Aquí hay otro :)

24 de Julio


Por los años: la herencia Black

Capítulo 38: Jack, el peor fan

— ¿A dónde iremos hoy? —preguntó Momo impaciente mientras almorzaba.

— No lo sabemos aún —sonrió Akira sentándose mientras encendía el televisor—. Quiero enterarme de las noticias por mí mismo, gracias —le dijo mirando a Mamoru que se estaba riendo.

— No he dicho nada, ya lo has visto —respondió el hijo Hattori mientras Asami, Chieko y Ayako entraban al comedor.

— Buenos días —sonrió la pequeña Hattori alzando la voz un poco más de lo normal.

— Oh, veo que alguien durmió muy bien esta noche —sonrió su hermano haciéndoles señas para que se sentaran.

— Kyogoku aún no te has rendido, veo —sonrió Asami.

— Por supuesto que no —respondió él orgulloso.

— Han matado a un hombre a sangre fría en una casa de campo en Osaka —informó Asami—. Las autopistas han sido cortadas por manifestantes y unos grandes almacenes han sido atracados.

— Eres un libro abierto —se quejó él.

— ¿Ya sabes lo que hago cuando no puedo dormir? —sonrió ella.

— Eres un fastidio —se quejó él cerrando del todo el volumen del aparato, pero dejándolo encendido.

— Vamos a ir al centro comercial, hoy —sonrió Chieko.

— ¿Al centro comercial? —preguntó Asami—. ¿Para qué?

— Quiero comer helado —se quejó ella.

— ¡Helado! —dijo Ayako.

— Es Asami-oneechan —susurró Sora mirando al televisor por debajo de los gritos de Ayako.

— ¿Asami-oneechan? —preguntó Yoh mirándolo que era el único que le había oído.

El niño señaló al televisor con la cabeza, haciendo que el hijo pequeño de los Kudo se levantara de su asiento para ver bien.

— ¿Qué ocurre Yoh? —preguntó Asami, mientras todos lo miraban.

— Sales en la tele —respondió el niño cuando ya cambiaban la imagen.

Todos miraron pero ya no estuvieron a tiempo. Estaban mostrando las novedades al cine.

— ¿Qué día es hoy? —preguntó la chica levantándose mirando como el cartel de una película de terror salía detrás de la presentadora.

— Hoy… —respondió Mamoru—. ¿Qué ocurre?

— Mala idea lo de ir al centro comercial —sonrió sentándose—. Me olvidé que era hoy…

— Yukiko-obaachan también estaba, ¿verdad? —preguntó Yoh mirándola.

— Yoh más te vale mantener la boca cerrada —se quejó su hermana.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Mamoru.

— Tengo que ir a Tokio. Mi abuela va a matarme si no estoy hoy allí —respondió ella levantándose—. Lo siento…

— Pero…

— No es nada importante —respondió ella.

El teléfono de Mamoru empezó a sonar. El chico lo miró.

— Es tu padre —le dijo pasándole el teléfono a Asami mientras Chieko y Akira se miraban curiosos.

— ¿Qué? No tengo teléfono… —respondió ella—. ¿Lo habéis olvidado? —añadió mientras descolgaba y se ponía el auricular a la oreja—. Dime pa…

— ¡¿TU ESTÁS LOCA?! —le interrumpió la voz de su padre haciendo que tuviera que apartarse el teléfono del oído.

— No me grites papá —dijo ella volviéndose a poner el auricular al oído—. No es tan grave.

— ¿Que no es tan…? —preguntó Shinichi suspirando—. ¿Cuándo ibas a decirlo? —preguntó él.

— Ah… —suspiró ella viendo como todos la seguían mirando—. Ah, papá, sale hoy —sonrió ella—. Pero no creo que te guste lo del beso —sonrió ella—. Nos vemos en media hora.

— ¿Lo-lo-lo-lo del beso? —preguntó Shinihi mientras Asami iba a colgar.

— Sí papá he dicho beso —sonrió ella apoyándose al respaldo de la silla mientras volteaba con la mano libre el agua distraídamente—. ¿Por qué te pone tan nervioso que diga esa palabra? —preguntó suspirando y soltando el vaso.

— Yo no…

— ¿Te acuerdas que te dije que me había roto la mano? —le interrumpió su hija—. Pues fue entonces.

— Ah, entonces me vale —sonrió él.

— Pero si no quieres ver lo del beso mejor olvídalo —se rió Asami—. Yukiko-obaachan dijo que vendría a buscarme a mediodía. Dile que coja el vestido y venga aquí, así no tendré que ver a los periodistas antes de tiempo.

— Está bien —respondió Shinichi—. Pero la próxima vez no nos ocultes algo como esto —se rió—. No veas lo loca que se ha vuelto tu madre ahora.

— Disculpa, eso no es cierto —se quejó la voz de Ran al otro lado.

— Oh, por favor —se quejó Asami—. Tan solo voy a ser reconocida mundialmente por algo que seguramente no volveré a hacer jamás —se rió—. Que no se alegre tanto, porque no tendrá otra oportunidad.

— Oh, claro —se rió su padre antes de colgar.

Asami bufó mientras devolvía el teléfono a Mamoru.

— Me había olvidado que era hoy el día de locura —se rió Asami—. Decidme que tenéis vestidos para ir a una fiesta a lo grande —añadió juntando las manos hacia Akira y Mamoru.

Los dos se miraron sin entender.

— ¿Qué ocurre? —preguntó Chieko.

— Tenéis que acompañarme esta tarde a un evento —susurró ella enrojeciendo por momentos y desviando la mirada.

— Vale ahora ya no me preocupas, ahora sé que estás loca —respondió Akira—. ¿Qué tipo de evento? —preguntó con cara de fastidio. La simple idea de tener que ir bien vestido ya le parecía suficientemente horrorosa.

— Si te lo digo seguro no vas a venir —susurró la chica—. Por favor. Te prometo que te lo contaré de camino.

— No voy a ir —dijo él.

— Y tendremos que llamar a alguien para que cuide de ellos —añadió señalando a su hermano.

— ¿Por qué no puedo venir? —preguntó Yoh arqueando una ceja y medio enojado.

— Porque no sabes leer kanjis de instituto con rapidez —respondió ella

— Claro que sí sé —Yoh se levantó de la silla y se acercó a ella—. Ponme a prueba.

— No voy a ponerte a prueba —respondió Asami.

— Porque sabes que puedo —se quejó él.

Mamoru empezó a buscar en su teléfono.

— Yoh, llamaré a papá como sigas por ahí —se quejó Asami—. Dijiste que te llevarías bien. Y no voy a hacerlo porque tres semanas antes de volver a Japón se lo pregunté a papá y él te puso a prueba por mí.

— Cuando esté en versión traducida te llevo yo si hace falta —sonrió Mamoru viendo su teléfono.

— Ya sabes de lo que estoy hablando —susurró ella mirándolo de reojo.

— ¿Estás desafiando mi brillante mente con algo como eso? —preguntó Mamoru.

Asami sonrió. Se había olvidado lo brillante que podía ser con solo un minuto de todo lo que había sucedido en esos diez.

— Pero no hay nada más que el título en todas partes. Tienes influencias grandes con esa gente —se rió Mamoru.

— Mi abuela las tiene —suspiró ella encogiéndose de hombros—. La verdad hubiera sido mejor que se hubiera sabido antes, porque mis fans ahora se van a enfadar, pero Yukiko-obaachan no quería que papá la matara antes de verlo terminado.
Mamoru se guardó el teléfono.

— Va a ser divertido —se rió—. Pero a cambio de que vayamos, iremos a por ese helado.

Asami suspiró, era un trato justo.

— Está bien —respondió.

— Llamaré a mis padres para que me lleven la ropa que no es de playa y que se queden con ellos mientras tanto.

— Trato hecho —se rió Asami chocando la mano con el chico.

— ¿No vais a decirnos, verdad? —preguntó Akira impaciente.

— Creo que con lo de beso lo he entendido —respondió Chieko no muy segura.

Asami sonrió.

— Lo verás ahora cuando lleguemos al centro comercial —se rió Mamoru—. ¿Quién quiere un helado? —preguntó mirando a Yoh.

Él apartó la mirada y se cruzó de brazos. Asami se levantó de la silla y la apartó hacia atrás, arrodillándose delante de su hermano.

— Yoh, ¿qué harás si se pone una cámara a grabarte? —preguntó Asami con un tono suave en su voz.

El niño bajó la mirada. No le habían gustado nunca las cámaras de vídeo. Cuando estuvieron en Estados Unidos, él y Asami habían tenido un problema con un chico con cámara que les había seguido y desde entonces se mantenía alejado de ellos. Asami sabía muy bien que había cogido miedo a los cámaras por ese incidente y por eso no quería llevarlo. Ya había hecho suficiente llevándolo hacía dos días en el plató de televisión.

— Te prometo que te llevaré más adelante, ¿vale? —sonrió ella abrazándolo—. No te enfades conmigo —pidió.

— Has hecho una película —sonrió Akira finalmente.

Todos lo miraron de reojo. Era increíble lo lento que era ese chico a veces. Suerte que era el mayor de todos.

— ¿En serio? —preguntó Ayako emocionada.

— Os llevaré a todos cuando se termine de doblar, ¿vale? —preguntó mirando a la niña.

— Sí —sonrió la niña levantando los dos brazos a la vez.

— Bueno, terminemos de comer y vayamos a por ese helado, ¿vale? —añadió Asami mirando a Yoh.

Su hermano pequeño afirmó con la cabeza y fue a sentarse. Asami se sentó de nuevo en la silla. En cuanto estuvieron salieron andando hacia el lugar. Momo, Sora, Ayako y Yoh comentaban divertidos imaginando de qué podría ser la película con lo que Yoh había descrito de haber visto en las noticias. Akira iba con las manos en los bolsillos, siguiéndoles bien de cerca, mientras Chieko escribía con el móvil, al lado de Mamoru y Asami un poco más atrás andando con pereza.

— ¿Qué le pasó a Yoh con los periodistas? —preguntó Mamoru con un susurro para que no le escucharan.

— Cuando estuvimos en América, un día terminé herida. No recuerdo mucho de ese día —susurró Asami—. Pero sé que había mucha sangre, y un cámara que en vez de llamar a una ambulancia se quedó grabando. Yoh por supuesto era el único que estaba conmigo y se asustó. Pero, le afectó más ver que ese hombre no me ayudaba, desde entonces le asusta que le graben.

— Vaya… —susurró Mamoru.

— No pasó nada, realmente no fue una herida grave, pero la lluvia intensificó un poco la visión de la sangre hacia mi hermano —se rió ella.
Akira los miró. Aún con el ruido que hacían los niños él había podido oírlos. En cuanto llegaron a la heladería, Mamoru y Chieko se quedaron mirando hacia el lado contrario a la tienda.

— ¿Así que te besaste con ese tipo? —preguntó Mamoru señalando hacia un cartel.

Asami y los demás se giraron. Allí de pie había una estructura cuadrada para la publicidad, con un enorme cartel. Allí estaba Asami, vestida con un top de tirantes rojo y con su frente pegada a un chico americano, de pelo negro y ojos marrones, vestido con un jersey ajustado de color negro. Detrás de ellos una puesta de sol y en el fondo difuminado estaba Yukiko sonriendo con los brazos abiertos y un hombre americano con cara de enfado y los brazos cruzados. Debajo de ellos, un título con letras amarillas y en mayúsculas: Instituto de Detectives. Con letras más pequeñas más abajo y en minúsculas: La baja sociedad nunca debería cometer el error de enamorarse. Los nombres encima con letra blanca y pequeña: Kudo Asami, Kudo Yukiko, Scott Max, Williams Arthur.

— ¿En serio? —preguntó Asami mirándolo—. ¿Estás celoso?

— Con ese título, más bien da pena ir a ver la película —respondió Akira medio riendo.

— Está mal traducido —se quejó Asami—. Eso era un juego de palabras. La baja sociedad nunca debería de cometer el crimen de enamorarse.

— ¿Crimen? Me tranquiliza ese cambio —sonrió Mamoru apretando los dientes con fuerza mientras repasaba una y otra vez la imagen con la mirada.

Conforme la iba mirando más se enojaba.

— La verdad Mamoru —sonrió Asami poniéndose delante de él para que le tapara la vista hacia el cartel—. No debes de preocuparte por lo del beso —añadió acariciándole la mejilla con ternura.

Él la miró con una ceja arqueada.

— ¿No está muy cerca de ti? —preguntó Mamoru.

Ella se echó a reír.

— Vuelvo a repetir que no debe de preocuparte lo del beso —dijo besándolo en los labios mientras Chieko levantaba el teléfono hacia el cartel para hacerle una foto.

— La verdad me parece increíble que no nos hayas dicho nada de esto —se quejó Chieko.

Asami se separó de Mamoru y rodó los ojos.

— ¿Entonces qué debe de preocuparme de la película? —preguntó Mamoru en un susurro ya mucho más calmado.

— Enamorarte más de mí —se rió ella con voz muy baja que solo Mamoru pudo escuchar.

— Mucho me temo que eso podré aguantarlo —se rió él.

— Entonces no hay problema —dijo ella—. En serio, no te preocupes por eso.

— Está bien —suspiró finalmente él.

— Compremos esos helados —sonrió Asami acercándose al pequeño carrito ambulante, que ya tenía al propietario alucinando con el parecido de la chica a la actriz del cartel.

En cuanto terminaron de comprarlos, decidieron ir a sentarse fuera del centro comercial en un parque que había cercano.

— ¿Ha sido estrenada esta película, verdad? —preguntó Chieko.

Asami la miró sonriendo traviesa.

— ¿Tengo que responderte con sinceridad? —preguntó desviando la mirada.

— Sí —respondió Chieko mirándola de reojo.

— Se hace la premiere antes en Japón que en América —respondió Asami andando por delante de todos.

— Es decir que nos has invitado…

— Al estreno —interrumpió Asami a Akira.

— ¿Estás de broma? —preguntó Chieko.

Sora, Momo, Ayako y Yoh se avanzaron a llegar al parque, dónde ellos aún podían verlos y se sentaron al banco, mientras un chico con cara claramente inglesa pasaba por su lado sonriendo satisfecho mirándolos.

— Oh, oh —Asami suspiró poniendo mala cara. Akira, Chieko y Mamoru se la quedaron mirando. Ella puso su mejor sonrisa y avanzó hacia el chico con los brazos abiertos—. ¡Jack! ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó la chica hablando en inglés muy rápido—. Oh,perdón. ¡Ha pasado mucho tiempo! ¿Qué estás haciendo aquí?

Oh, Sam… —sonrió el chico estado unidense—. Estoy aquí porque mi ídolo ha vuelto a Japón.

Asami sonrió forzadamente mientras Mamoru, Akira y Chieko se acercaban a ellos.

— Creo que tu ídolo estaría orgulloso —añadió la chica.

¿Estás orgullosa de mí? —preguntó el joven acercándose un poco más a ella.

Mmmm... —Asami hizo como si estuviera pensando—. Por supuesto.

— ¿Quién es este tipo? —preguntó Mamoru claramente enfadado de que ese tipo se acercara tanto a ella.

Asami pensó que esa faceta celosa del chico le parecía muy divertida, pero finalmente decidió no hacerle caso.

¿Y solo por mí? —preguntó la chica poniendo cara de pena.

Por supuesto —sonrió Jack de manera lasciva.

¿Sabes? —Asami se miró a sí misma y se señaló—. Estoy llevando ropas, ahora mismo…

Oh, no en mi mente… —respondió Jack con rapidez y acercándose un poco más a ella.

Asami retrocedió un paso.

— ¿Puedo pegarlo? —preguntó Mamoru arqueando una ceja mientras Akira y Chieko lo miraban sin entender.

Asami y Mamoru siempre habían estudiado inglés con más intensidad que Akira y Chieko. Los hermanos Kyogoku podían entender el inglés, siempre y cuando les hablaran lentamente.

— Por lo que más quieras, no digas o hagas tonterías —se quejó Asami sin mirarlo y haciendo una sonrisa claramente falsa hacia el chico—. Y no digas que estamos… —lo miró y se calló.

— ¿Saliendo? —terminó Mamoru la frase por ella.

— ¿Saliendo? —preguntó Jack, que entendía pocas palabras en japonés—. ¿Qué sucede?

Nada —sonrió Asami mientras Chieko y Akira se miraban entre ellos.

Parecía que ese tal Jack no sabía cuando Asami sonreía falsamente, o no quería darse cuenta de ello.

Oh, perdóname, esos son mis amigos —les presentó Asami—. Akira Kyogoku, Chieko Kyogoku y Mamoru Hattori.

Oh, creo que era… —Jack pensó unos momentos—. Encantado de conocherlos.

— Conocerlos —rectificó Asami entre dientes y muy flojo, con una ceja arqueada.

¿Qué? —preguntó Jack mirándola.

Nada —respondió ella sonriendo ampliamente—. ¿Y solo has venido aquí por mí?

Mi hermosa chica… —susurró el chico aún mirándola con perversión mientras Mamoru cerraba sus puños con fuerza—. Tú lo sabes —respondió con cara de que ella realmente lo supiera—. Voy a seguirte hasta que pueda tener eso contigo —levantó las cejas un par de veces con su cara pervertida aún.

Asami abrió los ojos como platos. Era la primera vez que le decía eso y lo decía delante de Mamoru que era el único que podía entenderlo.

¿¡QUÉ ESTÁS DICIENDO, PERVERTIDO!? —explotó Hattori echándosele encima.

Por suerte Asami fue más rápida y se puso en medio de los dos para que Mamoru no pudiera llegar a él.

—Mamoru tranquilo... —susurró ella a su oído.

— ¡No voy a tranquilizarme eso no se le dice a una mujer! —gritó de nuevo sin saber que Jack no podía entender el japonés y menos cuando le decían las cosas con tanta rapidez—. ¡¿Qué tipo de pervertido es este tío?!

— ¡Por favor! —se quejó Asami empujándolo hacia atrás con firmeza—. Hay algo que puede perjudicarnos a mis abuelos y a mi si se enoja conmigo, así que síguele el juego, y cállate —pidió la chica en un susurro.

— ¿De qué hablas? —preguntó Akira que había entendido lo que Mamoru había gritado en inglés.

— ¿Sam? —preguntó Jack.

Oh, perdón... —respondió ella aún sonriendo más falsamente si cabía y observándolo—. Sabes que no quiero salir con nadie —Jack arqueó una ceja y se cruzó de brazos. Estaba claro que Mamoru la estaba protegiendo y él se había dado cuenta—. Jack, por favor... —susurró.

Él nos entiende —respondió señalándolo con la cabeza.

Claro que lo hago —respondió Mamoru cruzándose de brazos y fulminándolo con la mirada.

Asami suspiró y miró la hora.

Bueno, tengo que irme a casa. Mis padres me matarán si estoy fuera por más de tres horas —susurró empezando a irse—. Discúlpanos —añadió haciendo una pequeña reverencia—. Vámonos coged a Mamoru antes de que le mate —pidió Asami entre dientes haciendo otra sonrisa hacia el chico.

— Por supuesto lo haré. ¿Qué se ha creído? —se quejó él sin dejar de mirarlo con esa mirada asesina.
Asami le cogió del brazo y tiró de él pasando por el lado del inglés, mientras Akira y Chieko lo empujaban para sacarlo con prisas de allí.

— ¿Se puede saber qué ha ocurrido? —preguntó Akira unos pasos más adelante—. Lo único que entendí fue lo de pervertido que grito Hattori.

— Por supuesto es lo único que entendiste —respondió Asami soltando a Mamoru y mirando al hijo Kyogoku de reojo—. Es tu personalidad.

— Tienes suerte hace rato perdí el hilo de la conversación en japonés también —se quejó Chieko.

Asami se paró un segundo y miró hacia atrás. Jack la estaba siguiendo con la mirada aburrida, que en cuanto ella le vio, la cambió por satisfacción.

Jack, la última pregunta. ¿Estás solo? —preguntó Asami en inglés sabiendo la respuesta.

— ¿Y a quién le importa? —preguntó Mamoru claramente enojado.

— Cállate.. —pidió Asami en un susurro, de nuevo entre dientes y sonriendo hacia el inglés.

Jack afirmó con la cabeza.

Oh —Asami suspiró y preguntó aún con miedo a la respuesta—. ¿Por lo tanto...?

¿Puedes mostrarme Japón? —sonrió Jack con tranquilidad y sabiendo que ella no podría negarse.

Mamoru abrió los ojos como platos y miró a Asami. Ella le miró encogiéndose de hombros, tenía que decirle que sí, pero prefería mucho antes estar con Mamoru y los demás que con ese fan de ella que cada vez estaba más pervertido.

Ohhhhh, qué lástima... —respondió ella en un suspiro poniendo cara de tener mucha pena por él—. Tengo que trabajar al restaurante de mi hermana, y por lo tanto…

Ok —la interrumpió el inglés—. Quiero ver el restaurante.

— ¿No te está saliendo como querías? —preguntó Mamoru mirando a la chica de reojo y con los brazos cruzados, con una sonrisa de satisfacción.

Oh, no tienes que perder la oportunidad de visitar Japón —se quejó Asami pensando con rapidez—. De acuerdo —añade sonriendo con malicia—. Miyano te lo mostrará.

¿Miyano? —preguntó él con cara de asco—. Oh, vamos. Sam por favor…

Asami suspiró encogiéndose de hombros y haciendo cara de no tener otro remedio.

Mis padres me han castigado —mintió ella—. Es tu culpa…

Qué pena... —respondió empezando a irse—. ¡Nos vemos!

— De la que me he salvado —suspiró Asami en cuanto Jack se hubo perdido de vista.

— ¿Se puede saber que le pasa a ese tipo? —preguntó Mamoru girándose para ir con los niños que los miraban curiosos después del grito.

— Puso cámaras en casa de mis abuelos —susurró ella sin moverse, mirando aún por donde se había ido y frotándose la cabeza—, y tomo fotos comprometedoras de todos. Digamos que medio me chantajea.

—Ahá —respondió Mamoru girándose para verla—. Así que un auténtico escritor de misterio, una brillante actriz mujer de un escritor de misterio, y madre y abuela de brillantes detectives y una genial actriz y detective no han sido capaces de denunciar algo por el estilo.

Asami se giró para verlo con la ceja arqueada.

— Disculpa por no querer mostrar fotos mías desnudas por toda la policía de América —terminó sonriendo y yéndose hacia los niños.

— Oh dios mío —susurró Akira—. Tengo que encontrar a este tipo —Mamoru le agarró con rapidez del cuello de su camisa—. Perdón, es para quitarle las fotos, por supuesto —añadió mientras veía la mirada asesina de su amigo.

— Cómo vuelvas a decir algo como esto te juro que nadie va a salvarte de mí —le amenazó Mamoru soltándolo y acercándose hacia ella—. ¿Y tampoco vas a decírselo a tu padre, verdad?

— ¿Tú estás loco? —preguntó Asami—. ¿Cómo quieras que le diga eso a mi padre si tan solo decirle que salía contigo ya estaba dispuesto a separarnos del todo? —se quejó—. ¿Qué quieres? ¿Qué me encierre de por vida en casa?

— Visto lo visto, no creo que estés muy segura fuera —se quejó Mamoru señalando por donde se había ido el inglés.

— Oye —suspiró Asami sentándose al banco al lado de Ayako—. Es el único que no ha caído en las garras de Jun, por favor no le des importancia, ¿vale?

— ¿Qué es eso de las garras de Jun? —preguntó Akira acercándose más a ellos con Chieko.

— Digamos que la mayoría de la clase de Estados Unidos —Asami evitó mirarlos, no se sentía cómoda hablando de eso—, o están muertos o me odian gracias a que Hanabi les hizo creer que yo era la mala. Excepto Te-chan, los Kuroba, Odagiri-sensei y, ahora que ha escuchado a su padre, Sara.

Mamoru suspiró largamente. Dejarían la conversación ahí, hasta que ella quisiera decirles algo más de eso. Al fin y al cabo, Jun estaba en la cárcel del FBI, aunque fuera menor, y no saldría en un par de años.


Hasta aquí XD