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Inuyasha no se mueve de su lugar. Ni siquiera parece estar respirando, ni siquiera parece ser capaz de levantar la mirada. He escuchado momento a momento cómo muere, así que no me extraña. No me sorprende tampoco el grito desesperado de la exterminadora, que ni siquiera se ha curado todas las heridas aún.

Me acerco y observo a mi medio hermano. Las manos le tiemblan y las lágrimas caen por sus mejillas. Miroku, a su lado, pasa la vista de Inuyasha hacia mí.

—¡¿Qué estás esperando?! —grita Sango, volutas de vapor salen de su boca en contacto con el aire frío—. ¡Haz algo!

Creo que mi hermano no es capaz de enfrentar mi mirada por temor a que esto no pueda funcionar. No quiere tener esperanzas solo para sufrir la pérdida una vez más. Me pregunto si acaso yo haría lo mismo.

La cabaña apesta a sangre y muerte. Colmillo Sagrado late en mi mano cuando desenfundo, y los seres del otro mundo rodean el cuerpo sin vida de Kagome. No parece demasiado tarde. Las aldeanas observan la escena cuando destruyo esos demonios, pero la respiración no vuelve a su cuerpo.

Miro con atención por si algún otro ser queda cerca.

—Sesshōmaru… —murmura la exterminadora—. Dime, ¿funcionó?

No hace falta que gire para verla. Sigue en el mismo aspecto deplorable en el que la encontré, pero ahora también el dolor y el llanto inundan su voz.

Guardo silencio. Hay magia en esta tierra, y espero verla cuando Kagome vuelva a llenar sus pulmones de aire. De otro modo, creo que hoy también morirá Inuyasha, de esa muerte en vida que sus hijos no querrán ver.

Pasan otros segundos hasta que finalmente puedo escuchar a su corazón latir. La herida que había amenazado su vida fue curada por Colmillo Sagrado. Su pecho se eleva y baja con lentitud. Está inconsciente, pero viva.

—Oh, Kagome. Kagome, despierta, Kagome.

Salgo de la cabaña. Escucho el movimiento de las aldeanas para revisar y curar o atender cualquier herida que puedan ver.

Inuyasha se ha incorporado de su lugar. No se tomó la molestia de limpiarse el rostro. Miroku me mira con expectación.

—No podré hacer esto otra vez, nunca. Cuídala.

Veo el rostro de mi hermano. Hay tantas emociones reflejadas allí, en esa expresión y en esos ojos casi idénticos a los míos, que nadie podría definir qué está sintiendo. No me dice nada, como un sonámbulo camina deprisa hacia la cabaña que dejé atrás.

—Gracias —dice el monje. Tiene la voz quebrada. Me dedica una reverencia antes de seguir los pasos de Inuyasha—. Gracias.

Humanos. Y esos sentimientos tan humanos que mi hermano siente. Cuando veo a Rin y Kohaku felices, cuando veo a mis sobrinos bien, cuando toda esta familia que se han formado está bien, de ese modo… de ese modo parece que todo seguirá y estará bien por siempre.

Pero, ¿qué harán cuando no estén bien? ¿Qué hará Inuyasha con todos esos sentimientos cuando Kagome muera?

Es hora de que me vaya de la aldea. Tengo que encontrar a Kohaku, Rin y las gemelas para que estén al tanto.

Camino y no puedo dejar de pensar, ¿qué haremos con estos sentimientos cuando empiecen a irse?

Era mucho más fácil cuando tan solo los odiaba.


‣ prompts: invierno & amargura.
‣ 547 palabras.

‣ nota de la autora: Ya, los hice sufrir un poquito en el anterior, ¿eh? No podía matar a Kagome... aún. Ya saben que este fic busca ir al final del camino. Aunque no queramos, morirán personajes, lo lamento. Pero aún no es el turno de Kagome (o, mejor dicho, ¿el segundo y final turno de Kagome?).
Creo que este capítulo también está para sufrir, de todos modos. Aunque sea, yo considero que la vida de los demonios es de lo más dolorosa, sobre todo si aceptan respetar y amar a los humanos, con sus vidas tan efímeras. Debe ser de la peor mierda que existe.
Gracias por sus reviews. Me hacen fangirlear mil veces, aunque me odien y todo. :)
Dejen su comentario~ Nos vemos en la próxima,

Mor.