Disclaimer 1: fanfic escrito sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad intelectual y material de Nickelodeon Intl. y está bajo licencia de Viacom y Jam Filled Entertainment.

Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.

Responsiva: ni Fanfiction ni el fandom de TLH se hacen responsables por la protesta aquí emitida, no así de las quejas aquí vertidas. Yo, como persona legal, me haré responsable de las quejas aquí vertidas, no así de los insultos proferidos. Ello es responsabilidad de quien los emite.

Un hogar robado

Pt. II Hermanos del pesar

Chicago, Illinois

28 de abril

2:00 am

La habitación de Carlota Casagrande

Ustedes no creerían qué gente tan mala es esa. No son personas. Son animales. Y las estamos sacando a un nivel y a un ritmo como nunca antes (se ha visto).

-Donald Trump, empresario y político estadounidense.

A pesar del castigo impuesto, Carlota no dejó pasar nada al azar. Podía pasarla sin ir a las tiendas de segunda mano y a los mercados de pulgas, y sabe que no le creen que Bobby sigue detenido. Por lo visto, perder credibilidad ya no le importa en lo más mínimo.

Tras una fuerte discusión el jueves, la diva no tuvo empacho para encerrarse en su habitación. Está harta de que la tomen por una idiota y mentirosa. Harta de tener que escuchar al consejero escolar por la cantidad de faltas acumuladas desde que empezaron sus visitas a Bobby. Harta, incluso, de tener que trabajar en la bodega, sin paga, después de la escuela.

Seguía despierta. No le importa que le hayan quitado Internet o que ahora su madre vigile que entre a la escuela. Sabe que no debería retar a su familia, y mucho menos darles ya explicación alguna. En lo que a ella toca, perdieron todo derecho de criticar sus acciones y a decidir qué hace con su vida.

"¿La escuela nocturna? Al demonio con eso -pensó mientras prepara una maleta-. No tienen idea de qué hago con mi vida. ¡Si lo hago, será a mi modo!"

Agradeció que sus padres y sus abuelos tuvieran el sueño pesado. La única maleta que tenía y está preparada al tope con dos mudas de ropa para ella, otra para Bobby y efectos para ambos. Rastrillos y espuma para afeitar, cera depilatoria, maquillaje, laca, gel para el cabello y ropa interior. Le costó trabajo encontrar unos bóxers de la talla de su primo, pero valdría la pena si lograba sacarlo. Dulce ironía. Le quitaron el móvil, y ya no lo necesitará. No para tratar de comunicarse con ellos, sino para otra cosa.

Pensó si tomar un "préstamo" de la cartera de su padre. Tal vez no extrañe unos diez dólares, aunque es bastante cuidadoso con su contabilidad a diferencia de su madre. Quizás pueda aprovechar el despiste de ella, mas ya tienen demasiados problemas entre manos con lo del pleito con su tía.

Considerando eso, finalmente se decidió por no tomar aquél dinero. No tanto por problemas morales, sino por la prisa. Caso contrario a las cosas que sacó del sótano del edificio. Un par de cartones de leche, varias latas, un par de botellas de agua... se preguntó un momento si a él le gustará algo dulce, idea que desechó por la cantidad de cosas que lleva consigo. Viendo que serían ya las 4:30, tomó su maleta y el producto de su pequeño hurto y fue a la sala.

Antes de irse, le vino a la cabeza una idea. Había visto, semanas atrás, un anuncio de renta de un departamento a unas calles de la estación Quincy, y necesita, por ahora, un lugar donde alojarse. Tal vez parece mal administrada, pero tiene una ventaja sobre el casero, un tal G. Conti

-¿No es temprano para que me moleste? -contestó un hombre con fuerte acento italiano.

-Hablo por lo del departamento en renta.

.

Dos años de libertad condicional.

Aunque no pudo demostrarse su inocencia, Bobby no podía sentirse mejor. Las últimas tres noches había sido vejado por su nuevo compañero de celda, un hombre con una esvástica tatuada en el pecho con el Águila del Tercer Reich y la leyenda "E pluribus unum", la misma frase que aparece en el Gran Sello.

Mientras avanzaba por los pasillos del que había sido su residencia, no pocas miradas le eran dirigidas. Los insultos, si bien no se hicieron esperar, fueron menos a comparación de los recibidos a su llegada. Estaba fastidiado tanto de ello como de la aburrida rutina. Levantarse, limpiar, mal desayunar, trabajar en la lavandería, mal comer, visitar al psicólogo cada tercer día, salir a la azotea dos veces por semana, volver a la lavandería, mal cenar (si podía) y servir como una suerte de esclavo a aquél sujeto con el que compartió celda hasta que pudiera dormir, dos horas después de apagadas las luces.

En la entrada de aquella torre, solo esperaba ver a Carlota. No solo estaba ella, sino que el detective Voight estaba a su lado.

Sobre aquél individuo no tenía una buena idea. El interrogatorio posterior a su detención y el siguiente, antes del proceso que definió su situación, le dejaron una muy mala impresión de aquél sujeto. Se imaginó, incluso, el remoto caso en que quiera darle alguna advertencia sobre su inminente liberación. Ninguna disculpa esperará de un hombre implacable que, a primera vista, luce como un hombre con rostro de niño.

El único cruce entre ambos fue demasiado breve. Aunque el agente quiso abrir la boca para hablar, Bobby lo apartó de un manotazo que dejó pasar. Aquél gesto, creyó Bobby que Voight pensó, bien se traduce a algo simple y desafiante de su parte.

Tome su disculpa y métala en su trasero.

Un nada discreto abrazo que no quiso romper fue todo el saludo que recibió, antes de que ambos primos se separaran.

-¿Qué rayos te pasó? -preguntó Carlota, ansiosa de recibir y dar noticias- Pareces un mal diseño de Airissostale.

-F... fue horrible -balbuceó Bobby, abrumado-. ¿Podenos hablar de eso en otro sitio?

-Si quieres. ¿Necesitas algo?

-Me dijeron que debo ir a que me pongan un brazalete de rastreo -dijo Bobby, aliviado de tener que pasar otra noche en prisión-. Mientras cumplo con ellos... no puedo salir de la ciudad.

Pasado ya por la colocación del rastreador y las advertencias dadas en caso de que se lo quite, no pudo evitar sentirse aliviado de tener que estar dejando esa torre. Había escuchado de toda clase de amenazas que los internos lanzaban a quienes salían sin haber cumplido o recibido sentencia si quiera. Algunos, incluso, no llegaban a cumplir ni una semana fuera antes de volver a estar tras las rejas.

El camino a la zona de la estación Quincy les tomó media hora. Lo más para lo que se detuvieron fue para comprar algunas cosas con que pudieran complementar lo que Carlota sacó del sótano de la bodega.

-¿No vamos con el abuelo?

-Roberto, ya no vivo con ellos -resopló Carlota, viendo que Bobby no tiene idea de dónde están-. Además prefiero perder el año escolar que perder a alguien en prisión... Quita esa cara larga -repone, viendo que él bajó la mirada-. Aquí es.

El edificio donde Carlota había buscado alojamiento antes de ir por Bobby apenas era un edificio que solo había que calificar como "feo". Cinco pisos, cuatro apartamentos por cada piso, cada uno dividido en una habitación, sala-comedor, recámara y un tocador con ducha. El exterior luce sórdido, y las dos mujeres de la entrada, blanca de cabello castaño una y latina de piel clara y rellena la otra, veían a la chicana con cierta envidia. Apenas Bobby se dignó a ver a la castaña, esta le dirigió una sonrisa coqueta, causando que ambos adolescentes apuren sus pasos.

El nuevo hogar de Carlota se encuentra en el cuarto piso. Dado que la estancia no estaba amueblada, el dueño le prestó algunos muebles que tenía en el piso de arriba. Una mesa, un ropero, un par de sillas y una cama matrimonial, ademas de facilitarle un teléfono viejo, una hielera, una parrilla eléctrica vieja y un televisor viejo de pantalla plana de treinta y dos pulgadas con un decodificador HD. Dado que no tenía móvil o algún ordenador, se ahorró el darles la contraseña del Wi-fi.

La cena, algo parca, consistió de sopa instantánea, una lata de frijoles y otra de duraznos en almíbar con crema ácida. No hubo muchas quejas por parte de Bobby, quien a causa de su condición dio buena cuenta de ello. Ella, por su lado, no tuvo mucho qué explicar. De momento, sería lo único que verían en la mesa los próximos días si no hacían algo pronto.

Carlota no tenía un plan claro. Con la cantidad de negocios que había cerca, se hizo a la idea de entrar en la escuela nocturna y trabajar como empleada doméstica por las tardes para pagar el alquiler. Pensó un poco en Bobby. Con su antecedente, es un hecho que podían improvisar. Los restaurantes de la zona siempre están necesitados de repartidores y lavaplatos, y era posible que encuentre empleo en alguno donde no hagan demasiadas preguntas. No al menos sobre antecedentes penales.

No era el mejor plan, pero ya era algo.

Terminada la cena, y luego de tomar un baño, Bobby fue a la recámara. No quería hablar de algún tema desagradable, y mucho menos de lo que pasó en prisión. La única pregunta que hizo fue solo para romper el silencio mientras esperaban a dormir.

-¿Sabes cómo están todos... en Royal Woods?

-¿Más allá de lo obvio? -preguntó la latina antes de responder algo que temía confesar- Bueno, este... ¿sabes qué le pasó a Lori?

-Se... se la llevó un hombre. ¿Qué tiene que ver? -alterado, tomó a su prima de los hombros y la sacudió con fuerza- ¿Está bien? Dime que está bien, ¡por favor!

Lo poco que sabía de Lori desde que se perdiera todo rastro, lo sabe por Ronnie Anne. Breve, sin entrar en demasiados detalles, fue toda la explicación que quería darle. La que debía darle. Y no es muy buena dando malas noticias.

~o~

Salida 57, las afuera de Royal Woods, Michigan.

Detesta que la jornada de servicio comunitario se tenga que prolongar en domingo. Pudiendo hacer deporte, cualquiera, no podía permitirse tal lujo. Habían sido explícitos con su situación actual, y el oficial encargado de llevar las riendas del mismo, concluyó Lynn, es un maldito infeliz sádico que disfruta de ver a la gente a su cargo quemarse bajo el sol o congelarse el trasero mientras disfruta de comodidades dudosamente ganadas, como bien era el caso. Una hielera con bebidas varias sin alcohol, bloqueador solar y una buena dotación de hamburguesas Eructo Doble sin queso eran su provisión.

Ni bien llegada, se regodeó en exhibir a los cinco sancionados bajo su custodia, y para su desgracia fue la primera en ser exhibida. No le parecía que semejante patán se divierta así. Para resumir, los llamó "Golpeadora", "Peste avara", "Bruja sin licencia", "Mensajero sexy" y "Gótica rabiosa". Especialmente se ensañó con "Mensajero sexy", un sujeto de mediana edad castaño con sombra de barba que ya presenta principios de calvicie y vestía franela roja a cuadros, jeans y botas, acusado de enviar mensajes y foto sugerentes en pleno tráfico.

Sus reglas eran simples. Móviles apagados, un descanso quince minutos antes de las cinco y terminaban a las seis.

No podía empeorar. En alguna ocasión, durante la clase de ciencias, oyó a Squadrani decir algo sobre la Ley de Murphy. No muy convencida, la rolliza mujer les explicaba, desdeñosa por el que su marido olvidara su aniversario de bodas, el principio rector de dicha ley. Entonces, no le creía. Estaba más ansiosa por salir al baño que interesada en su clase, pero igual dicha máxima se le quedó grabada a fuego. "Si existe la posibilidad de que algo suceda, sucederá".

La nota de Lucy la dejó intranquila. La salida a Saginaw y Midland está más retirada de casa que el parque industrial, ubicado en la salida a Lansing, y el hedor de la granja cercana no ayuda realmente a mejorar el ambiente. Prefería evitar su propia casa a tener que soportar un minuto más de aquella canción a la cual su hermano le encontró gusto en su autocompasión.

Creyó ver a uno de los amigos de Lincoln, el cobrizo de cara redonda, Leon o como quiera que se llame, no le importaba mucho. Ella solo conoce bien a bien a Clyde por su nombre. Al resto, solo los ubica por el número de victoria más reciente. Así, la chica que Luan venía tratando era la 49, el concurso de comer pasteles de la feria del condado; el pelirrojo de gafas es el 274, mayor tiempo de cabeza sin vomitar, y su favorita, el larguirucho amigo de Lincoln y su hermano, el "novio" de Lucy. 249 y 250 en un juego de quemados el último Día de la Fundación.

No pudo evitar reirse de aquellos dos. Curiosamente, el enano había sacado a Polly y a Margo del partido, dando pelea hasta el final. El mayor de los dos... a él lo sacó primero.

-¡Tienen quince minutos para comer, señores! -voceó el oficial a cargo- ¡Muevan esas bocas antes de volver a levantar basura de la carretera!

Lynn vio a la pantalla de su móvil. Apenas dieron las cinco, lo que en domingo solo significaba, cosa que aprendió de su larga experiencia deportiva, que la gente suele salir a ver los juegos de sus hijos o de sus familiares. A no pocos les interesa seguir a sus "pequeñas estrellas", rematando una buena jornada (o consolando por un mal día) en algún restaurante de comida rápida, un día de campo o una salida familiar. En su momento, se había burlado de quienes hacían ese mismo sevicio que ahora le tocaba.

Echó un vistazo a quienes, como a ella, les tocó dicha labor. Reconoció a Flip, sudoroso y apestoso como siempre y a Becky (de quien sabe que le quitaron el permiso por arrojarle agua a una oficial de tránsito). El resto, con suerte Lucy y su madre los ubiquen.

No hubo mucho para socializar. Apenas dieron el aviso de la pausa, Flip se aprovechó y terminó por estafar al tipo de franela y a "Gótica rabiosa" (veintitantos, pálida, cabello negro a media espalda, vestida por completo en negro y verde oscuro) con un par de sándwiches pasados de la fecha de caducidad.

Era un hecho. No se tragaría la "tarta de manzana importada" del viejo a cambio del submarino de pechuga que Leni le preparó. Sabe que el postre que pretende cambiarle el estafador podría tener moho o, peor, algún parásito intestinal. Tampoco intercambiaría con la pelirroja, demasiado creída para su gusto. No desconfía de una ensalada de huevo, pero el olor de la vinagreta de frambuesa le hizo repeler.

Ni bien terminó su bocadillo, sonó el móvil de Lynn. Ello no pasó desapercibido para el oficial a cargo, quien le arrebató el aparato. Dado que ella prefuere tener acceso rápido, no se molesta en bloquear la pantalla.

-Se acaba de ganar otra bolsa para llenar, Loud -dijo el hombrecillo, apenas más alto y escuálido que Becky-. Tú, "Gótica rabiosa", ya largo de aquí.

-Solo era un mensaje -replicó la atleta-, no es para tanto.

-"No tardes en llegar. Papá preparó jalapeños rellenos" -remedó en tono burlesco-. Termina antes de las siete y te regreso el aparato. ¿Qué están viendo ustedes? -miró al resto, en especial a Flip- ¡A trabajar!

Por un momento, Lynn odió con todo a ese hombre. No solo la retardaría, sino que incluso se dará el lujo de husmear en su vida privada. Mensajes, fotos, videos... deseó que no vendiera su información a nadie. O peor. Que la regalara sin más a alguien con tantos escrúpulos como vello tiene Lincoln en la cara.

.

Sr imaginó a sí misma en el lugar de Fang.

Apenas volvió de DC, su mascota estaba demasiado... adorable, al menos para el regusto de quienes, como ella, sienten una oculta debilidad por las cosas tiernas. En una ocasión, cuando ella tenía cinco, Lana y Lola habían peleado sin piedad por el control remoto. Dado que Luan estaba a cargo porque sus padres se llevaron a las tres mayores y a Lisa a su examen médico, la comediante sencillamente secuestró a Lincoln y a Lynn para un show. Queriendo ver ella por primera vez Vampiros de Melancolía, terminó por ceder ante el ímpetu de aquel par y se resignó a ver Madagascar. No habían pasado más de quince minutos y estaba cabeceando, y la única línea que le pareció más o menos graciosa en toda la película era algo sobre verse "gorditos y bonitos".

Ahora, en el hogar de los Abbas, Lucy se siente demasiado satisfecha. Aunque la madre de Rashid no la hacía sino sentir abrumada por su hospitalidad, ella había ido solo para hablar con alguien que le pareciera neutral y para ver, si era posible, que Lynn se humille por primera vex en su vida y se retracte de lo dicho meses atrás.

Terrorista... los únicos que le parecen terroristas son personas como el profesor Howick. Había escuchado en el Club de Enterradores que una oficial le detuvo por poseer cosas bastante ilegales. Karac (bajito y extrañamente sonriente chico del cuarto grado) avanzó que fue por algo de drogas. Frank (un larguirucho y calvo estudiante del séptimo grado) dijo, apostando un dvd autografiado de La Cima Carmesí, que fue un asunto de falsificación de dinero.

Ella, por su parte, se mantuvo tan estoica como Haiku y Erzsébet (la tercera chica del club y presidenta) y no opinó nada. No por ignorancia, sino todo lo contrario. Los días posteriores a la ausencia y oficial despido por faltas injustificadas de aquel demonio en piel de cordero había hablado con la profesora Shrinivas, y lo que escuchara de sus labios, por poco que fuera, la perturba demasiado. Lo suficiente como para afianzar en su mente una idea demasiado precisa de lo que es un terrorista, más allá de las acciones que algún inadaptado yihadista o algún tarado armado hasta los dientes con supuestos problemas mentales puedan ejercer.

-¿Seguro que no quieres más, cariño? -ofrece Sheila, amable, una especie de empanada dulce.

-Lo siento mucho -declina ella, más impaciente por Lynn que por otra cosa-, pero sigo esperando a que vengan por mí.

-¿Uno de tus padres? ¿O alguna hermana mayor?

-Una de ellas -responde la gótica, evitando mencionar abiertamente a su compañera de cuarto.

-¿Crees que quiera quedarse a cenar?

-No lo creo. Ella se esfuerza en mantenerse en línea.

Por todos los medios, la poetisa Loud no dudó en ganarle tanto tiempo a Lynn como fuera posible, aunque no quedaba mucho para que el toque de queda se haga efectivo. Y a juzgar por la posición del sol, no le quedan mas que veinte minutos por mucho antes de que las luminarias de la calle se enciendan.

Lucy no era tanto de cometer errores como una niña de primaria de su edad. Si bien empezó a tomar ciertas costumbres de Lincoln como morder un lápiz para concentrarse o leer lo más cómoda posible -aunque sin llegar al extremo de hacerlo en ropa interior-, no cuenta con tanta capacidad de organización y, mucho menos, cierta logística. Para tener ya nueve, le es difícil asumir que puede cambiar para mal.

Escuchó alguna vez a un hombre en el parque hacer imitaciones de libros y películas. Una niña de quinto le había pedido que imitase a Bill Pullman en un papel presidencial, mientras que otro, un chiquillo de camiseta azul y gorra, le pedía que imitara a un tal Horace Slughorn.

De cada una de esas imitaciones, recordó dos frases en concreto.

"No entraremos en silencio hacia la noche sin pelear". Eso le parecía un tanto vago, en parte porque no había visto nunca aquella película, en parte por su desdén hacia la ciencia ficción. Desconocedora del contexto (y por tanto, del argumento), la idea flotó en su cabeza como una negación a la muerte misma, a un desafío frente a la aniquilación.

En cuanto a la otra imitación, era innegable que Lola disfrutaba que su padre le leyera, de cuando en cuando, capítulos de Harry Potter para escapar un tanto de los cuentos de princesas y caballeros. "Hay luz y oscuridad, y yo prefiero quedarme en la luz. Deberías hacer lo mismo"... eso no fue, en su momento, una negación, y aún ahora lo considera una evasiva. Una excusa de algo que no puede evitarse como es la dualidad más evidente en la naturaleza.

-Perdón, señora...- comenzó la poetisa.

-Llámame Sheila -invita la señora de la casa-, sin pena.

-... pero necesito hablar con Rashid a solas.

-¿De verdad?

-Lincoln me había pedido que pasara por las tareas de la semana que no pudo tomar -se excusó la gótica con rapidez-, y algunas cosas preferiría tratarlas a solas.

-¿Podemos ir? -preguntó nervioso el moreno.

-No veo por qué no, Rashid -concede la madre-. ¿A qué hora debía llegar tu hermana?

-Se supone que ya tendría que estar aquí -respondió Lucy.

-Bueno, ya llamo a tus padres y les preguntaré si puedes quedarte.

-¿Como una pijamada?

-¿Por qué no? -acepta Sheila, aunque la mujer tiene sus dudas.

La habitación del chico había cambiado poco. El tapizado original había sudo reemplazado por un azul claro a petición de Clyde, toda vez que Rashid aceptara, a regañadientes y a espaldas de su madre, tomar una sesión con una psicóloga en Hazeltucky, en vista de que el doctor López se fue de vacaciones con su flamante esposa a Aruba y los McBride no tienen mucha fe en la doctora Trubisky. No había pósters o banderines como espera de la habitación de cualquier chico, y los retratos familiares dentro de la pieza parecían vandalizados, como si tener algo de Layla fuera algo tabú.

Sabía, desde hace un tiempo, que Layla había huido de casa y de su estadía en casa de Liam. Las pocas veces que encontró oportunidad de charlar con Leni y Luna sobre ella dieron fe de su orientación, lo que no le incomodó en su tiempo. De ver ello, su único temor se apaciguó, aunque quedaba el asunto de Lynn en el aire.

-¿Qué necesita Linc? -preguntó Rashid, a quien, con todo, seguía teniendo ciertos problemas para pronunciar "Lincoln".

-Más que eso, quería hablar sobre...

-¿Y de qué crees que sirve hablar conmigo? -corta el chico, sintiéndose un poco paranoico.

-Supongo que eres más neutral en cosas hechas por impulso.

-¿Eso piensas? -el moreno se abstuvo de reir, pues Lucy, piensa, le preguntaría sobre algo que él mismo hizo en su momento- ¿Como qué?

-Como besar a alguien por temor a que le ocurra algo.

La sola idea, una de tantas razones por las que no quería hablar de su vida amorosa con nadie, no fue tan inesperada. Él mismo ya no puede decir que no tiene experiencia con eso, pues la sensación de probar los labios de Ronnie Anne seguía en su mente, a pesar de haber transcurrido casi tres meses de ello, permanece en su memoria.

-Me agrada -continúa Lucy-, pero no pasa de ser el amigo de Lincoln. Tenía que decirle lo que mi hermana mayor está pasando justo ahora, y estuvo a punto de colapsar en un cruel acceso de depresión.

-¿Cómo que colapsar?

-Colapsar. Tal como si un castillo de naipes lo hace si le quitas el soporte. Un poco más, y Lincoln no me habría perdonado por tener la vida de su mejor amigo en mis manos.

-Mientras no hayas hecho algo indebido, no creo que él se moleste -razonó Rashid, un tanto melancólico-. Y si él se entera, ojalá no te...

-Lo hizo. Lincoln se enteró de la peor forma posible, y ahora está demasiado sumido en un pozo de desesperación y autodesprecio.

-¿Quién dices que casi colapsó?

-Clyde -se sinceró la gótica.

Por desgracia, eso escapa a la capacidad del oriental. Como todos en la escuela, sabía que Lincoln había masacrado (pues él no tenía otra palabra mejor para definirlo) a Chandler. Las causas solo la saben ellos dos y Penelope, y ambos chicos darían versiones muy dispares. El pelirrojo se las arregló, apenas fuera expulsado, de propagar el rumor de que el peliblanco se había vuelto loco solo por haber escuchado palabras de consuelo. Dado que Lincoln se niega a decir nada más allá de ko necesario, y ello era muy poco, casi toda la escuela, salvo muy contadas excepciones, terminaron por creerlo. En cuanto a la pelirroja, trata de olvidarlo. Clyde, con todo, terminó por bloquearse.

-Ambos no se han visto mucho fuera de la escuela, y parece que mi hermano hizo yn voto de silencio.

-Debe estar bromeando -el rostro de Rashid tomó una expresión incrédula.

-Lincoln ni siquiera me abre la puerta... suspiro -suspira la poetisa, abatida.

-¿Tan mal está?

-Sin mencionar que se la pasa escuchando una canción que incluso hartó a Luna. Y ella es anglófila hasta la médula.

-Perdonen que interrumpa, niños -entró la señora Abbas, cargando una bandeja con pan pita, jocoque con aceite de oliva y un cartón de jugo de mango, además de tres vasos-. Llamé a tu madre, Lucy, y me dijo que podías quedarte si una de tus hermanas mayores venía.

-Gracias, se... Sheila -agradece Lucy, aunque tuvo que aceptar someterse a la cortesía a la que invitaron a tomarse.

-Por mi bien, esperaba que fuera Leni. ¡Hace tanto que no la veo! -sonrió la muner un poco- Tenemos mucho en común...

-¿Interés por la ropa? -quiso saber la niña.

-Antes de... lo del escape de Layla -Sheila se abstuvo de mencionar cualquier disputa previa-, ella solía venir y charlar. Si tenía algo de tela a la mano, hacía maravillas con ella.

-No lo dudo -salmodió la menor, sin reflejar más emociones que las que tenía presentes antes de ser interrumpidos.

-Dijo que Luna vendría y pasará la noche aquí contigo. Ya no debe tardar -agregó, antes de salir-. No empiecen sin ella.

Si algún temor sentía Lucy de que Lynn no acudiera, esa idea terminó por materializarse. De sobra es sabida la sentencia de Luan y Lynn, la condición de Lori y el estado de Lincoln, y eso redujo las opciones a Leni y Luna. En lo que al anfitrión respecta, tiene mucha mejor opinión de Lucy y de Lincoln, a pesar del tiempo y los hechos, que de cualquier otro Loud. No podía sino sentir pena por Lori, Lynn está más que fuera de su zona, el único contacto con Lisa terminó por aterrarlo, Leni le desespera un poco por su limitada inteligencia y hasta ahí. El resto no lo había tratado Lo suficiente como para saber qué le espera.

-Disculpa -pidió Lucy-, ¿puedo usar el baño?

-Adelante -concede el moreno.

Con un poco de afán, Lucy fue al fondo del corredor y entró al baño. El móvil que recién le diera Leni no era tanto lo que pudiera llamarse una antigüedad, pero igual le funciona como si no lo fuera. Buscando entre sus contactos, no tardó mucho en hallar el número de Lynn. Ya habiendo marcado las siete y media, era imposible que su compañera de cuarto llegara siquiera, y habiendo marcado en cuanto atendiera sus necesidades le sorprendió escuchar un mensaje que la intranquilizó bastante.

El número que usted busca no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio. Intente llamar más tarde.

.

-Siete veinte, Golpeadora -se burló el oficial, satisfecho por haber hecho una piltrafa a Lynn-. No terminas a tiempo, te despides del juguete.

Sin dar mucho tiempo a la deportista de reaccionar, el móvil fue a dar al asfaltode la carretera justo en el instante en el que pasó un auto deportivo con tan buena puntería que dicho auto no lo aplastó de milagro. No así cayó en buenas condiciones, pues la pantalla estaba rota, el impacto le sacó la batería y, fuera de eso, no estaba tan mal.

-Nueva regla, señoritas -el oficial se dirigió a los que quedaban-. Sin dispositivos de ninguna clase, o terminarán como el de la señorita Loud. ¿Quedó claro? -todos asintieron- Ya lárguense. Cada quién por su cuenta.

Exhausta, sin forma de avisar en casa, con las estrellas brillando en el cielo y las luces encendidas, el camino a casa fue poco menos que vergonzoso. Tuvo que hacer una limpieza a fondo en la zona junto a Flip, y el hedor de axila sudada del comerciante y estafador no lo hizo menos agotador.

Consideró imposible ir a donde Lucy le dijera, por lo que no le quedó de otra mas que buscar a Luan al comedor público al que fue destinada.

"No es justo", pensó. "¿Cómo es que una mierda de hombre puede ser oficial de policía y se mantiene en el cargo?"

La pregunta no era para menos. Desde que podía recordar, Lynn tenía la noción de poder confiar en cualquier uniformado sin más reservas que las razonables. La actitud del oficial, empero, dejó mucho qué desear. ¿Lo que escuchó de la policía de Florida? Posiblemente una farsa comparada con ese tipo.

.

Para lo que es más la costumbre entre los Loud, Lucy se percató de que los horaruos con Rashid son una cosa seria. Ya a las nueve, por indicación de la jefa de familia, al cuarto para las nueve ya deberían estar arreglados para dormir, en virtud de que la escuela no está tan cerca como quisieran.

Dado que la rockera no le resulta tan agradable como Leni, Sheila le permitió quedarse a ambas chicas Loud en la pieza que antes ocupaba Layla, totalmente limpia de "porquerías pecaminosas" y libros que ya tenía en una lista negra.

Los únicos sonidos que rompen con el silencio del hogar, apenas el reloj marcó las diez, son los procedentes de otros departamentos, el televisor de la sala y el ocasional sonido de alguna patrulla que daba sus rondas en el barrio y las pocas fábricas cercanas.

No tenía mucho sueño en realidad. Para lo que le servía tras haber recuperado su primer cuaderno de poesía, pues por necesidad tenía que revisar algunos de sus escritos. No pocos manchones de marcador, borrones de tinta y "reemplazos" robaron espacio a sus poemas, dada la deliberada aversión del profesor Howick por las artes no consagradas a Dios.

El último poema que escribiera en ese cuaderno, uno que había titulado "Añorando la tiranía", no sobrevivió a la expiación de aquellos legajos. Varias de las estrofas habían sido mutiladas o malinterpretadas, y el comentario final que éste añadiera fue de todo menos cortés.

¿Qué puedo pensar al leer semejante afrenta a Sus Ojos? ¿Qué afán tienes con obsesionarte con demonios, pecado y perversiones que hacen de Sodoma, Gomorra y la Roma de cualquier época una serie de ciudades santas?

La Muerte no es sino el más grande de los males que Satanás envió a la Humanidad, más allá de las perversidades que sus esclavos, sean quienes sean, insuflan a placer en los corazones de los Siervos de Dios.

En cuanto tenga oportunidad, iré a conversar con tus padres sobre su pecaminosa vida, censurando en especial tus obsesiones paganas y demoniacas. Que Dios se apiade de tu pobre alma, condenada a los más oscuros antros de Asmodeo. Que Dios se apiade de ti, porque yo no tendré piedad con los pecadores y recaídos.

Las lágrimas, normalmente presentes en situaciones así, se hicieron ausentes. Habría deseado echar un vistazo a sus poemas, muchos de los cuales fueron compuestos antes de aquellos días aciagos.

Las últimas líneas que leyera en esa página, al parecer, están dedicadas a ella.

Apocalipsis 20-14: La Muerte y el Hades fueron arrojados al Lago de Fuego, y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue arrojado al Lago de Fuego.

Ella misma se sintió mareada. Que un libro tenido por santo para muchos expresara semejante maldición está fuera de toda discusión, pero que Howick haya escrito semejante afrenta a su más sagrado pilar por encima de la literatura misma... eso es imperdonable en extremo. Tal vez sus padres se excedieron un poco, pero ello no justifica, al menos para su joven mente, que se ganen un lugar en los Círculos del Infierno.

Dejó esperar media hora más. Ya para entonces, su anfitriona estaba dormida. Podía tratar de moverse sin despertar a Luna, ir ala habitación de Rashid y pedirle un pequeño favor.

El piso se siente algo frío. Para tener una decoración que remite a su viejo hogar, a Lucy le resultó extraño que no alfombraran el pasillo. Aunque las luces ya estuvieran apagadas, el televisor sigue encendido dando un resumen de la nueva temporada de El Barco de los Sueños, mientras que la madre de Rashid duerme intranquila.

Le basta con saber eso, pues necesita moverse en silencio. El piso sin alfombrar es una desventaja, en especial cuando de pescar un resfriado se trata, y Luna no había previsto llevar pantuflas siquiera para ella. Lo único que se le ocurrió para contrarrestar el choque de temperatura entre la piel de sus pies y el frío suelo fue usar dos pares de calcetas uno sobre otro.

El rechinar de las bisagras de la puerta de la piexa ocupada por Rashid no pudo sino sobresaltar un poco a Lucy. El poco tiempo que llevara en ese hogar le llevó a concluir que el chico necesita cierta seguridad, así se trate de dejar sin aceite la entrada a su habitación. En su mente, empieza a razonar, esperaba no tener que despertarle con aquél discordante sonido.

Si creyó encontrarlo dormido, toda esperanza de ello se fue por el drenaje.

En la cama, Rashid tenía puesto el auricular, sin prestar atención a la puerta. No le sorprendió encontrarlo en pantalón holgado y remera blanca como lo fue hacerlo en un videochat con alguien que, si sus ojos la engañaban, se parecía demasiado a una chica que es vecina de Ronnie Anne. Fuera de que aquella chica vistiera una blusa amarilla y su peinado fuese más bien una cascada sobre su espalda, el parecido era tal que, de haberse visto con la original y con aquella extraña y estas se vistieran igual, no las habría sabido reconocer.

Unos segundos después, el chico había terminado esa conversación con un escueto "buenas noches", concretando el móvil para cargar la batería. Estuvo a punto de irse a dormir cuando vio a Lucy en el umbral de la puerta.

-¿Sabes que mañana tenemos escuela? -increpó el egipcio, volviendo un poco en sí por el sobresalto.

-Necesito pedirte algo -arrastró la niña, un poco abrumada por el naciente cansancio producto de la penumbra, mirando al suelo.

-¿Sobre qué?

~o~

El que, de la nada, se le haya ocurrido apelar por el recurso médico no fue fortuito. Y, sin embargo, la sola esperanza de que lo fuera se tornó en algo ingenuo. Tanto más si considera que el puente fronterizo más cercano está entre Laredo, El Paso y Brownsville, todas en Texas.

Se supone que en el Consulado se dio aviso. Se suponía que el gobierno mexicano prestaría apoyo legal, pero en este momento están con las manos llenas. Chicago, Los Angeles, Nueva York, Houston, la respuesta es la misma para todas las solicitudes de auxilio legal sobre situación migratoria.

Cada día llegan más recién llegados a las oficinas consulares en la frontera. Eso, tenía entendido, debería ser asunto de los cónsules en El Paso y en San Diego, no de los legados en las ciudades del interior. Y entre eso y quienes resisten bscando resguardo en las iglesias, son pocos, casi ningún empleado, los que están disponibles para prestar aalguna asesoria legal.

Dado a que Gwendolyn se quedó sin empleo, y le empezaron un proceso por el uso de los contactos que tenía en la oficina del gobernador, se está alojando con ella en el suburbio de East Lansing. Para el puesto que ocupaba, el hogar es mucho más austero de lo que su sueldo como funcionaria le permite pagarse.

No había muchos retratos propios. Los únicos que había estaban en la sala, una foto con uniforme de gala bajo una Estrella de Bronce que pende de un clavo sobre la chimenea, y una en la que, al parecer siendo una niña, posaba con un hombre por entonces joven vestido en azul y blanco y una mujer (poco atractiva, por lo que pudo apreciar) de uno veintitrés al menos.

Necesita distraer su mente de la idea de la que debería ser responsable.

Es un hecho que Roberto tiene los días contados. Apelación o no, era un hecho que será enviado por avión a la Ciudad de México. De ello dependía el último recurso, ya que cualquier medicamento prescrito para una cardiopatía está contraindicado a pacientes que suelen viajar. Y el trecho en autobús hasta El Paso no se abarca en un solo día, menos cuando ya sr acerca la temporada de tornados en las llanuras exidtentes desde el centro de Michigan al desierto occidental de Texas. La ruta terrestre está descartada.

El juicio de apelación, por suerte, será a puerta cerrada a una única sesión, sin jurado y con el traslado ya asegurado. Necesitaba toda su concentración y la fuerza moral qu le quedaba. No sabe cuál será la reacción de Ronnie Anne en cuanto se entere. No quería ver a su hija más destrozada de lo que pudiera estar, pero odiaba ocultarle cosas. Lo mismo que esa noche con Lincoln en la que relató el cómo conoció a Roberto, ahora siente la odiosa necesidad de hacerlo. La duda se quedó en el aire.

¿Qué hacer? ¿Negarle a su hija la más remota esperanza? ¿O, sencillamente, darle una pequeña luz a la que debía aferrarse hasta el final, no importando lo amargo que fuera el fin?

Al mismo tiempo, una idea cruzó por su mente. No le gustará hacer eso, pero, en el fondo, uno siempre se pregunta sobre el sentido que eso tendría.

Una taza con café flojo, unas rebanadas de pan tostado y un plato de huevos con tocino fueron puestos frente a ella. No esperaba ya tener que comer o beber algo, no a causa de los nervios, sino por lo tensa que está.

-Supuse que tendría hambre, María -suspiró la ex-militar, arrastrando lus palabras.

-No era necesario, pero... gracias.

-Siento no haber sido de gran ayuda con lo de su marido -sin pensarlo, Gwen apretó los puños-. No esperaba que algo así...

-No se culpe -corta la matriarca Santiago-. Nadie pudo ver eso venir.

-¿Que no me culpe? -ríe irónica la teniente, aunque es también una risa triste- Fue mi culpa por tantear un juego sin conocer a fondo las reglas. Por mí, tu familia se ha roto, he perdido mi empleo, ¡incluso puede que te...!

-¡Cálmese! -sin aviso, la enfermera soltó una bofetada, consiguiendo el efecto deseado- No estuvimos juntas en esto por nada, mucho menos quisiera ver a nadie caer aún más bajo.

Agitada, Gwendolyn no tuvo que ver sino la realidad de los hechos. Tal cual, la estadía en el ejército es una cosa muy distinta a organizar memorandos y reuniones o detallar testimonios en una corte. En la milicia y en la política, es cuestión de tener una organización clara para mantener el caos a raya. En un proceso legal, es imponer orden al caos, no mantenerlo a raya.

Estuvo a punto de cometer un error. Apenas y estuvo al tanto cuando se recibieran órdenes sobre los centros de detención de inmigrantes, pero había escuchado (muy poca información, por cierto) sobre un posible proyecto, una operación negra. Sabe bien que la siguiente administración, haya reelección o no, será Demócrata, y la idea sería muy polemizada apenas y se revele la punta del iceberg. Unas palabras más, y estaría totalmente sola.

-Pase lo que pase -dijo Gwendolyn, un poco más tranquila-, voy a hacer lo que esté a mi alcance... ¿Quiere que le acompañe?

-¿Por qué no?

Indiferentes ya al lapsus previo, se concentraron un poco en comer. No importaría ya lo que pase, no podían caer. No más bajo, al menos. Y cualquier apoyo, aún en las sombras, podría brindarlo para que esa caída no suceda.

~o~

Los días para Ronnie Anne se habían vuelto una porquería. Cuando su madre le habló hace menos de un día para darle la noticia, quiso desahogarse y hablarlo con quien fuera.

Una de las cosas que la vida le enseñó hace tiempo, no pocas veces a la mala, fue a no dejarse engañar por nadie. Así sea su propia familia, debía luchar para sobrevivir si está en sus manos, y mantenerse si no podía manejarlo. Ello la molestó desde que su madre le dijo que su padre recibió sentencia y apelaría. Para ella, ya no importaba. El segundo hombre más importante en su vida será deportado.

En toda la semana, desde que Lincoln regresó no podía acercarse a él. Siempre acompañado por alguna de sus hermanas menores, estas tenían la instrucción de alejarse tan pronto la vieran. La maestra Johnson lo miraba casi como un apestado por la paliza que Chandler recibió y provocó su expulsión, y ni bien estaba fuera, Luan se limitaba (de mala gana, como pudo apreciar ) a seguirle hasta el infame salón 4-c, antes de entrar a detención.

El único momento que era una ventana, para variar, eran las veces que tenían que ir a los casilleros. Ninguna de sus hermanas estaría cerca, y la única persona que puede ser un problema para tener una charla ni siquiera se molestaría en interrumpir sus planes. No hacía menos a Clyde, sino que apenas y le recuerda su lugar.

Mientras esperaba a que Zach, Liam, Rusty y Jordan abandonaran los casilleros, decidió poner una canción que, en palabras del (en un futuro cercano) doctor Schiller, podría servir como una terapia de choque. No era para menos, porque era esa o tener que soportar las agresivas rimas de un grupo mexicano.

Sin más qué hacer, empezó a canturrear para sí, importando un comino si a alguien le parece mal que siga la pista en el reproductor del móvil.

Solo voy con mi pena

Sola va mi condena

Correr es mi destino

Para burlar la ley

.

Perdido en el corazón

De la grande Babylon

Me dicen el clandestino

Por no llevar papel

Por mucho que odia pensarlo, sabe que su padre no solo llevaba papeles, sino que incluso tenía cuidado de mantenerlos al día cada que era posible.

Pa' una ciudad del norte

Yo me fui a trabajar

Mi vida la dejé

Entre Ceuta y Gibraltar

El estribillo, de por sí bastante pegajoso, llegó a gustarle aunque no supiera donde quedan Ceuta y Gibraltar, por lo que casi olvidó su propia pena en cuanto sonó la campana. Ya teniendo el año asegurado, no le preocupa que tenga que saltarse gimnasia.

A su mente, no pocas cosas acudieron. Desde su primer encuentro, Lincoln solo trataba de ser amable. Las burlas a las que le sometió, en su momento, le divirtieron tanto como ahora era ganarle en cualquier juego de pelea. Obviando el cabello y las pecas, le parecía un poco atractivo. No demasiado para babearse por él, pero tampoco como para tratarlo como basura... no demasiado.

Soy una raya en el mar

Fantasma en la ciudad

Mi vida va prohibida

Dice la autoridad

.

Solo voy con mi pena

Sola va mi condena

Correr es mi destino

Por no llevar papel

"¿Tanto así me veo?"

Reparó en un hecho obvio en cuanto vio a una chiquilla de primero, pálida, asiática sudoriental y vestida de blusa azul cielo y falda ultramar, era arrojada contra los casilleros por un empujón que le dieron a Lana. Sabe que, por el hecho de tener por hermano a un golpeador, empezaron a meterse todavía más con quienes podían meterse. Por lo regular, no se metían con las gemelas, pero lo que son Lucy y Lisa son otro asunto. Un asunto que, por desgracia, pasó a incluir a la rubia de primer año.

Perdido en el corazón

De la grande Babylon

Me dicen el clandestino

Yo soy el quiebra ley

Desubicada, se debatió entre intervenir y dejarla a su suerte. El chico, al parecer, solo se mete con quienes puede si tiene ventaja, y decidió que Lana era perfecta, estando ausente Lola.

Mano negra clandestina

Peruano clandestino

Africano clandestino

Marihuana ilegal

-¿Tienes algo de cerebro, Loud? -preguntó aquél chico, blanco y castaño, al tirar de una de sus coletas y arrojar su gorra al baño de chicos- ¿O le pediste a mami que se lo pusiera a la chismosa de tu hermana?

-¡Dame mi gorra, tarado! -reclamó Lana, antes de que recibiera otro tirón al cabello, mantenida a raya.

-¿Vas a llorar como la niñita que eres? ¿O vas a llamar a tu hermano? -se mofó el chico.

-¿Y qué tal a su bravucona? -se oyó la voz de Ronnie Anne justo tras el chico.

Ni bien se presentó, el chico no se molestó en darle atención, lo cual pagó muy barato. Ni bien alzado el puño, la chicana apenas lo detuvo y torció su brazo.

-Me entero que le pusiste una mano a ella o a sus hermanas -dijo mientras lo puso contra la pared-, y voy a arreglarte un viaje sin regreso a la Chingada, culero

Solo voy con mi pena

Sola va mi condena

Correr es mi destino

Para burlar la ley

Perdido en el corazón

De la grande Babylon

Me dicen el clandestino

Por no llevar papel

Ni bien terminando de amenazar, el efecto de rematar su amenaza en español causó que el terror inundsra sus ojos, y el charco de orina que dejó fue prueba fiel de ello.

-¡¿Y ustedes que nos ven?! -remató la morena, ahuyentando a los curiosos.

Argelino clandestino

Nigeriano clandestino

Boliviano clandestino

Mano negra ilegal

Lana no sabía cómo actuar. Por un lado, Luna le había instruido de salir corriendo apenas viera a Ronnie Anne. Por el otro, aquél chico había sido un verdadero grano en el trasero en zona de guerra desde la semana pasada, y la persona a quien debía evitar le salvó el pellejo. Para no complicarse, apeló más a su humanidad.

-¿Estás bien? -preguntó, antes de que los brazos de la menor intentaran aplastarla- ¿Y esto?

-Gracias, Ronnie Anne -dijo aliviada Lana-. De verdad, gracias.

-No hay de qué.

-¿Me acompañas un rato? -pidió la multiusos.

-No veo porqué no... ¿Sabes dónde puede estar Lincoln?

Mientras acompaña a la niña a su salón, no dejaba de sorprenderse. Sabe de la orden que Luna diera, pero no de quiénes estaban dispuestas a romperla, mucho menos que Lana fuese la primera en hacerlo. Tampoco que, al menos, la mitad de ellas no cree que Bobby tuviera mucha culpa o que, en realidad, no les interesa.

Leni, según la "reina del lodo", se niega en redondo a creer que él tuvo la culpa. Luan y Lana misma no solo se niegan, sino que piensan que él hizo lo posible. Lucy, Lisa y Lily prefieren tener una postura neutral, aunque no es que Lily no pueda decir nada realmente y se alegra de tenerla de vuelta. La gótica solo se escudó en tener que aceptar sin protestar en apriencia, mientras que la niña prodigio optó por desentenderse en cualquier forma. Lola no quiere pensar en ello, aunque no quería enfrentarse a Luna abiertamente. En cuanto a Lynn, prefería ignorar todo ello. Luna, a final de cuentas, es la única en verdad reacia a creer que Bobby era inocente, e incluso había prohibido terminantemente a Lincoln verse con ella fuera de la escuela. La única persona que de verdad puede hablar con libertad de ello, Lori, sencillamente no quiere hacerlo de nuevo. No con todas revoloteando por su habitación.

-¿Sabes que Luna no puede vernos juntas?

-Lucy me lo dijo hace tiempo -respondió la chicana, antes de voltear a ver a Kat en el sanitario-. Sigo sin olvidar esos ojos...

-Da más miedo tener que verla a los ojos que a su flequillo -dijo estremecida Lana-. Ahora sé por qué a mis papás les aterra esa mirada.

Por un segundo, ambas se detuvieron frente al despacho que ocupaba la doctora Schiller. Lana sabía de la reciente reputación que Santiago se ganó al empujar y agredir a la entonces terapeuta, fama que Lola desechó por creerla un simple rumor.

-¿Por qué estamos aquí? -preguntó Lana.

-Solo se que no deberíamos estar aquí -avanzó la morena, sonando el timbre-¿Estás bien?

-Si. Es solo que no sé por qué esa anciana tenía que ser tan...

-¿Mala? -remató la chicana, desdeñosa- Si supieras...

-¿Qué cosa?

-Pregunta a tus hermanos y sabrás por qué esa mujer se hizo odiar -respondió molesta la latina-. Ojalá nunca la volvamos a ver.

-¿Volver a ver a quién, Santiago? -terció una voz tras ambas.

Asustada por la voz del director Huggins tras ambas, Lana fue directo a su salón. Ronnie Anne, por su lado, no quiso moverse de donde estaba. Necesita despejarse, pero tuvo qur apelar a un viejo refrán que su abuelo suele ocupar en un sentido literal. "A falta de pan..."

-A la doctora Schiller -la voz de la chicana se quebró un poco, nerviosa.

-¿No se supone que debe ir a clases?

-¿Y eso qué? -cuestiona desafiante Ronnie Anne- Eso no me devolverá a papá.

-A mi oficina, entonces -más que ordenar, indicó el funcionario.

El camino a la oficina del director Huggins no fue tan ominoso como en otras ocasiones. Ya antes había hecho el recorrido al sitio, como cuando encerró a Clyde en su casillero, desnudó sin querer a Lincoln de la cintura para abajo días después de ese incidente (cuando, en realidad, solo le bajaría el pantalón) o hiciera comer unas frituras bañadas con salsa picante a Joy por una ridícula apuesta, aún sabiendo que la chica afroamericana es hipersensible a cualquier chile.

Aunque había un cierto orden en esa oficina, Ronnie Anne no pudo evitar ver un número especial de Ace Savvy, Decorando los pasillos, aquél ejemplar de doble portada que a Renee le faltó para completar el tiraje del año anterior. Junto a éste, había una taza blanca sin contenido alguno, un bagel relleno con ensalada de papa y un documento que parecía poco importante.

-¿Puede saberse qué hacía fuera de clase? -preguntó Wilbur, guardando entre tanto su almuerzo.

-Solo... no quería entrar.

-¿Y por qué no quería entrar? ¿Su familia tiene que ver?

Un corto asentimiento por respuesta fue todo lo que Huggins obtuvo por respuesta. Y a juzgar por el gesto, el aire que la rodeaba parecía apestar a varias emociones. Rabia, impotencia, pesar... pese a todo, ella prefiere no decir que se siente vulnerable.

Una larga aspiración y las puertas de la muralla doble que constituye su propio corazón se vieron abiertas de par en par. Ronnie Anne no se guardó nada sobre cómo se siente en ese momento de su vida. Con los pocos asideros a esta que tenía, no tuvo más opciones. No tiene en mucha estima al director Huggins, pero era mejor pasar por desahogo con él a guardarse ese cúmulo de sensaciones y dejarlas pudrirse bajo el sol implacable.

-No puedo decir que siento mucho lo que pasó -externó el administrador escolar-, o que tolere que un alumno se pasee por los pasillos sin un pase para el baño como si fuera la Primera Dama en un evento social. Pero si lo necesita...

-Ya tengo demasiado de ese trato.

-¿Qué trato? -preguntó Huggins, intrigado

-Del preferente. ¡Odio que a muchos... -Santiago estuvo a punto de decir "hijos de migrantes", corrigiendo al momento-... que algunas personas reciban trato especial solo porque sus padres lleguen de cualquier lado y, apenas pase algo, les den comida en bandeja de plata y un cuchillo en la espalda!

-Si tenemos las cosas así, entonces vaya a casa.

-¡A eso me refiero! -gritó la chicana, sobresaltando al otro lado de la puerta a la robusta secretaria.

-No es por trato preferencial, señorita Santiago -replicó Huggins, imperturbable y sin perder cierta severidad-. Le estoy dando permiso para que vaya a casa. Recoja sus cosas, pida las tareas del día y la quiero ver aquí a última hora de mañana.

No podía sentirse peor. Solo expresó un pequeño punto de vista y no solo la mandan a casa. Hoy la mandan a casa, como si nada hubiera pasado, solo para que el día siguiente le dejen caer el mazo con todo.

No quería pasar un segundo más con ese pasante y futuro psicólogo escolar. No quería volver a ver una salchicha kosher en su vida. No más comidas de clara inspiración alemana solo porque al "señorito" la única ocasión que comió tacos le provocaron una diarrea de tres días y tuvo que estar en observación, teniendo doce. Por muy racista que suene, quería tacos, tocino a un lado de unos huevos a la mexicana mientras ve una grabación de la función de lucha libre de la noche anterior con su padre los sábados mientras esperaban a que Bobby se despertara y salga agitado a trabajar o a verse con Lori...

No lo sabe. Quiere volver a pasar días que no volverán, a sentir un abrazo de su familia... un abrazo que solo le corresponde el viento mientras abandona las instalaciones.

~o~

No era una opción para Lynn. No sabía por qué rayos Lucy la lleva prácticamente a rastras a aquél departamento en la zona del parque industrial. Usualmente es al revés, y siempre a cualquier cosa para la que nadie más que ella no estuviera disponible, así sea para tomar un poco de luz de sol.

No era para menos. No esperaron a decirle nada a Luna y, con todo el sigilo del que podían echar mano, siguieron a Rashid por los sitios que, al menos desde aquella noche que el chico fuera ultrajado, sabían que era posible encontrarle.

No se interesan tanto en lo que al chico le guste o en una abierta confrontación. Lynn necesitaba tener una expiación, y Lucy no ayuda mucho en realidad. El que su compañera de cuarto desesra verle en una posición que considera menos que humillante no era nada gratuito en realidad. Sin embargo, la gótica lo tenía en mente.

A Lucy ya no le interesaba que su hermana mayor más cercana se gane su perdón por lo del ya olvidado golpe que mandó a Lincoln al hospital o cualquier evento posterior. Con todo lo que pasara, inclusive el beso que le diera a Clyde pasó a caer al olvido para los que se hayan enterado. Su vida, en sí, está tan a salvo que a Rocky no le importó, mucho menos a los integrantes del Club de Enterradotes.

Los pocos lugares a donde fuera Rashid eran demasiado... impropios para su edad. Hasta Leni sabe que el barrio de las calles Eisenhower y MacArthur es una garantía de que puedan encontrarse alguna pandilla que prefiere reunirse a merodear y apostar entre ellos o con los viandantes incautos, y la calle Birch, la vía más corta hacia el parque industrial desde el parque de la calle Gantka no era el mejor lugar para usar como atajo.

Lynn no se sentía tranquila. Menos sabiendo que aquel barrio, justo en la zona de los libramientos a Flint, Lansing y el Huron, algún malviviente termine por secuestrarlas y torturarlas como, escuchó decir en el gimnasio, varias chicas del noveno grado que desaparecieron de poblados cercanos.

-No tenemos nada, niño -oyó decir a Lucy a un niño de la edad de Lisa, meses más o menos,que vestía prendas un poco gastadas salidas al parecer de la beneficencia-. Mejor vete.

Tentada a darle un billete, Lucy la contuvo, como si ella estuviera a cargo de su dinero con una expresión poco caritativa.

-Mejor no lo hagas -indica la de ojos grises.

-¿No ves que puede morirse de hambre? -replicó la castaña, empezando a impacientarse- ¿Qué tal si no tiene familia?

-¿O qué tal que sus familiares estén esperando a que les des algo? Birch y Pansy Creek -la gótica leyó un rótulo en la esquina-. Debemos de estar cerca.

La mirada que Lucy le dedicó sentenció toda intención de darle algo a ese niño. Pensó que era solo desconfianza, aunque la gótica no es de aquellas personas tenidas por estúpidas.

El resto del trayecto fue un poco tortuoso para Lucy. Con los pies molidos de tanto caminar a causa de los recovecos tomados por el oriental, a Lynn no le quedó de otra que cargar con su hermana y su mochila. Por su mente, puede mandar el trabajo comunitario del día al demonio. El almuerzo de hoy bien puede asolearse un poco y mañana se lo daría a Flip. Si algo puede arruinar su inusual felicidad por haber tenido una buena noticia, ese almuerzo puede ser la causa.

En mente, Lynn trató de buscar cualquier palabra que le sirviera de algo. No se había rendido o retirado en su vida, y con la temporada de baloncesto cerca, es muy probable que alguien la trate como basura, poniendo en riesgo su FLHBBR. Bien esta temporada ya no contaría con el fútbol y el lacrosse, en dos semanas será la prueba para béisbol, y pasado el cumpleaños de Lori, ya en verano, encabezará la lista definitiva para el roller-derby. En el fondo, pensó, necesita esto. Ya el servicio comunitario le costó el balonmano y el baloncesto, y su serie de incidentes desde noviembre pasado le pasaron factura.

-¿Es allí? -preguntó Lynn, sorprendida de ver un edificio un tanto descuidado.

-Si, es aquí -jadeó Lucy, no más descansada pese a ser peso muerto-. Te dije que podíamos llegar en el transporte público.

-No es mi culpa que dejara mi pase del autobús en el casillero -repuso con sarcasmo la castaña.

-Lo usarías si lo tuvieras -contraatacó la niña antes de caer pesadamente al suelo duro del estacionamiento.

Lynn no tenía idea de qué demonios era lo que hacen allí. Si Lucy empezó a verse con alguien en especial, no tendrá problema para hacerla de chaperona. Si era por una tarea, no se lo creerá ni por asomo, pues en los pasillos incluso habían vinculado a su exprofesor con alguna pandilla o alguna cosa de drogas.

Fingiendo no prestar atención, vio a Lucy tomar su móvil y escribir un mensaje. Esperando a que fuera para avisar a Luna y a Luan sobre dónde están, es lo de menos. Necesita disculparse, y eso es algo que no le gusta hacer fuera de sus círculos más íntimos.

.

El que Rashid se tomara muchas molestias para tomarse un rodeo están justificadas. Desde aquella noche, y más desde que la profesora Shrinivas le mostrara eso, no confía mucho en nadie que no le hubiera tratado. Y la lista de la gente en quien tuviera confianza se está reduciendo.

Hasta donde sabe, Liam cayó de su gracia por tener casi a escondidas con Layla y no decirle absolutamente nada. Zach y Rusty dejaron de hablarle en solidaridad con su camarada. Loud y Santiago tienen sus problemas y se mantiene al margen. ¿Clyde McBride? Tendrá tiempo para hablar con él, si es que no le da la espalda. Ya ni hablar de las chicas de su grupo. Polly le llena de terror, Kat y Mollie, a quienes conoce solo de vista, ni de chiste. Aquella pecosa Penelope no le parece de fiar por su afición a la ciencia ficción, y Brianna, aquella a la que llaman Cookie, tal vez si no estuviera tan pegada a Sadie y Joy...

Por simple rutina, tomó una de tantas rutas alternas. Poco después de la oleada de agresiones contra varios chicos, se habían impartido charlas de prevención. El oficial que la impartió, un sujeto de apellido "Galipoli" o algo por el estilo, les recomendó tomar una ruta alterna por si se sienten amenazados en las calles. Si tenían a un acosador, eso bien puede servirles para despistarle.

En su momento, se había burlado de instrucciones similares. Enterarse de tener a un agresor cerca por un tiempo fue lo que le sacudió, viéndose forzado a tomar semejante consejo "para que no se repita".

Tomando por Gantka hacia Birch, evitó mostrar cualquier sobrante de comida. Varios conocidos en todo el grado evitan aquella zona, incluido el autonombrado "Poppa Wheelie", por la fama que aquel barrio tiene de ser una zona peligrosa por los perros que viven en los alrededores. No obstante, también se guardó el móvil que le diera Layla, solo por si acaso.

Con algo tan sencillo como un cambio de rutas en la semana, no contó con que casi nadie le diera seguimiento. Mucho menos que tuviera que acceder a una -para él- absurda petición de Lucy.

No tenía ánimo de ver de nuevo a Lynn. Para él, la compañera de habitación de Lucy es de las peores personas con las que podría haber tratado en toda su vida. Y, sin embargo, debía apegarse a ello. Solo había algunas personas peores que aquella agresiva chica. Aquél chico pelirrojo que soltó insultos a diestro y siniestro en la cafetería, Liam... y ninguno de ellos llegó al grado de aquél profesor. Junto a él, Lynn Loud jr. no es mas que un tierno gatito, uno que no dejaría su hogar y prefiere defenderse con todo a ser llevado a una nueva casa.

No tenía ganas de verle la cara de nuevo. Ahora, es justo lo que debe hacer.

Perdió a sus "perseguidores". Punto a su favor. Punto en contra... un cierto pelirrojo que es vecino de Rusty en el bloque de casilleros. Y no parece interesarse gran cosa en él.

Antes de que todo se fuera al demonio, Zach le envío algunas fotos de Renee. La chica le cayó mal tan solo de ver dichas imágenes, pues el chico le dijo que ella es, si acaso, la más grande fan de Ace Savvy en la ciudad. Con lo mucho que él desprecia a los superhéroes con todo y sus historias más que predecibles y atrayentes, el rechazo de aquella chica era mutuo por su interés en dramas mucho más humanos. Ahora, en clases ni siquiera le dirigen una mirada.

Le mueve la prisa por llegar a casa. Tuvo que meterse en un callejón para no ser visto por Zach o por alguien que le fuese conocido, bajo el riesgo de encontrarse en un pleito que no puede ganar. Una cosa fue su problema con Liam y el que Layla se haya quedado con él sin decirle a nadie absolutamente nada, problema zanjado con varios golpes al cobrizo sin que los testigos se metieran. Y otra muy distinta era enfrentarse a golpes con alguien que pudiera ser respaldado por una chica.

Apenas pudo ver nada, menos oir lo que esos dos se decían. Ni bien entraron ambos al edificio donde cualquiera de los dos vive, volvió a tomar el camino a casa. Estando nervioso, desconoce cual sería la reacción de aquella chica que terminó por insultarle.

No supo qué pensar de la petición de Lucy. Ni siquiera le gusta ver a nadie humillado por mucho que se lo gane, y una disculpa vacía, una mera formalidad como ella lo llamó, no lo vale.

El último lugar donde esperaba verse era justo a dos cuadras de su nuevo hogar. El sitio, un club nocturno abandonado al parecer llamado "Per a Negra" (según reza la gastada marquesina, dañada por el tiempo), se hace notar como un sitial de temática pirata, si las personas que allí laboraban son como las chicas que el norteafricano viera hace un tiempo en los noticieros por la noche.

Algo en su interior ía que no entrara. Un potente hormigueo invadió centímetro a centímetro su piel como si de un grupo de cocodrilos se pusiera en torno a una cabra en el Nilo, listos para despedazar al desgraciado animal.

Sus sospechas se esfumaron en menos de un segundo. El origen de sus temores sobre ese lugar solo eran un chico de la preparatoria vestido de suéter amarillo y jeans y su acompañante, una chica de su misma edad castaña de minifalda negra y calentadores a rayas blancas y lilas que salieron de ese lugar. Por la cara que aquel adolescente tenía, no dudó sobre haber hecho lo que se imaginó.

Una vibración en su pantalón llamó su atención. No es común que él mismo diera su propio número si no era necesario en verdad, cosa de la que se arrepintió de hacer para con Lucy.

"Si el asunto es tan urgente, ¿por qué mejor no me citó en donde puedan vernos sin problemas?"

Del tiempo en que han tratado, varios lugares en los que Lucy suele reunirse le son algo incómodos. Cementerios, tiendas de esoterismo, los clubes de poesía de la ciudad... y los de Lynn eran demasiado obvios para una deportista, por lo que ha escuchado. No tiene gran idea de ello, pues siendo originario de un país de mayoría musulmana, desconoce de tales sitios a pesar de ser cristiano copto.

Un simple mensaje preguntando dónde está, enviado por su madre, lo sobresaltó un poco. Como si no necesitara más para sentir miedo, escuchó pasos a corta distancia de sí. En circunstancias normales, se habría quedado quieto, cooperando y entregando casi cuanto objeto de valor. El dispositivo, empero, tenía un valor más allá de lo que él pudiera darle a primera vista. Su único contacto con Layla, y no puede perderlo.

En cuanto respondió, se sintió seguro.

Echó un vistazo. Lucy y "ella" la estaban esperando. Por mucho aprecio que siente por Lucy, no tiene las agallas necesarias para enfrentar a Lynn. No en ese momento, y mucho menos en su tierra de exilio.

Tuvo que rodear hasta dar con el contenedor de basura. La escalera de emergencias está cerca de allí, por lo que ya tiene una ruta alterna. ¿Un recurso gastado de la arquitectura urbana americana? Definitivamente, pero es uno bastante funcional. Lo es, al menos hasta que cae por pisar mal el tercer peldaño, distraído por el sonido de un nuevo mensaje entrante.

.

Todo está a oscuras. Escucha voces, algunas muy agitadas, otras aliviadas. Eso ya es algo bueno, lo suficiente como para saber que está vivo. Escuchar voces y sentir un agudo dolor en la pierna derecha. Agudo como si se rompiera la pierna y estuviera cansado hasta para aullar por el dolor.

-... onsable por... ¡por esto! -oye con claridad la voz de su madre- ¡No es un juego, niñas!

-No sabíamos que usaría una escalera en mal estado, señora -la excusa de Lucy se escucha sincera, a pesar del ¿nerviosismo?- Ni siquiera sabía que ese edificio cuenta con una escalera de emergencia.

-¡Había escuchado cosas buenas de ti desde Navidad, Lynn Loud! ¿Tienes algo qué decir?

Apenas abriendo los ojos, apenas lo suficiente para tener un poco de claridad y pasar por alguien aún dormido o inconsciente. Ver a Lynn humillada por su madre, soportar con la cabeza gacha el sermón con el que solía amenazar a algún vecino que se le insinuaba a Layla. Una cosa eran los intentos por buscarle marido, y una muy distinta los chicos pervertidos, los casados infieles de cualquier culto religioso y, en especial, los ancianos que no dejan de actuar como si fueran veinteañeros desesperados por llevarse a alguien a la cama.

-¿Tienes idea de lo que pudo pasarle a mi bebé?

Su bebé... irónico. Solo cuando sufre algo serio, habla de él como si tuviera dos años. Lo mismo cuando la señorita Shrinivas le habló sobre esa noche que cuando unos chicos en Alejandría se le echaron encima solo porque el Al-ahly perdió un juego cuando tenía cinco, no le importó.

Por un segundo sintió la helada mirada de Lucy sobre su persona. Habituado ya a esos onos grises y a sus casi imperceptibles cambios de humor sin necesidad de verlos antes de que le cortaran el flequillo, Rashid intentó adivinar lo que en esr momento pasaba por la mente de la poetisa. Nada... esa mirada no expresa nada. Ni por su hermana o por él. Ni siquiera por sí misma. Si buscaba, y puede permitirse decir que no es así, a una persona que sea la definición de "cabrón(a) insensible" con una foto que lo ejemplifica, ésa persona sería Lucy Loud.

-¿Puede salir un momento por favor, Sheila? -un ligero parpadeo le bastó a la gótica para tener que reaccionar. No tanto en defensa de su hermana, sino para pedirle a su madre que salga.

-Ni hablar, Lucy, a menos que...

-Nada pasional, señora -cortó Lucy-. Es algo que mi hermana y yo debemos discutir con Rashid. A solas -remató.

Apenas la mujer abandonó el cuarto, Rashid se sintió intimidado. La única persona que lo trata como un igual, tal vez como un amigo muy cercano sin ser gótico, y su hermana mayor más cercana.

-Puedes dejar de fingir que duermes -dijo Lucy, develando a medias al chico.

-¿Crees que no está dormido? -cortó Lynn- ¡Solo míralo! Parece idiota por los sedantes.

-La anestesia fue local, y no necesita que le recuerdes el porqué te tiene miedo.

-¿Crees que no sé de medicina? -protesta la castaña- ¿Quién crees que llevó a Margo o a Polly a la enfermería cuando se lesionaron? ¿Quién crees que arrastró allí a Lincoln cuando intentó participar en un concurso de perros calientes hace dos años?

-Esto no fue una indigestión o simples torceduras, fue una fractura expuesta.

-¿Quieren callarse las... dos? -protesta bostezando Rashid, demasiado cansado incluso para ser tomado en cuenta por aquellas dos.

-¿Ves lo que ocasionas? -Lynn por fin reventó, sujetando por el pecho del vestido a Lucy- ¿Quieres que me disculpe con él? ¡Bien!

Soltando con rudeza a Lucy, Lynn no se cuidó de no despertar al chico norteafricano, quien solo quería descansar y procesar lo que pudo pasar entre su accidente hace horas. Sin recato alguno, típico de ella, salta sobre el convaleciente y repite la operación aplicada a su hermana.

-Lo lamento -dice con franqueza, recordando los últimos meses de su vida-. Lamento haber sido una basura contigo y con tu hermana. Lamento que mi hermano sea un débil que no supo explicarse a tiempo. Y... lamento... ¡lamento queno te hubieras roto algo más que la pierna! ¡Lamento que todo el maldito hospital te viera como si yo misma te hubiera golpeado!

Aquellas palabras, para Lucy, solo significaron que a Lynn se le acabaron los recursos que pudiera necesitar. Le bastó con verla huir de ese cuarto de hospital para saberla liberada de sus propios demonios. Los mismos demonios que, ignora, atenazan a más de uno en su familia.

Suspirando, la gótica se sentó en el incómodo sillón de la pieza. Sacando un cuaderno de pasta dura nuevo y un bolígrafo, las ideas que nacieron de ese encuentro fueron la gota que desbordó el vaso de ss ideas, ideas que -piensa- debe sacar a flote.

-Bien hecho, Lucy -se dijo a sí misma, abatida.

-¿Es... verdad lo que ella... dijo? -musitó el africano, exhausto y sorprendido por la escena que Lynn improvisó.

-Más de lo que quiere admitir, en realidad...

-¿Por qué lo hizo? -preguntó Rashid, queriendo conocer una respuesta que baila frente a él.

-¿Traerte al hospital? -preguntó de nuevo Lucy, asintiendo el chico-. Supongo que es lo menos que pudo hacer en vista de tu situación. Fue agotador -empezó a narrar- tener que seguirte, tener que evitar unos perros agresivos, esperar bajo el sol y tener que cargar contigo inconsciente hasta aquí, llamar a tu madre y soportar un duro sermón.

-No tenían por qué hacerlo... igual no me debían nada.

Sin tener que hacer mucho esfuerzo, Lucy se levantó del sillón y fue a la puerta. La mirada aprehensiva que el moreno le dedicó, empero, la detuvo en seco.

-No te debo nada, Lucy -razonó el egipcio, bastante personal.

-¿En serio?

-No exactamente -replicó el egipcio, soltando un nuevo bostezo-. En realidad... te debo nada... y todo.

Una última mirada a la ventana bastó para saber que Lynn estará bien. Al menos lo suficiente para saber que no volverá sola a casa. Desconcertada por lo recién escuchado, decidió hacer compañía al chico un rato más, tomando ideas que creyó dispersas en su cabeza por mucho tiempo.

Afuera, Lynn se ocupa de vomitar la poca comida que tenía en el estómago. Sin deseos de ver a nadie que no fuera Lucy, para ella el peso que cargaba encima al fin se fue por completo. No quería pensar más en ello, ni recordarlo siquiera.

"Si esto es quitarse un peso de encima, mejor... mejor no le hubiera dicho nada en primer lugar".

~o~

Desde que la doctora Schiller fuera despedida, los días de detención quedaron a cargo, hasta nuevo aviso, del entrenador Pacowski. El grueso entrenador, muy a su pesar, tuvo que resignarse a perder por segundo torneo consecutivo la final de la liga infantil de fútbol por un apretado 20-22 frente a Beaverton de visita, sin receptor y sin pateadora estrella.

Para rematar, se enteró de que el grueso hombretón había intentado tener una cita con la profesora Johnson y el desastre fue tal que su depresión solo le dio para indicar que todos deberían estar en silencio hasta las cinco o hasta que su lapsus pase, lo que ocurra primero.

Sin saber gran cosa y sin interés sobre aquél desastre de cita, vio a Lincoln sentado junto a la puerta. Demacrado, abatido, es un hecho que Lincoln, por poco, salvó el curso. Las últimas semanas del mismo, ya una mera formalidad, le servirá al peliblanco para rescatar lo más que pueda, y a ella para poder mejorar su promedio anual. Era un hecho ya confirmado que su padre fue enviado a Ciudad de México.

Pensó un poco en ello. Su madre, le comentó hacía unas horas, perdió la apelación y volverá a casa en las próximas horas. No solo eso. También aquella mujer, la asistente del gobernador, se quedó sin empleo y ahora enfrenta un juicio por abuso de confianza. No le interesa otra cosa sino ver a su padre, y ni siquiera ese pequeño privilegio puede tomar, pues el único detalle que le dieran fue que él renunció al factor familiar. No era, por lo tanto, menester que ella fuera al aeropuerto de Detroit para ver a su progenitor salir de sy vida un tiempo.

Sacarlo todo con Huggins fue una cosa. No se sintió liberada, en realidad. Pero hacerla con alguien de fiar...

Gracias a lo que Lana le contó ("solo fue un intercambio", se repitió), puede hacerse una idea de lo que Luna le haría si la ve junto a su hermano fuera de los terrenos de la escuela. Quizá incluso devuelva la cortesía de Año Nuevo y quiera hacer que el pretzel humano sea un juego de niños. Incluso barajó la posibilidad de que llame a algunos amigos suyos que no tengan escrúpulos en golpear a una menor. Si puede sumar que Tabby es una conocida suya y se guardó todas las veces que fue abusiva con ella, puede presumir que vio a la muerte directamente a la cara.

Reparando en quienes se hallaban en detención, eran menos respecto de otros días. Además de ella misma y Lincoln, solo están una friki del séptimo grado, que se dice prima de Liam, Trent y Lance, del grupo de quinto a cargo de Winslow y, cosa que no cuadra, Jordan.

No le importa mucho quién esté, sino lo que piensa hacer. Si Lincoln se autoproclama como "el hombre del plan", ella solo actúa por impulso y corta, sin remedio, dicho plan. Nunca ha tenido, en realidad, idea de ponerse al otro lado de la balanza.

Aprovechó que Pacowski se quedó dormido para enviar un mensaje a Jordan, rezando porque el grueso entrenador no despierte y el mensaje no sea interceptado.

~o~

Por lo menos, las cosas en el consultorio siguieron bien. No puede dejar de pensar que hizo bien en querer disciplinar a los chicos de la primaria y secundaria de Royal Woods, que intentó contribuir con la comunidad del país y hacer lo que hizo grande a la Alemania de su primera infancia.

Mientras escucha un viejo fonógrafo un disco con una vieja marcha dedicada a los Afrika Korps, decidió beber de un trago lo que quedaba de Armagnac en la botella. Por ella, la indicación de su geriatra puede irse al demonio, como si él supiera que una vieja lesión en la cadera no era tan vieja.

Cuando dejó su despacho en la escuela, decidió tomarse la libertad de llevarse todos los expedientes de los Loud que seguían estudiando allí, el de varios estudiantes del quinto grado y, en especial, los muebles que la administración escolar, no ella, había pagado. Ahora, puede regodearse largo y tendido y hacer algo que no hacía desde ese nefasto día que marcó su vida. Y, sobre todo, ansía reirse de sus conclusiones para con ese hatajo de "mocosos sin principios".

Rosato, Jordan. La estudiante presenta cuadros de sobreexposición a contenidos no apropiados para su edad. De ser necesario, se sugiere la intervención de un psiquiatra.

McBride, Clyde. El estudiante (¿?) padece de homosexualidad latente, tendencias al travestismo, hipocondría leve y una tendencia a sublimar dichos cuadros con un absurdo intento de cura, pretextado por un falso enamoramiento de una tal Lori Laood. Se requiere enclaustramiento de por vida y terapia de choques.

NOTA AL MARGEN: su lugar es el zoológico, no vivir entre gente decente.

Loud, Luan. Los intentos hechos po encaminarla hacia una vida empresarial exitosa fracasaron. Presenta un cuadro irreversible de sociopatía, tendencia a la ira, transtorno de doble personalidad y (posiblemente) adicción a opioides.

Santiago, Ronalda Anne. La estudiante debe ser tratada por alguien mucho más calificado. De preferencia, debe ser encerrada hasta que aprenda modales.

NOTA AL MARGEN: Si encuentro este documento de nuevo, debo proceder a una solicitud de deportación. Con seguridad, cruzó la frontera como ilegal.

Chandler, Chad Bradley. El paciente debe ser tratado con cuidado. Sin trastornos visibles.

DiMaggio, Cristina. Perturbada por un evento que implica al señor Loud. Aunque se recomienda la terapia de choque, debe ser aplicada como última opción. Sus pesadillas recurrentes son del chico en actitudes obscenas frente y contra ella. El mono que se cree su psicólogo asegura que debe admitirlo y entablar diálogo. Mi diagnóstico: alejarse de él como y a donde sea posible.

Todos los estudiantes que están registrados en esos documentoa... todos tienen secretos. Secretos que necesitan salir a la luz de una forma u otra. En especial...

Loud, Lincoln Marie. El estudiante se empeña en vivir una fantasía donde él y sus hermanas pretenden la vida perfecta de unos padres desobligados, fracasados y manifiestamente incompetentes en su rol paterno. Le da lo mismo proteger a una golpeadora que encubrir a tantos enfermos mentales que, se teme, termine abusando sexualmente de ellas. Precisa de una novia. Blanca, si es posible. Por igual, debe dejar de frecuentar a gente tan indecente.

NOTA AL MARGEN: Debería encerrarlo en un sanatorio mental y tragarme la llave. Sus hermanas corren riesgo.

La última pareja que trató en el día, un par de tarados que tienen su matrimonio en las últimas. Le resulta gracuoso saber que los padres de Cristina, pareja a la que tiene por un par de blandos, eran sus clientes y pacientes hasta esa tarde.

Con placer, arrojó la botella vacía al tiro de la chimenea con fuerza. Los vapores del líquido residual estallaron en llamas que no pasaron de allí. Riendo como nunca lo había hecho, decidió ir a su recámara y buscó uno de sus tesoros, un pin del partido Nacionalsocialista Alemán.

Siempre había sido cuidadosa de que nadie lo viera. Ni en su juventud entre Leipzig, Berlín y Bruselas, ni en el puesto de la aduana en el muelle de Nueva York, mucho menos en su periodo universitario. Con celo, ese "tesoro" bien podría valer el dinero suficiente para un funeral digno de ella.

Prendiendo de la solapa del saco dicho pin, se miró al espejo. Una visión más que agradable si el Tercer Reich se hubiera extralimitado en su poderío, traicionando el potencial tratado de paz con México, atacando Canadá y privando a los Estados Unidos de tierras entre los Apalaches y el Golfo.

No confía en las llamadas "organizaciones neonazis", por el simple hecho de considerar que solo toman en cuenta un odio racial basado en el simple racismo nacionalista sin una ideología original. No cuentan con un Goebbels como propagandista, o con un ejemplo a la altura de Hitler. Ni siquiera tienen a un oficial de la categoría de los más grandes militares germanos de la Segunda Guerra Mundial. Todo en cuanto se apoyan es en un empresario que habla, concluyó, sobre los daños que los inmigrantes llevan. Un lider carismático... y tonto.

Sin más, decidió guardar de nuevo el pin, buscar papel, una pluma e ir a la mesa de la cocina. Desea... necesita escribir algo.

De puño y letra de Henrietta Matilda Schiller...

No quiere hacerlo tan rápido, pero igual lo hará.

~o~

Se siente de verdad impaciente. Es ya el quinto día de detención de Lincoln y oficialmente está harta. No podía ir directamente con Sam, tuvo que cancelar el ensayo con George y Janice en el garage de esta última y no podía escaparse a cualquier lado los lunes. Si Lori se sintió molesta cuando ella o sus hermanas terminan en detención, ahora está al otro lado.

Quiere dejar las cosas claras. Si se encuentra con Ronnie Anne, cosa del todo improbable, hallará la forma de quebrarla por toda la mierda que a Lori le tocó pasar. Si bien su relación con Bobby no era precisamente de amigos, el que a su hermana le ocurriera lo que pasó era, y no puede evitar creer en eso, por completo su culpa. Y si las clases de historia le sirvieron de algo, inevitablemente es en una ley tan antigua como la escritura se considera tan despiadada como para hacer pasar a nadie por un suplicio semejante. Se lo gane o no, no es tan despiadada. No valía la pena arriesgarse a un ojo por ojo, mucho menos a un ataque frontal si se le escapa la lengua.

Mientras ve salir a los pocos alumnos que se quedaron en detención, se decde a sacar un burrito de la estación de Flip. Le sorprendió saber que el viejo tacaño dejó a cuatro niñas a cargo de la "tienda de empeños Pat", casi todas de la edad de Lynn, solo para no perder dinero mientras iba a cumplir su cuota diaria de servicio comunitario. Sabía que el tendero es un redomado estafador, pero de ahí a explotar niñas como fuerza de trabajo o atender tres negocios (contando un sistema de reventa de boletos)...

Olvidó esa idea en cuanto viera salir a Ronnie Anne. No le sorprendió mucho, pero lo que se trae entre manos, ignora, no tiene mucho que ver con ella ni de lejos.

Molesta, no vio a Lincoln salir del edificio. Esperaba que ella tuviera algo que ver, algo con lo que cometiera un error sobre su hermano, para ir con todo. Debía ser paciente, como si escribiera una canción de inicio lento que cambie de ritmo en cualquier momento. En cualquier momento su hermano deberá salir. Y, si lo hace, por su bien se alejará de Santiago.

.

El tiempo en detención con el entrenador transcurre con cierta placidez. Dos horas en silencio casi absoluto, solo cortado por los pesados suspiros de Pacowski, el murmullo de dedos tecleando un mensaje, un par de lápices rasgando papel y las aves del exterior. Sonidos hasta cierto punto relajantes si uno presta atención.

El móvil que Lori le diera atrasado por Navidad... aún lo conserva. Fue un milagro que la doctora Schiller no lo decomisara y destruyera. Bien en casa o en su casillero, y había tenido que cambiar la contraseña por indiscreción de Jordan, a fin de tenerlo a salvo. La anciana, por suerte, ya no está, y ya puede llevarlo de nuevo consigo.

Una ligera vibración sacudió su bolsillo. Los mensajes que recibiera... Luan avisando que los vería a él y a Luna en la iglesia de Olive, Lucy con una foto suya al lado de Haiku y Rashid ("otro más que se les une", pensó con una leve sonrisa), Clyde con los demás en casa de Zach y un mensaje dd un número que no tenía, a pesar de que la foto del perfil no es otra sino la de Jordan en un improvisado show de comedia ("cosa de Luan", avanzó).

Ala sur, lote 49 del cementerio de la calle Maynard

5:30.

Lleva a Lori.

"Perfecto. Justo lo que menos necesitaba".

Sin tener otra opción, aprovechó para enviarle a Lori un mensaje similar al que recibiera. El entrenador, por su lado, solo volteó a ver de nueva cuenta su reloj de pulsera y despidió al grupo en detención con un ademán demasiado flojo, muy distinto al enérgico ser humano que suele hacerse el tonto cuando la profesora Johnson se le acercaba.

Sin prisas, fue a los sanitarios. La vejiga le duele por tanta presión acumulada por la cantidad de orina, y eso no es un juego. Si ese mensaje enviado por un extraño le suena de algo, es sobre todo por la petición misma, si es una petición lo que es en realidad. Algo que no encaja del todo.

Unos segundos después, recibió un nuevo mensaje.

Evita hoy a Luna.

Sal por el gimnasio.

Aquella petición le sonó mucho más extraña. Los únicos muertos que sabe enterrados en aquél sitio son la bisabuela Harriet, el bisabuelo Leaf, Carol Pingrey y una tía de Mollie. Sabe que ella busca romperle la cara por el asunto del gurú, e ignora si la prohibición de Lori se aplique a estar cerca de su tumba. Por simple lógica, bien puede ser Lucy tras ver a un camarada caído, bien puede ser Luan en cuanto salga del servicio del día.

Salir por el gimnasio no es tan sencillo como pareciera. Si hay salida, y da al estacionamiento. Ello puede traducirse en un pequeño riesgo de que alguien lo vea. Puede sentirse aliviado si es el el director Huggins o la profesora Shrinivas, o nervioso si se trata de la propia Johnson si dejó olvidado algo.

La única persona en el estacionamiento, por suerte, era la profesora DiMartino. Esta, ejerciendo el puesto hasta encontrar un reemplazo para el grupo de Lucy, ni siquiera le prestó atención. Para lo que la necesitaba, pues desde aquella mañana lo evita como si de una araña se tratara.

No por nada ese mensaje había sido claro. La ruta del gimnasio, desde la escuela, es la más corta para ir al cementerio de la calle Maynard. Resignado a cumplir semejante absurdo, Lincoln no tuvo más opciones que enviar un mensaje a Lori.

.

Perseguir a alguien un buen trecho a pie no es tarea fácil, a menos que esa persecución la efectúe alguien con resistencia. Luna sabe de primera mano esa regla, a pesar de no ser precisamente la Loud más silenciosa. Las botas no ayudan al sigilo, pero el hecho de practicar con percusiones le da cierta ventaja.

Ve a su presa detenerse en una tienda. No decide esperar, y apuesta a dejarle muy en claro su postura, asegurarse de hacerle entender que la culpa del desastre que Lori tiene por vida es, y será, de su hermano.

"Solo un poco más..."

~o~

Su abogado ha sido muy claro. Cualquier efecto de su propiedad tendría que pasar a su pariente más cercano o, de ser la última persona de su familia, formará parte del patrimonio del Estado y se realizará una subasta. Una generosa recomendación hecha por aquél joven agradable que ejerce una pasantía en el despacho jurídico Ketchum, McGowan y Freilich a pesar de que ya sabe qué pasará con sus posesiones una vez que muera.

Todo será donado a la Iglesia Bautista de Westboro.

Esa donación post-mortem la revisó a conciencia. Entre las pocas organizaciones de ultraderecha sobre las que tiene noticia, es la más adecuada a pesar de su desprecio hacia todo lo que la palabra "Dios" implica. Era hacer una donación a dicha iglesia o a una organización KKK establecida en Detroit. La casa, los muebles, lo que no pueda destruir, el dinero incluso, pasarían a formar parte del patrimonio de semejante sociedad que, salvo por el hecho de aceptar a negros y latinos lo bastante fanatizados, es afín a sus ideas. Documentos, expedientes, fotos y algunos discos de acetato y vinilo, además de su ropa y licores restantes, eso ni en broma lo dejará a guisa de la primera persona rapaz que desee prendas de segunda mano. Menos aún a rapaces judíos, latinos, afroamericanos o asiáticos.

No se siente arrepentida de nada. Ya hace tiempo que renunció a la idea de amar a alguien, por lo que nadie se atrevió a salir con nadie en plan romántico e ir a la cama con ella. Virgo intacta de la cuna a la tumba. Hasta donde puede adivinar, solo ella y, quizá Lincoln Loud saben que quiso asesinar a su medio hermano en cuanto su sobrino vino al mundo. Mala tiradora, se resignó a fallar un disparo que era demasiado fácil. Demasiado fácil, estando a solo centímetros de él, y la bala terminó en un muro. No se arrepiente de haber adoptado un estilo de vida austero, o de tener las ideas que dirigieron su norma de vida.

Empuñando su bastón, salió a caminar un poco. La cadera le duele, pero no le importa en lo más mínimo. Si sus días ya están contados, tampoco le interesa. Solo piensa ejercer hasta que cancelen su licencia o muera, lo que ocurra primero.

Un golpe súbito que casi la derriba fue suficiente para llamat su atención. Con habitual dureza, aunado a que ese chico perdió el equilibrio y cayó, detuvo su patético intento por levantarse del suelo poniendo el bastón sobre el dobladillo del pantalón. La blanca cabellera reveló, para su suerte, a su inesperada presa.

Sin esperar nada, un conejo cayó en las garras de un águila.

~o~

Sintió el calor de la pared quemar su espalda. Cometió el error de sacarse la sudadera y atarla a su cintura en la tienda mientras buscaba algo que pudiera beber, y tener a Luna frente a ella no le ayuda mucho. Ignora las decoraciones en verde, blanco y rojo, las banderas mexicanas y la festividad que, en realidad, apenas y se respira en el ambiente.

-¿A qué demonios juegas? -preguntó Ronnie Anne, soportando el calor de la pared.

-Dime tú, Santiago -devuelve la rockera, intimidante como nunca antes se dejara ver-. ¿Qué rayos hizo tu hermano para que no le tocara mierda a Lori?

-¡No menciones a Roberto en esto, loca! -la chicana, desesperada por irse del lugar, asestó un cabezazo en la cara de la quinceañera- ¡Entérate de eso! ¡¿Por qué crees que él no hizo nada?!

-¡Los viejos se la confiaron a ese imbécil, retrasado...!

Un nuevo impacto, esta vez dado al pecho, hizo tanbalear a Luna. En respuesta, Ronnie Anne fue a dar al suelo con su carga.

-¿Quieres pelea, rata? -incitó la adolescente- ¿De verdad quieres tu bienvenida a la selva?

-¡Como si no tuvieras miedo a que deporten a los tuyos! -respondió la latina, furiosa- ¡¿Vas a dejar de ver tu maldita cabeza y ver el jodido mundo?!

La larga mirada que Ronnie Anne le dedicó fue una mezcla de las más variadas emociones, ninguna de ellas positiva. Confusión, miedo, furia, abandono, y, sobre todo, algo más allá del dolor, una sensación que no desea a nadie.

... pesar...

Siente que en su memoria se graba a fuego el inicio de esa sola respuesta, tal y como a Lynn se le quedó grabado el inicio de su desventura.

¡Como si no tuvieras miedo a que deporten a los tuyos...!

Todavía le quedó un poco de fuerza en la mirada para ver de nuevo a los ojos de Ronnie Anne, antes de que ella retomara su discurso.

-¡Para que te enteres, Luna! -exclamó la chicana, impotente y rabiosa, mientras sujeta su cabello por la coronilla- Mi mamá es todo lo que me queda. Deportaron a papá, no sé si Roberto sigue vivo... y entre ella y Li... -se le traba un poco la lengua-... Lincoln... son todo lo que me queda. Y soy... cuanto le queda a... Lori... de mi hermano.

Reducida a nada, ese duro golpe fue más que suficiente para caer sobre sus rodillas y desistir. No tenía, en realidad, nada qué objetar frente a ese razonamiento, y la empatía que suele tener con sus hermanos no ayudó mucho.

Sin prisas, Ronnie Anne recargó a Luna contra la pared opuesta a la que fuera estampada momentos atrás. Sacó de la bolsa de la tienda una botella de agua y la dejó en su regazo. Luna ya no podía sino aceptar una cosa.

-Si aún puedes escucharme, lava tu cara y vete a casa.

Dejando atrás a Luna, solo tiene en mente lo que pudiera soportar de Lori. Si lo que Lincoln le contó sobre lo poco que está enterado es cierto, y lo tiene por tal, decidió plantar cara a lo que ella tendrá que escuchar.

La rockera, por su lado, no sabía por donde empezar. Si juzga a Lincoln por su amistad, muy remotamente considerado amorío, con Ronnie Anne Santiago, caería en la mia categoría que muchas personas que ya tienen ciertas dudas sobre su orientación sexual. No... peor. Se estará embolsando en el mismo saco en el que metió a la doctora Schiller, una vieja amargada, hipócrita y casi asesina que escapó de Alemania Oriental y acumuló rencores contra el mundo que no fuese blanco y afín a la "supremacía aria".

"Tengo... tenemos que hablar", pensó mientras contesta una llamada de Sam.

.

El mensaje de Lincoln había sido claro. Lucy le había dado indicaciones muy precisas de las tumbas de familiares de sus conocidos cuando le pidiera indicaciones sobre el ala sur de Maynard.

Se sintió peor de lo que un perro siente en sus últimos segundos al ser atropellado en una carretera. Sabía que Lincoln le guardó un cierto aprecio a Carol desde que intentó reemplazarla en la foto que pretendía darles, a título familiar, a sus padres. Sabía que, antes aún que Cristina DiMaggio, antes de su ruptura como amigas, su hermano fantaseaba, inocente, con el día en que fueran Lincoln y Carol Loud. Una idea del tiempo en que su hermano apenas cumpliría cinco y no dejaba a Bun-bun a menos que fuera en Noche de Brujas. Tal vez Lincoln lo olvidó, pero no ella. Y menos ahora que sabe bien qué fue de Caol Pingrey mientras estaba lejos.

La noche que se enteró de su muerte, escuchando la carta de despedida en voz de Lincoln, tuvo demasiada información que digerir. Entre su embarazo y la muerte de su némesis, se sentía responsable, y las últimas palabras que le dirigió estuvieron cargadas de un odio implacable... demasiado justificado, pero igual implacable. Habiendo dado rienda suelta a sus impulsos, llegó a querer terminar con todo. Si no tuvo la cobardía o no se sintió preparada para ello, fue a causa de que todavía tuviera alguna pequeña esperanza a la que podía aferrarse.

No podía dejar que la culpa le gane. El nonato tiene su derecho con base en algo que debatiera en clase de ciencias sociales durante su primer año de preparatoria. No es que haya considerado argumentos de peso como el hecho de que un corazón empiece a latir a menos de un mes, sino más bien a un sentido de familia muy arraigado.

Camino del dicho cementerio, vio correr a Ronnie Anne. No le sorprende el hecho tanto como el verla ojerosa, intranquila. Tomando la misma dirección que ells usaría, no se molestó en dirigirse al cruce que ella usó. No hasta ver caer de bruces a Lincoln, treinta metros entre ambos mediante.

.

No recuerda la última vez que se sintió aterrado como en ese momento. Lori, su madre furiosa, Lynn, Lisa en un plano hipotético... ni siquiera el director Huggins se atrevió a tanto. Y tal rabia solo podía proceder de una sola persona.

-¿Al fin viene a suplicar mi ayuda, señor Loud? -cuestiona Henrietta, curiosamente plácida y rabiosa al mismo tiempo.

-¿Y qué demonios le importa mi vida? -reta el peliblanco.

-Voy a decirle una cosa, pedazo de idiota -la anciana sujeta su bastón con complacencia-. Usted sabe, mejor que nadie, que negros y latinos no deberían venir a este país a contaminar con sus ideas pseudoprogresistas venidas solo del trasero de un mono demente. Su familia no es mas que el ejemplo más claro de lo que semejantes relaciones pueden causar en una nación blanca.

-¿Por qué no come mierda y se larga a Alemania?

-Porque usted no es mas que un chiquillo maleducado e impertinente, Loud. Usted y esos simios elevados de su condición no deberían haberse conocido.

-¿Esto es por mi hermana, verdad? -deduce Lincoln- ¿Es por Lori?

-Esto es por usted, majadero -replica Schiller-. Sus padres vivieron sus sueños, todos, a través de usted, y no solo eso. Quieren dejarle todo el peso de malcriarlos a usted y a esas pequeñas zorras que...

-¡No vuelva a llamar zorra a mis hermanas, vieja idiota! ¿Se cree que sabe todo sobre todo?

-No me creo nada, Lincoln -responde fría la psicóloga-. Conozco demasiado bien a la humanidad como para que me importe un comino querer asesinar al monstruo que tengo por medio hermano.

Si Lincoln no conociera los extremos de la crueldad de aquella mujer, eso demuestra que uno siempre cae en un pozo demasiado profundo como para no saber si se flota tranquilamente o se cae. Ante semejante confesión, no pudo sino palidecer.

-Usted... usted no es un monstruo -silbó Lincoln, con todo el veneno que ha estado acumulando por demasiado tiempo.

-¿Ah, si? Dígame, Lincoln. ¿Que es un monstruo?

-Alguien que incluso sabe dónde detenerse... maldito demonio- responde finalmente el peliblanco.

-Solo voy a decirle esto, y aprenda bien una lección de vida -la anciana se pone al nivel de Lincoln-. A la larga, las mezclas raciales terminarán por joder un mundo que debe tener a quien no es blanco... sirviendo al blanco.

-Ojalá que, cuando muera -desea Lincoln-, lo haga sufriendo. Lenta... y con muchísimo dolor, nazi.

-Moriré con la conciencia tranquila, Lincoln -susurra la anciana a su oído-. ¿Y usted?

Sin más, Henrietta se alza y se marcha, con toda seguridad a su casa, sonriendo frente a lo que ella consideró una victoria mucho más aplastante que cualesquiera de los triunfos de los más grandes militares de toda la Historia.

Desolado, y sin más testigos que pueda ver en la calle que un par de chicas emo (de las que apenas y reconoce a la de blusa azul y chaleco morado como Maggie) y un gato, reanudó y apresuró su marcha. Ya no le importa si Lori acude o no, o si tiene que hablar algo con Jordan. Solo desea acabar con ese asunto e ir a casa.

A su paso, las pocas decoraciones que viera le recuerdan la fecha. Sabe que el cinco de mayo no es sino una conmemoración de la única gran batalla que un ejército mexicano ha ganado en su historia, pero la mayoría población en general mete en el mismo saco a cualquier persona que vive al sur del río Grande como "mexicano". Todo el simbolismo de las cintas y festones en verde, blanco y rojo terminó por palidecer con cada paso que da al cementerio.

La idea de morir ya no se antoja tan distante y aterradora como siempre tuvo en mente. Por ideas varias, no pocas generadas por el miedo que la muerte causa, casi siempre considera ello un tema delicado de tratar. Lo mismo le causa miedo que la tía Shirley hablara de lo buena que fuera la bisabuela Harriet con ella y su padre o tratar con Lucy en una sesión espiritista. Ahora, al menos entre los muertos, siente tranquilidad en el ambiente.

"Cuando el juego termina, el rey y el peón van a la misma caja... creo que ya lo entiendo", piensa, ignorando que Lori lo seguía con cierta dificultad.

~o~

Había pedido información al velador. El sujeto, contra lo que pensara, fue muy amable al indicar la ubicación de aquel sepulcro y cómo llegar, a cambio de un par de billetes. No es que fuera desconfiada, pero sabe que era mejor si pagaba, por poco que fuera, por un servicio. Una pequeña lección de vida que puede ser de más utilidad que cualquier cosa que aprendiera en la escuela.

La tumba de Carol seguía tan solitaria desde hace una semana que sus padres se mudaron a Wyoming. Los últimos despojos de las flores que dejaron tras de sí están marchitos, y la tierra emana un olor de agua estancada. Con los nervios destrozados por todo lo que pasara en las últimas semanas, ya no podía permitirse estar nerviosa. Si citó a Lori, fue más porque tenía que hablar con ella. Por mucho que no aceptara que Bobby tuviera novia, se vio forzada a vivir con ello, y quizás en algún momento le habría tomado afecto... si ella no pasara por toda la porquería que le tocó.

Ver tantas lápidas... no le es tan aterrador como a otros les resulta. Hasta cierto punto, piensa, es un consuelo ver que hay gente a la que terminan apreciando una vez que son cubiertos por tres metros de tierra.

A lo lejos, puede ver a Lincoln y otra figura que apenas reconoce. No le molesta ya tenrr que sacar todo lo que tenga en su sistema, y sin embargo solo teme el rechazo. Abrumada, Ronnie Anne solo tiene que esperar.

.

Por muy superfluo que sonara en su mente, Lori tomó un espejo y se arregló un poco. No quería que, sea quien sea que estuviera con Lincoln y la citara en el cementerio, pensara que no se preocupa mucho por su apariencia. El cabello, con suerte está recuperando el rubio dorado que es tan propio de ella, aunque sea poco a poco. Apenas un centímetro en tono natural, el resto, diez centímetros por debajo de la oreja, seguía sucio por el tinte que le aplicaron durante su cautiverio.

Consideró extraño el mensaje de Lincoln. Sabe que su hermano no es del tipo de gente que se ve con nadie en lugares así. Eso era más propio de Lucy o de quien guste de un lugar demasiado tranquilo y aterrador. Solo si de verdad es algo serio, bien podía creerle a su hermano.

Apenas tropezando, pudo darle alcance. Su hermano seguía abatido, no era ya el chico que le prestó su ayuda sin pedirle nada a cambio de ayudarle con un video para la escuela... ni siquiera recuerda ya de qué iba o para quién fue esa tarea. Ha hecho demasiado en estos meses por ella, sin apenas recibir un pago decente, y ahora que necesita apoyo moral, no tiene idea de cómo empezar.

-¿T... te encuentras bien, Lincoln? -preguntó Lori, aún conociendo la respuesta.

-No... ¡No lo estoy! -respondió frustrado, golpeando el césped con impotencia- ¡Yo... yo ya no tengo nada! ¡Un plan, una idea, nada! ¡No me queda...!

La mano de Lori, comprensiva, se posó en su espalda. Había olvidado el tacto de esa zona de su cuerpo sin intenciones de someterlo. La última vez que lo hiciera había sido hace meses, desde aquella noche en que regresara de la casa de Carol. Y ahora, luego de tanto... tampoco tenía nada en realidad. Sin tener nada en mente, tendrá que hacerlo todo por él y Ronnie Anne, por ese niño al que piensa alumbrar y no dejar a la primera que vea una nube de lluvia.

Irónico. En unos meses le costará trabajo levantarse siquiera al baño, y se ve obligada a cargar a Lincoln. El último golpe que necesita Lincoln para derrumbarse por completo, si no reacciona, tardaría mucho en llegar, si la vida es generosa con ellos.

-Llegan tarde.

La voz de Ronnie Anne suena demasiado afectada. La latina no daba crédito a que la persona que estuviera llevando a Lincoln, como si estuviera agotado, fuera Lori. La ira que pensaba descargar sobre ella, simplemente murió antes de brotar.

-¿Qué los retrasó? -cuestiona la chicana.

-F... fue mi culpa -contestó Lori, encubriendo a su hermano-. Fue mi culpa... que Bobby...

-No debí hacerte venir -soltó la morena, queriendo romperse-. Quise culparte por Bobby, por toda la maldita mierda que nos ha tocado. ¡Quería asesinarte en cuanto te vie...! ¡Oye!

El malestar que Ronnie Anne empezó a soltar se vio cortado, incluso sofocado. Un brazo de Lori, el derecho, le sujetó con fuerza en un abrazo demasiado personal, como si de verdad buscara protegerlos, a ella y a Lincoln. Quería hablar antes de decir lo que su madre, horas atrás, le comunicó sobre su padre, que le hicieron firmar una deportación voluntaria para no gastar en el proceso de apelación.

Solo una palabra pudo escuchar, y le dio demasiado sentido, necesitada como estaba de que todo fuese como antes.

-Hermana...

.

Con la mayoría de sus hermanas dormidas, y tras haber regresado a casa sin Luna, no podía estar peor. Pasaría tiempo con sus hermanas menores, lo que puede traducirse como pasteles de lodo, fiestas de té y, si acaso, pañales a destajo. Pero... hay algo que siente demasiado vacío.

Cerciorándose de que Lori estuviera dormida y de que nada lo perturbaría, fue al baño a lavarse la cara. Después de todo lo pasado esa tarde, no quería ver a otro psicólogo en su vida. Debía admitirlo. Su aspecto es deplorable, cabe la posibilidad de que Lori pierda la preparatoria por su embarazo y él mismo, incluso, pase menos tiempo con las personas que le rodean.

Enjuagando su rostro, por un segundo no vio nada en el espejo al remojarse la cara. Volviendo a verse en el espejo, el rostro de Luna apareció de la nada, frío y con una expresión poco usual en ella.

-¿Necesitas algo? -inquirió Lincoln, buscando sonar no tan afectado.

-Quiero que me escuches bien, hermano -respondió Luna, llevando sus manos a la cadera-, y quiero que me digas una cosa.

-¿Qué quieres saber que no sepas ya?

-Que me digas esto. ¿Qué quiso decir tu... amiguita... sobre eso que deportaron a su papá?

-¿Hablaste con ella?

-Yo soy quien hace las preguntas, Lincoln. Ahora, habla.

-Solo... que fue a ver si Bobby no estaba en una morgue -responde el peliblanco con cierta dificultad-. Nada que no sepas.

Luna tuvo un momento de duda. Si creerle o no a su hermano, puede que sea algo un poco carente de relevancia.

-Voy a decirte esto, Linc, y no lo vuelvo a decir. Deja que Ronnie Anne te rompa el corazón, deja que lo haga... y ya no tendrás que preocuparte porque lo hagan de nuevo.

-¿En serio? -responde inocente el aludido- Si no sabes de lo que hablamos en la tarde, mejor voy a hacer de cuenta que no se nada que te comprometa. Si puedo cubrirlas a todas, ¿qué me cuesta cubrirte solo a ti?

-Si vuelves a...

-No me he metido en tu vida si no me abres las puertas -razonó el chico, tratando de mantenerse a flote-. Y si va a ser así, entonces no me adviertas de algo que nos arrastre al demonio.

Un corto abrazo, aparentemente sin emociones, y Lincoln dejó atrás a Luna, pensativa sobre cualquier idea que pudiera tener en ese momento. El chico solo desea una cosa, y es tratar de comprender una cosa sola.

¿Qué tan bajo puede caer una persona que amas por perder a alguien?

~o~

Sala Oval de la Casa Blanca, Washington, DC

Necesita congraciarse con las minorías latinoamericanas. Con las tensiones, por ahora dirigidas hacia China y la OTAN, Ronald no se siente tan seguro de que la foto del día que subiría a Twitter no es tan conciliadora como pretende que lo sea.

Hasta ahora, todo... o casi todo... iba viento en popa.

Apenas hacían semanas desde que la canciller alemana dejara la Casa Blanca. No le interesa tanto saber por qué esa mujer le inspira un poco de respeto, pero eso no importa ahora. Nada importa realmente como vender esa imagen de un buen hombre, alguien poco licencioso y mayormente sobrio como para que el pueblo se crea con un gobernante digno, con el mejor presidente de los Estados Unidos de América.

No puede esperar a que llegue octubre. Aquél amable tipo, le comentó en el campo de golf, que no esperaba a tener una copia, la primera, de esa biografía. Había dado plena autorización para su impresión y distribución por todo el mundo para que éste conozca, de una buena vez por todas, la vida y obra de una gran persona, su persona.

La maquillista y la peinadora que contrató para el servicio de la Casa Blanca... o mejor dicho, su maquillista y peinadora personales, arreglaron su imagen a conciencia para que no hubiera falla alguna con su imagen. Su yerno, para ser un redomado idiota incompetente, tiene de vez en cuando, como justo ahora.

Un "todo listo, señor Presidente" le bastó para saber que todo el montaje de esa farsa ya está listo. Un vistazo le da una idea de la idea general, misma que tiene repitiéndose a sí mismo desde la mañana.

"Ser agradable, hablarles al oído... y escupirles a la cara luego".

Frente a sí, tiene un tazón-taco. No le gusta la comida mexicana, pero igual debe mantener esa farsa hasta el último detalle. Si van a separar a los hijos de los ilegales en cuanto sean detenidos, puede culpar a los Demócratas y a una ley promulgada en la administración pasada. Una ley... que ni siquiera existe.

Ve a la cámara de su movil, prepara el temporizador para diez segundos y solo le queda esperar con la sonrisa más" honesta" que puede ofrecer al mundo, la misma con la que asumió el mando de la nación mas poderosa del mundo. Posa como si fuera a degustar un delicioso banquete, tres... dos...

La selfie perfecta para Twitter. Solo queda buscar un mensaje demasiado... convincente.

A todos los latinos, les deseo un feliz #CincoDeMayo, y recuerden. Los mejores tazones-taco se comen en la Torre Gump.

Listo. Sencillo, honesto, y con una buena publicidad. Le importa un comino haberse beneficiado de algunas leyes en su momento para salvarse de la bancarrota, y le va a importar un sorbete que sus abogados hallen tantos huecos a la Constitución como para aprovecharse de ellos y culpar de nuevo a las anteriores administraciones y a los demócratas. ¿Tiroteos y atentados contra América? Los Demócratas son culpables. ¿Huracanes? Demócratas. ¿Filtraciones de información de redes sociales? Puede servirse de chinos, rusos y esos patanes de la Unión Europea, todos encabezados por el culpable obvio.

¿Y qué si ocasiona sufrimiento? Le dieron un rotundo no con los fondos para el muro en el Congreso por "no tener los recursos disponibles". Si los hijos de los inmigrantes ilegales, los hijos de los "malos men", llegan a ser separados, y lo serán, tiene el pretexto para hacerlo. Que los futuros delincuentes de América se eduquen con drogas del gobierno.

-¿Que piensa hacer con ese tazón taco, señor? -pregunta un agente del Servicio Secreto, ansioso de irse a casa.

-Échenle eso al perro -suelta Gump, sin reparos.

Solo falta empezar a planear su reelección. Y eso no será difícil, con una sola idea en mente.

"¡Quiera Dios bendecir a América! ¡Quiera Dios bendecir solo a América! ¡Amén!"

~o~

Apenas en abril pasado, mientras pagaba una apuesta y me resarcía del precio de mi propia estupidez, la cascada de acontecimientos caóticos que surgieron en la Casa Blanca estuvieron por superarme.

La segunda semana de junio, al cierre (si están leyendo esto, mis amigos, se terminó este capítulo al 24 de junio de 2018), por fin esos sucesos me superaron. ¿Cómo? Los reportes de los centros de detención. Si bien habría querido tomar la película" Una vida mejor" y el pseudodocumental "Un día sin mexicanos" como simples referenias, no pude evitar tanto una experiencia personal en prisión (aquí) como "Sangre por Sangre". Todo eso, en esas fechas, se fue por el drenaje por ese asunto de las separaciones de niños y jóvenes inmigrantes ilegales.

Tengo una pequeña teoría, a riesgo de poner mi cuello listo para el verdugo. Si bien a los menores detenidos en los centros de detención les dan cierto buen trato, se ven demasiado mansos. Se ha hablado de "narcotización gubernamental" (nombre que le doy a la supuesta medicación) para tenerlos sumisos, demasiado tranquilos. Los familiares son deportados, se les medica durante la administración actual, se suspende el suministro saliendo los Trump de la Casa Blanca... y que el Chicle Masticado tenga siempre la razón para culpar a los Demócratas y los Republicanos que se le hayan opuesto.

Facts of the week:

-Escribiendo esta segunda parte, se había dado a conocer la sentencia sobre Chris Savino... Ojalá le cuenten esta en sus horas de servicios a la comunidad.

-"Gótica rabiosa"... les sorprenderá saber que, por el aspecto, es el detalle de Sheela Shrinivas, ex-colaboradora del staff como escritora.

-La otra canción referida, bien, es "Frijolero".

-Las citas que le fueron a Lucy corresponden al sexto libro (y película) de cierto mago, mientras que la otra... cortesía de Día de la Independencia.

-El título... es más sobre una idea personal. Con cada ser querido del que nos separan, pienso que se nos va una parte del hogar. Que sea un "hogar robado", corresponde prácticamente al hechode que, tarde o temprano, terminaremos solos y sin hogar, no importando las posesiones que tengamos.

-La cita, bueno... otra de las "históricas" declaraciones del Chicle Masticado.

-Licencia. Lo del tuit del Chicle Mascado se dio durante la campaña.

Bueno, a darle con las reviews, gente.

¡Oye, Sr. Kennedy! ¿Sabes lo que costó el recubrimiento de cemento hidráulico para las planchas de plomo? Igual no fue la mejor idea, pero eso fue tan pesado que solo me dejó para la escotilla. Menos mal que el aprovisionamiento fue antes de todo esto...

Ahora sí, creo que la gasolina se dispersó e incendió todo. Nada como ver como todo se cae a pedazos... me recuerda a Noble 6 al final de Halo: Reach antes de su muerte.

Al grano. Ok, nada que "Lincolnovich Loudinsky" no resuelva a medias sin perder los calzones, pero de ahía enfrentar la furia de Rita... o la de Lynn Sr... me lleva la cachetada. Respecto de Chandler, tuve que manejarme por un dicho similar que hay entre los Navajo. "En la vida, ten cuidado del hombre que no habla y del perro que no ladra".

¿Es válido preguntar si todo esto fue una victoria muy amarga?

PD 1: ojalá que esa idea no se vaya por el drenaje. Lo intenté con dos parodias y no resultó.

PD 2: Considerando la evidencia hallada, que no se queje. Igual, parte de eso va para su sueldo. ¿no?

J0nas Nagera... carajo. Si es verdad, entonces creo que superé a Cervantes en cantidad... en calidad, dudo que supere al Manco que pudo usar un pollo por emplasto -verdad. Se usaron pollos como emplasto en plena batalla de Lepanto-. El enfrentamiento... el dicho popular erró. No es "el valiente vive hasta que el cobarde quiere". Es "el cobarde vive mientras el valiente no descargue su hacha". Al menos Henrietta no volverá a joder.

Carajo. Algunos salen de broncas y otros los meten en ellas. Pero bueno, este infierno ya está casi extinto. Suerte.

PD: Debo dejar de oir bandas sonoras de películas Disney cuando escribo. Ese maldito que estuvo a cargo de Rogue One la regó gacho.

PD 2: Espero que no fuera el que dejé sobre la mesa que iba a tirar. Ya tenía algunas hormigas.

Julex93... ahora si, como decimos por acá, "ya se armó el chahuiztle". Ojalá que hayas disfrutado la paliza a Chandler... único punto bueno de todo esto. De ahí, todo en picada, como dicen que dice la Biblia sobre las murallas de Jericó. Suerte, parce, y que el América de Cali descienda otra vez.

PD: No vuelvo a apostar en el fut.

coven... no creo confiar en lo dicho por un adicto a los mojitos y la absenta. No niego que Hemingway fuera buen escritor, pero eso... carajo. Demasiado qué procesar.

guestdom, creo que sería mala idea. Puedo suponer que el cuerpo de guionistas (y en especial Karla "no tan suertuda" Sakas Shropshire y Sammie "me dicen sobrevalorada" Crowley) no se tentarían en buscar borrar fics a lo loco si se enteran... además, apenas tenemos en español el 20% de lo que el fandom angloparlante. Si hacen como tú propones... creo que Karen Malach puede mandar a algunos del staff para Comedy Central o Adult Swim.

t10507... si la primera review era para Nagera... buzón equivocado, pero me agrada que te dieras una vuelta por acá de nuevo.

Nos leemos en el epílogo.

Con afecto, Sam the Stormbringer.

Hum... creo que me dejé algo.

*Y en el búnker...*

-¿Sabes qué, Evelyn? -cuestiona en retórica Kennedy, presionando cierto botón- Al carajo. ¡¿Quién sufre ahora?!

-Señor, no hay papel de baño, y el drenaje se tapó.

-¡ME LLEEVAAAAAAA!