DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
¿ DIFERENTES ?
CAPITULO 38
Entramos en la casa por la puerta trasera. En la cocina estaba Zafrina, la cocinera de la familia desde que yo tenía memoria.
Zafrina no tenía familia, más allá de su hermana que vivía en Canadá, así que realmente nunca tenía problema en acompañar a mi familia allá donde fuéramos, así que cada año pasaba las navidades con nosotros en Aspen.
De no ser así, no sé cómo habría sobrevivido Renée.
- Niña Bella – me saludó con cariño al verme entrar y se acercó para darme un tierno abrazo
- Hola, Zafrina – correspondí abrazándola también – ¿Cómo estás?
- Muy bien. ¿Cómo está usted, niña Bella? La echamos de menos en Acción de Gracias.
- Lo imagino. Pero realmente quería pasar Acción de Gracias con la familia de Edward – expliqué separándome de ella y estirando mi mano hacia Edward para que se acercara – Zafrina, éste es Edward, mi novio. Edward, ella es Zafrina, nuestra cocinera desde toda la vida... – sonreí
- Encantada, señorito Edward – dijo la mujer con formalidad
- Encantado, Zafrina – respondió él estrechando su mano – Y por favor, elimina el señorito.
Zafrina lo miró pensando claramente que estaba loco pero yo no pude evitar sonreír.
- Dudo que lo haga – le dije a mi novio – Yo llevo años esperando que elimine el Niña – dije y la mujer sonrió ruborizándose
- Usted siempre será una niña, por mucho que tenga novio y vaya a la universidad – me regañó – Su familia les está esperando para comer – dijo señalándome la puerta – Y yo tengo mucho que hacer aún.
Edward rió ante la regañina de Zafrina cuando salimos de la cocina.
- Niña Bella – se burló
No pude evitar darle un codazo en el estómago cuando entrábamos al salón.
Mi familia al completo estaba allí, junto a Heidi, la irritante amiga de mi hermana y Laurent, el novio-amigo de mi hermano.
- Aquí estáis – dijo Renée al vernos entrar
- Hola, hermanita. Edward. – saludó Jane con una sonrisa sarcástica.
Los ojos de Heidi se desorbitaron al ver a mi novio, y sus pechos se hincharon bajo su ajustada camiseta.
¿En qué pensaba esa niña? Chica, esto es Aspen. Diciembre en Aspen. Las temperaturas no tienen dos dígitos. ¿Qué le hacía pensar que ese escote era apropiado para Aspen en diciembre?
Sus pezones marcaban la camiseta pero no podía saber si era excitación por ver a mi guapísimo novio o porque sus pies se estaban volviendo azules por el frío.
- Hola, Jane – saludé – Heidi.
- Hola, Bella – me saludó la rubia acercándose para besar mi mejilla – ¿Cómo estás? Hacía siglos que no te veía.
- Sí. Creo que desde las pasadas navidades.
- Oh, sí, es probable. Jane me contó que pasó contigo la semana de la moda.
- Estuvo en Nueva York en esa época, pero no creo que pueda decir que la pasáramos juntas, ya que yo no fui a ningún desfile.
- Ah, sí, claro. ¿Vas a presentarme a tu amigo? – pidió con descaro dejando de lado una conversación que ni ella ni yo teníamos intención de mantener
- Es mi novio, más que un amigo. – le aclaré – Edward, ella es Heidi, una compañera de colegio de Jane – dije y supe que no le gustó que la hiciera ver tan niña – Él es Edward, mi novio – repetí
- Encantada, Edward – dijo estirando su mano seductora ante las sonrisas burlonas de Alec y Laurent – Tampoco es que Jane y yo vayamos al colegio, sino al último curso de instituto.
- Sí, claro – saludó Edward – Eso lo cambia todo. – sonrió divertido soltando su mano para rodear mi cintura
- ¿Qué deseas beber, Edward? – ofreció mi padre acercándome una copa de Dry Martini – Martini, Campari, Jerez...
- Jerez, gracias – aceptó y nos sentamos en el enorme sofá donde estaban Alec y Laurent.
- Me ha dicho Bella que eres de Washington – comentó Renée llamando la atención de Edward
- Sí. Gracias – dijo cuando mi padre le entregó su copa antes de volver la atención a Renée – Nací en Chicago pero mis padres viven en Forks, un pequeño pueblito de Washington.
- Me suena Forks – comentó Charlie – Alguien famoso vivía allí – agregó pensativo – Aunque no recuerdo quién...
- No lo creo – sonrió Edward algo sonrojado – Al menos yo no he conocido a ningún famoso.
- ¿Y a qué se dedican tus padres? – preguntó Renée retomando su conversación
- Mi padre es médico de familia en el hospital de Forks, y mi madre es marchante de arte.
- ¿Marchante de arte?
- Sí. Tiene una pequeña galería de arte en Forks.
- Oh, qué interesante.
- Una familia de artistas – replicó burlona mi hermana y eso llamó la atención de mi madre.
- ¿Tú eres artista?
- No, no, en absoluto – denegó pero Jane le interrumpió.
- ¿Cómo no? ¿No eres músico acaso?
- ¿Eres músico? – indagó Renée – ¿Qué instrumento?
- La guitarra y también algo de piano. Pero sólo toco en una banda de rock.
- ¿Una banda de rock? – el disgusto quedó patente en el rostro de mi madre y me entristeció ver que hasta allí había llegado su buena disposición para conocer a mi novio
- ¿Sois muy conocidos? – preguntó mi padre salvando la situación
- No. Sólo tocamos en algún que otro bar, un par de amigos y yo.
- Entiendo...
- Pero son muy buenos – aseguré yo
- Y tienen seguidores fieles – confirmó Alec – Les vi cuando estuve en Nueva York, y realmente tienen su público.
Edward sonrió.
- Digamos que hay un pequeño grupo de gente que nos ven a menudo cuando tocamos, pero lo hacemos más como diversión, que profesionalmente.
- ¿Y de qué vivís si no sois profesionales?
- Mis amigos son arquitectos.
- Ah – la sonrisa de Renée volvió – O sea que la música es un hobby.
- Sí. Digamos que sí – aceptó Edward
- ¿Tú también eres arquitecto?
- No, que va. Trabajo en una tienda de discos.
- Oh. No tienes un título universitario.
- No. Hice dos años de medicina pero lo dejé porque no era lo mío.
- Ah. Lo tuyo era trabajar en una tienda de discos – agregó desdeñosa
- Supongo que sí – sonrió Edward divertido
Zafrina entró entonces informando que la comida estaba lista y todos pasamos al comedor.
- Lo siento – le susurré a Edward en cuanto nos levantamos del sofá
Me sonrió divertido y despreocupado.
- No tienes por qué, cielo – aseguró y dejó un beso en mi sien antes de que abandonáramos el salón.
Para mi tranquilidad, la conversación durante la comida se centró en Laurent, y su trabajo como chef y sus estudios en Francia.
Luego nos deleitó con sus historias sobre su Toulouse natal y la conversación se alejó de Edward y de mí.
Después de la comida, Edward, Alec, Laurent y yo volvimos a la casa pequeña, perdiéndonos para el resto de la familia.
Después de varias partidas de billar, en las que Edward ganó todas y cada una de las veces, sin importar quién de nosotros fuera su pareja, decidimos ver unas películas.
El clima estaba particularmente tormentoso y nosotros estábamos demasiado cansados por el viaje como para tener ánimos para salir de casa.
Me metí en la cocina para preparar palomitas mientras los chicos encendían el fuego en la chimenea y elegían una película para ver.
Estaba pasando a un cuenco las palomitas que acababa de sacar del microondas, cuando Jessica entró.
- Bells – saludó y se acercó a abrazarme
- Hola, Jess.
- Me encontré con Jane en Boogie's y me dijo que habías llegado.
- Sí. Hoy a la mañana.
- Nosotros llegamos ayer. Ha hecho un tiempo horrible. – se quejó sacudiendo su cabello algo húmedo por la nieve que caía – Nevando así no se puede ni salir a la calle.
- Vamos a ver unas películas. ¿Quieres quedarte?
- Desde luego – aseguró con una sonrisa socarrona – Acabo de ver al amigo de tu hermano – dijo conspiradora – Dios, Bells, está como un tren. Es un bombón.
- ¿Tú crees? – sonreí divertida pensando en que seguramente Mike tendría más oportunidades con Laurent que la propia Jessica.
- Por Dios, vaya si lo está. Mike no llegará hasta mitad de semana, así que si él quiere le puedo hacer un apaño estos días...
- ¿Tú a él o él a ti? – indagué burlona y se carcajeó divertida.
Supuse que no debía haberse cruzado con Edward en el salón, porque no podía imaginar que no tuviera nada que decirme.
Edward eligió ese momento para entrar a la cocina y Jessica me dio un codazo disimulado.
Cuando me volteé a verla, lo entendí. Estaba recostada en la encimera de frente a Edward, sus ojos brillaban y sonreía de una forma que me dejó claro que había confundido a Edward con el amigo de Alec que sabía que estaba de visita.
- Bella, nena, ¿necesitas ayuda? – me ofreció Edward sonrojándose ante el escrutinio insistente de mi amiga
- Hay refrescos en la nevera – dije mientras sacaba una bandeja de la alacena – Jess, ¿has conocido a Edward?
- Sí – respondió con voz seductora – Me lo presentó Alec en el salón hace un momento.
- Ah, claro – dije sonriendo con picardía – Sólo que Edward no es el amigo que Alec ha invitado.
- Ah, ¿no? – preguntó claramente confundida
- No. El invitado de Alec es Laurent. Edward ha venido conmigo de Nueva York, es mi novio – expliqué ganándome una mirada sorprendida mientras su sonrojo se profundizaba – Creo que te hablé de él.
Le había hablado de él. En mis últimas visitas a casa, les había contado a Lauren y Jessica que había conocido a alguien, pero no se lo habían tomado seriamente. Simplemente habían asumido que era un ligue temporal, sin importar lo que yo sostuviera.
Su problema.
- ¿Eh? Ah, sí, creo que sí – titubeó claramente incómoda y no pude evitar reír.
- No te preocupes, Jess – dije tranquilizándola pero sólo se sonrojó más.
Edward nos miró dubitativo antes de voltearse para colocar latas de refrescos y cervezas sobre la bandeja que le había entregado.
- Lo siento, Bella – se disculpó Jess en voz baja cuando Edward estuvo de espaldas
- No te preocupes – sonreí – Sé que está como un tren. Aunque lo del apaño... – dije burlona también en voz baja
- Oh, no, por Dios, lo siento – gimió y no pude más que carcajearme divertida.
Bueno, primeros encuentros con la familia de Bella.
Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y por leer.
Adelanto para el próximo capi:
– Sabes, siempre pensé que amaba a Jacob, pero ahora creo que no era amor.
- ¿Qué era?
- No lo sé, pero no era nada comparado con lo que siento por Edward. Le amo tanto que a veces duele. No puedo imaginar separarme de él.
- Oh, princesa, me hace muy feliz escucharte decir eso.
- ¿De verdad?
- Claro que sí, cariño. Todos deberíamos conocer lo que es sentir ese amor, y me alegra mucho que mi princesa lo lograra.
- ¿Te cae bien Edward? – indagué temerosa
Besitos y buen finde!
