CAPÍTULO 37. CAMINOS SEPARADOS

La impresión de Genos al ver a Saitama en ese estado fue indescriptiblemente dolorosa. Esperaba algunos cambios, por supuesto. Y de hecho, lo que menos le tomó por sorpresa fue la coloración del iris y el resalte en sus venas. No obstante, esas horribles marcas de dientes en el hombro, la cicatriz en el pecho, y sobre todo los incontables chupetones en su cuello… lo dejaron atónito y destrozado.

Aún si no podía adquirir nuevas cicatrices por haber recobrado su fuerza sobrehumana, parecía que los indeseados y agobiantes estigmas de su encuentro erótico con el alien le acompañarían por mucho más tiempo.

No surgió una sola palabra de labios del rubio, mas acortó la distancia para envolver a su maestro en un abrazo cálido y efusivo.

—No te preocupes, estoy bien —murmuró el mayor, correspondiéndole.

Su discípulo le tomó del rostro, besándolo en el acto. Poco le importaba la opinión de los presentes, y no se habría detenido de todas formas. Necesitaba hacerlo. Ya no sólo porque le extrañaba con creces, sino porque se arrepentía de no haber estado a su lado para evitar ese despreciable encuentro.

Procedió de la manera más suave y cariñosa posible, ejerciendo una presión ocasional con sus labios, en un ferviente aunque banal intento por anular aquella terrible experiencia, reemplazándola con un cosquilleo invasivo que hiciera temblar a Saitama de pies a cabeza, desestabilizando su equilibrio, envolviéndole en el manto invisible de su amor incondicional.

—…No debí dejarlo solo —le acarició el rostro; y su mirada, perdida en esos orbes azules tan intensos como extraños, reflejaba una tristeza palpable.

Sin previo aviso, Genos avizoró su entorno hasta fijar la atención en Rider, quien no supo disimular el sentimiento de culpa astillándole el corazón:

"Yo dejé que pasara. Fui yo quien no pudo hacer nada para evitarlo, aun estando con él", fue el pensamiento que enterró lastimosamente en su conciencia.

A pesar del cruce de miradas, Rider no fue capaz de decir nada en voz alta; y más que una reprimenda severa, estaba seguro de que Genos habría anhelado desaparecerlo del mapa.

"Me merezco algo mucho peor, lo sé".

—Es hora de irnos —intervino Tatsumaki, con la misma frivolidad ecuánime de siempre.

Cierto es, que habían demorado más de la cuenta en la superficie, y todavía necesitaban intercambiar información esencial previa a movilizarse.

Emprendieron el vuelo de inmediato, ascendiendo con el dragón de hielo hasta alcanzar la altura suficiente para estar seguros de no tener que preocuparse por ataques sorpresa. Una vez suspendidos en lo más alto, la heroína entregó unos planos a Saitama y Rider.

—Esto es un maldito caos —masculló, suspirando largo y tendido.

—¿No hay planos para mí? —protestó Sónico, haciéndose el digno.

—Sería un enorme placer arrojarte desde esta altura —remató la chica, con malicia.

—Por primera vez estoy de acuerdo contigo —convino Saitama, abrazando al cyborg discretamente, mientras la mano de éste le recorría la pierna en afectuosas caricias incidentales.

—Como sea, tienen dos minutos para escupir la información más valiosa que tengan, porque de eso depende que todo esto salga bien —enseguida acribilló al ninja con la mirada—. Y eso va para ti también, parásito. Más te vale decirnos algo útil.

Sónico le sacó la lengua y le volteó la cara, entreteniéndose en girar la daga entre sus dedos, de forma brusca, en lo que esperaba a que Genos y Rider se explayaran con una explicación objetiva, bien fundamentada, y lo más concisa posible. Una vez llegó su turno, le extrañó que la peliverde ni siquiera parpadeara. La chica rascaba su barbilla y mordía su labio inferior, con el ceño fruncido, prestándole atención absoluta.

Al parecer, ninguna de las quimeras colosales, a excepción del anfibio, habían presentado tantas variantes, y sobre todo contrastes de elementos en sus múltiples ataques. Lo cual tenía bastante que ver con la producción de ese inusual antídoto.

Obviamente el pelinegro no imaginaba el sinfín de posibilidades que Tatsumaki maquinaba en silencio, asumiendo las numerosas bajas pero sin menospreciar a los contados especímenes medianos y pequeños que sobrevivieron a la catástrofe. Los cuales habían sido debidamente contenidos por uno de los contingentes, de manera provisional. "Ese imbécil de Bofoy los habría aniquilado sin miramientos. Aun así, me sorprende que sea la suerte de esta sabandija lo que probablemente les salvará la vida. Aunque… ¿Qué hacía alguien como él dándoselas de buen samaritano y conejillo de indias en el escuadrón de Sweet Mask? ¿Desde cuándo es tan servicial? Ja, ni que fuera su buena acción del día. De todas formas no tiene importancia. Veamos, si les suministramos ese antídoto a las especies sobrevivientes… No. No sería prudente. Debo enviar a un grupo de héroes para que recuperen a esa quimera-anfibio mientras nos encargamos de todo lo demás. Necesito que mi gente analice esa sustancia".

—Haré una llamada —alzó la mano, haciendo callar al ninja abruptamente.

No perdió oportunidad de observar a Silver Fang por el rabillo del ojo. Era impresionante verlo bajo control, con esos notables rasgos evolutivos sin consumar. Pero además, notó que bajo ningún concepto se apartaba de Rider, la primera persona con quien estableció contacto visual en su nueva e inusitada faceta.

—Bien, suficiente. Ya está decidido entonces —dictaminó la peliverde—. El calvo y yo venceremos a la quimera colosal marina, y los demás tendrán que dirigirse al "Santuario Glacial".

—¿Este plano es de allí? —preguntó Saitama—. ¿Qué es ese lugar? ¿Y qué hay ahí?

Genos se veía muy nervioso e irritado. No estaba de acuerdo con la decisión de Tatsumaki, a pesar de ser la mejor opción. Odiaba tener que separarse de Saitama. Pero, ¿qué se supone que hiciera?, ¿quedarse con él y dejar que los perversos planes del alienígena siguieran su curso?, ¿decirle a Saitama que el desgraciado se encontraba en aquel sitio y consentir que les acompañara, a pesar de que eso conllevase un mayor riesgo? No podía permitir que ese bastardo le arrebatara al hombre que amaba. Debía hacerse cargo de él por cuenta propia, aún si para ello se veía en la necesidad de omitir dicha información.

Su inquietud y molestia eran más que obvias, algo tan imposible de ocultar, que consiguió una réplica nada oportuna:

—¿Qué? ¿No te gusta mi idea? ¿O es tan perfecta que no tienes nada más que decir?

En ese momento Rider sí que distinguió la diferencia entre las miradas que Genos le había dedicado a él, y ésta en especial, sumamente amenazadora e intimidante.

—Tranquilo tortolito, mis labios están sellados —dijo la chica sin inmutarse, pero esas palabras inquietaron aún más a Saitama.

—¿Qué? —inquirió con marcada incertidumbre—. ¿Qué es lo que no quieren decirnos?

No tardó en sujetar a Genos del brazo, escudriñando en su exaltado semblante.

—No quiero dejarlo solo otra vez —era increíble cómo podía neutralizar sus facciones, tornándolas inescrutables de nuevo, si lo consideraba indispensable y categórico—. Esa quimera es peor de lo que cree. No sólo estamos seguros de que es la más peligrosa de todas… sino que fue creada especialmente para detonar el núcleo de nuestro planeta.

Por supuesto que no mentía.

—Lo dices como si no me creyeras capaz de impedirlo —alegó Saitama, con la cabeza en alto y sin ningún atisbo de duda en sus capacidades.

—Siempre voy a preocuparme por usted, lo sabe.

Rider y Sónico compartían un pensamiento en común. Para ambos resultaba abrumador imaginar no sólo que alguien ingeniase un método viable para llegar al núcleo y hacerlo explotar, sino más increíble todavía, que en el remoto caso de que eso fuera posible, existiera alguien capaz de evitar un cataclismo de dicha magnitud.

—Les recuerdo que estamos perdiendo valiosos segundos —al decir esto, Tatsumaki enviaba instrucciones en código a cierto grupo de superhéroes Clase A para que transportaran los restos de la quimera-anfibio al laboratorio donde unos cuantos científicos a su disposición se encargarían de investigar ese supuesto antídoto y, de ser posible, extraerlo o recrearlo para usarlo posteriormente en las quimeras sobrevivientes.

"Sería más sencillo e infinitamente rápido si contáramos con el sistema de transporte principal de Bofoy y lleváramos al anfibio a los laboratorios de la asociación. Qué lástima que eso ya no sea viable", pensó.

—Terminaré con ese monstruo en un abrir y cerrar de ojos —Saitama dio al plano un par de toques con los nudillos, y sonrió—. Llegaré a este lugar casi al mismo tiempo que ustedes, lo juro.

"Eso me temo", razonó el rubio. "Perdóneme, pero no puedo decirle que el alienígena que le ha ocasionado tanto daño se encuentra en ese santuario. No quiero ni pensar en lo que podría hacer si se encuentra con usted una vez más. No voy a quedarme de brazos cruzados para ver cómo lo aleja de mí para siempre. Nunca lo permitiría, sensei".

—Lo veo pronto —su sonrisa fue débil, forzada.

—Ya verás que todo saldrá bien —le acarició el cabello, y le sujetó la nuca con fuerza para robarle un último beso antes de tomar caminos separados.

"¿Sería tonto decirte que sigo poniéndome nervioso por acercarme así? Para mí toda esta situación es muy surrealista. Sé lo que siento por ti… ya no lo niego. Y vaya que sería un imbécil si lo negara después de todo lo que hemos pasado. Esa vez, creí que no volvería a verte. Temí a muerte un futuro sin ti, pero ya todo eso se acabó. Te mostraré que detener esa explosión será pan comido. Ahora tengo razones de sobra para estar orgulloso de esta fuerza sobrehumana. Si es para salvarte a ti, es lo mejor que pudo haberme pasado".

Genos se sorprendió al sentir que lamía su boca. El mayor frotaba su lengua en la carnosidad de sus labios como si no hubiera nadie observándoles. Las manos de ambos se aferraban al ser amado, perdiendo por unos cuantos segundos el sentido de la realidad. Su maestro le arrancó un gemido ahogado, y profundizó el beso al que el menor correspondió con la misma intensidad, acariciando su cuello, embriagándose con su aroma y perdiéndose en ese calor envolvente, a pesar del ligero temblor en sus extremidades. Le pareció escuchar a la peliverde decir algo, alguna queja o comentario despectivo quizás, pero no prestó atención, se hallaba por completo absorto en el mar de sensaciones, inhibido únicamente por la cruda angustia al deslizar sus dedos a través de esa horrible cicatriz en el pecho de Saitama.

—Lo amo, sensei… demasiado.

—Yo también te amo.

"Si supieras que para acabar con todo esto, ambos tendremos que morir. Él y yo. No se lo he dicho a nadie pero, por momentos, el hilo de sus pensamientos aparece en mi cabeza. Es algo muy extraño. Algunas veces no son más que murmullos imposibles de comprender, o palabras sueltas. Sin embargo, otras veces sí que escucho frases. Y por supuesto que él lo sabe, me lo ha dicho. Tenía razón. Ahora estamos conectados. Sé que se volverá inmortal si no lo detengo antes del amanecer… Genos, no quiero decirte adiós, pero si no averiguo pronto dónde está y acabo con él de una vez por todas, estoy seguro de que conseguirá erradicar a todas las especies que habitan este planeta, destruirá sus ecosistemas y desmoronará en segundos el ideal por el que se fundó la asociación de héroes. Todo se perderá, incluyéndote. Debo matarlo ahora que es débil, no hay otra alternativa… Por eso… no puedo decirte la verdad, porque sé que no permitirás que lo haga".

—Cuídate mucho, nos vemos.


—Así que estás de parte de ellos —corroboró Stinger.

Zombieman le dedicó una sonrisa jactanciosa, y le pasó el agua que uno de los héroes bajo sus órdenes les había ofrecido en una cantimplora.

—Siento mucho haberte amarrado, pero sólo será hasta que lleguemos al punto de encuentro.

—Casi desfallezco y tú me tratas como rehén, ¿no crees que merezco una mejor explicación?

—Hice que te ataran precisamente para ahorrarme esa explicación —le acarició el cabello y le ofreció un poco de agua.

—No me toques —bufó, pero aceptó varios tragos. Estaba sediento.

—Por favor, no te enfades.

Los héroes más próximos, alcanzaban a escuchar la conversación y murmuraban entre ellos, sorprendidos por el peculiar trato de su líder para con Stinger.

—¿Qué hay en las montañas nevadas?

—No es lo que hay allí, sino mucho más arriba, a más de cuarenta o cincuenta mil pies de altura.

—¿Qué hay allá arriba?

—Una fortaleza de hielo, mejor conocida como Santuario Glacial. Es el hogar de los dragones de hielo.

—¿Cómo dices? Creí… creí que sólo existía un solo dragón.

—Imposible. No habrían dejado que una especie tan singular como esa se extinguiera. Su producción individual les habría tomado mucho tiempo y recursos. Y aun así, no tendría sentido desaprovechar la oportunidad de tener a más de uno. Imagino que crearon varias parejas para que se reprodujeran. ¿Olvidas la codicia de sus creadores?

—¿Y cuántos dragones hay en ese sitio?

—Eso ni siquiera yo lo sé, pero pronto lo averiguaremos.

Zombieman le consiguió un abrigo a Stinger, que de momento sólo le cubría a modo de cobija por encima de las ataduras mientras tenía que quedarse arrodillado sobre la carga que transportaban en un automóvil blindado. Se notaba a leguas que su posición era muy incómoda, ya que prácticamente se mantenía postrado de boca al cargamento, y eso no le facilitaba una visión periférica en absoluto.

Para su suerte, dentro de poco se toparon con el grupo comandado por Drive Knight, y éste dio la orden a su escuadrón de guiar al resto de los subordinados hacia la formación que Flashy Flash les tenía preparada.

—Espero que no te moleste llevarlo a él —sentenció Zombieman.

"¿De qué habla? ¿Llevarme a dónde?", se preguntó Stinger, entendiendo cada vez menos.

—¿Y a ese lastre para qué lo quieres?

—Es amigo mío.

Drive Knight exhaló pesadamente y meneó la cabeza.

—¿Es en serio? —de no ser por la máscara y esa esfera brillante cual ojo artificial, habría mostrado un gesto despreciativo a más no poder.

El héroe zombie se mantuvo firme e imperturbable, así que no consiguió mayor represalia. Después de todo, llevar a una persona más no afectaría en nada lo que tenían planeado hacer, o al menos eso argumentaba en su defensa.

Stinger no estaba al tanto de los otros grupos, pero lo común era que aguardaran por una aeronave que los transportara a todos juntos. En realidad, los únicos contingentes que se separaron fueron los de Drive Knight y Zombieman. Dejando a éstos dos completamente solos, trasladándose aparte, en una especie de dirigible compacto.

Drive Knight tenía la habilidad de pilotar con ágil precisión y destreza, así que se colocó presto en el asiento del piloto, siendo asistido por su compañero al despegar, al menos hasta alzarse entre las nubes en un vuelo estable. Ulteriormente, Zombieman se levantó del asiento y optó por desatar al héroe Clase A.

—Listo. Eres libre.

—Te estas burlando de mí, ¿cierto? —se asomó por una ventanilla, luego de otear el reducido espacio de la aeronave privada donde lo habían subido sin su consentimiento.

—No, para nada. Tenemos una misión importante que cumplir.

—Puedo hacerme una idea, pero no creas que me quedaré de brazos cruzados.

Indudablemente, Flashy Flash planeaba una emboscada contra Saitama y todos los que habían sido fichados como detractores. Aunque Stinger seguía preguntándose cuál sería el papel que tendrían ellos durante el ataque.

—Tranquilo…

—¡¿Tranquilo?! ¡¿Desde cuándo apoyas a Metal Knight?! ¡Y sabes que está muerto, ¿no?! —le sujetó del cuello de su nueva gabardina, que recién notaba tenía un fresco aroma a limpio—. ¿Quién te dio esto?, ¿uno de tus subordinados?

"Cuando desperté, ya íbamos en marcha rumbo a las montañas nevadas. ¿Acaso su escuadrón se reunió en el campo de Amanitas? ¿Cómo fue que nos encontraron?".

No planteó las preguntas en voz alta porque le molestaba recordar lo ocurrido dentro de aquella seta y atar cabos. Se había quedado dormido por la falta prolongada de oxígeno y el exceso de estrés acumulado, así que alguien se había tomado la molestia de reemplazar su vestimenta maltrecha y, ¿los habían encontrado semidesnudos?

"Nos abrazamos. Yo incluso besé su mano". Ahora que lo pensaba detenidamente, no estaba seguro de nada. Todo le parecía difuso y enredado, incluyendo sus propias acciones.

Mordió su labio inferior. Ya era demasiado tarde para bloquear el pensamiento de que seguramente había sido el mismo Zombieman quien le colocó su traje entallado de vuelta, antes de que el escuadrón de héroes les encontrara y le entregaran un cambio de ropa a su líder. Habría preferido que lo vieran semidesnudo, en definitiva.

—Sé lo que estás pensando, pero créeme que habría sido peor si te encontraban…

El rostro de Stinger se encendió al rojo vivo de la vergüenza.

—¡No quiero saber nada de eso! ¡Sólo quiero que me digas a dónde vamos, y qué es lo que planean hacer!

—¡Guarden silencio, necesito concentrarme! —les recriminó esquivo el héroe a cargo de la navegación aérea, atento en seguir unas coordenadas específicas.

De inmediato, Zombieman se dirigió hacia un diminuto compartimento aislado en la parte trasera, a tan sólo seis metros de distancia. Y Stinger le siguió.

—Esta puerta sella muy bien. Aquí no podrá escucharnos.

—No pienso entrar ahí, se ve muy estrecho.

El sitio contaba con una tenue iluminación azulada, aunque no ayudaba mucho.

—Sí, bueno. No podemos hablar en el pasillo. Drive Knight no dudará en arrojarnos por la escotilla si se agobia.

—…Vale —por más que su sentido común se lo advirtiera, no podía odiar a Zombieman, aunque la desconfianza era latente hasta cierto punto.

Observó las cajas a su alrededor, notando que ese estrecho cubículo no era más que un precario compartimento de almacenaje.

—Si fuéramos más que amigos, no estaría nada mal para tener un poco de intimidad —comentó el héroe Clase S.

Y no lo dijo en un tono meloso ni nada por el estilo. Fue más bien casual, tomando a consideración que lo que menos deseaba en ese momento era incomodar a Stinger, aunque de todas formas provocó que desviara la mirada y tragara saliva, denotando incomodidad.

—¿Ahora sí vas a explicarme qué es todo esto?

—Sólo la parte en la que estoy medianamente al tanto. Drive Knight es quien conoce los detalles.

—No pienso preguntarle nada a ese huraño amigo tuyo, capaz y me incinera —notó que su sentencia le hizo gracia a Zombieman, ya que disimuló una sonrisa burlona—. Si en verdad estás de parte de ellos, debes tener una muy buena razón. Tú no eres alguien manipulable.

—Mira, lo primero que debes saber es que todos los escuadrones se dirigen al mismo sitio. Se reunirán en la entrada del santuario, aprovechando que el sucesor de Metal Knight se encargó de dormir a los dragones.

—Espera un momento, ¿sucesor?

—Eso fue lo que le informó Flashy Flash a Drive Knight. Según sé, se refiere a un androide autogestionable que controla al resto de los prototipos.

—¿Una máquina? Debes estar bromeando.

Un movimiento brusco del dirigible los tomó desprevenidos. Se sujetaron a las paredes del compartimento como pudieron, pero la turbulencia les propinó una buena sacudida hasta que el piloto consiguió estabilizar la nave.

—¿Te encuentras bien?

Stinger había terminado a resguardo de su superior, quien le sujetó del hombro y la cintura para amortiguar un posible impacto.

—Sí. Lo estoy.

—¿Seguro? —murmuró desde muy cerca, esta vez apoyándose en un bordillo de la parte superior.

El aludido se sentía acorralado, y no sólo físicamente. Así que no supo responder nada coherente, sólo tragó saliva, consciente de que su pulso se había acelerado.

—¿Puedo besarte? —por increíble que pareciera, la pregunta expedita fue formulada por el héroe de menor rango.

Zombieman no se movió un ápice y tampoco respondió al instante. ¿En serio había escuchado bien? Estaba rígido como una tabla, con los nervios de punta y la piel erizada, aunque en su caso, podía pasar desapercibido con facilidad.

—Sabes que me encantaría hacerlo —habló en voz baja, con una serenidad que indiscutiblemente Stinger estaría muy lejos de sentir.

Sin embargo, se apartó. Deshizo hasta el más mínimo contacto y se distanció lo más que pudo en el de por sí limitado espacio, hasta recargarse en la pared contraria.

—No sé si sólo estás asustado o también confundido, pero no pienso hacer nada a menos que realmente lo desees.

—Tal vez sí quiero —las palabras salieron en tropel, impulsadas por la rabia y el pavor que había estado acumulándose desde que abandonó a Sónico.

—¿De verdad? —cuestionó aprensivo, pero sobre todo escéptico y ligeramente sorprendido.

Esta vez fue Stinger quien se acercó peligrosamente, rodeando el cuello del contrario. Y estuvo a punto de besarle, si no fuera porque Zombieman ladeó la cabeza para evitar el contacto con sus labios.

—No hagas esto por despecho, por favor.

Fue lo suficientemente perspicaz para adivinarlo.

—Ese imbécil no merece…

—¿Sientes algo por mí? —le interrumpió, con un rotundo interés en la prontitud de su respuesta.

Sabía a la perfección que Stinger odiaba al ninja por haber traicionado su confianza, pero también estaba seguro de que la razón de mayor peso por la que no se lo perdonaba era justamente el amor que le tenía. "Y dudo que sientas algo remotamente similar por mí, ya que no veo que le des tanta importancia a mi postura. De buenas a primeras le restas consideración al hecho de que confabule con el enemigo. ¿En serio no te das cuenta que de pronto lo percibes como algo irrelevante?".

La aeronave dio un giro de 360 grados en otra maniobra complicada, por lo que Stinger tuvo que sujetarse de Zombieman, notando el contacto con sus piernas y abdomen. Y ya que la frustración reprimida nublaba su juicio, no perdió oportunidad para recorrer con su boca una parte del cuello del Clase S, besándole, con fervor y suma dedicación, pese a que el contacto directo con sus labios le había sido negado explícitamente.

—Me gustas.

Zombieman permaneció quieto, y en absoluto silencio. Lo cual incomodó a Stinger al punto en que decidió separarse.

—No sé qué es lo que estoy haciendo.

—Lo supuse —su débil sonrisa fue condescendiente.

—No hagas que me sienta más patético —desvió la mirada.

—Estás confundido, eso es todo.

—No. No estoy confundido. El odio que siento por ese idiota no me deja pensar.

"Ojalá te des cuenta del verdadero por qué", pensó para sus adentros.

—Deseo de corazón que muy pronto puedas olvidarte de él.

—Cuanto antes, mejor —concordó, mordiendo su labio inferior y frunciendo el ceño.

Casi de inmediato, volvió a suavizar su expresión al exhalar un suspiro apagado. De manera instintiva, buscó la mano de Zombieman a tientas, justo como había hecho la vez anterior que estuvieron a solas, bajo el velo de la asfixiante seta. Apenas palpó la piel de su dorso, se aferró con un apego desmesuradamente arraigado, entrelazando sus dedos, mirándole a los ojos, de una manera extraña y profunda, casi suplicante.

—Podríamos intentarlo.

El contrario contuvo el aliento, nervioso por que el vibrar extendiéndose bajo su piel no cediera, sacando a relucir un evidente temblor en sus manos o mandíbula. Afortunadamente supo controlarlo muy bien. "¿Por qué? ¿Por qué ni siquiera estás pensando en que se lo propones a alguien que acaba de ser asignado a una tarea especial en el bando enemigo?".

—De acuerdo.

Ciertamente ninguno de los dos esperaba que esas palabras fueran pronunciadas. Mas había una condición:

—Sólo que no iniciaremos una relación hasta que todo esto termine, ¿de acuerdo?

Pese a lo doloroso que le resultaba si quiera dar pie a esa falsa esperanza, debía volver a la cruda realidad y centrarse en su objetivo inmediato. Así que añadió, en un tono más seco, para otorgarle la seriedad necesaria al asunto vital que les había sido encomendado:

—Nosotros no nos reuniremos con el resto, nos desviaremos a la parte posterior del santuario y entraremos por una compuerta oculta que nos llevará directamente a la estancia del androide que te mencioné.

Stinger prestó suma atención, preguntándose una vez más qué clase de intervención sería. Sólo que esta vez se limitó a asentir, sin siquiera dejar en claro su postura.

—En realidad seremos los únicos, además de Flashy Flash, que iremos a verlo en persona.