Una decisión puede cambiar tu vida
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Capitulo 86: Mortalidad.
Dos meses. Habían pasado dos meses desde la muerte de Tei. Dos meses desde que había muerto la persona que había, en cierto modo, ocupado el rol de su padre. Dos meses desde que se había derrumbado el último bastón que la mantenía en pie. Ahora estaba todo destrozado, su mundo interior era el caos más grande de la historia, pero había sólo una cosa que tenía clara, ella misma debía encargarse de la destrucción de los inmortales, encargarse de borrar la existencia de Chung Li Ch'uan y traer paz al mundo, lo había decidido en el preciso instante en que se dio cuenta de que Tei estaba realmente muerto y no habría ninguna solución a eso. Lo tenía determinado, tomaría el papel que le había encomendado Tei, el mismo que se negó a realizar por el miedo de que tendría que perder su vida, que egoísta se sentía al recordar las veces en que se negó, si eso no hubiera pasado, quizás, y lo más probable, es que Tei seguiría estando vivo.
- ¡¿Cómo se te ocurre pensar en eso?! - Fue lo que le había dicho Inuyasha al escuchar los planes de Kagome, de ningún modo el permitiría que ella se sacrificara, pero el tema no estaba en discusión, lo tenía completamente decidido y no había nada que él pudiese hacer para convencerla, ni de eso ni de que no lo dejara, ella sabía que mientras antes rompiera lazos con Inuyasha, menos sufriría. Pero Inuyasha se negaba a dejarla ir, por lo que se propuso que entrenaría duramente hasta lograr ser más poderoso que el mayor de los inmortales, vencerlo, acabar con todo y salvar a la persona que más amaba. El grupo había decidido viajar hasta la casa del viejo Totosai.
Todo eso había ocurrido hace dos meses exactos, Inuyasha se había dedicado a un entrenamiento especial junto con Totosai, mientras que Kagome y el monje se pasaban tardes enteras meditando e incrementando sus poderes espirituales, ya que lo necesitaban para efectuar el plan que tenían para la destrucción de sus maquiavélicos enemigos, plan que había sugerido Totosai el mismo día que llegaron y que a todos les pareció adecuado, pero el poder espiritual del monje y la sacerdotisa debía incrementar sí o sí, de lo contrario el plan no podría ser posible, sumado a que no podrían soportar el nivel de energía que se requería y podían morir, pero eso no pasaría, se estuvieron encargando de eso durante aquellos dos meses, todo era necesario, debían lograr quitarles la inmortalidad por veinticuatro horas, veinticuatro horas en las que los inmortales se transformarían en simples demonios mortales, horas que debían ser usadas para poder destruirlos, por donde se mirase la presión estaba sobre ellos, el conjuro debía realizarse durante la mañana anterior a la luna llena para que tuviera mayor plenitud, y la luna llena llegaría en el plazo de tres días y no era posible seguir esperando otro mes para que los inmortales siguieran destrozándolo todo ¡Tenía que ser, ya!
- ¿Están seguros de que debemos hacer esto? - Preguntó Shippo con algo de escalofríos.
- Sí. Esto tiene que acabar de una vez - respondió Kagome sin titubeos.
- Pero…
- Shippo, ya está decidido, por favor no hagas más preguntas de ese tipo - habló el monje notando lo tenso que se ponía el ambiente.
- He mandado a averiguar con un amigo la ubicación de los inmortales - habló el anciano Totosai sentado al lado de la fogata – viven de atacar las pocas aldeas que sobreviven, pero todo indica que se establecen en el lugar donde esta oculta la puerta al infierno.
- ¿Está seguro? - Preguntó Sango.
- Es una fuente confiable.
- ¿Creen que estarán ahí para proteger la puerta de nosotros? - Volvió a hablar la exterminadora.
- Es lo más probable Sango, si lo pensamos bien, cualquiera creería que nuestro primer objetivo es cerrar esas compuertas - respondió el monje.
- Y lo es - dijo el hanyou con rudeza.
- Ciertamente eso no es necesario si es que Kagome quiere tomar el papel del Pan-Ku - comentó Totosai.
- ¿Entonces cuál es el objetivo? - Preguntó Koga un tanto confundido.
- Recuperar las joyas- Respondió Kagome - recuperar las joyas y finalmente hacer lo que debí haber hecho desde hace mucho tiempo.
- No. Nuestro objetivo es cerrar las puertas y matar a los inmortales, luego todos nos vamos y se termina todo - habló Inuyasha cruzando los brazos de mal humor.
- Ese no es el plan Inuyasha - habló el monje.
- ¡No me importa cuál sea el plan, lo único importante es darle una paliza a esos malditos inmortales! - Exclamó Koga con furia observando el lugar donde debería estar su brazo derecho.
- ¡¿Qué no entienden que el plan es importante?! - Chilló Shippo - par de cabezas huecas ¡Hasta yo lo entiendo! Si no nos ponemos de acuerdo y no nos apegamos al plan, lo más probable es que nada funcione ¡Y al final terminaremos todos muertos!
- El chico tiene razón, si todos no tienen en mente el mismo fin y los mismos medios, es muy poco probable que puedan vencer - comentó Totosai con despreocupación mientras masticaba un pedazo de carne y su vaca mugía.
- ¡Lo siento, pero esto me parece absurdo! - Inuyasha estaba molesto - ¡Nuestro principal objetivo tiene que ser matar a los inmortales, no a Kagome!
- ¡Pero si el principal objetivo es ese! - Defendió Sango.
- ¡No, no es ese! ¡Es matar a Kagome!
- ¡¿Puedes respetar mi decisión?! - La aludida alzo la voz - ¡Es mi decisión Inuyasha y no quiero que nadie se interponga!
- ¡¿Y tú no te has puesto a pensar en nosotros?! ¡Eres tan egoísta que ni siquiera te das cuenta!
- ¡¿Egoísta?! ¡¿Crees que soy egoísta?! ¡Me estoy sacrificando por todos, Inuyasha! ¡¿Qué parte es la que no entiendes?!
- ¡Mentira, no te estas sacrificando por nosotros, lo estas haciendo por Tei! ¡Y él ya está muerto!- Grito causando que todo quedara en el más absoluto silencio -… Él ya esta muerto, Kagome, y sacrificándote no harás que regrese… Sé que piensas que fue tu culpa por no haber actuado antes con lo que él te pedía, pero no es así ¡No fue tu culpa, fue culpa del maldito de Chung, él lo mato, no tú! ¡Tú no tuviste nada que ver en eso! Tei murió para protegerte ¿Qué no lo entiendes? Si insistía en lo del Pan-Ku es porque se sentía acorralado por Chung, estaba desesperado por encontrar una solución y esa era la única que conocía ¡Pero si él hubiese tenido conciencia de otra solución ten por seguro que hubiera optado por ella! ¡Él mismo lo dijo, Kagome! ¿Acaso ya no lo recuerdas? ¡Tei, ante todo, te quería con vida!
- Odio decirlo, pero… Creo que Inuyasha podría tener razón - comentó el lobo.
- Inuyasha, te pido que respetes…
- ¡Que respete tu decisión, lo sé! ¡Eso es lo que están haciendo todos! ¡Respetando tu decisión e ignorando tu egoísmo!
- ¡Deja de decir que soy egoísta!
- ¡Es que lo eres! ¡Eres egoísta! ¡¿Acaso no te das cuenta?! ¡¿No te das cuenta lo que significa para nosotros llevarte a tu muerte?! ¡¿No puedes entender lo que sentimos?! ¡¿Cómo crees que estamos sabiendo que lucharemos para llevarte a la muerte?! ¡Es como si nosotros mismos te estuviéramos matando! ¡¿Crees que eso se siente bien?!
Inuyasha tenía razón, Kagome nunca lo había pensado de esa manera, nunca se había puesto a meditar que quizás les estaba causando daño a sus únicos amigos, las personas que la querían y harían lo que fuese para protegerla. Miro detenidamente los deprimidos rostros de los que rodeaban la fogata, Inuyasha había hablado con la verdad que ninguno de ellos se había atrevido a mencionar tan sólo por el hecho de respetarla.
- Yo… No tengo otra opción… - Contestó avergonzada.
- ¡Sí la tienes, Totosai te la dio!
- Pero… No es confiable, necesitamos algo que acabe con todo esto de una vez, no podemos darnos el lujo de seguir esperando ¡Hay vidas en riesgo!
- ¡Son veinticuatro horas! - Insistió- Miroku y tú han estado entrenado arduamente durante dos meses, estoy seguro de que podrán lograr el conjuro, de eso no tengo ninguna duda. De ahí en adelante los inmortales se convertirán en mortales por veinticuatro horas ¡Es el tiempo suficiente, Kagome!
- ¡No es tiempo suficiente!
- ¡Al menos déjanos intentarlo! - Estaba decidido a convencerla - mira, no es tan complicado como parece, todos hemos entrenado día y noche desde nuestro ultimo encuentro con los inmortales, los conocemos ¡Estamos preparados! No son tan poderosos como pintan, lo único que los hace realmente peligrosos es la inmortalidad, claro, exceptuando a Chung Li Ch'uan, él es el único de quien realmente debemos preocuparnos, estoy completamente seguro que los demás siendo mortales no son un gran problema. En veinticuatro horas podría ser perfectamente posible derrotarlos a todos y cerrar las puertas del infierno, con eso todo se solucionaría y tú no tendrías que sacrificarte.
- ¿Y si no funciona, Inuyasha?- Respondió con tristeza.
- Entonces… Entonces aceptare que tengas que sacrificarte… - Respondió con pesar.
- Señorita a mí me parece una buena idea - habló el monje - antes estábamos pensando en quitarles la inmortalidad sólo para que se nos fuera más fácil robarles las joyas, pero ahora tenemos la opción de salvarla a usted.
- Confía en nosotros, Kagome, podremos derrotarlos antes de que se acabe el tiempo - apoyó Sango, muy de acuerdo con el plan que había presentado el hanyou.
- Chicos…
- Kagome, acéptalo, por nosotros… La idea es un alivió - trató de convencerla Koga.
- ¡Por favor, Kagome! - Chilló Shippo.
- Pero…
- Por favor… - Susurró Inuyasha de manera suplicante.
¿Estaría bien? ¿Estaría mal? No lo sabía, pero la mirada de Inuyasha le hizo sentir culpa, algo dentro de ella le dijo que se lo debía, además, todos se lo estaban pidiendo, todos quería optar por aquella opción, querían ayudarla, mantenerla con ellos hasta las últimas.
- Está bien…
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- ¡Estoy tan emocionada! - Chilló Hsiang-Ku dando un brinco entre risas - ¡Somos los amos del mundo! ¡Esto de tener tanto poder es realmente excitante!
- Ssssff sí, nadie puede decirnos nada.
- ¡Sí! - Volvió a decir la chica con emoción - ¿No es genial Ts'Ai-Ho? Ya nadie pueda burlarse de ti.
- ¡Nadie se burla de mi! Ssssfff – comentó molesto.
- Al menos no en tu cara - se burló - pero no me interesa lo que tenga que ver contigo ¡Estoy tan feliz!
- Eso lo has dejado claro todos los malditos días - comentó Kou-Lao con mal humor.
- Aunque ciertamente, si hay motivos para sentirse feliz, todo nos ha salido como queríamos - habló el hombre de tierra Kuo-Chiu.
- Ha salido como tiene que salir… - Comentó T'eih-Kuai en susurro.
- ¡A salido perfecto! ¡Nadie puede contra nosotros, somos los amos del mundo! - Volvió a festejar brincando la única muchacha.
- Aún no - habló repentinamente Tung-Pin todos se le quedaron viendo perplejos.
- ¿Por qué dices eso? - Preguntó Hsiang-Ku borrando toda sonrisa de su rostro
- Mientras el hibrido y su ejercito de inservibles sigan con vida, estoy seguro que nos seguirán ocasionando problemas.
- ¡Eso no es cierto, sujetos como ellos no son nada para nosotros! - Respondió molesta.
- Digo la verdad y estoy seguro que Chung Li Ch'uan también lo sabe - Habló mirando al aludido que estaba sentado sobre una roca, éste miraba al vació sin decir nada, pareciera que poco le importaba el tema del cual charlaban.
- Chung, responde ¿Es cierto lo que dice Tung-Pin? - Preguntó Kou-Lao algo alarmado.
- … Sí.
- ¡¿Y no nos habías dicho nada?! - Rugió el hombre lobo.
- Pensé que ustedes eran perfectamente capases de usar sus mentes, Tung-Pin lo hizo ¿Por qué ustedes no? No puedes culparme de tu ineptitud.
- Al menos lo confiesas… - Comentó Tung-Pin.
- ¡¿Y por qué no hemos hecho nada?! Si sabían acerca de esto ¡¿Por qué no hemos actuado de una vez?! - Gruñó Hsiang-Ku.
- Eso mismo me he preguntado, Chung ¿Qué estamos esperando para deshacernos de nuestros enemigos? - Habló Tung-Pin con voz de superioridad, su líder lo notó, pero prefirió guardárselo, no tenía ánimo para corregir a su subordinado.
- Siempre arman alboroto por nada, abúrranse.
- ¡Esto no es "nada"! Se trata de nuestra seguridad ¡Eso es importante! - Gruñó Kuo-Chiu.
- ¡Debemos hacer algo! Sssfff.
- No hay que hacer nada ¿No se dan cuenta? No tendremos que mover ni un meñique para encontrarlos, ellos mismos vendrán a nosotros, sólo es cuestión de tiempo.
- ¡¿Qué vengan a nosotros, eso estás esperando?! ¡¿Pero tú estás loco o qué?! - Chilló la chica con desesperación.
- Tranquila - trató de calmarla Tung-Pin- De seguro nos tiene una buena explicación para esto.
- Sólo tenemos que esperar a que vengan para matarlos.
- ¡Pero si vienen de seguro será porque son mas fuertes! - Contra argumento la chica.
- Exacto.
- ¡¿Eso es lo que quieres?! - Kou-Lao se veía entre sorprendido y molesto.
- Por supuesto que es lo que quiero ¿O acaso ustedes quieren pelear contra unos debiluchos? No estoy dispuesto a seguir perdiendo mi tiempo con basuras.
- ¿Y si eso resultara perjudicial para nosotros? - Pregunta Tung-Pin algo desafiante.
- Será perjudicial para la carga, no para el que merece el nombre de inmortal - contestó volviéndolos a ignorar y dejándolos a todos con un ligero sabor a humillación.
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- Muy bien… - La voz del monje mostraba algo de temor frente al futuro - … Ya estamos aquí.
Había sido un viaje peligroso, fueron sorprendidos y atacados innumerables veces por criaturas infernales y descontroladas, pero ninguna de ellas fue rival suficiente para el grupo, estaban preparados, no podían ocultar su ligero temor, pero no había duda de que estaban a la altura de la situación. Si el cielo no hubiese estado enrojecido por la presencia del infierno, la mañana habría estado iluminada completamente por los rayos del sol, el verde inundaría las colinas y los alrededores, el viento sería fresco y las aves no estarían refugiadas en nidos ocultos. Ahora todo estaba muerto, era difícil saber si estaban en la hora indicada, pero lo era, estaban en el día y la hora indicada parados frente al falso volcán que ocultaba en su centro las puertas del infierno.
- Y ahora… ¿Qué hacemos? - Preguntó un nervioso Shippo.
- Apegarnos al plan… - Fue la respuesta inmediata de la exterminadora.
- ¿Estamos en la hora indicada?
- Sí señorita, es la hora perfecta - responde el monje.
- ¿Y cómo sabemos si siguen aquí? - Preguntó Koga antes de que pudieran hacer cualquier conjuro- Si no están, estaríamos perdiendo tiempo y energía.
- El viejo Totosai dijo que estaban aquí - respondió Inuyasha.
- Lo sé, pero ¿Qué tal si se marcharon? En tres días puede pasar cualquier cosa.
- Koga tiene razón, hay una posibilidad de que no se encuentren aquí - apoyó Sango algo angustiada ante el pensamiento de que todo pudiera salir mal.
- Están aquí - afirmó Kagome.
- ¿Cómo estás tan segura? - Preguntó el pequeño.
- Sé que "él" está aquí.
- ¿Pero cómo sabes que…? - Insistió para ser interrumpido por el monje.
- Shippo, no insistas en lo que no tiene explicación - Miroku se imaginaba muy bien el tipo de lazo que existía entre el inmortal y la sacerdotisa, si ella decía que él se encontraba en ese lugar, debía ser completamente cierto, Miroku lo sabía, al igual que la mirada deprimida del hanyou.
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Él estaba sentado sobre el suelo, como siempre, sin hacer nada, esperando, perdido en sus pensamientos e ignorando a todos los que lo rodeaban, de pronto, para él la brisa que llegaba desde el cráter cambió, de inmediato supo que la espera había llegado a su fin.
- ¿Qué están esperando? - Habló produciendo extrañeza a los receptores - ellos ya están aquí ¿Piensan dejar esperando a la visita?
Luego de eso fue fácil comprender a qué se estaba refiriendo, el hombre de tierra, camaleón y serpiente desaparecieron de forma repentina, habían acordado que ellos serían los primeros en atacar, si no tenían éxito, los otros esperarían en los túneles.
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- ¿Entonces están asegurando que están aquí sin tener la menor idea? - Koga insistía en el tema.
- Si ellos no están aquí todo saldría mal… - Habló Sango.
- Ellos están aquí, yo lo sé - insistió Kagome.
- Es imposible que lo puedas asegurar, Kagome - Respondió Koga.
- Como fuese la situación, da igual, nuestro objetivo es entrar y cerrar las puertas del infierno - dijo el monje tratando de que el tema de si estaban o no estaban quedara en el olvido.
- Ese no es el objetivo, si ellos no están el plan se derrumba ¡El objetivo es salvar a Kagome, no lo olvides!- Gruño el hanyou al escuchar las palabras de Miroku.
- ¡Es cierto Miroku, ellos tienen que estar acá para poder salvar a Kagome! - Apoyó el zorro.
- Entonces ¿Nuevamente estamos en nada? - Habló Koga.
- Estamos en el plan - insistió Kagome - ellos están aquí.
- ¡Pero como puedes…!
- ¡¿Así que alguien nos está buscando?! - Habló una voz que provenía desde dentro de unas compuertas.
- ¡Esa voz…! - Inuyasha tomo de inmediato la empuñadura de Tessaiga.
Las puertas se abrieron de golpe para dejar ver a los tres inmortales que decidieron mostrar presencia antes que todos; La serpiente, Ts'Ai-Ho, a la derecha; El camaleón, T'eih-Kuai, a la izquierda; El toro, Kuo-Chiu, en el centro. Así comenzaría la batalla, tres contra cinco.
- ¡Respondan! ¡¿Acaso nos buscaban?! - Repitió el hombre toro.
- ¡Sí, los buscábamos para acabar con esto de una buena a vez! - Gruñó Inuyasha desenvainando la espada.
- Hablas de una forma atrevida para ser un gusano - comentó T'eih-Kuai sin expresión en su rostro.
- ¡Este gusano será el que acabe con sus existencias!
- El hibrido es bastante idiota sssffff - habló Ts'Ai-Ho divertido - todavía no puede entender que somos inmortales Ssffff.
- No eres inmortal siempre - lo ataco Miroku, la serpiente estaba claramente molesta por el comentario.
- Es cierto, pero para su mala suerte esa oportunidad ya ocurrió - habló Kuo-Chiu - y me temo que no volverá a ocurrir hasta dentro de doscientos años.
- ¿Quién te lo asegura? - Las palabras retadoras de Miroku causaron una leve inseguridad en el trío.
- ¿Crees que no conocemos nuestra naturaleza? - Respondió el hombre de ojos rojos al ver que sus compañeros quedaron enmudecidos.
- Creo que no conocen sus desventajas… - Contestó recibiendo la mirada penetrante del camaleón, todo indicaba que estaba buscando la respuesta dentro de él, pero Miroku no se lo permitiría - señorita, creo que ya es hora de que comencemos con esto.
Kagome asintió de inmediato, estaba totalmente de acuerdo, lo que más deseaba es que todo terminase de una buena vez, necesitaba paz en su vida y esa era la única manera en que podría conseguirla, o al menos eso es lo que ella creía… Tanto el monje como la sacerdotisa sustrajeron un pergamino de su manga, el cual luego sostuvieron con la mano izquierda mientras que sus manos derechas estaban unidas en una extraña posición, cerraron sus ojos, incrementaron la energía espiritual que había dentro de cada uno y luego la compartieron a través de la unión de sus manos de modo que todo se incrementara al doble. Los inmortales observaban la escena con detenimiento, pero sólo T'eih-Kuai fue capaz de percibir el peligro que les traería el acto que estaban efectuando el monje y la sacerdotisa, definitivamente no era nada bueno y lo mejor que podrían hacer era evitarlo a toda costa.
(Linking Park - Breaking the habit)
- ¡No dejen que acaben el conjuro! - Ordenó echándose a correr para comenzar el ataque seguido de sus compañeros.
Koga e Inuyasha fueron los primeros en reaccionar, el primero, que era más rápido, fue por el que pretendía tomar la delantera, T'eih-Kuai, evito su avance mediante una feroz patada que agujereo el suelo, pero que el enemigo logro esquivar mediante un retroceso.
- ¡¿A dónde crees que vas?! - Rugió parándose frente al hombre de ojos rojos.
- Fuera de mi camino.
- ¿Qué te hace pensar que lo haré?
- Tienes razón, tendré que matarte - contestó sin que su rostro tuviese el menor cambio, la batalla había comenzado.
Inuyasha fue por el segundo más veloz, Kuo-Chiu, el hombre que los había retado hace meses atrás sin mostrar su identidad, tal como lo hace un vil cobarde, pero esta vez Inuyasha sabía bien quien era y a qué se enfrentaba y de ninguna manera volvería a permitir que se le escapase. Tessaiga dio un choque contra una espada hecha de tierra endurecida como roca, comenzó la guerra entre los dos y ninguno se dejaría ganar tan fácilmente, se había convertido en una batalla de vida o muerte.
Ts'Ai-Ho, la serpiente, era estúpido, había tenido el camino libre, la perfecta oportunidad para detener el conjuro que estaban efectuando Kagome y el monje Miroku, pero había preferido saciar su sed de sangre y arremeter contra Sango, la cual fue ayudada inmediatamente por su fiel compañera Kirara y los débiles intentos del pequeño Shippo.
Las batallas continuaron con ferocidad hasta que llego un punto en el que la energía acumulada por el monje y la sacerdotisa era la adecuada para comenzar el verdadero conjuro, estaban listos, ahora sólo quedaba que lograsen contener a los inmortales lejos de ellos por unos momentos más, la posición de las manos unidas cambiaron de forma abrupta, el inmortal más listo comprendió de inmediato que aquello indicaba la parte final del conjuro, por lo tanto, la que definitivamente no debía ocurrir.
- En su llama mortal la luz te envuelve - comenzaron a recitar en coro (El conjuro es un poema de Pablo Neruda)
- ¡No dejen que terminen el conjuro! - Rugió el hombre camaleón desfigurando su rostro por primera vez.
- Absorta, pálida doliente, así situada contra las viejas hélices del crepúsculo que en torno a ti da vueltas.
Los dedos de gigantes serpientes y un enorme hombre de arena aparecieron de forma abrupta, se dio inició a la etapa más dura, la más decisiva, atacar y proteger eran las ordenes y el que fallase terminaría perdiéndolo todo.
- Muda, mi amiga, sola en lo solitario de esta hora de muertes y llena de las vidas del fuego, pura heredera del día destruido.
El hombre hecho de arena atacaba una y otra vez al hanyou, pero éste se negaba a dejarlo pasar, no, definitivamente no lo haría, aquella era la única manera de salvar a Kagome y de mantenerla a su lado para siempre, no renunciaría a eso ni mucho menos a ella.
- Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro.
El hombre de ojos rojos mostraba un rostro angustiado, golpeo duramente la cabeza de Koga para luego hacer que chocara contra el suelo, pretendía dejarlo inconsciente, de hecho creyó que lo había conseguido, por eso se sorprendió que cuando había logrado avanzar unos cuantos metros alguien lo agarrase bruscamente de las piernas, Koga ahora poseía sólo uno de sus brazos, pero el entrenamiento le había hecho conseguir que no fuese un impedimento.
- De la noche las grandes raíces crecen de súbito desde tu alma.
Un poderoso puño de arena golpeo al hanyou mientras que la serpiente más que preocuparse por el tiempo que se agotaba, se preocupaba de divertirse atacando a sus enemigos.
- Y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas.
T'eih-Kuai seguía luchando arduamente por deshacerse del lobo, pero le era imposible, su persistencia realmente era de admirar, sin embargo no era el momento para entrar en halagos, los segundo se estaban acortando cada vez más.
- De modo que un pueblo pálido y azul de ti recién nacido se alimenta - finalmente entrarían en la última estrofa.
Kuo-Chiu insistía en el ataque e Inuyasha no se quedaba atrás, fue golpeado un sin fin de veces, pero la palabra 'rendido' no estaba en su vocabulario. Volvió a atacar al hombre hecho de arena, Kuo-Chiu vio la alarma en el rostro del T'eih-Kuai, por lo que supo que debían acabar con la situación de inmediato, cambió de estrategia, en vez de seguir golpeando al hanyou como lo había hecho hasta entonces, tomo la decisión de absorberlo y dejarlo en una prisión de arena.
- Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava.
Inuyasha estaba aprisionado por la arena dominada por Kuo-Chiu, mientras que éste corría con todas su fuerzas para lograr impedir aquel conjuro.
- ¡Apresúrense! - Gritó Sango, dejando ver que todo podía derrumbarse en un segundo, ni Koga ni ella podían hacer algo para detener al hombre toro.
- Círculo que en negro y dorado sucede: ¡Erguida! - Sus voces comenzaron a subir de tono y la unión de sus manos comenzó a brillas de forma palpitante - ¡Trata y logra una creación tan viva…! – Kuo-Chiu estaba a tan sólo unos pasos, no había nada que pudiese detenerlo, impediría el conjuro y la ultima esperanza - ¡…Que sucumben su flores…! - El brazo del inmortal estaba cerca de la unión de las manos, la rompería en un segundo, pero… Algo lo detuvo, causando que el último grito del conjuro fuera realizado con toda su fuerza y energía - ¡Y LLENA ES DE TRISTEZA! - La luz palpitante exploto de golpe para luego desvanecerse totalmente.
Los conjuradores abrieron sus ojos con lentitud, dudosos de lo que habían hecho, ninguno se imagino la escena que encontrarían al momento de volver a la realidad, Kuo-Chiu, el inmortal dominador de la tierra, estaba a centímetros de ellos con una enorme espada atravesándole el estomago, el silencio se apodero de todo, sólo la brisa era audible, el suspenso reinaba junto a la quietud, estaban todos pasmados, sólo la repentina risa de Kuo-Chiu logró romper con aquel extraño ambiente.
- ¿Y qué se supone que pasa ahora? – Rió - ¿De esta mediocridad estabas tan asustado T'eih-Kuai? ¡Pero que desilusión más grande me has traído!
- ¿No… ocurrió nada? - Sango estaba perpleja al igual que todos.
- ¡Creo que has bajado el nivel, camaleón! - Volvió a burlarse aún con hoja alojada en su vientre, pero a T'eih-Kuai no le causaba gracia, estaba seguro que aquel conjuro traería alguna consecuencia.
- ¡¿Y tú?! - Se quejo mirando hacia atrás, donde se encontraba su agresor, quien aún no soltaba su espada - ¡¿Cuándo piensas sacarme esto del estomago?! ¡¿Aún no entiendes que soy inmortal y que nunca podrías hacerme daño con algo tan insignificante?! - Siguió burlándose delante de todos, nadie podía decirle nada, no sabían lo que había ocurrido.
Inuyasha saco su espada aún con la mirada perpleja ante los sucesos, por unos momentos le llego el sentimiento de perdición, pero todo cambió cuando Kuo-Chiu se dio la vuelta para mirarlo con su sonrisa triunfante, sin embargo, nunca se imagino que de un momento a otro su boca arrojase con brusquedad su propia sangre.
- ¿Qué… qué es esto? - Pronunciaron sus labios con incredulidad al comprobar que lo que salía de su boca era sangre - no puede… No puede ser, un ataque tan insignificante… Un ataque tan insignificante no puede… - Un intenso dolor se apodero de su vientre, era como si hubiese recibido un ataque del mismísimo líder inmortal, así dolía, pero no debería doler así, un ataque tan mediocre al lado de los de su grandísimo líder no podían sentirse de la misma manera, sin embargo así era, así se estaba sintiendo - ¡¿Qué rayos está pasando?! - Rugió frente a un sonriente y complacido hanyou.
- Eres mortal - contestó antes de levantar a Tessaiga y cortar la cabeza de rostro atónito.
Kuo-Chiu había muerto, un inmortal había muerto.
- ¡¿Qué… Qué hicieron?! - Gritó la serpiente.
- Los convertimos en mortales, ahora sus vidas corren tanto peligro como las nuestras - contestó Kagome en calma.
- Eso es imposible - contestó el hombre de ojos rojos
- Es posible. Lo acabamos de lograr, Kuo-Chiu esta muerto, tal como lo estarán próximamente todos ustedes, quizás deberías advertirle a los otros… - Respondió la chica con seriedad.
- Ssssfff ¡Es imposible! - Gritó el inmortal para luego dirigirse a atacar a la miko, aunque claro, antes de que siquiera pudiese tocarle un cabello, Inuyasha no dudo en hacer su aparición y enfrentársele.
El ex –inmortal lucho con desesperación, totalmente fuera de su juicio ante los sucesos que acababa de presenciar, por ende, para Inuyasha fue fácil esquivar sus ataques y contra atacarlo causándole heridas de gravedad, heridas que antes no eran tan fácil de causarle a un inmortal, pero claro, ellos ya no lo eran. El hombre serpiente está muy mal herido, pero aquello no lo detenía, siguió luchando, lo que hizo que Miroku notara cierta situación, estaban perdiendo tiempo, segundos preciosos para aquella misión, por lo que se decidió a actuar inmediatamente, sin pensarlo más afondo le grito al hanyou que se apartara y libero el agujero negro que guardaba en su mano logrando absorber sin mayores dificultades al segundo inmortal.
Las cartas estaban dadas vuelta, el panorama no era agradable para el malvado grupo, y en ese momento era aún más desfavorable para un único miembro del grupo solo frente a todos sus enemigos reunidos, comprendió que no sería pertinente que se quedara en ese lugar, por lo que en la menor oportunidad salió corriendo hacia las compuertas que daban paso a la fortaleza que guardaba al infierno.
- ¡No lo dejen escapar! - Gritó Inuyasha iniciando la carrera tras el fugitivo.
- ¡Sigámoslo es probable que nos lleve justo donde queremos! - Habló Miroku siguiendo la carrera al igual que todos los demás.
Kagome, Sango y Shippo se montaron sobre Kirara para lograr seguir a sus compañeros, era crucial no perderle la vista a T'eih-Kuai, pero la verdad es que se estaba haciendo difícil, estaban corriendo por un sin fin de pasadizos, era un laberinto, y el enemigo se movía de forma veloz, pronto lo perdieron de vista, siguieron corriendo para tratar de alcanzarlo, pero sólo se estaban adentrado por los pasadizos y no sabían bien si el ex –inmortal realmente había seguido ese camino.
- ¡Es mejor que nos detengamos, sólo nos estamos confundiendo! - Habló la exterminadora, todos se detuvieron al instante, ella tenía toda la razón.
- ¡Maldición! - Se enfureció el hanyou.
- ¡Lo teníamos tan cerca! - Lamentaba Koga.
- Tranquilos, vamos bien con el tiempo, ya han caído dos en menos de una hora, nos va bien por el momento - ánimo el monje.
- ¡Pero todavía faltan seis! - Gruñó Inuyasha.
- Es mejor que los cuentes como cinco, Inuyasha, al ultimo debemos eliminarlo entre todos - aconsejó Sango.
- Debemos apresurarnos con los otros, ese hombre será el más duro de derrotar… - Aún no era capas de pronunciar el nombre.
- Descuide, señorita, conseguiremos derrotarlos a todos.
- Tengo una duda - los ojos de todos se clavaron en Koga - ¿Por qué el tipo de allá murió tan fácil?
- ¡Pero sí que eres menso! - Contestó Shippo - creo que hasta Inuyasha sabe que es porque dejaron de ser inmortales, y eso ya es mucho…
- ¡No me llames menso, no entiendes lo que trato de decir! - Contestó con molestia.
- A mí eso también me pareció extraño - habló Sango bajándose de Kirara al igual que Kagome - dejaron de ser inmortales, pero siguieron siendo demonios ¿No?
- Veo tu punto… - Apoyo el monje de manera pensativa.
- ¿Qué punto? ¡No entiendo nada! - Se sacudió la cabeza - para mi es que dejaron de ser inmortales y nada más, murió fácilmente por eso ¿No?
- Te equivocas - habló Inuyasha con seriedad.
- ¿Tu sabes algo más, Inuyasha? - Preguntó la miko.
- Mientras entrenaba, el viejo Totosai me contó que estos sujetos antes de ser inmortales fueron mortales, se convirtieron en lo que son gracias a un método chino o algo así, no le entendí bien esa parte, pero me dijo que no todos ellos eran demonios, tuvieron que convertirse para luego poder transformarse en inmortales, lo cual de cierta manera los hace ser híbridos- Sonrío con algo de burla al recordar las veces en que lo miraron en menos- Creo que por eso fue más fácil matarlo.
- ¡Totosai debió contarnos a todos! - Se quejo Shippo.
- Esto es una importante información, así podremos saber de quienes debemos cuidarnos más - comentó Miroku - Inuyasha ¿De casualidad Totosai no te dijo quiénes eran los demonios?
- Sí - contestó asintiendo con la cabeza - el tipo serpiente era un demonio, por eso es que tuvo más resistencia y terminó matándolo tu agujero, luego esta el cobarde que acaba de huir de nosotros, también Kou-Lao, y por supuesto, el maldito de Chung, todos los demás alguna vez fueron humanos…
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- ¿No creen que se están tardando? - Habló Kou-Lao - ya deberían estar aquí con sus cabezas.
- ¿Alguna vez se te dio tan fácil a ti enfrentarlos? Que yo recuerde siempre te pasaba algo- Comento la única mujer- Mejor guardas silencio ¿No?
- ¿Tratas de decirme algo? - Respondió molesto.
- Te lo estoy diciendo claramente.
- ¡Claro! ¡Es muy fácil hablar cuando la mitad del tiempo te las estuviste dando de infiltrada!
- ¡Aun así soy mejor que tú!
- ¡Por favor! ¡Si yo no soy capaz de hacer algo, mucho menos lo lograrías tú! ¡¿Se te olvida quien eres mujerzuela?! O mejor dicho ¡Qué eres!
- ¡Soy un poderoso demonio inmortal!
- ¡No! ¡Yo soy un poderoso demonio inmortal, tú no eres más que una pobre humana aparentando ser un demonio! - Aquellas palabras enfurecieron a la mujer, pero aun así no fue capaz de contestar sus provocaciones.
- ¡¿Tratas de decir que soy menos que tú?! - Gruñó Hsiang-Tzu.
- ¡Todos sabemos que ustedes son menos que nosotros!
- ¡Soy capaz de destrozarte en cualquier momento!
- ¡¿Eso es lo único que tienes, no?! ¡No eres nada más que músculos y agresividad! ¡Nada!
- ¡Eso me basta para acabar contigo!- Gruño el lobo teniendo que ser sujetado por Hsiang-Ku o lo siguiente seria una batalla entre ellos.
- ¡Eso no es suficiente! ¡No eres nada más que una porquería! - escupió - ¡Estoy cansado que sujetos como ustedes se crean del nivel de nosotros!
- Será mejor que te retractes… - Intervino Tung-Pin de forma calmada.
- ¿Por qué? ¿Crees que está equivocado? - Chung Li Ch'uan últimamente no se entrometía en ninguna discusión, pero no pudo evitar su intrusión en aquella conversación, sobre todo porque Tung-Pin se había incluido en ella.
- Sólo digo que debería retractarse.
- ¿Entonces crees que está equivocado?- Insistió retadoramente.
Por unos segundos hubo un silencio incomodo, estaban esperando la respuesta de Tung-Pin, y lo que fuera que contestara era de crucial importancia para su existencia, tenía que pensar cual era la mejor respuesta, la respuesta que Chung estaba esperando, ya que si no daba con ella el camino se le complicaría.
- No, no está equivocado - contestó mirando fijamente a los ojos platinados que no le quitaban la vista de encima.
- ¿Alguien tiene otra opinión? - Preguntó sin obtener respuesta - ¿Nadie? Bien, entonces cállense, me molestan sus voces.
Hsiang-Tzu apretó fuertemente los puños, la ira y la impotencia lo estaban dominando, pero le era imposible hacer algo, después de la última vez que se atrevió a contradecirlo sabía que no se lo volvería a perdonar una vez más.
- ¡Chung! - T'eih-Kuai había hecho su aparición de forma repentina, se veía nervioso como nunca antes, era evidente que no traía buenas noticias - ¡Kuo-Chiu y Ts'Ai-Ho están muertos! - Informó dejándolos a todos, menos al líder, perplejos.
- ¡¿De qué estás hablando T'eih-Kuai?! ¡Tú sabes que eso es imposible! - La gata fue la primera en abrir la boca.
- ¡No lo es, te estoy diciendo que yo mismo los vi morir! ¡Están muertos!
- ¡¿Cómo paso algo así?! - Interrogó Tung-Pin.
- ¡Habla, idiota! - Apresuró Hsiang-Tzu.
- Un conjuro - contestó calmándose - el monje y la sacerdotisa hicieron un conjuro para convertirnos en mortales, ahora cualquiera de nosotros puede morir…
- ¡¿Qué?! - Hsiang-Ku no lo podía creer - ¡Debes estar bromeando!
- Si te lo está diciendo es porque debe ser así ¿Tan difícil es para ti comprender palabras? - Habló Chung en un tono de burla.
- ¡¿Ves lo que has conseguido?! - Contestó ella - ¡¿Qué vamos a hacer ahora?!
- Matarlos antes de que te maten a ti, por supuesto.
- ¡Te veo demasiado tranquilo! - Gruñó Kou-Lao.
- Es porque lo estoy ¿Ya lo olvidaron? Me importa muy poco si soy inmortal o no, es más, me agrada esto de la mortalidad, así veremos quienes realmente merecen la inmortalidad en este lugar, no me extraña que la estúpida serpiente y el toro ya estén muertos, realmente no tenían mucho material - comentó como si nada, mientras que sus camaradas estaban conteniendo los deseos de irse contra él - ¿Qué esperan? ¡Vayan por ellos! ¿O están esperando que vengan por las joyas?
Al instante se pusieron en marcha para entrar en los túneles, Tung-Pin también lo iba a hacer, pero fue detenido por unos segundos peligrosos, luego siguió su camino para hacer lo mismo que harían sus otros camaradas, pero aún tenía en la mente las palabras llenas de veneno que había susurrado en su oído Li Ch'uan: "Debiste decir la verdad"
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- ¡Estos pasadizos me están fastidiando! - Gruñó Inuyasha dándose cuenta de que el tiempo seguía transcurriendo y aún no encontraban a ninguno de sus enemigos.
- Tranquilo Inuyasha, ya verás que los encontraremos - alentó Miroku.
- ¡Más vale que sea dentro del tiempo!
- ¡Te están diciendo que te relajes! - Gruñó el lobo.
- ¡¿Cómo quieres que haga algo así?!
- Chicos, cálmense - habló Kagome inútilmente.
- ¡Calmándote, idiota!
- ¡¿Con que cara dices que me calme?! ¡Mira cómo estás tú!
- ¡Chicos! - Insistió.
- ¡Estoy calmado!
- ¡No lo estás, lobo entupido!
- ¡Chi…! - iba a volver a intentarlo, pero de pronto sintió que el piso se le movía.
- ¿Pasa algo, Kagome? - Preguntó su amiga.
- N…no - contestó con inseguridad mientras los otros seguían con su discusión - creo que es sólo imaginación mía - de pronto, el suelo bajo sus pies se abrió bruscamente haciéndola caer sin remedio alguno.
- ¡Kagome! - Gritó Sango al ver lo ocurrido, eso fue suficiente para que la pelea se detuviera.
Inuyasha salto al agujero sin pensárselo dos veces, los demás quisieron imitarlo, pero la tierra se cerro en el instante en que Inuyasha desapareció.
- ¡No! - Gritó Koga.
- Esto definitivamente no es bueno… - Comentó el monje.
- ¿Alguien más se ha dado cuenta de que siempre nos pasa lo mismo? - Comentó Shippo con una risa fingida, se calló al instante al ver las miradas de desagrado que cayeron sobre él.
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Inuyasha iba en caída detrás de Kagome, pero de pronto la tierra se cerro para abrirse otro hueco en forma lateral, Inuyasha no pudo hacer nada, había sido separado de Kagome en el lugar más peligroso de la tierra, ahora sólo le quedaba esperar porque ella fuera fuerte y se mantuviera a salvo mientras él fuera por ella.
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Kagome cayó con brusquedad, no le pareció que lo sucedido anteriormente fuera a causa de los inmortales, más bien le dio la impresión de que había sido obra de los que había ocultado en ese lugar las puertas del infierno. Se pudo de pie tan pronto como le fue posible, no debía quedarse en ese lugar perdiendo el tiempo, los segundos seguían transcurriendo y se negaban a detenerse, ella debía hacer lo mismo, ahora estaba sola, debía tener el triple de cuidado, no sabía con que sorpresa se encontraría ni mucho menos con que inmortal se encontraría, por suerte tenía el consuelo de que ahora estaban en igualdad de condiciones. Camino en soledad por un largo trecho, pero claro, aquello no sería eterno, pronto alguien se hizo presente junto a ella, la mujer a quien menos deseaba ver en esos instantes, Ho Hsiang-Ku.
- Pero miren nada más a quien tenemos aquí – rió - ¡Perfecto! ¡Así de una buena vez soy yo la que te pone fin!
Continuara...
¿Qué les pareció el plan? ¿Los inmortales? ¿Chung está tramando algo, o tal vez Tung-Pin? Espero todas sus impresiones del capitulo, saludooos!
