XXXV
Eran un par de criminales que prácticamente habían trabajado en equipo para asesinar a alguien para después tomar cada centavo de la caja fuerte. Sentía que cada facción de su rostro gritaba "Acabo de matar a alguien", mientras que trataba de actuar con completa normalidad; conteniendo sus ganas de salir corriendo hacia el muelle.
No quería estar cerca cuando alguien gritara al descubrir el cadaver del dueño de la fonda, ya antes había asesinado a Klaus, pero, aquella vez prácticamente fue algo sin importancia, puesto que a nadie le importaba el antiguo heredero al trono de las Islas del Sur y bueno; él le había confesado su enferma fantasía de violarla para después asesinarla, simplemente por gusto. Ahora, no tenía ni la menor idea de cómo reaccionarían las personas al enterarse de la muerte de ese hombre.
Hans hacia un comentario sin importancia cada tanto, pidiendo incluso su opinión sobre temas como el clima o sobre su animal favorito, simplemente para actuar como si fuesen un simple par de personas dando un paseo por Weselton, cada que caminaban junto a un guardia, ella se sentía tan tensa que quería huir.
El pelirrojo tomó la mano de la joven, con delicadeza.
— Dulzura, te va a fascinar el viaje en barco. — Dijo con un tono de voz suave, mientras con uno de sus dedos formaba círculos en su mano; acariciandola. —, y el lugar al cual voy a llevarte es exquisito, será como un sueño
— ¿Y qué lugar es ese? — Preguntó siguiéndole la corriente. Uno jamás podía estar seguro de si había alguien escuchándolos, lo mejor era pretender que tenían una verdadera conversación. — Vamos, dime.
— No comas ansias mi rayito de sol. — Elsa se contuvo de dedicarle una mala cara a Hans, ¿Rayito de sol, enserio? —, te prometo que será algo inolvidable.
Hans se posicionó frente a ella y se detuvieron un momento. El pelirrojo la rodeó con sus brazos y la atrajo lentamente hacia él.
— No creo que sea el mejor momento para esto, cielo. — Dijo ella fingiendo una sonrisa mientras que sólo quería gritarle "¡Si lo haces, te mato!" o "¡Deja de perder el tiempo, idiota!" —, podríamos incomodar a alguien, las muestras de afecto en público no soy muy correctas que digamos.
— Pues creo que últimamente tu y yo hemos optado por portarnos un poco mal. ¿No crees?
— Perderemos el barco. — Comentó ella. —, prometiste que me llevarías a conocer un lugar muy bonito por mi cumpleaños, estoy ansiosa, ¿Podemos apresurarnos, mi dulce de leche?
— ¿Pero qué...
— Oh vamos dulcecito. — Dijo ella mientras que con aparente cariño Romana sus manos y las alejaba de su cintura. — ¿Por mi?, te prometo que después seré toda tuya.
Elsa se puso de puntillas y le dio un rápido beso en la mejilla.
— De acuerdo, rayito de sol. — Tomó su mano y apresuraron El Paso. No tardaron mucho en llegar al muelle, donde otro problema se presentó...
— ¿Pasaporte? — Pidió el hombre que vendía los boletos.
— Un momento. — Dijo Hans antes de alejarse. Tomó a Elsa del brazo y fueron a un rincón en donde no pudiesen escucharlos. — Dime por el amor de Dios que tienes tu pasaporte.
— No. — Dijo ella. — Se quedó en las Islas del Sur y por cierto, hay una razón por la cual no podía usarlo allá y mucho menos aquí. Si alguien se llega a enterar de quién soy yo tendremos problemas Hans, preferiría salir de Weselton de la manera más pacífica posible.
— Acabamos de asesinar a alguien.
— Bien, pero eso no significa que quiera asesinar a todos en el Reino. — Dijo ella. —, no quisiera amenazar a alguien, solo quiero salir de aquí. Y bueno, antes de reclamarme, ¿Tú acaso si trajiste el tuyo?
— Si. — Dijo mostrándole el documento en cuestión.
— ¿Qué demonios?, ¿Cuando te dio tiempo de tomarlo?
— Mi adorado rayito de sol, conociste a mi familia. — Le respondió. —, tenía que estar preparado para huir del Reino en caso de que trataran de matarme.
— ¿Y por qué diablos te quedaste? — Cuestionó ella. — Pudiste haber ido a cualquier parte y desperdiciaste esa oportunidad.
— Aún tenía esperanzas de usar mis influencias como miembro de la realeza de lograr obtener un matrimonio que me beneficiara. — Dijo sin la menor vergüenza. —, además renunciar a las comodidades para vivir en una casa de quinta y terminar dedicándome al aseo como tú, no gracias.
— Lo del aseo sólo fue un tiempo y fue por culpa tuya. — Dijo Elsa. — Tu hermano fue quien me dejó sin empleo en primer lugar y tuve que aceptar ese trabajo.
— ¿Mi culpa? ¡Fuiste tú quien me buscó en primer lugar!
— Tal vez, pero fuiste tú quien me presentó a su familia, tus hermanos creyeron que yo era tu novia y por supuesto que más de uno quería sacarme del camino, porque creían que yo era una oportunista.
— Si fueses una oportunista te hubieses acostado con Linus cuando él te lo propuso y lo lo hiciste, ellos sabían que no eras una interesada, simplemente te consideraban inferior. — Dijo Hans. — y ademas, fui yo quien prácticamente suplico para que no aceptaras ese empleo, gracias a eso casi mueres, ¿Lo recuerdas?
— Eso no importa ahora. — Dijo ella. — ¿Qué vamos a hacer?
— ¿Que vas a hacer TÚ? Querrás decir. — Dijo Hans. — Yo si tengo un pasaporte, tengo el dinero, podría irme ahora mismo.
— ¿Vas a dejarme aquí? — Preguntó ella. — ¡No puedes hacerme eso!
— ¿Entonces que vas a hacer Elsa?, ¿Suplicarme, ponerte a lloriquear sin hacer nada al respecto?
— No me presiones, somos un equipo y deberíamos pensar en algo juntos.
— No tardarán en darse cuenta de lo que hicimos y cuando menos lo esperes ambos estaremos tras las rejas. — Dijo él. — Y la señorita se niega a causar un caos en Weselton.
— Podríamos pagarle a alguien para que nos ayude a colarnos en un barco. — Sugirió ella.
— ¿Y si le propones eso a la persona equivocada?, ¿Si te descubren?.
— ¡Pues no escuchó tus propuestas!
— Te tengo una, separarnos y cada quien se las arregla como puede. — El pelirrojo le dio la espalda y se alejó. ¡Era un maldito!, ¡Después de todo lo que habían pasado, la abandonaba a su suerte!
Estada sumida en sus preocupantes pensamientos cuando un guardia de acercó a ella.
— Buenas tardes, señorita. — La saludo, la joven hacía su mejor esfuerzo para ocultar todas sus emociones y verse tranquila.
— Buenas tardes. — Sonrió. — ¿Ocurre algo, oficial?
— Jamás la había visto por aquí, ¿Viene de visita?
— En realidad mi novio y yo estamos de viaje, recién estuvimos en Corona, yo quería conocer Weselton y bueno, ahora él esta comprando un par de boletos para ir en barco a un lugar, el cual no quiere decirme, el insiste en que quiere darme una sorpresa.
— ¿Cuenta con su pasaporte, señorita...?
— Elizabeth. — Dijo ella. —, en este momento lo tiene mi novio, dijo que lo necesitaba para comprar los boletos.
— ¿Viaja sola con su novio?, si me permite entrometerme, eso no es algo que una dama haría. ¿Sus padres lo aprobaron?
— Mis padres murieron y bueno, él me propuso matrimonio, pero ya sabe, yo quería conocer el mundo antes de casarme e iniciar una familia con él. Mi novio estuvo de acuerdo y prometió llevarme a unos cuantos lugares.
— ¿Y donde está él?
— Le mencioné que fue a comprar los boletos.
— Bien, ¿Y el nombre de su novio es?
— Johannes. — Dijo lo primero que se le vino a la mente. — Johannes Webster, si.
— Permítame acompañarla, no es seguro que una joven ande sola por allí. — Dijo el guardia. —, busquemos a su novio, ¿Qué opina?
— Es usted muy amable, pero no quiero quitarle su tiempo. — Dijo ella. —, seguramente un guardia tiene cosas más importantes que hacer a comparación de hacerme compañía.
— No es ningún inconveniente. — La rodeo con uno de sus brazos e hizo presión en su antebrazo, no le causó dolor alguno, pero sirvió de advertencia. — ¿Le cuento un secreto? — Le preguntó en voz baja mientras ambos caminaban. —, hace un rato un hombre fue encontrado muerto en su propio negocio, no quiero que usted se altere, pero, una mujer que se había quedado hospedada allí, dijo que ese hombre había contratado a una joven con cabello casi blanco, justo como usted Elizabeth.
— Yo no se de que me habla...
— No la estoy llevando presa Elizabeth, tranquilícese. — Dijo el hombre. —, ¿Por qué no vamos por su novio y luego me acompaña para hacerle un par de preguntas?
— Yo no hice nada. — Dijo ella perdiendo la calma, tan sólo esperaba no provocar otra nevada por accidente.
— Seguramente es un mal entendido, pero si me acompaña lo resolveremos, ¿Si?
Elsa miraba de un lado a otro buscando a Hans, a pesar de que sabía que él no la ayudaría, lo había dejado más que claro; "Que cada quien se las arreglará como pudiera", no podía escapar de esta y el pelirrojo no vendría a salvarla de este aprieto.
— Elizabeth, ¿Dónde está su novio?
— Se suponía que estaría aquí. — Respondió. —... quizá regresó a donde estábamos, voy a... — El hombre puso más presión en su agarre y Elsa soltó un leve quejido.
— ¿Como dijo que se llamaba su novio?
— Ha...Johannes. — Titubeó. El guardia la miró mientras parecía analizar cada facción de su rostro.
— ¡Cariño, allí estás! — La voz de Hans la emocionó. — Estuve buscándote, ¿Te perdiste? ¡muchas gracias oficial por cuidar de ella!
— En realidad, necesito hacerle unas cuantas preguntas a la señorita. — Dijo el guardia.
— ¿Se metió en algún problema?, le aseguró que si lo hizo no fue con la intención, suele ser algo despistada.
— ¿Usted tiene la documentación de la joven?, ella mencionó que usted tenía su pasaporte. — Dijo el hombre.
— Claro, un segundo. — Dijo aparentando buscar algo dentro de su saco, rápidamente golpeó fuertemente al guardia ocasionando que soltara a Elsa y ambos salieron corriendo. — Ten. — Le dio un boleto directo a Arendelle, sin dejar de correr puesto eran perseguidos por el guardia. — El barco zarpa en cualquier momento.
— ¿Como conseguiste dos boletos?
— ¿Quien dice que conseguí dos? — Elsa lo miró entre angustiada y confundida. — Escucha, todo estará bien, puedes hacerlo.
— Hans...
— Ya haz viajado en barco, no tienes de que temer. — Le dijo. — y por favor, cuídate mucho una vez que llegues a Arendelle.
— Tu...
— Ya he estado en peores problemas, lo mejor es separarnos ahora, te lo dije...
— Creí que me dejarías aquí...
— Prometí que llegarías a Arendelle, ¿O no? — Le dijo. — Sube al barco que está justo enfrente, no mires atrás y no seas estúpida, por favor sube a ese barco y no desperdicies ese boleto.
La soltó y Elsa hizo todo su esfuerzo por no detenerse o mirar atrás, sabía que si lo hacía querría ir en busca de Hans, logró subir al barco mostrando su boleto y una vez allí fue cuando pudo mirar hacia el muelle y observar como Hans era llevado por un par de guardias.
