Capítulo 33

Estoy aquí, vela en el viento soy
Una luz en el inmenso mar
Ahora sí, con mi corazón voy
Y dejo... todo lo que soy.

Incluso hoy, se siente como ayer
Un hogar, lugar donde yacer
Y una vida, motivo que llenar
Ahora que... lo veo desvanecer.

Al cielo, mi corazón irá
Vida y sueños que dejo atrás
Fuerza que me toma no llorar
Fuerza que... el adiós dirá.


—No...

Char sintió vagamente el tirón de la cepa de Saura mientras le guiaba gentilmente a través del oscurecido corredor. Con apenas sentido de dirección al cual considerar suyo, dejó que lo guiaran hacia adelante.

Se sentía tan irreal, como si estuviera dormido y a la deriva en sus sueños. Pero ahí estaba. El momento finalmente había llegado. Era tiempo de marcharse.

—Oye, no te olvides de la otra bolsa —escuchó decir a la voz de Saura.

Ahora, a medida que veía su hogar pasar ante sus ojos, el lugar que amaba tanto, parecía tan frío y muerto. Los plateados ornamentos que decoraban las paredes ya no relucían a la luz del fuego–eran solo sombríos cortes en la ausencia de las llamas de las antorchas que Char nunca hubiera imaginado dejarían de arder. El tapete que abarcaba la distancia del salón ya no explotaba con hermosos anaranjados y rojos–parecía ser igual de monótono como el gris suelo de piedra.

—No —susurró Char otra vez.

Las aflicciones, las punzadas de resentimiento, todas empezaron a descender sobre él mientras lo veía todo ir. Sabía que no estaba tan triste por dejar el salón personal de su equipo; después de todo, solo había vivido ahí por un par de días. Pero de alguna forma, no era solo un espacio habitable lo que dejaba, era algo mucho más grandioso. Era como si estuviera dejando su vida, su propio ser atrás.

—Tranquilo —zumbó gentilmente la voz de Saura, para que los otros no pudieran escuchar—. Todo estará bien.

—Pero... no quiero irme —se quejó Char débilmente, sin siquiera importarle quien escuchara—. Quiero quedarme. ¿No podemos quedarnos?

—No, no podemos —raspó Scythe, apresurando al grupo—. Esto se ha salido de nuestras manos y está por sobre nuestras cabezas. No tenemos elección.

—Pero... soy tan feliz aquí —murmuró Char—. Estoy tan feliz aquí. Solo quiero quedarme aquí...

—Contrólate —gruñó Scythe despectivamente—. No has llegado tan lejos solo para ser un cobarde. Dialga no estaría orgulloso de ti. Hazte cargo de tu destino.

—Todos vamos a estar en esto juntos, justo como querías —le recordó Saura—. ¡No te dejaremos en ningún momento! Y además, volveremos algún día. Le prometí a mi hermanita que no estaría lejos por siempre. ¡Tengo que asegurarme de que volvamos!

—¿Tienes el hábito de hacer promesas que no puedes mantener? —preguntó Scythe en un tono inusualmente duro.

Fue entonces cuando Char notó la disposición de Scythe esa mañana. Un duro ceño estaba extendido sobre su rostro. Sus ojos estaban casi completamente rojos, disparándose hacia los alrededores constantemente como para verificar sus entornos por peligro. Su figura entera temblaba con incertidumbre, como si se arrepintiera de cada paso que daba. Y... por un momento, a la luz de su propia cola, Char pensó que vio en destello de la cara del Scyther. Era un destello que reconocía, uno que había visto antes. Scythe había estado llorando.

—No cometas el error, Saura. Este será el viaje más difícil de tu vida —intentó decir Scythe con solemnidad, pero solo teniendo éxito en añadir una cortante amargura a su voz—. Hay una buena chance de que tú, o cualquiera de nosotros, para el caso, no regrese con vida.

Char tragó saliva con pesadez, de repente sintiéndose muy asustado. Entendió que como fuera que se sintiera su insignificante nostalgia era irrelevante en comparación a la desesperanza de Scythe. Por alguna desconocida razón había escogido que Eva no se lo dijera, y este era un día duro para el viejo guerrero... quizá el más duro en un largo tiempo.

... ¿Y por qué, se preguntó Char, sonó tan seguro de una inminente baja en este viaje?

—Lo siento... me disculpo —masculló Scythe, negando con la cabeza—. Sé que no estoy ayudando al asunto. No dormí bien anoche. Una vez que esté completamente despierto, les prometo que seré capaz de actuar un poco más cortés que esto.

—¿Tienes el hábito de hacer promesas que no puedes mantener? —disparó Char.

Instantáneamente, Char deseó poder regresar sus palabras. Había perdido el control de su lengua, y no era la primera vez que ocurría. Inmediatamente, sintió que su aliento se detenía en su pecho y sus ojos caían a un cierre, deseando poder refugiarse en la oscuridad con los danzantes retazos de su visión. ¿Qué era esta falla de personalidad suya, se preguntó, que hacía que apuñalara a sus amigos con palabras crueles y perforantes? ¿Qué era lo que echaba en falta? ¿Era la simpatía de Ray? ¿El don con las palabras de Saura? ¿O tal vez la virtud del silencio y la brevedad de Otto? ¿Era solo parte del Charmander, o de su propio corazón, lo que le hacía indiferente ante su respeto por sus compañeros? ¿Y por qué, oh, por qué, tenía que ocurrir ahora?

Abriendo sus ojos de nuevo, echó una mirada a Saura, si por nada más que silencioso apoyo. Saura retornó una mirada de simpatía, pero no había nada más que podía hacer; no podía arreglar el error de Char. Char solo hizo la única cosa que pudo: vació sus pulmones y aguardó las consecuencias de sus palabras.

En respuesta, Scythe volvió un solitario y enrojecido vistazo hacia su dirección, causando que el rastro en donde las lágrimas habían caído a través de su rostro brillase una vez más. Cerró sus ojos, y, luego de un exasperado suspiro, abrió su boca para replicar:

—No. No lo tengo.

A eso, Char no tuvo el deseo de responder. Su disculpa estaba implícita.

... ... ...

Una vez que la puerta se hubo cerrado y trabado tras ellos, el salón del Equipo Ascuas se volvió justo como el resto de los cuarteles sin usar de la base: despoblado. Estéril. Desprovisto de vida. Inaccesible, salvo por el ocasional Pokémon fantasma durante sus rondas. Y se mantendría así, hasta que el día viniese en que Char y sus amigos regresaran triunfantemente...

... asumiendo que ese día siquiera llegaría. Char sabía que quería que llegara, y determinó que seguiría diciéndose a sí mismo que lo haría hasta que ya no dudase sobre eso.

—Oigan, ¿qué pasa? —una voz familiar de Treecko exclamó desde justo al exterior de la puerta de enfrente mientras el grupo emergía en el pasillo—. ¿Qué clase de amigos son ustedes, marchándose sin siquiera decir adiós?

Char se plantó. Alineados al frente de su puerta estaban varios... no, muchos de sus conocidos y amigos de la resistencia, juntos para verlo partir hacia su épica misión. Ahí estaba el Equipo Franjas, liderado por Taka, Evan, Nohill el Nidoran, Genie la Clefairy, y muchos otros con los que tuvo el placer de conocerse y trabajar durante su tiempo en la base.

—¡Diviértanse en la División Esmeralda! —vitoreó Evan—. ¡Tráigannos muchas cosas geniales!

Tras ellos estaban varios miembros del Equipo Remordimiento, los confidentes más cercanos de Scythe, y el Equipo Absolución, sus recientes colegas en el negocio. Estaban Ursa, Shander, Kain, Nidoroch, Kyria, Marrow... Incluso Daemon estaba ahí. El oscuro sabueso estaba frente a todos ellos, ofreciendo a Char una respetuosa reverencia.

—No nos decepciones —le dijo Daemon mientras pasaba—. No dejes que tu fuego se apague.

—Asegúrense de volver en una pieza, ¿de acuerdo? —dijo Ursa—. ¡No sabemos qué haríamos sin ustedes!

—Lo harán bien —afirmó Marrow alegremente—. Scythe ha hecho su trabajo y los ha convertido en combatientes. ¡No tienen nada de qué preocuparse!

—Asegúrense de mantener un ojo sobre Scythe por nosotros —dijo Kyria—. ¡No queremos perderlo!

—Por favor —agregó Shander, con un indicio de vulnerabilidad en los ojos—. No defrauden a Scythe. Él está poniendo su corazón en esta misión. No deseo verlo con el corazón roto.

—No dejen que sus enemigos se interpongan en su camino —dijo Kain en su profunda y poderosa voz que siempre enviaba escalofríos a la columna de Char—. Si cualquiera se atreve a hacerlo, ni siquiera lo duden. ¡Quémenlos! ¡Quémenlos hasta las cenizas!

Finalmente, al final de la rara formación, estaba Alta Inteligencia. Alakazam y Xatu estaban al final del pasillo.

—Partan ahora mismo —dijo Alakazam—. Todos nuestros corazones van con ustedes en este día. ¡Que las más grandes gracias de Arceus estén con ustedes, y que traigan paz a nuestra devastada patria!

Char suspiró felizmente. Su coraje brotó, y también lo hizo su orgullo, al ver a tantos de sus amigos tomarse el tiempo en sus ocupadas agendas solo para ofrecerles un cariñoso adiós.

... O no.

No, la verdad nadie estaba reunido enfrente a su puerta aquella mañana. Ni el Equipo Franjas, ni el Equipo Remordimiento, nadie; todos ellos habían sido un producto de su imaginación. Era algo que meramente había esperado ver, pero algo que no ocurrió.

En verdad, era un día ordinario en la base. Los rocosos pasillos que atravesaban estaban casi completamente vacíos, justo como estaban en cualquier otra mañana en la base de la División Dorada. Solo los más madrugadores de los madrugadores estaban activos y en marcha, recorriendo con sus equipos para salir a cualquier misión o viaje que tenían reservado para el día. Todos los cercanos al corazón de Char estaban o todavía dormidos, o solo demasiado ocupados con sus tareas para notarlo. Incluso se le dijo al Equipo Remordimiento que Scythe y el Equipo Ascuas simplemente estaban partiendo a una misión extendida en la División Esmeralda; no había una sola otra alma en la base, aparte de Alta Inteligencia, que conociera el verdadero destino de Char. Su misión era ultra secreta. Estaba solo.

Solo, eso era, excepto por los tres Pokémon que significaban el mundo para él, los tres Pokémon cuya compañía le daba más fuerza y alivio de lo que podía pedir. Ellos estarían a su lado, se recordó, y nunca dejarían de estar a su lado. Dándose cuenta de esto, Char hizo la resolución de suprimir su permanente sentimiento de autocompasión. Sabía que era solo un desperdicio de energía y emoción, entorpeciendo su fuego y haciéndolo sentirse más débil en el interior. Sabía que solo lo hacía más vulnerable.

El mundo no gira alrededor de mí, se dijo Char. Aquí estoy yo, revolcándome en mis propias penas, cuando mis amigos tienen penas propias... Mira a Saura. Él rechazó una oportunidad de estar con su familia solo para venir aquí. Apuesto a que fue duro, pero no se está quejando. Y Scythe... ¡solo mira cuán miserable es! ¡Apenas puede caminar derecho! Pero está aguantando... Quizá es por eso que es mucho más fuerte que yo. No solo es fuerte en batalla, sino que también es emocionalmente fuerte, incluso bajo tanto estrés. Él sabe cuándo dejar de sentir pena por sí mismo.

Esto no tiene que ver en lo absoluto con sentir pena, determinó Char. Esto no es sobre mi dolor, o el de Scythe, o de cualquiera de nuestros dolores. Esto es sobre ignorarlos y hacer lo que se tiene que hacer. Así que tengo que dejar de ser tan sensible al dolor, y los sentimientos que me traen dolor. Tengo que empezar a hacerme más fuerte, como Scythe.

—Tengo un favor que pedirles a ustedes chicos —bostezó Char, finalmente comenzando a sentirse medio despierto—. Si alguna vez empiezo a quejarme otra vez, Saura, quiero que me amarres, y Ray, quiero que me electrocutes lo más fuerte posible.

—¡Ja, pero no quiero dejarte en coma! —respondió Ray con una mueca—. Pero entiendo. Te electrocutaré justo lo suficiente.

—Quizá un choque es lo que necesito justo ahora —apenas murmuró Scythe para sí entre dientes.

—Creo que puedo ayudarte con eso —dijo Ray amablemente—. Espera solo por un momento.

Scythe cerró sus ojos y se encogió visiblemente, esperando en cualquier momento que su cuerpo fuera inundado con suficiente poder eléctrico para reducirlo a una pila de ceniza. Pero luego de que el choque no viniera por unos cuantos momentos, echó una ojeada de vuelta al Raichu... quien estaba ofreciéndole felizmente una azul baya de extraña forma, una baya que contenía el poder para alejar la somnolencia por horas.

—Empacaste bayas atania, ¿verdad? —dijo Scythe mientras una satisfecha sonrisa se formaba a través de su rostro—. Justo lo que se me apetecía. Muy considerado de tu parte. Inteligencia estaría disgustada si nos detuviéramos abajo para desayunar en esta mañana.

—Empacamos la mayoría de nuestros suministros favoritos —le aseguró Saura—. Anoche, pensamos sobre todas nuestras misiones e intentamos recordar qué cosas funcionaron mejor con nuestras técnicas, así que llenamos la bolsa con cosas que sabemos cómo usar. Eso fue luego de que Kecleon decidiera darnos gratis todas las semillas y bayas baratas que queríamos.

—Muy bien —dijo Scythe con una sonrisa, aceptando la baya y balanceándola en el extremo de su cuchilla—. Estoy muy orgulloso de ustedes. Les diré, encuentro difícil expresar cuán contento estoy de verlos a los tres desarrollarse de la forma en que lo hacen. Lo que digo es, por todo el tiempo en que he estado sobre este mundo, he sido un guerrero. Ha sido mi único papel que desempeñar para Ambera. No me arrepiento de eso. Y no creo que haya pasado un minuto en mi vida en el que no asumí que siempre sería un guerrero... Ciertamente nunca imaginé que terminaría como un profesor. Creo que ha sido un capricho mío de tanto en tanto, pero nunca una posibilidad que consideré seriamente. Y luego, cuando vino el tiempo en que Char apareciera en mi vida, fue dejado sobre mis hombros... Supe que tenía que protegerte con todo mi corazón, siendo el precioso tesoro que eres... y así, tendría que entrenarte... Déjenme decirles, fue un nuevo tipo de desafío intentar pasar mi propia experiencia a una nueva generación... Y nunca estuve convencido de que estuviera haciéndolo demasiado bien.

—¿Con quién estás bromeando, Scythe? ¡Eres el mejor profesor! —interpuso Ray—. ¡Siempre nos has desafiado, pero siempre te aseguraste de que tuviéramos lo que se necesitaba para salirnos del apuro!

—¡Y siempre impones un ejemplo tan bueno! —agregó Saura—. Estoy seguro de nos hemos hecho un mejor equipo solo al observar a tu equipo hacer su trabajo. ¡Siempre tenemos que esforzarnos de más solo para tener el honor de vivir bajo sus sombras!

—Ah, ja ja ja, me halagan —se rio Scythe con entusiasmo—. Supongo que debe significar algo que mis estudiantes aprueben mis métodos, incluso si algunos otros no lo hagan. Realmente intenté duro hacer las cosas de la forma correcta... muchas de mis noches sin sueño fueron dedicadas a escarbar entre mis instintos por las respuestas a qué hacer con ustedes. Pero... estamos a punto de ser puestos a prueba, y en breve averiguaremos qué tan bueno fui realmente como profesor.

Char frunció el ceño. A pesar de la racha de alegría de Scythe, todavía había un oscuro tono persistente en su voz. Era algo que quería ignorar, solo pretender que Scythe estaba siendo completamente optimista, pero no podía...

—Déjenme contarles algo más —continuó Scythe—. Cuando este viaje estaba en sus etapas tempranas, yo era mortalmente escéptico sobre todo. Planeaba que Char y yo viajáramos solos. Mis instintos me decían que llevar a alguien más sería un riesgo innecesario que solo causaría tragedia. Intenté pensar en formas de justificarte esto a ti, Char, y al resto de ustedes, en una forma en que aceptarían. Pero a medida que continuaba reflexionando sobre eso, me di cuenta de que no podía ser de otra forma. Ustedes tres son un equipo. Su fuerza más grandiosa aparece cuando trabajan como una entidad unitaria, tanto en corazón como en el campo de batalla. Especialmente después de ver cómo Char no estaba guardando ningún secreto, me di cuenta de que tenía que respetarlo. Tenía que honrar eso. Y además... ¿qué derecho tengo yo de separar a un humano de sus Pokémon?

Scythe chasqueó su cuchilla para lanzar volando la baya y la atrapó en el aire con sus fauces. Royó el duro exterior de la fruta, ansioso de que el estimulante llegara a su cerebro lo más pronto posible. Con su boca llena, ojeó a Char como si estuviera curioso de observar su reacción.

—Gracias —dijo Char—. No sé qué más puedo decir. Me has dado todo lo que alguna vez necesité... y sé que tengo un problema con el egoísmo. No puedo evitarlo realmente. Creo que debe ser parte de ser un Charmander. Pero me preguntaste qué estoy dispuesto a sacrificar, y creo que tengo una respuesta para ti. Intentaré lo mejor para sacrificar mi orgullo.

—Ese es un buen comienzo —zumbó Scythe, intentando no articular mal sus palabras con la boca llena—. Pero te pregunto algo: si no tienes orgullo, ¿qué hará a tu fuego arder?

Char no supo cómo responder.

—Pero deberíamos detener esta divagación —dijo Scythe—. Es hora de hacer cara a lo que está ante nosotros. Es hora... de ver qué es lo que ustedes y yo podemos hacer.

Char decidió no dar un último vistazo a la espaciosa cámara principal de la base a medida que el equipo se acercaba al largo corredor oscurecido que lo llevaría a la cumbre del gran altiplano. Sabía que ya había tenido suficiente nostalgia por el momento. Necesitaba seguir adelante.


Grandes Llanuras

El Equipo Ascuas no conseguía ver a menudo la cima del gran altiplano en las horas sin sol de la madrugada; las tierras al oeste de la división nunca parecían tener demasiadas tareas reservadas, particularmente ninguna demasiado urgente para que el equipo necesitara brincar de las sombras en el preciso momento en que los Vigilantes se disipaban. Así que, cuando la ocasional oportunidad aparecía para echar un vistazo al oscuro hemisferio sobre sus cabezas, oscurecido por ningún árbol, colina lejana, o algún tipo de terreno más que la plana y monótona tierra, era una maravillosa vista para presenciar. El sol todavía nada más que un minúsculo borrón de descoloración en el horizonte oriental, varias estrellas aún titilaban sobre ellos, iluminando el oscuro espacio vacío como muchas centelleantes antorchas como abajo en la base de la división. Una a una, se estaban apagando, asomándose entre las dispersas nubes por todo el tiempo posible antes de ahogarse en los rayos del sol...

La visión de las estrellas siempre tocaba el corazón de Char mucho más de lo que esperaba. Eran algo que él conocía, de alguna forma; eran algo que recordaba fuertemente, incluso desde antes de su transformación. Vistas de hermosos cielos nocturnos moteados por destellantes ríos de constelaciones estaban imbuidas en su mente, como una belleza que alguna vez conoció, una memoria de agradables paseos nocturnos o despejados miradores que alguna vez disfrutó. De una forma, lo hacía triste, triste que las estrellas fueran objetos de temor para los Pokémon de Ambera, su gloria despreciada como un signo de peligro inminente, un recordatorio de que el mundo pertenecía solo a los salvajes Pokémon fantasmas en las horas de oscuridad. Pero sin importar lo que otros le decían, él sabía que las estrellas eran cosa de belleza, y deseaba el día en el que los Vigilantes se marcharían para que pudiera disfrutarlas más frecuentemente...

Mientras seguía a Scythe a través de la superficie del altiplano, abarcando la agradable humedad del venidero día primaveral, le cruzó por la mente, justo como había hecho un par de veces en el pasado, que su memoria de las estrellas podría haber sido otra pista bien disfrazada de su pasado. Pero, nunca se inclinaba a darle demasiado pensamiento. Después de todo, cada humano sabía qué tan hermoso podía ser el cielo nocturno... ¿verdad?

—¡Oh, VAYA! —jadeó de repente Ray—. ¿Esos son... lo que pienso que son?

Siguiendo la dirección de la atención de Ray, Char entrecerró los ojos hacia el horizonte oriental. Ahí, atisbó varias siluetas a contraluz del naciente sol. Se paraban altas y orgullosas, algunas observando el cielo a medida que las últimas varias estrellas brillaban en sus últimos momentos de existencia, sus minúsculas alas extendidas y listas para el despegue...

—Dragonite —siseó Scythe—. Así que este es el... transporte... que Alakazam ha preparado para nosotros.

—¡D-dragonite! —repitió Saura, apenas creyéndolo—. ¡Caray! ¡Qué tipo de Pokémon más raro son! ¡Estaba empezando a creer que los Dragonite eran solo un mito!

Ray tenía los ojos absolutamente abiertos—. Esto va a ser emocionante... —murmuró él—. Escuché que vuelan muy, muy rápido.

Espera, ¿qué?, se preguntó Char. ¿Volar...?

Fue en eso cuando lo golpeó. Por alguna razón, realmente no se le había ocurrido cómo exactamente estarían haciendo su excursión. Incluso cuando Alakazam mencionó la noticia el día previo, su mente simplemente había echado una ojeada, incapaz de comprenderlo y olvidándose prontamente...

Él iba a estar volando.

Char se encontró sintiéndose muy incómodo, y muy rápido. ¡No estaba listo para esto! Si había algo que había aprendido de sujetarse por su vida del cuello de Scythe por solo unos cuantos segundos, y ver el suelo tan lejos abajo, es que estaba aterrado de volar. Demasiado aterrado para decirlo en palabras. Había hecho un excelente trabajo al bloquear aquel reciente evento de su memoria, tan corto como había sido, pero... ¿Ahora qué? ¿Estaría volando por minutos enteros? ¿Horas? ... ¿Días?

—Estén advertidos —dijo Scythe en voz baja mientras todavía estaban fuera del rango auditivo de los dragones—. Los Dragonite son conocidos por su humildad y buen humor. Nunca puedes decir al ver a uno si está ofendido por tus palabras o acciones, o incluso si está ardiendo de enojo en el interior. Siempre tienen una sonrisa en el rostro como si estuvieran en el mejor de los ánimos, pero eso es porque embotellan su rabia tan bien que nunca puedes estar seguro de cuándo están a punto de... soltarla.

—Oh-oh —dijo Saura—. La forma en que lo dices, suena a como si...

—... ¿A como si lo he visto ocurrir? —casi rio Scythe—. Sí lo he visto. Dos veces. Solía pensar que era un experto leyendo el rostro de un Pokémon. Pero cuando conocí a mi primer Dragonite... nunca lo vi venir. Todavía me puede dar jaquecas solo recordar la paliza que me dio... Así que solo recuerden: trátenlos con sumo respeto, hagan lo que digan, e intenten no ser una molestia. Un Dragonite enojado no es algo de lo que estarían orgullosos de presenciar.

Char apenas estaba siquiera escuchando; todo lo que podía pensar era en volar. Cada paso que daba parecía que lo llevaba más cerca al fatídico momento, el momento en el que se sostendría con toda sus fuerzas a la espalda del Dragonite mientras se elevaba kilómetros en el aire... solo un desliz, y todo estaría acabado... sería kilómetros después antes de que notara que le faltaba un pasajero... él estaría perdido entre las nubes, para nunca ser visto de nuevo...

Char se encogió, intentando bloquear el pensamiento de su mente.

—¿Estás bien? —preguntó Saura—. ¿Todavía te arrepientes de algunas cosas?

—Sí —murmuró de vuelta Char—. Eso, y... no creo que esté demasiado listo para volar. Incluso solo ayer, cuando Scythe me llevó, fue bastante malo. No sé si... si podré sobrevivir algo más largo que eso.

—¡No te preocupes! ¡Va a estar bien! —le aseguró Ray—. ¡Seguro, es aterrador! ¡Pero tendrías que abofetearte si es que siquiera piensas en dejar pasar esta oportunidad!

—Sí, y estoy seguro de que Alakazam no los hubiera llamado si no fueran buenos volando —agregó Saura—. ¡Yo, estoy realmente emocionado por probar esto! ¡Siempre he querido volar!

—Oh, no lo sé... —se impacientó Char—. ¿Qué pasa si no puedo sostenerme? ¡Ni siquiera tienen alguna montura o algo! ¿Qué pasa si simplemente... me deslizo? ¡Me asustan las alturas!

—¡Oye, Saura! —ladró Ray—. ¡Pronto! ¡Amárralo!

—¡Espera, ESPERA! ¡ESPERA! ¡NO! —clamó Char, rápidamente alejándose de Saura—. ¡No! ¡De acuerdo, bien! ¡Bien! ¡Pararé! Es solo que... no es fácil.

—¡¿No es fácil?! —exclamó Ray, aunque muy sarcásticamente—. ¡¿Quién eres, y qué has hecho con Char?! Te plantaste ante cincuenta Pokémon de roca por ti solo y mataste a palos a un Steelix solo con tus manos, ¿y fue eso fácil? Y ahora, ¿ni siquiera puedes dejar que otro Pokémon te lleve a través del cielo? ¡Los Dragonite son de los más diestros voladores que existieron jamás! ¿Dónde está el asesino de Steelix, eh?

Char tomó un gran aliento, sabiendo que cualquier cosa que respondiera probablemente provocaría que Ray lo electrocutase. Además, Ray tenía razón. Tenía que encontrar algo de coraje, y rápido. Estaba ahí en el fondo en algún lugar, solo necesitaba hacerlo trabajar.

Antes de que lo supiera, el equipo estaba cerrando los últimos pares de metros de distancia entre ellos y el equipo de Dragonite. Curiosamente, contempló a las criaturas, de las cuales había siete en total. Eran altas, orgullosas, y muy majestuosas, elevándose mucho más que incluso Scythe. Cubiertas de pies a cabeza con brillantes escamas anaranjadas, sus figuras parecían resplandecer como vidrio fundido a la luz del saliente sol. No podía evitar sentirse celoso de las escamas, dado el hecho de cómo estas hacían falta extrañamente en su propio cuerpo; con frecuencia se sentía perplejo por cómo podía ser clasificado como una criatura reptil cuando toda lo que tenía de protección era una capa más bien sensitiva de roja piel que se magullaba y exudaba sin ser muy diferente a la humana. Miró en sus ojos y vio su orgullo, pero también su pureza de corazón. Sus rostros delataban una bonhomía y un sentido de honor tales que Char quería confiar en ellos incondicionalmente, si no hubiera sido por las previas palabras de advertencia de Scythe. En todo, parecían ser muy respetables y poderosas criaturas...

La única cosa que en realidad tomó por sorpresa a Char fue el tamaño de sus alas. ¡Eran irrisoriamente minúsculas! Las miró boquiabierto, preguntándose cómo una criatura tan pesada y voluminosa esperaba volar con alas que ni siquiera tenían medio metro de longitud.

—Y aquí llegan. ¡Buenos días! —el Dragonite líder exclamó cordialmente, notando al grupo acercándose—. Tu reputación te precede, Scyther. Yo soy Arshall. Mi flota y yo estamos bajo las órdenes de Lucario para transportarlos hasta la base Esmeralda.

—Y buenos días para ti, y para tu flota —replicó Scythe con el tono más oficial que pudo conseguir—. ¿Cómo están los cielos?

—En esta vecindad, muy amigables —replicó la Dragonite, mirando al horizonte—. Aunque, una oleada de frío presiona desde el norte. A pesar de que solo notamos algo de tensión en las nubes en nuestro camino hasta aquí, podríamos enfrentarnos a algunas tormentas en nuestro vuelo.

—El frente traía un puje hacia el oeste —otro Dragonite señaló—. Si la suerte está con nosotros, evitará nuestro curso. Después de todo, no estaremos volando directamente sobre las tierras del Maestro...

—Cierto —dijo Arshall con un pensativo asentimiento—. Es una posibilidad. Pero, no podemos contar con que Kyogre cooperará con nosotros. Si nos encontramos con tiempo tormentoso, tenemos varios puntos de descanso asignados a lo largo del curso... Oh, ¡y buenos días a ustedes! ¡Ustedes deben ser los niños que Lucario mencionó! ¿Cómo estás en esta agradable mañana, pequeño dragón? ¿Listo para volar?

—Estoy listo —dijo Char con voz ahogada, sin ser completamente honesto.

—Me alegra oírlo —replicó con una sonrisa—. ¿Qué hay de ti, Bulbasaur? ¿Raichu? Oh, bueno, supongo que Lucario estaba exagerando un poco cuando se refirió a ustedes como niños. Me desubico al referirme a un ratón completamente crecido como un niño. ¡Mis disculpas! No pretendía una ofensa.

—¡No me ofendo! —replicó Ray—. ¡Realmente es un honor para mí conocerte! ¡Nunca he conocido a un Dragonite antes!

—Supongo que el honor debería ser todo nuestro —dijo Arshall con una ligera reverencia con su cabeza—. Lucario parece estar muy emocionado por conocerles. Y el Scyther leyenda de la resistencia camina a su lado. ¡Deben ser importantes! Aunque no es mi lugar entender por qué. Mi deseo más grande es solo ver que ustedes completen su viaje a través del cielo.

—Es el Charmander quien es el más importante de los tres —notó Scythe, intentando su mejor esfuerzo para no sonar incómodo—. Los otros son su apoyo. Así que, si algo debiera pasar... su vida vale más que las de ellos. Y en última instancia, incluso más que la mía.

—¡Oh, nos estás subestimando, Scyther! —se rio la Dragonite—. Nada saldrá mal en el vuelo. ¡Nada puede! Esa es la belleza de volar; ¡allí arriba, no hay peligro! Nada más que las nubes, y los Pokémon lo suficientemente perseverantes para transportarse a sí mismo a través de ellas. Y además, incluso si veinte Rayquaza nos tienden una emboscada desde la estratosfera, nuestras habilidades de evasión son inigualables. Todos ustedes serán entregados a Lucario sin algo más que un rasguño. ¡Esa es nuestra promesa!

—Y por eso, estamos más que agradecidos —replicó Scythe respetuosamente—. Pero, si me pudieras perdonar, hay una persistente pregunta que tengo... ¿en dónde se quedaron por la noche? ¿Alakazam les ha otorgado hospitalidad en la base sin nuestro conocimiento?

—¡Oh, no, por supuesto que no! —respondió Arshall—. Encontramos una cueva no muy lejos de aquí, oh, a más o menos treinta kilómetros, que nos dio toda la hospitalidad que requeríamos. Cuando el sol se alzó, vinimos aquí y esperamos, justo como nos dijeron.

—Oh, vaya... —jadeó silenciosamente Saura a sus amigos—. ¿Piensan que... se podrían estar refiriendo a... ya saben... esa cueva?

—¿Qué cueva? —preguntó Ray—. ¿Conoces alguna de ellas personalmente?

—Sí, la entrada al Túnel Gravelerroca —replicó Saura—. Pero eso está un poco lejos. No hay forma de que pudieran haber volado todo el camino hasta aquí justo en el tiempo que nos tomó a nosotros caminar hasta aquí... ¿o sí?

—Sabes, escuché que los Dragonite pueden dar una vuelta al mundo dos veces en un día —jadeó Ray—. ¡Podrían haber llegado aquí en segundos! ¡Son solo así de rápidos!

—¿Puedo hacer una pregunta persistente también? —dijo Char en voz alta, incapaz de contenerse.

—¡Ciertamente, pequeño dragón! —replicó Arshall—. Aunque, debemos partir pronto, así que sé breve, si es posible.

—¿Cómo vuelan con alas tan pequeñas? —preguntó Char curiosamente.

Un momento de silencio colgó del aire, y Char casi pudo sentir a sus amigos estremecerse ante su irrelevancia, esperando que los Dragonite no se sintieran ofendidos o irritados por la pregunta. Arshall, sin embargo, parecía interminablemente divertida por ella, retornándole una radiante sonrisa.

Luego, algo ocurrió que casi hizo que la cabeza de Char explotara. Arshall saltó medio metro en el aire... y no bajó de vuelta.

Para asombro de Char, la dragona simplemente se mantuvo ahí, ¡apoyada sobre nada! Sostuvo su posición sin esfuerzo; ni siquiera sus alas se batían para ayudarla a mantenerse en el aire. ¡Estaba levitando!

Char pudo escuchar los pasmados gritos ahogados de sus amigos ante la visión, y luchó sin éxito para producir un comentario por su parte.

—Los Dragonair vuelan sin alas —explicó Arshall, situando suavemente su cuerpo de vuelta en el suelo—, y nosotros también. Como los Gyarados y Rayquaza, no son nuestras alas las que nos mantienen en el aire, sino nuestros corazones. Aunque, aún, nuestras alas son invaluables para controlar y estabilizar nuestro vuelo. ¡Ellas son las que nos dejan virar en nuestro curso con tanta precisión! Y estamos agradecidos de que sean tan pequeñas; es menos probable que se dañen, ¡especialmente en una batalla intensa! ¿Ven?

—Ya veo —respondió Char, lleno de asombro.

—Así que en efecto, pequeño dragón, no son los irrisorios apéndices que parecen ser —rio Arshall—. Ciertamente, si lo fueran, ¡no dudaríamos en reírnos de ellas nosotros mismos!

—Sin mencionar a los humanos que intentan criar a Dragonite por su cuenta —otro añadió—. Les enseñan a batir sus alas cuando vuelan. Bastante ridículo, si me preguntan, pero también un poco degradante. Se vuelve una fuerza de hábito tal que no puedes convencerles de que no es necesario.

—¡Vaya, eso es impresionante! —comentó Saura—. ¡Nunca supe que los Dragonite eran tan dotados! Pero oigan, ¿esto significa que Char será capaz de volar de esa forma cuando crezca?

—Oh, me temo que no —dijo Arshall con un guiño—. No, los Charizard tienen que soportar su propio peso con sus alas. Pero oh, ¡no es una maldición! ¡Es un maravilloso don en su forma también! En compensación, se te concederá un suministro de resistencia sin límites, y tus alas serán tan fuertes–

—Perdóneme, capitana, pero el tiempo se nos esfuma —otro Dragonite susurró—. ¡Deberíamos partir pronto!

—¡Oh, lo lamento! Tienes razón —dijo Arshall, volviendo a la atención—. Solo mírame, divagando así. Aquí, yo les estaba diciendo que fueran breves, luego voy y termino desperdiciando nuestro tiempo. ¡Bueno, ya no más! ¡A los cielos!

Con eso, el equipo de Dragonite dirigió al grupo de Char que se situaran para el viaje. A dos de los miembros de la flota se les asignó el cuidado de las bolsas, mientras el resto de ellos, salvo la capitana, tomó un pasajero cada uno. Char estuvo ciertamente un poco decepcionado y asustando cuando los Dragonite se rehusaron a dejarle montar con Saura, pero apretó los puños, reunió el coraje, y decidió no quejarse... a pesar de que estaba temblando hasta los huesos.

—¿Todo bien? —preguntó el Dragonite, otra hembra, con quien Char fue indicado montar—. ¿Nervioso?

Char asintió en respuesta a la pregunta mientras sus extremidades temblaban suavemente o entraban en pánico para encontrar asideros o puntos de apoyo en la espalda de la dragona. Su espalda era tan lisa como podía ser (excepto cuando frotaba sus escamas a contrapelo por casualidad), sin siquiera la más mínima cresta o púa para asir. Ya, ¡podía sentir que se resbalaba! ¿Se supone que solo debo abrazar con mis brazos? ¿O mis piernas?, se preguntó Char, su garganta apretándose. ¡No puedo hacerlo! ¡No soy lo suficientemente grande!

—Déjame adivinar... ¿temor a las alturas? —preguntó la Dragonite.

Otra vez, Char asintió, sin decir nada.

—Si te sientes inseguro en algún momento, eres bienvenido de sostenerte mis alas —dijo la Dragonite—. Pero solo en la base, por favor. De otra forma no podría ser capaz de controlarlas. Y si sientes como si no pudieras respirar, levanta la cabeza. Eso ayudará a evitar el vacío. Soy Zahira, por cierto. No soy una miembro de esta flota. Pertenezco al equipo de Lucario. Me envió aquí para venir con Arshall y supervisar el vuelo. Si eres quien dicen que eres, tengo que asegurarme de que veas a Lucario lo más pronto posible.

Yaciendo sobre su estómago, Char asió la base de las alas de Zahira lo más fuerte que pudo. Esperó que la posición que había encontrado fuera tan segura como se sentía que era.

—No te pongas tenso —le aseguró Zahira—. Arshall no exagera cuando dice que nada va a salir mal. Los Dragonite no están en el negocio de arruinar las cosas simples. Además, no hay factores desconocidos en volar. Todo menos el clima está calculado, e incluso eso es predecible. Bueno... también está el asunto de la traición. No estarás planeando apuñalarnos por la espalda en medio del vuelo, ¿o sí?

Char sacudió su cabeza, como para responder "¿Estás loca?".

—No lo pensaba —zumbó Zahira—. En ese caso, no hay nada de qué preocuparse. Solo relájate. Disfruta del vuelo. E intenta confiar en mí. ¿Puedes hacer eso?

Puedo confiar en ti, pensó Char, ¡pero no estoy tan seguro de poder confiar en mí mismo!

—¡Pokémon! ¡Prepárense! —proclamó Arshall—. Estableceremos el curso para retornar a casa. A diferencia del viaje hasta aquí, el viaje de vuelta será una travesía de dos días; ahora estamos transportando suministros y carga valiosa. Si todo ha de salir bien, nuestra parada de descanso será Nincadia, pero si el tiempo llega a ser muy corto y el clima no coopera, cambiaremos el curso y nos instalaremos en el Desierto Rojasangre antes de que los Vigilantes nos atrapen en el aire. Establezcan orientación hacia el nornordeste, más o menos a tres cuartos de envergadura, acercándonos a los dominios del Maestro no más de ciento setenta y tres kilómetros. A través del primer tramo, mantengan una elevación de no más de veintiuna geodas...

El discurso de la Dragonite se volvió un guirigay para Char mientras divagaba números indudablemente importantes para su flota, de lo cual nada significaba algo para él. Echó un vistazo a sus amigos, todos cómodamente sentados sobre sus monturas y desbordantes de emoción. Scythe se sostenía con solo la fuerza de sus piernas, pero parecía sorprendentemente contento con su posición. Las cepas de Saura estaban enganchadas alrededor de las alas del Dragonite y se sostenía lo más fuerte que podía. Ray... ni siquiera parecía estar sosteniéndose; parecía mucho más que estaba saltando incontrolablemente y vitoreando de júbilo a través de la espalda del dragón.

—¿Listo para esto, Char? —exclamó Ray—. ¡Solo mira! ¡Mira allí arriba! ¡Mira las nubes! ¿Las ves? ¡En solo unos momentos, nosotros vamos a estar ahí arriba con ellas! ¡Vamos a estar por sobre las nubes! ¿Puedes creerlo? ¿Estás listo?

—¡En serio, no estoy tan seguro! —respondió Char.

—¡Oh, vamos! —exclamó Ray—. ¡Aprieta los dientes! ¡Esto va a ser asombroso!

Char frunció el ceño y se sostuvo más fuerte a las alas de Zahira, sintiendo una diminuta contracción en su cuerpo cuando lo hizo.

—¡Char! ¡Oye, Char! —llamó Ray de vuelta—. ¡EL FUEGO NO MORIRÁ!

Cuando Char intentó responder, encontró que no pudo.

De hecho, apenas podía siquiera respirar.

La sensación fue como quedar atrapado, boca abajo, bajo el peso de un Snorlax. No pudo levantar un músculo de la espalda de Zahira.

Desde el rabillo del ojo, captó vista del suelo. Se estaba encogiendo. Tan terriblemente rápido. En un momento, vio la estéril llanura de tierra que era la cima del gran altiplano, la Pradera Dorada, y... y...

Y en otro momento, vio el altiplano entero, y todas las civilizaciones circundantes, como Ciudad Hierro y Fortaleza Leal, todas como pequeñas piedras en el lecho de un río. Vio el bosque vecino a la residencia de Saura, como musgo creciendo en una roca...

Y luego, solo vio blanco.

Si hubiera tenido aliento para hacerlo, hubiera gritado de terror.

Sus ojos se cerraron de golpe.


El Cielo

Algún tiempo después, luego de que su corazón se hubo calmado lo suficiente, Char volvió de golpe a sus sentidos. Sus ojos parpadearon al abrirse, revelándole nada más que un brillante cuero de escamas anaranjadas. Sin tener que mirar, recordó en dónde se encontraba: sosteniéndose por su vida en la espalda de un Dragonite mientras este iba a toda velocidad a través del cielo, kilómetros y kilómetros por sobre la superficie de la tierra. Aunque ahora, una pequeña oleada de aceptación, y por consiguiente paz, empezó a difundirse a través de él. Sí, se sentía mucho más calmado que antes, aunque su asimiento en las alas de la Dragonite nunca se aflojaba. Temía que sus garras pronto empezaran a acalambrarse.

Como Zahira había sugerido, decidió intentar relajarse, aunque era más fácil decirlo que hacerlo. El inexorable fuush en sus oídos no ayudaba al asunto, ni tampoco la fuerza del viento contra su cuerpo, amenazando con arrancarlo de sus agarraderos y mandarlo dando vueltas sin remedio en el cielo. Respirar tampoco era demasiado fácil, incluso cuando seguía el consejo de Zahira y levantaba su cabeza para respirar. Sin importar cuánto intentaba inhalar, sus pulmones siempre parecían colapsar a la fuerza del vacío antes que pudieran entregar una cantidad aceptable de oxígeno. Le recordó a la ocasión en la que se paró dentro del fuego, sintiendo el aire quemándose antes de poder succionarlo en sus pulmones. Cuando intentó dar voz a su queja, encontró que su garganta no contenía palabras. Cualquier sonido que intentaba hacer fracasaba enteramente contra el sonido del viento, especialmente desde que no podía reunir suficiente aliento para agregar fuerza a su voz.

Otra extraña sensación que se asentó pronto en su percepción fue el cosquilleo. Su cuerpo entero le cosquilleaba como si estuviera siendo pinchado con agujas de pino, ya fuera por adrenalina o solo falta de oxígeno en su cabeza, pero ninguna parte tan mal como en su cola. Se dio cuenta que su cola estaba volando y agitándose detrás de él, su llama luchando por mantenerse con vida en el poder del viento. Sorprendentemente, prevalecía, pero no sin una constante sensación de escozor. Char casi quería recogerla en sus garras y mantenerla contra su cuerpo, pero no se atrevió por un segundo soltar alguna de sus garras. Luego de unos cuantos momentos de intentar aguantar el dolor, Char se dio cuenta de que el escozor no era tan doloroso en realidad. De hecho... había un extraño tipo de afabilidad en la sensación del viento azotar su cola, intentando, pero fracasando, apagar su llama. La sensación era completamente aguantable, especialmente cuando dejaba de concentrarse demasiado en ella, y dejaba que fuera a la deriva hasta el fondo de su mente detrás de todas las otras ruidosas y despóticas sensaciones rodeándolo...

Luchando por levantar su cabeza, se atrevió a echar un vistazo al transitorio cielo. Inmediatamente, atisbó a los otros miembros de la flota. Mantenían una formación de tres brazos, presumiblemente para ayudarlos a mantener el curso, con la capitana al frente, y con Char en el mismo final del brazo más derecho. Estaban espaciados más bien lejos; el siguiente Dragonite frente a ellos estaba al menos a veinte metros de distancia, y el brazo central estaba al menos a cuarenta. Entrecerrando los ojos hacia ellos, le trajo una sonrisa al rostro divisar una diminuta mota de verde sobre el dragón vecino. No pudo decir si era Scythe o Saura, pero solo saber que sus amigos estaban tan cerca en esta insana aventura hacía que su corazón aleteara.

Luego, Char hizo lo impensable... miró abajo.

Capas de nubes a la deriva pasaron ante sus ojos, algunas blanco brillante y opacas, otras translúcidas. Lejos, lejos abajo, en donde sea que las nubes se separaban lo suficiente, vio el paisaje brillar en la luz solar de la media mañana. Ríos parecían cicatrices a través del suelo, colinas eran como ampollas... todo salvo los más grandiosos y prominentes accidentes terrenales era invisible al ojo. El suelo, el lugar al que pertenecía, ahora parecía tan foráneo... tan ajeno...

¿O no?

Para su total asombro, una descarga de familiaridad destelló ante los ojos de Char. ¡Él había visto esto antes! ¡Sabía exactamente lo que estaba viendo! De hecho, era algo que veía cada mañana con el resto de su equipo cuando tramaban sus misiones. ¡Era Ambera, igual como era representada por el Mapa de Jirachi! Contemplando de un horizonte a otro, reconoció el parche de tierra como parte del mapa, uno que yacía justo al norte y al este de la división. Divisó rutas que él y sus amigos atravesaron una o dos veces, así como unas cuantas ciudades y hábitats de Pokémon salvajes. No podía creerlo. ¡El mapa era tan excepcionalmente preciso! ¡Todo el tiempo, había sido como una fotografía del terreno, tomada desde el nivel de las nubes!

Bajó la mirada a la superficie, pretendiendo que todas las notas escritas en el mapa estaban superpuestas en su visión. Ahí estaba la Ruta 412, serpenteando como una gigante costura blanca hacia el oeste alrededor de Punto Cascoviento, atravesando el Río Quagsire (el mismo río que corría todo el camino hasta Ciudad Río Negro), y dentro de la Aldea Orfandad... y ramificándose de ella estaba la Ruta 414, que corría más hacia el oeste a tierras que jamás había explorado... Y la Ruta 427, que se incrustaba al sureste en una ominosa tierra marcada como Camposanto Onix, y al noreste a las montañas llamadas Refugio Rojo, una locación de aparente interés para Scythe...

Demasiado tarde, Char se dio cuenta de que su garra estaba empezando a deslizarse.

El consiguiente grito que estalló de los pulmones de Char quedó como un patético chillido en medio del recio viento. Cada músculo en su cuerpo se acalambró y se volvió insensible, adhiriéndose como loco a la espalda de la dragona de cualquier forma que pudo. Sabía que había cometido la equivocación de inclinarse ligeramente demasiado hacia su costado, solo para conseguir más que un vistazo del suelo. Al hacerlo, había movido su centro de gravedad, gravedad que ahora estaba decidida a traicionarlo y lanzarlo a su perdición. Milímetros de distancia empezaron a resbalarse de sus garras más rápido de lo que podía creer, milímetros imposibles de recuperar debido a la presión del viento y la infortunada posición de su cuerpo...

El mundo de Char estalló en indecible pánico. Era como si su mente ya no estuviera ahí; todo lo que existía era su acrofobia. Otra vez, reunió su corazón entero en un grito de angustia para alertar a la Dragonite de su peligro, pero de nuevo, ni un sonido salió. El vacío del viento, el mismo vacío que estaba causando que se saliera de su montura a tan alarmante velocidad, era solo demasiado fuerte. Pronto, su garra derecha sería arrancada de su ala, causando que fuera arrojado hacia un costado con tanta fuerza que su diminuta garra izquierda sería impotente de mantener un agarre.

Sintiendo algo fuera de lugar, Zahira miró hacia atrás momentáneamente. Enfrentó la aterrorizada expresión de Char con una de indiferencia, como si no notara que algo estuviera mal. Char le gritó silenciosamente, incapaz de agitarse para llamar su atención ante el riesgo de perder el pequeño asimiento que todavía tenía. Igual de pronto, ella parpadeó y miró hacia el frente otra vez, dejando a Char por su cuenta y haciendo añicos los últimos restos de su esperanza...

La horrible verdad lo golpeó. No tenía sentido luchar. Él iba a caer, y nada, salvo hacer que Zahira girara en el aire o aminorara, iba a prevenirlo. Cerró sus ojos, tomando refugio en su desenfadada imaginación, intentando aceptar su destino...

Un majestuoso Charizard surcaba el cielo, disfrutando de la poderosa sensación del viento azotándolo en la cara y debajo de las alas.

Era su jamás podría pedir más que esto.

Char sintió cómo su garra era arrancada sin piedad de su asimiento, lanzando su cuerpo hacia un costado y mandándolo dando vueltas de la espalda del Dragonite.

Pam.

Pudo sentir el viento pasando velozmente por su cuerpo en formas que nunca podría comprender. Su pecho estaba explotando, hormigueándole, como si su corazón estuviera siendo empujado dentro de su cerebro... Estaba cayendo...

Se preguntó cuánto le tomaría golpear el suelo. ¿Un minuto? ¿Una hora? ¿Un día? ¿Dónde aterrizaría? ¿Se destrozaría su cuerpo al hacer contacto con una roca dentada? ¿Sería lo suficientemente afortunado para aterrizar en una masa de agua y vivir para contarlo? ... O no, ya que era un Charmander ahora, y eso significaría una muerte segura... ¿Le sonreiría Dialga de nuevo, y permitiría que cayera en una mazmorra misteriosa, directamente sobre una Semilla Revivir? O tal vez... ¿podría acumular el corazón suficiente para evolucionar a un Charizard antes de que golpeara el suelo?

¿Importaba realmente?

Sabía que esto iba a pasar, se dijo Char. No sé cómo, solo lo sabía. Todo el tiempo, lo supe. Que caería...

—¡OYE!

Char se encogió ante el inesperado sonido de una voz.

Al comienzo, fue incapaz de comprender lo que vio. La adrenalina todavía estaba bombeando a través de sus venas en lugar de sangre, así que su mente colectaba la información de una forma lenta y aplacada. El color de la crema. Un brillante anaranjado. Ojos, con pupilas negras y brillantes. Una sonrisa.

Char parpadeó otra vez. Era inequívoco. Un Dragonite. Zahira. Ella lo estaba sosteniendo en sus brazos, sonriéndole, y pareciendo bastante orgullosa de sí misma, también.

Lo golpeó. No había estado cayendo en lo absoluto. El pam que había sentido fue la sensación de ser atrapado en sus brazos meros momentos luego de haber perdido asimiento. Ella había realizado algún tipo de maniobra magistral, ladeándose directo hacia abajo en un círculo y atrapándolo instantáneamente, sin siquiera romper la formación.

—¿LISTO PARA CONFIAR EN MÍ, O QUIERES CAER DE NUEVO? —gritó Zahira sobre el viento.

Char levantó la mirada hacia ella como un indefenso bebé en los brazos de una madre, y asintió. No le importó realmente a qué pregunta estaba respondiendo, solo asintió.

—¡RELÁJATE! —vociferó ella—. ¡DEJA QUE YO ME ENCARGUE DEL VUELO! ¡PARA DE ESFORZARTE TANTO!

Pam.

En un parpadeo, Zahira hubo girado sobre su eje de una complicada manera, y la siguiente cosa que Char supo fue que estaba sentado una vez más sobre su espalda.

Tan pronto como la adrenalina empezó a disminuir y dejó que sus procesos mentales tomaran el control, lo cual no fue demasiado pronto, su pánico se sosegó exponencialmente. Claramente, Zahira era una piloto hábil, tan hábiles como podían ser, y probablemente sabía cómo atrapar a un pasajero que cae en cada una de las mil formas posibles en las que uno podía caer. De alguna forma, caer ya no parecía tan amenazante... de hecho, se sentía casi igual de seguro como si estuviera parado sobre tierra firme. Todavía aturdido y eufórico por su ataque de pánico, pero seguro.

Un momento después de que entendiera eso, comprendió otra cosa; ni siquiera se estaba sosteniendo. Ya no estaba yaciendo sobre su estómago sobre la espalda de la dragona, sosteniéndose de sus alas... estaba sentado, casi derecho, con sus ambas garras asentadas enfrente a él. Pero... el vacío del viento, vicioso y despiadado como había sido, parecía haber perdido su efecto completamente. De hecho, si estaba percibiendo las cosas correctamente, casi se sentía como si el vacío estuviera ayudándolo, manteniendo su cuerpo firmemente plantado en el lugar, dándole un imposible sentido de balance.

Su nueva posición también le concedía una vista más clara de todas las visiones circundantes. En lugar de tener que variar su peso solo para echar un vistazo en una dirección nueva, encontró que podía verlo todo sin esfuerzo a la vez.

¿Qué cambió?, siguió preguntándose Char mientras miraba hacia el horizonte, notando las inminentes torres de nubes lejos en la distancia. Me siento mucho mejor ahora. Puedo respirar. Puedo sostenerme. No estoy siendo arrastrado por el viento. ¿Qué hizo la diferencia? ¿Es solo... porque ya no estoy asustado? ¿Podría ser eso? ¡No puede! La confianza no me ayudaría de esta manera... ¿o sí? Quizá ese era el problema. Sabía que caería. Lo esperaba. Pero no tenía idea de que estuve seguro todo este tiempo...

—¿SINTIÉNDOTE MEJOR? —la Dragonite le gritó.

Char asintió en respuesta, luego intentó una vez más hablar.

—¡SÍ! —vociferó él, sorprendido de que su voz pudiera sobrepasar el viento.

—ES REALMENTE MÁS FÁCIL SI TE SIENTAS —dijo ella.

—YA VEO —replicó Char—. ¿POR QUÉ?

—BUENO, PORQUE ES MÁS CÓMODO PARA AMBOS —dijo la Dragonite—. ADEMÁS, TE DEJÉ CAER A PROPÓSITO, SABES. ¡NO TE ALIGERABAS!

¿Ella hizo QUÉ?, exclamó Char para sí.

—YA QUE AHORA CONFÍAS EN MÍ, TE MANTENDRÉ BALANCEADO, ASÍ QUE NO PASARÁ DE NUEVO —prometió Zahira—. A MENOS QUE DECIDAS SALTAR POR TU CUENTA. NO PUEDO PARAR ESO.

—¡NO SALTARÉ! —estalló Char, un indicio de enojo evidente en su voz—. ¿POR QUÉ HARÍA ESO?

Así que es por eso que se volvió de repente tan fácil mantenerse aquí, se dio cuenta Char. Todo el tiempo, ella estaba intentando provocar que yo cayera para demostrar algo. ¡Bueno, lo hizo! Espero que esté feliz. En serio.

Char sintió que su ascua interna gradualmente se inflaba por su intensa ira. A pesar de que la punzante sensación en su cola fue disminuida cuando su flama se hinchó, se dio cuenta de que estaba cometiendo un error. No quería transformarse en un tiro al aire en un momento como este. Tenía que tragarse su orgullo. ¡No iba a soltar accidentalmente un comentario sarcástico que conduciría a la Dragonite a la rabia! ¡No ahora!

—ENTONCES, ¿HACE CUÁNTO QUE VUELAS? —inquirió Char, intentando aligerar su propio humor.

—¡DESDE EL DÍA EN QUE NACÍ! —replicó la Dragonite—. CUANDO UN DRATINI NACE EN EL OCÉANO, APRENDE A NADAR, Y EN LA TIERRA, APRENDE A VOLAR. A NADAR EN EL AIRE.

—ME REFIERO A COMO AHORA —gritó Char—. ¿RECIBISTE ENTRENAMIENTO PARA LLEVAR PASAJEROS?

—PODEMOS TERMINAR ESTA CONVERSACIÓN ESTA NOCHE, SI NO TE IMPORTA —replicó la Dragonite—. ¡A MENOS QUE QUIERAS QUE AMBOS PERDAMOS NUESTRAS VOCES GRITANDO!

—¡SÍ, SEÑORA! —respondió Char, cerrando su boca inmediatamente después.

Char se quedó en silencio nuevamente, intentando por un tiempo ocuparse de cualquier forma posible. A pesar de que sus miedos ya no estaban, y la vista continuaba siendo maravillosa, Char encontró que su mente estaba tan saturada y templada con las menguantes sensaciones de lucha o huida que era difícil concentrarse en algo. El sentimiento de escozor en sus miembros era más predominante que nunca, empezando a recordarle a la sensación de ser paralizado. Además, aparte de ser momentáneamente traumatizado, se dio cuenta de que estaba empezando a tener bastante hambre. Los Dragonite aparentemente no creían en el desayuno, o incluso el almuerzo, y parecía como si estuvieran felices con dejar que sus pasajeros murieran de hambre por el bien de llegar a tiempo. Considerándolo todo, Char encontró que su experiencia volando era una bastante agradable, y empezó a tener ganas de aterrizar.

Luego de agotar todo pasatiempo del que pudo pensar, que incluían intentar encontrar imágenes en las nubes transitorias, imaginarse a sí mismo como un Charizard volando por su propio poder, y fantasear sobre brincar de la espalda de la dragona solo para volver a ella, Char se aburrió. Era alrededor del mediodía para entonces, y todavía no había signo de que la procesión pararía para comer. Char miró hacia abajo e intentó descifrar la superficie terrestre, y reconoció vagamente que todavía estaban bastante lejos de su destino. Ya hacía tiempo que habían cruzado del hemisferio sur al norte, marcando solo alrededor de dos quintos de su viaje completo, y volaban sobre tierras de bosques tropicales y rojos desiertos en las cuales Char nunca había pensado interesarse. Había tenido ganas de disfrutar del calor de la luz solar mientras cruzaba el ecuador del planeta, pero se imaginó que se lo había perdido; nunca era demasiado cálido tan alto en las nubes, la mayoría de las veces, se balanceaba al borde de ser incómodamente frío. Trató de que no le hiciera recordar del helado páramo que en breve estaría incursionando...

Pero quizá el pensamiento más aterrador de todos, incluso más que imaginarse el adormecedor frío de la nieve y el hielo, era el hecho de que pronto estarían pasando los dominios del Maestro. Char sabía que el equipo de Dragonite se aseguraría de mantenerse alejado de él, probablemente lo suficiente para garantizar que no apareciera en este lado del horizonte occidental, pero le hizo estremecerse el saber que el legendario y misterioso Maestro que dominaba la tierra con mano dura, aquel cuyo reino causaba tanto dolor y tantas lágrimas a tantos Pokémon, moraba en una oscura fortaleza justo fuera de la vista. Era un lugar al que nunca deseaba ir, un lugar al que deseaba profundamente que su destino jamás lo guiaría.

Encontrando que no tenía nada más sobre lo que quería reflexionar, y sintiéndose igual de adormecido y adolorido que un animal disecado, Char comenzó a preguntarse si podía pasar el tiempo de una forma mucho más efectiva.

—OYE —Char le vociferó a su montura—. ¿TE IMPORTARÍA SI TOMO UN DESCANSO? ¿PODRÍAS MANTENERME BALANCEADO SI ME RECUESTO?

—SI TÚ LO DICES —replicó Zahira simplemente.

Era todo lo que Char necesitaba escuchar. Repleto con un centenar de desagradables sensaciones, Char colapsó en la espalda de la dragona con esperanzas de saciar su agotamiento.

... ... ...

¡CRASH!

Luego de lo que pareció segundos después de haber cerrado sus ojos, una horrible y estremecedora explosión hizo que Char brincara despierto. Pronto se dio cuenta de que no había tierra cercana a la que estremecer, ya que todavía estaba a kilómetros en el aire. En lugar de eso, una oscura cortina de humo y niebla lo rodeaba desde todos los costados. El sonido había sido uno que reconocía–un trueno.

—¡BUENOS DÍAS! —gritó Zahira sobre los vientos, que ahora eran más vigorosos que nunca—. ¿DORMISTE BIEN?

—ESTAMOS EN UNA TORMENTA, ¿NO? —preguntó Char, sintiendo la tensión en el aire.

—FUIMOS ALCANZADOS POR EL BORDE DEL FRENTE TORMENTOSO —respondió Zahira—. ARSHALL YA DIO LA SEÑAL PARA BAJAR LA VELOCIDAD. NOS ESTAMOS ACERCANDO A LA PARADA DE DESCANSO.

¡CRASH! ¡KABUM!

Hubo un brillante destello de luz, seguido por el ensordecedor sonido del aire partiéndose a medida que las nubes circundantes se peleaban entre sí e intercambiaban cargas eléctricas.

—¿ESTO NO ES PELIGROSO? —exclamó Char—. ¿POR QUÉ ESTAMOS VOLANDO DENTRO DE LA TORMENTA? ¿NO NOS PUEDE ALCANZAR UN RAYO?

—ES MUY PELIGROSO —respondió Zahira—. ¿TODAVÍA CONFÍAS EN MÍ?

—SÍ —dijo Char a regañadientes—. ENCÁRGATE TÚ DEL VUELO.

Char se puso derecho nuevamente y observó los turbulentos cielos más adelante. Las nubes formaban un extraño tipo de túnel a través del cual los dragones volaban. En todas direcciones, las formaciones de color de sombra se revolvían y arremolinaban en formas extrañas, casi haciéndolas parecer el interior del tracto digestivo de una gran bestia. Estaba muy oscuro, con solo el brillo de la enmascarada luz solar detrás de las nubes y el ocasional destello de un rayo para guiar el camino. Se preguntó si las nubes se condensarían de repente en lluvia para que cayera sobre él como una cascada...

Antes de que lo supiera, sin embargo, algo inusual estaba ocurriendo. El resto de la flota de Dragonite se esfumó, como si hubieran sido tragados por el oscuro mar de nubes mientras no estaba prestando atención. Luego vino la más inconfundible sensación–el descenso. Zahira se había resuelto en un picado poco profundo en preparación para el aterrizaje. Era la sensación más extraña hasta ahora, produciendo un persistente temor de que caería en la más improbable de las direcciones: directo hacia arriba, en lugar de hacia abajo o atrás. Se estiró hacia adelante para asir gentilmente la base de las alas de la dragona, como se le había dado el permiso de hacer, solo para asegurarse de que no se desconectaría.

La sensación de descenso pronto se intensificó, reencendiendo todas las horribles sensaciones en el fondo de su estómago de las que había esperado haberse ya desprendido.

Vamos a aterrizar, se dijo Char, cerrando los ojos justo como había hecho durante el ascenso. En solo unos momentos, voy a estar de vuelta abajo en la tierra, en donde pertenezco. Solo un poco más... Vamos, puedo hacer esto. Luego ya no hay más vuelo. No hasta mañana. Puedo pasar toda la noche con mis amigos abajo en el suelo...

¡CRASH! Bruuuum...

Otro rayo desgarró el cielo en algún lugar cercano. Los vientos se volvieron más intensos.

El picado de Zahira se volvió más empinado. Char abrió una grieta en su ojo para ver que habían descendido por debajo de las nubes, lo suficientemente lejos para que pudiera ver con claridad el suelo, envuelto como se veía por la nube de la tormenta. No tenía idea de qué hora del día era, ni tampoco reconoció el paisaje de abajo; solo no le importaba. Su mente estaba en un solo lugar; la anticipación de tener sus pies plantados de vuelta en la tierra.

—AHÍ ESTÁ LA SEÑAL —le notificó Zahira a Char—. ACABO DE RECIBIR LA SEÑAL PARA ROMPER LA FORMACIÓN. VAMOS A ATERRIZAR.

—ME DÍ CUENTA —replicó Char.

—TODAVÍA TIENES MIEDO DEL CIELO —se dio cuenta ella—. TIENES UN FUERTE MIEDO A LAS ALTURAS.

—¿Y QUÉ ESPERAS? —gritó Char de vuelta—. ¡ESTA ES MI PRIMERA VEZ VOLANDO ASÍ! Y NO ESTOY TAN ASUSTADO. SOLO IRRITADO.

—ESTÁ BIEN —dijo Zahira, sonriéndole de vuelta, y aminorando su ritmo de vuelo—. TIENES TODO EL DERECHO DE ESTAR ASUSTADO. ES NATURAL.

¡KABUM! Un rayo cayó de las nubes a menos de un kilómetro de distancia, zigzagueando a través del cielo y golpeando el suelo lejos abajo. Char tenía que encogerse ante el sonido de cada caída de un rayo, imaginándose cada vez que él podía ser el recipiente de esa oleada de un millón de voltios de energía. Era solo otra incomodidad de volar para agregar a su larga lista...

Pero, por tantas incomodidades que él contaba, sabía que ella tenía razón. Bajo todo, todavía le tenía miedo a las alturas. Las temía porque había todavía tanto que estaba fuera de su esfera de comprensión. Después de todo, todavía no tenía alas. El cielo no era su lugar. Por supuesto, estaba el único miedo que eclipsaba a todos los demás, el único miedo que no podía ser simplemente ser explicado. El miedo de golpear el suelo.

—¿TE GUSTARÍA ENFRENTAR TU MIEDO?

—¿QUÉ? —respondió Char—. ¿A QUÉ TE REFIERES?

—¿TE GUSTARÍA SABER CÓMO SE SIENTE UNA CAÍDA LIBRE? —preguntó Zahira—. PUEDO MOSTRARTE.

Ella... ¡no puede estar hablando en serio!, se dijo Char. ¿Qué está diciendo? ¿Ella quiere que salte? No, no, no, no, no... ¡no!

—SI QUIERES SUPERAR TU MIEDO, ¡DESAFÍALO! —proclamó Zahira—. ¡UNA VEZ QUE ENTIENDES A QUÉ ES LO QUE LE TEMES, DEJAS DE HACERLO!

—¡NO QUIERO HACERLO! —afirmó Char tan fuerte como pudo, apretando sus alas incluso más.

—LO SÉ —respondió ella—. ¿PERO NECESITAS HACERLO?

—¡SÍ! —soltó Char—. ¡NECESITO HACERLO!

—¿Y POR QUÉ ES ESO? —preguntó ella.

—PORQUE... —exclamó Char—. ¡QUIERO SER MÁS FUERTE!

¡CRASH! Y otro rayo más iluminó el mundo. En el destello, Char divisó el suelo abajo, todavía lo suficientemente lejos para parecer un tapiz tejido...

—¡ENTONCES SALTA! —exclamó Zahira en tono alentador.

—¡Y-Y-YO... —empezó Char, su corazón latiendo igual de intensamente como cuando se había resbalado por primera vez, mientras se asomaba por sobre el borde de la espalda de la Dragonite e instintivamente rehuía de la visión—. YO... PODRÍA NECESITAR AYUDA!

Sin un retraso más, Zahira se contorsionó en el aire, girando su cuerpo en un círculo completo. Cuando se enderezó, ya no tenía un pasajero.

Y Char cayó.

Era una sensación de humildad, caer interminablemente a través del vacío del cielo, sabiendo que no había esperanza de salvarse por su cuenta. Sus ojos se cerraron completamente de golpe, su mente llenándose con una ensordecedora euforia que lo drenaba de cualquier otro pensamiento. Se sentía como un juguete del viento mientras pasaba a toda velocidad en sus costados más poderosamente que nunca antes, resquemando su piel y desafiando a la llama de su cola por todo lo que valía. Sintió que pasaba por su rostro, casi inutilizando a sus pobres pulmones...

Al comienzo, eso fue todo lo sintió. El viento. Y el sonido del trueno estallando cerca de él.

Cuando la conmoción inicial se desvaneció lo suficiente, Char permitió que sus ojos se abrieran lentamente. Percibió sus alrededores como en un estado de trance... observó cómo el suelo se movía hacia él tan ligeramente... observó cómo varias gotitas de lluvia caían con él a sus costados, danzando como diminutas y translúcidas flamas autosustentables...

Y luego... antes de que lo supiera...

Pam.

Estaba mirando otra vez en los ojos de Zahira mientras ella lo acunaba en sus brazos. Había caído por solo más de un minuto entero, convencido de que no había sido más que unos cuantos segundos.

—¿Bien? —dijo Zahira en una voz baja mientras flotaba inmóvil—. ¿Cómo estuvo?

—No estuvo tan mal —admitió Char, rompiendo en una pequeña sonrisa—. ¡Creo que podría acostumbrarme a hacerlo!

—Es maravilloso, una vez que aprendes a volar —dijo ella—. Si solo tuvieras alas...

Mientras que la acrobacia no había vencido completamente su miedo a las alturas, ciertamente había hecho que se retirase y se acobardara detrás de una roca. Se sintió muy orgulloso de sí mismo por haber enfrentado su miedo, y explorado lo desconocido que tenía escondido tras el mismo. Supo que fue un gran paso para volverse más fuerte.

Mientras la tormenta continuaba adquiriendo fuerza, y mientras Zahira llevaba a Char abajo al punto de descanso designado, él ya estaba empezando a tener ganas de volar de nuevo mañana.


La letra se canta al ritmo de "Don't Ever Forget" de Pokémon Mundo Misterioso: Exploradores del Tiempo/Oscuridad/Cielo.

Traducido por WillChar96.
Translated by WillChar96.


Nota del traductor - 31/I/2014

Un pequeño poema en este capítulo, justo al comenzar. Fue todo un reto (como siempre) hacer que rimara y que tuviera ritmo. Como el original, este encaja con una música que está presente en uno de los juegos de PMM (está especificado más abajo), así que pueden cantarlo mientras lo leen (no va en serio).