Capítulo 17. Flor de fuego

Una leve brisa nocturna acariciaba con suavidad las copas de los árboles. Aquella parte del bosque, recóndita, escondida entre altas colinas, estaba siempre silenciosa y más a aquellas horas. Entre la espesura apenas se podía percibir más que el canto de los grillos y el esporádico y muy puntual ulular de una lechuza. La oscuridad era bastante intensa, penetrante especialmente allí donde más denso era el ramaje de los árboles. Entre la frondosa vegetación y la sombra de las colinas apenas unos pocos y esporádicos rayos de luna llegaban ocasionalmente a rozar el suelo.

El unicornio avanzaba con cuidado, iluminando sus pasos con la luz de su cuerno y vigilando bien por donde pisaban sus cascos. No sólo pretendía esquivar tropezar con alguna piedra o raíz que sobresaliera, también permanecía con vista atenta por si atinaba a ver alguna extraña planta o una flor curiosa que pudiera resultarle interesante. Aquel pony tenía mucha experiencia explorando bosques y frondas diversas por toda Equestria. Estudioso de la vegetación, sabía que existían flores que sólo bajo el manto de la noche mostraban su auténtica esencia o valor. En sus costados, en dos alforjas, llevaba ya recogidas con cuidado algunas muestras que le habían despertado curiosidad por su aspecto, forma o color.

Aquella noche, además, estaba a la caza de una planta muy determinada. Se trataba de una pequeña raíz gruesa que alimentaba, a corta distancia de la tierra, unas pocas pero grandes y alargadas hojas de un tono entre verde aguado y un suave turquesa. Sin embargo, y de ahí que le resultará llamativa, en las noches de luna llena, bajo la luz de este astro, brillaba su interior con un extraño y curioso tono anaranjado brillante e intenso, que recordaba al fuego, de ahí que la llamaran "flor de fuego", aunque su aspecto ordinario pareciera poco merecedor de tal denominación. El unicornio podría haber empleado la magia para intentar acelerar la búsqueda, pero le gustaba el tanteo a casco de la tierra.

Estaba, pues, deambulando a su ritmo, explorando y registrando un pequeño claro, cuando el sonido de unos pasos, resonando con claridad a través de la oscuridad, le llamó la atención. Al escucharlo, se detuvo en el acto y alzó la cabeza, escudriñando a través de la espesura en busca del origen de aquel sonido. El ritmo del ruido era más rápido según la fuente se acercaba y cada vez percibía con más claridad que se trataba del sonido de unos cascos muy similares a los suyos. Debía ser de un pony o de algo muy semejante en todo caso. El unicornio se preguntó quién podría estar por allí a esas horas… Supuso que otro interesado en la botánica. Le despertaba cierta curiosidad averiguarlo, pero ninguna preocupación. A aquel pony muy pocas cosas le privaban del sueño.

Finalmente, Herbal vio con interés como una cebra aparecía ante él, surgiendo de entre varios altos arbustos. Le resultaba inesperado ver a una cebra por aquellos lares, tan lejos de su tierra natal, pero era un pony al que le gustaban bastante las sorpresas. Sin embargo, a pesar de la distancia, su peinado y los colgantes y anillas que llevaba, hacían parecer que seguía practicando sus tradiciones. Eso hacía que aquel encuentro fuera potencialmente más interesante. Así pues, nada más la vio acercarse, fue él mismo a su encuentro.

-¡Ey! ¡Buenas noches!-le saludó alegre-¿Qué tal? ¡Vaya sorpresa! No esperaba ver a una rayada por estas tierras. Yo me llamo Herbal y estoy encantado de conocerte-añadió, presentándose al tiempo que le guiñaba un ojo.

-El saludo te he de devolver, viajero; antes de que camines y retomes tu sendero-le respondió su interlocutora. Su tono de voz era muy llamativo, conservando pleno el acento propio de su lengua-Con extrañeza a un pony en la noche me voy a encontrar, que por estos bosques no es seguro bajo la luna marchar.

-Oh… Esto… Ejem-se aclara la garganta-Herbal no teme por nocturno camino explorar, que es pony aventurero; mas ahora quiere saber…cuál es tu nombre y de tu casa el paradero-ríe.

-Me llamo Zecora y en este bosque tengo mi resguardada morada; mas no pueda entrar a ella el que me llega con sorna y bufonada.

-Oh, perdona. Realmente no quería ofenderte-rectificó en seguida Herbal, dejando de imitar el hablar rimado de la cebra.

-¿Por qué en la noche te encuentro entre estos árboles? ¿Qué causas pueden traerte a la espesura con sus peligros, que fines tan particulares? Si me lo cuentas y bien me lo haces saber, puede que con presteza en mi ayuda pueda haber.

-¡Oh, suena genial, monada!-aquella palabra hizo que la cebra alzara las cejas, momentáneamente sorprendida-Pero en realidad no necesito ayuda. Sólo estoy a ver qué encuentro, si entiende los que quiero decir. Buscando plantas interesantes para mis prácticas alquímicas.

-Así que tengo ante mí a todo un alquimista, que de cada cosa busca y utiliza en mezclas la esencia misma. Pues digo que si alguna planta has de encontrar, yo conozco bien las que aquí crecen y pueden medrar.

-Estoy buscando la llamada flor de fuego, pues me parece que aquí se reúnen las condiciones más favorables para que crezca que he visto fuera de Hiponia, pero de momento no he encontrado ningún ejemplar.

-En balde no caminas completamente, de flores buscador; pues esa planta crece aquí y no desprovista de esplendor. En sólo uno de los valles menudos y sombríos, en torno a un lago y al agua vibrante de los ríos; hay explanada y vasta arboleda, en que tal flor sobre las piedras crece y con otras se enreda. Pero bien no te has encaminado, y tu paso se aleja cada vez más errado.

-¿Puedes indicarme, entonces, dónde crece?

-Tarde es y la noche muy avanzada se encuentra, que es tiempo de que a un pony la cama le reciba y envuelva.

-¿Es qué está muy lejos?

-Un equino sabio y prudente, no acometerá nada que le lleve a un accidente.

-¿Eso es que sí? Bueno… Si hace falta, puedo esperar hasta mañana. ¿Dónde decías que vivías, que vaya a buscarte cuando salga el sol?

-Para aquel que el bosque desconoce, la de mi casa parecerle puede ruta oscura y lóbrega como la noche. Si en la posada del pueblo permaneces, allí iré y te conduciré donde apeteces.

-No estoy alojado en ningún sitio. Llevo mi saco de dormir conmigo y me tiendo a descansar cuando quiero y donde quiero. Aquí mismo si hace falta.

-Sensato no sería tal decisión, dormir cual irreflexivo dando a mil peligros gratuita ocasión.

-Es que ahora mismo estoy sin ningún bit para poder pagarme una habitación-le dijo sinceramente el unicornio, aunque indiferente a la vez como si el problema no le afectara. Como si ni siquiera fuera un problema. La cebra le miró detenidamente, meditando en su mente sobre qué decisión tomar entre dos que se le plantaban: o desentenderse de aquel extraño unicornio o…

-Realmente no voy a poder bien descansar, si aquí a la intemperie sin mi ayuda te voy a dejar. En mi cabaña un techo podrás encontrar y un tazón de sopa caliente para tu hambre aliviar.

-Um… Pues hace tiempo que no pensaba en eso… Pero ahora que lo mencionas…-se rasca la tripa-Realmente no lo desdeñaría-ríe.

Sin añadir nada más y ante la respuesta afirmativa del pony, la cebra se dio media vuelta y emprendió su camino hacia casa, seguida a paso rápido por Herbal. Apenas había algo de luz que llegaba del cielo y no parecía haber ninguna marca de terreno o señal que permitiera orientarse por el bosque, pero Zecora parecía marcar sabiendo muy bien por donde y hacía dónde iba. El unicornio, a su vez, iba tras ella mientras le contaba algunas de sus anécdotas…

-Y entonces fue cuando llegue a Griffonstone-decía-Te lo aseguro, es un sitio que se cae a pedazos. Todo está viejo y echo polvo. ¿Y qué decir de los grifos? ¿Quieres saber lo que pienso de los grifos? ¡Pues dame un bit primero!-rió-Ni te saludan si no van a ganar alguna moneda. Aunque he de admitir que los ponies de Karnakmare no son mucho mejores en ese sentido.

-Veo que lejos tus cascos te van llevando, entre tierras muy distantes viajando.

-Así es. Intento ir a todo lugar en que pueda aprender algo que mejore mi magia y mi don. Tengo muchos amigos por toda Equestria, pero no soy de apegarme a ningún lugar concreto.

-Mientras entre tanto caminar, las enseñanzas ganadas puedas hacer germinar... El aprendizaje que no sale a relieve en la acción, es como desierto remoto custodiado por bien nutrida guarnición.

-Desde luego, desde luego-asintió rápidamente Herbal-Estoy completamente de acuerdo con lo que dices-tras un breve momento en que la cebra no volvió a decir nada, el pony volvió a romper el silencio-¿Te has encontrado alguna vez una flor con aroma a chocolate o a muffins recién hechos?

-Extraños para una flor son esos olores nombrados, a menos que por un ardid o magia sean a ella agregados.

-Es uno de mis pasatiempos favoritos-dijo el unicornio, muy orgulloso de su habilidad-El cambiar y modificar, para mejor, las propiedades de las flores, a través de sus propias propiedades canalizadas por mi magia.

-Oído y leído he cosas semejantes, de magias antiguas y arcaizantes. Un libro tengo que muchos temas tales trama; de la materia y propiedades en cada rama.

-¿Y ya que estamos, me dejarás echarle un vistazo?

-Todo ya se ira viendo, cuando tiempo vaya siendo-fue su respuesta.

-De acuerdo…-asintió el unicornio.

Finalmente, llegaron ambos a la cabaña de Zecora. Al entrar, el pony recorrió el pequeño lugar con interés, mirando con curiosidad las máscaras, los estantes con las pociones, los ingredientes y las redomas, el caldero en el centro de la estancia, etc. Al entrar, la cebra echó un vistazo a como marchaba el contenido de la gran olla, que hervía lentamente y la removió con un cucharón.

-¿Qué poción estás preparando?-se asomó Herbal también.

-No se trata de pócima elaborada, sino de una sopa bien guisada.

-Um…sopa…

-Mientras la cena se va preparando, ¿por qué en ese rincón no te vas instalando?-le señaló la cebra una zona de la cabaña a la que parecía no darle uso.

-Me parece bien-le respondió el unicornio, que dejó allí sus alforjas y desenrolló su saco de dormir-Vaya… Tienes muchas cosas interesantes… Una vez estuve en una aldea de cebras y esto parece directamente sacado de allí-comenta.

-La casa de una cebra viene siendo, que yo mi tierra bien presente siempre tengo.

-Ya lo veo…-se acerca a la mesa de trabajo en que Zecora elabora sus pociones-Vaya… Conozco muchas de estas plantas, pero otras no termino de reconocerlas.

-Puesto que interés vas mostrando, quizá te lo pueda en otro momento ir enseñando; mas no es tiempo esta noche para clases impartir, sino para tomar buena cena e irse ya a dormir.

-Como digas…-mientras la cebra le hablaba, el pony extrajo de una de sus alforjas una pequeña flor de pétalos triangulares y de color turquesa que le acercó a la cebra-Comprueba esto-le dijo sonriente, acercándole la pequeña planta, que despedía aroma a muffins.

-No deja de resultar no poco extravagante, mas no se puede negar que subyaga a ello una magia fascinante.

-¿Fascinante…como yo, no?-le dijo, pícaro, Herbal, obteniendo como respuesta una mirada escéptica e irónica por parte de la cebra. Ríe-Tranquila. Era una broma.

-Sois un pony bromista y gracioso, mas para la noche el silencio es regalo precioso,

-¿Me estás diciendo que me calle?-le preguntó, sonriente, mientras la cebra se centraba en el caldero, dándole lentas vueltas con un largo cucharón de madera-¡Oh! ¡Tengo una idea!-se dirige a su equipo y vuelve con un pequeño saquito de tela-¿Y si le añadimos unas setas a la sopa? Las compré a un tendero cuando pasé por Mareville hace unas semanas. Están muy buenas. ¡Oh! Si las mezclamos con un poco de pimienta negra seguro que el resultado será de rechupete.

-El guiso ya está bien especiado, no creo que sea apropiado-empezó a responder, mientras meditaba sobre aquello que podía esperar que hiciera tan particular pony.

-¡Oh, vamos, le dará un toque muy gustoso!-se acercó a la mesa en que la cebra tenía su instrumental para preparar pociones-Seguro que tienes que tener un mortero por aquí…

-Junto a la gran redoma redonda, ahí, un mortero encontrarás que hay-le indicó-Pero la sopa está preparada, no es tiempo de que sea sazonada.

-Ya me lo agradecerás después-volvió a acercarse Herbal mientras machacaba en el mortero con golpes fuertes y rápidos las setas con los granos de pimienta, hasta obtener una pequeña masilla entre grisácea y negra-Quizá no sea un gran chef, pero algo de cocinar sé y me gusta experimentar.

-Si haces de la cocina un juego, ¿qué tal haces con la alquimia pensar debo? La magia para nada es un juguete, y en cascos irresponsables que esté no conviene.

-Oh… Me recuerdas a la vieja Trankare. Ejem…-imitó una voz vieja y carraspeante- "La alquimia aydara no es un capricho para que te diviertas", "No mezcles estás plantas entre sí, ¿no ves que no sabes qué puede ocurrir?" "¡Por la Diosa! ¡¿Es qué no ves que la casa se está llenando de humo?! ¡Abre una ventana!"-rió la final, recordando por lo visto alguna anécdota que le parecía divertida.

-¿De alquimia aydara eres practicante? Pensaba que nadie quedaba que fuera de ella estudiante, sin contar a los que en bibliotecas de viejos cimientos van en busca de adquirir y asombrarse de antiguos conocimientos.

-Es verdad que no somos muchos, pero en mi pueblo aún quedan algunos que se dedican a ella. Procedo de Witchcraft, una pequeña aldea en las laderas de las montañas de Fuego. Supongo que no te sonará de mucho.

-Supones con correcta certeza, pues tal nombre nunca ha llegado por mis oídos a la cabeza-finalmente, considera que la sopa está lista y apaga el fuego con unos rápidos movimientos, cubriéndolo de tierra.

-¡Eh! ¡Al final no le añadí las setas!-se quejó con cara de disgusto Herbal mientras seguía machacando y mezclando setas con pimienta en el mortero. Pero fue un instante y al segundo volvía a estar sonriente-Bueno, no importa-dejo el mortero sobre la mesa sin darle más importancia-Pues Witchcraft, como te iba diciendo, es un bonito pueblo de casas de piedra que se extiende al pie de una gran montaña de aspecto rojizo y justo al lado de un gran y selvático bosque muy interesante y muy rico en gran variedad de plantas y animales. Aunque algunos son peligrosos, como los flintbears. ¿Has visto alguna vez un flintbear? Tienen unas garras afiladas con las que podrían talar árboles. Y son tan grandes que al embestir pueden atravesar hasta duros muros de piedra. Lo he visto con estos ojos, te lo prometo.

-No hay necesidad de prometer, que no se me ofrece duda para en lo que me cuentas creer-le dijo Zecora, que en realidad no estaba segura de cuánto de lo que decía el unicornio sería realidad y cuánto fantasía, mientras servía dos cuencos a rebosar de sopa y le tendía uno a Herbal-Dejemos la charla y cenemos, que acostarnos pronto así podremos.

-¿Acostarnos? Uh…-reaccionó éste, entre burlón e insinuante-Es algo…pronto para mí, pero si de verdad es lo que quieres…-empezó a decir, callándose rápidamente al notar la mirada fulminante de la cebra-Eh… Quería decir que sí, que yo también tengo sueño.

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