El pobre soñador


Las horas siguen su curso así como yo perpetuo mi tortura en el insomnio. Ha pasado tiempo desde que tomé entre mis dedos una pluma con la finalidad de plasmar en estas hojas amarillentas pensamientos sin conexión alguna más que la exagerada cantidad de soledad. Hoy sin embargo, estas palabras que relaciono tienen como objetivo trasmitirte un mensaje. Quizás te parezca irrisorio, quizás lo ignores… pero me temo que he de expresarlo por temor a morir ahogado.

Te he visto andar por la acera opuesta a mi casa y he quedado estúpidamente encandilado. Tus manos sujetaban con ternura un libro que hace años me tomé la libertad de leer en la escuela. Y la sonrisa que adornaba tu rostro era tan sutil que me sentí privilegiado al poder reconocer en ella la alegría de sentirse enamorado. Tanta fue la emoción, que mi mente escondió por unos breves minutos lo trascendental del asunto, la verdadera cuestión que habías propiciado.

¿Cuánto es mi amor por ti?

Seguramente tú desconoces la respuesta, sería pedir lo imposible lo contrario. Pero yo, que he vivido con ese sentimiento por varios años, te he de decir que es demasiado. Tanto que duele. Hay momentos en que la ira substituye a la aceptación, que termino gritando tu nombre con voz entrecortada. Y cuando mis nudillos gotearon aquella mancha de sangre que aún sigue en la alfombra, me di cuenta del abismal poder que ciernes sobre mi persona, esperando junto con la ambivalencia que lo notaras.

Y por ello, renuncio a Morfeo, por la única razón de que me veo traicionado en mis sueños. En ellos, soy yo quien te acaricia los labios, quien te susurra al oído, quien te envuelve en abrazos… yo, yo, yo.

Y saber que cuando me despierte y te vea nuevamente andar por aquella acera recordándome con tu expresión soñadora que ese órgano subjetivo le pertenece a alguien más, me obligarás a acercarme más a ese límite que existe entre la cordura y la locura.

La nada ha sido testigo de mi profundo amor por ti. El licor se ha convertido en mi consejero. Las horas dan cuenta del tiempo que llevo pensando en ti. Pero tú sigues ajeno a la inmensidad de este sentir e ignoras como siempre mi presencia.

Y ahora, sabiendo que dentro de poco contraerás nupcias con esa persona que te ha logrado arrebatar de mi camino, te envío esta sencilla carta. No para que busques como aliviar mi pena, no para que me des la mano en un acto de lástima, sino simplemente para hacerte saber lo que siento por ti.

Te doy mis más sinceras felicitaciones. Y espero que conserves esa felicidad, que sin saberlo extendiste hacia mi ventana.

Atentamente:

El pobre soñador.


La mano de Arthur se cierra solemnemente sobre el papel amarillento, y con un vagar ansioso se detiene frente a aquella ventana lanzando una mirada.


No me culpen… tuve un maratón de películas de época xD

¿Quién creen que sea "El pobre soñador"?

Pero no importa cómo lo vean... este capítulo fue escrito siendo Usuk :P