Disclaimer: No me pertenece ninguno de los personajes que aparecen en este fragmento de historia.
CAPÍTULO 38. Jaque mate.
No hizo falta que Charles, Scott ni Tormenta se giraran para ver que tenían compañía a sus espaldas.
Betsy apuntaba al profesor con una prolongación de sus puños de un violeta que emitía tanta luz que hacía daño a los ojos, igualando fuerzas. Por su parte, Alex se encontraba tras Scott y Ororo, mirando de arriba abajo al primero, sopesando sus posibilidades.
-No hace falta emplear la violencia, Eric- dijo entonces el profesor, tratando de calmar los ánimos inútilmente.
-¿En verdad no hace falta, Charles?- cuestionó Magneto, alzando una ceja- Permite que nos llevemos a la chica sin oponer resistencia, y nosotros quizá seamos magnánimos.
-No podéis llevárosla- declaró Charles, a pesar de lo precario de su situación.
Pietro movió la mano peligrosamente aferrando la barbilla de Jean. Ante aquel gesto, rápidamente Scott posó los dedos en sus gafas, sintiéndose algo inseguro cuando se percató de que Alex tenía alzadas las manos en su dirección.
Las llamas atentaron con quemar el techo, elevándose y abrasando las paredes.
-Debe estar en un sitio adecuado para ella- añadió el profesor, sin alarmarse.
John se adelantó un paso para contestarle, pero Magneto lo detuvo con un gesto de la mano.
-Me parece, Charles, que no estás en situación de poder decidir nada- le dijo Eric, esbozando una sonrisa cínica- ¿No te has dado cuenta de que tu mente funciona mucho más lenta?
El profesor cerró los ojos, pesaroso. Por algún motivo, se sentía cansado y abatido, sin poder enfrentarse a nada. Detrás, Mariposa Mental sonreía de la misma forma que Magneto, satisfecha.
Paulatinamente, Charles abrió los párpados y volvió la cabeza con esfuerzo hacia la mujer rubia que lo señalaba con una daga brillante que parecía formarse de su propio brazo.
-Puedes enfrentarte a cada uno de nosotros- prosiguió Magneto-, o acudir en ayuda de tus alumnos, los que están en el fabuloso baile- agregó, ufano.
-Los alumnos, profesor…- pudo decir Tormenta, como si acabara de darse cuenta de que había olvidado algo muy importante.
-Lástima que estés bloqueado y no hayas podido preverlo- sonrió Magneto, avanzando hacia las llamas, para que sus ojos quedaran en el campo de visión de Charles- Tú decides, Charles. Salvas a tus alumnos o haces un intento vano por rescatar a la chica, y asesinamos a tu querida Jean.
Al escuchar aquello, a Logan se le hinchó la vena del seno sagital, en la frente. Pareciera que con cada latido le fuera a explotar la cabeza. Sus garras emergieron de los nudillos, con un sonido metálico.
Magneto ni siquiera tuvo que mirarlo para alzar una mano y hacer que una fuerza invisible lo empujase contra una de las paredes, con un ruido sordo cuando su espalda aterrizó contra el muro.
-No entiendo cómo has podido ser tan imbécil como para dejar que te incrustaran adamantium en los huesos- se burló Magneto, dirigiéndole una mirada de soslayo- Puede que tengas ventaja sobre otros mutantes, pero para mí eres como una marioneta mal hecha, demasiado fácil de manejar.
Logan le dedicó un rugido, mientras trataba de luchar contra la fuerza invisible que lo apresaba contra la pared, inútilmente.
-Y ahora, Charles, ¿qué me dices?- inquirió Eric, volviendo la cabeza hacia su antiguo amigo- ¿Darás la vida de todos esos críos por una causa perdida?
Los ojos de Charles se movían de un lado a otro frenéticamente, tratando de encontrar una solución. No se le ocurría nada que decir al respecto para salvar el pellejo de todos los que estaban allí. Quizá tuviera algo que ver el hecho de que Betsy estuviera ejerciendo su influjo sobre él.
-Bien- sonrió Magneto, entrelazando los dedos de ambas manos- Me parece que esto es un jaque mate en toda regla, hermanos.
Mientras tanto, el baile que había estado teniendo lugar en el gimnasio hacía tiempo que había acabado. Todas las puertas del edificio se hallaban cerradas herméticamente, y muchos de los alumnos se encontraban agachados bajo las mesas o acurrucados contra las paredes, tratando de pasar desapercibidos.
La gran sala era rectangular y en cada esquina había un miembro de la Hermandad. Aquel mismo día, cuando la comunidad de mutantes se enteró de que Mística había sido relegada de sus funciones en la Hermandad de Mutantes Diabólicos de Magneto, convenientemente tres mutantes más se habían unido a la causa.
Uno de ellos era gigantesco, de fuerza y resistencia sobrehumanas, extremadamente ancho y alto. Cada vez que chocaba los puños, resonaba por toda la estancia y eso hacía que de vez en cuando algún cristal se rompiera.
Otro, en cambio, era pequeño y desgarbado, de rasgos afilados y sonrisa desquiciante. Tenía la apariencia de alguien que de un momento a otro te fuera a saltar encima. Sin embargo, lo que más aterrorizaba de su aspecto, eran sus saltones ojos azules.
El último integrante nuevo era un hombre bastante atractivo, de cabellos negros y piel muy blanca. Parecía inofensivo hasta que hizo que le sobresalieran de la piel huesos con forma de armas.
En la puerta principal se hallaba Dominik, quien estaba al mando de los otros tres miembros, y parecía estar a la espera de que ocurriera algo. No obstante, algunos de los alumnos no parecían estar muy dispuestos a esperar.
Bajo una gran mesa llena de canapés y apetitosas empanadas, dos grupos de alumnos que no solían llevarse muy bien por primera vez parecían ponerse de acuerdo en algo.
-No podemos dejar que nos entierren vivos, como quisieron hacer el otro día con las personas que estaban en el centro comercial- proclamaba Kitty su indignación.
-Para ti es fácil decirlo- replicó Júbilo, entornando los ojos- A ti nada puede hacerte daño porque lo atraviesas todo.
-Por eso mismo, yo puedo enfrentarme a ellos cara a cara- declaró Kitty, sin perder los estribos-, pero son cuatro y yo solo soy una. Aparte está el hecho de que son criminales profesionales.
Ninguno de los que estaban bajo la mesa allí reunidos dijo nada durante unos minutos, hasta que Kitty volvió a romper el silencio.
-¿Vais a ayudarme o no?
-Puedes contar conmigo- le dijo Kurt, siendo el primero en responder.
-Conmigo también puedes- sonrió Evan débilmente.
-Y conmigo- añadió Júbilo.
-Conmigo también- agregó Rasputin.
Sólo faltaba Bobby. Todas las miradas se centraron en él; el chico tragó saliva, inseguro. No quería pelear contra aquellas bestias, pero si no lo hacía, lo llamarían cobarde por el resto de su vida; si es que aún vivía después de aquello. Además, los profesores no estaban allí, ninguno de ellos, y sus compañeros allí presentes bajo la mesa y él, formaban parte de los estudiantes del último curso, mientras que la mayoría de los otros alumnos eran pequeños o tenían menos edad que ellos.
-Cuenta también con mi ayuda- respondió finalmente, presintiendo que pronto se iba a arrepentir de aquella decisión tan precipitada-, siempre y cuando el objetivo prioritario sea sacar a los niños de aquí.
Kitty asintió; aquello le parecía suficiente.
-Yo saldré corriendo hacia uno de ellos, primero- se ofreció la chica valientemente-, para que podáis ver cuáles son sus habilidades antes de salir. Ese de ahí- dijo, señalando a Dominik, ceñuda- puede provocar terremotos, es el que salió en las noticias.
-Sabemos que de los que estamos aquí- dijo Rasputin, lanzándole una mirada al hombre gigantesco que chocaba los puños-, quizá solamente yo pueda ser adversario para él.
-Los otros dos…- añadió Kurt, apuntando con un dedo a los otros dos miembros de la Hermandad restantes alternativamente- no tenemos forma de saber si pueden hacer algo más aparte de lanzarnos cosas, así que es cuestión de que Kitty salga ahí fuera y esperar.
-Quizá sea mejor que Júbilo intente sacar a varios niños de aquí mientras los distraemos- sugirió Evan, mirando a su amiga.
-Esa es la especialidad de Kurt- replicó ella, cruzándose de brazos.
-Pero necesitaremos a alguien con poderes ofensivos si nos atacan ahí fuera- aclaró Kurt.
-Deseadme suerte, chicos- les dijo Kitty, antes de volverse hacia la pista de baile, quitarse los zapatos y echar a correr en dirección al miembro de la Hermandad al cual le emergían huesos punzantes de la piel, de forma parecida a cómo le pasaba a Daniels.
Tanto Dominik como los otros integrantes de la Hermandad, se quedaron atónitos al ver tal osadía por parte de uno de los estudiantes de Charles. Los habían subestimado, creyendo que solo serían críos asustados, que ni siquiera se atreverían a alzar los ojos hacia ellos.
En cuanto a los alumnos que se ocultaban debajo de las mesas y en los armarios, como podían, contemplaron con admiración cómo su compañera Katherine Pryde les plantaba cara a aquellos asesinos.
Riptide, el mutante hacia el cual corría Kitty, no tardó en reaccionar y comenzó a girar sobre sí mismo a una velocidad vertiginosa. Shurikens y puñales óseos salieron disparados en dirección a Kitty, que ni se molestó en esquivarlos.
El único de los miembros de la Hermandad de Magneto que se encontraban allí que no se sorprendió de que aquellas armas atravesaran el cuerpo de la muchacha sin hacerle daño, fue Dominik, que se golpeó la frente con la mano al percatarse de que debía haber previsto que ella también estaría allí, y que era inmune a cualquier tipo de ataque material.
Enseguida, Kitty aferró uno de los picos de hueso con una agilidad asombrosa y se lanzó contra Riptide, con un grito de enojo. El mutante la ensartó con una katana, pero Kitty le clavó el pico en el pecho, cerrando los ojos y apareciendo tras el hombre, sin ninguna herida en donde la había atravesado la espada.
Ni siquiera con cien hombres lograrían parar a aquella preciosura, pensó Dominik, con una mezcla de abatimiento y fascinación.
Fue ese el momento en el que Lykos, el mutante cuyas habilidades los amigos de Kitty y Evan no conocían, mostró sus cartas. Sus ojos azules y prominentes se encontraron con los de Kitty, dejándola en el sitio, paralizada. Parecía hipnotizada, sin capacidad de moverse.
Lykos abrió la boca, haciendo que una llama de fuego emanara de ella, en dirección a Kitty. Sin embargo, por algún motivo que los amigos de la chica no conocían, se mantuvo allí muy quieta, inmóvil. Constituía un blanco perfecto para el fuego.
Desde su escondite Bobby llevó las manos hacia delante, señalando con las palmas a Lykos, que no se percató de nada hasta que ya fue demasiado tarde. El hielo de Bobby Drake congeló el fuego que salía de Lykos, y al mismo Lykos, sin que a este le diera tiempo a hacer nada.
Kitty sacudió la cabeza, despertando de su aparente ensimismamiento. No sabía por qué, pero tenía jaqueca y no recordaba nada de lo sucedido después de que hundiera un pico de hueso en el tórax de Riptide. Por eso, se sorprendió cuando vio a uno de los miembros de la Hermandad frente a ella, cubierto de hielo y con una sustancia procedente de su boca también congelada. Kitty no sabía que esa sustancia antes había sido fuego.
El hombre gigantesco descubrió de donde había venido el hielo y corrió hacia la mesa donde se ocultaban Kurt, Evan, Júbilo, Bobby y Peter Rasputin. Este último salió atropelladamente del escondite justo a tiempo para parar uno de sus enormes y férreos puños con sus manos de hojalata.
Entretanto, Kurt desaparecía con unos cuantos niños y volvía a aparecer en otro sitio para llevarse a otros cuantos más.
Dominik resopló, irritado; no le quedaba más remedio que intervenir, a pesar de las instrucciones de Magneto, según las cuales, él les haría saber cuándo debían atacar. Secretamente había esperado no tener que hacerlo, pues solo eran críos y, además, eran de su misma clase.
Avalancha dio una palmada que reverberó en la gran sala y una grieta gigantesca partió el suelo por la mitad, haciendo que Rasputin se tambaleara, y que el otro miembro de la Hermandad tuviera que agarrarse a una de las columnas que unían el techo al suelo. La columna se partió con un crujido ensordecedor y la bóveda que conformaba la parte de arriba del edificio se inclinó a un lado, amenazando con aplastar a todos los que estaban allí.
Los alumnos que quedaban, gritando y chillando, espantados, se agolpaban los unos a los otros contra las puertas, que ahora habían quedado sin vigilancia. Finalmente consiguieron abrir una, y comenzaron a salir atropelladamente, dándose empujones los unos a los otros e incluso pisando a los que se habían caído e impedían el paso. Quedaba demostrado que cuando se trataba de salvar el pellejo, la mayoría de los que considerabas tus amigos no eran dignos de llamarse así.
Cuando Dominik giró la cabeza hacia la izquierda para provocar un nuevo terremoto que impidiera escapar a los estudiantes que quedaban, se encontró con el puño de Katherine Pryde amenazando su cara. Alzó la mano y le agarró la muñeca en el momento justo para evitar el golpe. Por alguna razón que él desconocía, la muñeca de Kitty permaneció donde estaba, entre los grandes y pálidos dedos de Dominik.
-Te recuerdo- le dijo ella, entonces- Estabas cerca de la fuente aquel día.
Dominik permaneció en el sitio, sin soltarla, pero sin hacer nada más. Se le había quedado la boca seca.
-Lo estaba- asintió, con voz ronca- Yo también te recuerdo.
-Sé que no te importa lo que yo piense o sienta- continuó Kitty, haciendo caer su mano, que se escurrió entre los dedos de Dominik como si fuera polvo, a pesar de la fuerza con que él la había estado aferrando de la muñeca-, pero no hagas que me arrepienta profundamente de haberte salvado la vida. Deja que nos marchemos.
Dominik la miró con fijeza, sin poder creerse que aquella niña tuviera el valor de dirigirse a él de esa forma.
-No voy a hacer eso- respondió, finalmente- Acato órdenes.
La mano temblorosa de Kitty reposaba sobre un cuchillo que había a su espalda.
-Puedes desobedecerlas- replicó Kitty, cerrando los dedos en torno al cuchillo.
-No puedo.
-Existe una cosa llamada libre albedrío…
A media frase, Kitty se interrumpió y soltó un chillido, soltando el cuchillo, porque varias púas de hueso se acababan de hundir en el costado de Dominik, que cayó al suelo de rodillas.
Kitty se giró, sabiendo quien era el responsable. Se trataba de Evan, que la cogió de la mano, instándola a seguirlo.
-Vámonos. Rasputin no podrá aguantar contra esa cosa por mucho más tiempo- advirtió Daniels, conduciéndola a la salida.
Cuando ya estaban en el umbral, Kitty no pudo reprimir el impulso de volverse una vez más. Sus ojos marrones se cruzaron con los de Dominik, que se hallaba sobre el suelo, cuan largo era, desangrándose. Enseguida, Kitty regresó la vista al frente, avanzando hacia el exterior de la estancia. No debía pensar más en Petros, era un asesino y había tratado de matarlos a todos.
Mientras tanto, en la Mansión X, el profesor había entrado en trance, tras oír un terrible estruendo que parecía provenir del gimnasio.
-¿Qué le estás haciendo ver, querida?- preguntó Magneto, desde el otro lado de las llamas.
-Nada- respondió Betsy, pasando una mano por delante del rostro del profesor, que tenía la mirada ausente- He perdido el control sobre él. No sé qué está haciendo.
Fuera, el tiempo estaba empeorando. Tormenta se había elevado en el aire y sus ojos se habían tornado completamente blancos.
Alex no dudó en lanzarle un haz de luz, pero la intervención de Scott, dándole un empellón, hizo que el rayo rojo se desviara e hiciera explotar uno de los tapices que colgaban de las paredes. Ni siquiera entonces, Charles dejó de hacer lo que fuera que estuviera haciendo.
Por primera vez desde que había llegado, Eric se dirigió a Warren.
-Te veo bien. ¿Recuerdas cómo volver a casa?
Ángel fijó sus ojos en él, lejos de ser amistoso.
-Supongo que eso significa que me aceptas de nuevo en tu Hermandad.
Magneto esbozó su característica sonrisa cínica.
-Siempre que estés completo, serás bienvenido- respondió, simplemente- Llévate a la chica contigo.
-Podría llevarla yo- terció Pietro, aun sin soltar a Jean.
-No- sentenció Magneto, sin mirarlo- Me serás más útil aquí. Mantén la mente fría. Si Grey despierta, nos será casi imposible llevarnos a Pícara. Aprovechemos que está inconsciente.
Ángel asintió y dirigiéndole una última mirada de agradecimiento a Logan, saltó por la ventana con Marie en brazos. Dos segundos después lo vieron surcar los cielos, esquivando los rayos de la tormenta provocada por Ororo, que cayó al suelo tratando de esquivar una prolongación de fuego que acababa de salir de la barrera en su dirección. Scott tuvo que ir a socorrerla, y Alex y Betsy aprovecharon que las llamas se apartaban a su paso para ir junto con Pietro, Magneto y John.
Por su parte, Logan seguía en la pared sin posibilidad de escapar a las fuerzas de Magneto.
-Id por los demás, y cuando estéis todos, venid por nosotros- les ordenó Magneto a Pietro y a Alex- No podemos dejar a la bestia suelta- añadió, recibiendo un gruñido de Logan en respuesta- Ya hemos acabado aquí.
N/A: ¡Hola, soy yo de nuevo! Sé que me odiaréis por no haber actualizado en todo este tiempo, cuando dije que lo haría 2 veces por semana. Tengo razones de peso, la universidad y la vida en general me tienen atrapada. No obstante, eso no me impide cumplir mi promesa. Como llevo sin actualizar un mes ya, pienso actualizar todos los capítulos que correspondían entre hoy y mañana. ¡Mil disculpas y espero que haya aún gente enganchada! Saludos
