Capítulo XXXIV


Pese a que hacía tan solo una semana que Plisetsky había llegado al onsen, ya se había hecho una costumbre el que los tres patinadores compartieran el tiempo de las termas y de la cena, al menos la mayoría de las veces.

Viktor era el que solía llevar la voz cantante, pero poco a poco, cierto compañerismo había nacido entre los tocayos, aunque este fuera negado por Yurio la mayor parte del tiempo, y obviamente Viktor prefería no mencionarlo.

Así que estaban en eso, mientras que Viktor disfrutaba de un vaso de cerveza y Yuuri comía sus característicos vegetales, que Minako hizo un pequeño alcance.

―¿Qué harán con los atuendos de mañana?

Y mientras tanto Katsuki como Plisetsky mencionaban que lo había olvidado completamente, Viktor aprovechó de terminar su cerveza para luego agregar que eso ya estaba resuelto.

Puede que Viktor fuera bastante despistado para unas cosas, pero su lado previsor y calculador siempre iba un paso adelante, tanto así que había gestionado el envío de sus pertenencias días atrás, cuando se llegó al acuerdo del Onsen On Ice.

Pavlin imaginariamente se había dado palmaditas en la espalda.

―¿Eso eran el montón de maletas que llegaron hoy en la mañana? ¿Trajes? ―intervino Mari con una ceja levantada―. Casi termino con lumbago luego de cargarlas todas a tu habitación.

Viktor esbozó su característica sonrisa.

―Hice que los trajeran todos por si aca-

Y antes de que pudiera decir algo más, ya Yuuri había soltado los palillos y marchado hacia el cuarto de Viktor, como si tuviera un petardo en el trasero. Muy cerca de él iba Yurio, quién le gritaba que lo esperara y que no hiciera trampa.

Viktor parpadeó dos veces y luego sonrió ante la escena, mientras que Pavlin, en su interior, no pudo controlar a las plumas de su cola, que se irguieron ante aquel halago.

El resto del tiempo transcurrió en Yuuri comportándose como el fanboy que era, porque si Viktor había dudado sobre la admiración que Yuuri profesaba hacia él, en aquel momento todo había quedado clarificado. El japonés era capaz de reconocer cada traje y mencionar de memoria el evento en el que había sido utilizado.

Ante aquella demostración de fanatismo, Pavlin no pudo evitar que sus plumas siguieran irguiéndose y que inconscientemente sacara pecho y comenzara a pasearse por su hemisferio, sintiéndose admirado.

Era algo que iba más allá de su control, y aquello lo irritaba de cierta manera.

No había nada más humillante que el sentirse halagado por aquel a quien consideraba su enemigo, pero Pavlin debía admitir que luego de tantas plumas perdidas, un poco de admiración no hacía daño a nadie, menos a él.

Por otro lado estaba Volk, quien también se veía afectado por aquellos halagos, aunque en él todo parecía actuar de manera diferente. Y puede que Pavlin se sintiera algo irritado por las risitas bobas que le llegaban del otro lado de la puerta, donde seguramente el lobo se estaba comportando como un colegial enamorado.

Ajeno a todo lo que ocurría con los animales que conformaban parte de su psiquis, Viktor se encontraba a gusto contestando a los comentarios de Yuuri y haciendo acotaciones sobre algunos de los trajes, aquellos que para él eran más representativos o tenían alguna anécdota que valiera la pena contar.

Fue ahí que Yuuri sacó uno de los trajes que había utilizado en su época de junior, cuando él aun tenía una figura andrógina a la que le gustaba sacar partido, la que también había coincidido con su adolescencia y toda su etapa de autoconocimiento y búsqueda de su identidad.

Cuando se lo mencionó a Yuuri, este lo miró con entusiasmo, como si hubiese logrado resolver un puzle complicado.

―¡Escogeré este!

Yurio, que aún no elegía su traje, se envaró.

—¡No, yo lo quiero!

Viktor sonrió.

—No creo que ese te sirva, Yurio. Mira este —le mostró un traje que se hallaba en el fondo de su maleta—, creo que te quedaría bien.

Se oyó un sonido ahogado por parte de Yuuri, que al parecer intentaba contener un grito fanboy.

—¡Ese fue uno de tus primeros trajes!

Yurio hizo una mueca al verlo.

—Es demasiado… blanco.

—Va acorde con tu tema, ¿no?

Y Yurio suspiró, porque en eso tenía razón.

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Notas de autora:

Sí, dos actualizaciones la misma semana. Y no, no estoy enferma.

Este capítulo está dedicado a Vania por su cumple que será el viernes. ¡Te adoro, hermosa!

Por cierto, respecto a los especiales que he subido y que podría subir a futuro, ¿les hace sentido que estén en este libro o prefieren que haga otro libro en wattpad para ponerlos? Ahí me dicen.

¡Saludos!