"Perdóname mi miedo, que yo te perdono tu prisa…"


•.: SEXPERIENCIAS :.•


| XXXV.- Secreto a Voces |


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Sakura despertó a la mañana siguiente como a eso de las ocho veinte de la mañana. Asomó un ojo por debajo de la sábana, notando la luz entrante de la ventana calándole en la cara, así como la cama vacía de su tía. Con flojera volvió a cubrirse por completo, girándose perezosamente hasta quedar en el otro extremo, su brazo izquierdo se deslizó fuera del colchón e instantes después el ruido de su celular al caer de lleno sobre el suelo, terminó por levantarla de un salto. El cable de los audífonos quedó enredado en su cabello.

Recogió con apuro la batería y la tapa trasera esparcidas delante de ella, asegurándose que el aparato no hubiera recibido daños mayores. Respiró aliviada cuando el sistema se reinició con normalidad.

Al desenredar los audífonos de su cabello, pareció recordar por qué había dormido con ellos puestos, así que abrió la conversación de WhatsApp mantenida con Sasuke la noche anterior. 1:25 A.M. indicaba como su última conexión, hora en que ambos habían dejado de mensajear para luego hablarse, literalmente, sólo para dormir.

Repasó los mensajes pasados, abochornándose por las imágenes compartidas de ella misma, borrándolas de su galería, a diferencia de las de Sasuke.

—Buenos días, bella durmiente —dijo su tía al entrar de repente a la habitación, sacándole un tremendo susto que por poco y le hizo tirar de nuevo el celular.

Como primera reacción, Sakura bloqueó el teléfono, salvaguardando la integridad de Sasuke y la suya.

—Bu-buenos días… —respondió nerviosa, e inmediatamente se giró para acomodar la cama—. ¿Mis papás ya despertaron?

—Hace como media hora que salieron, llevaron a tu abuela a la iglesia.

Mientras acomodaba la cama, Sakura no dejó ni un instante su celular de lado, lo mantuvo con ella en todo momento, como quien sabe que es pecado lo que lleva ahí dentro.

Aprovechó el momento para platicarle rápidamente a su tía que ya tenía una persona interesada en la adopción de uno de los cachorros. No dio mayores detalles, sólo se refirió al susodicho como un amigo. Seiren pareció conforme con ello.

«Listo. ¿Crees poder pasar por el perrito hoy mismo antes de mediodía? Confírmame para pasarte la dirección. —Escribió por WhatsApp a Sasuke, agregándole luego, antes de dirigirse al servicio a bañarse—: Oh, por cierto, buenos días. Espero no haberte despertado tan de madrugada».

Dejó cargando el celular y se dio una rápida ducha, siendo apurada especialmente por su tía, dándole aviso de que el desayuno casi se encontraba listo.

Veinte minutos después, su mensaje fue respondido.

«Mándame la dirección. Ando en casa de mi hermano, me desocupo en un rato más».

Sakura leyó el mensaje al volver, enredada en una toalla y otra más sujetándole el cabello. Se sentó en la cama, desconectando el aparato a media carga y, por efecto, la toalla de su cuerpo subió lo suficiente dejando a la vista sus piernas frescas.

«¿Tan temprano y ya andas molestándolo?»

Bromeó, añadiéndole al mensaje gestos de burla.

«No es eso...»

Respondió él, completando el mensaje con una fotografía rápida del que parecía que sería el cuarto del hijo de Itachi, el cual estaba siendo terminado de pintar de un lado en un tono gris muy clarito; parte del piso de madera tenía periódico para no manchar. Se veían también en una de las esquinas de la habitación, una cuna blanca y un pequeño ropero del mismo color; algunos cuadros sin colgar figuraban encima del ropero.

Sasuke había sido solicitado desde muy temprano por su hermano para que le ayudara con algunas cosas.

«Ay, ¡qué lindo! ¡Se están preparando para recibir al bebé! —Escribió Sakura, añadiendo expresiones alegres y algunos corazones también.

Sonrió a la pantalla del teléfono, asustándose de pronto con el grito de su tía desde la cocina, dándole aviso de que se apurara en salir.

—¡Ya voy! —gritó. Seiren dijo un par de cosas más las cuales se perdieron en la lejanía—. Voy, voy…

Anunció, y Sasuke le escribió de nuevo, cambiando el tema de conversación.

«¿Pudiste descansar después de todo?»

Sakura tuvo que releer el mensaje dos veces. ¿Después de todo? Repitió, abochornándose.

«¿A qué… te refieres?»

«Durante la madrugada estuviste quejándote mucho. ¿Tuviste pesadillas?»

«¡Oh… eso! Pues no que yo recuerde. —Observó el celular—. ¿Hice algo raro? ¿Qué pasó?»

«Te hablé hasta que medio despertaste, entonces te pregunté qué te ocurría…»

«¿Y dije algo?»

«Sólo que no colgara la llamada».

Sakura se retiró la toalla de la cabeza. Su cabello largo, y un tanto enmarañado, cayó sobre sus hombros y espalda.

Seiren volvió a gritarle que el desayuno ya estaba servido, alegándole también que no le echara la culpa si éste se enfriaba para cuando ella llegara. Esta vez, Sakura no respondió a su llamado.

«¿Y lo hiciste? Es decir, ¿colgaste?»

«No —contestó Sasuke—. Aunque supongo que en algún momento la llamada se cortó por sí sola».

Sakura se puso en pie con la intención de cambiarse, retiró la toalla que le cubría el cuerpo y se paró frente al espejo que colgaba detrás de la puerta. Vio su cuerpo semidesnudo, portando sólo unas bragas blancas; se paró de perfil, posó de un lado y luego de otro, observando detenidamente la imagen de un cuerpo delgado frente a ella. Con ambas manos se tocó los senos, era fácil cubrirlos prácticamente en su totalidad, los botoncitos rosáceos se encontraban en punta. Cepilló su cabello largo, haciéndose un medio recogido.

«Gracias por haberte quedado».

Le escribió por último.

Una vez arreglada, Sakura atendió el desayuno que su tía le había preparado (evidentemente frío). Estuvieron charlando de algunas cosas, especialmente de sus prácticas en el hospital, aunque su tía se mostraba un poco más interesada en la plática cada que se hacía mención de cierto doctor.

Reacción que Sakura notó.

Poco después de las doce del mediodía, el celular de Sakura sonó al Sasuke anunciarle que ya había llegado a la dirección indicada.

Sakura salió a recibirlo y Sasuke entonces bajó de una soberbia Range Rover blanco con negro, la cual estacionó en la acera de enfrente, dos casas más adelante.

Se le veía tan tranquilo, relajado, que el atuendo dominguero que usaba dejaba ver a Sakura demasiado arreglada para la ocasión pese a los sencillos pantalones que traía y la blusa de cuadros rosa; Sasuke por su parte, usaba un short verde militar a la altura de las rodillas, y una playera negra, a juego con su gorra.

—Creí que nunca te vería conduciendo otra cosa mayor a dos ruedas —comentó Sakura apenas le vio.

—No iba a poder llevar al perro en la motocicleta, así que se la pedí a mi hermano —contó sin gran ánimo, echándose las llaves a uno de los bolsillos.

—Encima que invades su intimidad, ¿todavía le pides cosas? —Rio—. Pero al menos esta vez estuviste ayudando en algo. ¡Dios, qué nervios! ¿Apoco no te sientes ansioso con la llegada de tu sobrinito?

—No —contestó con honestidad, ajustándose la gorra—. Los bebés sólo se dedican a comer, llorar, dormir y cagar, cuatro simples cosas que exigen la completa atención de todo mundo.

Sakura se recargó en la pared, cruzándose de brazos.

—Ya quiero verte, Sasuke Uchiha, cuando conozcas a tu sobrino. Los bebés son hermosos…

—De lejos.

Sakura rio por su contestación, haciéndole luego una seña para que la siguiera al porche de la casa donde tenían a los cachorros.

Tres de los seis se encontraban jugueteando entre ellos, siguiéndose la cola y mordisqueándose las orejas; uno más se encontraba profundamente dormido pese a que los otros pasaban por encima suyo; mientras que el quinto, el que tenía casi todo el cuerpo de un café muy bonito y el pecho blanco, el que parecía ser el más listo de todos, se hallaba sentado sobre sus patas traseras, en alerta de todo.

Sasuke se arrodilló y de inmediato fue rodeado por los tres inquietos; uno jugueteaba con las agujetas de su tenis, mientras que los otros dos buscaban morder su mano al tiempo que daban pequeños ladridos.

Sakura observó con atención.

—No sabía que te gustaban los perros —señaló, notando cómo incluso el más tranquilo se había acercado también a él, sentándose a su lado. Sasuke prestó especial atención en éste, le acarició la cabeza y el cachorro se dejó hacer—. Parece ser que le agradaste —sonrió suave.

Seiren le pidió ayuda a Sakura para abrir la puerta principal en lo que cargaba los platos con comida para los cachorros, tras ella salió corriendo el sexto, el cual se mostraba impaciente por comer primero.

—Ya decía yo que faltaba uno —apuntó Sakura—. Pero como verás, éste es un poco comelón, creo que definitivamente no sería tu tipo, a como son tus hábitos alimenticios, seguro que a la semana se te muere de hambre.

Luego de asegurarse de que todos los cachorros comieran, Seiren limpió rápidamente sus manos y saludó a Sasuke.

—Sakura me dijo que parecías interesado en uno. —Extendió la mano y Sasuke tuvo que ponerse en pie, correspondiéndole el saludo. Seiren se presentó—. Y qué tal, ¿te ha agradado alguno?

—Creo saber cuál. —Fue Sakura quien contestó por él, señalando al cachorro con el que había estado interactuando un poco.

Seiren sonrió, viendo luego a Sasuke sacar su cartera y extenderle un par de billetes.

—No los estamos vendiendo, sólo nos basta saber que estarán en buenas manos —aclaró, pero Sasuke insistió. Seiren volteó hacia Sakura—. ¿Acaso le dijiste que los teníamos en venta?

—Soy yo el que lo está ofreciendo, para algo le servirá el dinero, quizás para los estudios que necesita su madre.

Comentó, y Seiren con cierta pena luego de pensárselo algunos segundos, tomó el dinero.

—Bueno, al menos déjame agradecértelo de alguna manera. Dime, ¿ya comiste? —quiso saber, y Sasuke negó—. Perfecto, entonces quédate a comer con nosotras, sólo estamos Sakura y yo en casa, así que no tengas vergüenza. Acepta la invitación, porque tampoco aceptaré un no por respuesta.

Dijo, y para pronto se metió a la casa sin esperar una contestación. Al cerrarse la puerta, Sasuke miró a Sakura, quien estaba callada, viendo un punto perdido en el suelo.

—No recuerdo haberte contado nada sobre mi abuela… —musitó, aún con la vista distraída. Sasuke abrió levemente la boca, como si hubiera querido decir algo, aunque realmente no lo hizo—. ¿O sí…? —cuestionó confundida, volteando a verlo al fin. De pronto comenzó a reírse sola—. Perdón, a veces no sé ni dónde tengo la cabeza, debí haberlo hecho sólo que no lo recuerdo.

Golpeó su frente, pero Sasuke ya no dijo nada. Instantes después, Seiren les mandó llamar, anunciándoles que pasaran a comer.

—¿Te quedarás, o tienes que regresar con tu hermano?

—No, supongo que ellos ya van camino al aeropuerto.

—¿Viajarán?

—Recogerían a la hermana de Amaya —dijo, sin darle importancia.

—Oh… ya, entiendo. —La sonrisa de Sakura fue disminuyendo poco a poco tras lo último. Aclaró su garganta para continuar—. ¿Y bien? ¿Te quedarás?

Claramente Sasuke no se veía convencido de aceptar, pero la insistencia de la tía terminó haciendo de las suyas.

Sakura volvió a sonreír.

—¿Cómo se te pudo pasar decirme que el amigo tuyo que vendría era así de guapo?

Susurró Seiren a Sakura desde la cocina, aprovechando la distancia del comedor, donde Sasuke se hallaba esperando. Sakura rio bajito, cargando los platos servidos.

—Perdón, pero ¿cómo iba a saber que las cosas terminarían así? —dijo, encaminándose a la puerta, pero antes de poner un pie afuera de la cocina, regresó sus pasos—. Ah, y por cierto, por nada del mundo vayas a mencionar al chico del carro bonito, ¿comprendes?

—Ok, ok, no lo haré. —Subió ambas manos a la altura de su cara en señal de inocencia. Sakura exhaló—. Pero puedo preguntar por qué. Dime, ¿acaso te gusta tu amigo?

Sakura se dio media vuelta y sobre el umbral de la puerta únicamente dijo:

—Es una larga historia.

Seiren no indagó más y salió detrás de ella llevando lo último que faltaba por poner en la mesa.

—Espero te agrade la comida, si gustas más, pídelo con confianza —indicó a Sasuke, sirviéndole en un segundo plato un poco de ensalada.

El silencio reinó por algunos minutos en la mesa, Seiren se había apegado a lo comentado por su sobrina por lo que trató de hacer la mínima plática; aunque con miradas despistadas y sonrisillas pícaras hacia Sakura, parecía querer decirle mucho más sobre el invitado en la casa.

Sólo ellas sabían lo que con mudos gestos se decían, y Sasuke, como buen hombre, era completamente ajeno a todo ello.

Minutos más tarde, el timbre de la casa sonó, Sakura fue a revisar de quién se trataba, y la expresión de sorpresa que manifestó al ver a sus padres de regreso, alertó a Seiren.

—¿Por qué regresaron tan temprano?

Los siguió con un gesto alarmante, más al ver el semblante molesto de su madre.

—¿Por qué? Pues porque nos encontramos al ingrato de tu tío y su familia, y resulta que de buenas a primeras le nació el deseo de pasar un día con su madre, cuando nunca en la vida después de que se casó con esa mujer, ha vuelto a procurarla —completó Mebuki, cabreada, dejando sobre la mesita de centro su bolso, encaminándose a su habitación sin reparar en nadie.

Sakura balbuceó, abochornada por la escena, no dándose cuenta cuando su padre se dirigió al comedor.

—Provecho, joven, provecho —dijo el hombre al ver a Sasuke sentado. Sakura llegó corriendo detrás—. Mija, ¿por qué no nos dijiste que teníamos visitas?

Preguntó en tono bajito, tomando lugar del otro lado de la mesa. Seiren le sirvió al momento.

Sakura volvió a sentarse, evidentemente nerviosa. Y si en un inicio la presencia de su padre en la mesa la había inquietado un poco, al llegar al comedor su madre, hasta sudó frío.

—Han visto mis… —Mebuki se detuvo, observando al desconocido en la mesa—. Buenas tardes —saludó con recelo. Los ojos de Mebuki se desplazaron hacia Sakura, desafiantes—. Seiren, ayúdame con algo en la cocina, por favor.

Sugirió, con la intención de hablar en privado.

—Puedo imaginar lo que estás pensando… —Fue lo primero en decir su hermana una vez a solas—, pero antes de que digas algo, te aviso que es conocido de tu hija y que fui yo la que lo invitó a comer.

La mujer permaneció en silencio, se sirvió en un plato, y salió por delante, sentándose al lado de su esposo.

Mortificada, Sakura pasó saliva.

Desde que Seiren le advirtió a Sasuke la llegada de los padres de Sakura a la casa, como primera reacción, éste se quitó de inmediato la gorra dejando su cabello un tanto aplastado; y en todo momento, desde que Kizashi había aparecido, centró toda su atención sólo en su plato, evitando hacer contacto visual con cualquiera.

Su incomodidad era tal que su aspecto hasta daba pena. Tal vez en ese instante en su cabeza se formaban toda clase de posibilidades: Quizás hubiera dejado el asunto del perro para otra ocasión, quizás hubiera rechazado la invitación, quizás hasta hubiera sido mejor no haber salido para nada de su casa esa mañana.

Pero ahí estaba Sasuke Uchiha en medio de aquella mesa, sintiendo la desesperación propia de querer salir corriendo rumbo a su casa.

—¿Y así eres siempre de callado, muchacho? —quiso saber Kizashi, dirigiéndose a Sasuke, pues en el tiempo transcurrido, apenas daba señales de estar presente.

Sasuke volteó a verlo por primera vez.

—Lo lamento, pero no consideré tener algo interesante por aportar a su plática.

Respondió el Uchiha, elegantemente cortante que hasta sonó con clase.

—No te apures, muchacho, yo también pasé por esto y sé lo duro que es —dijo, dándole un sorbo a su bebida. Sakura lo miró—. No es nada fácil dar el paso que estás dando, conocer a la familia de la chica que nos gusta es cosa seria.

—¡Papá, no! Lo estás malinterpretando todo…

Sakura trató de intervenir.

—Y ahora que lo pienso, Sakura no nos ha presentado, ¿verdad?: Yo soy Kizashi Haruno, padre de Sakura; y ella es mi esposa Mebuki. A mi cuñada seguro ya la conoces.

Comenzó, queriendo integrarlo a la plática. Sakura sin remedio se hundió en su silla.

—Mi nombre es Sasuke, Sasuke Uchiha.

Le siguió, para sorpresa de Sakura y asombro de los otros tres, especialmente de Mebuki, la cual dirigió la vista hacia él. En cuestión de segundos había pasado de ser un extraño sin gracia alguna, a alguien que acaparara su completa atención.

—¿Uchiha? Hablas de los Uchiha que…

—Sí, esos —completó Sakura, adelantándose a la segura pregunta que haría su tía.

—Uchiha… —Kizashi lanzó un largo silbido—. Vaya… —Limpió su frente con una servilleta—. Sakura, ¿de verdad ustedes dos andan?

Expresó sorprendido, consiguiendo con ello un bochorno más notorio en Sakura, por lo que ésta se puso en pie, sumamente nerviosa, evitando que la plática se extendiera más de la cuenta.

Le pidió entonces a Sasuke salir junto con ella hasta el porche de la casa.

—Perdón, de verdad discúlpame por… eso —dijo apenada una vez afuera, no atreviéndose a mirarle—. No sé de dónde saca de repente tantas ocurrencias mi padre… —Rascó su nuca, aún con la vista abajo. Sus mejillas se veían aún coloradas.

—No importa.

Ella hizo un gesto de pena.

—Discúlpame por sacarte de repente, ni siquiera me fijé si habías terminado de comer.

—No importa, igual ya tenía que irme.

—Claro. Incluso yo también debo volver al departamento. —Miró la hora en su celular—. De hecho, ya debería ir de regreso. —Exhaló—. Deja sólo le hablo a mi tía para que venga y…

—Únicamente ve por tus cosas, te llevaré de vuelta a tu casa.

Dijo, sujetándola del brazo antes de que se devolviera. Sakura le sostuvo la mirada, sorprendida, sonriéndole luego en muestra de aceptación.

—Ok, no tardo. —Volvió a la casa, pero al entrar, se encontró a su madre y a su tía rondando y actuando muy sospechosas cerca de la puerta—. ¿Qué se supone que hacían ustedes dos?

Quiso saber, cruzándose de brazos. Ambas mujeres se hicieron las desentendidas.

—Estaban de metiches viéndolos desde la puerta, mija —contó Kizashi, pasándose de largo frente a ellas hasta salir al porche al ver a una de las vecinas hablando con Sasuke.

Seiren y Mebuki igualmente salieron.

Sakura no tardó mucho en recoger sus pertenencias y salir, encontrándose a su madre peleándose en plena calle con la vecina de enfrente.

—Vieja exagerada… ¡exagerada y ciega! —gritó Mebuki a la mujer que regresaba a su casa.

—Ya, mujer, tranquila…

—¡Cómo quieres que esté tranquila si la señora se creé la dueña de la calle! —alzó la voz, señalando la casa—. Sólo mira nada más, ¡mira!, el espacio que hay entre la camioneta y su cochina cochera, ¡claro que no le estorba en nada, vieja loca!

Continuó gritando, siendo controlada en la medida de lo posible por su marido.

Sakura no tuvo necesidad de preguntar qué era lo que había ocurrido: La vecina de enfrente había aparecido reclamándoles que quitaran la camioneta blanca (en la que Sasuke llegó), pues ella juraba que estorbaba en la entrada de su cochera.

Sasuke se convirtió en un silencioso espectador que no veía la hora de retirarse, hasta que Sakura paró todo el drama dándoles el aviso de que ya tenían que irse.

—Ay, mujer, creo que espantaste al pobre chico —apuntó Kizashi, viendo la camioneta alejarse.

—¿No te da vergüenza que esa sea la primera impresión que tenga de ti?

Mebuki arrugó el ceño y le dedicó una mirada molesta a su hermana.

—¿Por qué vergüenza? ¿Acaso era en serio que Sakura anda de novia con ese muchacho?

—La verdad no sé, pero ¿y qué si así es? Al menos yo no lo escuché negar ni una vez si pretendía o no a tu hija, ¿o tú sí? Aunque ahora gracias a ti, muy seguramente se lo pensará dos veces si quiere arriesgarse a tenerte como suegra.

Mebuki enmudeció. Seiren caminó de vuelta a la casa.


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Dentro de los principales planes de Sakura al apenas haberse marchado junto con Sasuke de la casa, estaba el asegurarse de que éste atendiera de buen modo al que ahora sería su mascota, por lo cual llegaron de paso a un centro comercial en búsqueda de alguna tienda para mascotas.

Sasuke echó en el carrito de las compras una bolsa de comida especial para cachorros, y sobre la cual la encargada del local les platicó la cantidad de nutrientes contenidos en cada croqueta. Sakura escuchó la información nutrimental de la que hablaba la señora, sosteniendo al animal en sus brazos.

—¿Necesitan algo más o ya cuentan con todo en casa? —preguntó la mujer, hablando como si ambos vivieran juntos.

—Me temo que no, recién es su primer día con el perrito.

Respondió Sakura, y la mujer, casi brillándole los ojos al ver la oportunidad de tener una muy buena venta, se la llevó a dar la vuelta por los otros pasillos.

Conforme iba viendo la cantidad de artículos para mascotas que tenían en existencia, la lista de compras más y más fue creciendo. El carrito ya llevaba encima una pequeña cama circular, que a simple vista se notaba muy cómoda para un animal; dos platitos hondos, uno para la comida y otro para el agua; una correa y un collar con broche a juego; un hueso para que ejercitara su mandíbula, una pelotita de hule para que se entretuviera, y un peluche pequeño de terciopelo en forma de cerdo.

De todo lo anterior, Sasuke sólo tuvo voz y voto al seleccionar la pelota.

—Aww, mira, ¡qué lindo! —expresó Sakura ya cuando iban rumbo a la caja, apuntando un curioso pijama a cuadros que tenían colgado entre otros tantos atuendos para cachorros—. ¿Apoco no se vería bonito?

—No, jamás le pondría algo tan ridículo —contestó Sasuke, pagando el total de la compra.

Sakura hizo una mueca.

Echaron las cosas en la camioneta y, para hacer algo de tiempo en lo que las compañeras de piso de Sakura llegaban al departamento, dieron una vuelta por el centro comercial y se detuvieron en una de las bancas del jardín al aire libre.

El animal se sentó sobre sus patas traseras justo al lado de ellos, observando de inicio a fin todo.

—¿Y ya has pensado en algún nombre? —Sasuke negó, viendo en silencio a algunos niños corriendo alrededor del centro del parque, evitando los orificios en el suelo sobre los cuales salían chorros disparados de agua—. Uhm… creo que puedo darte algunas ideas buenas.

Llevó una mano a su barbilla, pensativa. Sasuke la vio de soslayo y nuevamente regresó la vista al frente.

—No lo creo. Hace un momento pretendías comprarle un pijama al perro.

Sakura achicó los ojos y lo empujó del hombro, haciéndose la ofendida.

Frente a ellos se paró de pronto una niña, interesada en el cachorro que seguía junto a ellos sujeto a su correa. Dio un paso más y se detuvo, volteando hacia Sasuke, dudosa.

—Señor, ¿no muerde? —preguntó con inocencia, sacándole con ello una sonora carcajada a Sakura.

¡Señor! Repitió ella sin poder contenerse la risa.

—No, el perrito no muerde. —contestó Sakura, y entonces cargó al cachorro, mostrándoselo a la niña para que lo acariciara—. Pero es mejor que no te acerques demasiado al Señor, porque a él sí de repente se le da por morder a la gente…

Bromeó, y la niña se alejó un paso del Uchiha.

Sasuke observó de perfil a Sakura quien respondía las preguntas de la niña referente al cachorro, como su nombre, la edad que tenía, y si le gustaba la comida que vendían en bolsas; hasta que la madre de ésta le llamó, diciéndole que ya tenían que retirarse.

Sasuke regresó la vista al otro lado del parque, al joven que interpretaba en su guitarra acústica algunas canciones a una audiencia de escasas veinte personas. El chico estaba sobre una plataforma, con micrófono y todo un equipo de audio que sonaba por toda el área del parque central. The Scientist de Coldplay fue interpretada para una audiencia aún más pequeña.

—Mentirosa… —dijo de momento Sasuke sin apartar la atención de donde estaba el joven guitarrista. Sakura volteó a verlo—. La de las mordidas eres tú.

Aclaró, y sus labios se extendieron muy suavemente en una pequeña sonrisa que para Sakura no pasó desapercibida.

—Lo siento, pero no entiendo tu acusación.

—¿No? —Se acomodó mejor en la banca—. No importa, igual ya no se nota como antes.

—¿Cómo? —Sakura tapó su boca con una mano al ver la marca en el cuello de Sasuke. Una línea verdosa quedaba apenas como recuerdo de aquella noche—. ¡Perdón! ¡De verdad lo siento! —Hizo gesto de arrepentimiento, acomodándole la camisa—. Sí, me pasé, lo siento. Pero es que tú… tú…

Se apartó rápidamente, volviendo a su lugar un tanto nerviosa y abochornada.

—¿Qué? Yo qué.

—Te lo buscaste —respondió, poniéndose derecha en su lugar. Sasuke alzó una ceja—. Sí, es decir, me provocaste, o mejor dicho, tú lo provocaste, así que no me eches toda la culpa a mí. Tú haces que a veces actúe de modos extraños, que haga cosas que en mi sano juicio no lo haría o que tal vez lo pensaría, tú…

—Es decir que provoqué que hicieras algo que no querías.

—¡Sí…! ¡O no! Es decir, no, no en ese sentido, lo que quiero decir es que…

—¿Qué hay que hacer para que lo que hagas a partir de ahora sea algo que realmente quieras?

Sakura parpadeó incrédula, bajando lentamente la mirada, avergonzada.

—Lo que quise decir es que tu presencia me pone nerviosa, Sasuke, demasiado nerviosa para mi gusto, y eso provoca que en ocasiones no pueda acomodar las ideas en mi cabeza como me gustaría. Es como si robaras mi lado racional y me dejaras completamente seca…

Sasuke notó la manera en que ella enredaba y desenredaba la correa del cachorro en su muñeca, manteniendo la mirada perdida en el mover de sus manos. Sus mejillas se hallaban un poco coloradas.

—¿Como ahora?

Ella paró, alzando la cabeza.

—Sí, como ahora. —Sonrió con ironía al frente—. ¿Por qué? ¿Te divierte eso?

Giró en dirección a él, asustándose al instante; Sasuke se había acercado considerablemente hacia ella.

—No. Yo quiero que estés tranquila.

—Pues déjame te informo que no lo estás consiguiendo.

—¿Y qué hay que hacer entonces?

Sakura lo miró con dudas, no creyéndose lo que le preguntaba, ni el gesto de verdadero desconcierto de Sasuke al hablarle. Sakura sonrió un poco.

—Lo siento, pero haces preguntas que… —Rascó su nuca y volvió al frente—. ¿Qué hay que hacer? Pues supongo que no mucho. Tal vez deba aprender a controlarlo y ya. —Sasuke igualmente volteó hacia el frente, en dirección al joven guitarrista. Sakura lo vio de reojo—. Aunque, siendo honesta, no es tan malo como parece.

Dijo, atrayendo nuevamente la atención de Sasuke.

—¿No?

—No. Porque eso es como un síntoma de que estás cerca.

Sakura trató de concentrar la mirada en la gente que pasaba por delante, manteniendo un semblante sereno. Sasuke contempló su perfil, y una vez más sus labios se movieron en reacción, curvándose milimétricamente en una sonrisa apenas notoria.

Luego regresó la atención al frente, y por algunos minutos el silencio les acompañó pese al bullicio que había a su alrededor.

—Gracias —dijo de repente, sorprendiéndola.

—¿Gracias por qué?

Sasuke chasqueó la lengua.

—Por cachetearme. —Fue su singular respuesta, y ella se echó a reír.

—No recuerdo haberte cacheteado… ¿o sí? Bueno, si lo hice es porque muy seguramente te lo merecías en su momento.

—No lo digo en ese sentido, sino a… —Hizo una pausa y negó, con la mirada baja—. Nada, olvídalo.

Concluyó, con un notorio dolor de cabeza que pareció haberle dado al no poder expresar lo que quería. Callar era lo que mejor sabía hacer.

—Creo que alguien tiene problemas para decir lo que piensa…

—No es el único problema que tengo —comentó con voz áspera, como reprochándose a sí mismo.

—Bueno, si al menos dijeras éste, tendrías un problema menos.

Sasuke se recargó en la banca, exhalando largo.

—A veces no sé cómo expresarme bien.

—Eso me queda claro, aunque no creo que ése sea precisamente el problema del que hablas, pero supongo que cuando te sientas preparado para hablar de ello, lo harás sin ninguna barrera de por medio; mientras tanto, interpretaré tu silencio como: «En la próxima cita hablaremos del tema».

Sonó segura, dedicándole una sonrisa.

—¿Cita? ¿En qué momento se convirtió en una?

—Ni idea —dijo, burlándose de la respuesta—. Pero estos minutos me están sirviendo de práctica para lo que te hablaba hace un momento, así que para mí sí cuenta como una. —Amplió la sonrisa.

Sasuke relajó los músculos del rostro.

—Entonces hasta la próxima.

—¿La definitiva?

Preguntó, extendiéndole el puño derecho para que él chocara el suyo como en acuerdo. Sasuke curvó una ceja y chocó su puño en una media sonrisa.

—Lo será.

Él también sonó seguro.


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Karin cortó la segunda tira de figuras de mamelucos en color celeste y dejó sobre la mesa las tijeras, vio con fastidio el desorden que tenían en el comedor de la casa de su hermana así como el montón de cosas pendientes todavía por hacer, quejándose por segunda vez en menos de una hora.

—Eres una maldita mentirosa, gorda y mentirosa —apuntó a Amaya, la cual terminaba de hablar por teléfono con los de la pastelería—. Dijiste que sería algo rápido, pero ya llevamos rato y no se ve que estemos cerca de acabar. Esto te costará caro, mi tiempo vale oro…

—Lo dices como si tuvieras algo qué hacer, pequeña musaraña rabiosa. Estar echada en tu cuarto todo el día no cuenta como ocupación.

Señaló Anna, quien regresaba al comedor con un tazón de fruta picada de la cual comía. Se paró detrás de Karin y recargó el brazo izquierdo sobre su cabeza sólo para molestarla. Ésta gruñó, haciéndose a un lado.

—¿Y tú de qué privilegios gozas, mantis asquerosa? Es la segunda vez que te paras a tragar y dejas botado lo que te toca.

Karin le lanzó otras tijeras para que continuara recortando. Anna prosiguió, distrayéndose a los pocos minutos con la forma que Konan terminaba de hacer, se trataba de una silueta de una niña pequeña en color rosa; la silueta del niño apenas la tenía iniciada. Hizo chiquitos los ojos al verla pegar un pequeño tul rosa en la silueta de la niña.

—Gracias a Dios tú sí tienes creatividad, si por Amaya fuera de seguro dejaría que Itachi supiera el sexo de su bebé por el partero. La nalgas de mandril es cero creativa, romántica y nada detallista, es demasiado simple para que sea mi hermana.

Anna bromeó, dirigiéndose a Konan, encantada con los trabajos tan detallistas que ésta realizaba en cuestión de minutos.

Konan era la que tenía en mente todo el desarrollo de material y la decoración especial para esa noche dar a conocer en una pequeña reunión con familiares y amigos, el sexo del bebé de Itachi y Amaya.

Claro que la idea de hacer todo eso no había nacido precisamente de Amaya, sino de Mikoto, su suegra, quien un día le externó su deseo por hacer algo especial para dar dicha noticia.

Era hora que Amaya seguía lamentándose de haber aceptado darle el gusto a su suegra.

Luego de que Anna llegara a la ciudad, ésta también se había unido a la búsqueda de material y demás cosas que necesitarían para la ocasión; todo su lunes y martes lo invirtieron en vueltas y compras de último momento; y desde la mañana del miércoles habían comenzado a armar las cosas conforme Konan les indicaba.

El comedor estaba repleto de retazos de tela celeste y rosa, y demás materiales para manualidades en las mismas tonalidades.

Karin maldijo al quemarse con el silicón caliente en la última fase del armado de cada uno de los detalles. Anna según le ayudó, y esta vez fueron dos las quemadas por el silicón. Konan terminó haciendo el trabajo de ellas dos en lo que éstas mejor recogían todo.

Konan entonces se despidió de las tres, asegurándole a Amaya que trataría de llegar un poco más temprano de la hora señalada. Amaya exhaló con cansancio y se dirigió a su cuarto, quejándose de dolor de espalda.

—Ahora es momento de que la futura mamá se ponga bella para cuando llegue papá.

Dijo Anna, yendo al guardarropa de su hermana para sacar el atuendo que el día anterior le había convencido de comprar para esa noche en especial. Los próximos minutos tanto ella como Karin se dedicaron a arreglar a la mayor. Anna la peinó y maquilló en tonos naturales, mientras que Karin le aplicó una manicure. En todo momento Amaya se quejó de lo que le hacían.

—Uff, mami —expresó Anna al ver el reflejo de Amaya en el espejo. Ésta se vio con ciertas dudas—. A papi Uchiha le gustará esto —dijo por último, posando una mano sobre el vientre de su hermana.

Amaya sonrió luego.

Sin duda, esos escasos días que tenía Anna de visita en la ciudad, la tenían animada; y curiosamente era Karin la que disfrutaba de su estadía pese a no reconocerlo. Su guardarropa había aumentado desde la primera salida con ella.

—Mi turno —indicó después Karin, sentándose frente al peinador—. Déjame bella.

Anna no disimuló la carcajada.

—No hago milagros, Karin, con suerte puedo hacer que te veas menos ofensiva a la vista.

La menor rodó los ojos, pero aun así dejó que la otra hiciera en ella.

—¿Esperas a alguien? —preguntó de rato Anna.

—No, pero tengo que exprimirte todo lo que pueda mientras estés aquí.

—Claro que esperas ver a alguien, Karin, sino ¿dónde dejas a Suigetsu? —soltó Amaya desde el pasillo. Karin se puso rígida tras la mención del chico.

—¿Quién es Suigetsu?

—Su peor es nada.

—¡¿Qué?! ¡Claro que no! ¡Estás loca! —Karin se puso en pie pese a que aún no terminaban de maquillarla.

—¡Ah, ya! Sí, creo recordarlo, era con quien andabas muy pegadita la noche de la boda, ¿no? Sí, ya sé quién es. ¿Entonces andas de novia con él?

—¡No! ¡Claro que no, wuákala! —Hizo gesto como de asco. Amaya se carcajeó desde lo lejos. Karin se puso roja y empezó a tartamudear—. No es que sea… o que seamos, o sea, él y yo no… —Aclaró la garganta—. ¡A mí me gusta Sasuke desde siempre, no el imbécil de Suigetsu!

—Qué pena, porque ayer justo me confirmó que vendría.

—¡¿Qué?! ¡Mentirosa! ¿Por qué lo haría?

—Por ti, supongo —opinó Anna, coloreándole los labios en un tono coral mate—. Éste es de larga duración… —insinuó, guiñándole el ojo.

Karin ya no dijo nada, aunque su sonrojo habló por sí solo. Se hizo la desentendida y buscó entre los perfumes de Anna alguno que le gustara para prácticamente bañarse con él.

Media hora después, Konan regresó a la casa para afinar los últimos detalles, y a los pocos minutos fueron llegando algunos invitados, en su mayoría, conocidos de Mikoto, quienes se fueron reuniendo en el jardín donde se llevaría a cabo todo.

Mikoto sin duda era la más emocionada de la noche.

Y, debido a que la planeación de todo se había realizado a escondidas de Itachi, al llegar éste a su casa, se sorprendió por la reunión inesperada. Así que, manteniendo la atención de todos los presentes, la noticia se hizo pública.

En medio de globos y demasiados papelitos en tonalidades azules que cayeron estratégicamente sobre Itachi, éste supo que su primogénito sería un niño.

Mikoto gritó de la emoción, abrazando a la pareja por largo rato; lloró en el hombro de su hijo y después en el de su marido. Fugaku se mostró orgulloso.

—Ahh, te jodiste, Karin, será niño, así que no podrás hacerle cosas raras en las uñas cuando crezca —dijo Suigetsu en son de burla mientras se echaba a la boca algunos caramelos de la mesa de dulces.

—Se llama manicure, imbécil —corrigió ella, acomodándose los anteojos con elegancia—. Además, ¿quién necesita más modelos cuando te tengo a ti? Tú me dejas practicar con tus uñas porque te relaja… ¿no es así?

Suigetsu chasqueó la lengua.

—Estás loca, la vez de tu casa fue porque me pescaste dormido. Bueno y sano, ¡qué mierda me voy a andar dejando que me hagas tus cosas raras! Practica con Juugo, él sí que es raro.

Alegó, como para no perder la costumbre cada vez que se veían. Karin no se quedó de brazos cruzados y también le discutió un par de cosas más, hasta que de pronto Suigetsu se acercó a su cuello, enmudeciéndola.

—Hueles rico, Karin.

Reconoció, y ella, atónita y sonrojada por su acercamiento, reaccionó golpeándole el estómago, haciéndole escupir los caramelos que tenía en la boca. Volviendo a tener una razón más para pelear.

Y Sasuke, quien había permanecido al lado de Suigetsu desde que llegó a la casa de Itachi, se alejó al escucharles discutir, acercándose más hacia el interior de la casa y, a solas desde ahí, comenzó a escribir un mensaje:

«Será niño».

Le dejó saber a Sakura, la cual le había pedido en mensajes anteriores que le hiciera saber el sexo de su sobrino una vez fuera rebelado. Sakura respondió a los pocos instantes con expresiones de alegría a su mensaje.

«Por dentro, debes estar feliz aunque no lo quieras decir».

Le dijo, y él ladeó un poco la boca como si riera; volteó entonces hacia Suigetsu y Karin, pero al ver que Anna se encontraba ahora con ellos, se dio media vuelta y salió.

Al menos había cumplido como parte de la familia haciendo acto de presencia, el resto de formalidades, como palabrerías o felicitaciones, se las daría a su hermano y cuñada algún otro día.

Y, por supuesto que, entre los invitados a la reunión, los amigos de la pareja no podían faltar, aunque esta vez sólo habían podido asistir Hidan, Deidara y Pain junto con Konan.

Aunque Hidan, al apenas haber llegado, se había apoderado de la barra de bocadillos servida en la entrada; siendo el único entre los otros dos en llenar los diversos paneles ideados por Konan, en donde se les invitaba a los presentes a adivinar el sexo del bebé e incluso sugerir posibles nombres, usando siempre como referencia un color celeste para el caso de niño y uno rosa para niña.

Hidan casi llenó por completo el tablero con algunas ideas.

—Ojalá nunca llegues a tener un hijo, porque seguro le jodes la existencia en el colegio con el puro nombrecito —opinó Deidara, leyendo algunas de las sugerencias que había escrito.

—Dudo que exista alguien sobre la faz de la tierra que quiera reproducirse con Hidan —intervino Anna, saludando de paso a Deidara, a quien estrechó en un abrazo.

Hidan aprovechó la distracción para recorrerla con la mirada, el vestido a rayas que usaba se le había subido a medio muslo por la posición. Hidan les echó un ojito a sus piernas largas, pero bien torneadas, y silbó. Extendió los brazos como esperando un abrazo también.

—Hey, ¿y a mí no me saludas?

Anna volteó a verlo, le sonrió con ironía y luego le mostró el dedo medio.

—Con gusto. Oh, y otro saludo más para la estúpida de tu prima.

Hidan se carcajeó al Anna levantar el dedo medio de la otra mano.

—Ah, entiendo, ¿lo dices porque al parecer el Cherry se la andaba cenando el fin de semana? ¡Ese cabrón no pierde el tiempo, eh!

Anna arrugó el ceño.

—Lo digo porque la muy idiota se atrevió a atacarme en Twitter, todo para armar un escándalo y llamar la atención de los medios. Es claro que por sí sola esa rubia pasada de peróxido jamás brillará en sociedad.

Aclaró Anna con una notoria molestia al hablar, pues no conforme con los comentarios en sus redes sociales que Charlotte había hecho el sábado por la noche al salir con Sasori, ésta llevó aquello a otro nivel, por lo que el mismo comentario y la fotografía tomada por ella misma donde salían Sasori y ella, fueron publicados en su cuenta de Twitter, esta vez mencionando explícitamente a Anna, quedando ésta como la novia a quien le habían sido infiel.

Y claro que, al Anna ser una figura pública, el comentario no pasó desapercibido por los medios, y en cuestión de minutos, aquella publicación se hizo viral por las redes.

«¿Anna Siller vuelve a la soltería…?», «Le arrebatan a la pareja y se lo restriegan en la cara…», «¡Entérate! "La otra" también es modelo…», «¿Quién es Charlotte Abernathy y cómo es que se conocieron ella y el novio de Anna…?», «¡Descontrolada! Charlotte asegura que existen más fotografías con el ahora ex, algunas, dice, muy íntimas…»

Éstos fueron sólo algunos de los titulares que acompañaron la noticia durante todo el domingo, lunes y parte del martes; días en los que Anna se la pasó desmintiendo todo pese a estar en un corto periodo de vacaciones, el cual planeaba pasar tranquila con sus hermanas. Apenas su avión había aterrizado en la ciudad, y su teléfono no paró de sonar, cada uno de los mensajes fue en referencia a lo mismo.

Por supuesto que la única beneficiada con todo ello había sido precisamente Charlotte, quien al dar a conocer su nombre en medio de una polémica, había ganado más seguidores de su trabajo.

—Sasori está cabreadísimo, según me dijo, lo andan acosando en la calle por lo mismo —platicó Deidara.

—Hey, a mí no me vean, yo no tuve nada que ver en esto. Ese cabrón se jodió solito, si tantas ganas tenía de que le descargaran las bolas, se hubiera buscado a otra, no a esa loca…

—Ahora entiendo, lo lunático es de familia —dijo Deidara, viendo con indiferencia a Hidan.

Él jamás se metería con ella —refutó Anna, seria.

Hidan alzó la ceja y esbozó una sonrisa burlona.

—¿Estás cien por ciento segura de que no lo haría? Vamos, Annita, todos aquí sabemos cómo funciona esto: Culo es culo, y se acabó —argumentó Hidan, viéndola directo—. Pero si tanto lío te da que ella ande colgándose de tu fama y encima quiera quedarse con Cherry, estás en todo tu derecho de romperle el hocico.

Ella volteó la cara.

—Mi representante le metió una demanda.

Hidan se hundió en hombros.

—Como quieras, aunque insisto, una partida de hocico deja las cosas claras.

—Eso sí créele, Hidan tiene demasiada experiencia en eso, siempre le andan rompiendo la cara por bocazas.

Hidan se carcajeó por el comentario de Deidara, dándole la razón entre risas mientras se alejaba. Anna igualmente se rio.

—Pues tal vez no se la han roto lo suficiente porque sigue igual de hablador.

Opinó ella en son de burla, quedándose sola con Deidara. Ambos se dirigieron al exterior de la casa, sentándose en los escalones que daban a la entrada. Anna sacó un cigarrillo y le ofreció uno al rubio.

—¿Y cómo has estado? —Deidara le encendió el cigarrillo. Anna le dio la primera calada.

—Bien, muy bien… dejando de lado la mierda que me han cargado estos días, todo bien. —Rodó los ojos—. Y tú, ¿qué tal? Supe por Nagato que tenía unos planes en mente con ustedes.

Deidara recargó la espalda en el escalón detrás.

—Sí, algo así, aunque la verdad no veo muy animados al resto, incluso ni yo lo estoy, vaya, nunca ha sido nuestro sueño hacernos famosos y eso, supongo que sólo lo haremos por cumplir —bostezó—. Y ahora con esto de Sasori siendo acosado por doquier, dudo que le queden ganas de hacerse más fama.

Anna centró la vista en el soberbio Mercedes-Benz del papá de Itachi estacionado en la entrada de la casa.

—Bueno, no es fácil tener que lidiar con ello, la gente a veces piensa que puede meterse en tu vida y opinar sin medirse entre lo público y lo personal.

—Y me imagino que en parte eso influyó a que mantuvieras en secreto tu relación con el doctor, ¿no? —Anna le dio la razón.

—Bueno, te conté algo la última vez que mensajeamos —suspiró, dándole otra calada al cigarro—. Axel es el tipo de hombre que muchas mujeres quisieran tener… —sonrió suave.

—Sí, y demasiado bueno para ti, ¿no? —completó Deidara, usando la misma frase que ella había empleado al referirse a Axel en los mensajes de texto que en su momento se había estado enviando con él, en donde ella le confiaba los detalles de su rompimiento con Axel—. Lo que pasa es que a ti te gustan los idiotas, por consiguiente, eso te convierte a ti también en una.

Expresó, sin detenerse a rebuscar palabras bonitas, siendo directo y conciso, importándole poco que se estuviera refiriendo a su propio amigo. Anna no opinó nada al respecto, permaneció callada, a sabiendas que ello era algo que él siempre le recordaba cada que hablaban.

Pues al ser Deidara uno de los primeros en acercarse a Anna cuando recién le habían conocido, hizo que surgiera en ellos una particular amistad y, conforme se iban frecuentando en reuniones en donde Akatsuki estaba presente, la atracción entre ella y Sasori se volvía más evidente.

Sin embargo, pese al rompimiento de éstos, Deidara y Anna no perdieron contacto.

—Y no lo defiendas ni busques justificarle como siempre. Yo, que sé ambas versiones de cómo terminó todo, puedo decirte que lo que Sasori hizo es de cobardes. Y él lo sabe, es consciente de que fue un idiota al dejarte sola cuando más lo necesitabas. Aun así, no entiendo por qué sigue sin hacer nada pese a que la culpa lo atormenta.

Anna apagó el cigarrillo en el suelo, enmudeciendo por completo. Ya ni siquiera le debatió al rubio lo que siempre solía decirle cuando hablaban de lo mismo: «Eso ahora ya es historia». Pues Deidara seguía en su postura de que lo mínimo que se merecía era una disculpa.

El celular de Anna sonó en repetidas ocasiones interrumpiendo el mutismo que se hizo de pronto. Ella contestó al tratarse de su representante.

—Y que conste que fuiste tú quien me sugirió descansar estos días en la ciudad —le reclamó en broma apenas contestó. Él le respondió algo y con ello la sonrisa de Anna se fue apagando—. ¿Y ahora de qué se trata?

Quiso saber, aceptando la invitación de videollamada.

—Pues parece que a tu ex ya le está gustando dar de qué hablar —dijo el hombre, y tanto Deidara como Anna se vieron—. Te acabo de mandar unas fotografías a tu WhatsApp, juzga por ti misma.

Anna abrió el mensaje encontrándose con dos fotografías, esta vez se trataban de Sasori y Sakura.

—Los de Zona-A acaban de publicar: «¡Entérate! En menos de una semana cambia de aventura, ¡y por lo visto le gustan jovencitas! ¿Será acaso ésta la razón por la que dejó a Anna?» —Leyó el hombre, volviendo a la cámara—. Los medios ya están comenzando a hablar de esto, Anni, y por lo que se ve, ahora quieren pintar a tu ex como un vividor, y a la jovencita con la que sale como una buscona por la manera en que se acerca a la ventana de su coche. Dime, ¿la conoces? ¿La has visto alguna vez?

Preguntó con fastidio. Anna asintió.

—Sí… pero…

—Esto no es reciente —intervino Deidara, viendo también las fotografías—. Ése carro desde hace meses que lo cambió Sasori, además, por el vestido que ella trae pareciera que… —Amplió la imagen donde se veía a los dos de cuerpo completo hablando afuera del carro de Sasori—. Sí, esto fue al día siguiente de la boda de Itachi y Amaya.

Confirmó, y ambos se vieron con sospecha.

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Continuará...


Notas: Jelou, mis lindos pervertirijillos, primero que nada les pido una enorme disculpa por la demora en esta actualización, ciertamente batallé mucho para poder sacar este capítulo, y no porque se me hiciera complicado (tomando en cuenta que ni siquiera tiene lemon), sino debido a que atravesé por una mala racha en mi vida durante este tiempo que me mantuvo lejos de poder escribir y concentrarme en ello. Pero bueno, ¡estoy de vuelta, y más viva que nunca! (/*u*)/

También, quiero agradecer a esas personitas que me estuvieron escribiendo y dándome ánimos. Muchas gracias por su cariño :') A ellos, y aquellos que siempre se hacen presentes en cada capítulo.

¡Nos vemos en la próxima!