38. el cielo
13 AÑOS DESPUÉS…
Los pétalos del cerezo en flor del jardín volaban con la suave y cálida brisa primaveral.
-¡Adiós madre!- de despidió el pequeño Kurohyo saludando con la mano a lo lejos, mientras corría.
-¡Te echaremos de menos, mamá!- chilló la pequeña Hinode siguiendo a su gemelo.
Kaede sonrió desde la puerta de su casa.
-¡Volved en las vacaciones!- les gritó a sus hijos.
Ambos niños desaparecieron tras la valla del jardín. Ese año empezaban el primer curso en la Academia de Técnicas Espirituales para convertirse en shinigami. Quizá eran algo jóvenes, pero estaban perfectamente cualificados para empezar; ambos eran muy inteligentes y poseían un reiatsu muy poderoso.
Parecía mentira que ya hubieran pasado trece años desde que los tuvo. Recordaba ese día perfectamente.
Cuando rompió aguas a medianoche, fue trasladada rápidamente al cuartel del 4º escuadrón y la capitana Retsu Unohana se ofreció personalmente para oficiar de comadrona. Nadie esperaba que diera a luz a dos bebés. El primero fue un niño, de pelo azul eléctrico y los ojos de un verde intenso. Lo llamó Kurohyo (pantera) en recuerdo a su padre. La siguiente tardó horas en aparecer, y nació junto a las primeras luces del alba, una niña preciosa con el cabello marrón chocolate, con los ojos de un azul claro con verde alrededor de la pupila, como los tenía su abuelo Zack. La llamó Hinode (amanecer).
En la actualidad, hacía dos años que Kaede se había convertido en la capitana del 5º escuadrón, antiguo escuadrón de Aizen. Le había cortado las mangas a su kimono negro y se las había colocado un poco más abajo, enseñando los hombros, sujetándolas con cintas. El haori blanco propio de los capitanes carecía de mangas. Se había negado a llevar las incómodas sandalias de paja habituales en los shinigami, y seguía llevando el mismo calzado que llevaba en Hueco Mundo.
Había ingresado en la academia al año de dar a luz, y había completado los seis años de estudio en uno solo, ya que antes de matricularse conocía muchas técnicas de shinigami. Ingresó en seguida en los 13 escuadrones de protección, quedando en 7º lugar en el 6º escuadrón, bajo el mando de Byakuya Kuchiki. Seis meses después, a Renji Abarai lo ascendieron a capitán del 9º escuadrón, antiguo escuadrón de Tousen, de modo que Kaede fue ascendida a subcapitana de su escuadrón. Al año siguiente, ascendieron a Ichigo Kurosaki a capitán del 3º escuadrón, el que en su día fue de Ichimaru.
Ichigo y Orihime habían estado en su misma clase en la academia. Ichigo era el mejor de la clase con la espada y la fuerza bruta, mientras que Orihime tenía un talento espectacular con el kidoh. Kaede también era buena con el kidoh, y superó a Ichigo en la rapidez del shunpo. Tanto Ichigo como Kaede solo estaban en la academia para formarse un poco, ya que ya tenían experiencia como shinigami y ya tenían su zanpakuto, shikai y bankai, pero Ichigo desconocía por completo el temario del kidoh, campo en el que era desastroso. Al salir de la academia, quedó 4º en el 11º escuadrón, bajo las órdenes de Kenpachi Zaraki. Orihime tuvo dificultades para conseguir su zanpakuto, y cuando lo consiguió fue cuando las Shun Shun Rikka tomaron forma de espada, fusionándose. Su zanpakuto se llamaba así (Shun Shun Rikka). Quedó en el puesto 10 del 4º escuadrón.
En el 5º escuadrón seguían sin capitán, y siete años después Byakuya la recomendó para ese puesto vacante. Aparte del ascenso de Orihime a tercera oficial en el 4º escuadrón, y que Rukia se convirtiera en la teniente del 13º escuadrón, no hubo más cambios.
Ahora Kaede tenía treinta años, pero aparentaba veinte. Era lo bueno de no envejecer. Se puso en camino para ir a su escuadrón, donde una agitada y nerviosa Hinamori la esperaría con un montón de papeleo. Mientras caminaba, miró algo embobada los cerezos en flor. Aquellos árboles ejercían sobre ella un efecto hipnótico, como una lámpara de lava. Casi tropezó con el pequeño Sora Kurosaki, un renacuajo de unos cinco años de pelo naranja y ojos grises que correteaba por las calles sin ningún cuidado persiguiendo a la revoltosa Hanami Kuchiki, una niña de la misma edad, de pelo rojo intenso y ojos color amatista. Kaede los esquivó como pudo. Al caminar bajo el alero de un tejado, percibió un reiatsu sobre ella.
-¡Buenos días, Kaede-chan!- la saludó Shunsui Kyoraku, capitán del 8º escuadrón, con su eterno kimono rosa y sombrero de paja, asomando su perezosa cabeza por el borde del tejado.
-Buenos días, Shunsui-senpai -contestó Kaede con una sonrisa.
-¿Te vienes a tomar un trago mientras miramos los cerezos?- agitó una botella de sake.
-No, gracias, hoy no puedo, tengo mucho trabajo… y además ¿no es muy temprano para beber, senpai?
-Cualquier hora es buena para beber en primavera, la estación de los borrachos…- murmuró el capitán.
Kaede rió.
-Procura que tu teniente no te atrape, senpai. Además, no anda muy lejos.
La mujer siguió su camino. El viento lleno de pétalos le recordaba la boda de Renji y Rukia, hacía seis años.
*Flashback*
Por aquel entonces era la teniente del 6º escuadrón. Había sido invitada, pero era la única que había ido sin pareja. Rukia llevaba un kimono blanco precioso y un tocado tradicional en el pelo muy elaborado. Estaba deslumbrante. Orihime fue su madrina, e Ichigo fue el padrino de Renji. La ceremonia fue espectacular (había que tener en cuenta que se casaba un miembro de la realeza). Los padrinos y los viejos amigos se quedarían a dormir. Los sirvientes acostaron a los hijos de Kaede cuando el sol se ocultó, momento en el que Kaede se dirigió al bar a por el sake. Estaba bastante triste. Se alegraba muchísimo por la unión de sus dos amigos, pero ella se sentía sola. Observó, sentada en la barra, a sus conocidos bailar. Orihime había conseguido convencer a Ichigo para que saliese a bailar, Chad danzaba torpemente con Tatsuki Arisawa y Nemu Kurotsuchi arrastraba por la pista de baile con movimientos mecánicos a un casi asustado Ishida.
Bien entrada la noche, Kaede había ido a pasear por los jardines iluminados por la luz de la luna llena. Algunos pétalos de cerezo caían a la hierba, alfombrando el suelo que ella pisaba. Hacía mucho tiempo que había aceptado que nunca volvería a ver a Grimmjow, que esa parte de su vida no volvería jamás. Aunque lo había aceptado, aún le dolía. Se sentó bajo un cerezo cargado de flores. Entonces sintió un reiatsu tras ella. No se esperaba que fuera él.
-¿Dando un paseo?
-Eh… sí, capitán Kuchiki.
El hombre se acercó unos pasos. Parecía que hubiese bebido un poco.
-Vamos, Kaede… Es una fiesta, no hace falta que seas tan formal conmigo.
¿En serio era ese Byakuya Kuchiki? Se sentó junto a ella. Lo miró e intentó analizar su mirada. Era… ¿tristeza, quizá? Era extraño, ese trozo de hielo nunca manifestaba sentimiento alguno. Le recordaba muchísimo a cierto emo. Kaede intentó contener una carcajada cuando imaginó a su capitán vestido de emo, con el pelo algo más corto y el flequillo tapando un ojo, diciendo la frase "la vida es una mierda" mientras una lágrima resbalaba por su mejilla emborronando el eye-liner negro.
Al oír ese sonido de mofa, Kuchiki la miró con curiosidad.
Kaede no supo cuándo ni cómo, pero acabó tendida en el suelo, sobre el suave césped húmedo y los pétalos de cerezo, con su capitán sobre ella, besándola con anhelo, con necesidad, casi con desesperación. Las manos de él acariciaban el rostro de ella suavemente, con las yemas de los dedos. Los besos se trasladaron de la boca al cuello, bajando a la clavícula…
Pero Kaede no se sentía a gusto del todo. No había olvidado a Grimmjow, y no creía que fuera justo para Kuchiki. Apartó al hombre suavemente.
-Lo lamento, Kuchiki-san- murmuró la teniente- , no puedo hacerlo. No quiero utilizarte.
Él simplemente suspiró.
-No te estoy pidiendo que te comprometas, ni siquiera que me ames. Ambos hemos sido separados de la persona amada, estamos rodeados de amantes felices y ambos necesitamos un cuerpo cálido al que aferrarnos.
-Para aliviar el dolor, tomo una botella de sake.
Él le dio un ligero beso en los labios, tan fugaz que casi no lo había sentido.
-Mejor que el sake- susurró él.
Sin saber cómo ni por qué, acabó haciendo el amor con su capitán ahí, debajo de un cerezo en flor iluminado por la luna en los hermosos jardines de la casa Kuchiki.
*Fin del flashback*
Byakuya nunca volvió a mencionar lo ocurrido. Seguramente lo atribuiría a la bebida. El caso era que hacía algún tiempo, quizá un año ó dos, a veces veía al capitán Kuchiki pasear con la capitana Unohana. Una vez los vio disimuladamente cogidos de la mano. La verdad es que hacían buena pareja. Unohana era la única que trataba al noble como a un igual, sin nunca perderle el respeto; a veces le tomaba el pelo a Kuchiki. Era la única persona capaz de hacer sonrojar al impasible Byakuya Kuchiki. La cetra no comprendía por qué los shinigami del seiretei le tenían miedo a Unohana; era una mujer muy dulce y comprensiva.
A Kaede no le importaba en absoluto la relacion entre esos dos capitanes; se sentía incapaz de sentir algo por Kuchiki que no fuera respeto. Él era demasiado opuesto a lo que estaba acostumbrada… Era muy cuidadoso y meticuloso, demasiado. Demasiado pacífico comparado con lo que a ella le gustaba de verdad. Era todo lo contrario a él… Tan salvaje, apasionado… Tan él… Grimmjow.
-Grimmjow…- murmuró inconscientemente, sintiendo una punzada de dolor muy leve, casi imperceptible.
Sabía que seguía vivo; el planeta no le había dicho lo contrario. Sus poderes de cetra estaban casi perfeccionados, pero le seguía resultando difícil velar por el padre de sus hijos. No estaba en Hueco Mundo, no podía localizarle ahí. La última vez que tuvo noticias suyas por medio de otras personas había sido hacía cinco años, cuando bajó a la tierra a la boda de Ichigo y Orihime.
*Flashback*
-¡Kaede!- chilló Nell abrazándola con fuerza- ¡Cuánto tiempo sin verte!
-Hola, cetra- saludó el siempre inexpresivo Ulquiorra.
Kaede ignoró la impertubable calma del Arrancar y le dio un abrazo. Eran unos invitados inesperados, pero ahí estaba la extraña pareja de Nelliel y Ulquiorra.
Ichigo y Orihime viajaban bastante a menudo al mundo humano a visitar a la familia y amigos. Chad e Ishida seguían viviendo en el mundo humano, a diferencia de sus ex compañeros de clase. La familia de Ichigo conocía la situación, la comprendían y la aceptaban, pero seguían echando de menos al arisco y malhumorado pelinaranja. La única persona que echaba de menos de verdad a Orihime era Tatsuki. Los que desconocían la existencia de la Sociedad de Almas pensaban que los dos pelinaranjas se habían ido a una universidad bastante lejana. Kaede también visitaba de vez en cuando el mundo humano, más que nada para mantener el contacto con su amiga Vanessa.
Los jóvenes prometidos habían invitado a Ulquiorra y a Nell, a los que veían muy de vez en cuando cuando iban al mundo real. Kaede estuvo un buen rato charlando con la Arrancar de pelo verde azulado.
-¿Cómo os va la vida?
-Muy bien, Kaede. No creí que pudiera ser tan feliz una vez hubiera terminado la guerra contra Aizen, pero todo salió bien… Y ahora hay que disfrutar de la paz, mientras dure.
-Durará. Por cierto… ¿sabes algo de…?
Nell negó con la cabeza.
-Hace un año entero que no sé de él. Seguirá vivo, pero se fue por Hueco Mundo a devorar Vasto Lordes por su propia cuenta, y no quiso que lo acompañáramos. No sé nada más. Quizá…
-Sigue vivo; lo sé.
-Puede, pero… deberías saber ya que…
-Lo sé. No volverá jamás.
-No he querido decir eso…
-Lo sé. Pero conociéndole… no volveré a verlo. No está en su naturaleza encariñarse con alguien.
Percibió un ligero brillo de tristeza en los ojos pardos de Nell. No lo dijo, pero le esa expresión molestó a Kaede. No le gustaba que se compadecieran de ella.
*Fin del flashback*
Kaede se abrazó a sí misma. De repente tenía frío. Había superado lo de Grimmjow, ya habían pasado trece años. Quizá debería empezar a fijarse en otros hombres; sus hijos necesitaban un padre, y ella alguien a quien querer. Se sentía muy sola.
-¿Se encuentra bien, capitana Gainsborough?
Era Hinamori. Ya había llegado a su escuadrón.
-Sí, tranquila, Hinamori-kun. Sólo me ha dado un poco de frío.
-Entre, le serviré un poco de té.
-Gracias.
Se sentó en su despacho y sacó una pipa de palo largo y fino y empezó a fumar. Ya era costumbre para ella fumar en pipa todos los días. La pipa se la había regalado Yoruichi Shihoin, además. La ex capitana del 2º escuadrón se había convertido en una muy buena amiga suya durante esos años.
Hinamori entró con el té.
-No debería fumar, capitana…- empezó a protestar, como de costumbre, la teniente.
-Es sólo para calmar los nervios; nos espera mucho papeleo.
Su subordinada suspiró, resignada.
Una vez se hubo tomado su té, empezó con el papeleo, pero no estaba muy concentrada. "Ese Kyoraku", pensó Kaede… "Te influye demasiado el pasar tiempo bebiendo sake con él; te convierte en una perezosa sin cuidado".
Dejó volar la imaginación, que aterrizó en la batalla de invierno contra Aizen. No había manera de que Kaede pudiera presenciar la batalla, pero podía sentirla a través del planeta. Sentía cada roca que se partía, cada ráfaga de aire cortada por una espada, cada corazón que dejaba de latir. Orihime no pudo revivir a Omaeda, el gordo teniente de Soi Fong. La chica humana estaba al límite de su resistencia; había agotado casi todo su reiatsu curando y creando escudos para los demás. Además estaba herida. Parecía que los shinigami iban a perder la batalla, sobre todo cuando Aizen llamó a unos cuantos Arrancar poderosísimos de su reserva, quizá más poderosos que los Espada, entre los que estaba Wonderwice. Los Vizard llegaron justo a tiempo y entonces el rumbo de la batalla cambió; pudieron derrotar a los Espada y los Arrancar. Lo que no tuvieron tan fácil fue atacar a Aizen, Tousen e Ichimaru. Aizen aún no podía comprender cómo Ulquiorra lo había traicionado; Ulquiorra, su más leal servidor, su creación más perfecta. No entendía que él no había sido tan ciegamente servicial con Aizen antes de que Nell desapareciera misteriosamente de Las Noches.
La batalla no terminó como se esperaba por parte de nadie. No fue ningún shinigami del Gotei 13 quien consiguió derrotar a Aizen. Fue un moribundo Tousen. Ichimaru no pudo soportarlo más y salvó a Matsumoto de la mortal estocada de Aizen, la que habría acabado con la amiga de su infancia. Entonces Aizen comprendió de qué lado estaba e intentó matarlo. Fue entonces cuando Tousen se dio cuenta de a qué clase de persona había seguido tan ciegamente (qué ironía…) y que a Aizen no le importaba deshacerse de sus aliados con tal de lograr su gloria, una gloria que jamás compartiría con nadie. Aizen sólo había puesto a Tousen de su lado porque era el único que podía detenerlo. Aizen atacó entonces a Tousen para que no pudiera cumplirse su fatal profecía. El ciego, moribundo, se las arregló entonces para sacar fuerzas de donde le quedaran y mató a Aizen, decapitándolo. Y entonces el salvador de la Sociedad de Almas murió.
Gin Ichimaru fue condenado. Le despojaron de sus poderes y le ordenaron vivir en el Rukongai. Todos sabían que Matsumoto iba a visitarlo siempre que podía.
-¿Capitana…?
Kaede sacudió la cabeza.
-Lo siento, Hinamori-kun, no tengo la cabeza para papeleo hoy. Creo que iré al mundo real a aclararme las ideas.
-Como usted quiera, capitana Gainsborough, yo me ocuparé de todo- dijo la teniente inclinando la cabeza servilmente.
-Ni hablar, haré el papeleo mañana- replicó una sonriente capitana, despidiéndose.
Caminó hasta llegar al portal que conducía al mundo humano. Se encontró con el capitán Hitsugaya por el camino. También iba al mundo humano. El albino había crecido bastante en esos últimos años. Ahora aparentaba unos 18 años o más.
-Buenos días, capitán Hitsugaya.
-Buenos días, capitana Gainsborough. ¿Asuntos en el mundo humano?
-No realmente, sólo iré de visita. ¿Y tú?
-Yo… también voy de visita- dijo él algo incómodo.
-Ya veo…- dijo ella, sonriendo- Vas a visitar a Karin Kurosaki, ¿me equivoco?
El capitán se sonrojó. Kaede se olía desde la boda de Renji y Rukia que había algo entre la hermana de Ichigo y el capitán del 10º escuadrón, quizá por la forma de mirarse mientras bailaban.
-Eh… bueno, yo…
-Tranquilo, no diré nada al capitán Kurosaki. Karin es mayorcita ya, después de todo.
Salieron de la Sociedad de Almas. Hitsugaya se fue a Kamakura. Kaede apareció en el bosque donde Ichimaru había ido a buscarla aquella vez, hacía casi catorce años.
"El tiempo pasa rápido, por increíble que parezca", pensó Kaede.
¿Qué haría ahora? Podría ir a visitar a Vanessa. O podría ir a ver el mar. O podría sentarse en la hierba, que fue justo lo que hizo.
Sonrió al acordarse de sus hijos. Estaban tan emocionados con entrar en la academia… recordaba cómo discutían al hablar sobre el seiretei.
-¡Yo entraré en el 11º escuadrón y me haré más fuerte que Kenpachi Zaraki y seré el capitán!- gritaba Kurohyo.
-Pues a mí me encantaría entrar en el cuarto escuadrón…- decía Hinode en voz baja.
-¡Qué tontería! ¡No, no, espera! ¡A lo mejor sería aún más fantástico entrar en el 2º escuadrón, el de los asesinos!
Kurohyo se parecía tantísimo a su padre… Y Hinode a Aerith. Kaede seguía en contacto con Aerith y Zack a través de la corriente vital. Gracias a ellos no se sentía tan sola, pero aún así…
Estaba sola.
O eso creía.
Kaede se levantó de un salto al sentir un reiatsu detrás de ella. Nada parecía que fuese a atacarla. Aún así no bajó la guardia.
-¿Piensas salir de ahí algún día?- preguntó Kaede al intruso.
-Vaya, cetra, esperaba un recibimiento algo más amistoso por tu parte- dijo una voz masculina.
Kaede se quedó de piedra. Esa voz le era muy familiar. El reiatsu también… no podía ser.
Grimmjow salió de entre los árboles.
Kaede parpadeó una vez. Dos. No dijo nada.
-¿No me vas a decir ni "hola"?- preguntó Grimmjow, con un ligero asomo de sonrisa en una de sus comisuras.
-No- fue toda la respuesta de la shinigami-. ¿Qué haces aquí, hollow?
-Vaya… Parece que estás enfadada conmigo.
-No lo estoy, sólo te he preguntado que qué haces aquí- a Kaede le estaba costando mucho dominarse.
La verdad es que no sabía cómo reaccionar a aquello. "No te fíes", le aconsejaba su voz buena.
-He venido a verte, cetra. Te dije que algún día vendría a verte.
A la mujer le empezaron a temblar las manos imperceptiblemente.
-Claro, ahora vienes a visitarme. Trece años después. Te parecerá bonito presentarte así.
Grimmjow dio un paso hacia ella.
-¡NO TE ACERQUES!- vociferó Kaede de pronto.
El ex Espada se detuvo en seco con cara de no comprender.
-Me abandonaste a mí y a nuestros hijos, has pasado trece años haciendo el idiota por Hueco Mundo sin dar señales de vida y ¿ahora te dignas a aparecer sin más?
-¿Hijos…? ¿No era uno…?
-¡Kurohyo y Hinode, nuestros hijos gemelos, han crecido sin un padre gracias a ti! ¡He intentado arrancarte de mi vida por el bien de mi familia, y ¿ahora apareces para hacerme más daño aún?
La cetra no podía contener más las lágrimas.
Unos minutos sin que ninguno de los dos hablara. Grimmjow abrió la boca.
-Vine a este bosque porque sabía que vendrías por aquí. Yo no sé ir a la Sociedad de Almas. Te he estado esperando.
-No deberías haberlo hecho, Grimmjow. Ya es demasiado tarde. Vete, antes de que hagas más daño que yo no pueda arreglar.
Él la miró a los ojos.
Pero comprendió. Era demasiado tarde para él. Si en el fondo, la cetra tenía razón.
"Justo cuando quería conocer a esos dos renacuajos… He sido un idiota, me está bien empleado".
Tantos años estando convencido de que estaba mejor solo, sin nadie por quién preocuparse. Pasado un tiempo, tuvo que resignarse y aceptar lo que ya sabía: había abandonado a esa mujer por miedo a verla morir. De nuevo. No tenía miedo a ser padre, pero no quería que ningun niño fuera como él.
Justo cuando decidió enfrentarse a las consecuencias de sus actos, luchar contra él mismo quizá, para encontrar un sentido a su vida, para dejar de huir y volver a despertarse junto a ese cuerpo que tantas veces había abrazado…
Justo cuando se dio cuenta de lo que quería, ya era demasiado tarde.
"Para eso me trago mi orgullo. Para eso sirve luchar. Cuando vas, la batalla ha terminado".
Se dio la vuelta y empezó a alejarse de la única persona a la que había querido.
"Si pudiera perderme sólo una vez más en el cielo de tus ojos…".
Dio un respingo, esto no se lo esperaba para nada. Unas manos rodeaban su cintura, abrazándolo desde atrás.
-Era coña- rió Kaede.
Grimmjow sonrió de verdad por primera vez en muchos años. Nunca la primavera le había parecido tan bonita.
"Esto debe de ser lo que llaman 'felicidad'… no está mal".
-Nada mal.
FIN
SE ACABÓ LA HISTORIA! este es el último capítulo, y debo reconocer que me ha salido largo largo xD
queda un capítulo por subir, pero es un final alternativo, vamos, un final diferente al de este capítulo. no será un final feliz MUAHAHAHAHAHAHA
bueno, ya me despediré y haré los agradecimientos en el siguiente, hasta otra!
atte: Squaloris
