¡Hola, chicos!

No sabiendo si ya les hablé de esto, quiero decirles que actualmente la historia también está siendo subida a wattpad, en este enlace:

(Le precede en enlace a la página original de Wattpad, y luego esto)/story/136134454-eternally

Así mismo, les comento que Eternally fue postulado para un concurso de fanfics por medio de FB, en el siguiente enlace. Son bienvenidos a participar y votar por su favorito ~

(Le precede el enlace a la página original de FB, y luego esto)LazosdeKonohaLaVoluntaddeFuego/photos/ms. 03ZqLzHDHIeJ82yEsvPAUVDD~_6MyNGu~;IC~;scKDg~-~ .a.2180070058947248/2191233961164191/?type=3&theater

Ahora, ¡continúen con la historia!


Las manos de Sasuke estaban temblando mientras sostenían los brazos de Sakura. El rostro de la pelirrosa se había agachado por completo mientras ella apretaba fuertemente su mandíbula, pues estaba intentando no hacer ruido al llorar. Sin embargo, las gotas que caían gruesas desde su rostro y la forma en la que todo su cuerpo estaba sacudiéndose en la frustración eran suficientes para que él se diera cuenta de que no podía detenerse. Sus manos blancas se apretaban con todas sus fuerzas en un par de puños pues, aparentemente, le había costado mucho decir aquello, tan cruel como había resultado. De cualquier forma, los ojos de Sasuke casi se habían salido de sus cuencas en la impresión de escucharla decir semejante cosa, pero poco a poco se ablandaron por verle en ese estado de absoluto dolor. La Sakura a la que él conocía nunca se había atrevido a dejarlo y la única vez que pensó en tomar responsabilidad—un fallido intento de asesinato después de que Sasuke se encargara de Danzou— ella estaba dispuesta a morir junto a él. Para el Uchiha siempre estuvo claro que ella era "solo una chica enamorada", hasta que entró en razón antes de irse de la aldea a redimirse. Ahora, tenía entre sus manos al cuerpo de esa mujer que había hecho todo lo humanamente posible por salvarlo de sí mismo, pero ella se había rendido… sí, a Sakura Haruno le había tomado dos vidas el renunciar a su amor de la infancia. No cabía duda de que era la mujer más terca que él conocía y, probablemente, ese era el principal motivo por el que la amaba.

—No me había dado cuenta de que hice una estupidez —lo único que podía escucharse en el piso era su voz y el fallido intento de Sakura por enmudecer su llanto—. Pensé: "conociendo a Ino, solo así estará satisfecha". Por algún motivo, no estoy acostumbrado a preguntarme, "¿cómo se sentirá Sakura al respecto?". Supongo que, si nos hubiésemos detenido a considerarte, los problemas que tuvimos en el pasado no habrían sucedido. Tú no habrías llorado tanto, ¿cierto?

Para ambos, se volvía imposible ver al otro a los ojos. De cualquier forma, las manos de Sasuke estaban sosteniendo a Sakura con firmeza, y no parecía que fuera a dejar de hacerlo pronto. Él sí se sentía culpable, pues había vuelto a meter la pata… como si no fueran suficientes los problemas que había arrastrado de su vida anterior, ahora se las arreglaba para ocasionar uno nuevo en esta, con el burdo pretexto de convencer a Ino. ¿A quién le importaba que Ino Yamanaka estuviera de acuerdo con dejar que su relación llegara a algo? Aunque valía la pena por darle una amiga a Sakura, estaba claro que esa idiotez le había bajado la autoestima y le había enfurecido al punto de querer ocultarse de todos, excepto Naruto. Ahora, Sasuke no tenía el derecho ni el valor para recriminarle al rubio que hubiera confesado esa información a la pelirrosa, pues era lo justo. Naruto había dicho, desde el principio, que no estaba de acuerdo con aquello. Él había sido partícipe en el asunto de su cita, pues quería ver que Sakura no estuviera expuesta a situaciones que pudieran influenciar su buen juicio, o que le afectaran emocionalmente. El único que verdaderamente veía por ella resultaba ser él, así que quizá debía agradecerle por darle la única protección de la que él no era capaz: Naruto protegía a Sakura de las idioteces de Sasuke. Era por eso que su matrimonio había tenido éxito, ¿cierto? De hecho, el único motivo por el que su matrimonio había durado había sido, probablemente, él… y la olímpica terquedad de Sakura.

—No te veo como un objeto… nunca lo he hecho —suspiró—. En realidad, Sakura, el que no es lo suficientemente bueno aquí, soy yo —la mano derecha de Sasuke subió lento, hasta que acunó la mejilla de ella y logró hacer que levantara su rostro enrojecido e inflamado—. Tú único error ha sido enamorarte de mí y, en realidad, estoy muy agradecido por eso: tú me salvaste. A pesar de que Naruto me convenció, eres tú quien logró hacerme un buen hombre. Jamás supe cómo pagarte, así como tampoco aprendí a valorarlo… permíteme hacerlo, al menos esta vez.

—Ya es tarde —su voz era un poco nasal, así que Sasuke no controló su sonrisa. Ella tenía esa misma expresión de berrinche que usaba cuando quería algo, un poco infantil, pero él entendía que ella no estaba bromeando—, es demasiado tarde…

—Entonces haré lo mismo que tú hiciste antes para hacerme recapacitar —si bien le soltó los brazos, muy pronto él la rodeó fuertemente con sus dos extremidades hasta atraparla contra su pecho en un abrazo firme y protector—. Voy a perseguirte, Sakura. Voy a esperar el tiempo que sea necesario, así como te voy a rogar cada día hasta que decidas darme esa oportunidad… entonces, no voy a desaprovecharla y te protegeré, hasta de mí mismo. Seré la persona más necia del mundo, justo como mi esposa me enseñó, pues lo más importante que aprendí de ella fue eso: uno logra lo que desea mientras sea honesto y no se rinda, ¿cierto? Así que te obsequiaré a nuestra hija como una ofrenda de paz, cuando estemos juntos.

A pesar de todo, de terminar en sus brazos en una situación que se suponía indeseada, Sakura no fue capaz de pelear contra la fuerza de Sasuke. En lugar de eso, sus dedos se apretaron sobre la ropa del pelinegro y, conforme él decía esa sarta de cursilerías, el rostro de Sakura volvía a sufrir los daños del dolor emocional, aunque era buena para callarlo con una mandíbula rígida. Sin embargo, entre los latidos del corazón—que ella podía escuchar con su oído derecho sobre el pecho de él— y aquella última promesa, ella simplemente no pudo contener más su voz, así que rompió en un llanto ruidoso y necesitado del afecto que él quería ofrecerle. Él la entendía mejor que nadie, así que le acarició el cabello un poco mientras ella lloriqueaba, como si quisiera calmarla con eso. De algún modo, si él no hubiese sido la criatura frívola que fue en ese entonces, Sasuke tal vez habría llorado como un niño en el regazo de Sakura que lo esperaba después de tantos años y tantas estupideces. El día en que ella aceptó ser su esposa, él le habría besado todo el rostro con desesperación… había tantas cosas que había hecho mal, así que tenía una urgencia enorme por corregirlo. Sin embargo, había cometido un nuevo error en esta vida, así que ahora comenzaría a arreglar sus problemas, poco a poco. De ese modo, luego de un rato que ella estuvo llorando, Sasuke fue muy hábil para convencerla de ir a la habitación y recostarse un poco, mientras él le conseguía agua para que no se deshidratara. De cualquier forma, Sakura no dejó de llorar en ningún momento.

Capítulo Treintaiocho: Te amo, te amo, te amo.

Cuando ella despertó, estaba consciente de que su cuerpo estaba en el suelo terroso, aunque no era capaz de verlo. Sin embargo, sentía la superficie del camino sobre su hombro izquierdo, donde las finas telas del kimono se habían roto. Su cabello trenzado era un desastre, producto del maltrato de aquellos que la habían tomado por la fuerza. En todo caso, ella no podía moverse: sus manos estaban atadas en su espalda por las muñecas, al igual que sus tobillos bajo las telas de seda, sin mencionar que ellos le habían cubierto los ojos para que no supiera dónde estaba, así como la habían amordazado para que no pudiera gritar. En algún punto, la pelirrosa escuchó un grito que terminó en un estruendo y un golpe que la envió a volar de la carreta de bajo perfil en la que la habían montado tras sacarla de una reunión con una de sus diseñadoras de vestuario. Ahora, poco se escuchaba de una batalla, así que ella asumía que los guardias reales habían podido rastrearla hasta aquí. Pero estaba equivocada…

Unas manos fuertes le ayudaron a sentarse, aunque ella se asustó al principio e intentó—en vano, colmada de torpeza— librarse de ese agarre. Fue la gentileza del trato y un siseo tranquilizador lo que la hicieron calmarse un poco, aunque su respiración se mostraba agitada. Él no demoró en quitar la venda que cubría sus ojos, así que lo siguiente que ella admiró con esos orbes verdes fueron un par de pozos negros. Ella no lo conocía en ese momento y, a pesar de que su gesto era severo, no se sintió en peligro. De alguna forma su respiración encontró la calma, así que él llevó sus manos a retirar gentilmente aquel pedazo de tela que ellos habían usado para amordazarla y lo lanzó lejos de ambos, donde no pudiera atormentarla. De todas formas, la mirada femenina siguió cada uno de los movimientos masculinos, hasta que no logró verlo más cuando él se posó detrás de ella para soltar los amarres de su mano. Les inundó un silencio que solo el ruido de la naturaleza nocturna lograba interrumpir, así como las manos de él que buscaban bajo las telas de forma recatada—sin levantarlas ni asomarse— los pies de la princesa. Ella se mantuvo inmutable, aunque muy atenta a todos sus movimientos, aun cuando acariciaba sus muñecas adoloridas. Finalmente, cuando él liberó sus tobillos, ella no se atrevió a moverse hasta que una mano se le ofreció por ese hombre que, de hecho, era alto para ella. Debía de ser entre tres y cinco años mayor que la chica, o eso calculaba por su rostro de temple dura, aunque quizá eso le hacía ver más maduro de lo que era, sin mencionar lo imponente que lucía de pie junto a su cuerpo en el suelo. De hecho, esa posición en la que ella podía verlo de pies a cabeza desde una altura inferior le ayudó a darse cuenta de que su ropa estaba manchada por la sangre de sus captores.

—¿Usted me salvó por sí mismo? —preguntó, justo antes de darle su mano para apoyarse en la de él hasta ponerse de pie, aunque trastabilló y él la sostuvo sin pudor alguno, en lo que parecía ser un abrazo: un gesto muy íntimo para un desconocido—. Ah… ¿Quién es usted? —preguntó, sonrojada.

—Soy un viajero —contestó y, entonces, la ayudó a recobrar el equilibrio, sosteniéndola por los hombros, con cuidado—. La carreta pasó justo a un costado mío y, al verla, fue evidente que no estaba siendo llevada por voluntad propia —ella estaba manchada por la tierra, así que él se dio la libertad de sacudir sus mangas, aunque eso rompió un poco más la tela de su hombro—. Por su atuendo, puedo decir que es de la realeza.

—Ah, ¿usted también quiere llevarme ahora? —retrocedió, recelosa, para sostenerse la tela que se había roto—. Mi pueblo no tiene tantas riquezas como para que intenten cobrar una recompensa por una simple princesa.

—No estoy interesado en eso —contestó, para mirar a su alrededor—. Solo buscaba un sitio en el cual instalarme, donde mis habilidades sean recompensadas y poder enseñar mis conocimientos a cambio de algunos beneficios —mentía, pero ella no tenía que saberlo—. Ahora que he encontrado a la princesa de estas tierras, quizá pueda ganarme la gratitud de su majestad.

—Ah, su majestad no está interesado en recuperar a alguien como yo.

—¿Su propia hija? —alzó una ceja, incrédulo, aunque podía imaginarse un cuadro así—. Como sea… escoltaré a la princesa de regreso a su hogar, así es menos probable que muera en el camino, y más probable que me gane un favor de su padre.

—Si gratitud es lo que desea, entonces le estoy muy agradecida por salvar mi vida —de alguna forma, ella parecía sospechar de él.

—Es la gratitud de su majestad la que me interesa.

—Si con "gratitud" está hablando de un tesoro, entonces puede tener esto —sus manos, que ahora estaban libres y un poco sucias, subieron hasta su cuello para soltar un largo collar que se ocultaba entre sus ropas—. Es todo lo que mis tierras pueden ofrecer…

—¿Un collar de magatamas? —preguntó, mientras sostenía en sus manos el adorno. Solo al sostenerlo pudo darse cuenta de su color—. Es jade.

—Debería ser suficiente, ¿cierto? Solo salvó a una simple princesa.

—Se quita mucho mérito a sí misma —contempló, aunque no se demoró en tomar el collar y amarrarlo a su cuello. Era tan largo que él también podía ocultarlo entre sus ropas—. Esto bastará, así que podrá dejar que la lleve a su casa.

—En las tierras de su majestad no son bienvenidos los forasteros —refunfuñó—. Será mejor que yo vuelva sola…

—No soy capaz de dejar a una dama caminar sola a mitad de la noche, mucho menos en un camino en medio del bosque, donde las bestias nocturnas aguardan para atacar —ella se encogió un poco, intimidada por sus advertencias—. Voy en la misma dirección, así que tendré que pasar por ahí, sin importar qué.

—… Bien. Si ese es el caso, entonces no tengo porqué discutir con usted. Como sea, nuestros caminos se separarán en cuanto lleguemos a las cercanías de esas tierras. Por lo tanto, no debería venir junto a mí. Ya debe saberse lo que me sucedió.

—¿Estarán esperando a la princesa "sin importancia" que fue secuestrada? —ella desvió la mirada, con desdén—. No estaré cerca de usted. Puede quedarse tranquila.

[…]

Dadas las tres de la mañana, Sakura Haruno despertó en su cama. Ella, que había sido llevada hasta ahí por Sasuke, se encontraba completamente sola en la oscuridad. El otro lado de su cama estaba vacío, aunque ella seguía recostada con una frazada sobre su cuerpo. Recordaba que no se había movido de ahí, aun después de que él le trajo agua, así como también recordaba que el pelinegro se había recostado de frente a ella. Él la había mirado llorar durante mucho tiempo, aunque no le había dicho nada más después de las palabras que la hicieron desatar su llanto. De cualquier forma, se dio cuenta de que se había quedado dormida entre lágrimas, pues sentía los ojos un poco inflamados. Seguramente él había decidido dejarla a solas, así que la pelirrosa se levantó de la cama con poco cuidado y anduvo a oscuras hacia la puerta, la cual abrió para salir de la habitación. Su destino era la cocina, aunque no fue capaz de llegar a ella: la figura de Sasuke Uchiha se había elevado desde el suelo de la sala al escuchar cómo ella salía de su recámara, así que ahora él estaba mirándola con un gesto que parecía preocupado, hasta que sus ojos se encontraron los unos a los otros y quedaron ambos cuerpos estáticos… él no se había ido, ¿eh?

—… Te quedaste.

—Pensé que no querrías quedarte sola —estaba en lo correcto. Él tenía tanta razón que, de forma automática, los ojos de Sakura se colmaron de lágrimas—. Ah, no llores…

—Lo siento —¿qué era eso? ¿hormonas? No se había sentido tan susceptible al llanto desde su embarazo, pero eso era imposible ahora. De cualquier forma, la mano derecha de Sakura le cubrió los ojos con frustración—. No sé qué me pasa… me da gusto que te quedaras.

—No creí que fuera a ser así —ella suspiró, tranquilizándose—. ¿Estás mejor?

—Lo estoy —contestó, para entonces caminar hacia la cocina—. Es tarde. ¿No has dormido nada, acaso?

—Tomé una siesta —admitió, desviando la mirada—. Después de todo, tú dormiste durante horas, Sakura. Supongo que no estabas del todo recuperada de tu semana agotadora y tuviste otra con Orochimaru, ¿cierto?

—… ¿cómo lo sabes? —ella se volvió a mirarlo, sorprendida.

—Te llamó hace rato —confesó, avergonzado por tomar la llamada—. No quise despertarte, pues finalmente te habías quedado dormida, así que contesté. Él me contó que habían estado haciendo una investigación sobre nuestra difícil situación…

—Ah, sí —suspiró, una vez más—. Orochimaru tiene la hipótesis de que hay muchas cosas que se vinculan de esta vida con la anterior.

—¿Cómo qué?

—Los tesoros imperiales —contestó, tomando unas cervezas del refrigerador. Le dio una a Sasuke, que él tomó sin demora, y luego bebió de la suya—, los nombres de las deidades… en realidad, parece que muchas cosas se relacionan directamente con tu clan, ¿sabes? O contigo, para ser más exacta. Suponemos que es porque este plano pudo haber sido creado por tus habilidades.

—Mi ojo izquierdo no crea mundos paralelos, solo abre puertas hacia ellos —contestó, el moreno, para luego beber un poco. Terminó por sentarse en un sofá—. Aunque es una buena hipótesis, sigue siendo un mundo paralelo: es normal que algunas cosas tengan relación, de vez en cuando.

—Sí, eso es lo que pensamos —concordó—. Es por eso que creemos que debe haber una forma de solucionar este predicamento desde este lado.

—¿Solucionarlo? —él alzó ambas cejas, confundido—. Creí que lo que queríamos era recuperar a nuestros seres queridos, traer a nuestros hijos y romper la maldición. No pensé darle una "solución" a esto… es decir, no se me ocurrió que hubiera una.

—Bueno, "romper la maldición" no sería suficiente si no hacemos todo lo demás, ¿cierto? Esos son demasiados objetivos —explicó—. Sin embargo, si encontramos una forma de solucionar todo sin tener que hacer todos los pasos anteriores, entonces no arriesgaremos ni expondremos la vida de nadie más —se encogió de hombros—. Es decir, para recuperar a nuestros seres queridos debemos intentar hacer que recuperen sus memorias, pero eso podría llevarnos años y hacernos pasar por locos ante ellos, ¿no crees? Además, está el asunto de la maldición: ellos podrían estar en peligro si recuperan sus recuerdos, ¿sabes?

—Pero eso quiere decir que quieres saltarte pasos —comentó, cada vez más preocupado—. ¿Qué pasará con Sarada y Boruto?

—Espera, no pienses en eso —lo interrumpió, viendo cómo se acercaba una pelea. Sakura caminó hacia él, dejando la cerveza a un lado—. Estamos investigando, ¿entiendes? Queremos descubrir si hay una forma de romper la maldición, hacer que todos tengan sus recuerdos y recuperar a nuestros hijos: todo de un solo golpe —sus manos se movieron, intentando hacer que él no se asustara.

—¿Cómo podría ser eso posible?

—… —ella tuvo que hacer una pausa, pensando si debía decírselo o no—. Bueno… dado que es la muerte la que nos ha puesto este castigo, Orochimaru y yo creemos que alguien debería… "hablar" con ella.

—… ¿Hablar? —dijo, incrédulo.

—Sí —ah, la iba a creer loca—. De alguna forma, yo sé que la he visto en más de una ocasión, así que sería simple para mí el dirigirle la palabra —quiso explicarle, pero él no parecía propenso a entender de qué estaba hablando—. No te enojes.

—¿Quieres morir? —estaba furioso.

—¡No! Claro que no… no moriría —se talló la nuca—. Estamos investigando, ¿sí? Pero, si fuera posible, en un estado de coma inducido o una muerte controlada por médicos… es decir, nosotros somos médicos, ¿sabes?

—Orochimaru es médico —alzó una ceja, conteniendo su enojo—. Tú y Karin están preparándose para ser médicos, ¿sabes?

—He sido médico por más tiempo del que fui madre, o tu esposa —lo retó—. Como sea… no tenía planeado contarte nada de esto hasta que tuviéramos todo concreto. De cualquier forma, no podemos saber si va a funcionar todavía. Es por eso que hemos desentrañado una cantidad de información absurda en estos días.

—¿Qué tipo de información?

—Mitos, leyendas, historias. Todo tipo de folclor relacionado con la muerte —movió sus manos mientras hablaba—. Estuvimos en contacto con mi maestra y con el señor Jiraiya, ellos creen que es una idea descabellada, pero ambos creen que es posible.

—¿Los viejos locos creen que se puede? —soltó, cínico.

—Nos estamos esforzando aquí, Sasuke —su tono de voz fue serio, así que él suspiró—. Sabes bien a qué me refiero… no hay forma de que tú y yo podamos ser felices hasta que hayamos solucionado todo esto, así que intenta entenderlo.

—¿Es nuestra felicidad lo que te motivó, Sakura? —él bajó la mirada—. O, ¿es tu ira contra mí? Pues, hace un rato estabas dispuesta a renunciar a todo…

—Hace un rato estaba dispuesta a renunciar a mi vida con tal de ver a Sarada otra vez —sus palabras hicieron que él levantara el rostro de forma violenta, pero solo pudo encontrarse con los ojos verdes de Sakura, que ahora estaba frente a él—. Ahora, estoy dispuesta a conseguirlo todo, si eso significa que los dos dejaremos de sufrir —sus manos se movieron hasta enterrarse en la cabellera oscura de Sasuke—. Me pregunto si existe un mundo así…

—Japón parece ideal, ¿cierto? —la sostuvo de la cintura, mientras la acercaba un poco más—. Un sitio adecuado, pacífico… en un mundo donde podemos mantenerlos lejos de las guerras —de repente, sus labios se presionaron en un beso por encima de la ropa, en la zona del vientre de la pelirrosa. Aquel gesto la hizo sonrojar.

—Terminé contigo hace unas horas —se quejó, aunque no lo apartó—. ¿Por qué no aprendes a respetar lo que te digo?

—Nosotros no éramos nada, de cualquier forma —niño listo—, no hay nada que pudieras terminar en esas circunstancias… en lugar de eso, tenemos cosas que debemos comenzar —su mirada negra subió hasta la de ella—. ¿Deberíamos fingir que es navidad?

—No hay muérdagos —contestó, para golpearlo en la frente—. No te burles de mí… poco a poco, estoy aprendiendo a no perdonarte tan fácilmente.

—Ya habrá tiempo para que te enojes, después.

—¿Cuándo? —alzó una ceja y ladeó el rostro, aunque lo hizo todo sin antes saber que él tenía la fuerza necesaria para traerla en sus brazos y voltearla haciendo que su espalda cayera sobre el sillón, un sitio donde podría ser arrinconada.

[…]

A pesar de todo lo dicho, ese viajero estúpido no se había separado de ella, así que los guardias reales les habían encontrado caminando lado a lado, con un metro de distancia entre sus hombros, lo que había resultado en él siendo arrestado mientras ambos eran escoltados a la corte del gobernante. Ahora, ambos estaban en presencia de su majestad, aunque las circunstancias de la pelirrosa y su salvador eran inversas: él había sido amordazado y amarrado, mientras ella estaba ante su padre en tan malas condiciones. Si bien sus damas de compañía intentaron persuadirla de llevarla a ser atendida y aseada, ella insistió en venir junto al forastero a ser recibida por su padre, ya que ninguno de los guardias se mostró dispuesto a escuchar o prestar atención a las explicaciones que la princesa tenía para ellos. Como fuera, estaba claro que su padre no se encontraba en el mejor humor posible, así como había escuchado que la mitad de los guardias reales se habían movilizado para encontrarla, también los guardias personales de la princesa terminaron por ser castigados debido al error que habían cometido. Contrario de sus palabras, todos en el palacio estaban tan preocupados por su paradero que casi enloquecen, incluido su sereno padre.

—¿Qué es lo que está haciendo ese delincuente en mi presencia? —escupió, con un tono severo y agresivo, el que evidentemente era el rey. Su hija dio un respingo y, antes de decir cualquier cosa, miró por el rabillo de su ojo al hombre.

—Su majestad —estaba herida y sucia. No tenía el aspecto de una princesa—, esto ha sido una confusión… permita que le explique.

—¿Explicarme? Mis guardias ya me han dicho que él te tenía como una rehén.

—Y están absolutamente errados, su majestad —insistió, con ansias. Quizá fue esa misma emoción la que le motivó a ser tan poco formal a continuación—. Padre… él me salvó de mis captores. Si los guardias buscan por el camino encontrarán sus cuerpos y la carreta en la que me llevaban.

—¿Te rescató? —alzó una ceja, incrédulo—. Hime, ¿estás consciente de lo que dices?

—¿Podrías, por favor, confiar en mis palabras? Te ruego que dejes que un guardia de tu entera confianza vaya a ver —ella bajó su cabeza—. Prometo que encontrarán lo que les digo. Al menos la carreta, ya que las bestias del bosque pudieron haber devorado los restos de los esas personas, así que, por favor…

—Que la princesa ruegue por un forastero —masculló, muy poco convencido—. ¡Bien! Vayan a revisar, como ha dicho la princesa, y traigan pruebas de lo que dice.

—Oh, padre… ¡muchas gracias!

—Si lo que me cuentas es cierto, entonces han cometido el error de arrestar no solo a un hombre inocente, sino a un héroe —suspiró—, de ser así, entonces nuestra gratitud no será suficiente para pagarle… pero, mientras tanto, ve a que te aseen, princesa.

—Estoy bien, padre…

—Me rehúso a que nuestra princesa tenga semejante aspecto —respondió, quejumbroso. Miró a su institutriz y, sin que ella pudiera quejarse más, un grupo de mujeres se aproximó para llevarla a sus aposentos.

Ella fue aseada de pies a cabeza, mientras un médico revisaba los raspones que habían sido producto de su caída. Un par de vendajes cubrieron su hombro, mientras que ningún rasguño quedó sin recibir un poco de atención. Al final, las damas de compañía le pusieron un yukata ligero, a pesar de que su intención era que usara uno de sus vistosos kimonos. Le sostuvieron el cabello con un listón, un poco flojo, y ella prácticamente se escapó de las garras de las mujeres que querían llevarla a dormir, pues la experiencia de ese día resultaba agotadora. De cualquier forma, ella se resistió de forma habilidosa para poder entrar a la corte de su padre, con un vestuario que parecía bastante relajado en comparación a lo ostentoso que usualmente llevaba. Además, ella había actuado con tal descaro que entró con sus pies descalzos. Si bien, ese era un atuendo que se le había visto a la princesa en la privacidad del palacio, desde que ella había empezado a tener cierta edad era muy inusual que se paseara de esa forma. Quizá por eso el rostro de su padre palideció al verla entrar, pues no la había visto con semejante desfachatez desde hace más de seis años, cuando su cuerpo comenzó a desarrollar los dotes que ocasionaba la femineidad.

—Padre —con esa ropa, a ella también se le olvidaba que era una princesa—, ¿ya tienes noticia? ¿han vuelto los guardias? —preguntó, buscando con la mirada al prisionero, a quien encontró en una esquina que era vigilada.

—Justo ahora me estaban informando —contestó, avergonzado, pero no se atrevió tampoco a reñir a su hija, dadas las circunstancias—. Hablen.

—Su majestad, ha sido como la princesa ha señalado —con la cabeza inclinada al frente y su postura muy firme, habló el guardia real—. No hubo sobrevivientes. El transporte estaba destrozado, pero hay evidencia de lucha. Algunos retazos de la ropa de la princesa quedaron atrapados en la zona del ataque… como sea, está claro que sus heridas son a causa del impacto.

—¿Lo ves, padre? —preguntó, ella, sonriendo—. Ahora, libéralo, por favor.

—Hime, ten paciencia —dictó, el hombre—. ¿Es posible que este hombre haya preparado todo para ser visto como un héroe?

—Sinceramente, nunca habíamos visto a alguien como él, su majestad —prosiguió, el guardia—. En algunas partes, pareciera que la batalla se llevó a cabo en contra de una bestia, no de un hombre. También, sus rasgos no parecen tener relación con los de nuestro pueblo.

—Parece un hombre común y corriente, para mí.

—Cuando lo arrestamos, mi señor, por un momento pensamos que era un demonio —le explicó, mientras miraba al aludido con desconfianza—. Sus ojos se volvieron rojos, por un momento…

—¿Rojos? —se burló, el rey—. Eso es absurdo… libérenlo.

—Gracias, padre —dijo, ella, con entusiasmo. Se volvió rápidamente a ver al forastero, mientras un par de guardias se inclinaban a soltar sus manos y dejarle hablar—. Te dije que pensarían que me habías atacado si te veían demasiado cerca de mí, ¿recuerdas?

—Aunque la princesa lo dijera —contestó, una vez le liberaron para hablar—, no tenía intenciones de verla volver por cuenta propia.

—Qué heroico de su parte —agregó, al fondo, el rey—. Salva a nuestra princesa y la escolta a su hogar a pesar de que sabe que será arrestado. Supongo que estará buscando algún tipo de compensación, ¿cierto? —sus ojos volaron hasta su hija, que lo veía con preocupación—. Le daré una habitación para que descanse, por esta noche. Mañana hablaremos de los detalles.

—En realidad —empezó, el hombre, mientras se levantaba—, lo que estoy buscando no es ningún tipo de reconocimiento ni paga —explicó, para llevarse las manos al cuello y arrancar el collar de jade que le extendió a la pelirrosa mientras pasaba junto a ella, acercándose al frente del rey, ante el que no bajó su cabeza. En lugar de eso, mantuvo sus ojos en él, mostrándole con claridad cómo sus orbes cambiaban a un color rojizo—. Deme una oportunidad para hacer a su ejército imparable, como si fueran demonios.

[…]

Al tocar su espalda la superficie del sofá, Sakura pensó rápidamente que él no tenía reparo ni consideración por sus deseos. En realidad, lo que estaba esperando era que él saltara sobre su cuerpo de la misma forma en que había pasado en el departamento del pelinegro, cuando el calor era basto y su control era escaso. Sin embargo, ella estaba equivocada: los brazos de Sasuke la rodearon con cuidado por la cintura, su rostro se volvió a la derecha, así que su oído y su mejilla quedaron apoyados sobre el vientre plano de Sakura. Ella se había quedado tendida, con un cojín tras la cabeza y la mirada compleja. Estaba viendo el techo de su sala, mientras que un muchacho habilidoso la había moldeado cual muñeca para encontrar un sitio entre sus piernas donde su cuerpo pudiera encontrar un hogar, con el oído sobre una barriga sin volumen. Al cabo de unos segundos, ella se dio cuenta de que él no se movía, sino que la había tomado como almohada humana y parecía estar ridículamente cómodo en esa posición. Así, sus ojos verdes buscaron su cabellera negra, llenos de confusión. Se dio cuenta, entonces, de que él se había quedado dormido rápidamente, aunque ella estaba segura de que ese había sido su plan desde el principio, lo que le llevó a bufar con exasperación, rendida.

Mientras Sakura respiraba tranquilamente y el silencio la sumía en sus pensamientos, ella tuvo el tiempo suficiente para comenzar a meditar sobre esa extraña posición, lo que la remontó a los días en los que descubrió su embarazo y le dio la noticia a Sasuke. De algún modo, él había sido un esposo paciente que cuidaba con todos sus esfuerzos a su mujer embarazada. Así mismo y, en contra de todo pronóstico, él se había vuelto muy tierno cuando estaban en privado. Una noche, mientras Sakura tenía que vigilar para que él descansara un rato, le pidió que le prestara su regazo y había dormido como si mirara hacia su vientre. Un par de semanas después llegaron a una posada, donde él acercó sus futones para hacerlos uno, con el único propósito de apoyar su cabeza sobre el espacio que aún no se había inflado, como si quisiera aprovecharlo antes de que se endureciera. También, cuando la barriga comenzó a dar seña de albergar a un bebé, los ojos de Sasuke parecían especialmente atentos a ella. En algún punto la intimidó al utilizar su sharingan para ver que todo estuviera bien, lo que concluyó en mucho llanto. Además, mientras más crecía Sarada en su interior, más demostraba tener un lado infantil que quería preguntar absolutamente todo sobre el cuerpo de una mujer y el del bebé en gestación. La idea de ver a Sasuke de ese modo, otra vez, hizo que Sakura sonriera con nostalgia antes de llevar su mano a acariciar los cabellos color azabache, enredando sus dedos en ellos.

De repente, Sakura se asustó. Una escena que no había recuperado vino a ella mientras miraba cómo sus dedos acariciaban el cabello de Sasuke, así como una sensación de calor la agobió. Por un segundo le pareció que la mirada seria de ojos asimétricos la estaba perforando en un intento por memorizar cómo se veía ella en ese momento, y los labios de ese hombre besaban la piel desnuda de su vientre, con un rostro mucho más adulto al que presumían en la actualidad. Fue como un flasheo bochornoso que la hizo enrojecer velozmente, aunque no volvió a verlo. Sus manos fueron a cubrir su rostro ardiente, así que se movió un poco y, al darse cuenta, volvió a buscar a Sasuke, pero él no se había percatado. En lugar de eso, seguía durmiendo… fue entonces que a Sakura se le ocurrió que, en realidad, él no había dormido ninguna siesta. Él se había quedado despierto, cuidando a la mujer que no paraba de llorar. Él era tan dulce, que volvió a acariciar tiernamente sus cabellos oscuros.

Te amo —murmuró, muy bajito, así que ni siquiera ella pudo escucharse. Eso la motivó a volver a intentar, un poco más fuerte—. Te amo… —pero seguía pareciendo un susurro del viento, antes que su voz. Así, se armó de tanto valor como pudo, respiró profundo, y esta vez lo dijo lo suficientemente fuerte para que sus palabras llenaran la habitación con ternura—. Te amo.

[Continuará…]