Hola a todos :) espero que sigan al tanto de esta historia, la cual no he abandonado aunque los últimos dos meses digan lo contrario. He tenido algunos asuntos familiares con los que por supuesto que no los voy a aburrir.
No le queda mucho a esta historia aunque debo decir que lo que viene es interesante y vale la pena. Tenía un poco incierto el final pero ya lo he determinado así que espero que se queden conmigo y vean por ustedes mismos.
Les recomiendo retomar el capítulo anterior para que se sientan al día, claro sólo si quieren y les agradezco enormemente por todos sus comentarios y mensajes en mis redes sociales, realmente me impulsaron a continuar.
Espero poner la continuación en más o menos 48 horas, lo cual es genial ¿Cierto? Realmente me siento feliz de haber vuelto.
Capítulo 36:
Fuera de tiempo.
-Padre, no tenía idea de que te encontrabas tan mal. –Emma lo tomó de la mano y pudo notar como su madre trataba de contener el llanto de pie junto a la ventana… no podía imaginar el dolor que estarían sintiendo ambos al encontrarse en esa situación.
-Al menos no tendrás que ser reina, cielo. –Sonrió con ternura y su voz fue tan suave que pudo sentir cómo su corazón cedía a las emociones.
-Papá… –Lloró.
-Estoy bien hija, tienes que irte.
-No estás bien, David. –Regina intervino, su mirada se encontraba vidriosa pero podía mantener la compostura mientras se acercaba por el otro lado de la cama, haciendo que Blancanieves alzara la vista con atención. –No vas a morir mientras no estamos… no vas a morir aún, voy a encontrar la forma.
-A veces no se puede hacer más por un hombre...
-¿Sugieres que debemos rendirnos también conmigo? ¿Con el reino? –Inquirió tomando su otra mano y David, a través de las lágrimas de Emma supo que no lo dejarían ir fácilmente. -Te pondré a dormir.
-¿Cómo dices? –Blancanieves alarmada se acercó al pie de la cama y los observó.
-Es temporal, cuando volvamos lo podrás despertar pero no puede morir mientras no estamos… no puede morir sin que hayamos intentado todo.
-Deja que lo hagan, Blanca. –Susurró David. –Sólo para que estén tranquilas.
-El mundo de los sueños… David, es un lugar oscuro… es…
-Lo sé… -Admitió y su mirada severa confirmaba su determinación
Blancanieves no podía recordar con exactitud la última vez que no había podido contar con David… habían pasado tal vez veinte años… incluso más y la verdad era que durante más de la mitad de su vida lo había tenido a su lado, como un fiel compañero en las aventuras y desventuras que había sido la vida… ahora las cosas eran diferentes.
David yacía bajo un ataúd de cristal con una suave aura mágica de color purpura que lo mantenía vivo, estático en el tiempo… ¿A caso no era igual eso a la muerte? Estaba cerca, podía verlo y no tocarlo pero su mente se encontraba más allá del plano terrenal y no podía ayudarle… no podía hacer nada.
¿Qué clase de reina era? ¿Qué clase de esposa y qué clase de madre?, El bosque encantado estaba a la deriva sin gobernante, los demás reinos resentían la falta de comercio y las personas temían por su vida. Su esposo estaba bajo una poderosa maldición que… casualmente era lo único que lo podía mantener vivo y su hija… su única hija y quien había iluminado su camino durante dieciséis años en el mundo sin magia se encontraba haciendo una travesía hacia otro mundo para hablar con quién podía ser la hechicera más peligrosa… su vida realmente no parecía tener orden, ella ya no pertenecía más a ese mundo. Cuando Emma y Regina desaparecieron en la nube purpura, Blancanieves se dio cuenta de que si quería que el plan funcionara tenía que sobreponerse a sus emociones… su hija no estaba y su esposo yacía inerte, no era el momento para derrumbarse.
-¿Qué hacemos aquí, Regina? Creí que íbamos al País de las Maravillas. –Quiso saber al encontrarse en la habitación de la reina en la casa junto al mar, todo se encontraba tal y como lo habían dejado aquella noche… parecía que había transcurrido una vida.
-Bueno, por supuesto pero es otro mundo y sé que eres consciente de que tengo magia pero no como para un viaje así.
-¿Ah no?
-Viajar entre mundos es… complicado. –Sonrió y Emma la siguió hasta el armario que lucía exactamente igual al del palacio únicamente con las cosas apretadas; en el fondo estaba su espejo de cuerpo completo.
-¿También se necesita un atuendo especial?
-¿He?... Claro que no… a veces me gustaría que pudieras leer mi mente, Emma, no puedo ir explicándote todo lo que va a suceder. –Se quejó mientras ponía la palma de su mano justo a la mitad del espejo y este parecía convertirse en jalea.
-Woah… ¿Qué? ...
-Un portal.
-¿Al País de las Maravillas?
-Veo que eres lista. –Se burló y Emma cruzó los brazos con ironía
-¿Entramos?
-¿No te preocupa lo que pueda haber al otro lado? ¿No tienes miedo? –Inquirió atenta a sus emociones, mirándola a los ojos.
-¿Por qué?…Tú no tienes miedo, sólo no quieres ir. –Sonrió y la tomó de la mano.
-Me parece un argumento razonable. – Asintió y sin soltarla cruzaron detrás del espejo.
Emma usualmente sabía cuándo estaba soñando, pero en ese momento no recordaba haberse quedado dormida, únicamente el armario, el espejo… y ahora, sentía como si hubieran pasado… tal vez días o meses y ella siguiera en la misma posición, tratando de acostumbrarse al aire, al entorno y a cómo el suelo se sentía bajo sus pies y el cielo sobre sus hombros…. "El País de las Maravillas" debía ser el lugar más extraño.
-¿Regina? –La llamó… de pronto recordando que no iba sola y que si ese no era un sueño, ella no debía estar muy lejos. -¿Regina? ¿Dónde estás?
-Aquí. – Respondió desde lo lejos… o tal vez estaba cerca porque podía verla perfectamente a pesar de la distancia… extraño. –Qué bien que has despertado, cariño, me empezaba a preocupar.
-¿Despertar? Nunca me he sentido más dentro de un sueño –Le hizo saber mientras pellizcaba su propio brazo.
-No hagas eso, el País de las Maravillas tiene ese efecto en las personas, sólo te toma unos minutos después de despertar. –explicó tomándola de la mano y siguiendo por un sendero que podría haber sido de pasto o piedras… incluso de tela, dependiendo de dónde se pisara y Emma sólo podía pensar que nunca había visto un cielo completamente púrpura y unas nubes en escalas de rosa pintando el horizonte.
-¿Crees que le agrade?
-¿Qué cosa?
-A tú madre… ya sabes… yo.
Regina apretó su mano con cautela y dedicándole una mirada segura bajó la marcha. -Quiere conocerte desde el día que te lleve al palacio conmigo.
-¿Disculpa?
-Cuando eras pequeña… todos deseaban llevarte, sencillamente yo no lo permití, ya sabes, eres mía.
Emma sonrió y Regina pudo sentir la calidez que crecía en ella, dentro de sí. –Lo soy… ¿Qué crees que piense del bebé?
-Oh cariño… creo que ella lo vio venir hace décadas… realmente escabroso si te pones a pensarlo…
Emma rio con ganas mientras caminaban, en el horizonte, lejos, se asomaba el palacio de la reina de corazones… su destino.
-Muy bien, necesito que los pilares lleven listones color celeste. –Ordenó Blancanieves con seguridad mientras Maléfica giraba los ojos con fastidio.
-Blanca, sólo es una coronación, sólo debes ponerle la corona, hacerla reina, listo. –Se quejó con su huevo en brazos mientras la seguía por el salón, Aurora se encontraba en las caballerizas con Chip, planeando el ataque al palacio de verano junto con los hombres lobo que habían logrado reunir y algunos miembros dispersos del antiguo ejército de Blancanieves. Alexandra miraba todo suceder, sentada en las escaleras de piedra abrazando sus piedras y mordiendo el interior de sus mejillas de forma ansiosa.
-¿Qué piensas, hija? –Cenicienta se sentó a su lado y recargó su cabeza en su hombro.
-No me acostumbro a todo esto madre… Emma y Regina se han ido hace un mes y sencillamente…. No me acostumbro a nada de esto.
-¿Ya no quieres ser reina?
-No planeo decepcionar a todos… ser reina suena fabuloso y para mi suerte realmente me necesitan, madre; me necesitan en serio lo cual es increíble…. Pero no me acostumbro a nada de esto.
-Lo harás bien, hija, lo harás mejor que yo, incluso mejor que Emma y Regina.
La joven princesa sonrió, incrédula ante las palabras de su madre y ante el hecho de que todo lo que sucedía a los pies de la escalera era únicamente para ella… -Necesito ayudar en algo o me volveré loca, admirar todo esto no me ayudará a ser mejor persona.
-Ya empiezas a sonar como una reina. –Le hizo saber mientras la ayudaba a incorporarse y la observaba desaparecer por el recibidor hasta los jardines.
-La coronación es en cinco días, nuestro ataque al palacio de verano debe darse simultáneamente. –Chip señaló el mapa mientras los hombres lobo en su forma humana ubicaban su posición señalada con cruces en el pergamino.
-¿Todos estamos al tanto de que no es una batalla que planeemos ganar?, somos una distracción, sabíamos que Emma y Regina iban a tardar y aún no sabemos cuándo van a volver así que Graham y Roja serán el plan de contingencia en caso de que tengamos que actuar. –Aurora continuó con seguridad; el traje del ejército de Blanca Nieves le sentaba bien a sus ánimos, se sentía útil y entendía por qué Emma había preferido eso toda su vida antes que ser reina.
-Es muy peligroso, demasiado peligrosos si me permite decirlo. –Robin Hood estaba en la esquina de la habitación, atento al plan pero con un escepticismo hiriente para el resto del ejército que por momentos parecían perder las esperanzas… el bosque Encantado cada vez se tornaba un lugar más extraño.
-Es peligroso y nadie está obligado a participar en esto. –Comenzó Chip. –No es culpa de ninguno de ustedes el que estemos en esta situación pero tarde o temprano el ser oscuro iba a surgir con algo para apoderarse del bosque encantado y no es sólo el lugar en el que vivimos, somos todos nosotros y es nuestra responsabilidad protegerlo así que en cinco días, yo saldré de aquí y daré todo de mí porque confío en nuestro plan y todo lo que resulte de ello será para comenzar una nueva era; participemos o no en la batalla, el cambio está en marcha. –Concluyó y Aurora no recordaba haber visto al joven tan solemne y resuelto. En ese momento decidió que ella también confiaba en él y en el resto del ejército, era responsabilidad de todos hacerse cargo, así que con los ánimos compuestos y la moral en alto volvieron a sus trabajos provisionales en el palacio, incluso Robin Hood, quien ahora parecía avergonzado por haber intervenido en primer lugar.
-Bien hecho. –Lo felicitó Aurora.
-Ni siquiera Emma o Regina hubieran podido controlar la situación tan bien… al menos no en el estado caprichoso y conflictivo en el que se encuentran. –Intervino Alexandra abriéndose paso entre el heno a penas el ejército abandonó las caballerizas.
-Su alteza. –Se apresuró a arrodillarse con el rostro enrojecido por la vergüenza y Aurora puso los ojos en blanco mientras sonreía.
-Revisaré como van con los preparativos para la coronación. –Se excusó.
El palacio de la reina de corazones poseía cúpulas sobre las torres, de colores tan intensos como los que se encontraban en el jardín de palacio de verano y en una mezcla que le hacían parecer caramelos adornando la estructura. No era algo que Emma hubiera visto antes y no era algo que esperaba si quiera volver a ver.
-Es asombroso. –Suspiró sin soltar la mano de Regina, estaba feliz de poder compartir su primera aventura con ella pero podía sentir literalmente como la mujer comenzaba a sentirse cada vez más abrumada.
-Es que tenemos demasiado tiempo en este lugar. –Respondió a la pregunta que seguramente se formaba en la mente de Emma.
-¿De qué hablas? Acabamos de llegar. –Quiso saber y Regina dio media vuelta para mostrar como su abrigo se ceñía de forma tal vez cómica alrededor de su estómago.
-No sé exactamente cuánto tiempo llevamos aquí, pero deben ser varios meses. –Continuó tratando fallidamente de sonar tranquila; desabotonó su abrigo y levantó su blusa interior con cuidado ante un jadeo sorprendido de Emma.
-¿Cómo es posible? Sólo tenemos unas cuantas horas aquí. –Su voz se tornó unos tonos más aguda ante la imagen del discreto vientre redondo que se encontraba ante ella. Ahí había un bebé, su bebé y Regina era todo lo que ella deseaba para ese niño, todo lo que deseaba para si misma… el momento de realización le golpeó con fuerza. Regina no era mala, tal vez nunca lo había sido, únicamente estaba asustada, asustada como ese momento, víctima de la incertidumbre y el miedo y se sentía realmente tonta por no haberlo visto antes, por haberla admirado por su fuerza y no por su humanidad y por ende los sentimientos negativos que habían albergado su interior de pronto eran absurdos.
-Acabamos de descubrir la forma en la que está transcurriendo el tiempo aquí. –Dijo preocupada y tomándole el rostro suavemente con ambas manos la trajo de regreso desde sus pensamientos. -Tenemos que apresurarnos, cariño, sólo pueden salir el mismo número de personas que entraron.
-¿Cómo dices? –Reaccionó rápidamente. -¿Sabías eso y aun así entraste?
-Aprobaron el plan sin nosotras, cariño. –Respondió y Emma aún no se acostumbraba a una reina que no conocía todas las respuestas pero esto era diferente, porque sin soltarla de la mano, con el abrigo desabotonado y caminando con habilidad, notó la valentía en su mirada. Estaba lista para irse de ahí. Aunque aún no hubieran hecho nada.
Los guardias a la entrada del palacio de la Reina de Corazones no pusieron ninguna resistencia al escuchar su nombre y para cuando fueron escoltadas al vestíbulo, la mismísima Reina hacía acto de presencia…
-A ver si entendí. –Elsa se encontraba de brazos cruzados frente al cazador. –Quieren que les entregue el artefacto mágico más viejo y poderoso de esta parte del mar… tal vez de todo este mundo si es que han venido de tan lejos… Artefacto que mi pueblo ha tenido resguardado, ¿Y que lo haga así nada más?
-También nos gustaría que nos permitiera utilizar el portal mágico que le ha dado la reina Regina a su esposa para volver a casa, tenemos poco más de tres meses en esta travesía y deben de estar al tanto de que no tenemos ventaja… hemos perdido muchas aldeas por lo que hemos podido escuchar… Imagine nuestra sorpresa cuando nos hemos enterado que el artefacto se ha encontrado bajo su cuidado todo este tiempo.
-¿Y cómo sabemos que realmente Regina los ha enviado? Mérida quiso saber, desconfiando igual que Elsa.
-No lo podemos saber. –Anna interrumpió. –Pero deberíamos hacerlo. Cosas extrañas están sucediendo y ustedes más que nadie, saben que Emma no se casaría con Baelfire, La coronación apresurada de Alexandra hace un par de meses y el ataque fallido al palacio de verano solo demuestra que al menos lo que nos dicen tiene sentido. Si todo el Bosque Encantado corre riesgo con Rumpelstinskin al mando, es cuestión de tiempo para que nos afecte… al menos en este caso… Regina tiene un plan.
-Emma y Regina tienen meses fuera de este mundo, ni siquiera saben si realmente volverán.
-Lo harán. –Mérida, el cazador y Roja pronunciaron al unísono en una sincronía que no hubiera podido salir mejor de haber sido planeada.
-Conozco a Emma y estas personas también la conocen, va a volver, sólo necesita que le compren más tiempo, a ambas, lo lograrán.
-¿Sugieres que se lo demos? ¿Es lo que ambas me están diciendo? –Elsa estaba asumiendo su papel como reina hacía poco que la Reina Ingrid sencillamente había decidido que era un buen momento para hacer un viaje no especificado y aunque era consciente de que su tía no era ajena a su incertidumbre actual, sabía bien que no volvería sólo porque temía tomar una decisión.
-Es lo correcto. –Explicó Anna y le quedaba claro por qué ella no era reina; de ser por su hermana y su corazón dadivoso el reino estaría a la deriva…. Pero era consciente de que al menos en esto tenía razón; era muy extraño que Mérida y Anna estuvieran del mismo lado… Como reina le correspondía tener la última palabra.
-Muy bien, pueden tenerlo… -Afirmó y pudo sentir la sonrisa de su Anna sobre sus hombros. -Pero voy a ir con ustedes.
-¡Por todos los Reyes, Elsa! –Se quejaron su mujer y su hermana con vehemencia.
-He decidido. –Sus palabras dejaron un eco suave mientras se movía a través de la habitación y los dejaba solos. - ¿No van a venir? –Preguntó hacia Roja y el cazador para hacerlos reaccionar….
Emma ya no era una niña, sin embargo no podía evitar sentirse como una observando las paredes altas y coloridas con formas nuevas, las criaturas que rondaban alrededor del recibidor y el brillo que iluminaba el vestíbulo a través de los vitrales incrustados de piedras preciosas; la Reina de corazones, de una u otra forma parecía, así como ellas: no encajar en ese mundo.
Su vestido era como los que solía usar Regina cuando ella era pequeña pero en colores resplandecientes y con estampados en formas intrincadas y fabulosas que terminaban en corazones en lugares estratégicos… labios rojos acompañados por una sonrisa de autosuficiencia que le resultaba familiar pero esta era frívola y completamente egoísta… La mujer era todo un personaje y podía sentir el entusiasmo en su pecho luchar contra la apatía que sentía Regina.
-Les ha tocado un año rápido, querida, para su mala suerte el año pasado transcurrió lento, como doce años y este lo está reponiendo en esa cantidad de horas… si nos ponemos a pensar, al menos no les tocó el año de doce minutos… - Rio con frialdad y dirigió su vista hacia el atuendo descompuesto de Regina y enseguida se detuvo en su vientre.
-Supongo que pudo haber sido peor. –Expreso Emma tratando de desviar la atención hacia ella.
-La hija de Blanca Nieves en persona, no creo que puedas si quiera imaginar mi emoción ante la idea de que formes parte de la familia. – Le hizo saber mientras se aproximaba hacia ella y con sus manos enguantadas en cuero rojo le tomaba el rostro y la analizaba…- Emma estaba sorprendida. –Debiste venir sola, ¿A caso quieres que tu hijo nazca en el país de las maravillas?
-Tú tienes que ver con que este año fuera rápido, Madre. –Intervino quitándole las manos del rostro de Emma y mirándola con furia. -Me iré en este momento sin respuestas y habré perdido una cantidad absurda de meses antes que tener a mi hijo en tu mundo.
-Me halaga que pienses que controlo el tiempo para fastidiarte, Regina y me apena mucho decepcionarte pero no tengo malas intenciones en absoluto… aunque debes admitir que dejar a tu hijo conmigo sería la única forma de salvarlo de la deuda que tienes, sé por qué están aquí no tengo una respuesta que ofrecerles… no pueden vencer a Rumpelstinskin.
-No dejaremos a nuestro hijo aquí. –Regina estaba determinada, completamente cegada por la furia que su madre le producía, pero Emma pudo ver más allá.
-¿A qué se refiere? Es decir… no vamos a abandonar a nuestro hijo pero para ser alguien que dice no tener una respuesta, parece conocer el camino que deberíamos seguir.
-No les va a gustar lo que yo tengo para decir pero es la única opción que les puedo ofrecer. –Comenzó y al instante entraron las criaturas del servicio con asientos y tazas de lo que podía ser o no ser, té. –Oh no, mi hija ya se va. –Les indicó y tomó en sus manos las de Emma y Regina mientras las miraba fijamente. –Si quieren salvarse tienen que irse, ustedes y su hijo a un mundo sin magia, donde Rumpelstinskin no pueda utilizar sus poderes...
-¿Y el Bosque encantado? –Interrumpió Emma alzando la mirada, buscando un poco de compasión en la reina de corazones.
-No hay nada que puedan hacer para salvar a los demás, Rumpelstinskin es demasiado poderoso y no tardará más que un par de horas en salir si es que lo logran atrapar con la magia del reino del Norte… pueden salvarse ustedes, puedes recuperar tu mortalidad. –Se dirigió a Regina y apretó la mano de Emma con entusiasmo.
