Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo juego con ellos.

Mocking the bounds

Capítulo 36

Bella miró a Edward a través de la habitación. Lucía tan hermoso mientras se veía al espejo y trataba de controlar su cabello. Maldición, quería correr y saltarle encima y besarle todo el rostro.

Maldición. Quería perdonarlo.

—De acuerdo, chicos, ¡miren lo que hice!—Alice entró a la habitación, sonriente.

— ¿Qué traes ahí?— Rosalie se acercó e intentó arrebatarle la bolsa. Alice fue más lista y se alejó, fue directo hacia la cama.

—Edward va a ser famoso y tenemos que comportarnos a la altura—dijo Alice mientras abría la bolsa y sacaba una playera blanca.

— ¿Playeras?—Emmett dijo, se acercó.

— ¡Si, playeras de Edward!—chilló Alice—esta es para ti—le dijo a Emmett y se la arrojó.

Emmett la desdobló y la miró. Alice comenzó a repartirlas.

Eran playeras blancas con letras negras. "Edward Cullen" estaba impreso al frente.

—Wow, Alice…vaya—Bella comentó, asombrada mientras acariciaba las letras.

—Alice no tenías que…—Edward comenzó.

— ¡Shh!—Alice lo calló—dijiste que no te quejarías.

Edward suspiró derrotado y se metió las manos a los bolsillos.

—Ahora, pónganselas. Iremos a Port Angeles con ellas. Tú no, Edward—Alice dijo.

Les había pedido que fueran con jeans y tenis. Ahora entendían por qué.

Edward condujo hasta Port Angeles y ellos se fueron apretujados en la parte trasera del Volvo. Emmett fue un dolor de cabeza durante todo el viaje. Se la pasó cambiando canciones sin dejar que ninguna se terminara. Edward tuvo que arrebatarle el celular.

Cuando llegaron, Edward aparcó en el mismo lugar que el fin de semana anterior y caminaron hacia la entrada. Alice pidió limonadas minerales y piñas coladas, Emmett pidió pizza.

Edward fue a reportarse con Troy y el aludido se alegró de verlo.

—Me alegra que hayas venido—le dio una palmada en la espalda, antes de palomear su nombre en el programa.

Edward se despidió con una sonrisa y como el sábado anterior, vieron al resto de los participantes cantar en el escenario.

Alice había notado que el número de seguidores y de vistas de los vídeos de Edward había aumentado y no estaba más que feliz por eso. Esto en realidad estaba sucediendo.

Mientras Edward cantaba, Rosalie y Bella volvieron a entregar panfletos y les hicieron varias preguntas por las playeras que estaban usando.

Una chica le preguntó a Bella que si Edward tenía un álbum.

—Pronto lo tendrá—Bella le sonrió—está en eso.

La chica le sonrió y Bella vio cómo se apresuró a buscar a Edward en Google. No es que hubiera mucha información pero aun así.

Al parecer la idea de Alice de traer camisetas y su cámara estaba dando una buena impresión. Si Edward se seguía presentando en cafés y karaokes, Bella convencería a Alice de anunciarlo en sus redes, para que cualquier persona interesada cerca del área fuera a verlo.

Esta vez, otras chicas se le acercaron pero Bella se concentró en controlar sus celos y además, ellas parecían inofensivas, no como las otras, que se restregaban contra él simulando estar en celo. Idiotas.

.

.

.

Edward llevó a Bella hasta su casa.

— ¿No quieres entrar?—Bella le preguntó. Él la miró y le sonrió contenidamente.

— ¿Quieres que entre?

Ella rodó los ojos.

—Si no quisiera que lo hicieras no te hubiera preguntado en primer lugar.

—Que lista—Edward sonrió abiertamente, no ocultando su felicidad y se dispuso a dar vuelta en U para esconder el Volvo entre el bosque.

— ¿Haces esto siempre?—Bella preguntó mientras bajaba del auto.

—Si—él respondió y se acercó a ella para caminar juntos.

—Seguro Charlie ya está dormido. Espera aquí y saldré para decirte—ella murmuró antes de siquiera llegar al porche.

Edward se detuvo y se recargó en el árbol. Bella se apresuró a subir los escalones del porche y entró lentamente y sin hacer ruido a la casa.

Todo estaba a oscuras. La única luz que entraba era la del porche. Subió las escaleras y se apresuró a ir a la habitación de Charlie. Pegó la oreja a la puerta y escuchó sus ronquidos.

Sonrió, triunfante.

Hizo que Edward entrara por la puerta principal y caminaron silenciosa y lentamente hasta entrar a la habitación de Bella. Ella encendió las luces de su pared y se tiró a la cama, sacándose los zapatos y la chaqueta.

— ¡Vaya noche!—dijo, sonriente. Edward le devolvió el gesto.

—Definitivamente. Todo esto me tiene bastante emocionado y nervioso—él se sentó frente a ella.

La luz de la luna entraba por la ventana. Esa y las luces de su pared, hacían que Edward se viera majestuoso. Su piel se veía blanca y lisa como la porcelana, su cabello oscuro con destellos naranjas. Sus labios rosados torcidos en una media sonrisa. Sus ojos, revoloteando por todo el cuerpo de Bella. Su pecho subiendo y bajando. Bella se incorporó, apoyándose en los codos, para verlo de más cerca.

—Verás que todo va a salir bien—ella susurró, perdida en los ojos verdes.

Edward desvió la vista y le miró el pecho. Sonriendo otra vez al verla llevando orgullosamente una playera con su nombre.

—Realmente espero que si—él suspiró—y tú ya deja de preocuparte, que no me alejaré—murmuró, levantándose de la cama y caminando hasta el centro de la habitación.

—Acabas de alejarte—Bella se sentó en la cama.

Edward la miró sobre su hombro.

—Eso fue por otra cosa—murmuró entre dientes. Deseando quitarle la camiseta y besarle todo el cuerpo. Bella se levantó y fue hasta donde él estaba.

—Estoy feliz por ti—ella le dijo, él finalmente se giró y la miró de frente—iremos a California, todos juntos, seremos como una gran familia.

—Sí, de hecho, sólo espero no tener que dormir con Jasper.

— ¿Qué tiene Jasper de malo?—ella se metió las manos a los bolsillos traseros de su pantalón.

—Es un rarito—él dijo—hace un montón de mierdas mientras duerme.

—Ah, eso no me lo esperaba—ella dijo, ocultando una risa, más por el nerviosismo que por el chiste.

Estaban demasiado cerca y había tensión en el aire. La media luz estaba haciendo que Bella tuviera pensamientos pecaminosos.

—En cambio, podría dormir contigo—Edward dijo y sin pensarlo, la atrajo de la cintura. Bella pegó un brinco y lo miró entre sus pestañas.

—Edward—susurró, en alerta. Tratando de detenerlo.

—Ya sé, ya sé—él dijo—te daré tiempo pero es que…

Bella lo miró, se relamió los labios. Edward observó su acto.

— ¿Qué?—ella susurró.

—Te quiero—él dijo y acercó su rostro al de ella.

—Yo también te quiero—ella respondió, con todas sus defensas bajas. Se estaban dejando llevar y esto no podía resultar nada bueno.

Bella llevó sus manos a las mejillas de Edward y con dedos temblorosos delineó su quijada.

—Bien—el suspiro que salió de la boca de Edward hizo que a Bella le temblaran las rodillas.

Entonces borraron la distancia que los separaba.

La besó.

Fue lento y corto, sus labios entrelazados.

Bella pegó un salto y se alejó.

—Lo siento—él se apresuró a decir.

Ella no respondió, sólo dejó caer las manos a sus costados y dio un paso hacia atrás.

En silencio, Edward caminó hasta la puerta de su habitación. Bella quería decirle que se quedara pero sabía que no podía, no debía.

—Te veré luego—él murmuró, con la voz quebrada.

Entonces se fue.

Un rato después, Bella bajó las escaleras para cerrar la puerta principal, pero Edward la había cerrado tras de sí.

.

.

.

El martes, Alice llegó emocionada a la mesa de la cafetería. Llevaba afiches en las manos y se desparramó en la silla.

— ¡La escuela ya está preparando el baile de San Valentín!—chilló, con una sonrisa que amenazaba con partirle la cara en dos.

— ¡Ay, genial!—Rosalie sonrió— ¡voy a usar un vestido!

Bella se contuvo de rodar los ojos. En lugar de eso, siguió comiendo de su bandeja. Sin levantar la vista. Lo cierto era que los bailes no le agradaban tanto como una fiesta. Conseguir pareja se convertía en una tarea ardua que arruinaba toda la diversión y la buena disposición al baile.

Jasper y Edward si rodaron los ojos.

—Ese baile es una tontería—dijo Jasper, se ajustó los anteojos—es súper aburrido—dijo.

Alice lo miró feo pero no le respondió.

—Pues este año no lo será—dijo ella— ¡estoy a cargo! Bueno, otros chicos y yo.

—Genial, ¿puedes arreglar para que lo hagan en la sala de música? Así puedo tirarme por la ventana cuando se torne aburrido—comentó Edward, serio.

Bella se rió con la boca cerrada. Alice le dio un golpe en el brazo.

—No, Edward, no puedo y no lo haré—lo miró feo y luego volvió a sonreír para mirarlos a todos— ¡alégrense! Será divertido.

Bella levantó la vista y le habló a Alice.

— ¿Puedes pasarme uno?—le preguntó, mientras tomaba la orilla de un afiche. Alice quitó sus brazos de encima y le tendió uno.

"Baile de San Valentín. Hoy es un buen día para decir te quiero" leyó.

— ¿Tú si estás emocionada, Bella?—Rosalie preguntó.

Ella miró al resto de la mesa, un poco avergonzada.

—En realidad no me gustan tanto los bailes.

Jasper, Edward y Emmett se rieron. Alice y Rosalie los vieron feo.

—Prefiero una fiesta que un baile—la castaña continuó.

Alice rodó los ojos y se masajeó las sienes.

— ¿Qué rayos pasa con ustedes?—dijo entre dientes y luego se fue.

De todas formas, no es como si ella tuviera una pareja. De ninguna manera iría con Jasper pero lo bueno era que podía fingir estar ocupada con la organización del baile para abstenerse de buscar una o de pasarse la noche bailando con ella misma.

Bella estaba en las mismas. Desde el beso que había compartido con Edward el sábado, no podía mirarlo a los ojos y él se había dado cuenta de eso. Y se arrepentía por haberlo hecho. Si hubiera sabido que Bella lo iba a ignorar después de eso, jamás lo habría intentado.

Por otro lado, Bella estaba avergonzada y sentía que ir con Edward al baile no dejaría nada bueno. Sólo sentimientos confusos y una proximidad física que ansiaba con sentir pero que no era lo correcto.

.

.

.

El jueves por la noche, Bella estaba preparando la cena. Charlie había ido de vuelta a La Push y Harry Clearwater le había dado una buena ración de pescado. La cocina entera olía a pescado frito y Bella no dudaba que el resto de la casa también, así que fue hasta la puerta de la cocina que llevaba al patio y la abrió, dejando entrar aire.

El teléfono repiqueteó y Bella tuvo que apagar la estufa para evitar que el pescado se quemara.

— ¿Hola?—respondió, cortando el sonido del timbre. Se hizo aire con la mano.

— ¡Bella!—ella se quedó quieta, reconociendo la voz— ¿cómo estás?

Tardó un segundo en responder.

—Hola, Renée. Estoy bien.

— ¡Me alegro!—dijo su madre, con una energía excesiva— ¿no vas a preguntarme cómo estoy yo?—acusó. Bella rodó los ojos. En realidad no le importaba.

—Como sea…—Renée continuó— ¡estoy de maravilla! Tuve una de las mejores Navidades.

—Ah—Bella musitó. Un nudo se le estaba formando en la garganta.

—Conocí a este hombre…—Bella se desconectó. Estaba teniendo un déjà vu que hacía que se le revolviera el estómago y estaba segura que no era el olor del pescado.

Renée siempre estaba llena de ella misma. De nadie más. Todo era "yo, yo, yo". Era del tipo de personas que menospreciaban el trabajo y esfuerzo de los demás, sin importar la simpleza o importancia de la dedicación. Se jactaba de ser la mejor y sólo lo que ella hacía o pensaba era válido. Renée estaba tan llena de ella misma pero al mismo tiempo tan vacía. Bella tenía la sensación de que en realidad nada le importaba; creía que Renée superaba las cosas con tan sólo hablar de ellas, que su boca contando lo que le pasaba era como una mano depositando la basura en el cesto. Bella creía que nunca había llegado a conocer del todo a Renée, parecía una persona que no tenía mecanismos de defensa, algunas veces, su actitud invitaba a preguntarle cosas personales, importantes y llegabas a creer que las iba a responder, por lo transparente que se veía pero al hacerlo, escatimaba en detalles, hablaba con generalidades y creías que tenía un montón de barreras pero dejabas de creer eso por la transparencia de su personalidad. Era como psicología inversa andando por el mundo.

Desde finales del verano, Bella había dejado de pensar en ella y en los cambios en su vida. Había estado concentrada en Edward, en sus amigos y en los sentimientos que tenía hacia el cobrizo. Bella la había perdido pero no se sentía mal por hacerlo, se sentía ligera, menos atenta a los juicios. Su madre siempre la juzgaba, no importaba lo contenta que Bella estuviera por contarle algo, ella se encargaría de reventarle la burbuja.

Bella había perdido a su madre pero en realidad, parecía que había ganado muchas cosas. Una pérdida nunca será una pérdida si ganas muchas cosas después de ella.

— ¿Y tú? ¿Hay algún chico?—Bella volvió de su ensoñación.

—No—respondió.

—No me sorprende mucho, nunca has tenido mucha suerte con ellos—Renée dejó escapar una risa nerviosa.

Eso era mentira. Bella siempre le había ocultado a Renée sus amoríos.

—Ajá—Bella enredó su dedo en el cable del teléfono.

Renée comenzó a hablar ahora de lo que había hecho en Navidad.

¿Por qué estaba tan feliz? ¿Acaso no la extrañaba? Bella había querido herirla, eso es lo que esperaba que pasara cuando huyó de Phoenix. En cambio, Renée se había sentido liberada, ni siquiera había intentado llevar a su hija de vuelta a Arizona. La había dejado ir, sin más ni menos.

¿Por qué Renée si podía ser feliz siempre y ella no?

—Renée…—la interrumpió—tengo que irme. Estoy preparando la cena.

— ¿Renée? Siempre me has llamado "mamá"

Bella ignoró su comentario.

—Mi papá ya casi llega. Estará hambriento. Hablamos luego—hizo énfasis en "papá"

—Oh, de acuerdo—Renée se escuchaba molesta.

—Adiós.

Bella azotó el teléfono y recargó la frente contra la pared.

Suspiró, deseando que algún día el recuerdo de Renée no doliera.

.

.

.

Cuando salieron de clases, Bella se apresuró a caminar hasta su camioneta. Estaba nevando y se estaba congelando. Quería llegar a casa y tomarse una taza de chocolate caliente. Además, no había dormido bien la noche anterior. Estaba enojada por la llamada de Renée. Así que quería envolverse en sus mantas y dormir pero, por supuesto, no iba a poder irse de la escuela tan fácilmente.

Edward la interceptó en su camioneta. Mientras estaba tratando de abrir la fría y congelada puerta.

—Hey, Bella—él la llamó, con su voz ronca.

—Hola—ella lo miró pero como toda esta semana, no lo miró a la cara.

— ¿Qué rayos está pasando? Me ignoras desde el sábado—él le reclamó. Detuvo sus movimientos sobre la manija de la puerta y Bella quitó su mano de la de él.

Edward dejó caer sus manos a sus costados, echas puños.

—No te ignoro. Te estoy respondiendo—ella lo miró brevemente.

—Claro que sí. Parece que no quieres hablarme—él murmuró. Bella suspiró y lo miró por primera vez.

Se veía dolido.

—Es sólo que…—ella suspiró derrotada y se miró los pies.

—Perdón, ¿sí?—Bella lo miró confundida—por lo del beso. No debí.

—No… —ella se apresuró a decir—es decir…—carraspeó y tomó los cordones de su mochila—no debió de haber pasado y…

Edward sintió una patada en la panza.

—… yo también tuve la culpa. Parecía como si lo quisiera y…

— ¿Y no lo querías?—Edward habló en un susurro. Bella no se había dado cuenta que ella ya estaba contra su camioneta y Edward estaba tan cerca de ella, imponente, dominándola, tomando el control de todos sus sentidos.

Ella lo miró a los ojos. Sus pobladas cejas fruncidas, sin tocarse.

Demonios, a quién engañaba.

—Si—su voz tembló.

Edward exhaló por su nariz y le acarició la mejilla.

—Bella, sabes que no me rendiré y… tú también lo quieres, ¿por qué no sólo…—sus hombros cayeron—por qué no sólo lo hacemos de nuevo?

Bella frunció su roja nariz.

—Sólo…—meneó la cabeza.

—Está bien, Bella, está bien—él la tomó de la cabeza y la atrajo a su pecho.

.

.

.

Esa misma noche, en la cena, Charlie le preguntó a Bella sobre la Universidad.

Charlie enrolló spaghetti en su tenedor y la miró.

—Bueno, Bells, ¿has pensado en la Universidad?

Bella lo miró.

—Sí, papá. De hecho ya envié mi solicitud. Ayer se cumplieron tres semanas de eso—Bella le entrecerró los ojos, acusándolo.

Charlie la miró, avergonzado.

—Lo siento, Bella. No estoy informado sobre esas cosas—se limpió la boca con una servilleta—pero bueno… ¿a dónde quieres ir?

—Quiero ir a California. A UCLA—ella sonrió.

Charlie se quedó callado un momento y Bella borró su sonrisa, lentamente.

— ¿Qué pasa?

Charlie meneó la cabeza.

—Nada, es sólo que… bueno, es bastante lejos de aquí y… bueno, apenas te recuperé y ya te vas—él estaba nervioso, mirando su plato.

A Bella se le apretó el corazón.

—Ah, vamos, papá. Sabías que este día llegaría.

—Sí, pero siempre creí que vivirías con tu mamá.

Bella apretó la boca.

—Bueno, no volveré a Phoenix pero supongo que puedes superar mi ausencia, ¿no?

Charlie asintió, con las comisuras de la boca hacia abajo.

—Supongo que sí.

—Oye, papá, ¿crees que puedas rentarme un apartamento allá? Me refiero a que… bueno, mis amigos también irán a California. No hemos hablado de esto pero supongo que puedo preguntar si están interesados en compartir apartamento y la renta.

Charlie bebió de su vaso.

—No estás yendo a California porque ellos van, ¿verdad?

Bella negó.

—No, de hecho, resultó ser una coincidencia. Ni siquiera habíamos hablado de eso hasta que en la escuela nos dijeron que era tiempo de las solicitudes. Alice es la única que va a ir a Nueva York.

Charlie prestó atención a eso.

— ¿Y Edward?

Bella se recostó en su silla y miró a Charlie con los ojos entrecerrados.

—Él irá a California, papá, pero… es complicado. Él no va a ir a la Universidad.

— ¿Ah, no?—Charlie se veía extrañado.

—No, está tratando de conseguir un contrato con una disquera. Ya fue a Los Ángeles y están en eso, es por eso que hemos ido a Port Angeles.

Charlie estaba, claramente, sorprendido.

—Vaya…—estaba mudo— ¿y crees que sea posible?

—Lo veo bastante posible, bueno, y Emmett tampoco irá. Supongo que él irá a California porque Rose también irá pero no puede pagarse la universidad.

— ¿Y su madre?

Bella miró la mesa.

—Su mamá lo dejó. Se fue de la casa.

Charlie dejó de masticar.

—Como desde Noviembre.

— ¿Qué carajos?—Charlie resopló—Bella, necesitas decirme qué rayos pasa con tus amigos.

—Lo siento, papá.

—Bueno, ¿y no tenían un fondo universitario o algo así?

—No tengo idea, papá. Ni siquiera sé si él lo sabe.

—Maldición—Charlie hizo sus manos puños—lo vi trabajando en la tienda de deportes pero no tenía razón de por qué.

—También en Paper Towns. Le dejé mi lugar.

Charlie se quedó callado después de eso. Comieron el resto de la cena en silencio y cuando Bella se levantó para lavar los platos, Charlie la atrajo a sus brazos.

—Te extrañaré, Bells.

—Yo también, papá.

—Coméntales a tus amigos sobre la renta. Estoy seguro de que podemos encontrar una solución.

—Gracias, papá—Bella le besó la mejilla y Charlie se fue a la sala con una sonrisa debajo de su bigote.

Ayñ, ¿apoco Charlie no es un amor? Lamento el atraso pero yo no tengo la culpa de que los camiones rompan los cables de internet en las calles. Supongo que esos son problemas tercermundistas. Bueno, como sea, espero que les haya gustado :)

Nos leemos el domingo :)