El olor de la sangre de Sesshomaru llegó a Inuyasha, quien se preocupó y tenía miedo. La estola de su hermano lo mantenía protegido, pero no había nadie que cuidara de Sesshomaru.

— ¿Aún no te das por vencido, perrito? — se burló el cobrizo.

Sesshomaru tenía su respiración agitada. Era difícil mantenerse en pie o seguir el ritmo de ataques. Le habían arañado su mejilla derecha y el hombro, recibió un par de golpes en sus costillas y unos cuantos en su abdomen. Pero no permitiría que hirieran a Inuyasha.

— ¿Eso es todo lo que tienen? —preguntó arrogante. Ya había eliminado a tres gatos, no estaba seguro si podía con los otros tres, pero tenía que intentarlo. No sólo era cuestión de orgullo. Su vida y la de Inuyasha estaban en riesgo.

Tenía que confiar en sus habilidades.

—He visto a demonios más grandes y con más experiencia suplicar por su vida. Tú eres diferente. Me caes bien así que si decides rendirte ahora me aseguraré de que no te maten tan dolorosamente cuando lleguemos con mis señores— Dijo el gato negro.

—Oh tal vez te conserve para mí. Siempre he querido tener un perrito— mencionó la gata color miel, guiñándole el ojo coquetamente.

Sesshomaru odiaba la forma en la que lo miraban; la gata parecía inspeccionarlo con la mirada de una manera no muy agradable. A diferencia del gato cobrizo que le miraba con una mirada depredadora y el gato negro simplemente le veía como un juego.

—Prefiero morir antes de obedecer a unas criaturas inferiores— respondió Sesshomaru.

—Tú te lo buscaste. Atáquenlo— ordenó el gato negro con enojo.

El gato cobrizo se le abalanzó para darle un zarpazo, Sesshomaru esquivó difícilmente preparando su látigo venenoso para atacar. Su debilidad era tal que ni siquiera pudo invocar el látigo.

Se regañó internamente por su incapacidad.

El cobrizo aprovechó la ocasión para atacarlo con su otra zarpa. Sesshomaru intentó esquivarlo, pero sus piernas no respondieron. Se encontraba agotado. Cerró los ojos a la espera de recibir el ataque… ataque que jamás llego. En cambio, fue recibido por el quejido de dolor del gato y la ausencia de peso en su brazo izquierdo.

Inuyasha atacó con sus garras al gato que tenía planeado herir a su hermano, ocasionándole cuatro rasguños en el brazo.

—Estúpido cachorro — siseó el cobrizo.

—El hanyō tratando de ayudar a su hermano que adorable — comentó la gata.

Sesshomaru miró con sorpresa y preocupación a Inuyasha que lo había ayudado, algo de molestia también creció; él es el hermano mayor se supone que debe de cuidar de Inuyasha, no al revés.

Sesshomaru iba a regañarlo, pero algo lo detuvo; la energía de Inuyasha había cambiado al igual que sus ojos que se habían puesto ligeramente rojizos para volver rápidamente a su color natural.

El miedo seguía latente en Inuyasha, pero al ver que esos gatos lastimaban a su hermano mayor y recordando las palabras que Sesshomaru le había dicho poco después de enfrentarse a los demonios que lo habían lastimado. Superó su propio miedo y algo en él despertó. Inuyasha estaba sorprendido y aterrorizado de sí mismo al oler la sangre en sus garras.

—Voy a matarte — insultó el gato cobrizo a Inuyasha y se abalanzó contra él.

Sesshomaru reaccionó rápidamente tomando a Inuyasha por el brazo y atrayéndolo hacía a él, para finalmente utilizar su látigo.

La gata bufó en la ira al ver la cabeza de su amigo rodar por el suelo.

—Voy a hacerte pagar por eso — Amenazó Mine.

Sesshomaru no comprendió de dónde salió esa fuerza cuando se sentía tan exhausto y agotado. Ignorando esos sentimientos de agotamiento cubrió a Inuyasha para que no viera tan cruel escena.

—Ya me cansé de juegos — masculló el gato negro, tomando su verdadera forma.

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Irasue se apartó del abrazo de Etsu. Este no era el momento ni el lugar para estar con remordimientos. Tenía unos cachorros que buscar y si no se daba prisa sería más difícil encontrarlos. Se secó esas lágrimas traicioneras y volvió actuar como de costumbre.

—Gracias Etsu. Lo lamento, no debería de…

—Está bien, Irasue— le interrumpió el daiyōkai de ojos claros, tomando las manos de ella—. Los cachorros estarán bien, los encontraremos.

Ella asintió por las palabras de ánimo y sintió la presencia de su compañero. El enojo hirvió en ella. Él tenía que cuidarlos y ni siquiera había estado en el palacio cuando ocurrió todo el suceso.

— ¿Han encontrado algo? —Preguntó a la lejanía Inu no Taisho. Cuando se acercó lo suficiente miró con molestia el "afecto" de Irasue y Etsu. Desvió su mirada de ellos.

— ¿Interrumpo algo? — cuestionó cortante.

Irasue le dio un suave apretón de manos a su amigo antes de soltarlo —. No, no lo haces—respondió con desinterés.

Etsu fingió no sentir toda la tensión en el aire —Encontramos una marca de…

—Gatos leopardo— interrumpió Inu no Taisho.

— ¿Cómo lo sabes?

—Larga historia. Deberíamos de estar buscándolos no perdiendo el tiempo aquí.

La molestia en la voz de Inu no Taisho era evidente. La tensión en el aire y miradas de enojo que se ofrecían la pareja entre sí era agobiante. Etsu sabía que no debería de estar ahí, no era recibido en esa escena, este no era su problema. Si estaba ahí era para Irasue, para su amiga, para la que fue el amor de su vida. Y por tal motivo sentía el compromiso de estar para ella.

Ahora que sabía que los rumores sobre Inu no Taisho eran ciertos lo hacían enojar, ¿Cómo podría hacerle eso Inu no Taisho a Irasue?, esas entre muchas cuestiones similares invadían su mente. Tuvo que hacerlas a un lado sabiendo que este no era el momento para sentimentalismos.

Que descaro por parte de Inu no Taisho, ¿Cómo podía hacerse el ofendido después de todo lo que había hecho?, Irasue estaba molesta, no, ella estaba furiosa no sólo por la actitud de Inu no Taisho también por la ausencia de sus cachorros que podían estar en cualquier lugar corriendo algún peligro.

— ¡Es tu culpa! — reclamó Irasue a Inu no Taisho.

— ¿Mi culpa?

—Tú deberías estar cuidándolos y los dejaste solos. Si les sucede algo, no te lo voy a perdonar—Amenazó Irasue con sus ojos rojizos.

«Yo tampoco» pensó Inu no Taisho, pero no mostró culpabilidad— tenía que...

—No me importa lo que tenías que hacer, tú prioridad…

— ¡Basta! Podrían dejar sus problemas para después hay unos cachorros que buscar— Interrumpió Etsu con algo de molestia.

La pareja desvió su mirada entre sí, avergonzada por discutir en el momento y lugar inapropiado.

La ira de Irasue se desvaneció para volver a traer la preocupación; ella estaba ahí perdiendo el tiempo cuando sus hijos la necesitaban.

Etsu se sintió mal y miró con rabia disimulada al evidente culpable del dolor de Irasue.

Inu no Taisho podía sentir la mirada fulminante de Etsu, que decidió ignorar. Ahora no sólo Sesshomaru lo odiaba, también lo hacía Irasue, Etsu (no entendía muy bien el porqué, bueno probablemente sí, había tratado de manera hosca y cortante a su amigo últimamente) y probablemente Izayoi también lo haría cuando supiera todo lo ocurrido.

Tenía la esperanza de encontrar a sus cachorros antes que cualquier peligro y si no lo hacía. Jamás se lo perdonaría.

Dio un suspiró fatigado ignorando por completo a su compañera y amigo, centrándose en su pensamiento y tratando de averiguar a donde iría Sesshomaru.

«El bosque Shibu podría ser un posible lugar, pero lo dudo. Sesshomaru no sería tan ingenuo de ir ahí si lo que quería era alejarse del palacio. ¿Por qué huiste Sesshomaru?» Y recordó, recordó la discusión anterior con su mayor, recordó lo estúpido que había sido al castigarlo y lo miserable que se sintió al escuchar las palabras de Te odio salir de la boca de Sesshomaru. «Por todos los kamis, en verdad ¡soy un terrible padre!… pero ahora no es momento de pensar en ello.»

¿Dónde podrían estar sus cachorros?

El lugar era tan inmenso, tomando en cuenta que Sesshomaru heredó su velocidad (o incluso era mucho más veloz que él e Irasue) y que logró burlar a los guardias, en estos momentos Sesshomaru podría estar en cualquier lugar.

De la nada y por la desesperación, tuvo una gran idea.

—Tenemos que separarnos.

Irasue y Etsu parecieron considerarlo solo por poco tiempo.

—Eso sería lo mejor— comentó Irasue —Nos beneficiaría a todos.

Pero nadie parecía hacer nada e Irasue mantenía una extraña mirada en él.

—Habló de separarnos: buscar cada uno por un lado, así sería mucho más fácil encontrarlos—Explicó Inu no Taisho.

—Eso también es una gran idea, yo iré por aquí—Irasue no esperó respuesta y se marchó.

Ambos daiyōkai miraron con confusión a la hembra y después de un segundo Etsu rió en voz baja y se fue hacia el lado opuesto de donde Irasue se marchó.

«Espera… ¿Que había querido dar a entender Irasue?» sin querer pensar más en ese asunto teniendo prioridades más importantes, sus hijos, tomó su propio camino a velocidad.

Sesshomaru conocía los alrededores, pero había ciertos lugares a donde Inu no Taisho no lo llevaba porque lo consideraba aún muy joven para enfrentar los peligros que en ellos habitaban. Esperaba que Sesshomaru no anduviera en ninguno de esos terrenos.

La luz del sol también estaba desapareciendo. Necesitaba darse prisa, o sus cachorros podrían tener algún encuentro desagradable con los habitantes no deseados que acechaban en los bosques al irse los rayos de sol.

No importaba quien de los tres los encontrara, lo importante es que lo hicieran. Si los gatos leopardo estaban detrás de sus cachorros o cualquier otro ser y les habían hecho algún daño; no se lo perdonaría jamás.

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Inuyasha se ocultó dentro de un gran árbol. Se había negado en abandonar a su hermano, pero Sesshomaru había insistido. Inuyasha no tuvo más remedio que obedecer.

Podía escuchar los claros signos de pelea a pesar de que se había alejado; los gruñidos, quejidos e incluso bufidos eran escuchados. Lo más preocupante era que podía escuchar los sonidos de dolor de Shu, ya no sonaban como si fuera él, pero Inuyasha lo sabía. Era su hermano y no sabía qué hacer para ayudarlo.

—Ven aquí, pequeño cachorrito— Llamaba la gata rondando cerca, chistándole como si anduviera llamando a una mascota desaparecida.

Inuyasha no emitió ningún sonido y trató de no hacer movimiento alguno para no obtener la atención de la gata.

Inuyasha estaba aterrado. Lo que quería era tener a su papá y mamá con él.

— ¡Te tengo! — anunció la gata con triunfo, tomando al pequeño hanyō por su cabellera.

Inuyasha chilló por sorpresa y terror, tratando de arañar a ese brazo intrusivo. Sus intentos parecieron funcionar porque la hembra lo soltó.

—Cachorro malo—masculló la hembra, acariciando el brazo rasguñado.

Estaba a punto de volver a intentarlo, pero algo más robó su atención. Cerca de ellos habitaba una presencia.

—Quien sea que este por ahí, lárguese. Esta es mi presa y no pienso compartirla— desafío Mine.

La entidad no parecía escuchar y seguía merodeando por ahí. Observándolos.

Inuyasha no sabía con quien se enfrentaba la gata, no había ningún olor familiar cerca. Escuchó algunas amenazas por parte de la gata, hasta que todo ruido exterior se detuvo y la sangre predominaba en el lugar.

¿Alguien lo había salvado? ¿Su "salvador" también ayudaría a su hermano?

Su optimismo fue desvanecido cuando escuchó la voz tan estruendosa y aterradora del otro habitante del lugar.

—Bocadillo puede esperar.

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El gato negro era inmenso en su verdadera forma, no tan grande como su padre (Sesshomaru jamás consideraría que algún demonio fuera más grande y fuerte que su padre). Pero a diferencia de ellos. La verdadera forma Inu yōkai de Sesshomaru no estaba plenamente desarrollada; tomaría décadas para que obtuviera un gran tamaño y probablemente unos siglos para que consiguiera el digno tamaño de un Inu como su padre.

Por lo tanto, Sesshomaru era un par de metros más pequeño que su atacante, eso no detuvo a Sesshomaru quien demostraría que era más capaz de lo que aparentaba.

Al principio, había temido tomar su verdadera forma y enfrentarse a los gatos leopardo, porque eso dejaría indefenso a Inuyasha. Finalmente decidió hacerlo, confió en que Inuyasha fuera más veloz y astuto para ocultarse. Esperaba que los juegos de escondidas dieran sus frutos en su hermano pequeño.

Sus pensamientos sobre la seguridad de Inuyasha fueron desvanecidas cuando por fin el gato negro logró tumbarlo y ponerse sobre él. El maldito gato no se le quitaba de encima y trataba de morderle el cuello.

Sesshomaru utilizaba sus patas traseras para quitarse el pesado cuerpo de encima y con sus patas delanteras evitaba las peligrosas mordidas del felino.

El gato ya le había arañado, mordisqueado en su hombro ya herido y lastimado su pata trasera izquierda.

Sesshomaru no se quedaba atrás. Soltaba mordidas en cualquier lugar donde le hiciera daño al gato, pero el felino parecía ser tolerable a las mordidas (era eso o simplemente Sesshomaru estaba demasiado exhausto para dar una verdadera pelea).

«Humillante» Pensó Sesshomaru, sin creer cómo podía ser tan débil en momentos de necesidad.

Después de varios minutos de lucha. Logró quitarse el pesado cuerpo. Se levantó pesadamente, jadeando por el esfuerzo realizado. El gato leopardo se levantó rápidamente mas no lo atacó, en cambio, lo rodeó y pareció observarlo con diversión. Burlándose de él por medio de maullidos.

Sesshomaru gruñó en respuesta. Quería quitarle toda diversión al gato, pero estaba demasiado agotado incluso respirar se le dificultaba. Jamás se había exigido tanto a sí mismo, y por ello al conocer que no era tan fuerte como se lo imaginaba le devastaba.

«Si tan sólo no le hubiera seguido el juego a Rayden…» Se regañó, si no hubiera estado peleando con Rayden como de costumbre, tendría toda su energía para defenderse. Pero no. La desperdició perdiendo el tiempo con Rayden y su pandilla.

Sus padres tenían razón, aún era un cachorro, pero no cualquiera, era un cachorro torpe por haberse dejado llevar tan rápidamente por sus emociones y tener una tonta idea de salir. No sólo él estaba pagando el precio por su torpeza, también Inuyasha quien se había pegado a él.

Salió de sus pensamientos al escuchar el chillido de Inuyasha. Miró hacía el lugar donde provino el sonido dispuesto a correr en ayuda de su hermano. Esa distracción la aprovechó el gato que, sin duda, atacó el cuello descubierto y vulnerable de Sesshomaru.

Cuando Sesshomaru quiso reaccionar al ataque, fue demasiado tarde. El gato ya tenía bien clavados sus colmillos en su cuello. Gruñó de dolor y trató de forcejear para zafarse, pero cualquier movimiento ocasionaba que el gato mordiera con más fuerza, al punto que Sesshomaru sentía la dolorosa mordida asfixiante y peligrosa.

El gato obligó a Sesshomaru a caer de nuevo, se había resistido al inicio, pero al tener su hombro mal herido al igual que su pata trasera izquierda cedió.

La mordida lo estaba asfixiando. Poco a poco la lucha de Sesshomaru comenzaba a detenerse.

Sesshomaru comenzó a entrar a la inconsciencia, pero no podía permitírselo cuando Inuyasha estaba por ahí corriendo algún peligro por su culpa. Si algo le sucedía a Inuyasha, Sesshomaru no sería capaz de perdonárselo.

El gato leopardo vio esto como un triunfo, pero el olor de la sangre de su amiga se esparcía en el aire. Sin soltar al joven daiyōkai observó a su alrededor.

Si Sesshomaru quería salir de esta tenía que pensar rápido. La mejor idea que tuvo es hacerle creer al gato que había ganado, no era una de las mejores tácticas (era humillante en su opinión), pero no tenía algo mejor. Dejó de luchar y como planeó, la idea funcionó porque el agarre del gato leopardo se aflojó.

Para su desgracia notó que no había sido por él, había una bestia rodeando cerca de ellos.

Definitivamente hoy era un mal día para dejarse llevar por sus decisiones torpes e indignas de un príncipe.