Aclaración: Todos los personajes pertenecen a la genial J.K. Rowling y a la Warner Bros. Esta historia está escrita para el entretenimiento. Es un Universo Alternativo.
Aclaración. Los puntos de vista son de Ginny Weasley y Harry Potter.
Siento decepcionar a quienes esperan la escena entre Ron y Hermione, pero pronto vendrá, tuve que hacer algunos ajustes a la trama. Y me tomó más tiempo del que pensé… Hace unos días subí un capítulo único de la historia de cómo Ginny se hizo algunos tatuajes. Y pronto subiré un capítulo dramático del momento en que ella intenta quitarse la vida.
C38. Una tensa calma
El caos por el enfrentamiento en el callejón Diagon era notable, algunos edificios continuaban en ruinas después del enfrentamiento con los mortífagos y Lord Voldemort un par de días atrás. Neville y Ginny caminaron observando la destrucción, ambos se habían comprometido en ayudar a reparar el local de los gemelos esa mañana gris de otoño. Llovía a cantaros y todo parecía incluso más triste y desolador.
Cuando trataba de ingresar al local se vio presa de unas cuerdas que la hicieron rebotar en el piso. Neville de inmediato sacó su varita y lanzó algunos hechizos de aturdimiento a varios encapuchados apostados en la calle. Los gemelos corrieron a ayudar y se encontraron con su hermana fuertemente atada tirada en el piso. La batalla tomó poco tiempo, con algunos hechizos aturdidores Neville se encargó de cuatro de los ocho mortífagos, mientras Fred se encargaba de la otra mitad y George luchaba por soltar a su hermana de las cadenas invisibles que la mantenían atada de brazos y piernas. Debido al reciente ataque en el callejón, un par de aurores hacían rondas por todo el callejón en aras de mantener el orden; luego de escuchar las explosiones los dos aurores reforzaron el ataque a los mortífagos finalizando la incursión en menos de diez minutos.
La batalla por retener a la chica se desarrolló en pocos minutos, pero la violencia que experimentaron fue extrema para todos. No todos los días se enfrentaban a ocho mortífagos dispuestos a todo con tal de conseguir su objetivo: Ginevra Weasley. Al finalizar el enfrentamiento los gemelos y Neville tenían múltiples heridas en el cuerpo y varias sangraban profusamente. Ginny terminó desmayada y con uno de sus brazos partidos y el hombro dislocado. Aunque para ser equilibrados, los mortífagos no terminaron mejor que los chicos, sin embargo lograron huir sin ser detenidos por los aurores. Con el tiempo, se supo de la crueldad de Lord Voldemort porque los seis hombres que lograron huir aparecieron muertos enfrente del ministerio de magia, con signos de haber sido torturados lentamente hasta provocarles la muerte. Y un claro mensaje quedaba grabado en la mente de la comunidad mágica, cualquier error frente a una orden dada por Lord Voldemort se pagan caro.
Los gemelos y Neville los dejaron para observación en San Mungo y Ginny se devolvió a Hogwarts. El intento de secuestro de la muchacha puso en alerta a toda la orden del fénix. Ahora la joven era un objetivo para el mago oscuro.
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Era de madrugada y Ginny no podía dormir, los acontecimientos de finales de octubre, un día antes de Halloween aún rondaban su cabeza, el intento de secuestro la tenían angustiada y si a eso le añadía que Harry Potter aún seguía convaleciente en una cama de hospital, todo la estaba llevando a un estado de impotencia que empezaba a afectarla seriamente.
Como Nimue le enseñó, empezó a revisar cada problema desde la raíz, primero estaba el día de Halloween. Observaba salir la luz rosa de su cuerpo y sintió a su cuerpo desprenderse en un parpadeo de sus ojos y volver dentro en el siguiente movimiento de los ojos. Todo demasiado rápido para la comprensión humana, de eso estaba segura. En ese segundo donde uno estuvo en su cuerpo, recordaba haber visto a su madre y a otra mujer a quien por más que trató no pudo identificar; las dos mujeres apostadas a su lado, siendo un soporte y a la vez una fuente de energía.
Al cabo de un tiempo pudo relajar su mente lo suficiente y observó a las dos mujeres hablando, diciéndole miles de cosas y nada al mismo tiempo. Sintió cariño, afecto, poder y sobre todo amor de parte de ambas. Ellas eran como los ángeles de la guarda de los que hablan los muggles y la estaban cuidando no solo a ella sino también a Harry. Fue hasta entonces que observó las cosas de otra manera, como en una cámara de video muggle, puesta a pocas revoluciones, de forma que se ve cada imagen sostenida sobre sí misma; como si esperara para que ella la observara y al fin entendiera lo sucedido.
Observó el escudo protector cubriendo a Harry, era una extraña armadura hecha de pequeños cristales entrelazados de forma perfecta pero tan dinámica que simplemente estaban ahí para brindar protección, parecían una pequeña caparazón traslúcida, de un fino color rosa, trató de tocarlo y de inmediato se transformó y tomó formas geométricas diferentes que parecían bastante sólidas y daban la sensación de que ni una bala de un arma pudiera traspasarla.
Mientras el escudo se organizaba alrededor del cuerpo del joven, observó una mezcla de determinación y miedo en los ojos esmeralda, aunque tal vez no era ese tipo de miedo que se ve en los ojos de alguien enfrentando su muerte; era similar a la mirada de pánico en los ojos de Labela, aquella vez en la selva cuando estuvo a punto de perder a Gardian el enano. Era el mismo vacío e intenso que la traspasó incluso a ella misma y la hizo temer por la vida de su amigo el enano. Esa misma sensación de haber perdido a alguien invaluable era lo que observaba en la mirada verde.
Toda esa sensación la llenó de confusión, así que dejó de mirar los ojos esmeralda y se dedicó a observar a Tom Riddle, le vio alzar su mano en cámara lenta –Luego la danza verde y poderosa del hechizo cruzó hacia su objetivo, rompiendo el aire en un cántico lleno de sonidos estridentes que vaticinaban un fin absurdo y oscuro. Cuando la luz verde impactó en la cara del muchacho, algo que no había visto antes se dibujó en los ojos de Harry, pero no lo pudo descifrar; luego un pequeño rayo verde se reflejó en el escudo rosa y retrocedió faltando muy poco para impactar el cuerpo de Tom. Entonces fue cuando entendió que fue ese rebote de la maldición lo que hizo huir a Tom Riddle, las ironías de la vida por poco cae preso de su propia maldición imperdonable. Ginny salió del trance y trató de respirar con normalidad, pero el aire estaba determinado a huir de ella, siguió intentando la misma técnica hasta encontrar el ritmo que la tranquilizó y la devolvió a la realidad. La sanadora Pomfrey la había visto levantarse y acudió de inmediato en su ayuda.
– No te preocupes, Poppy, estoy bien, es sólo que tuve un extraño sueño y aún logro saber si es realidad o ilusión.
– Mi niña, no te preocupes ¿te preparo una poción para dormir?
– No creo que duerma, no al menos por ahora ¿te puedo ayudar en algo?
– La única forma en que me puedes ayudar es descansando. Son las cuatro treinta en la mañana, la mayoría de personas duermen todavía.
– No podría regresar a esa cama aunque quisiera. Quiero ocupar mi mente en algo y olvidarme de ese sueño porque no creo que pueda pegar un ojo sin volver a soñar.
– Podrías ayudarme con ese paciente, mi niña.
Poppy la observaba con detenimiento, ella conocía con detalle la historia que había compartido con Harry y no necesitaba ocultar sus sentimientos ante su amiga. Así que sin mediar palabra, tan solo con una sonrisa franca se desplazó hacia el sitio donde se encontraba el joven. Lo vio acostado en la cama, tenía algunas heridas y rasguños, al ver su pierna supuso que le habían dado alguna poción para el crecimiento de sus huesos. Observó los envases con la poción para maldiciones de magia oscura que Luna, Neville y ella habían mejorado en los últimos meses. Era hora de darle la poción al muchacho, pero para eso debía despertarlo. Lo miró con detenimiento, le acarició la cara con ternura, pero la sorpresa se la llevo ella, él estaba despierto, mientras la observaba con detenimiento se dejó tomar la cabeza y tomó la poción sin decir nada. Ella no deseaba hablar, no había nada por decir, sin dejar ver sus sentimientos por él, asunto con el que aún se empeñaba en luchar.
– No creas que te voy a dar las gracias por haberme salvado la vida, Weasley –después de un rato, al fin Harry había roto el incómodo silencio.
– No espero nada de ti Potter, mejor tómate toda la poción y quédate aquí descansando.
– Estás loca si piensas que me voy a quedar más tiempo en este lugar, mientras todo eso está sucediendo allá afuera.
– ¿Y cómo crees que vas a salir de este lugar? –definitivamente ese hombre era un pretencioso, cabeza dura.
– Como siempre he salido, por la puerta principal
– Y se puede saber, ¿quién te va a ayudar a salir de este lugar?
– Nunca he necesitado ayuda para salir de ningún apuro y no voy a empezar ahora.
– Pero aún no sabes lo que esa poción hace en un mago, Potter –al ver la sonrisa de medio lado que él dibujó en el rostro.
– Te olvidas que me la tomé hace unos días –Ella bajó la mirada y el aprovechó para levantarse. Así que me voy AHORA –Más se demoró el joven en exclamar que en caer al piso. Por lo visto esta poción era más fuerte y no contenía el sedante de la vez anterior.
– Señor Potter, estás hablando con una de las personas que fabricó la poción. Conozco el efecto que genera en tu organismo. No estás capacitado ni física, ni mentalmente para levantarte de esta cama, así que ahora te levantas del piso y te acuestas de nuevo –Ginny se apostó a salir del lugar
– ¿Y no me vas a ayudar a recostarme? –al verlo tirado en el piso no tuvo valor para dejarlo a su suerte y se compadeció de su situación –parece que necesitarás de alguna poción extraña para llevarme a la cama Weasley.
– Vamos Potter, llevarte a ti a la cama no creo que le cueste esfuerzo alguno a una mujer.
– En mi cama sólo han estado las mujeres que he querido.
– No quiero pensar que esa es una extraña forma de invitarme a que esté contigo, Potter.
Él la observó con detenimiento, estaba cansado de ser rechazado una y otra vez, quería decirle demasiadas cosas a la mujer más bella con quien tuviese el gusto de compartir el tiempo. Y simplemente las palabras no salían de la boca de Harry. El sueño le fue ganando y se dejó llevar por la hada de los sueños. Sabía que iba a soñar, ahora era una especie de ritual de cada noche, sabía que iba a sentir los labios de la pelirroja tomar posesión de los suyos. Conocía la rutina de la chica, mientras una mano traviesa tocaba su pecho y lo acariciaba y tan solo con eso lo llevaba al mismo cielo. Hubiese querido que todo fuera realidad y no un sueño, pero como su padre le había enseñado. La realidad difiere casi siempre de los sueños.
Después de una hora, Harry despertó. Todavía estaba en la enfermería de Hogwarts. Los huesos de su pierna aún no habían crecido completamente y dolía al punto de querer gritar. Sonrió un momento, efectivamente su sueño era el mismo de siempre, al menos eso tenía. Inspiró y el dulce aroma del jazmín y rosas se mezcló en su nariz. Adoraba el olor de la pelirroja, sentía tranquilidad cuando ella estaba a su lado, aunque fuera para darle esa horrible pócima. Volteó la cara y la vio en la silla cercana a su cama. La chica se había quedado toda la mañana ahí acompañándolo, sintió cariño y hubiese deseado decirle que se acostara junto a él, sin importar que los huesos le dolieran como una maldición cruciatus cuando te pega en el cuerpo.
La vio removerse en la silla y posar sus hermosos ojos cafés sobre los suyos. Le sonrió en agradecimiento, pero ella no le correspondió. Entonces recordó que ella sólo era suya en sus sueños, en la vida real, le pertenecía a otra persona. El enojo lo invadió, ¡cómo carajos la vida era así de cruel con él, sólo con él?
– ¿Qué haces aquí, Weasley?
– No sabía que no podía sentarme en esta silla, Potter.
– Sabes perfectamente bien a qué me refiero. Tenemos un trato –ella lo miró asombrada –tu y yo… tu sabes Ginny –su mano trataba de insinuarle que se alejara de él, pero ella ignorando la petición del muchacho, acercó su silla un poco más a la cama del pelinegro.
– Él es un tonto, –ella quería hablar, debía dejar salir el enojo que sentía en ese momento con Michael, esa mañana había ido al colegio y había hecho una horrible escena enfrente de Poppy, haciéndola sentir avergonzada incluso de estar con él –Figúrate no me deja salir sola, quiere que esté acompañada de alguien todo el tiempo, porque no sé qué imagen tiene de que necesito ser protegida.
– Mira que la vida está llena de ironías pero estoy de acuerdo con el imbécil de tu novio
– No quiere que esté cerca de nadie –le debería decir a Harry que pronto dejarían de ser novios, no tal vez era mejor esperar un poco más –Bueno no es del todo cierto, no quiere que esté cerca de ningún hombre.
– ¿Este imbécil aun pretende que no estés rodeada de hombres? Te dije que era bueno para seducir a las mujeres, me faltó decirte que no era el más listo. Tienes seis hermanos y la comunidad mágica está conformada prácticamente solo por hombres, tanto así que a ustedes las chicas les tocaría de a 10 para cada una.
– Vaya, ¿por qué no lo pensé de esa forma antes? Hubiera sido una excelente forma de poner a bailar a más de uno a mi favor –No importaba la seriedad de un asunto ella siempre tenía un apunte que lo hacía reír –para serte sincera, realmente Michael no quiere que me acerque a ti, todos los demás pueden acercárseme, no importa que ellos hagan el tonto conmigo.
– ¿Y qué le dijiste? –los ojos verdes mostraban tristeza al mirarla, pero aun no era tiempo de darle esperanzas al ojiverde, él debía comprender muchas cosas más.
– No entiendo por qué está celoso de ti, si entre tu y yo no hay nada. Jamás hemos hecho nada, no al menos mientras estoy con él, bueno está bien aquel día después del baile… y en la sala de entrenamiento otra vez; pero fueron sólo unos besos inocentes. –Su cara angelical estaba luciéndose. Harry sonrió estaba perdido junto a ella, esta conversación se le devolvería de alguna forma horrible y le haría sufrir.
– No creo que tuviesen mucho de inocentes, Ginny –permanecieron en silencio otros minutos –¿Qué vas a hacer ahora? –ella siempre lo llevaba a extremos, en ese instante deseaba estrangularla, cómo le contaba todo eso, sabiendo lo que él sentía por ella.
– Pero él no lo sabe, no sabe que te he besado. ¿Por qué actúa así?
– ¿Qué te ha dicho?
– Que me miras raro
– ¿Te miro raro? –una risa asomó en su cara, había evitado mirarla para no caer en el juego que ella le planteaba.
– No, desde que nos miramos, siempre me has visto igual –se miraron fijamente –bueno no siempre es igual, a veces como ahora, tu mirada… –su voz ahora era muy bajita y ronca por la emoción –siento que puedo navegar en tus ojos, como si fueran un mar de color verde esmeralda y … y me falta el aire, porque te pasas la lengua sensualmente por tus labios y deseo besarte y … –casi saltando sobre él le gritó –mejor me voy –pero él fue más rápido que ella y mientras la detenía de un brazo, la hizo acercarse quedando a centímetros de su rostro.
– Si esto se repite, no voy a desaprovechar la oportunidad, Weasley –la miró detenidamente mientras le acariciaba su cabello y con un beso en la frente liberó el brazo de la chica.
Ella no lo miró y salió del lugar huyendo de sus pensamientos y de la sensación del beso de Harry en su frente, ese pequeño pedazo de su piel, ardía como si la hubiesen puesto al fuego directamente y una sensación de calor se había extendido por su cuerpo. Rayos, rayos, rayos. Sólo quería cuidarle el sueño. Llevaba tres días en Hogwarts, Poppy la quería tener cerca y ambas sabían que aunque ella estaba bien de salud, todo era por Harry. La sanadora la conocía lo suficiente para saber que ella no se separaría de él, al menos hasta que los huesos de su pierna no le crecieran totalmente, y que él se pudiese sentar por sus propios medios.
Todas las mañanas repetían el mismo ritual con la sanadora, se levantaba cerca de las cuatro de la mañana y esperaba unos momentos antes de que Harry sintiera su presencia y despertara, para aceptar el brebaje sin chistar. Compartían unos momentos de silencio y luego él dormía por más de seis horas, antes de la siguiente dosis. Ginny siempre partía justo antes de la siguiente dosis, no quería que él la viera ahí, quería hacerle creer que ella solo estaba desvelada y por eso le daba el brebaje en la mañana. Aunque detrás de eso le ocurrieran tantas cosas al mismo tiempo.
Las palabras que acababa de oír de los labios de Harry, quemaban su aparato auditivo. Sentía demasiadas cosas al mismo tiempo. Rabia, dolor, antipatía, temor, deseo, tristeza. Todo se agolpaba en su pecho y no podía ni respirar. Se acercó a Poppy que se encontraba en el escritorio y se lanzó en los brazos de la sanadora y lloró. Ginny muy pocas veces había llorado en presencia de otra persona. Pero en esa ocasión no podía ocultar más sus sentimientos, estaba demasiado confundida con todo lo que sentía y quién mejor que su amiga del alma para que la reconfortara.
Poppy le acariciaba con tranquilidad el cabello a la pelirroja, el ataque de llanto había cesado algunos minutos atrás, pero todavía se escuchaban pequeños quejidos interrumpidamente en el pecho de la joven.
– Estoy confundida. No sé lo que me sucede. Yo no puedo estar enamorada de él. Yo no puedo enamorarme de nadie. Todos… todos los hombres son iguales. Al final me van a maltratar y me van a dejar a un lado. Todos lo hacen, siempre –La joven soltó las palabras a boca jarro, al final no pudo mantenerse en silencio –Incluso Michael.
– ¿Él se propasó contigo? –Ginny la miró pero no dijo nada –porque si es así, ya mismo me voy y…
– No, no él no… -suspiró con fuerza –él no se propasó conmigo, pero me ha insistido tanto para que estemos juntos y yo no quiero, no estoy preparada. No quiero volver a ser la misma de antes. No podría tener sexo con alguien a quien no quiero.
– Al fin lo admites
– Tu sabías eso de mi, Poppy. Te conté de mi primera vez con André y de que me besé con muchos pero jamás estuve íntimamente con ellos.
– No me refería a eso. Lo decía por lo de tus sentimientos hacia el señor Corner.
– Eso también lo sabías.
– Nunca antes lo habías dicho en voz alta –Ginny alzó los hombres señalando que no era tan importante.
– Creo que todos lo saben, menos él –miró a sus pies y se sentó en el escritorio de la sanadora –desde que volvimos de Bulgaria he querido decirle que lo nuestro no va más, pero todo lo que ha pasado me lo ha impedido. Y ahora…
– Es más difícil.
– Sí… Esta mañana después de que lo visto salir como un energúmeno, quise correr tras él y gritarle una buena cantidad de verdades en la cara. Pero me pareció horrible terminar con él de esa forma. Al fin y al cabo, si saco cuentas él me ha dado más de lo que yo le he dado a él.
– No por eso vas a seguir en esta relación ¿verdad?
– No, para nada.
– Porque estás enamorada del señor Potter.
– Del señor Potter, jamás. Aunque es un hombre muy atractivo, y esas canas que le están saliendo en el cabello le hacen ver bastante apetecible –rió al ver la expresión de Poppy –sí, lo sé. Sé que te referías a Harry –le tomó la mano de la sanadora y la acarició –No puedo seguir mintiéndome más y debo aceptar de una buena vez, que estoy aquí contigo porque quiero estar todos los días cerca de él.
– Eso lo dejaste claro, ya.
– Tengo miedo de que él me lastime, Poppy. Todas las mujeres de Inglaterra y no se de cuántos países más han pasado por su cama. Me distancio de la típica rubia oxigenada, sin neuronas y obedientes con quien él acostumbra a salir.
– Él lo sabe, sería un tarado con T mayúscula si no hubiese notado lo especial que eres.
– ¿Y si es por eso que se siente atraído por mi? Por mis habilidades con los elementales de las plantas y del agua… yo quiero ser respetada por todo lo que soy, no por una pequeña parte.
– Me haces acordar de una pequeña charla que tuve alguna vez con el señor Potter –la miró y se sonrió –el padre. Después de algún partido de Quidditch estuvo aquí en la enfermería y una romería de mujeres pasaron por su cama, tratando de saber su estado de salud, sólo quien él quería que lo visitara, fue quien no pasó a verlo.
– La señora Potter
– Sí, Lily Evans ese era el nombre de la mujer que robaba el sueño de James Potter. Para ese entonces ella no sentía sino aversión por él. Entonces en un momento de soledad, mientras le suministraba una poción para sus huesos, el joven dijo algo entiendo sólo hasta ahora. "Algunos compañeros me preguntan por qué ando botando la baba por Evans… Ellos no pueden entender por qué me empeño en querer que ella esté conmigo e ignoro a las demás que se derriten por mi. Lo que no saben es que sólo Evans me ve como una persona común y corriente, no como la estrella de Quidditch, ni como el rico heredero de la fortuna Potter, ni como el merodeador. No ella se enfrenta a mi y me dice las cosas en la cara. No se arruga cada vez que me ve haciendo alguna de mis –miró a Poppy y se sonrió –algunas de las bromas que le gastamos a los demás. Ella no tiene pelos en la lengua para hacerme aterrizar y decirme quién soy"
– Pobre señor Potter. Tener tanto dinero y sentir que todos están contigo por interés debió ser terrible.
– Lo mismo debió haberle pasado a Harry, querida –Ginny se quedó pensando en las palabras de la sanadora –No podemos negar que los hombres Potter son bastante atractivos y muy carismáticos, y las mujeres encuentran eso irresistible.
– Pero Harry no es sólo dinero y carisma. Él es adulador, prepotente, atractivo, galante, inteligente, hábil, atractivo.
– Lo dijiste dos veces… atractivo.
– Es que es muy atractivo –Ambas rieron al tiempo.
– Tienes muchas palabras buenas para describirlo, tal vez sí estés enamorada después de todo.
– Sí, creo que lo estoy. Ahora tendré que romper con Michael. Pero no quiero hacerme ilusiones con Harry. Quiero ir despacio. No me parece justo ni con Harry, ni con Michael. Salir de uno para irme a los brazos del otro. Michael ha sido un buen novio. Aunque ande algo posesivo últimamente… Aunque creo que se debe a lo mala novia que soy.
– No eres mala novia.
– Temo que sí, Poppy. Desde que volví de Bulgaria sólo lo he visto unas cuatro veces. ME la he pasado más tiempo aquí. No hemos estado solos por más de diez minutos y él se siente solo, con toda razón.
– Entiendo…
– El otro problema es Chang
– La novia del señor Potter. A propósito no la he visto por aquí ningún día.
– Supuse que no la habías dejado entrar.
– No, para nada. Aunque me parezca una mujer cansona, no podría negarle visitar a su novio.
– Claro… Claro… -Ginny hubiera querido que su amiga no dejara entrar a la Chang, sólo por solidaridad con ella, aunque sabía que eso no pasaría jamás. Poppy era demasiado profesional para hacer una cosa así.
– Tal vez, está de viaje.
– Sí, tal vez. Aunque debió enviar una lechuza o algo para averiguar por la salud de Harry. Es lo que una novia medianamente aceptable haría por su novio.
– Tal vez, no sepa nada de este asunto. Con todos los acontecimientos de estos días, dudo que alguien le haya avisado si quiera.
– Eso también podría haber pasado.
– Entonces…
– Entonces, terminaré con Michael, de esta semana no va a pasar, Poppy.
– Me alegra por ti.
– Creo que yo también estoy alegre por mi –se bajó del escritorio y besó la frente de la sanadora. Me voy para el apartamento, necesito hablar con las chicas. Hay asuntos de la orden que tenemos que resolver y estando aquí no se solucionarán solos. Ya he pospuesto lo suficiente el interrogatorio de Dumbledore, acerca de lo ocurrido en el callejón y ya no lo pospondré más.
– Muy sensato de tu parte, querida. Ve, yo cuido al joven en tu ausencia.
– No dejes que se levante. El muy testarudo se cayó esta mañana, tratando de huir de aquí.
– Sí escuché cuando le dijiste un par de verdades en su cara.
– Gracias, Poppy. Eres excelente escuchando.
– Con gusto, mi querida señorita Weasley. Con gusto.
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Harry abrió los ojos de forma lenta, trataba de acostumbrarse a la luz. Los sonidos del lugar lo indisponían, quería que el silencio volviera y todo volviera a estar callado. Quería volver a sentir las manos dulces de la pelirroja, sus sueños estaban llenos de imágenes de la bella chica, sonriendo y consintiéndole. Adoraba a esa pecosita que le había robado el aliento un día en la oficina del viejo Dumbledore y desde esa vez jamás volvió a ser el mismo.
– Ya es hora que te despiertes y dejes a la hija de Arthur en paz. Me dicen que el novio es un celoso de miedo.
– No le tengo miedo a ningún medicucho de quinta, papá.
– Deberías, levantarte entonces. Has dormido por una semana y me estás haciendo falta.
– …
– Es cierto. ¿Con quién crees que he de discutir la siguiente incursión en el mundo de Voldemort, si no es contigo?
– Ahí tienes a Lupin. Que sea él, tu segunda mano esta vez. Un día de estos me voy a cansar de estar ayudándote en tu trabajo. Deberían darme el crédito de todos los golpes que has hecho.
– Tampoco me has ayudado en todas los golpes. No exageres, porque estés convaleciente no te da derecho a atribuirte mis éxitos
– Vamos, papá. Soy mejor general que tu, deberías admitirlo.
– Si así lo fueras, no habrías arriesgado tu vida por un simple soldado.
– Ella no es un simple soldado, tu lo sabes.
– ¿Por qué diablos no esperaste a que llegaran los refuerzos, Harry?.
– …
– Casi te mata. Ese maldito te pegó con la maldición asesina. Si no es por la hija de Arthur, estarías hoy acompañando a tu madre en… en… en donde quiera que esté. ¿Sabes lo que a este viejo le ocurriría si tu no estás?
– Papá no digas nada más. Perdóname.
– Harry, por las barbas de Merlín. Cuando Dumbledore me informó que estabas en la enfermería de Poppy, cuando yo mismo te había dejado aquí encerrado una hora antes, quise golpearte. Quise gritarte lo estúpido que habías sido. Quise…
– ¡Basta papá! Estoy bien, mírame. Me siento como mierda, pero estoy bien.
– Maldición, Harry. Debes cuidarte. Tu cabeza tiene precio. Ese hijo de su… No la progenitora de ese maldito no tiene la culpa de lo que ese hombre hace.
– No tienes remedio, hombre. Ni siquiera puedes insultar a Voldemort. –ambos se miraron y sonrieron –Al final creo que estás volviéndote anciano.
– Hijo, no debiste haber corrido tras de esa chica y antes de que me digas que no lo puedes evitar y todas esas cursilerías que gritan los enamorados, por favor déjame agregar que… Debes hacer algo para que esa muchacha te acepte, porque vas a terminar muerto antes de siquiera besarla por primera vez –Harry trató de reírse del comentario –Por lo visto ya lo has hecho.
– Y fueron los besos más dulces que he recibido.
– Mi ego de Potter se alegra, pero el pedazo de alma que comparto con Lily se entristece a la vez –Harry trató de sentarse y James lo ayudó a incorporarse –En serio, debes cambiar tu estatus de asechador a novio, amante, amigovio o como quiera que sea que lo llaman hoy en día.
– Ginny, jamás me pondrá cuidado, papá. Está el medicucho de media ese.
– ¿Y dónde está el orgullo Potter, del que tantas veces has sacado provecho?
– En esta cama. Presa de un dolor en todo mi cuerpo, tanto que mi padre necesitó ayudarme a sentar.
– Si tienes que decirle a la hija de Arthur que le regalas el cielo y la tierra, pues díselo. Estoy seguro que si pudieras lo harías.
– Le bajaría cada estrella que ella me pidiese, papá. Pero ella no quiere saber nada de mi.
– Por eso fue que fabricó ese elixir que te devolvió la vida y no solo la vez que te metiste a esa maldita cueva sin protección, sino esta vez también.
– La poción no lo preparó ella sola, papá. Tuvo ayuda de Neville y Luna. Incluso Madame Sprout también colaboró.
– Pues desconoces todos los acontecimientos, hijo. La fórmula de la poción tenía mucho más que sólo un poco de plantas carnívoras parlanchinas. Tu chica –Harry miró con disgusto a su padre por el sobrenombre –déjame hablar. La poción era inestable, ninguno de los elementos que tenía lograba hacerla funcionar, hasta que ella preparó algo que denominan "Cristal de mujer", requiere de magia muy poderosa y de un sentimiento muy profundo de amor, para que ese Cristal funcione, Harry –el muchacho miró a su padre asombrado –Hijo, la chica está confundida. Sus sentimientos por ti son verdaderos y profundos; pero la situación que le ha tocado vivir no es simple y por eso no desea aceptarte en su corazón.
– Le he dicho de todas las formas que deseo estar con ella.
– Harry…hijo. Ella no es una chica como las demás. Ella no se deslumbra porque eres un Potter, o porque le guiñes un ojo al pasar. Ella no confía en ti, porque le has pasado a su novia por enfrente, porque has sido vanidoso y prepotente, porque ella ha sufrido cosas que no puedo comentar pues le di mi palabra a Arthur –James le tomó las manos a su hijo con cariño, como cuando era niño y quería hacerle entender algo muy difícil –La vida de la chica ha sido más complicada de lo que ni si quiera piensas. No confía porque ha experimentado cosas fuertes. Hasta hace muy poco pudo reconciliarse con su padre y sus hermanos. Está empezando a creer que puede ser parte de una comunidad y no una paria como lo fue casi toda su vida. Harry sé inteligente y mira más allá de la fortaleza que ella quiere mostrar. Detrás de todo eso se esconde una chiquilla, llena de temores y con muchos deseos de ser protegida.
Harry observó a su padre con cuidado. Amaba a ese hombre más que a nadie en el mundo, no sólo le había dado la vida. Cada día estaba ahí para él, con una palabra reconfortante o un apretón de manos o simplemente la forma en que le despeinaba el cabello, para hacerle enojar. Tal vez su padre tenía razón y Ginny sólo desconfiaba de él por ser un desconocido. Suspiró con fuerza, y pensó de nuevo en las palabras de su padre: "cristal de mujer" tendría que interrogar a Hermione, acerca del asunto. Ella sabría la verdad y le contaría los detalles que él necesitaba saber.
– Voldemort, la quiere –James observó el color retirarse de la cara de su hijo –Hace dos días unos mortífagos intentaron secuestrarla. Harry se propuso respirar de nuevo. Las palabras de su padre habían drenado la sangre que corría por su cuerpo. Entendía por qué ese maldito hombre, quería poseer a su hermosa pelirroja, pero por un momento pensó que ese monstruo quería a Ginny como él deseaba estar con ella y el pánico le invadió de pies a cabeza.
– Debo salir de aquí… debo recuperarme. No puedo quedarme aquí mientras él está por ahí. Acechándola.
– Remus me dijo que no te lo dijera, que esperara a que estuvieras mejor, pero yo te conozco y sé que me odiarías si no te lo digo. Además también sé que gracias a eso te vas a sanar muy rápido. No puedes evitar el alma Potter que gobierna tu mente.
Gracias, papá. No sabes lo bien que me hace, que me conozcas tanto. Y te aseguro que saldré de aquí antes –suspiró con fuerza y buscó algo en su mesa de noche. Tal vez por eso era que la chica estaba viviendo en Hogwarts, esa era la razón para que se tocara el hombro continuamente… quizás recibió alguna herida en el ataque –Ella está bien… no está herida de gravedad ni nada
– Tuvo algunas heridas menores, pero Poppy la sanó. Los gemelos y Neville salieron anoche de San Mungo
– ¿Y están bien?
– Sí, todos están bien. Voldemort dejó esta mañana seis cuerpos bastante mutilados a la entrada del ministerio. Ahora todo el mundo sabe que la hija de Arthur está en la mira de Lord Voldemort y todos empiezan a preguntarse la razón para ello.
– Ella va a estar en más peligro que antes –James asintió con pesadez –Hoy no vino en la madrugada
– ¿Quién?
– Ginny, no vino hoy –James lo miró sin entender –Ella se está quedando en Hogwarts y en la madrugada viene y me da la poción, pero hoy no vino. Papá por favor, averigua ¿dónde está? ¿Quién la está cuidando? Porque no podemos dejarla sola.
– Lo sé hijo. Albus encargó a Remus de su protección
– Bien… bien –Harry respiró con tranquilidad y se acomodó en su cama.
– Entonces la hija de Arthur te acompaña en las madrugadas –James le sonrió a su hijo. Esperando que hablara más del tema.
– Sólo me da la poción y se queda esperando a que me duerma para ella marcharse.
– Ella no tiene por qué darte la poción.
– No le he preguntado por qué lo hace. Sólo disfruto con verla.
– Estás tan perdido como lo estuve yo con Lily.
– Lo sé, papá.
– Tendrás que hacer algo.
– Lo haré. Algo se me ocurrirá. Tal vez si desaparezco al medicucho ese. Ginny me dé al menos la hora.
– Podría ser el blanco de alguna broma al mejor estilo merodeador. Eres un experto en sacarte a los estorbos del camino.
– Temo más la represalia de Ginny, si se llega a enterar que le hice algo al estúpido, cara de yo-soy-el-novio-y-tu-no que nada.
– Es una chica con un repertorio de hechizos interesante. Entiendo por qué los gemelos se desviven por ella. No sólo ellos, hasta Neville la cuida como si fuera su hermana. Creo que de una u otra forma es la hermana de cada uno de tus amigos.
– Pero no mía. Jamás la podría ver como mi hermana. Es demasiado hermosa para serlo.
– ¡Hey! Que Eillen pudo haber sido tanto o más hermosa que tu Ginny –la pequeña hermanita de Harry era un tema que poco o nada hablaba con su padre.
– Sí, sería una pelirroja hermosa de haber crecido junto a nosotros –James afirmó con su cabeza, perdido en sus pensamientos
– Papá creí haber visto a mamá en mis sueños. No… en mis sueños no, cuando Voldemort quiso asesinarme, vi a tres mujeres a mi alrededor levantando un escudo de protección, una era Ginny, la otra era una mujer gordita de cara bonachona y la otra era mi madres. Estoy casi seguro de ello.
– Es posible hijo, todavía no sabemos qué fue lo que sucedió en ese momento. Las imágenes de la chica Weasley le entregó a Arthur no son tan claras, en ese instante. Había una espesa bruma que cubría todo.
– Sí, esa bruma la invocó Voldemort. Para que yo no supiera dónde estaba. Aprendió de la última vez, no creo que esté a gusto después de la última vez, cuando le clavé la espada.
– Sí, es posible que para eso invocara la niebla, para no dejarte ver.
– Tendremos que encontrar una forma de disolver la niebla. Atacarlo con armas muggles fue una buena estrategia, y demostró ser un punto débil.
– Tienes razón. Pondré a Hermione y a los muchachos a trabajar en eso. Quizás con esos se sientan más útiles en estos días. Están preocupados por todo y no es bueno que pierdan el ánimo.
– Claro, papá. ES bueno que se sientan acompañados por todos. No los dejes solos. Involúcralos en las actividades de la orden donde no corran ningún riesgo.
– Lo haré hijo. Claro. Ahora descansa. No demora en venir la enfermera para darte la otra pócima.
– Espero que le haya quedado bien claro que no quiero nada con ella
– ¿Cómo sigue molestándote?
– Pues…no, después de que ayer Ginny le dijera un buen par de verdades. La mujer hace su trabajo y se va.
– ¿Y todavía crees que la chica no se interesa en ti?
– Tiene a su novio… No lo ha dejado… No me deja decirle nada
– Ay hijo, NO hay peor ciego que aquel que no quiere ver –Harry lo miró y se sonrió. Su padre lo ayudó a acomodarse en la cama y partió para la oficina de Albus. Ahora tendrían que idear la mejor forma de ayudar a la hija de Arthur. El ataque del callejón lo tenía bastante preocupado y se lo haría saber al director del colegio de inmediato.
Notas
Agradezco inmensamente a Aurora Boreal, Fatty, Fanpotter, a una invitada que no dejó su nombre y a MaggieHP por sus reviews. No les pude responder personalmente, pero a mi favor está que subí este capítulo, ayer subí otra historia alterna y pronto subiré otra más. Además tengo varios capítulos casi listos. Y todo porque al final tengo un pequeño descanso y como en este año he subido tan pocos capítulos me siento con la necesidad de terminar la historia. Gracias y por favor recuerden sus críticas. No importa el calibre de las palabas que usen…
