¡Adivinen, adivinen qué!:
¡No es el último capítulo!
Ustedes se preguntaran ¿pero cómo? ¿o sea yo: Katherine, sería capaz de alargar un fic? Por favor, no. Cómo se les ocurre xD
O sea si es el último, pero es que tuve que dividirlo en dos partes DX, este solo es la mitad del final, por lo que decidí dividirlo para que no se hiciera tan pesada la lectura. Espero mañana sin falta tener la última parte que en definitiva es la final.
Este capítulo me apresuré a terminarlo por el cumpleaños de una amiga, y como solo es la mitad espero tener el resto del capítulo hoy mismo (o quizás mañanita x3)
Muchas gracias también a todos quienes me comentan y me han tenido paciencia todo este tiempo.
En fin, no me alargo más porque me emociono *.* ya se viene el final y no hay nada que lo impida, ya no se puede alargar más. El próximo si o si es el fin.
Nota: kenbunshoku haki es el poder de sentir la presencia de alguien. Actualmente Zoro es poseedor de este Haki.
Después de esa noche de locura, Zoro llevó a Deni al cuarto de las chicas, para minutos más tarde encerrarse en el suyo y así poder dormir relajadamente. Todo el asunto de la confusión sumado a los problemas que ya venían arrastrando le había traído dolores de cabeza y para la mañana siguiente necesitaba estar repuesto, ya que no estaba dispuesto a esperar ni un solo día más sin aclarar las cosas con Deni.
Había dormido maravillosamente bien, eso era innegable. Poco le importaba si ese día zarpaban o no, ya que probablemente no se daría cuenta. Dormiría hasta conciliar el sueño acumulado de todas las noches anteriores de insomnio, luego se levantaría fresco como una lechuga, y no por lo verde, para entablar una buena conversación.
Pero jamás se imaginaría que su sueño sería interrumpido y vaya de qué modo. Todo lo que veía dentro de su subconsciente mientras dormía estaba siendo perfecto como para que un tarado viniese a interrumpirlo: se encontraba en una de las últimas islas del nuevo mundo, manteniendo una lucha para ganarse el título del mejor espadachín. Después de un intenso combate, Mihawk por fin había caído bajo el filo de su katana, hecho que le permitió a Zoro proclamar el titulo que tanto deseaba con honores.
Gotas de agua comenzaron a caer sobre su rostro ensangrentado mientras miraba hacia el cielo y el cuerpo de su contrincante yacía bajo sus pies. Parecía una lluvia tropical puesto que a cada segundo el agua se entibiaba. Aunque ni siquiera le prestaba atención a la lluvia, la dicha era más grande. Hasta que comenzó a quemarle la piel, distribuyéndose por todo su cuerpo.
Se incorporó de un salto a la vez que abría los ojos zafándose del sueño. Para su sorpresa no estaba en su cama y a pesar de haber despertado el ardiente líquido seguía quemándole la piel.
Antes de enfocar la vista hacia cualquier extremo de la habitación intentó removerse para salir de ahí, pero una leve patada en el pecho le hizo caer de espaldas nuevamente en aquel recipiente lleno de agua: la bañera.
Y para que su día comenzara 100% de la peor manera a un costado del baño se encontraba Sanji apoyado en los azulejos que formaban la pared. El cocinero permanecía inmóvil mirándole con expresión de fastidio y los brazos cruzados a la altura de su pecho.
—¡¿Se puede saber que mierda te ocurre, cocinero idiota?! —espetó furioso al no encontrar más lógica que la del mismo rubio jugándole una broma echándolo a bañarse.
—¿Es que acaso no te sientes el olor a pudrición, estúpido? —respondió acercándose con un enfado incomprensible y cerrando rápidamente la cortina— ¡Apestas, Apestas!
Sacudió la cabeza y frunció el ceño con fastidio, dispuesto a pararse y darle la pelea de la vida al cocinero.
Pero… no solo estaba tendido en una bañera en donde el agua se encargaba de arrastrar cualquier rastro dejado por los entrenamientos, sino que también se encontraba desnudo, ¿tan profundamente durmió que ni se dio cuenta que le quitaron sus prendas?
—¡Esta te va a salir caro, ero cook!
Sanji lo miró de reojo hacia el lugar físico donde se encontraba su nakama y no pudo evitar exhalar una bocanada de humo con molestia…
No quería admitir que estaba dispuesto a ayudarlo ese día, después de todo el que su nakama estuviese mal con Deni era culpa solo del y de su estupidez sin límites. Pero sí que se sentía con el deber de hacerlo. Fue lo planeado por Nami y ante eso toda la banda estuvo de acuerdo.
A esa pareja le hacía falta un pequeño empuje y eso precisamente es lo que le iban a entregar sus nakamas.
"—¿Solo la llevó a acostarse y nada más?
Esa misma mañana los mugiwaras, exceptuando Zoro y Deni, se encontraban reunidos en la cocina, quienes mientras desayunaban mantenían un interrogatorio sobre lo acontecido la noche anterior.
—Nada más —Robin que estaba despierta cuando Zoro entró en el cuarto, para dejar a una Deni derrotada por el sueño en la cama, pudo notar perfectamente que nada habían aclarado esa noche.
—¡Me tiene de los cojones esta situación! —exageró Sanji que se encontraba cabreado y echando humo mientras cortaba las verduras como si estuviese descuartizando al más terrible enemigo— ¡Ya no soporto ver a Deni-san triste!
—No debemos meternos en ese asunto, es necesario que se perdonen a sí mismos. Solo así sanarán las heridas para volver a estar juntos.
Todos enmudecieron con pesar ante la respuesta del miembro más inteligente de la tripulación, y vaya que tenía razón Robin. Si Deni y Zoro no estaban bien consigo mismos, difícilmente estarán bien los dos juntos. Eso era algo que se venía reflejando desde la tragedia de la isla anterior.
—Tengo una idea —anunció Nami que en todo momento se mantuvo callada intentando idear algo en su mente—, ¡Tendremos que aplazar un par de días la salida!
—¡Pero quiero aventuras! —protestó Luffy sin dejar de hacer un puchero— ¡Esta isla es muy aburrida!
—¡Idiota! ¿Acaso no quieres que Zoro y Deni vuelvan a estar juntos? —le reprochó amenazándolo con un puño, ante lo cual el capitán aceptó obedientemente y más si se trataba del bien de sus dos nakamas"
—¿Acaso no quieres hablar con Deni-san, idiota? —Se animó a preguntar el rubio, dándole entender que le querían echar una mano—. Por lo menos muéstrate presentable ante una dama.
Zoro le miró con asombro intentando asimilar lo que sus oídos escucharon segundos atrás, ¿era el cejas de remolino quien le estaba ofreciendo ayuda?
Probablemente se trataba de una broma de mal gusto o simplemente el cocinero se estaba volviendo loco, pero independiente de la razón que fuese, aun guardaba el suficiente orgullo como para no dejar que los demás se metieran en sus asuntos.
—¡Ese no es tu problema! —finalmente se dejó llevar por el enojo, y poniéndose de pie arrastró la cortina blanca de la ducha para cubrir sus partes intimas— ¡Hazte a un lado, quiero salir!
—Por lo menos iras decente y no con ese trapo que tiene el mismo color que tu cabeza de alga —Sanji ignoró su mandato, convenciéndose mentalmente que debía quedarse hasta que el espadachín le hiciera caso de una vez por todas. Incluso si eso le resultaba desagradable al rubio.
—Yo iré como se me dé la gana —farfulló empecinado en no recibir ayuda. Alcanzó con su mano libre la toalla que colgaba a un costado de la pared, cubriéndose con ella sus partes intimas—. Se lo que tengo que hacer.
—Deja tu estúpido orgullo de lado y acepta ayuda alguna vez, marimo imbécil —recrimino un poco más calmado, extendiendo el brazo rápidamente para arrebatarle la toalla y luego con la punta de su pie derecho empujarlo nuevamente hacia el chorro de agua—. Para mí tampoco es fácil ayudar a un idiota como tú.
Mientras tanto en el dormitorio de las chicas Deni aun descansaba después de la agitada noche de borrachera extrema. Para su suerte no despertó con resaca, pero si le pesaban demasiado los ojos. Quizás había llorado. No tenía idea, ya que los últimos recuerdos que alcanzó a recopilar fue el de verse aun en la espalda del espadachín mientras se dirigían al barco.
Semi despierta y volteada hacia la pared intentó dormir un poco más. Estaba a punto de cerrar los ojos cuando de repente el colchón se inclinó hacia un lado, de modo que en el segundo que quiso afirmarse de algo se vio de boca tirada en el suelo.
—¡Es un buen día para zarpar hacia un nuevo destino! —exclamó la causante de que Deni se encontrase en el suelo sobándose la nuca, quien no era otra más que Nami sacudiéndose las manos para luego abrir las cortinas dejando que los rayos de sol se colaran por la ventana—. Y de dejar los malos recuerdos atrás ¿no crees?
—¡¿A qué viene eso, Nami?! —cuestionó Deni a la vez que entrecruzaba las piernas para permanecer sentada cómodamente en el suelo, mientras que aun se afirmaba la cabeza producto del dolor que le ocasionó el golpe.
—En cuanto el agua se entibie iras a darte una ducha —anunció con voz autoritaria, posando ambas manos en la cintura para darle más peso a sus palabras—. Ya va siendo hora de que comiences a preocuparte por ti y dejar atrás el pasado. Eso incluye que vayas arreglándote esa fachada.
Deni intentó decir algo, pero solo consiguió balbucear una que otra cosa indescifrable.
—Además, no creo que quieras que todos noten la resaca que traes de anoche, ¿no? —insistió la navegante cargando el tono de voz en la palabra todos y estrechando los ojos de manera amenazante.
Eso le hizo recordar a Deni la forma en que Zoro la tuvo que cargar para traerla de vuelta al barco, si hasta estropajo parecía de lo lacia que estaba. Lo mejor era hacerle caso a Nami y presentarse de la manera más digna ante todos y por sobre todo delante del espadachín.
—Bueno, —susurró haciendo paulatinamente más alto el tono de voz a la vez que se llevaba un dedo a la barbilla—, en ese sentido tienes razón, pero el pasado no lo puedo enterrar tan solo con una imagen… ¡Aunque si dices que de esta manera seré más feliz es porque es totalmente cierto! —Se defendió al notar el aura demoniaca que comenzaba a desprender Nami, por lo que le dio la espalda arrastrándose como pudo a la ducha— ¡Tienes razón, Nami! ¡Lo capto, lo capto!
—Así está mejor —murmuró la navegante luego de soltar una risa mientras perdía a su nakama de vista.
Y entretanto que Deni comenzaba a darse una ducha, Zoro ya había terminado la suya. Se amarró la toalla a la cadera y se dirigió al dormitorio, deseando que el rubio no estuviese presente para vigilarlo mientras se vestía. Ya suficiente había tenido con que permaneciera molestándolo durante toda su ducha, mientras le daba charlas de cómo debería comportarse con Deni.
Sin darse cuenta un ojo brotado del mismo techo le estaba observando.
—Al fin salió de la bañera —comentó una voz femenina desde la cocina.
El ojo desapareció para luego brotar una mano desde un estante donde se encontraban algunos frascos con gel para el cabello. Con mucha cautela destapó uno de ellos vertiéndolo sobre Zoro cuidadosamente, de modo que pareciera un accidente.
—¿Pero qué demonios?
Miró hacia el estante extrañado, pero la mano se deshizo en algunos pétalos en cosa de segundos, sin dejar rastro de que se trataba de un complot entre todos los mugiwaras.
Chasqueó la lengua molesto deslizando una mano sobre el cabello para luego mirarse la palma, y al notar que solo era gel no le quedó más remedio que posarse frente al espejo del baño para quitarse el exceso, y así los restos que permanecieron en su cabeza esparcírselo de modo que le quedó el pelo verde ligeramente peinado hacia atrás.
—¡Robin, podrías haberte esperado! —exclamó Nami en la cocina, alarmada al notar que su nakama ni siquiera había esperado a que Zoro se vistiese.
—No hay porque alarmase, no será el primer hombre que veo después de ducharse —se defendió con total naturalidad la arqueóloga soltando una leve risa.
—¡No quería saber tanto! —interrumpió enrojecida ante la respuesta tan directa—. ¿Qué demonios ocurre con esta tripulación?
Y en el dormitorio de las chicas, Deni terminó de ducharse dejando atrás el olor a alcohol y cigarro de la noche anterior. Ahora debía concentrarse en lo que le había dicho Nami: arreglarse y cambiar el chip de una vez por todas.
Cubriéndose con la toalla se encaminó hasta el espejo que colgaba en el otro costado del baño, y si, definitivamente su rostro había tomado un aspecto deplorable. Intentó hacer lo que estaba a su alcance con su pelo y rostro frente al espejo, quedando conforme con el resultado.
Una vez se dirigió al dormitorio encontró una prenda de vestir encima de la cama, la cual se notaba nueva puesto que aun traía etiqueta. Al lado descansaba la boleta, con el precio de la prenda tachado y rotulado con números grandes un valor que superaba por el triple al original.
Cortesía de Nami; le agradeció mentalmente mientras un tick nervioso se instaló en su ceja al pensar en los intereses a futuro.
Después de entablar una batalla casi a muerte con lo que según él era la ropa más ridícula que le habían dejado en toda su vida, Zoro se vio obligado a portar encima la camisa negra y el pantalón azul verdoso que apareció tendido en su cama. Sin darse cuenta habían desaparecido todos sus atuendos de lucha, incluyendo el que usó antes de separarse de la banda en el archipiélago Shabondy. Para colmo el dormitorio estaba envuelto desagradablemente en perfume de hombre, y no encontró otro culpable más que mister hemorragia nasal.
Solo que no se había dado cuenta de un detalle: en una esquina del lugar, muy escondido debajo de una cama Ussop se había encargado de dejar una de sus semillas que al instante se convirtió en una pequeña planta aromática. Eso fue suficiente para impregnar al espadachín de una buena fragancia para presentarse ante una mujer.
Finalmente salió del dormitorio no sin antes escudriñar con la mirada cada rincón del barco.
No estaba dispuesto a que los demás lo viesen vestido de aquella forma tan estúpida. Al único que le daría ese privilegio sería al ero-cook en ese mismo instante. Entraría a la cocina y a golpes le haría escupir el lugar donde escondió su kimono.
Abrió la puerta de un solo golpe y miró con semblante endemoniado, gesto que cambio al instante al ver que ni siquiera Sanji se encontraba en el lugar. A cambio de eso, una nota gigante se alcanzaba a ver sobre la encimera que separaba la cocina del comedor. Zoro se acercó al mueble y posó el papel en frente de su vista, pero a medida que lo iba leyendo la vena de la cien comenzó a abultarse considerablemente.
"Marimo idiota, gracias a tu estupidez nos quedamos sin sake para el resto del viaje. Mueve el culo hacia el pueblo, que Luffy se perdió en la isla y hemos salido a buscarlo.
Espero para cuando lo encontremos, tú te hayas perdido para siempre"
Al lado de la nota había un fajo de billetes que daba abasto suficiente para comprar licor que alcanzase para el viaje desde allí hasta la próxima isla. Pero el espadachín no recordaba haberse bajado tantas botellas como para que estas ya comenzaran a escasear.
Ni tonto, ni estúpido seguiría una orden del ero-cook, pero se trataba de sake, podría reconsiderarlo.
En ese instante Deni entró a la cocina, obligando a Zoro a darse vuelta en posición de defensa. Según él todos se encontraban en la isla en búsqueda de su inteligente capitán, pero jamás se imaginó que precisamente esa persona se quedaría en el barco.
Se vieron presionados a darse la espalda el uno al otro, encendiéndoseles las mejillas como fuego en la hoguera al contemplar lo bien que se veía la persona que tenían en frente.
—Ah, Zoro —intentó disimular Deni sin poder quitarse esa imagen de la mente. Difícil sería poder borrar el momento que vio a su nakama más guapo que cualquier otro día—. ¿Y los demás?
—Hay que ir al pueblo, al imbécil del ero-cook se le olvidó comprar sake suficiente para el resto del viaje.
Llevaba un vestido blanco, con un escote no muy pronunciado, al menos dejaba para la imaginación. Era sencillo y a la vez insinuador. Desde sus senos hasta la cintura se veía entallado a su figura y el resto hacia abajo se enanchaba hasta mitad del muslo formándose unas ondas gracias al viento.
No había sido consciente de lo mucho que le creció el pelo. Seguía manteniéndolo amarrado en una coleta como era su habitual costumbre dejándolo caer hacia un lado de su hombro, y se podía notar claramente gracias al contraste que hacía con el vestido que casi le llegaba un poco más debajo de la cintura.
Mirando más abajo se dio cuenta que llevaba puesto unos zapatos con taco alto, del mismo color que el vestido. Eso sí que era demasiado nuevo para el espadachín. Deni era alta como Nami, pero ese calzado le hacía lucir las piernas más largas y femeninas. Definitivamente esos tacos sería lo último que despojaría del cuerpo de su compañera.
—Vamos entonces —se ofreció a acompañarlo Deni, imaginando que si lo dejaba ir solo no volvería hasta en mínimo dos días más.
Antes de salir de la cocina, Zoro siguió dándole la espalda, teniendo que hacer esfuerzos enormes para relajar su mente y así dejar de enviar sangre a cierta zona que logró despertarse.
La imagen de su nakama de blanco que reflejaba casi inocencia, pero a la vez esos tacos que la hacían verse lujuriosamente sexy le habían causado un efecto no deseado en su parte más intima. Para su colmo el maldito pantalón que le había dejado el ero-cook era condenadamente apretado, no ayudando en nada con la causa.
Encima el espacio fue llenado por una exquisita fragancia de frutillas, ¿acaso quedaba algo más que le impidiese llevar las cosas con calma ese día?
Luego hizo ademán de dejar la cocina, pero al acercarse a la salida Deni aun se encontraba en el lugar imposibilitándole el paso. Se había quedado absorta en la imagen del espadachín tan bien arreglado que fue incapaz de mover un solo músculo. Llevaba una camisa negra de mangas cortas, de modo que los brazos y sus formidables pectorales quedaban al descubierto invitando a ser devorados con la mirada. Zoro a sus ojos era simplemente hermoso y ese día se veía demasiado hermoso. Sin poder evitarlo se acercó hasta quedar a escasos centímetros de él.
Estaba siendo envuelta por el embriagador aroma que desprendía el cuerpo de su nakama e inconscientemente deslizó uno de sus dedos por el trabajado torso que dejaba expuesto un par de botones desabrochados de la camisa, mientras que sus ojos recorrían con ansias el alborotado cabello verde hasta terminar en los tres aretes que colgaban del lóbulo de su oreja.
Zoro tuvo que hacer un gran esfuerzo para ignorar la electricidad que sintió ante el contacto de su piel. Intentó contra su voluntad no dejarse llevar por sus instintos; quería descubrir hasta donde sería capaz de llegar Deni. Eso le daría el aviso de que las cosas iban bien o no.
¿Qué ocurriría si lo besaba? ¿Volverían a lo mismo y al tiempo Zoro nuevamente la abandonaría?
Se sintió presa de un escalofrío al imaginarse un futuro de esa manera, y la idea de besar a Zoro fue desechada rápidamente.
Se separó del espadachín fugazmente como si el hecho de tocarlo la fuese a quemar, mientras que una mueca que reflejaba dolor interior surcó su rostro de forma instantánea. Zoro logró notar perfectamente aquel gesto y con ello entendiendo las dudas de Deni. Sabía que no iba ser tarea fácil recuperarla y todo por culpa de sus reiteradas indecisiones.
Deni abandonó la cocina dejándole libre acceso al espadachín para que la siguiese, y así ambos emprendieron una marcha silenciosa al pueblo, esperando de alguna manera que en el trayecto las cosas mejorasen.
Cuando llegaron al centro comercial un cheff llamó la atención de la pareja, algo que agradecieron los dos mentalmente ya que con ello se rompió el silencio que venían arrastrando desde que dejaron el barco.
El hombre extraño que permanecía parado a escasos metros de la entrada de su local los estudió de pies a cabeza: un hombre con cabeza de marimo y una chica guapa de pelo violeta.
Definitivamente concordaba con la descripción que se le había entregado.
Insistentemente los invitó a degustar de sus maravillosos platos que solo los afortunados que llegaban a aquella isla tenían la dicha de probar.
Deni y Zoro se dirigieron la mirada ante la tozudez del hombre y se encogieron de hombros, sin saber muy bien qué hacer. Hasta que el rugido del interior de la chica acusó en breve sus ansias por probar lo que el cocinero tenía para ofrecerles.
—Yo la verdad es que si tengo hambre.
Al entrar el amable cheff los dirigió a una mesa para dos que se situaba en una esquina del salón, que por lo demás parecía un lugar con un toque romántico dado la luz tenue que iluminaba el lugar. Una melodía proveniente de un violín comenzó a extenderse por todo el lugar; era un sonido exquisitamente pausado y dulce, pero que no se tenía la menor idea de quien provenía. Y a pesar de que a Zoro le pareció extrañamente conocida, se olvidó del tema al notar que su compañera de mesa revoloteaba con las puntas de su cabello de forma nerviosa. Solo entonces el espadachín cayó en la cuenta del contexto en que se encontraban: en un lugar romántico, sentados en una mesa para dos y cada uno bastante bien arreglado para lo que tenía pinta de… una cita.
Roronoa Zoro; el cazador de piratas jamás había tenido una cita y eso solo provocó que el nerviosismo de Deni se le contagiase a él también.
Mientras contemplaba la cursilería del lugar, el espadachín se preguntó que estaría pensando Deni sobre la situación de ellos dos. No había articulado palabra alguna en el camino, sin embargo aceptó ir con él al pueblo a buenas de primera.
Chasqueó la lengua molesto al hacerse consciente de lo que estaba pensando. Toda la vida se cuestionaría por el momento en que comenzó a sentir atracción por la chica que tenía sentada en frente… probablemente algo así jamás tendría respuesta.
Para Zoro mucho antes de que estos sentimientos dieran a lugar en su interior, sentir amor de pareja no era más que uno de los cuantos obstáculos en el camino de un hombre para alcanzar sus vicios y metas, sobre todo cuando se trataba de una gran aspiración. No por nada a muchos de los luchadores fuertes jamás se les vio alguna vez con una chica. En el mundo pirata nadie se preocupaba por aquellas cosas.
Pero incluso Gol D Roger tuvo una familia, siendo el mismísimo Rey de los Piratas.
—Zoro —la voz de la chica finalmente le sacó de sus pensamientos. Había bajado la mirada hacia su plato de comida, el cual revolvía con nerviosismo mientras buscaba las palabras para desahogarse—, me gustaría aprovechar la ocasión para pedirte disculpas —el solo hecho de recordar porque pedía disculpas le hizo ruborizarse inevitablemente—, siento mucho haber pensado mal de ti, ya sabes, sobre Naomi... Aunque supongo que tu pensabas lo mismo con respecto a Law —al levantar la vista y encontrarse con un bufido de Zoro molesto se echó a reír a carcajadas—. Lo imaginaba, solo que tú fuiste más maduro y no armaste escándalo, como yo. Discúlpame también por lo que te hice…lo del baño…
Un silencio incómodo para Deni inundó el lugar, Zoro seguía comiendo y bebiendo sake como si no hubiese escuchado nada. Tal parece que había metido la pata y que aún no era el momento para hablar de eso.
—Las disculpas las acepto —respondió categóricamente—, siempre y cuando no vuelvas a pensar mal.
—¡Me alegro mucho que ya no estés molesto! —exclamó alegremente Deni antes de darse cuenta del significado oculto de aquella frase. Por algo solo impuso esa condición y no la de volver a tomarlo por sorpresa en el baño— ¡¿Qué quisiste decir, pervertido?!
Cuando se dio cuenta que la clientela de alrededor fijó su atención en ella, volvió a su posición normal con elegancia, como si nunca hubiese dicho un improperio.
—Oye, oye —le paró en seco Zoro con un tick marcado en la frente y una sonrisa torcida—, podrías hablar más despacio, no es necesario que los demás se enteren de nuestra vida sexu…
—¡No sigas! —Deni sacudió las manos en ademan de parar tan intima conversación, pero luego se le vino a la mente la idea de picar a Zoro. Volvió a una postura tranquila, permitiéndose esbozar una leve y traviesa sonrisa—. Aunque ahora que lo dices es cierto, ¿Qué diría la gente si supieran que eres un sumiso?
—¡¿A quién le llamas sumiso?! —espetó endemoniado, poniéndose de pie y apoyando fuertemente las manos sobre la mesa, de modo que al menos veinte pares de ojos se volvieron hacia ellos nuevamente.
—¡A quien me dejó hacerle de todo el otro día en el baño! —respondió Deni devolviéndole el gesto.
—¡Me mordiste y me chupaste la sangre, tramposa!
Cuando fueron consientes de que diez pares de ojos más se sumaron a la escena, volvieron a su asiento abochornados por el espectáculo que acababan de montar.
Con aquel intercambio apasionado de palabras, Zoro solo consiguió que los recuerdos de ese día en el baño llegasen de forma instantánea a su mente, reproduciéndose como si se tratara de una perfecta película. Su cuerpo ya había comenzado a reaccionar y tuvo que removerse en su asiento intentando que el movimiento bastara para aminorar la presión de la ropa sobre su intimidad. Algo que no consiguió.
Maldito pantalón de mierda, ya se encargaría de rajarlo una vez llegase al barco.
Mientras cada uno terminaba su almuerzo, Deni aguardaba el momento en que Zoro se decidiese a hablar de una jodida vez. Sabía que tenía que decirle algo, conocía demasiado bien al espadachín como para notar que estaba incomodo y con una lucha interior para dejar salir lo que hace mucho tiempo llevaba guardado.
Pero también lo conocía muy bien como para dar por hecho que, pese a todo, Zoro podía tardar cientos de años en comenzar a hablar.
Y a pesar de que lo amaba desde lo más profundo de su ser y le había aguantado muchas cosas en el pasado, esta vez ya estaba perdiendo la paciencia. No quería seguir manteniendo esa relación con el espadachín de a veces sí y a veces no. Caliente o frío; negro o blanco; si o no, pero "tibio", "gris" o "más o menos" ya no más.
—Te veo algo incomodo —acusó con una frialdad que logró sacar desde quien sabe dónde—. ¿Hay algo que quieras decir, Zoro?
Ya había terminado su plato y el espadachín también, por lo que mantuvieron la mirada fija sobre el otro sin mover ni un solo músculo. Deni aguardaba expectante la respuesta de su nakama. Sabía que fuese cual fuese bastaría para que las cosas finalmente quedasen claras entre ellos dos.
Sin embargo, Zoro aun no se sentía preparado mentalmente para iniciar la conversación.
—No.
Una vez más, a Deni se le había derrumbado el mundo en mil pedazos.
—Bien —logró decir con voz temblorosa antes de pararse y dirigirse velozmente a la salida, dejando a Zoro completamente solo.
Una vez más se encontró en las calles del pueblo luego de dejar el restaurant, y dispuesta a comprar el sake que había encargado Sanji fue en busca de alguna botillería. Una vez tuviese en sus manos las botellas con licor volverían al barco y se separaría de Zoro para siempre, siendo lo único que uniese a ambos su condición de nakamas.
Pero algo le obligó a detener el paso, cuando vio de reojo un local que se le hizo familiar al instante en que pasó por el lado del.
Era la misma tienda, estaba segura, no podía equivocarse. En la vitrina se podía ver el mismo atuendo rojo que le había comprado a su bebé, entre otras cosas más. Apoyó sus manos en el vidrio de la estantería y sintió una opresión en el pecho tanto que le carcomía el alma. Más aun cuando del local salió una pareja de enamorados, notándose en la chica un embarazo bastante avanzado.
Se veía tan feliz…
Los recuerdos golpearon tan profundamente en su interior que se vio obligada a darse a la fuga. En algún lugar de la isla necesitaba permanecer sola, alejada del resto incluyendo en lo posible a Zoro.
Luego de pagar la cuenta el espadachín rápidamente salió del lugar, atropellando a cuanta gente se le cruzara por el camino. Miró hacia un costado, alcanzando a divisar a Deni doblando en una esquina. Chasqueó la lengua molesto, tampoco era para que saliera con tanto enojo que hasta se arrancó de él.
Con pasó rápido intentó seguirla, pero apenas emprendió la marcha desvió la mirada encontrándose con la tienda de ropa para bebes.
El interior de Zoro también recibió un golpe fuerte de dolor; los recuerdos asecharon rápidamente su conciencia, sobre todo el momento en que indagó en las compras que Deni hizo aquella vez, encontrándose con los mismos atuendos que semanas atrás habían quemado y que en ese mismo momento estaba viendo una réplica exacta en la vitrina del local.
Sacudió la cabeza para intentar olvidar aquel episodio, pero rápidamente la idea de que Deni también se encontró con la tienda azotó su mente.
Ya era hora, la instancia para por fin decirse todo lo guardado por ambos estaba completamente lista.
Nuevamente comenzó la carrera por encontrar a su nakama antes que el día terminase y con ello la oportunidad de arreglarlo todo se les escapara.
Intentó utilizar todo su sentido común para no perderse, no esta vez. Incluso utilizó el kenbunshoku haki, algo que le resultó realmente útil pues con mayor facilidad logró encontrar a su nakama quien permanecía parada en medio de un pequeño bosque en las afueras del pueblo.
Se encaminó pausadamente al lugar donde se encontraba Deni dándole la espalda, obligándose a detener el paso cuando escuchó que un leve tarareo provenía de sus labios. Su cuerpo tiritaba mientras entonaba una canción casi en un hilo de voz. Entonces cuando sintió que Zoro estaba muy cerca suyo extendió su brazo izquierdo hacia atrás, dejando ver un papel enrollado que apretaba con la mano.
—Esta era la canción que compusimos con Brook, para cuando él naciera.
Lentamente, y temeroso de lo que iba a presenciar, Zoro tomó el papel para mirarlo con detalle, a sabiendas de que ese momento marcaría un antes y un después en su vida.
Un golpe en secó obligó a Deni a darse la vuelta, pero cuando presenció la escena más imposible de su vida sintió que el corazón se le detuvo en un segundo que pareció eterno.
Zoro estaba ahí, frente a ella de rodillas con los brazos apoyados en el suelo. Su rostro permanecía muy cerca de la tierra y en su mano derecha mantenía el papel con el escrito que ella le había mostrado.
Algo dentro de él comenzó a romperse en mil pedazos…
Gracias a , una página donde encontré una lista completa de reproducción de temas de Op. Estuve todo el capítulo escuchando temas y eso me ayudó a inspirarme un poco más.
Quisiera contarles un poco de mí (aunque no les importe xD) pero he tardado porque entrar a la vida laboral no ha sido nada fácil, ahora cuento con tiempo libre porque estoy de vacaciones, esto de hacer clases me permite tomarme las vacaciones de los alumnos jaja. Dentro de las cosas que he podido hacer este último tiempo fue un cosplay de Law *o* lo cual me encantó y seguiré yendo a los eventos con el traje hasta que me canse. Y también me hice un tatuaje en la espalda del Jolly Roger de Law :3 Bueno esto ya varios lo sabían, si alguien no lo ha visto en mi deviantart están las fotos x)
Espero les haya gustado la primera parte yyyyy sean buenitos y dejen review en estos últimos días de vida de mi fic. Últimamente he recibido súper pocos, si se portan mal me replanteare la idea de subir el otro cap hoy ( xd
¿Hay alguien más a parte de mi en que al leer la escena del baño con Zoro y Sanji se le pasaron pensamientos pervertidos y oscuros? xD
¿Y en el momento en que Deni llamó a Zoro "sumiso", se le pasó por la mente "dominante"? xD
