Hoy presentamos:
Capítulo 33: Primera bala
El trueno rueda
Y el rayo ataca.
Otro amor se enfría
En una noche sin sueño.
Garth Brooks
El Crematorio, Isla Cadáver, Protectorado de Costas del Cráneo, jueves 19 de octubre de 2023. El sol todavía no sale por las amplias llanuras de la punta oeste de Isla Cadáver. La noche aún tiende su manto frío y pesado sobre las escasas viviendas del pueblito de El Crematorio, a donde los Legionarios llegaron apenas ayer. Los jóvenes dijeron que el combate fue una masacre, pero los mayores dijeron que podría haber sido peor. Sus pocos habitantes no estaban dispuestos a ceder ni un centímetro de sus tierras ante los criminales, así que estos decidieron tomar el pueblo a la fuerza. La violencia que se descargó sobre él fue tal que en menos de veinte minutos cayeron las pobres defensas de la policía rural y los lugareños. Cerca de la tercera parte de las casas del pueblo fueron destruidas. Muchas vidas fueron segadas por el fuego, los escombros y el plomo. Los Legionarios se han pasado la noche instalando cañones en la playa y nidos de ametralladoras en la entrada del pueblo. Muchas localidades costeras de la isla han sufrido el mismo destino desde la noche anterior.
El hotelito del pueblo es una casa grande con un recibidor de madera podrida, ventanas de rejas oxidadas y muebles salados. Sus únicas heridas le fueron hechas por una ráfaga de ametralladora, pues su posición en el centro de la comunidad lo protegió de la batalla que se suscitó en la periferia. Sus vecinos, sin embargo, no corrieron con la misma suerte, y ahora se levanta como un árbol rodeado de tocones.
Toralei está sentada en una de las habitaciones, rellenando el cargador de su pistola. Aún vestiría la misma ropa con la que llegó de no ser porque el anciano pescador le ha pedido a su hija que le regale aquello que ya no use. Nada de lo ofrecido por la muchacha complace el gusto de la felina, pero luego de dos días sin ducharse ni cambiarse de ropa tuvo que aceptar algunas de las prendas en tanto se secaban las suyas.
Cuando la caja metálica del arma termina de llenarse, Toralei toma la vieja mochila que el pescador le dio para que guardara sus cosas y se prepara para salir. Viste de nuevo lo mismo que tenía puesto el día en que llegó.
— Entonces ¿sí eres de ellos? — le dice el viejo pescador desde el otro lado de la puerta abierta de la habitación.
— Nunca más. — le contesta Toralei mientras se ayuda de sus dientes para apretar el pañuelo azul en su antebrazo izquierdo. — Esto es un chaleco antibalas ahora.
— Y entonces ¿a dónde vas? — pregunta el anciano al ver la mochila sobre la cama y ninguna de sus pertenencias sobre la mesilla de noche.
— A Necrópolis. — afirma la felina en voz baja. — Tengo que recoger a alguien.
El viejo del mar sonríe como un maestro ante un alumno que por fin parece comprender la lección después de muchas discusiones y repeticiones. El mar ha estado perturbado en los últimos días y sus brazos son ya débiles para alzar los peces hasta su bote, así que su pasatiempo por ahora es estar en la recepción del hostal con su hija, donde ha tenido la ocasión de escuchar casualmente las conversaciones entre Toralei y las gemelas.
— Entonces cuídate, niña. — le dice casi como si hubiese verdadero parentesco familiar entre ellos. — Sálvate a ti, y a ella.
La felina mira al anciano con desconcierto. Lo que sea que pueda significar esa frase ella lo ignora por completo, pero le causa curiosidad. Desde que la última vida de su abuela se extinguió a causa de un aneurisma cuando ella tenía trece años nadie le había dicho que cuidara de sí misma; ni siquiera sus "amigos" de la pandilla. Lo más parecido a eso era el "ten cuidado que no te descubran" de las gemelas Blackcat durante los años del instituto.
— ¿Por qué lo dice? — le pregunta ella mirándolo con intriga.
— Porque así perdí a mi otro hijo… — contesta el viejo marinero apartando las cortinas raídas de la ventana y mirando a la calle desierta. — Él también anduvo en malos pasos. O quizá no tan malos…
Toralei no entendía muy bien lo que aquel hombre quería decirle, pero de alguna manera quería comprenderlo. Era casi como si un momento de sus otras vidas estuviese repitiéndose ante ella.
— Antes los Legionarios eran gente de honor. — continúa el monstruo marino con su voz salada y oxidada. — Ellos hacían lo que la OTT no podía o no se atrevía a hacer. Incluso estuvieron apoyándolos en su lucha contra los Cazadores, dándoles información y mensajes. Pero ahora no son más que un montón de mercenarios miserables. Vasiliev se corrompió justo como lo hizo su padre; y exactamente por lo mismo lo han de condenar. Si te vas a ir al infierno en Necrópolis, hazme un favor, niña: no te vayas sola, llévate a unos cuantos legionarios contigo.
— De eso puede estar seguro, don Vito, — responde ella asegurando su arma y sonriendo con malicia — de eso puede estar seguro.
El motor de la motocicleta de Toralei emite un poderoso rugido sobre la banqueta. Dos monstruos armados con fusiles AK-47 la miran desde la distancia y comienzan a acercarse. La felina gira fuertemente el puño del acelerador y sale disparada como un cohete, dejando un rastro de gravilla y polvo en el aire. Cuando cruza el arco que enmarca la entrada del pueblo, una de las ametralladoras apostadas a los lados de éste escupe una ráfaga de plomo que ella logra esquivar apenas por centímetros. Hay más de seiscientos kilómetros de carretera entre El Crematorio y Necrópolis, y quizá más aún si se cuentan las desviaciones que tendrá que tomar para evitar los bloqueos. Es definitivamente un largo camino, pero a cambio de reivindicarse con sus mejores — y quizá únicas — amigas, está dispuesta a emprenderlo.
II
Necrópolis, Isla Cadáver, Protectorado de Costas del Cráneo. Los Legionarios han establecido una dominación total sobre la capital. Sergei Vasiliev y sus cabecillas han decretado una serie de bandos con el objetivo de controlar a la población: suspensión de la Constitución de Costas del Cráneo y los Tratados de Transilvania; toque de queda entre las 19:00 y las 7:30 horas; prohibición de la reunión de más de cinco personas en un mismo lugar; estado de sitio en toda la isla y obediencia completa e indiscutible a las órdenes de los Legionarios. Las factorías, comercios, hospitales, campos de cultivo y demás establecimientos de la ciudad están a merced de los guerrilleros, quienes los están utilizando para mantener a sus huestes y controlar a la población mediante el hambre y el terror.
El martes de esta primera semana de asedio hubo un grupo de ciudadanos que intentaron rebelarse en contra del régimen criminal. Se trataba principalmente de custodios de seguridad privada, ex agentes de la policía y algunos otros monstruos y humanos con mínimos conocimientos de combate y menos armas aún. Durante la madrugada salieron a la calle y trataron de tomar el control de un piso franco en uno de los suburbios, pero fueron aniquilados por el fuego de una ametralladora y varios fusiles de asalto. El saldo final del incidente fue de veinte civiles muertos y seis legionarios abatidos. Tras enterarse de lo sucedido, Sergei Vasiliev ordenó que los cuerpos de los rebeldes fueran colgados y exhibidos en distintos puntos de la ciudad junto con una advertencia para la población.
En los suburbios bañados del somnoliento sol matutino, la casa de las gemelas Blackcat parece abandonada. En una de las paredes del frente hay marcas de impacto de balas, los vidrios de las ventanas están rotos, sus cortinas rasgadas y requemadas, y los adoquines del jardín están cubiertos de lodo seco, con las hojas y el polvo revolcándose en la cochera. La puerta tiene también agujeros de bala, igual que las de las otras casas de la cuadra.
Kat, la felina adolescente que presenció la explosión frente a la tienda de conveniencia la noche del sábado, camina calle abajo con un aspecto deplorable. Su cabello platinado y un poco revuelto sale de debajo de un gorro negro que deja que sus orejitas de lince se asomen hacia los costados. El pabellón de su derecha está tapado con un vendaje lleno de manchas pardas, y sus ojos azules tienen la marca del sueño no satisfecho. Viste una remera negra con una imagen de A Night To Remember estampada en el frente, una camisa de manga larga a cuadros escoceses, un par de jeans con agujeros en las rodillas, un pañuelo azul con el símbolo enemigo en el cuello y un par de botas opacas. Sus lentes de aumento de pasta negra están ligeramente nublados por el polvo, a la vez que la piel blanca de su rostro sin maquillaje refleja un profundo cansancio. En su espalda lleva una mochila polvorienta con algunos cuantos víveres, apenas los suficientes para unas cuantas horas.
Antes de llegar a la esquina de la calle donde está la casa de las gemelas Blackcat, Kat gira a la izquierda y camina una cuadra más. En la siguiente esquina vuelve a virar a la derecha y avanza hasta el final de la calle. En aquel sitio se yergue una construcción sin terminar cuyo frente está totalmente amurallado por las hierbas. Sin inmutarse ni un poco por lo que pudiese hallar detrás de esa barrera verde, Kat aparta los tallos y las hojas y penetra en aquella selva miniatura, asegurándose de cerrar la brecha tras de sí y de que nadie más la vea entrar. Una vez dentro recorre los cuartos de ladrillo sin enjarrar y llega hasta un patio lleno de basura de toda clase. Sube cuidadosamente por encima de la pileta de lavar, pone sus pies sobre una cubeta de plástico y salta por encima del muro trasero para caer en otro patio. Finalmente la felina entra a la casa, deja su mochila sobre la barra de la cocina y se sirve un poco de agua directamente del grifo del fregadero.
Kat se dirige a la sala luego de sacar las pocas provisiones de su mochila. Los muebles de aquella habitación están dispuestos de manera muy extraña. Hay un gran librero cubriendo la entrada, mientras que el mueble del televisor está puesto justo frente a la ventana principal. Lo mismo pasa con el resto del mobiliario: todo él ha sido colocado frente a las ventanas que dan al exterior. Hay muy poca luz entrando a la casa, apenas la proveniente de las ventanas del patio, así que Kat tiene que encender los bombillos para ayudarse. Justo en el momento en que la chica se dispone a descansar sobre el diván de la sala, una secuencia de luces provenientes de una linterna junto al teléfono la hace acudir al aparato y levantar la bocina.
— ¿Diga? — expresa con una voz modulada cuidadosamente para que se vaya por la línea telefónica pero permanezca dentro de la casa.
— Kat ¿eres tú? — pregunta la voz de Meowlody Blackcat al otro lado de la línea.
— Sí tía. — responde la chica.
— ¿Cómo estás? — pregunta la gemela dejando salir un suspiro.
— Estoy bien. — contesta la felina tumbándose en el sillón. — ¿Y ustedes?
— Por ahora bien, pero temo darte malas noticias: — dice Meowlody con voz temblorosa y tensa — ayer hubo golpe de Estado por parte de la Marina. Hubo una manifestación y tu tía Purrsephone y yo decidimos ir. Las cosas se pusieron feas y por poco y quedamos atrapadas en medio del gas lacrimógeno.
— ¡Gas lacrimógeno! — exclama la muchacha. — ¡Por todos los espectros! ¡¿Están bien?!
— Sí, Kat, estamos bien. — la tranquiliza su tía. — los marinos estaban ahí y nos ayudaron a cubrirnos del gas.
— Pero ¿qué pasó? ¿Por qué dices que hubo golpe de Estado?
— Los militares destituyeron al secretario Ramsés y suspendieron la Asamblea General. — explica Meowlody. — Nombraron temporalmente al conde Drácula como secretario monstruo y parece que ya se formó una junta militar que planeará la liberación de Necrópolis.
— Por fin… — susurra Kat con un leve suspiro, como un náufrago que encuentra un barril de madera al que afianzarse en una tormenta.
— No lo sé, hija. — replica la gemela con preocupación. — Cuando los Legionarios sepan lo que ocurrió anoche se van a poner furiosos. ¡¿Quién sabe qué serían capaces de hacerle a la ciudad para evitar que los capturen?!
— Seguramente ya saben lo que pasó, tía. — afirma la chica en voz baja. — Esta mañana me puse el pañuelo azul que te dije que me encontré y salí a buscar provisiones. El martes por poco y me descubren, pero hoy parecían tan agitados que ni siquiera notaron que estaba ahí. Lo más seguro es que huyan, igual que todos los delincuentes.
— Tengo miedo, Kat.
— Tranquila, tía Meowlody. — dice la joven al tiempo que ella misma intenta creerse lo que acaba de decir. — Ya sobreviví cuatro días aquí, creo que puedo aguantar un poco más hasta que venga tu amiga. ¿Cómo dices que se llama?
— Toralei, — responde la gemela — Toralei Stripe. Escucha Kat: busca en el librero de la sala un libro que dice "Anuario Monster High 2012-2013". Hay fotos de Toralei en una de las primeras páginas. Revísalas para que más o menos la reconozcas cuando llegue.
— Bien, la buscaré entonces.
— Cuídate mucho, hija.
— Sí, tía. — contesta la muchacha con su voz ligeramente distorsionada por las emociones. — Si vuelves a llamar y no me encuentras, no te preocupes, es probable que ella y yo ya nos hayamos ido.
La llamada termina y Kat devuelve el teléfono a su sitio. Lo dicho por su tía la deja en medio del desconcierto. Por un lado, le reconforta saber que los militares ya están planeando la liberación de la ciudad, pero también sabe que necesitarán usar mucha fuerza para conseguirlo. Según los rumores que ha pescado en sus breves paseos, toda la línea costera de la ciudad será fortificada con baterías de artillería, a la vez que varios cañones antiaéreos serán desplegados en distintos puntos de la ciudad. Parece que la flota de buques se concentrará en defender el perímetro de la isla. También sabe que tienen aviones y algunos vehículos de asalto, pero cree que su antigüedad no será un gran obstáculo para el equipamiento militar de la OTT.
Hasta ahora, Kat ha logrado sobrevivir gracias a su intelecto. En la escuela siempre ha obtenido muy buenas notas, y sus padres están muy orgullosos de ella. Apenas unos días atrás se preguntaba si su conocimiento podría aplicarse de manera práctica antes de entrar a la universidad. Ahora sabe que es gracias a ello que aún está con vida.
Con el fin de que los Legionarios que patrullan las calles no sospechen de su estancia en la casa, Kat la "maquilló" la noche del martes. Rompió algunos de los vidrios de las ventanas, rasgó las cortinas con sus garras, ensució la cochera con lodo y hojas secas y puso todos los muebles frente a las puertas y ventanas para que no se pueda ver hacia el interior. Trazó una ruta de acceso por el patio e instaló un dispositivo de seguridad mecánico en la puerta de atrás, hecho con los cuchillos de la cocina. También racionó la poca comida que hay en la alacena, junto con algunos otros víveres de aseo personal. Modificó la conexión eléctrica de la casa para que el medidor no marque el consumo de energía y conectó la bocina del teléfono a una linterna para que el ruido del timbre no alerte a los vecinos o a los asesinos que rondan por la calle. Dado que los Legionarios sólo mantienen la electricidad residencial entre las seis de la mañana y las nueve de la noche, ella debe usar la iluminación únicamente en las horas de luz solar si no quiere ser descubierta. A fin de ahorrar el agua de la cisterna, Kat usa una cubeta y un recipiente de plástico pequeño para bañarse, pues no sabe si un día los verdugos de la ciudad decidirán cortar el suministro. El gas en el tanque de la casa lo usa únicamente para cocinar, por lo que la ducha y el lavado de su ropa siempre son con agua fría.
A diferencia del teléfono, la conexión a internet de la casa no funciona en lo absoluto, así que Kat se vale de su radio de onda corta y un par de audífonos para entretenerse en sus horas de soledad en la casa. Dado que dichos aparatos son capaces de recibir señales de estaciones internacionales, Kat ya está enterada de todo lo que ocurrió durante los últimos cuatro días en Cabo Calavera, incluido el asunto de la complicidad entre Ramsés DeNile y el líder de los criminales. Si este vínculo entre la cúpula de poder de la OTT y los Legionarios atenuará o no la violencia con la que las Fuerzas de Protección se enfrentarán a los invasores, eso es algo que ella teme mucho deducir.
III
Isla de la Muerte, Protectorado de Costas del Cráneo. Tres imponentes destructores clase Kraken[1] realizan su tercer patrullaje alrededor de la isla principal del Protectorado. Están a sólo cincuenta kilómetros de la capital. El viento sopla detrás de ellos y las olas ceden tranquilamente al paso de sus cascos. No obstante, el aire del mar está tenso como el vapor dentro de una caldera. En el puente del MS Jabberwocky[2], el comodoro Carl Bidis[3] vigila el horizonte a través de las ventanas. En ese momento uno de los oficiales del barco entra al puente y se cuadra ante el comandante.
— Señor: — informa el oficial — tenemos contactos aéreos a siete kilómetros de distancia. El radar indica que se trata de seis aeronaves en vuelo rasante. Vienen hacia nosotros a ochocientos metros sobre el mar.
— ¿Ya confirmaron la identidad con la Fuerza Aérea y el controlador del Cabo?
— Sí, señor. — puntualiza el teniente. — No son suyos ni nuestros. El controlador de la Base Aérea Cuervos dice que no responden al radio ni emiten señales de identificación. La torre de control del aeropuerto dice que no tiene nada programado desde esta dirección y a esta hora.
— Y vuelan demasiado bajo. Definitivamente son de ellos. ¡Derríbenlos! — ordena el comodoro antes de dirigirse al radio. — ¡Patrulla: adopten formación delta y prepárense para interceptar! Seis contactos aéreos a siete kilómetros. Dirección: aproximadamente entre las nueve en punto y las diez en punto. Usen misiles RIM-66[4].
— ¡Recibido comodoro! — repite el oficial al mando del otro destructor — MS Bandersnatch[5] preparando misiles para interceptar. Los tenemos en el radar: dirección uno-seis-cinco suroeste.
Tres de las compuertas blindadas del sistema de lanzamiento vertical de misiles del Jabberwocky se abren sobre la cubierta. Los misiles en su interior salen disparados como perros de caza, dibujando un arco de humo blanco y luz dorada sobre las aguas del Pacífico. Con una velocidad endiablada surcan el cielo y se juntan formando una jauría con los misiles lanzados por los otros dos destructores. Con gran furia mecánica van a cruzarse en el camino de los aviones que vuelan bajo rumbo a la capital del cabo. Dos de las aeronaves consiguen librarse de los misiles con una súbita maniobra, pero las otras reciben impactos en las alas y el fuselaje. Metal y plástico en llamas caen sobre las hechizadas aguas de los mares craneanos.
— ¡Cinco blancos derribados comodoro! — comunica el oficial de radar del Jabberwocky.
— ¡Los quiero a todos en el agua! — replica el comandante de la patrulla. — ¡Tres misiles más al aire! ¡Ya!
La orden se cumple y el VLS del destructor hace de nuevo erupción sobre la cubierta. Uno de los cohetes hace blanco, pero el piloto del otro avión al parecer es mucho más diestro. Usando la velocidad de su aeronave consigue ascender y evitar la colisión con el misil, y ahora parece preparar su propio ataque.
— ¡Preparen el Mark-45[6]! — exclama el capitán del Bandersnatch. — ¡Fuego antiaéreo de contención! ¡Derriben a ese avión!
La aeronave viene en picada directo al destructor. Se acerca tan rápido que el vigía de la torre puede ver su silueta en la tenue luz lunar que ya comienza a colarse entre las nubes.
— Espero que el cañón lo tumbe. — le dice a su compañero — El hijo de perra trae bombas.
El cañón de cinco pulgadas del destructor abre fuego hacia el cielo y destroza el morro del avión enemigo. El aparato se desploma en pedazos ardientes y parte de él alcanza a caer sobre la cubierta del buque. Los marineros rápidamente se organizan para apagar el incendio mientras el comodoro Bidis se dispone a enviar un informe del incidente al Estado Mayor Naval.
IV
Cabo Calavera, Isla de la Muerte, Protectorado de Costas del Cráneo. "La Junta Militar suspendió a la Asamblea General de la Organización" se lee en la pantalla del televisor que está en la recámara principal de la casa de Clawd y Draculaura. Luego de un agitado y confuso día en el trabajo, el hombre lobo se relaja mirando las noticias desde la comodidad de su cama. Su esposa al parecer no comparte el mismo interés, pues entre sus manos sostiene un libro cuya portada dice "Nombres tenebrosos".
Desde que Lala se lo confesó la mañana del domingo, Clawd no ha podido dejar ni un minuto de pensar en su futura paternidad. La situación política y social de los últimos días lo tiene un poco tenso, y lo que más le preocupa es la duración y los alcances que pueda llegar a tener el conflicto en Necrópolis. No le preocupan los gastos que tendrá que hacer cuando el nuevo miembro de su recién formada familia llegue, pues su sueldo en el equipo de básquetbol y su futura carrera de médico del deporte le tienen asegurada una vida plena a su retoño. Le intriga el recordar que su tío abuelo Howlard fue uno de los militares caídos durante el tiroteo de la Noche de los Colmillos Largos. Clawd no está inscrito en el Ejército, pero por alguna razón le preocupa que la guerra pueda llegar hasta las puertas de su casa.
También le causa desconcierto el preguntarse si estará listo o no para la llegada de su primer hijo. Recuerda que su padre tenía por lo menos dos años más de los que él ostenta actualmente cuando nació su hermana mayor, Clawdia. Esta mañana le ha planteado esa duda a uno de sus amigos del equipo de básquetbol, y aquel le ha respondido que lo hará bien. En los primeros días de su matrimonio Clawd le hizo esa misma pregunta a Draculaura y ella le contestó que con toda seguridad sería un excelente padre. No obstante, ahora que la situación es real, la intriga regresa.
— Clawd, amor ¿qué sucede? — pregunta Draculaura al ver los dorados ojos de su esposo perderse en otro lugar de la habitación.
Clawd sacude levemente la cabeza cuando la dulce voz de Lala lo saca de las profundidades de su disertación.
— Es que… — comienza — ¿recuerdas lo que te pregunté cuando cumplimos tres meses de casados?
— ¿Acerca de si serías un buen padre? — le pregunta ella haciendo gala de la buena memoria que tiene para recordar todo lo vivido a su lado. — ¡Pero por supuesto que lo serás! — afirma con alegría. — Si es niño le enseñarás a jugar al básquet como los grandes, y si es niña… ¡también! ¡¿Por qué no?!
El lobo sonríe y le da un pequeño beso mientras el televisor se apaga frente a ellos.
— Gracias, querida… — le dice acariciándole el vientre. — Esto es definitivamente lo mejor que he hecho en toda mi vida. Mejor que todos los trofeos y los campeonatos.
— Mejor que la ropa y los premios literarios — agrega ella refiriéndose a sus propios triunfos.
Draculaura abre de nuevo el libro de nombres que estaba leyendo y comienza a sugerirle algunos a Clawd. Él le presta atención durante unos minutos, indicándole algunos de su propio gusto, pero luego cede a las maquinaciones de su pensamiento. La última frase dicha por el comentarista en el momento en que la televisión se apagó permanece un poco más de tiempo en su oído y lo lanza de nuevo a las profundidades de su mente.
— Lala… — le dice cerrando el libro de nombres para enfocarla en lo que tiene que plantearle.
— ¿Sí, amor? — le dice ella conectando sus ojos con los de él.
— Esta mañana — comienza tomando sus manos — estuve charlando con los monstruos del equipo de básquet acerca de lo que sucedió ayer en el Castillo, y creo que entre todos descubrimos algo. Al parecer todos estamos inscritos en las reservas del Ejército y la Marina.
— Eso no puede ser. — replica ella un tanto extrañada. — Tú jamás te enlistaste ni nada de eso.
— No, — objeta él — pero hoy cuando llegué le di una leída a mi cartilla militar y ahí dice que una vez encuadrados estaremos dentro de la lista de reservas, ya sea la primera, la segunda o la guardia, según nuestra edad.
— Bueno… — continúa ella con sus cuerdas vocales comenzando a enmarañarse al entender las posibilidades — hace unos años, durante el conflicto en Siria, la OTT echó mano de los soldados del servicio militar para distribuir comida, agua y medicinas entre los refugiados de la guerra. Si acaso te mandan llamar, seguramente no será sino hasta que liberen a la ciudad y comiencen la reconstrucción.
— Eso espero, Lala, — le dice él tomándola entre sus brazos y jugueteando con los mechones negros de su cabello — porque no podría soportar el ver que te quedas en un muelle mientras yo me embarco en un buque de guerra.
La vampira se acomoda sobre la cama y coloca su afilada oreja justo encima de donde está el corazón de su amado. Un par de lágrimas se deslizan por sus mejillas, una de ellas deteniéndose justo en la joya que adorna su pómulo izquierdo. La tormenta de angustia que sintió aquella fatídica mañana en que Abbey desapareció de su habitación en el castillo de Puerto Escorpión ha vuelto con las palabras de Clawd.
— Pero hay otra cosa que debo decirte: — susurra el hombre lobo sobre la cabeza de su esposa — si los militares deciden que debo ir a la batalla por Necrópolis, lo haré.
— Pero ¿por qué, si nosotros no vivimos en Necrópolis? — prorrumpe ella incorporándose.
— Porque si dejamos que lo de Necrópolis crezca, tomarán más islas y ciudades y será imposible detenerlos. — indica él con una fuerte determinación. — Además, ahora que hay un hijo camino a nuestras vidas, es mi deber proteger su futuro y su libertad.
Draculaura no sabe qué responder ante lo que Clawd acaba de decirle, por lo que se limita a recostarse lo más cerca posible de él en busca de un poco de calma. El dilema para ambos es enorme, y no hay quien pueda darles la respuesta.
Notas del autor:
1.-La clase Kraken de destructores de la Marina de Protección basa su diseño en la clase Arleigh Burke de destructores de la Armada Estadounidense. Tienen 155m de manga, 18m de eslora y su armamento principal consiste en un sistema de misiles tipo VLS con 90 celdas.
2.-El Jabberwocky es un es un poema sin sentido escrito por el británico Lewis Carroll (1832-1898), quien lo incluyó en su obra Alicia a través del espejo en 1872. Según el poema, el Jabberwocky es un monstruo con cuerpo de dragón y dientes de ratón.
3.-El nombre del comodoro hace referencia a Caribdis, un monstruo marino de la mitología griega. Caribdis fue originalmente una ninfa marina que inundó la tierra para ampliar el reino submarino de Poseidón, su padre, hasta que Zeus la transformó en un monstruo.
4.-El RIM-66 Standard MR es un misil de medio alcance tierra-aire (o superficie-aire, en el caso de las versiones para buques) desarrollado originalmente por la Marina de los Estados Unidos. Actualmente es fabricado por la empresa Raytheon.
5.-El Bandersnatch es una criatura ficticia que aparece en el libro A través del espejo y lo que Alicia encontró ahí, de Lewis Carrol. Aunque no hace ninguna aparición física en la obra, sí ha sido retratado en las diversas películas. Se le describe como una bestia rápida que puede estirar su cuello y posee afiladas mandíbulas.
6.-El cañón Mk45 de calibre 5"/54 es un moderno montaje de artillería naval de EE. UU. Consiste en un cañón de 5 pulgadas (127 mm) Mark 19 L54 en el montaje Mark 45. Está diseñado para ser utilizado contra buques de superficie, para uso antiaéreo y bombardeos costeros con el fin de apoyar operaciones anfibias. Se encuentra en servicio con varias Armadas del mundo.
7.-Banda Sonora Original: The Thunder Rolls, Garth Brooks, No Fences
Er Deivi: será un ejército completo, además de una escuadra naval entera. Ahí se ha de ver lo bueno de sus banderas. Y supongo que con este capítulo ha quedado claro quién era la felina misteriosa del Capítulo 11 ¿verdad?
