¡Hola a todos! ¿Qué tal estáis? Aquí tenéis el siguiente capítulo. La hora de la verdad.

36.

Tom está sentado en el sofá a mi lado. Yo intento quedarme quieta, pero no puedo. El partido va a empezar, y no puedo evitar que mi frustración vaya aumentando por segundos. Yo tendría que estar ahí ayudando al equipo. Si hoy perdemos, los S.T.A.R.S. de Maine serán los campeones.

Sólo nos vale la victoria, y no creo que nuestro rival nos la vaya a servir en bandeja. Tom me dirige una mirada rápida. Sabe lo importante que esto es para mí, y ha decidido quedarse conmigo a pesar de que tiene que estudiar. Le miro. No puedo estar más contenta por tenerlo a mi lado.

-Será mejor que te sientes –me advierte Tom con un tono de voz tranquilo -. Va a empezar ya. Espero que tus compañeros hagan magia hoy, porque si perdéis…

Me siento a su lado viendo a todos los jugadores ponerse en posición. Si, Tom, no hace falta que lo repitas. Soy perfectamente consciente de lo que nos jugamos. El árbitro se acerca al centro, donde Edward y un tipo rubio se disponen a saltar en cuanto el balón esté en el aire. Es una sensación muy extraña ver el partido desde aquí. Siempre lo he hecho desde la pista.

Junto las manos a la altura de mis labios mientras veo cómo el árbitro lanza el balón hacia arriba, fuera del alcance de Edward y su rival. La suerte ya está echada. Observo con rabia cómo el tipo rubio roza con la yema de los dedos el balón y va a parar hacia uno de sus compañeros, concretamente… una mujer.

Me sorprendo. No sabía que en los S.T.A.R.S. de Maine había una mujer. Aún estaba de baja cuando mis compañeros fueron a Augusta para disputar el encuentro, y ninguno me comentó nada al respecto, sólo que la derrota había sido muy abultada.

Puede que esa mujer los superara en todos los aspectos y se sentían avergonzados de reconocerlo.

Típico de los hombres. Quiero ver cómo juega. Observo con horror cómo uno de los jugadores de Maine está completamente desmarcado. Le pasan el balón. Tira desde tres o cuatro metros y la pelota entra limpiamente. Empezamos bien. Wesker saca de banda y se la da a Joseph.

Ese balón tendría que llevarlo yo…

Joseph cruza nuestra zona de juego y se detiene delante de la línea de tres puntos. La mujer abre los brazos para cubrir las zonas de pase. Vaya, sería muy interesante enfrentarme a ella. Joseph hace un amago de pase hacia la zona, donde Edward la pide. Decide enviársela a Forest, que está a su derecha.

Pero la mujer descubre sus intenciones y mete la mano en el momento justo. Se queda con él en las manos y manda un pase largo hacia uno de sus compañeros que va solo hacia canasta.

Con un mate sin demasiada historia sube dos puntos más al marcador. Maldita sea. No damos una. Debemos tener la cabeza fría. Creo que eso es lo que Chris le está diciendo a Joseph mientras le pasa el balón desde el lateral. Joseph cruza rápidamente la línea divisoria y se detiene en el lateral izquierdo.

El capitán Wesker realiza un bloqueo y Joseph pasa de la línea de tres puntos. Se detiene delante de un defensor que detiene su avance. Veo que Chris va corriendo solo hacia la canasta. Pasa por su lado pero no se la pasa. Joseph vuelve a sacar el balón hacia fuera. Forest lo recibe y se la pasa al capitán.

Wesker sortea a su defensor y corre hacia la canasta. Chris está debajo solo. Se la pasa. Chris deja una bandeja…. Y se sale por unos dedos milagrosos que ha metido el defensor… ¡cuando ya había tocado tablero!

-¡Tapón ilegal! –protesto llevándome las manos a la cabeza. No puedo creerme que el árbitro no lo haya visto. Veo que algunos del banquillo se levantan pidiendo que entre la canasta.

Los S.T.A.R.S. de Maine han aprovechado el despiste para anotar otros dos puntos fáciles. Veo al capitán y a varios jugadores más hablar con el árbitro. Incluso Irons está metido en el ajo. Oigo al público abuchear. Espero que no sea al equipo.

Kenneth empieza a hacerle al árbitro gestos como consecuencia de la rabia, y me quedo sorprendida al oír el silbato y ver cómo le han pitado una técnica. Madre mía.

-Esto no me gusta… -murmuro viendo al capitán llevándose a Kenneth, Forest y Richard hacia otro lado.

-Creo que el árbitro está siendo un poco riguroso con las faltas –opina Tom mientras me llevo las manos a la cabeza. No podemos dejar que las emociones nos dominen.

Uno de los S.T.A.R.S. de Maine se acerca a la línea de tiros libres. Mis compañeros aún siguen hablando entre ellos. Lo que más me sorprende es ver a Chris bastante tranquilo. No sé si será por los nervios, pero no es típico de él. Rezo en silencio para que el tiro libre no entre… Mis plegarias se las lleva el viento.

Llevamos encajado un parcial de siete a cero. No podemos seguir así. Me sorprende ver que es el capitán el que sube el balón. Se detiene un poco más allá de la línea divisoria. Edward acude a hacer un bloqueo. Wesker sale de él sin demasiadas dificultades, pero le salen dos contrincantes al paso. Intenta llevar el balón hacia uno de los laterales sin demasiado éxito. Está muy bien cubierto.

Veo que Chris pasa por detrás. El capitán le cede la pelota. Chris hace un amago de tiro. El rival no pica. Maldita sea… Chris entra un poco en la zona. Se acaba el tiempo. Se levanta y tira… pero el balón va directo hacia Forest, que está en la parte izquierda. El pase le pilla tan desprevenido que prácticamente ha tenido que quitarse el balón de encima.

Doy un golpe al respaldo del sofá al comprobar cómo uno de los rivales se hace con el balón en el aire. No nos está saliendo nada. Los S.T.A.R.S. de Maine entran en nuestro campo. Veo que mis compañeros han decidido situarse en zona. Espero que con un cambio de estrategia podamos arreglar esta situación.

Uno de ellos corre hacia la esquina derecha, completamente solo. La recibe y se levanta de tres sin que le opongan resistencia. Cuando el capitán ha saltado ya era tarde. Y otros tres puntos más para Maine. Irons pide tiempo muerto hecho una furia. Le grita algo a Chris y a Joseph. No es justo. El equipo entero es el que no está bien.

-Lo siento mucho, nena –me intenta consolar Tom dándome unas palmadas en la rodilla. No sé qué decir. Estoy en shock.

-Lo estamos haciendo fatal. Tiene que haber algo que cambie la dinámica del partido.

Los jugadores empiezan a saltar de nuevo a la pista. Veo que Irons ha cambiado a Joseph, Forest y Edward por Richard, Barry y Enrico. Me sorprende el cambio. Quiere decir que Chris o el capitán van a jugar de escoltas. Barry saca de fondo. Richard deja botar unos segundos el balón para avanzar sin que el tiempo corra. Eso lo he hecho muchas veces también.

Chris está en uno de los laterales. Es escolta. Frunzo el ceño. ¿A qué está jugando Irons? ¿Por qué no ha dejado que Joseph o a Forest se encarguen de ese puesto? Estoy segura que mis compañeros están tan sorprendidos como yo. El capitán Wesker, ahora en la posición de alero, pasa por detrás de Richard. Hace un bloqueo y Richard sale de él rápidamente.

Le pasa el balón a Enrico, que está en el poste bajo intentando abrirse hueco. Uno de los S.T.A.R.S. de Maine sale en ayuda de su compañero. Concretamente, el que defiende a Chris. Enrico lo ve y le pasa el balón a Chris. Está solo. No puede fallar. Se levanta desde unos cuatro metros y lanza. El balón da en el aro, sale despedido hacia arriba… y entra.

Resoplo. Qué alivio. Con mucho trabajo, pero hemos conseguido nuestra primera canasta después de casi cinco minutos. Chris resopla también. Sonrío. Hasta para eso estamos compenetrados. A veces… me da hasta miedo.

Atacan los S.T.A.R.S. de Maine, que también han hecho algunos cambios. Ahora el base es un hombre. Richard le defiende de cerca. No se despega ni un centímetro. Eso me gusta. Espero que esta canasta haya servido para motivarles. El que lleva el balón se la pasa a un compañero que está fuera de la zona.

Wesker le defiende. Barry acude a realizar una defensa intensa. El tipo se ve acorralado. No tiene un pase claro. Me acomodo en el sofá con las manos entrelazadas a la altura de mis labios. Dios, esto tiene que salir bien. Los segundos pasan, y el balón no sale de allí. Veo que Barry mete la mano y coge el balón, pero el rival también.

Luchan durante unos segundos por él hasta que suena el silbato. Aplaudo. Muy buena, Barry. Y lo mejor de todo es que el salto lo gana. Richard se queda con la pelota en las manos hasta que todos los rivales vuelven a su área.

Richard se la pasa a Chris, que bota el balón bastante bajo e indicándole algo a Enrico. Chris penetra un poco en la zona y se la deja al capitán del equipo Bravo. Enrico vuelve a sacarla hacia fuera, donde Wesker recibe el balón.

Aguanta unos segundos con el balón escondido. Quedan cinco segundos para que se acabe la posesión. Da unos pasos y se levanta. Tira en carrera. La pelota da en el aro y sale despedida hacia la izquierda. Uno de los hombres más altos de los S.T.A.R.S. de Maine la atrapa. Aprieto el puño con rabia. Venga, vamos…

Ahora están todos en nuestra área. Escucho al público animarnos. Es digno de admirar. Ojalá pudiéramos responderles como se merecen. El balón está en la zona. Enrico defiende a su marca, que avanza de espaldas a canasta. Se detiene, pero Enrico no cae en la trampa. Sigue con los brazos en alto.

Y entonces, el tipo pasa el balón hacia la parte derecha, donde la recibe el número diez. Trapp o algo así. Ya me han hablado del dolor de cabeza que supuso defenderle en el anterior partido. Bota el balón entre las piernas y lanza desde el triple. Chris salta bien e intenta estorbarle, pero no da resultado.

Chris niega constantemente con la cabeza. A pesar de la buena defensa han conseguido salirse con la suya. Qué mala suerte. Richard mueve la pelota. Se la da a Chris. Chris se la pasa a Barry. Recibe un bloqueo del propio Chris y avanza y se la deja a Enrico en el poste. Enrico se la devuelve a Chris cuando pasa por su lado.

Chris le da un pase por la espalda a Wesker, que está por la zona. Me quedo boquiabierta. ¿Cómo demonios ha hecho eso? El árbitro toca el silbato en el momento en el que el capitán recibe una falta cuando tira. No entra por muy poco.

Bueno, de una buena jugada hemos sacado dos tiros libres. No está nada mal. El capitán se acerca a la línea de personal tan serio como de costumbre. Es muy seguro con los tiros libres. No creo que falle.

-Qué chungo tiene que ser trabajar para él –comenta Tom sin apartar la mirada de la televisión. Me río sin poder evitarlo. Respiro aliviada al comprobar que el primer tiro va dentro.

-Es un poco difícil, sí –respondo al comentario de Tom viendo cómo Wesker vuelve a recibir el balón -. Lo que más me importa es que es un auténtico profesional.

El segundo tiro libre entra sin rozar el aro. Volvemos a estar nueve por debajo. Pero lo más preocupante es que quedan tres minutos para que termine el primer cuarto y sólo llevamos una canasta de Chris y dos tiros libres.

El base de Maine conduce el balón con tranquilidad. Se para delante de la línea de tres. Bota el balón de una mano a otra intentando despistar a Richard. Pero él no se deja intimidar. Mantiene firme su posición. Uno de los rivales le sale al paso.

Richard sale del lío como puede, pero el capitán Wesker acude a la ayuda rápidamente. Muy buena ayuda. Les quedan poco más de diez segundos. El tipo sigue botando el balón. No lo ve nada claro. Eso está muy bien. De pronto, se levanta y tira. Ha sido un tiro tan forzado que se queda corto y va a parar a las manos de Chris.

Vuelvo a respirar aliviada. Chris sube el balón como si de un base se tratara. Sonrío. Yo le enseñé a hacer eso en uno de los entrenamientos en la comisaría. Hemos aprendido mucho el uno del otro. Le veo entrar en la zona como si nada. Se levanta y deja una bandeja. Ha pillado a todo el equipo desprevenido.

El estadio vuelve a rugir con fuerza. Nos hemos puesto a siete. Llevamos un par de minutos jugando a un nivel excelente. Los S.T.A.R.S. de Maine vuelven al ataque. El base le cede el balón a otro jugador que pasa por su lado. Concretamente, a Trapp. Eso no es bueno. El capitán sale a su encuentro. Le pone una mano en la cintura para evitar que avance. Trapp trastabilla un poco pero consigue salvar el balón.

Wesker sigue sin dejarle un centímetro. Los segundos pasan y no hace ningún tipo de jugada. Estoy viendo que les gusta mucho jugar en estático y defender en zona. Nos quieren pillar por todos lados. Trapp amaga el tiro. Sorprendentemente, el capitán cae.

Trapp da un paso lateral y se levanta de tres cuando quedan siete segundos. Entra limpia. El estadio vuelve a enmudecer. Este tío está en racha, y no conseguimos pararlo. Irons cambia al capitán Wesker y a Chris por Kenneth y Joseph.

Esos minutos de descanso les vendrán bien. Volvemos al ataque. Richard se para y mira alrededor. Se la da a Joseph. Joseph avanza un poco hacia la derecha. Se la pasa a Barry, que está vuelto de espaldas. Da unos pasos y se la devuelve a Joseph cuando pasa por su lado.

Joseph aguanta el balón cerca de la línea de fondo. Salen dos contrarios a defenderle. Joseph le da un pase picado a Barry, que se cuelga del aro. Me uno a los aplausos del banquillo y la ovación de la grada. Qué pena que los nervios hayan sido tan traicioneros con nosotros al principio.

Volvemos a los condenados ocho puntos de diferencia, los mismos que hemos anotado en este cuarto. Muy preocupante. Quedan cuarenta segundos para el final. A ver si podemos defender bien esta jugada. El base penetra un poco en la zona, pero se detiene. La saca hacia el exterior, donde están situados la mayoría de los S.T.A.R.S. de Maine.

Trapp la recibe y da un pase por alto al pívot del equipo, que está siendo defendido por Kenneth. Mete un poco el cuerpo para estorbar, pero no da resultado. Ya están muy cerca del aro. El tipo se levanta y lanza el balón con tan mala suerte que Kenneth le da con fuerza en el brazo. El golpe se ha escuchado hasta aquí.

El árbitro pita y se acerca corriendo para comprobar el estado del jugador que está en el suelo. Kenneth levanta las manos en señal de disculpa. Lo conozco muy bien, y aunque por su físico intimida, es un bonachón. Algunos de los rivales se acercan a él para pedirle explicaciones.

En el banquillo veo a Chris, al capitán Wesker y a Forest levantados. La cámara se centra en el árbitro y se me para el corazón al verle señalar una falta antideportiva. Kenneth ya tenía una técnica. Está expulsado. No me lo puedo creer.

Enrico y Barry están hablando con el árbitro sin demasiado éxito. Va a servir de poco la charla. Dios, ahora sólo somos nueve, y sin contar a Brad, ocho… El árbitro les pide a Barry y a Enrico que se larguen, y le indica a Kenneth el camino de los vestuarios. Cabizbajo, veo a mi compañero abandonar la pista animado por el resto y el público, que corea su nombre.

Ahora sí que estamos metidos en graves problemas.

-Los árbitros os la están jugando –comenta Tom tan sorprendido como yo -. Están siendo muy duro con vosotros.

Me levanto del sofá sin querer mirar los tres tiros libres que van a lanzar nuestros rivales. Necesito despejarme. Iré a mi cuarto para ver si mi teléfono ya ha terminado de cargar.

Abro la puerta con rabia y me siento en la cama. Cojo el teléfono que está encima de la mesita de noche y compruebo la carga. Noventa por ciento. Suficiente. Tengo un mensaje. Oigo a Tom decir algo, pero no le presto mucha atención. Mi mente sólo capta el nombre de Chris y lo que me ha escrito.

Irons te ha incluido en la convocatoria.

Lo leo un par de veces más sin dar crédito a lo que veo. Chris me escribió hace cerca de dos horas, justo antes de que empezara el entrenamiento. Frunzo el ceño pensativa. ¿Por qué me ha incluido en la convocatoria? ¡Sí él mismo me dijo que me dejaba fuera! Esto no tiene ningún sentido.

-Cari, ven, te lo vas a perder –oigo gritar a Tom desde el salón. Espero que sea algo bueno, para variar.

Vuelvo al salón con el teléfono aún en la mano y sin parar de darle vueltas al mensaje. No me pega que Chris mienta. El odio que todos procesamos a Irons es inevitable, y creo que sólo quiere avisarme sobre lo que ha pasado… y si puedo hacer algo al respecto… y claro que puedo hacerlo.

-Mira qué canasta ha metido Marini –me dice Tom cuando cruzo el umbral de la puerta. Miro la pantalla.

Quedaban sólo tres segundos. Enrico avanza de espaldas. Aguanta el balón y hace un reverso para dejar una cómoda bandeja cuando sólo quedaba un segundo. Ese reverso… ha sido increíble. Compruebo con mucho pesar que seguimos diez por debajo.

-Por algo es el segundo capitán –respondo sonriendo. Suspiro y miro a Tom. Tengo, o mejor dicho, necesito contárselo -. Tom… -me mira con esos ojos marrones que me fascinan -. He recibido esto.

Le paso el móvil y observo cómo lee el mensaje con el ceño fruncido. El comentarista anuncia que va a empezar el segundo cuarto. Miro distraídamente hacia la televisión. Vamos, di algo…

-¿Es de fiar? –inquiere Tom devolviéndome el teléfono. Siento que el comentario me ha dolido… y mucho.

-Por supuesto que es de fiar –inquiero con un tono de voz seco. Hombres… -. Chris jamás diría algo así si no fuera verdad.

-¿Por qué estás tan segura?

Ya me estoy cansando de todo esto. El segundo cuarto ha empezado.

-Conozco muy bien a Chris. No me mentiría.

Y es cierto. Desde que nos conocemos siempre hemos ido con la verdad por delante. Cuando hemos tenido problemas los hemos hablado hasta solucionarlos. Ni siquiera nos ocultamos información que descubrimos de los casos a los que nos enfrentamos. ¿Por qué iba a ser diferente ahora?

-No me gusta ni un pelo ese tío –opina Tom con los brazos cruzados y muy serio. Se le notan los celos a kilómetros. No sé si reírme o darle una buena torta -. Tal vez sólo está buscando una excusa para enfrentarte a tu jefe y que te echen.

Lo miro incrédula. ¿Este chico está bien de la cabeza? Es lo más inverosímil que he escuchado en mucho tiempo. Dios, me hierve la sangre. Estoy muy furiosa por saber lo que Tom piensa de Chris.

¿Y por qué me pongo así? No debería afectarme tanto.

-Sólo hay una forma de averiguarlo –cojo mis cosas de la mesa y apago el televisor -. Vamos.