DISCLAIMER: Los personajes del manga y el anime "Candy Candy" no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki y Toei Animation Co. Yo solo los tomo prestaditos para inventar historias de aventuras y romance en torno a ellos, dando rienda suelta a mi imaginación.

¡Amigas (os) bellas (os) como están! Aquí les traigo dos nuevos capítulos para esta historia. Originalmente pensé en un capítulo bien largo pero para que no se les hiciera cansado al leer, decidí dividirlo en dos. Enseguida subo el otro.

Agradezco infinitamente a todos quienes siguen esta historia. A Angld, Kumicogina, Majo, Alexa Monnie, AnBrower, Aide22, Pamze, Lunatica Misa, Sire-Uchiha18, Craftygook, Angie Andley por sus reviews y favoritos, ¡Gracias amigas por el apoyo, son geniales!

Respecto al contenido de esta primera parte, he tratado de ser lo más fiel en la línea del anime original puesto que como he explicado antes, este fic está inspirado en lo que podía haber sucedido de seguir Anthony presente en la historia.

También les confieso que tuve que hacer unos pequeños arreglos en capítulos anteriores respecto a fechas basándome en la cronología de la historia verdadera, la cual tuve que revisar. Entonces los años narrados en este cuento quedarían así:

1911: Candy tiene 12 años y llega a vivir a la casa Leagan, donde conoce a Anthony de 14 y él le regala una fecha de cumpleaños en primavera (su treceavo cumpleaños). Poco después su amor florece, ocurre lo del accidente el día de la cacería, al reponerse la tía abuela decide separarlos enviándolo a él al internado y en invierno al escapar se va a vivir con su Candy al Hogar de Pony. Para esto, Anthony ya tiene 15 (pues se llevan dos años de diferencia)

1912: Después de pasar una temporada felices viviendo juntos como un pequeño y casto matrimonio, la tía abuela los perdona aceptando su relación y los envía a estudiar a Londres, donde Anthony consigue ser el Capitán del equipo de Fútbol y ganar el campeonato. También en este año pasan su primer verano juntos en Escocia junto al resto del grupo. En ese año Candy cumple 14 y Anthony 16. Ella pasa el Segundo año de Secundaria (al que ingresó directamente por haber tenido excelentes tutores en América) y Anthony el Primero de Preparatoria.

1913: Candy pasa el Tercer Año de Secundaria y Anthony el Segundo de Preparatoria. Antes del verano Anthony tiene que dejar el San Pablo e irse a vivir a Francia para cuidar a su padre enfermo de Neumonía y Candy deprimida al principio empieza a acercarse de forma inevitable a Terry, quien termina convirtiéndose en su mejor amigo. Llegamos entonces a esta parte que se refiere a las vacaciones del segundo verano, antes de que ella empiece la Preparatoria y Terry el último año de colegio. A estas alturas Candy tiene 15.

Bueno, después de esta breve cronología relacionado al fic me queda explicar que el título del capítulo inicialmente iba a llamarse "El segundo verano" pero lo cambié en honor al campeonato mundial de fútbol que hemos vivido en este mes y a la emblemática canción italiana de 1990 "Un verano italiano" que me parece muy linda.

Nota: Casi me olvido alguien reparó en el parecido del goleador de Francia Antoine Griezmann con nuestro príncipe de las rosas, tiene los mismos ojitos jajaja =)

Bien, para ya no marearlas, a continuación les dejo el capi 37

¡A leer!

Capítulo XXXVII: Un verano escocés

-Bien señoritas, pueden cerrar sus libros, la clase ha finalizado por hoy, que tengan una buena tarde— la amable Hermana Margareth dio por terminada la hora de Catequesis que por amenidad y debido al tiempo veraniego, se dictaba en el jardín del colegio.

-¡Por fin!- se escucharon por ahí exclamaciones o comentarios bajitos mientras las chicas empezaban a levantarse de sus asientos.

-Chicas, ¿Qué tal si vamos comprar dulces al pueblo?- propuso Patty -…Es que quiero conseguir esos alfajores que tanto le gustan a Stear…por la celebración de nuestro cumple mes- añadió en voz bajita con cierta timidez.

-¡Claro, me parece buena idea! yo aprovecharé también para comprarles algunos a Archie… ¡le sorprenderé!- - concordó Annie contenta. El ambiente de Escocia combinado con la alegría del verano le hacían sentirse libre y en paz, como si sus preocupaciones no fueran ya tan importantes.

-¡Genial!- respondió Patty riendo al ver la emoción de su amiga, entonces reparó en Candy, quien estaba también junto a ellas pero parecía más bien encontrarse en un lugar lejano que presente -Candy ¿vienes con nosotras, verdad?- preguntó

-Eh…¿yo…adónde?- respondió Candy media aturdida al percatarse de que estaban hablando de ella, al tiempo que cerraba su cuaderno en el cual tenía escondida la carta que le enviara Anthony días atrás, que no podía dejar de releer.

-No nos engañas- le acusó Annie divertida –sabemos que tienes la carta ahí-

-Sí porque desde que la recibiste no paras de soñar y soñar- añadió Patty abriendo los brazos junto a un suspiro enamorado, tan contenta de poder comprenderla esa ilusión.

Candy solo les sonrió porque era verdad, la misiva inesperada había llegado para alegrarle la vida, para alejar por fin de su historia las nubes de soledad que durante meses le aquejaran anunciándole que la amarga separación de su amado estaba por terminarse. Aunque él todavía no le había detallado la fecha de su regreso, confiaba en su palabra y desde ya empezaba a rogar que llegara pronto aquel ansiado día.

-Qué dicen chicas, estoy normal- fingió tratando de ocultar en algo la gran sonrisa que ahora siempre llevaba en el rostro

-¡Oh sí!- la molestaron sus amigas


Las tres fueron a la Confitería como habían previsto, donde una vez dentro entre Patty y Annie se armó una tremenda indecisión por la extensa variedad de postres para escoger mientras Candy que era la menos golosa de todas las observaba apartada con paciencia.

En tanto para distraerse se dedicó a curiosear alrededor donde encontró ciertos dulces que le recordaban a personas en su vida, como las frutas acarameladas que tanto les gustaban a los niños del Hogar de Pony, las cuales siempre solían preparar sus madres para las fiestas o algunos bizcochos que ella misma solía hacer para después vender en el puestito del centro del pueblo de Lakewood en busca de conseguir recursos para la casa hogar. También al pasar su mirada por las vitrinas reparó en los bombones al licor que eran los favoritos de Anthony y no pudo evitar sentir nostalgia… Cómo deseaba que transcurriera rápido el tiempo que tuviera que pasar para que pudiesen volver a estar juntos…y por último en la misma sección de "chocolates", encontró de la variedad que le regalara Terry el día del paseo en el Zoológico. Inevitablemente se puso a pensar en él preocupada… Terry que era un dolor de cabeza y una vez más estaba enfadado con ella…al que ya no sabía si la expresión "amigo" era la correcta para llamarle…y esos mismos dulces le llevaron a pensar entonces en otra persona, en el pretendiente secreto que había llegado a sospechar en algún momento que era él. Todo era tan confuso.

Una vez que las chicas terminaron de comprar y ella misma hubo adquirido algunos dulces para consumo personal, salieron rumbo a la mansión Ardley para encontrarse con los chicos.

Iban charlando de lo más tranquilas por el sendero que conducía allí hasta que una oveja descarriada apareció balando, haciéndolas asustar.

Las más aterradas fueron Annie y Patty que se escondieron detrás de Candy a quien consideraban la más fuerte o madura de ellas, para que las protegiera.

-Tranquila chicas es solo un ovejita, debió escaparse de algún rebaño- intentó de calmarlas ella, agachándose hasta el inofensivo animal para acariciarle la cabeza –Es tan tierna- agregó. A su vista, ella que había crecido en un pueblito rodeado de montañas convivir con rebaños no era nada del otro mundo. Poco después apareció el pequeño pastor responsable en búsqueda de la fugitiva.

-¡93, ven acá oveja malcriada, te voy a dar un escarmiento!- gritó, pasando al lado de las tres e ignorándolas pero Candy al ver que se acercaba con un palo en alto para castigar a la oveja intervino en contra de la crueldad animal

¡Un momento, que vas a hacer niño!, con esa forma de corregirla solo lograrás hacerle daño - espetó

-¡Ah sí Y tú que sabes de ovejas niña, cuidar un rebaño no es fácil como ir a comprar ropa!- le encaró el muchachito por fin reparando en ella, pero entonces de forma extraña la quedó mirando con atención, incluso acercándose a ella –Espera…esas pecas, esa nariz respingada, rubia…!tú eres Candy!- exclamó de pronto para su asombro

-Sí…¿y quién eres tú y cómo sabes mi nombre?- requirió saber Candy enseguida, sorprendida de que fuese popular sin quererlo también en Escocia.

-¡Ja!, mi hermano me habló de ti- contestó el niño con una sonrisa burlona – Me dijo además que eres peleona, torpe y por lo general muy graciosa jajaja- se mofó

-¡Qué!- Candy preguntó indignada -¿pero quién…?-

-Jajaja- volvió a reírse el niño al ver que iba a empezar a protestar –también me dijo que sueles hacer muecas cuando te enfadas. No mintió-

-¡Ok, es suficiente!- exclamó Candy tomándolo del brazo para llevárselo a un lado e interrogarlo mejor. Necesitaba saber quien era el atrevido susodicho hermano del que hablaba, que parecía conocerla muy bien. El niño no pasaba de unos diez años por lo que podía ejercer poder de autoridad sobre él, siendo mayor

-¡Oye que haces! –Protestó el joven pastor –también me dijo que eras confianzuda y es verdad-

-¿Candy que haces?- repitió Annie un poco más atrás sin comprender su comportamiento –Debemos irnos, nos esperan para el almuerzo- le recordó

Era verdad pero Candy no quería dejar la incógnita en el aire sobre quien la conocía por aquellas lejanas tierras

-Chicas por favor sigan adelantándose ustedes, yo las alcanzaré por el camino- les pidió. Patty y Annie se miraron no muy convencidas pero no les quedó otra que aceptar, admirando en el fondo la facilidad que poseía para hacer nuevos amigos.

-Está bien- acordó Annie

-Te veremos luego, cuídate- le recomendó Patty

Candy las observó alejarse, luego se volteó de nuevo a encarar al niño

-Bien, ahora sí dime ¿quién eres, quién es tu hermano y cómo es que me conoce?- interrogó

-Pues porque van al mismo colegio- contestó el chico volteando los ojos como si le sorprendiera que no lo hubiera deducido si era lo más obvio –Mi hermano Terry es amigo tuyo o mejor dicho era hasta que lo cambiaste por un tarado insípido…-

-¡Qué!- Candy se impresionó ante lo que acababa de escuchar llevándose las manos a la boca. Esperaba cualquier cosa menos que el referido fuera Terry. Una vez más el mundo le pareció demasiado pequeño -…¿Él te dijo eso?-

-Sí, eso me contó- afirmó el niño sin complicarse mientras cargaba a duras penas a la oveja para reunirla con el resto del rebaño que pastaba cercaba de allí.

-…Yo no lo cambié…Terry es mi amigo- intentó explicar Candy algo insegura más era inútil. Comprendía que le estaba hablando a un pequeño que no conocía y que ni siquiera sabía si le daría el recado o mucho menos que clase de parentesco tenía en realidad con Terry, pues según lo que él con sus propias palabras le había contado sus únicos hermanos vivían en Londres con su padre y su madrastra.

-Uhm…problema de ustedes dos- concluyó el niño emprendiendo su camino de retorno

-¡Hey espera un momento!- se le ocurrió de pronto a Candy –podrías enseñarme cual es su casa, quizá pueda pasar a visitarlo más tarde- Conocía de la residencia de Terry en los alrededores pero nunca había estado allí, sabía además que por ese privilegio no acostumbraba a dormir en el colegio de verano como el resto de los estudiantes.

-Si quieres- respondió el niño encogiéndose de hombros –justamente voy para allá, por cierto mi nombre es Marc- agregó extendiéndole la mano. Candy le sonrió estrechándosela mientras comenzaba a caminar a su lado

-Mucho gusto-


Después de unos quince minutos siguiendo el camino serpenteante de una colina llegaron hasta una imponente mansión de estilo antiguo y rústico

-Es aquí- indicó Marc ingresando junto a ella por el lado de las caballerizas después de bordear la entrada principal –…pero te advierto que no creo que esté porque ahora que lo recuerdo salió por la mañana diciendo que tenía algo que hacer- le contó mientras se adelantaba responsablemente para encerrar a las ovejas en el corral.

Candy entendió de inmediato el por qué no lo había visto ese día para nada en el colegio.

-Está bien, regresaré en ese caso en otra ocasión…- resolvió sin saber por qué el que Terry se fuera sin avisar a dónde, le incomodaba -…cierto Marc, hazme un favor…no le digas que me viste hoy ¿sí?-

El niño la quedó mirando extrañado ante la petición

-De acuerdo- respondió arrugando la cara al tiempo que se ocupaba de terminar de cerrar el corral –ustedes las chicas son tan raras-

-Gracias, hasta luego- se despidió Candy amablemente pero no había dado ni cien pasos cuando escuchó a una señora saliendo a llamar al niño, que al parecer lo había sentido llegar

-¡Marc, ya está lista la comida!-

Candy se volteó instintivamente pues le pareció reconocer esa voz y no se equivocaba

-¡Ya voy mamá!- contestó Marc. Candy le vio correr entonces hacia la mujer, que no era otra que la Sra. Paula, su amiga, quien atendía en el San Pablo en Londres…y que le entregaba los chocolates enviados por su pretendiente secreto. De pronto todo estuvo más claro que el agua, ya no había por donde dudar… Candy recordó aparte que la señora sí le había conversado de su niño y hasta dicho su nombre, no pudo más que alegrarse de verlos juntos.

Paula pareció preguntarle al niño con quien había estado conversando porque Candy le vio voltearse a Marc y señalarla. Sorprendiéndose la señora entonces al verla allí.

Candy que se había quedado parada igual de asombrada mirándolos, le saludó tímidamente con la mano, a lo que la mujer con ternura de la misma manera le respondió, con probabilidad entendiendo que ya había descubierto el secreto.

Un carruaje empezó a acercarse por el camino alertándola a Candy que era momento de irse. La premura de la Sra. Paula por ir a abrir el portón principal le dejó saber que se trataba del dueño de casa, así que optó por ocultarse detrás de un árbol cercano para no ser vista, desde donde para variar ella sí tenía la accesibilidad para observar todo lo que sucedía.

Le vio detenerse poco después al coche y bajar de el, primero Terry de un vigoroso salto con su cabello castaño al viento y un abrigo largo marrón. Reconoció muy dentro de sí que esa semana en que no se hablaran le había extrañado, mas a él ese hecho no parecía importarle y en ese momento lo comprobó al presenciar que enseguida ayudaba a descender a una glamurosa y joven mujer que derrochaba distinción al caminar. Una mujer de sedoso cabello rubio y largo a la que no se le veía el rostro por llevarlo cubierto con un gran sombrero de plumas a la ultima moda parisina pero que se notaba a simple vista que era extremadamente bonita.

El presenciar aquello así como el verla apoyada de su brazo mientras él la conducía a la casa le demostró que entre ellos existía una profunda confianza y cariño, algo que se notaba a distancia iba más allá de una amistad, por lo que sintiéndose mal sin poder evitarlo al mismo tiempo que enfadada, decidió alejarse de ahí lo más pronto posible.

Iba confundida por el camino tratando de descifrar que era lo que le pasaba, por qué le importaba tanto si Terry tenía algún romance veraniego o no, por qué se preocupaba tanto por él o por qué de repente le empezaba a echar tanto de menos, deseando ser ella la que estuviera con él bromeando o jugando en esos momentos y no esa mujer, cuando sintió que un automóvil sonaba la bocina detrás de ella.

Al voltearse se dio cuenta que se trataba de George que llegaba de Inglaterra a supervisarlos y de los chicos. Aquello le amenizó la tarde.

-¡Candyyy!- le llamó Stear que iba de conductor –mira a quién fuimos a recoger a la estación-

-Señorita Candice buenas tardes, que gusto encontrarla por aquí- saludó George con su sonrisa bonachona y su amabilidad de costumbre

-¡George, cómo estás!- Candy se acercó alegremente a preguntar

-Muy bien, contento de venir a pasar este verano en Escocia con ustedes- contestó con sinceridad

-Así es y pronto vendrá Eugenne según dijo la Tía abuela lo que será para él mucho mejor- añadió Stear guiñándole el ojo, haciéndolos reír a todos al recordar el escondido affaire que sospechaban tenía George con la mucama más confiable de la tía abuela, que hacia poco había ascendido a ama de llaves. El asistente soportando la broma solo le despeinó la cabeza al muchacho desde el asiento trasero por un momento dejando de lado su compostura.

-Gatita ¿te diriges a la mansión? Porque podemos llevarte- propuso el galante Archie que iba en el asiento del copiloto

-Claro Can, sube- Stear animó

Candy asintió riendo y se acomodó en la parte trasera del vehículo junto George, quien le hizo espacio en medio del montón de cosas que traía para ellos de Inglaterra

-Siento el no haber podido llegar antes como les había prometido por tener que atender unos asuntos importantes surgidos a ultima hora en las oficinas londinenses pero aquí les traje los artículos que encargaron- Dijo George empezando a hacer un esfuerzo por recordar la larga lista solicitada vía carta por todo el grupo. Le pidió a Candy ayudarle a revisar las bolsas de papel llenas de productos mientras él iba resumiendo los contenidos

Veamos, tenemos chocolates, mentas, masmelos, goma de mascar de cereza, galletas de coco, de vainilla, cakes, castañas glaseadas, pastel de fresas, panecillos, miel de maple, snacks, rosquillas, atún, salchichas, carne apanada, nueces, entre otras cosas artículos de limpieza, los suéteres que solicitó el Sr. Archibald, el limpiador de anteojos pedido por el joven Alistear, las revistas de moda requeridas por la Srta. Annie, tela, hilos y lana para bordados solicitados por la Srta. Patricia…ah y casi me olvidaba, su encargo Srta. Candice… aquí tiene a su fiel compañero Clint- añadió, inclinándose hacia un costado donde llevaba con cuidado una canasta de picnic para no descuidarla de vista durante el trayecto y se la entregó.

-¡Clint!- exclamó Candy inmensamente feliz mientras sentía a su pequeña mascota moverse dentro y cuando levantó la cubierta de la canasta, asomó su carita de asustado, enterneciéndola –Ven aquí no tengas miedo, ya estás con mamá- dijo sacándolo de ahí para acunarlo en sus brazos, llenándolo de mimos y besitos. El animalito empezó a chillar alegremente, lamiéndole la mejilla en agradecimiento –Yo también te extrañé mucho amiguito- agregó abrazándolo a su pecho y cerrando los ojos para terminar de alejar a totalidad de su mente su anterior sentimiento disgusto, al menos él si le entregaba una amistad verdadera, que no le fallaba, ni la cambiaba de verdad por otra.

Stear la contempló en su actitud amorosa a través del retrovisor, conmovido

-Agradécele al buen George que jamás se olvida nada, es como un Santa Claus moderno- expresó después sonriendo, provocándole más risas a todos.


Al llegar la noche, después de haber pasado una entretenida tarde libre en compañía de sus amigos, Candy volvía a su habitación en el colegio contrariada puesto que ella sí respetaba las reglas y aún pudiendo alojarse en la mansión Ardley, prefería dormir ahí.

…"No como algunos" pensaba.

Aunque ya habían transcurrido varias horas desde que le viera de lejos a Terry bien acompañado, todavía no podía borrar de su mente esa imagen. Por lo mismo se sentía contrariada, tenía un tremendo enfado en su interior, una incomodidad que amenazaba por ratos con volverse dolor de estómago.

El inocente Clint, desde la cama donde ella lo había dejado al llegar, después de sacarlo de la canasta en la que lo había ingresado camuflado, la miraba extrañado caminar de un lado a otro por la habitación, sin comprender el por qué de la inquietud y apatía de su dueña.

Unos golpes en su puerta la distrajeron a Candy repentinamente

-Adelante- indicó

-Candy somos nosotras- dijo Patty con su vocecita dulce al abrir la puerta que todavía estaba sin seguro

-Nos preocupamos Candy porque te notamos triste todo el rato y vinimos a ver como estabas- profirió Annie

Las chicas eran conscientes de la etapa de depresión que había pasado luego de que partiera Anthony y se preocupaban por ella como buenas amigas, cuidándola para que no recayera de nuevo.

-No se preocupen amigas solo fue un malestar pasajero, un pequeño dolor de barriga pero ya estoy bien- mintió, sujetándose el estómago

-Qué bien porque debes estar perfecta para mañana, los chicos nos invitaron a remar- le contó Annie emocionada. Candy solo sonrió para no parecer descortés y no hacerles notar que de ir le incomodaría ser una vez más la única del grupo que sobrara sin pareja, por lo que decidió empezar desde ahí a planear una excusa para exponer al día siguiente. Ser la violinista de los cuatro no contribuía a elevar para nada sus decaídos ánimos

-De segura será genial- fingió otra vez, volteándose a mirar a la ventana hacia el lugar atravesando el lago donde se encontraba la casa de Terry, pensando en que tal vez si él no se hubiese enfadado con ella la podía acompañar a remar y no se sentiría tan sola como entonces.

-Candy sé que estás triste- insistió Annie que la conocía desde bebé acercándose a ponerle una mano en el hombro –pero debes animarte Anthony vendrá a verte en cualquier momento, lo prometió- le recordó.

Al escuchar las palabras de su casi hermana y maravillar su mirada en la profundidad de la noche donde las estrellas ya comenzaban a brillar, su esperanza se renovó y su calma empezó a volver poco a poco tal como la que cubría el maravilloso valle que se extendía a la vista.

-Tienes razón, no volveré a dejar que mi ánimo decaiga- resolvió con su acostumbrada fuerza de voluntad y entonces al voltearse le llamó la atención algo que tenía Patty entre las manos

-Es un catalejo- contestó la inocente chica sonriendo al notar su interés – me lo prestó Stear, apuesto que se ve hermosa la ciudadela durante la noche-

A Candy enseguida se le ocurrió una gran idea

-¿En serio, me lo prestas?- pidió

-Claro- esbozó Patty entregándoselo

-Oh chicas, tengan cuidado- previno Annie que era muy precavida –si alguien nos llega a ver con eso, pensarán que estamos espiando-

-Tranquila Annie lo tengo todo bajo control además nadie nos puede ver de aquí- la calmó Candy, sosteniendo el catalejo ante sus ojos y tratando de enfocar el lugar en la distancia que se moría por observar de cerca -…Allí está- musitó en voz baja. Annie que estaba al lado de ella la alcanzó a oír

Tal como Candy se lo había imaginado en el balcón del primer piso del caserón de Terry se advertía la silueta de una mujer pensativa quizá triste mientras observaba también la noche.

"Quizá pelearon" pensó conociendo el carácter volátil del rebelde y aquella suposición de alguna forma la hizo sentir mejor por unos pocos momentos hasta que divisó la silueta de él saliendo a consolarla y eso casi le paralizó el corazón, porque no había otra forma de decirlo. Le reconoció a Terry con su inconfundible porte gallardo caminando hacia la mujer para colocarle delicadamente las manos sobre los hombros y después de decirle algo, convenciéndola de entrar.

La expresión atónita de la cara de Candy le advirtió a Annie que algo no andaba bien por lo que ya sin aguantarse su curiosidad, la abordó

-Candy ¿qué es lo que estás viendo?, no me digas que a la casa de Terry-

Candy iba a responder que "nada en especial" pero que fuera tan intuitiva la desarmó, dejándola sin saber que argumentar

-¡A quién!- Patty se asombró como si de repente las creyera locas por mencionar a otro desquiciado

-Ya habíamos hablado de eso- Annie le recordó molesta a la cabeza dura de su rubia amiga

-Está bien Annie, me preocupo por él como lo hago por ti, es solo mi amigo y no lo he visto durante una semana- Candy intentó explicar

-Claro y lo tienes muy en cuenta- Annie añadió cruzándose de brazos pues no veía con buenos ojos ni aceptaba para nada esa relación de extraña amistad que se suscitaba entre ambos y hasta le parecía peligrosa

-Vamos Annie no vamos a discutir por esto otra vez- aclaró Candy, dejándole en claro que no se encontraba de muy buen humor.

-¡Chicas!- Patty de pronto gritó consiguiendo llamar la atención de ambas -¡Basta! Si ese catalejo causa discordia lo devolveré mañana mismo ¿ok?-

-No te preocupes Patty- acordó Candy calmándose y entregándoselo de vuelta, recapacitando en que sus amigas no tenían la culpa de sus confusos sentimientos –puedes quedarte con el todo el tiempo que quieras… solo ya no me lo dejes ver a mí- acordó con un dejo de pena, procediendo a cerrar la cortina de su ventana.


-¡Bien marineros, estamos a punto de hacernos a la mar, preparados!- Al grito de Archie, Annie, Patty y Stear le siguieron hasta el pequeño muelle detrás de la mansión Ardley para subirse a los botes. Hubo exclamaciones de emoción y pequeños gritos de susto al pisar las pequeñas embarcaciones debido al vaivén del agua.

-Un momento donde está Candy, ¿no va a venir?- quiso saber Stear mientras ayudaba a su chica a subir

-Sí… dijo que nos adelantáramos porque debía alimentar a Clint pero que ya viene…- dijo Patty con la voz temblorosa luego de lograr sentarse con dificultad

-Bien supongo que podemos volver por ella a la orilla- opinó el joven de gafas dubitativo

Candy mientras tanto paseaba por los alrededores del lago únicamente en compañía de su mascota, prefiriendo estar alejada del grupo para no incomodar a nadie ni sentirse la miembro sobrante.

-Tú y yo estamos bien por acá Clint, formamos un buen equipo- le murmuró a su fiel amigo a forma de consuelo mientras lo veía comer castañas o subirse a los árboles. Aprovechó entonces para sentarse un rato frente al agua para disfrutar de la calma de esa mañana sabatina y extraviar su vista en las ondas que brillaban a lo lejos con la luz del sol.

La soledad le permitía también concentrarse en sus pensamientos, lo que le hacía regresar inevitablemente al asunto de Terry y la misteriosa mujer. Se preguntaba en dónde se encontraría él en esos momentos, que estaría haciendo, si estaría con ella… Era algo que no le incumbía, lo sabía pero en lo que no podía dejar de reparar.

Al parecer así los dos fueran amigos, él nunca iba a dejar de ser un baúl de secretos, ni terminaría de comprenderlo. Tan deslumbrante y tierno a veces y otras tan arisco o indiferente, definitivamente un enigma difícil de descifrar. Duro era entender que de nada le servía preocuparse por él.

"Por qué es tan difícil" se dijo en su interior mientras se dejaba caer de espaldas a descansar en el césped en esos apartados parajes y sin poder evitarlo su nombre se escapó de sus labios en un suspiro.

-Terry...-

Lo que no contaba es que no se encontraba tan sola en el lugar como creía y que su llamado iba a ser respondido.

-Debo confesarte que no sabía que pensabas siempre en mí- la voz de él la hizo sobresaltar por lo que se incorporó inmediatamente de nuevo, volteándose a mirarlo

-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó sorprendida y también avergonzada de haber sido descubierta

-No, no te incomodes- expresó Terry con su acostumbrada manera de ser burlona -es agradable ver a una chica recostada en el pasto-

-Yo...yo...advertí tu presencia y por eso te nombré...- trató de excusar enseguida Candy tratando de no demostrarse nerviosa, aunque el rubor de su rostro expresaba con claridad que no era cierto.

-Sí claro...- objetó Terry con sarcasmo -de cualquier forma me alegra que pronuncies mi nombre- agregó al tiempo que metía sus manos en los bolsillos de su pantalón con despreocupación

-¡No seas engreído!- profirió ella intentando defenderse de alguna manera

-¡Y tú no seas mentirosa!- le encaró él parándosele acusador enfrente –conozco bien tu juego, atención un día e indiferencia al otro Srta. Pecas- le acusó

-¡Ah sí y si para ti soy tan detestable entonces por qué estás aquí hablándome!- Candy le alzó la voz ya sin poder contener su indignación, mientras se reflejaba en los insondables ojos azules fogosos de él

-¡Pues no quería hacerlo!- confesó Terry abriendo los brazos sin bajar la tonalidad y sin dejar de mirarla a la cara

-¡Y entonces por qué lo haces!- ella requirió saber. Los dos se comunicaban a gritos

Terry dudó unos segundos antes de contestar, la verdad era que no entendía bien la razón pero no iba a decírselo, como podía explicarle que el sentimiento de estar a su lado o de verla era más fuerte que su propio orgullo o lo que era peor que aún sentía esperanzas de que pudiera elegirlo a él sobre su eterno enamorado…guardándose todo aquello para sí, expuso rápidamente la excusa que tenía planeada

-Fácil, por qué me contaron que estuviste merodeando por mi casa así que deseé saber cual era la razón- profirió sin complicarse empezando a caminar a su alrededor. Candy en ese instante pensó en reclamarle a Marc la próxima vez que lo viera

"Ese pequeño traidor, voy a matarlo" Su expresión de enojo y también de haber metido la pata lo dijo todo y Terry pareció leerlo con claridad

-Apuesto que no calculaste que a cierto niño de diez años se le podía escapar mencionarte sin querer a la hora del almuerzo y peor aún que estuviera cerca alguien muy astuto para poder comprar su requerido voto de silencio a cambio de un par de hamburguesas- expresó sonriéndole de forma ganadora, dejándole saber que había perdido. Candy bajó la mirada atrapada en su juego

-Tienes razón- no le quedó más que admitir – sentí curiosidad de saber donde vivías…¡pero al menos agradece que no te incomodé cuando estabas tan ocupado!- el que él se atreviera a reclamarle sobre sus actos le hizo encender la chispa del enojo que se estaba guardando y cuando menos se dio cuenta ya la había sacado por lo que intentó alejarse de allí azorada por lo que acababa de soltar solo que él la retuvo del brazo

-Espera… ¿qué dijiste?- le preguntó con curiosidad pero ella se soltó de su agarré enfadada y le torció los ojos continuando su camino junto a la orilla aunque sabía perfectamente que no se daría por vencido y la seguiría.

-Entonces nos viste- comprendió Terry esbozando una sonrisa, mientras Candy caminando sin voltearse no podía creer que fuese a hablarle de ello tan abiertamente –No te pongas celosa- agregó él para terminarla de ofuscar lo que le hizo a ella detenerse para aclarar las cosas de una vez por todas

-Está bien Terry, antes que nada quiero dejar en claro que lo que hagas o quieras hacer con tu vida es algo que en lo personal no me impor…-

Pero él la interrumpió a mitad de frase

-Es mi madre- declaró para no dar pie a malentendidos. Candy se asombró en el acto.

-…¿Tú mamá? ¿Eleanor Baker?- inquirió impresionada

- La misma- repuso Terry con seriedad

Candy entonces se sintió abochornada con ganas de que se la tragara la tierra y quizá fue por el mismo hecho de no saber que hacer o como actuar ante él luego de la pequeña escena que acaba de ocurrir y ante lo que se acababa de enterar que optó por ponerse recoger y a lanzar pequeñas piedras al agua aunque estas se hundían de lleno y sin gracia, así que Terry soportando también el incómodo silencio decidió darle una simple clase al respecto, ubicándose a su lado.

Candy le vio concentrarse para lanzar su piedra al lago, la cual rebotó sobre la superficie del agua varias veces de forma elegante. No pudo más que admirarlo. Después de aquello la miró victorioso confirmándole una vez más su superioridad

-Para que aprendas Tarzán Pecosa- le restregó

Ambos se quedaron mirando entonces durante unos momentos pero ya no con enojo ni celos como intentaban negar o esconder, sino con alivio, ella de conocer la inocente verdad tan alejada de sus sospechas y él por saber que en realidad le importaba. Se miraron con algo de gracia, con afecto. Ese cariño entrañable que existía entre ambos y no alcanzaron a saber que hubiera pasado puesto que en ese rato pasaron los chicos en sus botes reparando en sus presencias.

-¡Miren, ahí están Candy y Terry!- Patty fue la primera que anunció al verlos. Stear se volteó hacia donde ella señalaba enseguida y un poco más allá en el otro bote le escuchó proferir a su hermano con disgusto

-¡Con Terry, pero qué está haciendo con él!-

Mas no eran los únicos reparando en eso, pues Eliza y Neal quienes también andaban remando por allí cerca, alcanzaron a divisarlos al igual que ellos.

-¡No puedes ser, Terry está con Candy y a la vista de todo el mundo, Neal!- exclamó angustiada la pelirroja remeciendo a su hermano aunque éste no pudiera hacer nada al respecto.

-¡Ay Eliza, no seas tosca!- se quejó el muchacho moreno – No entiendo, dijiste que ya no te interesaba- le recordó pero Eliza haciendo caso omiso a su pregunta solo se concentró en seguir espiando a sus enemigos

-No puedo quedarme cruzada de brazos, debo hacer algo- resolvió para sus adentros mientras irresponsablemente intentaba ponerse de pie en el bote para poderlos observar mejor -…no puedo dejar que se salgan con la suya… Terry maldito traidor y Candy desgraciada… ¡quizá me robaste a Anthony pero no dejaré nunca que Terry sea tuyo!-

-¡Oye Eliza estás loca, que tratas de hacer!- recamó Neal temeroso ante la actitud de su hermana, tratando de sostener el bote para que con el fuerte tambaleo no se volteara -¡Nos vas a hacer caer al agua!-

-¡Cállate Neal que me desconcentras!- le gritó alterada mientras lograba levantarse haciendo equilibrio con la intención de atraer la atención de su ex novio a como diera lugar para distraerlo del coqueteo, solo que Neal no pudo mantener el control de la pequeña embarcación por mucho y ambos de forma inevitable terminaron yéndose al agua, entre gritos.

Eliza fue la más escandalosa y en su desesperación por mantenerse a flote se agarró de él, empezando sin querer a hundirlo.

-¡Auxilioooo, me ahogo, Terryyy sálvame por favor!- rogó

Candy y Terry observaron la curiosa escena desde un pequeño acantilado cercano, estupefactos.

-¡Oh por Dios, Neal y Eliza!- exclamó ella aterrada llevándose las manos a la boca y aquello fue el aliciente para que Terry decidiera enseguida con valentía lanzarse a ayudar.

Eliza estratega como siempre al ver que conseguía sus propósitos, se separó de su hermano y aunque sabía flotar a la perfección aunque no nadar, empezó a gritar más fuerte y chapotear fingiendo que se hundía, al punto que Neal de verdad se asustó

-¡Socorro mi hermana!-

Pero su angustia por ella no duró mucho pues Terry como el excelente nadador que era no tardó en llegar hasta allí, logrando sacarla a flote sin mucho esfuerzo.

-¡Hey espera ¿y yo?- preguntó Neal preocupado mas el castaño fue terminante ante un cuñado que nunca le cayó bien y del cual conocía sus perversidades

-¡Tú sostente de ese bote hasta que algún día alguien venga por ti!-

Sin tener consideración alguna Terry lo dejó ahí, haciéndole saber que debía pedir luego ayuda a sus primos o alguna otra persona para ver si se condolían de él.

Superando el lago, Terry exhausto cargó a Eliza desmayada hasta la orilla donde la depositó con cuidado en el suelo.

Candy habiendo bajado del pequeño acantilado llegó rápidamente hasta su lado, al igual que los Hermanos Cornwell, Annie y Patty.

-Eliza, Eliza- Terry le llamó varias veces palpándole las mejillas para hacerla reaccionar pero en vano por lo que tuvo que acercar su oído a su pecho para verificar si latía su corazón y al comprobarlo aunque no hubiese querido hacerlo, optó por poner en práctica las técnicas de primeros auxilios y supervivencia que aprendiera de sus tutores militares al igual que su padre. Darle respiración artificial.

Manteniéndose muy quieta, con los ojos cerrados y respirando apenas para que él no se diera cuenta, Eliza esperó a que lo hiciera, sintiendo como un triunfo cuando Terry se agachó para cubrir su boca con la suya y exhaló dentro. Entonces ella no vaciló en mover sus labios contra los de él, algo que para Terry no pasó desapercibido, debiendo alejarse de inmediato.

Aunque nada de agua salió de sus pulmones Eliza enseguida para disimular fingió toser y hacer como que reaccionaba.

-¿Qué ocurrió, dónde estoy?- expresó en un tono lloroso de falsedad que para quien no la conociera generaba hasta risa

-Eliza casi te ahogas- comentó Annie aún asustada pero Archie que no se creía para nada el teatro fue más directo

-Hay algo que no me cierra, ¿te caíste del bote o te lanzaste a propósito?- le recriminó

-Lo importante es que ya estás a salvo- se apresuró a decir Patty para tratar de confortarla un poco después de haber pasado tan mal rato

-Sí y míralo por el lado bueno, al menos no sucedió en el Lago Ness, ahí si hubiera sido terrible- añadió Stear, haciendo que la mayoría se contuviera las ganas de reír, hasta Terry que ya de pie la quedó mirando durante un rato sospechando que se trataba solo de una de sus tretas.

A esas alturas ya Eliza empezaba a llenarse de coraje de ser la burla de tantos entrometidos en sus planes, por lo que empezó a retorcerse en el suelo donde seguía, lloriqueando, poniéndose una mano en la cabeza fingiendo que le dolía y otra en la garganta donde decía sentir ardor.

Terry entonces fuese cierto o no, decidió dirigirse con seriedad a Stear y Archie

-Me asombra señores que ninguno de los dos ni siquiera por ser sus parientes se haya dignado a rescatarla, al punto que tuve que hacerlo yo. Es que acaso no saben nadar o es que tuvieron miedo- les encaró

-¡Qué dices Grandchester, guarda tus palabras, mi hermano y yo nadamos de forma excelente, mejor que tú!- le afrontó Archie enfureciéndose ante la calumnia

-¡Ah sí! Entonces es la segunda razón como suponía- les encaró sin preámbulos.

-Terry antes de opinar, ¿estás realmente seguro de que ella no está fingiendo? Por qué a mi me parece haberla visto nadar en otras ocasiones- Stear sin perder la paciencia expuso su opinión pero esta vez fue Eliza quien interrumpió en medio del llanto

-¡No es cierto Terry, no les creas, casi me ahogo, tú mismo lo viste!... y este par de cobardes no hizo nada para ayudarme….- profirió en tanto comenzaba a incorporarse y Terry como buen caballero le extendía la mano para ayudarla -¡Pero de esto se enterará mi tía abuela!- terminó la pelirroja por amenazarles a sus primos mientras se abrazaba con fuerza a él en busca de protección. Terry tuvo que soportar todo aquello con paciencia.

Candy en eso intervino con su habitual dulzura para tratar de hacerla sentir algo mejor

-Eliza toma este pañuelo, límpiate un poco, estás muy nerviosa- ofreció con bondad pero lo único que consiguió fue ganarse de parte de la afectada una mirada de odio asesino que a la larga la hizo casi desistir de su acto de compasión. Sin embargo al intuir Eliza que de llegar a tratarla mal Terry se pondría de parte su parte, optó por aceptar el pequeño pañuelo que le parecía como un burdo pedazo de tela, prácticamente arrancándoselo de la mano con mala gana, acompañada de una sonrisa hipócrita que era peor que su actitud.

Terry que desde el ángulo en que estaba no podía verle el rostro, le pareció amable su manera de comportarse hacia Candy pero también poco usual por lo que creyó que de verdad estaba sintiéndose mal.

-¿Te encuentras bien Eliza?- preguntó ya preocupándose en serio pero ésta negó con la cabeza sin soltarse de su pecho

-No Terry…-sollozó -…por favor llévame a casa-

Creyendo después de todo que aquello era lo más adecuado, Terry volvió a cargarla en sus brazos y sin despedirse de nadie porque todos le parecían unos negligentes, se retiró.

Candy se los quedó observando mientras se alejaban sintiendo que el corazón se le oprimía de alguna manera, puesto que entendía que entre ellos dos siempre existiría ese invisible lazo creado por los recuerdos que los uniría de alguna forma.

-Dicen muchachos que donde hubo fuego, cenizas quedan ¿creen que entre ellos aplique el dicho?- preguntó Stear y los otros sonrieron menos ella quien volvía a sentirse apesadumbrada aún sin darlo a notar.


La mansión Ardley no estaba lejos del lugar de los hechos por lo que les tomó menos de cinco minutos llegar. Los empleados al abrirles la puerta se extrañaron de ver el estado en que regresaba la señorita de la casa y además en los brazos de un muchacho.

Terry saludando cortésmente pero sin detenerse a brindarle explicaciones a nadie u obviando las miradas de admiración que despertaba en las jóvenes mucamas, la llevó escaleras arribas aún cargada mientras Eliza aferrada a su cuello, no dejaba de esconder sollozando el rostro en su pecho.

-Bien Eliza, ¿cuál es tu habitación?- preguntó él flemático y ya cansado de tanto llanto en cuanto llegaron al corredor del primer piso. Recordaba haber estado dentro de esa casa solo un par de veces el verano anterior, cuando casi no se relacionaban con el grupo de los Ardley por lo que ya no sabía distinguir cual era cada cuarto o salón.

-El tercero a la derecha- balbuceó ella apenada y Terry sin vacilar empezó a dirigirse al lugar. Eliza de repente reparó en que se le estaba terminando la oportunidad de estar a solas con él y de poder conversar así que empezó a tratar de retenerlo, optando por acariciar de forma delicada la piel de su pecho en la parte del nacimiento del cuello de la camisa, un juego sensual que sabía que otros tiempos le volvía loco.

-Terry…te extrañé tanto- le dijo entre susurros pero él no se inmutó sino que decidió apresurarse a abrir la puerta y ni bien hubieron entrado, la lanzó en la cama desenmascarando su juego.

Eliza sorprendida se incorporó rápidamente sobre sus codos, mirándolo a la expectativa más él no era hombre de los que se retractaba en sus decisiones ni de los que se dejaba tentar con facilidad por lo que sonriendo sin poder creerlo resolvió mofarse un poco de la situación

-Ni te emociones mujer. ¡Bien ya llegamos como querías, ahora descansa!- expresó terminante antes de salir cerrando la puerta con hostilidad

Eliza se sintió burlada, su mirada de deseo se transformó en repentino coraje. Quién se creía que era para tratarla así. Con rabia tomó una almohada y la aventó hacia la puerta.

-¡Idiota!- masculló, mas se quedó allí acostada entrelazando sus manos al tiempo que pensaba en cuanto lo había extrañado con todo y su manera salvaje de proceder, así como el sentir el cálido roce de sus labios en los suyos. Se tocó entonces la boca ilusionada al recordar lo sucedido en la orilla, cuando había podido tener por unos minutos el vigoroso cuerpo de él tan junto al suyo otra vez.

Se prometió así que haría todo lo posible para tenerlo de vuelta porque aunque había querido llegar a odiarlo por un tiempo, se daba cuenta de cuanto en realidad lo añoraba. Eran el uno para el otro, de eso estaba segura.

Comenzó de esa manera a idear tácticas para volver a atraerlo, concentrándose de lleno en ello de no ser por algunos estornudos inoportunos que la interrumpieron como recordatorio de que debía cambiarse la ropa mojada de inmediato.


-Así es chicas, no deberíamos burlarnos pero la verdad es que todo fue tan gracioso- Annie no podía parar de reír mientras recordaba junto con sus dos inseparables amigas a la hora del almuerzo, en las mesas del jardín del colegio, lo ocurrido la tarde anterior con Neal y Eliza en el lago –Al final todos nos preocupamos por Eliza y olvidamos por completo a Neal. En cuanto regresamos con los chicos a buscarlo, unos pescadores de la zona le estaban ayudando a salir del agua-

Candy que se había excusado de un repentino dolor de cabeza poco después de que Eliza y Terry se fueran, no había alcanzado a presenciar el final de la historia.

-Por un instante hasta me dio pena, Neal ya lloraba, parecía un niño chiquito asustado- compartió Patty, pero en eso optó por guardar silencio ya que apareció Eliza junto a su amiga Audrey para pararse enfrente de su mesita.

-¿Qué tal chicas?- las saludó con su acostumbrada hipocresía -¿Acaso estaban hablando de mi hermano y de mí?- inquirió con intuición debido al repentino mutismo de las tres y al verlas a Annie y Patty dubitativas –Pero no se preocupen, pueden continuar si lo estaban haciendo… –agregó la pelirroja para que no se sintieran incómodas o de otra forma sabía que se levantarían y se irían -…yo solo vine a quitarles unos segundos de tiempo para entregarles una invitación… para mi "Fiesta Blanca" en honor a Terry por supuesto, quien me salvó de una muerte segura. La fiesta se llevará a cabo el próximo sábado en la mansión- adicionó, procediendo a pasarle un sobre con una tarjeta de color amarillo suave a cada una, excepto a Candy. Prefiriendo detenerse frente a ella para mirarla con cierta malicia antes de ponerle la invitación en las manos –Ah cierto, a ti no- profirió riéndose –tú nunca fuiste ni serás bienvenida en ninguna de mis fiestas. Es más quisiera que desaparecieras- Acto seguido, dejó caer frente a los ojos de Candy con desprecio el pañuelito que ella le prestara después del supuesto accidente

-Te devuelvo tu mugroso trapo, ¡igual a ti!-

Junto a Audrey se mofaron con ganas mientras Candy veía el pañuelo en el suelo sin poder evitar sentirse mal, mas supo disimular porque no iba a darle el gusto a Eliza Leagan de que la viera sufrir

-Respecto a la fiesta Eliza, te agradezco que no me trajeras invitación porque tampoco tenía la menor intención de ir - profirió mientras se agachaba humildemente desde donde estaba sentada para recoger el pedazo de tela – …y sobre el hecho de que no soportas mi presencia aquí, te recuerdo que esto es una institución educativa a la cual yo también asisto- expuso imitando la voz refinada y el modismo de actuar de Audrey quien también estaba allí molestando -…por lo que si no te gusta, cámbiate de colegio-resolvió con una falsa forma de indignación, sobreactuando al no poder creer que ella no encontrar la solución más obvia.

Eliza puso los brazos en jarra enfurecida, pensando en la siguiente forma de atacar, sin embargo no contaba con que la Hermana Margareth se encontraba dando vueltas por allí, controlando que todo estuviese bien entre las alumnas, por lo que al verlas a Candy y ellas juntas, sabiendo que no se soportaban, se acercó

-¿Se encuentra todo bien por aquí niñas?- preguntó

Annie, Patty y Candy optaron por no decir nada mirándose entre sí, mas Eliza y Audrey le sonrieron, excusándose de que solo estaban allí consultándoles algo sobre una tarea.

-Sobre Historia- reafirmó Audrey, tan fingida como su amiga –pero ya nos íbamos ¿Eliza, verdad?- increpó entre dientes, halándola al descuido del brazo a la malévola pelirroja

-Así es, con permiso Hermana Margareth- dijo Eliza simulando amabilidad, retirándose, no obstante no perdió la oportunidad de voltearse a torcerle los ojos a Candy cuando ya iba lejos.


-¿Candy estás bien?- quiso saber Annie, una vez reunidas las tres en la habitación de ella -No le hagas caso a Eliza, te tiene una profunda envidia- opinó

-No se preocupen amigas, ustedes saben bien que las malas acciones que intente en busca de lastimarme, me tienen sin cuidado- les recordó Candy con tranquilidad, sentada cuan larga era en su cama con la espalda apoyada en el respaldar.

-Pero igual creemos que es muy injusta y abusiva al tratarte siempre así, por lo que con Annie hemos decidido no asistir a su tal fiesta- expuso Patty también enfadada, dejando saber que era una resolución seria

-¡Oh no chicas! No hagan eso por mí- se apresuró a decir Candy –es la primera fiesta del verano y tienen que divertirse, además no deben dejar a los muchachos solos, apuesto a que Eliza les obligará a asistir…-

Annie y Patty se miraron cayendo en cuenta de que tenía razón

-Sé que por dentro ustedes quieren ir a la "fiesta celeste pastel, morada" esa, como sea. Solo vayan y diviértanse- Candy les deseó de corazón

-"Fiesta blanca"- corrigió Patty que era como una enciclopedia viviente –se refiere a una celebración en la que los invitados tienen como protocolo asistir con vestimenta de ese color, por lo general se lleva a cabo en verano y constituye una manera amena de hacer más divertida o diferente una reunión al colocar ese tema. En este caso se realiza en forma de agradecimiento a alguien por su noble acción-

-Es interesante- admitió Candy cruzándose de brazos para soportar la secreta incomodidad y tristeza que le generaba intuir de manera certera que Eliza andaba otra vez tras los pasos de Terry.

"Jamás lo dejará ir…" pensó para sus adentros

-¿Y no saben que opina Terry al respecto?- se atrevió a preguntarles en un descuido

-No pero nos imaginamos que ha de ir, después de todo él es el agasajado- expresó Patty

-Bien…me alegro- musitó Candy algo insegura, bajando la mirada. Su fingida indiferencia no logró convencer para nada a Annie quien la observaba con suspicacia.

-Bueno, por ahora chicas deben procurar prepararse y alistar la ropa que van a lucir ese día. Tienen que estar radiantes- agregó Candy recuperando repentinamente su ánimo y levantándose –si quieren yo las puedo ayudar a arreglarse- ofreció.

En silencio Annie la elogió por ese don que tenía para no complicarse y cambiar el modo de ver de color su vida aún si la estaba pasando mal.

-¡Oh, mil gracias Candy, nos encantará!- exclamó Patty abrazándola en agradecimiento –De verdad necesitaremos asesoramiento para lucir presentables puesto que nos enteramos de que no va a ser una simple reunión familiar como creíamos, porque Eliza también ha invitado a su grupo selecto de amigos-

Candy escuchó con atención mientras se convencía cada vez más que lo mejor era no tener que asistir a esa celebración llena de gente superficial.


-¿Listas chicas? Lucen realmente divinas. Quisiera tener en este momento la cámara fotográfica portátil de Stear para inmortalizar una postal entre las tres, pero creo que ya se dañó- comentó Candy sonriendo algo dubitativa al pensarlo mientras se apresuraba a quitar del hombro de Annie una diminuta ramita que le había caído de un árbol cercano por el viento, para que no ensuciara su vestido.

Era el sábado, la tarde de la tan ansiada fiesta y estaban cerca de la mansión Ardley en el camino que llevaba a la entrada, Patty y Annie se sentían por dentro emocionadas al igual que nerviosas y también muy agradecidas con Candy por haberles ayudado a arreglar y peinar.

-No sé por qué pero aún no se me van los nervios- comentó Patty estrujando la sombrilla que tenía entre sus manos

-Tranquila Patty, solo respira- le recomendó Candy inhalando y exhalando para mostrarle una técnica de relajación que la jovencita enseguida imitó –Todo estará bien, además se te pasará en cuanto lo veas a Stear vestido de blanco, se le ve bien de ese color- agregó guiñándole el ojo, provocando que de solo imaginárselo se sonrojara.

-Candy nos harás mucha falta, quien nos va a ayudar con consejos durante todas estas horas en que tendremos que soportar a Eliza- expresó Annie acongojada -¿seguro que estarás bien?-

-Claro que sí, estaré toda la tarde ocupada, tengo que volver y bañar a Clint- respondió ella como toda una madre responsable – Ahora ¡arriba esos ánimos!, todo saldrá perfecto solo tienen que confiar en ustedes mismas y ya verán como encantan a todo el mundo- les alentó

Annie y Patty acordaron hacerlo, suspirando para tomar valor y luego de despedirse de ella se dirigieron sendero arriba hasta el caserón.

-¡Las sombrillas, recuérdenlo!- no olvidó gritarles Candy como recomendación para que no se tostaran demasiado la piel, al tiempo que las veía alejarse y ellas desde lejos le agradecían agitando las manos. Poco después Candy decidió dar media vuelta y con la mirada cabizbaja emprender el camino de retorno al colegio

-No voy a desanimarme, me pondré a jugar con Clint y tendré mi propia fiesta- alegó para sentirse mejor. Pasó en eso debajo de un árbol de castañas al cual decidió subirse a recolectar algunas para llevarle a su mascota. Por suerte su vestido veraniego favorito tenía bolsillos en donde guardarlas y había en el árbol una rama baja que le permitía sentarse sobre ella mientras se enfrascaba sin dificultad en su labor.

Por casualidad del destino no pasó mucho tiempo sola ya que al poco rato se comenzaron a escuchar los cascos de un caballo al acercarse, haciendo que permaneciera quieta en su sitio para ver quién era el misterioso jinete. La luz del sol filtrada entre la sombra de los altos árboles le despejó la duda al dejar ver con claridad su silueta como si se tratara de un príncipe de cuentos de hadas, impecable en su corcel y su atuendo blanco. De la impresión y alegría ella no se contuvo de mencionarlo

-¡Terry!-

Su voz para él no pasó desapercibida, miró hacia los árboles hasta descubrirla, sorprendiéndose de encontrarla allí de improviso. De pronto Candy se le asemejó a una ninfa o un hada de los bosques, esos seres mágicos, hermosos de los que hablaban en los libros que su madre le leyera de niño, según recordaba. No obstante, su arraigado egocentrismo no le permitió expresarle de la misma manera en que lo sentía, su alegría de verla.

-Pero que sorpresa, no sabía yo que había un mono deambulando por estos bosques- bromeó

-Cómo siempre tan grosero- expresó ella esbozando un puchero de coraje que a él le hizo reír

-Y dígame Señorita Pecosa ¿qué es lo que hace por allá arriba en lugar de estar en la fiesta?- indagó Terry pero le vio bajar la mirada algo abatida

-…No iré a dicha fiesta, no estoy invitada- Candy confesó

El rebelde guardó silencio durante unos segundos

-En serio, entonces yo tampoco iré- manifestó al fin, asombrándola –si tú no vas no tiene ningún caso que lo haga yo- concluyo al tiempo que intentaba mantener quieto a su caballo. Aquello a Candy le enterneció el alma, haciéndola volver a sonreír.

Sintiéndose felices el uno en compañía del otro no repararon en las nubes negras que avanzaban por el cielo cubriendo la claridad de la tarde hasta que un rayo se dejó oír en la lejanía, alertándolos de que no tardaría en empezar a llover.

-Candy por qué no vienes conmigo a mi casa- aprovechó para decir Terry mirando el cielo, sospechando que se desataría un mal clima que perduraría con probabilidad toda la noche –…es sombría y hay fantasmas- agregó sin arrepentirse, para darle un toque emocionante al asunto

-No puedo ser tan malo- opinó Candy aún con algo de timidez desde donde permanecía sentada balanceando la piernas. Terry entonces se bajó del caballo y se acercó hasta el árbol extendiéndole los brazos, indicándole que la sostendría en el descenso.

No había demasiada altura entre la rama donde se encontraba y el suelo, así que sin hacerlo esperar mucho, cerrando los ojos, Candy se dejó caer.

Aunque profirió un pequeño grito ahogado en el acto, el gallardo joven la sostuvo con firmeza entre sus brazos sin permitir que se hiciera daño y con cuidado, sin dejar de mirarla a los ojos al mismo tiempo que ella se apoyaba en sus hombros, la colocó despacio en el suelo otra vez.

-…Gracias- profirió Candy en voz baja intentando librarse del hechizo de su mirada, Terry solo expresó en respuesta una de esas encantadoras medias sonrisas que volvía locas a las chicas

-Andando- le propuso, volviendo a subirse al caballo y ayudándola a ella también a hacerlo, sentándose de lado enfrente de él.


Flores de diferentes tipos, hortensias blancas, orquídeas, rosas de tonos pasteles, margaritas que eran las flores preferidas de Eliza, todas ordenadas en delicados bouquets formaban parte de la glamurosa decoración de la mansión por el día de la fiesta. Algo que dejaba impresionados a los invitados desde el momento en que entraban. Había alegre música y deliciosos bocadillos y bebidas que también encantaban a todos y un arreglo de velas blancas listas en el jardín para encender al atardecer, que indicaban un final de la velada magnífico. Solo el carácter de la propia anfitriona no combinaba con lo demás.

-¡Dónde está él, por qué se está tardando tanto, qué falta de palabra, si prometió venir!- exclamó Eliza con rabia a la entrada de la casa, golpeando con su zapato de tacón en el suelo. Esperar era una de las cosas que menos le agradaba.

-¿Estás segura que Grandchester aceptó venir hermanita?- le interrogó Neal con la boca llena mientras se atiborraba del pastel de fresa que tanto le gustaba. Era el único que esa tarde la soportaba.

-Claro que sí, lo confirmó con el sirviente que le envié- reiteró ella intranquila –Algo debió haber pasado…quizá deba ir yo misma a investigarlo-

Un gran rayo atravesó el cielo antes de que pudiera terminar de decidirlo, sobresaltándolos al igual que a los invitados que se entretenían dentro de la casa y que se asomaron a observar el ambiente.

-No creo que sea buena idea- advirtió Neal con preocupación, aprovechando que seguía atemorizada para llevársela adentro casi al mismo tiempo en que empezaban a caer las primeras gotas para enseguida desatarse una lluvia torrencial.


El lúgubre ambiente acompañado del sonido de los truenos, le daban a la situación el matiz de escena de libro de terror.

Candy siguiendo a Terry se aventuró en la exploración de su antiguo caserón escocés, internándose por los lugares secretos que solo él conocía y que nunca había compartido con nadie. Pasajes que por momentos con nostalgia le recordaban a los existentes en la mansión de Lakewood.

Todo iba bien hasta que una rata incomodada por la interrupción de los dos extraños junto a la luz de un candelabro en sus dominios, chilló y se paseó por sus pies, provocando que Candy soltara un grito de terror intentado emprender la huída, solo que él calmado la retuvo del brazo para tranquilizarla, evitando que se hiciera daño en una despavorida e irresponsable carrera.

-Espera, todo está bien, es solo una rata- le dijo para serenarla, acariciándole la mejilla en esa oscuridad mientras la veía hiperventilar del susto

-Ok, estoy bien, estoy bien-acordó ella reuniendo toda su fuerza de voluntad para no demostrarse débil ante él o se le burlaría.

Terry se dijo después que de no haber estado tan asustada ella entonces, esa ocasión hasta podía haber sido especial. Reconocía que si quería impresionarlo ya lo había conseguido.

-¿Quieres conocer mi sitio favorito pero también el más tenebroso?- le preguntó sabiendo que estaba casi pegada a su espalda sosteniéndose de la tela de su camisa debido al pavor, pero sin dar su brazo a torcer.

-Ajá- asintió para demostrarse valiente, haciéndolo sonreír.

Para Terry el que confiase en él era un punto a favor que lo hacía sentir bien, después de todo aquella no era su primera expedición juntos. Posteriormente de salir por una puerta escondida que daba a uno de los pasillos del servicio que al cerrarla parecía fundirse con la pared por tener la misma contextura en su exterior, la condujo tomándola de la muñeca hasta otra que estaba en frente, ésta sí de madera normal.

-Bien, es este sótano- le contó él con el brillo de la aventura en su mirada que ahora ella conocía muy bien y al abrirla apareció ante sus ojos el inicio de una gran escalera de caracol de piedra, similar a las que conducían a los calabozos en los castillos, que les invitaba a bajar. Candy no salía de un asombro para entrar en otro. Luego de haber visto en esa casa un hangar con avión incluido, una enorme biblioteca que parecía casi institucional, animales disecados, trofeos de caza y los túneles, esperaba encontrarse con cualquier cosa.

-¿Lista?- preguntó Terry al verla boquiabierta y tomándola de la mano, entrelazándola con la suya para que no se soltara, la condujo hacia las entrañas del lugar, el cual era un depósito de viejos artefactos como ruecas de hilar, desvencijados muebles, lienzos y hasta armaduras de caballeros antiguos con sus espadas que hablaban de historia escocesa de siglos pasados

-¿Cuántos años tiene esta casa?- Candy profirió presa de la curiosidad

-Más de seiscientos años, ha pasado en mi familia de generación en generación- contó Terry sin complicarse. A la luz de las velas, Candy empezó a observar con atención todo alrededor porque le parecía como estar en un museo dentro de un sueño.

Terry comenzó a abrirse paso apartando con su mano las enormes telarañas que hallaba a su paso, hasta colocar el candelabro en un lugar seguro

Tenía años que no venía a este sitio- confesó

-…La casa de un noble- se dijo Candy para sus adentros, admirando como una niña una colección histórica privada solo para ella. Sin embargo Terry se valió de su embeleso sin perder el tiempo para jugarle una broma y alcanzando una vieja tasa de lata que halló en el suelo, la aventó con fuerza y certera puntería a una de las armaduras, logrando que ésta se tambaleara en su soporte e hiciera como que se iba a desprender.

Aquello sucedió detrás de ella provocando que gritara aterrorizada al creer que esa ocasión si se trataba de un fantasma real, terminando por refugiarse inevitablemente en los brazos de él.

-Vaya, esta sí es manera para abrazar a una chica- profirió Terry riéndose, haciéndola darse cuenta que todo se trataba de una broma

-¡Malvado!- expresó Candy con los ojos llorosos, dándole manotones por mofarse de ella pero solo consiguiendo que se carcajeara más

A la final yo tenía razón, si te asuntan los fantasmas-

-¿Y a quién no, Señor Perfecto?- le encaró ella poniéndose los brazos en la cintura enfadada

-¡Un apodo, bien!- siguió incitándola juguetón mientras Candy todavía recobrándose del susto no dejaba de reclamarle así tuviese que perseguirlo por todo el lugar

-Terry deja de comportarte como un mocoso engreído, hay ciertas bromas que no se le juegan a las personas…- recalcó señalándolo con el dedo, provocando que él reparara en su mano y con ello también en el anillo que nunca se quitaba. No le fue difícil sostenérsela entre las suyas y arrebatárselo.

-¡Qué haces, devuélvemelo!- Candy pidió sintiendo el vacío del pequeño peso de la joya. Terry estudió entonces la sortija ante sus ojos reparando con detenimiento en la piedra azul que tenía en el medio. Ella intentó por segunda vez arrebatárselo pero no se lo permitió, manteniéndolo en alto.

-¡No, hasta que me digas como es eso de que el rubio insípido va a volver!- le encaró sin preámbulos. Candy no supo que contestar pero también advertía que ese no era el mejor lugar para hacerlo.

-Terry por favor- insistió tratando de conservar la calma, puesto que aquel obsequio tenía un valor sentimental incalculable dentro de su corazón.

-¿Cuándo?- arremetió él

-Terry…-

-Te hice una pregunta, es de mala educación no dar una respuesta -

Los ojos azul zafiro de él refulgían en la mediana penumbra por los contenidos celos y Candy leyó por fin a través de ellos

-No lo sé…- respondió, provocando que él lazara un bufido de sorna –pero lo hará- concretó confiando en la promesa dada por su amor, logrando que un agudo dolor atravesara el alma del joven inglés para transformarse con el pasar de los segundos en coraje

-Ahora por favor devuélveme lo que es mío- solicitó Candy con madurez extendiéndole la mano, mas Terry lleno de ira la ignoró pasando por su lado en dirección a las escaleras

-¿Lo quieres, entonces ven por el?- la retó para que se atreviera a quitárselo. Ella sin poder creerlo no le quedó más que seguirlo dispuesta a dar lucha si era necesario por recuperar su anillo y empezó a correr detrás de él.

-¡Terryyy!- no dejaba de llamarlo furiosa, era rápido pero ella también, por algo había crecido en el campo.

Lo siguió por el largo pasillo de la servidumbre hasta llegar a dar a la cocina de Paula que asombrada del ruido porque no sabía que alguien se encontraba en la casa, así también como de verlos juntos, los observó pasar como dos vendavales en dirección a la puerta trasera

-¡Hey, hey tengan cuidado niños! ¡Santo Dios!- exclamó persignándose y dedicándose a proteger la estufa detrás de ella, donde entonces hervía en la cantina el agua para el té

Aunque afuera llovía torrencialmente, eso a Terry no le contuvo y se aventuró en su escape sin importarle empaparse, deteniéndose solo para voltearse triunfante hacia Candy que sabía aún se encontraba parada en el umbral de la puerta insegura de salir o no. Entonces abrió los brazos victorioso, incitándola para conocer que haría a continuación y aquello despertó en ella esa ira casi asesina que por todo el tiempo tratando de ser una señorita ya casi había olvidado. Retrocedió en su memoria en esos instantes a las luchas con las que se enfrentaba con su hermano Tom en el Hogar de Pony y transformándose en una salvaje se precipitó contra Terry, que sorprendido por el repentino cambio de su actitud se desconcentró, logrando así que ella lo derribara con facilidad.

-¡Devuélvemelo, es mío!- profería Candy sin dejar de forcejear con él en busca de arrebatarle de las manos la sortija, sin afectarle que para esto ambos tuvieran que revolcarse en la tierra lodosa.

-¡Basta!- gritó Terry impresionado y enojado de la actitud felina de la chica en pro de defender el objeto que le diera su rival, logrando semi incorporarse aventó la sortija que ella tanto quería lejos, a alguna recóndita parte del jardín, a donde Candy miró aterrada sin poder creer que aquello le estuviese sucediendo -¿Ahora estás conforme?- le espetó él sin compasión con la respiración agitada mientras se ponía de pie.

Empapada, sucia, trémula, con la mirada en el vacío y llena de furia y de ganas de llorar, Candy se dijo que no iba a demostrarse débil pero tampoco iba a dejar las cosas así, por lo que levantándose despacio también mientras lo veía a él caminar en dirección a la casa, le llamó con voz fuerte y decidida

-¡Terrence Grandchester!-

A lo que él se volteó extrañado. Una parte de él se conmovió en ese momento de verla hiperventilar a causa del frío, delicada como era en medio de la lluvia pero notó también a través de sus ojos, esa inmensa rabia que llevaba en su interior

-Esto aún no ha terminado- le amenazó ella solo un segundo antes de que volviera a lanzarse al ataque sobre él, logrando hacerle resbalar de nuevo en el fango.

Terry asombrado de su fuerza y de su ímpetu para ser una chica, tuvo que emplear parte de la suya para poder controlarla, cual pequeña fiera encima de él que no dejaba de golpearle el pecho y el rostro, haciendo un esfuerzo consiguió sujetarla de las manos y colocarse sobre ella, imposibilitándola.

-¡Cálmate ya!- gritó pronunciándole cada sílaba sin soltarla a pesar de su forcejeos y de sus consigas furiosas

-¡Te odio! ¡Lo peor en mi vida ha sido haberte conocido imbécil!-

No obstante, a Terry no le hizo daño ninguna de sus palabras, es más se divertía de haber conseguido ponerla así pues enojada le parecía más hermosa. Disfrutó además del poder que le concernía el tenerla de esa manera, como su conquistador. Desde ese punto, su jugosa boca de fresa que tanto le tentaba no le podía ser esquiva si se atrevía a atacarla con besos pero ante todo era un caballero y no quería asustarla más de lo que con probabilidad ya había hecho.

-No debiste alterarte tanto- le reclamó sin un ápice de vergüenza mientras le veía escrutarlo con sus ojos verde esmeraldas que parecían más profundos debido al mar de emociones que se cernía en ella y se mostraban ante él gélidos como armas corto punzantes. Entonces despacio Terry sacó del bolsillo de su pantalón el anillo que tanto reclamaba y lo blandió a la vista, haciéndola enmudecer y que la mirada se le llenara de lágrimas.

Se alejó poco a poco de ella que Inmensamente dolida por la burla, le arrebató de una vez la sortija, llorando. Ambos permanecieron un momento allí sin saber que decirse, Candy sentada acongojada y él arrodillado sobre sus piernas frente a ella, ya arrepentido.

-Mamá ¿Qué sucede?- le consultó Marc confundido a Paula desde la puerta de la cocina, donde ambos impresionados habían presenciado toda la escena -¿Es que acaso así comenzamos a comportarnos cuando nos volvemos adultos?-

-Lamentablemente sí cariño- confirmó la mujer, enviándolo a sentarse enseguida a la mesa para merendar y refiriéndose a los dos imprudentes revoltosos fue terminante, en miras de que era el único adulto responsable dentro de la casa -¡Muy bien ustedes dos, la fiesta terminó jovencitos, adentro ahora mismo!-


Continuará…