36. El Digimon Rally
-¡Tú! -gritamos mi amigo de roca y yo al mismo tiempo al ver la silueta de Norn en la entrada de la bodega.
-¿Se conocen? -preguntó extrañado Armadimon.
-Nos conocimos en la calles de Shin Jipangu. -contestó Norn muy risueña. -Son muy simpáticos, Armadimon-san.
-De acuerdo. -dijo Armadimon. -Pásame la canasta que la comida no se preparará sola.
Norn le pasó la canasta llena de comida a Armadimon, éste último se retiró de la bodega para dirigirse quizás a la cocina.
-Armadimon-san es muy bondadoso. -dijo Norn sonriendo nuevamente. -Se preocupa mucho por los Digimon...
-No necesito que finjas delante de mí. -contesté molesto.
-Ay, ay... qué amargado eres... -dijo Norn sin dejar de sonreír. -Seguramente tu antecedente como comandante de las tropas armadas de Torkaimon te cambió ese estado de ánimo.
-¿¡Cómo sabes de eso! -pregunté alarmado.
Norn se acercó hacia mí, y mirándome fijamente a los ojos, me dijo:
-Porque Torkaimon es un enemigo en común para ti y para mí. Para vencer a un enemigo, primero debo conocer sus debilidades, y tú eres una de esas debilidades.
-¿Quién o qué eres tú? -pregunté de nuevo. -¿Qué es lo que quieres de mí?
-Quiero que seas el valiente guerrero que Yggdrasil trajo a este mundo. -contestó.
No pude pronunciar ni una sola palabra, no entendía por qué alguien que no me conocía para nada, sabía todo sobre mí, o hasta más de lo que yo sabía.
-Esa niña no es de fiar, niño Yanami.
-Eso estoy pensando, Rakugamon... -contesté en mi mente.
-Sabe demasiado de nosotros. -dijo. -Pero no tenía idea de que Torkaimon estuviera utilizando a más niños para vigilarnos.
-¿Podría ser él? -pregunté.
-Quisiera pensar que no. -me contestó. -Hasta donde sé, ningún niño humano común y corriente puede cruzar hacia el Digital World, por eso los protegía en jaulas hasta encontrarte.
-Dile a tu amigo Rakugamon que no soy aliada de su antiguo jefe. -habló nuestra nueva acompañante.
-¿Qué diablos estás...? -grité al escuchar la contestación de aquella niña.
No entendía eso. ¿De verdad estaba escuchando la conversación que estábamos teniendo en secreto en el interior de mi mente? Sin embargo esa niña nos mandó a callar, seguramente ya sabía que el resto de mis amigos estaba cerca de la bodega.
-No hables. -dijo Norn. -Tú sólo sígueme la corriente.
-¿Eh? -pregunté de nuevo, pero terminé siendo interrumpido por el grito de Akio anunciando su llegada junto con los demás.
-¡Ya llegamos! -gritó Rina, quien de pronto se puso algo extrañada y furiosa a la vez al ver a otra niña frente a nosotros.
Ninguno de nosotros entendía por qué había una "integrante" más junto a nosotros. Pero la reacción más sorprendente de todas fueron las que protagonizaron el chico nuevo y el Digimon de mi hermana. Steve, por un lado, se hizo para atrás al ver a Norn, cosa que notó a la perfección su amigo, y V-mon no dejaba de mirarla fijamente a los ojos. Pero ella no dejaba de fingir que no nos conocía.
-¡No puede ser! -dijo exclamando. -¿De verdad son ustedes esos niños que van a vencer a ese Digimon malvado?
-Bueno, podía decirse... -respondió Hiroshi. -¿Y quién eres tú?
-Mikihara Norn. -dijo inclinándose. -Soy de Japón y tengo 12 años. Gusto en conocerlos.
De pronto, corrió hacia V-mon y comenzó a jalarlo de las mejillas, como si estuviera jugueteando con un peluche.
-¡Qué bonito! -gritó Norn acariciándolo de esa manera tan dolorosa. -¡Y azul! ¡Mi color favorito!
-¡Por... favor... señorita...! -gritaba el Digimon azul tratando de apartarla lo más lejos que pudiera.
-¡Ya está la...! -dijo Armadimon desde otra habitación. -¡Oh! Veo que ustedes son nuestros invitados. La mesa está servida, pueden pasar a comer.
-Creo que podremos hablar como en familia en la mesa. -terminó Norn para invitarnos al comedor.
Llegando allí, todos los platos estaban servidos, parecía ser que Armadimon se había esmerado por colocar la mesa lo mejor posible. Lástima que no pudiera hablar tan bien de la comida. Rina sopló el tazón de sopa y el vapor que despidió parecía que formaba un cráneo con dos huesos cruzados, no era precisamente una señal de que fuera comida especial para piratas.
-Esto... -dije. -¿Esto es la sopa?
-Sí. -dijo Armadimon orgulloso. -Seguí al pie de la letra la receta que venía en este libro.
Todo hubiera estado bien de no haber notado todo el mundo que el Digimon armadillo estaba llevando el libro de cabeza.
-Si me permite, yo puedo preparar la comida. -dijo Akio levantándose de la mesa.
-¿De verdad? -exclamó Mizuki alegrada.
-¡Sí! -dijo con una sonrisa de satisfacción.
-¿Necesitas el libro? -preguntó Armadimon acerćandoselo.
-Podría darle vuelta al libro y notar que es un libro sobre construcción de barcos. -dijo Gaomon de la mejor forma posible.
-Ahora entiendo por qué flotaba un pedazo de madera en mi sopa. -dijo Ayano tomando entre sus dedos un enorme trozo de caoba.
-¿Y bien? -pregunté tratando de retomar la charla que había tenido con el dueño de la bodega. -¿Qué hacía esa banda motorizada de Goblimon frente a la entrada?
-Burlándose de que habían lastimado a mi motorista estrella. -dijo Armadimon bajando la mirada.
-¿Motorista estrella? -pregunté. -¿Usted está ofreciendo el premio y a un participante?
-Sólo le cuidaba el vehículo con el que planeaba participar. -dijo. -Pero ahora que está herido en su casa...
-¿Y no hay forma de que él pueda obtener el premio? -pregunté.
-No. -dijo. -Si alguien más se ofrece a participar, ese participante no podrá entregar su premio.
Entonces, me levanté y dije:
-¡De acuerdo! ¡Entonces yo me ofrezco para montar esa motocicleta!
-¿Qué? -preguntó Hiroshi. -¿Estás loco? Apenas tienes diez años, y nunca has montado una motoci...
-Tú no sabes lo que he tenido qué hacer cuando estuve en el Digital World desde hace seis meses. -presumí disimulando mi participación en el bando del mal para no alarmar a Armadimon.
-¡No lo entiendo! -gritó Rina. -¿Por qué quieres participar?
-Si no conseguimos el barco que ofrecen como premio, no podremos llegar con Yggdrasil. -dije.
-¡Podemos hacer lo que sea! -dijo Mizuki. -¡Podemos armar un bote como lo hicimos para escapar de esa isla desierta! ¡Pero una carrera de motos! ¡Es demasiado!
Miré a Norn como tratando de decirle que les convenciera de hacer esta clase de locura, y pareció comprender lo que le pedía, así que se aventó a decir.
-¿Conocen de alguien de Shin Jipangu que haya cruzado el enorme río para encontrarse con Yggdrasil?
Nadie respondió, ni siquiera Armadimon.
-Esa es la respuesta más obvia. -siguió hablando Norn. -Todos los que se han aventurado a cruzar el río desaparecen misteriosamente y nunca han logrado regresar.
-¿Qué? -preguntó Hiroshi. -Debes estar mintiendo...
-No mentiría con algo tan serio. -dijo la niña nueva. -Sé que son los niños elegidos que Yggdrasil está esperando, pero a la vez no la tienen tan fácil como para llegar frente a él.
-¡Armadimon-san! -gritó Akio desde la cocina. -¿Dónde están las especias?
-Ahora las busco. -dijo el Digimon armadillo levantándose de la mesa dejando el comedor.
Por alguna extraña razón, vi cómo Norn sonreía después de aquel acto.
-Armadimon-san posee un medio de transporte que Yggdrasil diseño especialmente para aquellos elegidos. -siguió hablando. -Sin embargo sólo funcionará cuando sus tres soldados predilectos estén tripulándolo.
-¿Sus tres soldados? -preguntó Fanbeemon.
-Dos humanos especiales y un Digimon que designó especialmente para ello.
-Seguramente se refiere a... -dijo Mizuki.
-Sí. -interrumpió Norn. -Proyecto y Designio.
-¿Y el Digimon? -pregunté.
-Sólo les puedo asegurar que ese Digimon está entre ustedes. -terminó. -No puedo decir quién es, porque él no sabe ni siquiera que fue elegido.
-¿Seré yo? -dijo Gotsumon.
-¿O yo? -preguntó Piyomon.
-No responderé a eso. -dijo la niña nueva.
-¿Entonces no queda de otra que participar? -preguntó Rina un poco harta.
-Me temo que sí. –dijo Patamon.
-¿¡Van a participar! –preguntó Armadimon. -¡Qué bien! No quisiera que un barco tan enorme como ese quedara en manos de los Goblimon.
-¿Y no hay más participantes? –preguntó Ayano-chan.
-Sólo los Goblimon. –contestó el dueño de la bodega. –Se han dedicado a lastimar a los participantes y a tomar sus correspondientes puestos.
-De esa manera han ganado las últimas carreras de motos- habló Norn. –Dejan fuera de la carrera a sus oponentes y toman sus lugares para siempre obtener los trofeos.
-¡Qué feo! –dijo Piyomon.
-¿Entonces participarán? –preguntó Armadimon.
-¡Sí! –dije eufórico.
-
Después del suculento desayuno que Akio preparó para todos, todos salimos de la bodega llevando alrededor de dos motocicletas con asiento lateral para el copiloto. Por un instante pensé que sería una carrera común y corriente, pero en cuanto vi esa silla extra, supe que no sería así.
-¿Quién quiere probarla? –preguntó Armadimon.
-Lo haré yo. –dije para animar a los demás por si alguien más quería correr.
Así, animé a Gotsumon a que la hiciera de copiloto, y yo me monté en el del piloto, ambos nos pusimos los cascos y en menos de un segundo de haber montado la moto, nos dispusimos a correr con ella. Shin Jipangu parecía estar hecho precisamente para esta carrera próxima, pues estaba lleno de vueltas y obstáculos por doquier.
-¿Nos vamos al bosque? –le invité a mi amigo de roca.
-¡Sí! –gritó Gotsumon, no sé si asustado por la velocidad o si sentía la misma emoción que yo, pero parecía más lo segundo que lo primero.
Así, nos adentramos a los bosques, y salimos de él en cuestión de unos diez minutos, volviendo al punto de partida en poco tiempo. Al llegar allí, todos estaban sorprendidos de las hazañas que habían visto, y sobre todo de no haber sufrido ni un solo rasguño.
-¡Increíble! –dijo Armadimon saltando de emoción. -¡Creo que he encontrado a mi piloto estrella!
-¿Desde cuándo sabes manejar eso? –preguntó Ayano-chan.
-¿Recuerdas que una vez te dije que estuve seis meses en este mundo? –contesté sin siquiera mirarla. –Por cierto, Armadimon-san, ¿no sería buena idea probar a todos ellos para saber quién podría hacerla de piloto suplente?
-¡Por supuesto!
Pero esa idea resultó ser un fracaso. Ni Ayano, Norn o Mizuki desearon participar. Hiroshi tuvo náuseas apenas subiéndose a la moto, Steve terminó por estrellarla contra un árbol, y Akio… por alguna razón parecía que le faltaban algunas piezas después de que Akio la hubiera montado.
-Esto es inútil… -dijo Armadimon resignado.
-¿Puedo probarlo? –preguntó Rina.
-Rina… -dijo Piyomon. -¿De verdad?
-No se ve tan difícil.
Y en efecto, no fue para nada difícil el que Rina cubriera la vuelta que había hecho yo hacía unos minutos, aunque lo hizo con una Piyomon demasiado asustada, y con unos 10 segundos de retraso con respecto a mi marca.
-Nada mal, nada mal. –dijo Armadimon después de su llegada. –Pero creo que Daisuke lo hace mejor que todos los demás.
-No me halague tanto… -dije tratando de no ser tan presumido.
-Bien. -dijo Armadimon concluyendo por hoy. -Creo que es todo por hoy, hay que guardar las herramientas porque la competencia de mañana será dura.
-¿¡Es mañana! -grité.
-¿Algún problema? -preguntó Armadimon.
-Ninguno... -contesté. -Sólo que esperaba poder practicar un poco más.
-Patrañas. -dijo el armadillo. -Te mueves mucho mejor que esos Goblimon. Podrás ganar sin problemas.
Así, volvimos a disfrutar de una cena suculenta, en la que esta vez el Digimon armadillo no participó. Todos en la mesa preguntábamos a Norn sobre quién era, de dónde venía, y lo más importante: su Digimon. A lo que contestaba siempre: "No sé por qué estoy aquí". Era algo que al parecer los demás se tragaban, pero yo no lo podía tomar tan fácilmente. Quizás mi desconfianza hacia aquella niña era tanta que vigilaba casi todas sus acciones y movimientos tratando de buscar algo que no estuviera bien.
Armadimon nos confió de tal forma que nos tomó a Gotsumon y a mí a cargo de la bodega, para evitar que cualquier Goblimon sucio pudiera causar destrozos.
-Va a ser una noche muy larga. –comenté a mi amigo de roca.
-¿Me convierto en Leomon? –preguntó. –Así podré asustar a los que vengan.
-No es necesario. –le contesté. –Debemos ahorrar fuerzas para la competencia de mañana. De eso depende que podamos ver a Yggdrasil.
Lancé un fuerte suspiro y miré hacia el techo de la bodega. Parecía tener varios huecos, pues la poca luz de la noche se filtraba por los agujeros del techo.
-Deberías ir a dormir, Daisuke. -escuché que una voz nos hablaba desde la entrada.
-Rina... -dije. -No es necesario...
-El corredor estrella debería descansar. -me interrumpió. -Descansa, yo me haré cargo.
-Corredor estrella... -dije. -Suena bien cuando tienes un récord limpio...
-¿De qué hablas? -preguntó Rina. -¿Hablas de...? No deberías...
-¿Pensar en ello? -pregunté. -Trato de hacerlo, pero por más que lo intente, siempre habrá alguien que tenga ese resentimiento...
-Intentaste matarnos... -dijo Rina mirando hacia el suelo.
-¿Tú también? -pregunté. -Gracias por los ánimos...
-¡No! -dijo apresurada. -¡No quería decir eso! ¡Es sólo que...!
-No es necesario que te molestes, Daisuke... -trataba de animarme Gotsumon.
-¡Es que de verdad ya no lo soporto! -grité furioso. -¡Primero es Akio! ¿Y ahora tú? ¡Tengo hasta a mi hermana en contra mía!
-¡Basta! -gritó Rina. -¡Siempre es lo mismo! ¡Crees que todo el mundo está en contra tuya, pero no es así!
-¿Entonces? -pregunté. -¡Lo único que percibo de todos es que me andan recordando a diario lo que fui hace algún tiempo!
Rina de pronto y sin avisar me abrazó, no entendí por qué hizo eso, y dijo:
-Lo recordamos porque no podemos olvidar lo que tu antiguo jefe intentó hacer con nosotros y con nuestras familias… Yo también lo odio, y quiero que el mundo regrese a la normalidad.
-Rina… -dije algo sorprendido por la reacción de mi amiga. -¿Pero qué…?
-Quiero seguirte en este viaje para vencer a ese Digimon. –siguió hablando sin hacer caso a mi sorpresa. –Estoy segura que Mizuki también, y Hiroshi, y Ayano… hasta Akio, aunque no quiera decirlo.
-Esto sólo era entre él y yo… -dije tratando de no mirarla.
-Pero si nos quiere ver muertos, no le daremos esa alegría tan fácilmente. –terminó.
-¿Qué estás haciendo, Rina? -pregunté asustado de la reacción de ella. No me esperaba algo así.
Rina de pronto se despegó de mí bruscamente, como si no se hubiera dado cuenta de lo que estaba haciendo.
-¿Pero qué...? -gritó. -¡Suéltame, Daisuke!
-¡Pero si yo no...! -grité asustado.
De tanto forcejeo, Rina sólo atinó a pegarme una cachetada y a salir corriendo de la bodega.
-¡Rina! –grité recuperándome del golpe.
Traté de levantarme, a lo que Gotsumon, asustado, me siguió hasta la salida.
-¡Rina! –grité a la salida. -¿Qué es lo que pasa?
-¡Lamento haberme tirado de esa manera! –gritó con lágrimas en los ojos.-¡Olvida lo que pasó!
-Pero… -traté de preguntar lo que pasaba, a lo que Rina respondía con grandes evasivas.
-¡Sólo olvídalo! –gritó antes de secarse las lágrimas y regresar al edificio donde estaban las habitaciones.
-Eh... Daisuke... -dijo Gotsumon. -¿Puedes decirme lo que pasa?
-Eso quisiera saber... -dije aún confundido después de la escena que Rina había protagonizado.
-No eres muy bueno leyendo la mente de los demás. -escuché que alguien hablaba cerca de un árbol.
-¿Qué quieres, Norn? -pregunté.
-Entender a los humanos. -dijo bajando de una fuerte rama del árbol.
-¿Entender... a los humanos? -pregunté. -¿Piensas estar igual de rara que Rina?
-Yo creía que lo de Rina sería demasiado natural, al menos en los humanos. -contestó acercándose hacia mí.
No mencioné ninguna palabra, más que...
-Creo que la noche les está afectando a Rina y a ti. -dije. -Vamos Gotsumon, debemos cuidar el premio y el vehículo.
-Iré a la habitación de las niñas. -dijo Norn.
-Antes de irte, quisiera preguntarte algo. -traté de detenerla. -¿Qué o quién eres?
-Haces muchas preguntas. -dijo Norn tratando de no responder a mis cuestiones. -A Yggdrasil no le gusta que hagan muchas preguntas.
-¿A... Yggdrasil?
-¿Lo ves? -preguntó de nuevo Norn. -Haces preguntas de todo lo que ves, quieres obtener una respuesta a todo.
-Quiero saber todo lo que me involucra. -contesté firmemente. -¿Por qué nos tocó resolver este problema? ¿Por qué la relación de nuestros padres hace 30 años? Y sobre todo... ¿por qué yo?
Norn no supo, o más bien no quiso responder a mis preguntas, tan sólo atinó a decir:
-Yggdrasil te responderá esas preguntas. Pero todo a su tiempo, su plan aún no va por la mitad.
-Esto sólo me hace pensar una cosa. -dije. -Tu nombre no es Mikihara Norn, y ni siquiera eres de Japón...
Norn no dijo nada. Únicamente sonrió, y se marchó sin decir más. Estaba comenzando a sospechar sobre la verdadera identidad de esa niña, sobre todo que la mayor parte del tiempo que estaba frente a nosotros parecía como si nos conociera de toda la vida, tratando de entablar una amistad que parecía más que fingida.
-No le digamos a nadie lo que pasó esta noche. ¿De acuerdo, Gotsumon?
-Sí. -dijo no muy convencido.
Al llegar a la bodega, logré percibir unos ruidos muy extraños provenientes de la mini-bodega de la motocicleta.
-¿Quién anda ahí? -grité.
-Ha llegado el corredor estrella. -logré escuchar al fondo.
-¿Goblimon? -pregunté.
Sólo escuché las carcajadas de esos ogros, lo que confirmaba que, en efecto, eran ellos.
-Van a ver... -dije apretando los puños. -¿Listo, Gotsumon?
-¡No dejaremos que hagan algo en este lugar! -gritó Gotsumon.
Ambos corrimos hacia los Goblimon que se encontraban cerca de la motocicleta. Grave error el que cometí, pues en un movimiento equivocado de brazos, pude escuchar un chasquido similar al de grilletes cerrándose, y el cual logré sentir precisamente en las muñecas de mis brazos.
-¡Maldición! -grité asustado, logrando que me cayera al suelo del susto.
Sabían quién era yo y cómo atacarme para no poder hacer nada.
-¡Ya lo tenemos! -gritó otro Goblimon escondido en la oscuridad de la bodega.
-¡Daisuke! -gritó Gotsumon preocupado. -Angry Rock.
Gotsumon trató de atacar a los Goblimon, pero estaba en plena desventaja. La poca iluminación de la bodega desapareció por completo cuando aquella banda motorizada logró meterme en un enorme saco, evitando que pudiera hacer algo.
-¡Gotsumon, ayúdame! -grité asustado dentro del costal sin poder ver absolutamente nada.
-¡Rápido! -gritó una voz la cual supuse que sería de otro de los ogros. -¡No dejen que active el Digivice!
No pude recordar más sobre lo que pasaba, pues después de eso, sentí un enorme golpe en la cabeza, seguido del desvanecimiento de los gritos de los Digimon que se encontraban peleando en la bodega...
Continuará...
