Buenas noches:
Pues amigos, he terminado al fin con el nuevo capítulo. me costó escribir, pues no tenía tiempo y las ideas no se ordenaban bien.
Ya estamos entrando en tierra derecha. Quería dejar este capítulo en dos partes, pero me dije que iba a ser mucho para ustedes. Espero que les guste mucho.
Este capítulo se lo dedico a Victoria razo, a la cual no le di regalo de cumpleaños, y además le quiero dar un consuelo, ya que Ed Sheeran aún no anuncia gira para México.
Un abrazo para todas y todos y que tengan una feliz navidad.
le dejo el tema incidental de Viktor Krum. la canción la pondré en el capítulo que corresponda. es I Don't Wanna de la banda que inspira casi todos los capítulos Within Temptation.
watch?v=1DZurOiDNyA
Besos
Yaem Gy
Capítulo 38: El precio del amor
El sudor frío le bañaba la frente. Todo el camino a casa se mantuvo mudo, mirando por el rabillo del ojo a toda su escolta. Nunca como en ese momento se sintió como un prisionero.
Ni siquiera en su más terrible pesadilla, había pensado que los de su propia estirpe pudieran albergar tanta maldad como Lestrange.
El ministro le había engañado. Le había mostrado una carpeta con argumentos e intenciones muy distintas a las que aquel muchacho le había descubierto.
Era todo abominable, desquiciado. Él no podía participar de algo tan horrendo.
Tendría que tomar cartas en el asunto a la brevedad posible, pero ahora era otro el tema que acuciaba su corazón.
Esa misma tarde buscó enfrentar a Briana. Ella le había ocultado algo, (una cosa más entre todas las que ella callaba, tal vez) y Lestrange lo sabía. Ella había adivinado en su rostro que un vendaval se le vendría encima, por lo cual se había refugiado en su cuarto. Pero Viktor no iba a permitir más esta agónica situación.
Abrió la puerta a la fuerza, valiéndose de la varita. Briana se había asustado y había movido los muebles para interponerlos entre ellos. Estaba pálida, muy pálida.
Vas a decirme que te pasa ahora. No quiero silencios ni mentiras.- le dijo en búlgaro, pero en tono brusco- ¿Qué me ocultas, Briana? ¿qué?
¿Ocultar? no sería la única que oculta algo.
Esas palabras penetraron el intestino del hombre.
Pues bien, dime tu secreto y yo te diré el mío.
Ahora ella abría enormemente los ojos, asustada. Había juntado las manos, abrazando su varita. Buscó algo con la mirada, tal vez una idea, un ardid para salir de esa situación. Viktor esperaba, la varita que había mantenido en alto ahora descansaba en uno de sus costados.
Entonces ella caminó hasta su mesita de noche y sacó un papel.
Ya sé porqué te casaste conmigo.
Siempre lo has sabido. Te amo. Nunca te he ocultado eso.
No… no es así. Te descubrí, Viktor. No quería decir nada, tengo tanto dentro que ya no quería más confrontaciones, pero ahora siento que merezco un poco de dignidad.-
No te entiendo.
Briana movió su varita y le mandó el papel a Viktor.
Viktor tomó la hoja y la miró. El hielo cayó sobre su cuerpo como un balde de agua. levantó la mirada y la dirigió a la mujer.
¿Cómo conseguiste esto?
No importa cómo lo conseguí, Viktor. Lo que me sorprende es que hayas usado tus influencias para que cualquier tipo de lectura relacionada con Hogwarts fuera proscrita en Bulgaria- Ella le mostró un libro viejo que también sacara del cajón- ¿Así pretendías mantenerme engañada toda la vida? Nunca olvidaste a Hermione. Nunca.
Krum tragó saliva. pestañeó repetidas veces. Se vio vulnerable ante esa evidencia. Estaba sorprendido de Briana, de sus métodos para conseguir verdades.
verdades…
¿Dónde conseguiste ese libro?
En la librería. Es una edición muy antigua. No tiene nada relacionado con ella.
¿Cómo conseguiste la foto?
De otro libro que ya no tengo en mi poder. Pero ya te dije que eso no es lo importante. Te acercaste a mí solo para tenerla a ella.
Cariño…
Me dijiste que la quisiste, pero que no la amaste. Que te había dolido su muerte. Sí, tanto te dolió que tuviste que encontrar un reemplazo de ella. Me usaste… solo soy una muñeca… una tonta muñeca.
Las lágrimas bañaron el pálido pero aún bello rostro de la castaña. Ella intentaba quitarlas pero su tarea era infructuosa, más y más acudían para ahogarla.
Yo te amo, Briana. Eres la razón de mi vida. Mi dueña, mi aire. Yo te puedo explicar...
No tienes como hacerlo. Ella amaba a otro y tú entonces me encontraste y te empecinaste en tenerme. Como no podías tener a la original, te conformaste con la copia. Solo soy un reemplazo. Desde el principio he sido solo un nexo para llegar a ella. Usada, más nunca amada… nunca.
Briana se sentó en la cama y se dejó llevar por el llanto. Esto le permitió a Viktor acercarse y arrodillarse a los pies de su esposa. Seguía apretando la foto en la mano y buscó las de ella para besarlas. Briana no se lo impidió. Pero evitaba mirarle.
Amor mío. Fue coincidencia todo. Yo te amo a ti. A ti. A la mujer con la que he vivido por siete años. Ella murió. No existe. Solo estás tú. Y yo te amo solo a ti.
¿Por qué no me dijiste que me parecía tanto a ella?
Porque soy un imbécil. Tuve miedo. Mira, has reaccionado tan mal ahora que sabes que ella y tú eran idénticas. Dudas de mi amor. Dudas…
Sí, dudo. Hay tantas pruebas que están en mi contra. Solo soy un espejo. Para todos los que la conocieron, solo soy su reflejo. La ven a ella… no a mí.
Viktor no dejaba de besar las pequeñas manos. Todo él temblaba. Estaba aterrado.
¿Es por eso que me has evitado tanto tiempo?- le preguntó, mirándola.
Ella se mordió los labios. ocultó sus ojos a él.
No quiero seguir hablando. No me siento bien.
Briana…
Déjame, Viktor.
No… tenemos que hablar… dime… dime, amor.
A duras penas ella aspiró aire. De pronto un decaimiento la atrapó. Viktor la abrazó en ese instante y lentamente la acostó en la cama.
¿Qué tienes?- le preguntó, alarmado.
Estoy enferma. Enferma del alma, del corazón. De la tristeza. Déjame sola. vete.
No.
Por favor.
Me quedo a tu lado.
No, Viktor. No quiero.
Pero yo te amo…
¡Pero yo no!
Y Briana se escondió bajo la almohada para llorar a destajo. Viktor la soltó, impactado por aquella frase. Sentía como si le estuvieran cortando el pecho con punzones.
Mentira. Solo lo dices porque estás herida. Tu me quieres. Me amas.
No, Viktor. No te amo. Nunca te he amado.- Dijo ella alzándose para mirarle desesperada- Mi corazón nunca latió contigo. Y ya no soporto eso. me siento tan vacía. Tan perdida. Nunca llenaste el espacio que tengo en el pecho. Este es mi secreto. Ya no quiero ocultarlo más. Déjame… no quiero tenerte cerca. Vete.
Él se levantó. oprimió la hoja en el puño. Estaba mortalmente herido.
Mañana estarás mejor, estarás más tranquila y hablaremos. No creo tus palabras. No las acepto. Descansa. mañana arreglaremos todo.
Salió del cuarto pero no tuvo tiempo para mirarla. Briana había cerrado la puerta con un hechizo.
Caminó aletargado y sin rumbo por los pasillos de la casona. Sentía el dolor royendo su corazón. Una asfixia tormentosa le tomó por sorpresa.
Una asfixia conocida.
Se encerró en su despacho y abrió las cortinas. Una noche estrellada se presentó ante él. Abrió las ventanas. Necesitaba aire.
Se derrumbó en la silla. No podía asimilar la confesión de Briana. No podía aceptar que después de tantos años haciendo de todo para consentirla y adorarla, ella no le amase siquiera un poquito.
Había hecho tanto por ella. Había hecho lo peor por ella.
Aun recordaba como si fuera el día de ayer todo lo que había pasado. Él se había encandilado con la sencillez y la belleza de Hermione Granger; él, quien lograba que todas las chicas suspiraran, había caído a los pies de la única chica que no lo hacía.
Hermione se había tornado en algo tan enorme que él se había empeñado en conseguir su corazón.
Pero el moreno no había contado que un chiquillo menor, de andar torpe y atolondrado, sería el peor de sus rivales. De nada sirvieron su fama y su atractivo, ella había entregado su cariño a ese pelirrojo que ni siquiera le llegaba al hombro en ese entonces.
Derrotado, se había ido de gira con el equipo de Quidditch. Quería olvidar a esa linda castaña. Entonces, cuando estaba haciendo partidos de exhibición en Sudáfrica… conoció a Briana.
Era una chica tranquila, observadora, hasta un poco distante. Pero con fuertes convicciones. Se habían hecho amigos y con ella al fin Viktor se empezó a sentir feliz. Briana llenaba sus momentos de soledad, le sonreía, le quería…
Decidió hacerla su novia, ya nada sacaba con albergar esperanza alguna con Hermione. Entonces, empezaron un agitado noviazgo, pues Viktor debía viajar constantemente entre Sudáfrica y Bulgaria para verla.
El tiempo fue pasando y él, a pesar de su decisión, aún seguía pendiente de los acontecimientos en Reino Unido. La última vez que había visto a Hermione, había sido para la boda de su amiga Fleur y todo había terminado abruptamente con el ataque de los servidores del catalogado Innombrable. Viktor no le tenía miedo, no pertenecía a ninguno de los dos bandos, pero sabía que si ese mago ganaba la guerra en Inglaterra, su antiguo amor estaba sentenciada.
Fleur cada vez que podía, le daba noticias. Pero ese año el mutismo era lo principal en su comunicación. Ella solo se limitaba a decir siempre "Nada sé de ella desde que escapó de la boda con Haggy y tomada de la mano de Gon".
Los meses fueron afianzando la relación entre Viktor y Briana, y todo parecía mejorar, pero su novia vivía en un país en donde la segregación racial todavía no podía ser erradicada por completo. Si los muggles aun tardaban en reconciliarse entre ellos, los magos eran peor.
La familia de Briana era conocida por aceptar de muy buen modo a los hijos de Muggles. El sr Logan luchaba por la reivindicación de los derechos de estos, lo cual le había granjeado más enemigos de los que se pudiera imaginar.
Viktor estaba en Bulgaria cuando un amigo de la familia Logan se comunicó con él por el fuego de la chimenea, para decirle que había sucedido una desgracia. El joven viajó sin demora a Sudáfrica y lo que encontró fue aterrador. Los padres de su novia habían muerto en un inexplicable accidente. Briana agonizaba también de manera ilógica. Los medimagos habían hecho de todo por liberarla de sus lesiones, pero están no curaban. Además, una fiebre extraña la había tomado prisionera.
Viktor buscó por todos lados algún remedio, mas, nada daba resultado. Briana moría ante sus ojos, irremediablemente.
Ya no quedaba tiempo. cada hora, cada minuto era precioso. Viktor, derrotado, solo atinaba a mirar dormir a su cariño tomándola de la mano. Todo su mundo se derrumbaba. Briana estaba a las puertas de la muerte, Hermione solo la esquivaba por ahora escondiéndose.
Aun en esos momentos de aflicción, Viktor escuchó la noticia de que en Inglaterra el final era inminente. Hogwarts se alzaba y el Innombrable tomaría por fin la cabeza de Harry Potter. Una mujercilla entró en la habitación, era una vieja chamana que esa noche había llegado a atender a la muchacha. Fue solo verla y descifrar de inmediato su mal.
Es un hechizo, se la come por dentro. Lo del accidente es solo distracción. Su sangre está mancillada, se ha vuelto negra, y ya tiene casi muerto el corazón.
¿Cómo lo sabe?
Mira, su brazo- la cara interna del brazo tenía una leve marca, como si fuera la pequeña picadura de un insecto. A nadie le había llamado la atención.- es magia vudú, de la más negra. Le han inyectado una poción a base de sangre de alacrán con hierba de Belladona. Mi abuela sabía hacerla. No fue una buena mujer.
Ayúdela. Si sabe lo que tiene, cúrrela.
No puedo. Nunca aprendí ese conjuro. Fue prohibido. Los magos ingleses se robaron este secreto antiguo de mi pueblo. Los viejos que lo conocían fueron asesinados, con el pretexto de que eran brujos horrendos. Los Ingleses escribieron el secreto de su fórmula y su antídoto en un libro muy negro que se llevaron con ellos.
Víctima de la desesperación, Viktor la había tomado de los hombros, zamarreándola.
¡Tiene que haberr algún antídoto! ¡Haga el conjurro!-
Ya le dije que no puedo. Pero sé quien puede. Es un mago inglés, él vino hace muchos años a investigar. Es un hombre muy noble. Un buen viejo.
Mujerr, por Merrlín, dígame quien es… debo irr porr él.
Dumbledore- Viktor se había puesto pálido, ni siquiera se movió. El solo escuchar el nombre de Dumbledore le había derribado por completo. El anciano mago ya había muerto; ya casi llevaba un año muerto.- Él vino con el libro en sus manos. Yo lo atendí. Tomó trozos de Baobad, que es el único ingrediente que yo sé que se usa en el antídoto. Me dijo que había aprendido bien el conjuro, y su remedio, pero que nunca revelaría nada, que era mejor no saber algunas cosas. Que su única intención era conocer el secreto a la perfección para poder usar el antídoto en el momento apropiado. Búsquelo. Él puede salvarla, pero vaya ya. Las mejillas ya casi están grises.
Viktor se había llevado ambas manos al rostro. Todo estaba sentenciado, estaba a un tris de la locura, pero entonces, algo pasó por su mente.
El libro… ¿Dumbledorre se llevó el librro?
Sí, dijo que lo guardaría en caso de necesidad. Allí están los peores y mejores secretos de mi gente. El que posea ese libro, puede doblegar una nación con solo un par de hechizos.
El moreno no esperó más. Gracias a su fama, consiguió un traslador en tiempo record. en cosa de minutos estaba en Escocia y se vio de golpe inmerso en la guerra. Ignorando todo y a todos, buscó en todos lados el posible lugar en donde el ex director pudiera conservar algo tan valioso como dañino.
Corrió por los pasillos, eludió los estallidos. De improviso se había cruzado con Fleur, quien también corría pero con motivos muy distintos a los del búlgaro. A pesar de que cada uno estaba abrumado por los dolores y presiones propios, se abrazaron en medio de la refriega. Ella le comunicó que Hermione estaba en el castillo y que peleaba en esa funesta guerra de la mano de Weasley.
Lo lamento, Vigtog-
Ya no imporrta. Ahorra otrro amorr me empuja a hacerr lo desesperrado. Debo irrme. Cuidate. Deseo con todo mi corrazón, que ganen esta guerra.
Pego, ¿a dónde vas?
Al único lugarr que esperro esté intacto en este infierrno. Adiós.
Tanto era el ajetreo en Hogwarts que solo Fleur había reparado en la presencia de Viktor en el castillo. Los demás, peleaban o escapaban del fuego y de los hechizos. El búlgaro llegó a la biblioteca y buscó en forma frenética en los estantes. Entró a la sección prohibida y arriesgó sus manos entre los libros siniestros. Pero, el lugar estaba lleno de libros negros y aterradores, mas, ni uno de ellos correspondía al que la anciana le describiera.
Y ya casi no le quedaba tiempo.
Presa se la angustia, descontrolado por el estrés de verse en medio del caos y de la muerte, el joven se había puesto a golpear los muros. De pronto, toda la biblioteca tembló, y Viktor cayó en la cuenta de que Hermione estaba casi en las mismas circunstancias que Briana. Ambas estaban en peligro mortal.
La mente de Viktor estaba en Sudáfrica, su corazón, en algún lugar de Hogwarts, peleando. A ambas las amaba. No quería que ninguna muriera.
Sacudió la cabeza. Era Briana quien lo necesitaba, no Hermione. Ella estaba al lado del pelirrojo, y sí éste la amaba la mitad de lo que él la quería, la defendería con uñas y dientes. Entonces Viktor había ordenado sus prioridades. Su amor era para Briana. Y tenía que encontrar el libro como fuera para salvarla.
Ya en total descontrol de su voluntad, había levantado su varita. Pronunció un Accio y un deseo profundo de su corazón.
Dumbledorre, Dame el librro parra salvarr un buen amorr… Accio-
Todos los libros de la sección prohibida se habían estremecido. De todos salieron luces púrpura. Saltaron en sus estantes y cayeron al suelo para luego levantarse, y allí, atrás de todos los estantes, y junto al muro, se abrió un boquete. Un libro espeso, de hojas de borde verde apareció. Sus tapas eran de un negro tan profundo, que ni la oscuridad más profunda hubiera podido rivalizarle. el libro zigzagueó en el aire y quedó levitando a centímetros de sus manos.
Entonces, un golpe en la nuca le había hecho caer con todo su peso al suelo.
Semi inconciente, Krum pudo ver una sombra negra que tomaba el libro, para luego soltarlo como si éste le quemara. Vio como esa sombra soplaba sus palmas, que empezaban a ampollarse.
Maldito Dumbledore. Hechizó el libro, pero no importa.
Rodolphus Lestrange se sacaba la capa y con ella envolvía a duras penas el objeto de su codicia., pues el peso del libro era insoportable. La capa empezaba a humear. El encantamiento la estaba quemando.
El Mortífago, Sintiendo el dolor del fuego a través de la tela, había cargado el libro en sus brazos, para marcharse. Pero a cada paso, el peso aumentaba.
¡No!- gritaría el buscador de Quidditch- ¡Dámelo! ¡Tengo que llevarrlo a Sudáfrrica!
Luchando contra el mareo, Viktor se había levantado e intentaba alcanzar a Lestrange. Éste, al ver que ya casi estaba en las manos del búlgaro, pues el dolor que ya sentía en los brazos y el pecho, gracias al libro incandescente, sumado al exorbitante peso, no le permitía, había tomado su varita y lanzado una Bombarda que había hecho explotar en llamas la biblioteca. Viktor, de reflejos rápidos tras años de práctica de Quidditch, Supo esquivar el infierno en que la biblioteca se había convertido.
Saldrían los dos de allí, dejando al fuego devorar siglos de sabiduría. Lestrange seguiría batallando para avanzar, pero el dolor y el peso ya eran incalculables. Lanzaría el libro lejos para gritar su tormento. Entonces el búlgaro pasaría de él para ver como los últimos trozos de tela se consumían en el ardor que de las tapas negras afloraran.
Viktor acercaría su mano temblorosa, en contra de su instinto de preservación, y cerrando los ojos tocaría el macabro libro, pero no sentiría dolor alguno. Es más, ante su tacto el empastado estaba fresco.
No quema- había susurrado, sorprendido.
Detrás de él, Rodolphus también se sorprendía. Mientras él agonizaba por las quemaduras y el cansancio, Krum tomaba sin dolor alguno el libro, y con total ligereza.
No puede ser. ¿Por qué a ti no te alcanza el hechizo?
Eso no me importta. Adios.
Viktor guardaría su tesoro en el morral que llevaba consigo y empezaría a correr, pero la voz de Lestrange lo detendría.
No vas a poder hacer nada. Yo conozco ese libro. Está cifrado y sólo un experto en magia negra puede interpretarlo. Aún no conoces toda la magia. Será inútil realizar cualquier hechizo. Me necesitas-
Krum solo le miraría. Luego reanudaría su carrera. Él sabía de magia negra, Su mentor, Igor Karkavor, le había enseñado en Durmstrang. No era experto, pero haría lo imposible por realizar el antídoto para salvar a Briana.
O moriría con ella.
En Hogsmeade, luego de salvarse de una muerte segura, abrió el libro. Lo revisó por muchas hojas y cayó en la cuenta que era imposible leerlo. Estaba en un lenguaje por completo desconocido para é ó hechizos, pero era inútil. El libro no revelaba sus secretos.
Se sumiría en el abismo. Quizás para esa hora Briana ya estaría muerta. Todo había sido en vano. Todo.
¿De qué me sirve este libro si no puedo leerlo?- empezó a llorar, derrotado.
De todos modos se iría a Sudáfrica. Tal vez la anciana si pudiera interpretar esos caracteres en runas endemoniadas.
Pero su mente no dejaba de recordarle a Lestrange. ¿Y si lo intentaba?
Resguardaría el lugar contra todo peligro y saldría en busca del mortífago. volvería a Hogwarts para encontrarlo, pero lo hallaría antes, rengueando entre los árboles.
Estaba herido. Con quemaduras y sangrando por el costado. Estaba débil. Pero parecía demasiado asustado como para enfrentarlo.
¡Krum! Volviste por mí. Lo sabía… sabía que recapacitarías- sonreiría aliviado el vasallo de Voldemort.
¿Porr qué aún sigues herrido? ¿Nadie de los tuyos te auxilió?
He huido. Pero tú puedes salvarme. He perdido mucha sangre.
Dime como trraducir el libro.
Lo haré, pero primero me salvarás.
No puedo, pero puedo curarte si traduces un antídoto.
¿Antídoto? ¿Sólo buscas el libro por un antídoto?
Curarré todas tus herridas si me dices como salvarr a la mujer que amo. Perro debe ser pronto. Te desangrras.
Sacame de Reino Unido y yo mismo la salvaré.
No
¿Qué no entiendes? El amo ha vencido. Potter está muerto. Me matará porque he fallado. Él no perdona. Debo irme.
No lo quiero tras de mí por ayudarte.
Entonces tu novia y yo moriremos juntos.
Ya casi era el alba. Las horas había pasado sin piedad. tal vez a Briana solo le quedaban minutos.
Sálvame y yo salvaré a tu mujer. Su vida está en tus manos.
y Viktor ya no tendría otra salida. Con rapidez detendría el sangrado y aplicaría Dictamo en las quemaduras. En minutos Rodolphus Lestrange estaba completamente sano. Al encontrarse de nuevo frente al libro, intentaría robarlo otra vez, pero éste le quemaría una vez más. Entonces Viktor lo abriría y Lestrange había sonreído. Si podía leerlo.
Ya no quedaba tiempo. Viktor tomaría el traslador que tenía y se llevaría consigo al mortífago. En breve tiempo ambos estaban en Johannesburgo, junto a la agonizante Briana.
Pero la chica ya tenía la piel casi negra.
Ya es tarde- diría la anciana que no la había dejado sola ni un instante
No, diría Lestrange. Aún estamos a tiempo.
Lestrange era un tramposo. Y quería el libro y lo tendría a como fuera lugar. Mientras hacía el conjuro para salvar a Briana, el libro había obrado en su contra otra vez. Intentando cegarle. Entonces no le había quedado más remedio que pedirle a Krum que dibujara las runas en otro libro para así leerlas. Y Así trabajaron, uno escribiendo, él otro leyendo. La anciana no pudo ayudar a Viktor porque no sabía leer runa alguna.
Luego de dos días de agobio extremo. Briana reaccionaría. Viktor la contemplaba feliz, pero aterrado. Lestrange se había encargado de atar el hilo de vida de la bruja, a su propia sangre. La de ella estaba mancillada. Con engaños había logrado que Viktor le escribiera el conjuro para maldecirla. había tomado la sangre de la chica y puesto de la suya en ella. Ahora había dos medallones que contenían una botellita cada uno con la sangre de uno y otro.
Lestrange quiso tener ambas botellitas, pero Viktor alcanzó a quitarle la que le pertenecía. Desde entonces el mostífago llevaba el medallón con la sangre de la mujer al cuello. Como su fuera un amuleto.
Le había dicho a Krum, que solo necesitaba romper la botellita y en el acto, la esposa de Viktor moriría, seca como un tronco.
Sin embargo, Lestrange, al hacer ese conjuro, había caído dentro de una maldición. Ya no podría volver a acercarse al libro. Entonces le prometió a Viktor que si le traspasaba todas las runas a otro libro y le entregaba el medallón con su sangre, él le entregaría el que llevaba al cuello.
Así, desde hacía ocho años, Viktor transcribía hoja por hoja. Fue así, que sin quererlo, fue aprendiendo la magia más oscura. Poco a poco, Viktor empezó a entender, a leer. Pronto fue relacionando palabras. Cuando Rodolphus se dio cuenta de ello, volvió a traicionar al joven. Le hizo llegar a un par de hojas en la mitad del libro y ante el horror de Viktor, rasgó cuantas palabras pudo de ellas.
¿Qué has hecho?- diría el joven anonadado.
He borrado las runas que crean el contraconjuro. Ya ni tú ni yo podremos deshacer la maldición que he dejado caer sobre la chica. Pero no te inquietes. Termina de transcribir el libro y yo te daré lo acordado.
Krum ya no tenía salida. El hechizo que liberaría a su amor de las garras del desgraciado Lestrange había sido borrado. Estaba por completo sentenciado a cumplir las voluntades del asqueroso desertor. Ahora no sólo transcribía, también realizaba los hechizos, pues la magia que se realizaba era tan poderosa, que agotaba al que la hiciera. Y Lestrange no quería perder energía.
Le había entregado la traducción de la terrible poción y del escabroso hechizo que serían usados en el arma. Viktor perdería su propia energía en pos de los deseos de Rodulphus.
y año tras año, las hojas del libro transcurrirían por los ojos y manos del búlgaro. Ya no quedaban tantas, quizás veinte y su trabajo estaría terminado.
Pero desde hacía un año que Viktor casi no avanzaba en su trabajo. había notado que de las páginas borradas, volvían a aparecer en forma muy leve las censuradas runas. Costaba un trabajo extremo de la vista poder descifrarlas, pero él luchaba por lograrlo. No sabía cuánto tiempo demoraría, pero mientras no aparecieran todas la runas, él no terminaría el libro.
Así fue que se excusaba con el pretexto de que de tanto estar transcribiendo, su vista también se empezaba a enceguecer con el libro.
Quizás, no quierre que se le rroben todos sus secrretos- Le diría al mortífago.
Pero a pesar de estar pisando en la cuerda floja sin saberlo, Briana se había recuperado por completo. Su salud y su belleza estaban en el apogeo, sus mejillas estaban llenas de sangre y de vida. Sus ojos reflejaban luz a todo lugar. Viktor la contemplaba, la adoraba. Sabía que estaba pagado un terrible precio, pero todo lo valía por ella.
El silencio y la oscuridad lo fueron trayendo al presente. Cuanto tiempo había pasado ya. Suspiró. Tomó la llave que siempre guardaba junto al pecho y abrió el siempre vedado cajón. De Allí sacó el envejecido libro de magia negra, después el medallón que contenía la botellita. Al libro lo alejó de sí mismo. Esa cosa había iniciado su infierno. Por él, le hubiese quemado hacía años, pero dentro estaba el contraconjuro y aún no había reaparecido todas las runas.
Tomó la botellita, quiso quebrarla. contenía sangre maldita. pero no podía tampoco destruirla.
Sentía asco ante la presencia de ambos objetos.
De nuevo la señora Krum se encerró en su propio mundo, expulsándolo. No quería verlo. No quería hablarle. Viktor quería retomar la conversación interrumpida, pero no había caso. Ella no cedía un centímetro.
para colmo, el rigor en el campo de entrenamiento le estaba carcomiendo el espíritu. Estaba ya convencido que era el único que sabía todos los secretos de ambos aliados. El ser el centro de todo ese complot, le consumía.
Aunque estaba muy al pendiente de la suerte del joven espía, ya sospechaba que le atacaban en su ausencia. Quiso volver a tener una conversación con el chico, pero este se mantuvo en silencio.
Y eso le afirmó sus dudas.
Unas noches más tarde, estaba otra vez encerrado en su despacho. El arrepentimiento y la angustia ya no le dejaban en paz. Y la sospecha. Esa maldita sospecha.
Sintió la voz de Briana al otro lado de la puerta. Eso hizo saltar su corazón. Con rapidez se acercó a la puerta para abrirla y verla en el pasillo. Ella regañaba de muy mala gana a uno de los carceleros. Sonrió al ver su ceño fruncido y su naricita altiva.
¿Qué sucede? - peguntó.
Pues que aquí está uno de tus niñeros, quien no entiende que no puede estar en esta parte de la casa.- Dijo Briana con los ojos centelleantes.
Viktor miró al guardia. Este había bajado los ojos para no mirar a sus esposa. parecía intimidado por el ímpetu de ella.
Perdón- fue lo único que dijo, en búlgaro.
Nada de perdón. Usted y sus amigos tienen prohibido venir a este piso. Ya estoy cansada de que estén pululando por toda la casa. ¡Ya me tienen harta.
Cálmate, carriño. El pobre tipo solo intenta hacer su trrabajo- dijo Krum en inglés, para que el hombre no le entendiera- No sabes bajo qué prresiones puede él estarr trrabajando.- Luego miró al guardia, quien ahora le miraba a él- Ya escuchaste, no vengas a esta parte de la casa. Molesta a la señora- le dijo al hombre otra vez en búlgaro.
Espero que ahora sí entienda- gruñó Briana, para luego girar y marcharse a su habitación.
Sin pedir permiso, el guardia también se alejaba. Viktor miró por un instante a la puerta de su mujer, pero algo le llamó la atención de pronto.
Hay, tú- llamó al joven, quien se giró para mirarle- Eres nuevo aquí, ¿cierto? no te había visto antes.
Sí- fue lo único que éste le respondió.
¿No te han dicho que no puedes venir a aquí?-
No
Vaya- se acercó al joven y le tomó del hombro- perdona a mi esposa. Está un poco alterada con la presencia de todos ustedes. Ella no es agresiva, solo está cansada de esta situación- y le entregó un limpia sonrisa.
Pero no fue una expresión de agradecimiento por su condescendencia, lo que recibió a cambio. El guardia le miró intensamente a los ojos, como si quisiera quemarle la mente con ellos. percibió bajo su mano como los músculos del hombro se tensaban, para convertirse en acero. Lo que veía en esos ojos negros como la noche, era odio… odio genuino. Le soltó de inmediato.
Ve con tus compañeros. No regreses a este lado de la casa-
El guardia solo afirmó con la cabeza.
No dejó de verle hasta que desapareció por la escalera. Viktor quedó pensativo.
¿Por qué ese hombre le había mirado así? ¿Acaso el ministro sospechaba ya que no iba a tener más remedio que traicionarle? ¿Estaría custodiándolo con elementos de su plena confianza que además de cuidarlo, le espiaban?
El Ministro me tiene cercado. No podré fiarme ni de mis propios protectores.
Tuvo más cuidado e intentó rodearse de los que creyó más confiables. pero al hombre que irrumpiera en el pasillo de su casa no le volvió a ver hasta tres días después. Prefirió alejarse y no permitirle que estuviera cerca. Aunque intentó hacerlo con la mayor de las sutilezas.
pero ese guardia le observaba. Casi podía sentir el calor de su mirada en la nuca. Cuando preguntó por él al jefe de la comitiva, éste le dijo que era relativamente nuevo y muy callado, pero no le dijo más.
Daba la impresión que este no le quería entregar mayor información.
Todos me vigilan- pensó.- todos.
Prefirió dedicarse a sus entrenamientos. ya no solo mantenía en forma a su escuadrón, sino que él mismo se preparaba para cualquier cosa.
Sin embargo, no dejó de lado su mayor tormento.
Necesito que me hagas un gran favor Novak- le dijo a uno de sus guardias- a uno de los pocos en los que confiaba- uno demasiado grande.
Pídame lo que quiera, señor.
Quiero…- Viktor tragó saliva- quiero que sigas a mi esposa.
Briana le curaba la herida. Sus pequeñas manos trabajaban a mil por hora. ël sentía dolor, pero lo agradecía con tal de tenerla cerca una vez más. No dejaba de mirarla. Desde hacía un tiempo que ella irradiaba un brillo nuevo, que le había perder el juicio mucho más.
¿Quien te atacó?
Uno de los guardias.
¿Uno de tus guardias?- Briana se sorprendió
Ese que sacaste del pasillo aquella vez.
No se cual, no los recuerdo a todos.- la mujer se acomodó algunos cabellos- pero, ¿por qué te atacó?
No quería atacarme. Quería secuestrarme.
Briana le miró directamente a los ojos.
¿Y por qué?
la severidad en los ojos de su esposa, le sellaron los labios. No quería hablar de más. Ni siquiera él entendía porque ese hombre quería secuestrarlo.
Ya estoy mejor.
Responde mi pregunta.
No lo sé.
La mujer resopló de frustración. dejó el vendaje y se lavó las ó la toalla con violencia para secarse.
Viktor se levantó, aún sentía dolor, pero no le hizo caso. Se acercó a Briana e intentó abrazarla. Ella lo alejó de inmediato.
No deberías moverte. Aun no termina la poción de hacer efecto.
Son solo un par de huesos rotos y algunos rasguños.
Oh, claro. Cosas sin importancia. Como la sangre que manchó toda tu camisa. Como el motivo que ese hombre tuvo para querer secuestrarte. Nada importa, por lo menos nada de lo que quieras decirme.
Estoy bien, Briana. Ese tipo no pudo hacerme nada. Era uno contra ocho. Nueve conmigo. Ese tipo de seguro era un loco. nadie se atreve a hacer lo que él hizo con tanta desventaja. Pudo ser un fanático enfermo, no sé.
Pudo ser algo más grave que no quieres decirme. Pudo ser un aliado de ese Lestrange. O peor, un enemigo de él.
Nosotros tenemos otras cosas de qué hablar.
Pero no pudieron hacerlo. Un forcejeo afuera los distrajo. Viktor tomó su varita, se aproximó a la puerta, pero el dolor de los huesos le minó el camino. Briana le tomó de la cintura, pues perdía el equilibrio. la puerta se abrió de par en par.
Yaxley entraba a paso firme. Atrás venían los guardias, magullados, a atacarle.
El inglés sólo lanzó un par de hechizos para mantenerlos a raya.
A mí nadie me cierra el paso- gruñó, altivo.
Los tres hombres quisieron arremeter, pero fueron diezmados. otros tres llegaron y se unieron al ataque.
Dile a tus perros que se queden quietos, o mataré a cualquiera de ellos.
Viktor levantó la mano, intentó persuadirlos. pero no fue fácil. Ellos tenían orden estricta de que nadie debía pasar.
No hay problema con él. Vigilen el lugar.
No podemos confiar en ese cerdo inglés- le dijo el jefe de guardia en búlgaro
¿Me está insultando, tu perro, Krum? Dile que no se atreva, porque no demoro nada en cerrarle el hocico.
Cállate y deja que yo lo arregle.
Viktor les aseguró a sus guardianes de que no había peligro con Yaxley, aunque fuera todo lo contrario. Éstos miraron a su jefe y éste les hizo la venia para que se retiraran. él quiso quedarse, pero Krum le pidió que le dejara solo con el recién llegado.
Solo lo obedeceré por esta vez, camarada.- le dijo antes de retirarse.
¿Qué quierres?-
Entender el por qué te atacó uno de tus propios guardias, Krum.
Usted no es bienvenido aquí, Yaxley- dijo entonces Briana.
Haz callar a esta mujer, y sácala de aquí, si no quieres que pierda el control con ella.
¡Usted no puede venir a mí casa y…-
¡Vete, asquer…-
¡No puedes tratar así a mi esposa, Yaxley! Si quieres hablar conmigo, le debes respeto a ella.
Yaxley resopló. Levantó una ceja y trató de calmar la jauría que peleaba en su interior.
Perdóneme, señora Krum.- masculló- Le prometo que será la última vez que tenga el desagrado de verme, pero necesito hablar con su esposo. Si tuviera la atención de retirarse…-
No pienso dejar a mi esposo solo con usted- dijo la mujer- sé que me odia porque tenemos modos de pensar muy diferentes, pero esta es mi casa y …-
Carriño. la verrdad, es que yo también necesito hablarr con él.- le dijo su marido
¡Viktor!
Por favor. te prometo que pronto lo echaré a patadas- le completó de decir en búlgaro.
Bien, quédate con él. de seguro le tienes más confianza que a mí.
Briana se alzó en toda su estatura y salió del lugar sin mirar a ninguno de los dos.
Esta mujer ya me tiene harto. Le diste demasiadas ínfulas. Me pagarás esta humillación.
Deja a mi mujer en paz. No viniste a hablar de ella.
No, no vengo a hablar d…-
¿Entonces?
Bien- aspiró aire el inglés- Queremos saber que demonios pasó aquí.
¿No fue Lestrrange quien arrmó este escándalo?- preguntó Krum
¿No habrán sido tus hermanitos camaradas quienes te hicieron esto?
No, no lo crreo. El Ministrro está furrioso porr lo que pasó. Si hubiese sido él quien hubiera mandado a atarrme, no rreccionarría de esa manerra.
Quizás es un buen actor-
No fue él. Pero Lestrange…-
Tampoco fuimos nosotros. Nos sirves vivo, no muerto.
Aun.
Yaxley sonrió un breve momento, para luego poner una cara dura.
Si no fueron tus amigos; ni nosotros. Entonces… ¿quién?
No lo sé.
No me engañes.
No te miento. No lo sé. Y dudo mucho que sea un búlgarro. Ese tipo se enfrrentó a nueve hombrres, yo incluido, y pudo escaparr. Perro dejó a trres de mis guarrdias mal herridos. Uno aun no recobrra la consciencia.
El mortífago se quedó pensando. Cada vez se veía más alarmado.
Mandaré una lechuza a Inglaterra.
¿Parra qué?
Para saber de un viejo amigo. Hace meses que no tengo noticias de él.
¿A quien te rrefierres?
De pronto Yaxley sonrió.
Es una idea loca. Y más, viendo que en verdad estás mejor de lo que imaginé al llegar aquí. Lo más probable es que esté sacando conclusiones equivocadas, pero nada pierdo con averiguar-
Dime de quien hablas.
De un viejo amigo, ya te lo dije.
Viktor quedó más preocupado luego de la visita de Yaxley. caminaba de un lado para el otro como un animal enjaulado. Su corazón saltaba a mil por hora.
Pero al cabo de un par de días se tranquilizó. No hubo más atentados. Al perpetrador se lo había tragado la tierra.
Pasaron dos semanas y Yaxley no le dio noticia alguna de su indagación en inglaterra. Viktor tuvo que buscar a Lestrange para sacar sus propias noticias.
Te veo bastante restablecido.
Ya estoy bien. Quierro saberr que averriguó Yaxley.
¿Te inquieta?
Sabes que si. Si él tiene razón. entonces todo está podrido.
Pues… él sigue en Azkaban, que yo sepa. Y Potter está cada vez más cerca de Bulgaria. Solo hace una hora su esposa acaba de tener un pequeño sustito. Algo que no aprobé, pero que ha servido para que se ponga nervioso y quiera venir acá a perseguir a Zabini. Quiere matarlo por querer lastimar a la bella Ginny Weasley.
¿Atacaron a la mujer? ¿Acaso no está embarazada?
¿Y qué? es el bastardo de un malnacido. Y ella es una asquerosa traidora a la sangre. me informaron que Potter solo está poniendo a su mujer en lugar seguro y que vendrá a Bulgaria de inmediato. Eso es justo lo que yo quería.
Alguien golpeó a la puerta.
Pase- dijo Rodolphus
Señor- dijo el sargento de cuadra- Brand y Carcarow están causando problemas.
¿Y vienes a molestarme con eso?- preguntó Lestrange- dales un par de crucios y listo, inepto.
No… no vengo a informarle a usted, señor.- dijo en un susurro el sargento.
Tráelos aquí- dijo Viktor.
¿Vas a darle arrumacos a tu protegido y a su amiguito?
Prrefierro interrogarlo yo.
Lo que deberías es averiguar qué fue de tu atacante. Ese si que se supo escabullirse. Ni tus camaradas ni mi gente han podido encontrarlo. Y no sabemos de dónde salió ese tipo.
Viktor entró a la sala colindante y allí fueron llevados los dos soldados. Brand llevaba un corte en la ceja, Carcarow, el ojo hinchado.
¿Qué hicieron ahora?
Pelearse con Judnik y Parow.
¿Qué pretendes, Brand? ¿Es que siempre tengo que estar pendiente de ti?
Era una pelea de tropa, señor. nada más.- contestó el aludido.
¿Y tú, Carcarow? No sueles ser violento. ¿Te dejaste llevar por Brand?
Carcarow No abrió la boca. Miraba al suelo cuando Viktor le habló.
Contesta- le dijo el sargento. empujándolo.
Entonces, lentamente, Iván Carcarow fue levantando la cabeza, para quedarse mirando detenidamente a Viktor Krum. Su expresión era ruín, su mandíbula parecía hecha de hierro. Su mirada hubiese matado a Viktor de haber podido.
No, le haga caso, señor. Siempre se pone mudo y serio cuando se enoja.- intervino Brand- Luego se le pasa, ¿cierto, Iván?- Y le dio un codazo al castaño compañero.
Carcarow permaneció en total mutismo. Sin quitar un segundo la vista de los ojos de Krum. Brand le volvió a dar un codazo y entonces éste le miró.
Sí, perdón- fue lo único que dijo.
Krum quedó perplejo ante esa actitud. Carcarow solía ser dócil y sereno. Y más con él, pues parecía idolatrarle. Pero ya tenía demasiados problemas como para preocuparse por los berriches de uno de sus soldados.
Sargento, déjeme a solas con Brand. Llévese a Carcarow para que se lave la cara-
No- dijo de pronto Brand.- Si lo dejan solo en las barracas, le golpearán. Por favor, General Krum, déjelo aquí conmigo.
Lo proteges mucho, ¿no lo crees?
Es como mi hermano, señor.
Sargento. Puede retirarse.
Al verse los tres solos, Krum detuvo su mirada un instante más en Carcarow, este se la contestó con altivez, pero Brand volvió a darle un codazo, por lo cual la bajó.
¿Te hice algo que te molestara, Carcarow?
No, perdón.
Viktor levantó la varita contra el amigo de Brand e iba a lanzar un Mufliato a su alrededor cuando el joven moreno lo detuvo.
No es necesario que haga nada en su contra, señor.
No podemos hablar con él presente. Y tengo varias preguntas que hacerte.
Él está conmigo, señor. Es… como yo.
Viktor no esperaba aquello. De inmediato puso el hechizo silenciador alrededor de los tres y acometió contra Brand.
¿Por qué no me dijiste eso la primera vez?
No me lo preguntó, señor.
¿Y tú? ¿No piensas hablar?
Iván permaneció en silencio.
No hablará, señor. Es que en verdad está furioso. No con usted, claro, es que no le gustó la manera en que me las arreglé para que habláramos.
Osea que lo de la pelea fue planeado.
Sí, señor. tenía que aprovechar que Yaxley no estaba en el campamento para poder acercarme.
¿Me vas a decir quien me atacó?
Yo no lo sé, señor.
¿Y tú? ¿lo sabes?
Carcarow no levantó los ojos del suelo.
No.
¿Entonces? ¿Qué quieres hablar conmigo, Brand?
Señor, necesitamos salir de aquí. Ya se está dando la alarma de mi imposibilidad de dar noticias del encierro.
El ministro debe estar muy ansioso. Desde que me atacaron está hecho un mar de nervios. Pero ya te dije que no te dejaré salir para que le des información alguna.
No pienso decirle nada de usted, señor. Pero necesito que nos dejen salir. Ellos ya deben sospechar.
¿Y qué le dirás?
Soy bueno mintiendo, señor. Ya tengo una buena porción de embustes para él.
¿y cómo sé que a mí no me estás mintiendo?
Porque de usted depende mi vida.
Viktor le contempló, luego miró a Carcarow.
¿Y él? ¿por qué tendría que confiar en él?
Porque él sabe todo lo que yo sé. Si habla, ambos estaremos perdidos.
Deja que sea él quien responde, Brand. Habla de una vez, Carcarow.
Brand es el jefe- dijo el aludido- . Él manda y yo callo.
Es verdad, señor. Iván me es muy leal. Si yo le digo que no hable, o que diga lo que yo quiera, lo hará. A regañadientes, pero lo hará.
Bien, te voy a creer. pero no puedo sacarte de todos modos. ya te dije que estás en el ojo del huracán. Yaxley está esperando la oportunidad para cazarte. No me extrañaría que tuviera gente observándote aquí dentro, esperando cualquier movimiento para informarle a él. Si sales, te atrapará allá afuera y no podré hacer nada.
Entiendo- dijo el joven- entonces, deje que sea Iván quien salga. De él nadie sospecha. Todos le creen muy torpe para ser un espía.
Sin embargo- intervino Krum- , desde hace unos días que tu amigo ha dejado de ser tan torpe. No le conocía esos reflejos en el momento de ataque.
Ha practicado- dijo Brand- es que ya se está aburriendo de fingirse un tonto. Pero más que nunca demuestra que es un idiota.
Carcarow miró de reojo a Brand. Con fastidio.
Esta bien. Que salga tu amigo. pero que yo no me entere de que han puesto sobre aviso al ministro.
Señor… con respecto a Lestrange y su problema…-
No quiero hablar de eso.
Es necesario, señor. Si confiara en nosotros, le aseguro que pod…-
Así que tu amigo está enterado de todo.
Ya le dije, me es muy leal-
Y yo ya te dije, no quiero hablar.
pero, señor, nosotros…-
Adios, Brand. Y tú, Carcarow, prepara tus cosas para irte. pero te quiero en el campamento mañana por la tarde.
Krum deshizo el hechizo y dejó salir a ambos muchachos. Carcarow, antes de marcharse, le miró otra vez con rabia.
Espero se te pase el enojo, sino, te quito la licencia, ¿entendiste?
Sí… señor- masculló Iván.
Al día siguiente, Carcarow retornó al campamento, pero parecía de nuevo el inocente y torpe muchacho de siempre. Al menos ya no le miraba con enojo. Ahora parecía adorarle otra vez.
Pero Viktor no tenía la cabeza en preocuparse en él. Dos cosas le tenían en vilo. la primera, era que paradójicamente, Potter no venía a Bulgaria en busca de Zabini. había mandado a dos de sus hombres para ello, lo otro, y lo que le tenía atormentado, era que Briana le había abandonado.
Me voy con Vasilka.
No tienes que ir a ninguna parte. esta es tu casa.
No quiero seguir aquí. es peligroso. No puedo pasar peligro.
Nadie te hará daño. mis hombres te protegerán como si de mí se tratase.
No insistas, no me quedaré.
Briana. Amor mío. Ya dejemos esta tonta pelea. Sé que aún no me perdonas, pero yo te adoro. pronto el enojo se te pasará. y comprenderás que me amas tanto como yo a ti.
No quiero seguir discutiendo contigo. Solo me quiero ir.
No… no te dejaré ir.
Adios, viktor.
No, Briana.
La había tomado de la cintura. Estaba desesperado.
Suéltame.
Tú me amas.
Déjame ir.
Tú me amas, Briana.
Por favor, no puedo tener estas presiones. suéltame.
¡No! ¡Eres mi esposa, mi mujer y te quedarás conmigo para siempre!
¡Estoy embarazada!- gritó ella al fin- Y sabes que no es tuyo. Suéltame.
El golpe la había dado de lleno en el rostro. Aturdido, aflojó el agarre, cosa que Briana aprovechó para zafarse. No podía ser. De seguro estaba en medio de una pesadilla.
Lo siento, Viktor. Pero ya no puedo callar más. Traté de amarte, pero no pude. Y me enamoré de otro.
¿Quién? ¿Quién es ese?
Ya no importa. Él se fue. Y ya no volverá.
¿Te abandonó? ¿Te enamoraste de un miserable que te abandonó?
Me enamoré de quien no me va a amar nunca. Fue mi error. pero ya no importa. Lo único que me interesa es mi bebé. Y aquí no puedo estar con él. Adios.
Pétreo de la impresión y del dolor, Krum no atinó a nada más. Era inverosímil todo. Tanto sacrificio, tantas lágrimas, tanto daño… y Briana le pagaba de esa manera.
Luego de dos días de abandonarlo. Viktor casi no podía respirar. Nunca se había sentido más desesperado. El mundo entero se caía sobre él. Lo estaba perdiendo todo. Estaba perdiendo a la mujer de su vida.
A su eterno amor.
El guardia le avisó que Novak deseaba verle. Krum se enfureció. El imbécil no había hecho su trabajo. Se había enterado por la propia Briana y no por él, de toda la verdad.
Al fin apareces.
Perdón, señor. Es que fue difícil…
Mi esposa ya me lo dijo todo, imbécil.
¿Todo? Pues… entonces…
¿Acaso tienes algo nuevo que decirme? Ella tuvo un amante. Ella me lo gritó en la cara.
Pues… yo creí que esto…-
¿Qué cosa?
Esto, señor- y Novak estiró la mano para mostrarle un sobre- yo… creí que querría saber de qué hombre se trataba.
krum se sorprendió, le quitó el sobre de las manos y lo abrió. Al ver la foto, quedó lívido como una hoja.
No puede ser… no puede ser…
Señor, ¿lo conoce?
Fuera, fuera de aquí. Déjame solo.
Pero…
¡Fuera, dije!
Novak aun no terminaba de cerrar la puerta, cuando Viktor ya estaba hundido en el sillón del despacho. Contemplaba la foto una y otra vez, sin poder entender absolutamente nada. Con la boca abierta de la impresión, los ojos entornados de pavor y sorpresa, veía como un pelirrojo besaba a su mujer, para que luego ella lo abofeteara. la escena se repetía una y otra vez. taladrando en cada movimiento su ahora sangrante corazón.
No, él… él debería estar en Azkaban. Debería estar en Inglaterra. Demonios.
Ahora comprendía de donde Briana había sacado el libro, ahora sabía el porqué de su comportamiento tan peculiar.
El ataque… fue él… - Se puso cada vez más pálido- Lo sabe… lo sabe todo-
tembló- pero Lestrange me dijo que aún estaba en la cárcel. También lo ha engañado. Él y Potter. ¡Potter! Ellos lo saben todo.
Se tomó la cabeza con ambas manos. Estaba perdido. Ya no había retorno. Weasley había venido para destrozarle. había venido a vengarse de todos los que le habían arruinado la vida. Y de él se estaba vengando quitándole lo único que amaba.
¿Por qué? ¿Por qué? Tú otra vez… Tú otra vez.
En el arrebato de su desesperación, volvió a abrir el vedado cajón. Y de allí sacó el cuidado objeto. Uno que no había sido usado por ocho largos años.
