.
Sentí mi estómago revolverse cuando el jet comenzó a tomar velocidad. Edward me estaba mirando con cierta preocupación. Cuando finalmente eso terminó me pude sentir aliviada. Elizabeth se desabrochó el cinturón así como sus hermanos y siguió con lo que estaba haciendo hacia unos minutos. Edward decidió comenzar una charla.
-No te vez tan entusiasta como dices estar al saber que vas a regresar a casa – se cruzó de brazos y me miró. Yo me encogí de hombros.
-Solo pienso en lo que va a pasar una vez que llegue allí. Ya sabes, la limpieza de la casa, la rutina de la escuela, de vuelta a la oficina y el estudio – suspiré – a veces solo quiero desaparecer… por solo un minuto, tranquilidad, nada más – sonreí levemente – pero ahora tres vidas dependen de mí, no puedo estar relajada ni un solo minuto.
-Es demasiada presión – concordó.
-Ya lose, sin embargo, la consecuencia es agradable – sonreí de manera amplia.
-Sí supongo que es así – murmuró y bajó la vista. Algo estaba sucediendo y yo me estaba enterando.
-De acuerdo, suéltalo.
Su mirada me decía que algo no estaba bien. Ni siquiera sabía de qué era lo que se podía tratar. ¿Qué podría preocuparle ahora? Por mi cabeza no pasaba nada. Nada se relacionaba entre sí o con nosotros o con los niños. ¿Estaba preocupado por el trabajo? ¿Había perdido alguna junta o algo así? No lo sabía. Lo miré directamente a los ojos, y sin palabras le pedí que me contara lo que estaba pasando. Tomó una gran respiración y me miró fijamente.
-Hablé con Alice, hace unos días – comenzó – Ella lleva días molestándome con contarle lo que me está pasando y porqué he evitado sus llamadas. No sé qué decirle en realidad. Ya sabes, ella y su instinto de que algo sucede y esas cosas. Lo cual es completamente estúpido – se encogió de hombros – Pero hace unos días me llamó para decirme que fue a Europa por cuestiones personales, no sé de qué se trataba, y entonces allí vio una revista en la que tú salías y me preguntó por ti. Tal vez se me olvidó mencionarte que Rosalie usa mucho tu marca para vestir a Ethan, y entonces ella…
-¿Ethan? – interrumpí con curiosidad.
-Ethan es el hijo de Rosalie y Emmett… del cual, por cierto, soy padrino – frunció el ceño y yo alcé las cejas un poco sorprendida – El punto es que ella usa mucho esa marca pero en realidad no sabía si se trataba de ti… o no tengo idea, tal vez sí, pero Rose ha comenzado a distanciarse también de la familia por sus actitudes lo cual es ridículo. Nada está bien ahora allá. No quería decírtelo antes porque no sabía si te interesaba o no. Pero ahora que Alice me preguntó esto tenía que mencionártelo, y con eso salieron los otros temas.
-¿Y qué fue lo que le dijiste a Alice?
-Que no sabía nada de eso – se apresuró a contestarme – Me dijiste que no les dijera nada. Mantengo mi palabra.
-¿Y crees que ella creyó en tu palabra? – Conociendo a Alice…
-No tengo idea. Desde ese día he evitado sus llamadas. Pero esa mujer es tan insistente – suspiró con frustración. Ya comenzaba a ver al Edward del que estaba acostumbrada hacía dos años – Debería hacerse cargo de su vida.
-Ella es Alice – contesté simplemente – Y no sé qué decir ante eso.
-Tanto sería su curiosidad que probablemente visitaría tu tienda en tu búsqueda – esto estaba comenzando a ponerme nerviosa.
-¿Crees que cuando vuelvas te pregunte?
-¿Quién dice que voy a volver? – me crucé de brazos.
-Tienes que volver porque eso levantaría más sus sospechas. Al menos solo por una semana… y explicar que te mudarás.
-Ya… - dijo de manera seca – Ya lo resolveré después. Solo tenía que decirte esto.
Un silencio inundó el momento. Apenas y se escuchaban los murmullos de os niños detrás de Edward.
-Gracias por preocuparte por nosotros. Estaba evitando eso, pero si Alice se entera de donde estamos… ¿Qué más puedo hacer? Solo debo dejarle claro las cosas.
-Puedo hablar con ella si así lo quieres – levantó el teléfono y yo se lo quité.
-No, no quiero que hables con ella. Ya veré que haré después. Ahora solo quiero disfrutar de mis hijos… tanto como pueda. Y pensar en si debo dar el siguiente paso contigo – sonreí de manera amplia.
-¿El siguiente paso? – frunció el ceño.
-Sí, o tal vez debería seguir durmiendo con los niños – me encogí de hombros, él pareció entender por fin a que era lo que me refería.
-¿Cuándo empezamos con el siguiente paso? – su sonrisa era igual a la de un niño travieso de cinco años. Yo solo pude reír.
Ahora me sentía tan libre de hacer ese tipo de comentarios. Probablemente había sido esos días en los que me había despreocupado. Debería hacerlo más seguido, pero esta vez, los niños se irían a un campamento o algo así.
Hola, la actualización fua antes de que se cumpliera la semana, wuju. Y además... Es un regalo de San Valentin, felíz día (:
Este capítulo no revela muchas cosas mas que el acercamiento que tiene Edward con lo niños y las insinuaciones de Bella, eso me gusta. Y sobre el lemmon... yo también espero que sea pronto, jaja.
Gracias a: dracullen, Karenava (lamento que ya no lo quieras seguir), asdfghjkl, flexer, albi-yo, carlita16, La enana del mal, soles, anaprinces25, Manligrez, Melania, tamipanxi, Abigail Gonzalez De Pattinson, kimjim, Vicky B. Jonas, Mafe D. Rojas, Fle-ARG, KellyJA8, Ninacara, yolabertay, ini narvel, ISACOBO, Lucero Mendozaa, felicytas, CynthiaIsabella, viivii alice, PattyMirandaGarcia1983, Berta, Maya Cullen Masen, marah2221, Suiza19, .Patzz, Maki Salvatore, La gabi edwards, Laura Katherine, Nessie Joan Pattinson Stewart, CAMILA, Lulu, gery02, Saha Denali, ashleyswan
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Intentaré no tardar tanto la proxima vez, no es nada seguro.
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