Explicaciones al final...que hay unas cuantas que dar.
Testigos de cargo
Con un gesto cansado Harry apartó la taza de té y el plato de tostadas que le había servido Kreacher minutos antes, y del que sólo había comido por no apenar al elfo. Pero la verdad es que tenía el estómago cerrado debido a los nervios. Racionalmente se decía a sí mismo que no podían condenarle, que era impensable. Pero una parte de su mente, la parte que siempre estaba esperando alguna catástrofe en ciernes (aunque debido a su historial se dijo que no era de extrañar), no dejaba de susurrarle que algo iba a salir mal, que en el último momento los planes se torcerían y acabarían condenándole.
Intentó echar esos malos augurios fuera de su cabeza y se dijo que en breve llegarían Ron y Hermione, que se habían ofrecido a acompañarles hasta el Ministerio. Aunque eso no era del todo cierto: más bien era Hermione la que se había ofrecido y Ron había asentido ligeramente. Las cosas entre él y Harry habían vuelto a la normalidad, siempre que no se tocase el tema de Draco claro, momento en el que a Ron se le ponían rojas las orejas y cambiaba de tema bruscamente. Al principio a Harry le exasperaba su reacción, pero poco a poco la fue aceptando porque no podía imponer su novio a la fuerza. Sí le hubiese gustado que la relación entre ambos fuese más cordial, y Draco había hecho algún que otro esfuerzo, pero estaba claro que Ron seguía sin fiarse de Draco, y éste le trataba con educada indiferencia.
Sonrío al pensar en la primera visita de Draco a la Madriguera, justo después de conocer las notas de sus EXTASIS. Draco llevaba retrasando el momento desde que les dieron las vacaciones en Hogwarts y una mañana Harry le dijo que iban a ir a la Madriguera, quisiera o no...
- Joder Harry: la Madriguera. No quiero ni pensar en como debe ser.
Harry le miró bastante molestó por el comentario: de hecho, le fulminó con la mirada y entrecerró los ojos.
- Draco, sabes que odio que hables así de ellos, son como mi familia.
- Pero si solo habló así de...-se intentó excusar, pero vio que no iba por buen camino -. Ya sabes que no aguanto a Ron, Harry. Ni él a mi.
Bueno, Harry tenía que reconocer que aquello era verdad. Solo se habían visto dos veces desde que empezaron a salir, en Hogsmeade, y las dos reuniones estuvieron llenas de tensión, a pesar de que tanto Hermione como Ginny trataron de hacer la situación lo más natural posible. Pero Ron seguía lanzando a Draco miradas furtivas y mascullando por lo bajo de vez en cuando y Draco le miraba todo el rato con una ceja enarcada y obviando cualquier intento de Ron por meterse en la conversación. Harry no dejaba de darle patadas por debajo de la mesa y Draco, como buen buscador, las esquivaba con facilidad. Estas dos reuniones ya habían sido calificadas oficialmente como desastres y Hermione tuvo que intervenir. Según le contó, le envió un vociferador a su novio en el que le decía lo insensible que era, que no podía dejar de lado a su mejor amigo solo porque no le gustase su pareja, y que esto era solo un anticipo de lo que le esperaba cuando se viesen cara a cara.
El vociferador pareció funcionar, ya que días después Harry recibió una carta de Ron, mucho más amistosa que las anteriores y en la que dejaba ver que si bien no entendía como había podido acabar con Malfoy, creía que no iba a tener más remedio que aceptarlo, y que trataría de no ser tan borde con él. Se veía que le costaba horrores escribir todo aquello, pero Harry agradeció su esfuerzo profundamente. Además, el vociferador de Hermione tuvo un efecto secundario: Ron lo abrió a la hora de la cena y ese día estaba la familia Weasley al completo. Las reacciones no se hicieron esperar.
Arthur y George le previnieron contra él, ya que no se podía esperar nada bueno del hijo de Lucius Malfoy; Molly se sintió algo decepcionada porque los últimos años había pensado en él como su yerno, pero si era feliz, ella no tenía nada que objetar; y Bill y Fleur le enviaron una carta conjunta en la que sobrevolaba la estupefacción y no sabían muy bien qué pensar ni qué decir, pero acababan asegurando que se alegraban por él.
Pero la carta que sin duda más le llamó la atención fue la de Charlie, que le escribía desde Rumania. Prácticamente pasó por alto el tema de Draco y el tema central de la carta fue sobre cómo se había dado cuenta de que no le atraían las chicas en absoluto. Al acabar de leerla Harry la dobló cuidadosamente y la guardó junto las demás, mientras pensaba que la próxima vez que viese a Charlie, o bien iba a haber alguna sorpresa, o bien iban a tener los dos algunas palabras.
Así que esa mañana levantó a Draco de la silla y le llevó a empujones a su habitación, conminándole a que se diese prisa, ya que los Weasley al completo les esperaban a los dos a media mañana para celebrar sus EXTASIS. Una vez que Draco estuvo listo (Harry le hizo cambiarse el traje negro por unos vaqueros y una camiseta) bajaron a la cocina y allí mismo se desaparecieron, apareciendo al instante a unos metros de la Madriguera.
Harry le miró de reojo, esperando ver alguna mueca de desagrado por parte de Draco, pero éste parecía que había perdido toda capacidad de gesticulación, aunque poco a poco fue agrandando los ojos.
- Pero...esto...¿Exactamente qué es, Harry? –preguntó con auténtica curiosidad.
Harry sonrió y comenzó a hablar.
- Esto es la Madriguera, Draco. En un principio era una pequeña casa de campo en la que vivían los señores Weasley y Bill. Pero al nacer Percy no cabían y empezaron a añadir plantas y habitaciones hasta que...bueno, hasta que quedó así. No creo que crezca más, Molly ya no está para tener más hijos. Por lo menos no propios.
Draco emitió un sonido gutural y mientras caminaban hacia la entrada, Harry le tomó la mano y le intentó infundir ánimos, aunque él tampoco las tenía todas consigo. Cuando apenas quedaba un metro para la entrada principal, la señora Weasley salió a recibirles, mientras se limpiaba las manos apresuradamente en el delantal.
- ¡¡Harry cariño!! ¡¡ Cuanto tiempo sin verte!! ¿Estás bien? ¿De verdad? –todo esto lo dijo mientras le estrujaba. Después se separó y le intentó peinar el flequillo, aunque sabía que esto era imposible. Después se volvió hacia Draco y le dirigió una sonrisa vacilante -. Hola Draco, encantada de conocerte; formalmente por lo menos.
- Lo mismo digo señora Weasley –le tendió la mano y le sonrió de la forma en la que lo hacía cuando quería ganarse a alguien -. Es una placer estar aquí y le agradecemos profundamente su invitación.
Molly le volvió a sonreír, esta vez más abiertamente y sin tiempo que perder les hizo entrar en la abarrotada cocina. Una vez allí, los ojos de Draco pasearon a sus anchas sobre la habitación hasta que algo llamó su atención.
- Interesante reloj, señora Weasley –dijo señalando al reloj que estaba apoyado en la alacena.
Harry comprendió al instante su interés, ya que a él aun le maravillaba cómo el reloj sabía en todo momento donde se encontraba cada miembro de la familia Weasley. Apenado, comprobó que la manilla de Fred había desaparecido, aunque había sido sustituida por una nueva, la de Fleur.
- ¿Verdad que sí? Lleva años en la familia; la verdad es que nadie sabe de dónde pudo salir o quien lo fabricó.
- Me parece que yo puedo contestar a eso, señora Weasley –dijo sonriente y demostrando mucha seguridad en sus palabras
Harry y Molly le miraron estupefactos.
- Este reloj fue heredado por Arthur, si no me equivoco.
Molly asintió expectante. Draco frunció el ceño, como hacía siempre que trataba recordar algo.
- Vamos a ver...entonces él tuvo que heredarlo de su madre, Cedrella Black, quien a su vez lo robó a su padre Arcturus cuando huyó de casa por casarse con Septimus Weasley. Y si la memoria no me falla, este reloj fue fabricado por Cygnus, hermano de Arcturus y tío de Cedrella.
Molly y Harry estaban boquiabiertos, pero Draco parecía muy satisfecho de si mismo por la explicación que acababa de dar.
- ¿Cómo sabes todo eso? Arthur nunca me explicó nada –dijo Molly con un hilo de voz. y después añadió -. La verdad es que mi suegra casi nunca hablaba de su familia y nunca la llegué a conocer, solo algunos datos sueltos. Sabía que era una Black, por supuesto, pero nunca pensé que...
- ¿Qué era del tronco principal del árbol? Pues sí, lo era. De hecho, creo que Harry y Ron son primos terceros políticos, pero Harry y mi madre son primos segundos consanguíneos. Eso sin contar con que tu padre, Harry, era tío segundo de Sirius, porque James Potter era primo hermano de mi tía abuela Walburga, lo que significa que...- Draco se quedó en silencio unos segundos mientras parecía hacer cuentas por lo bajo -. Espera un momento Harry, creo que eres mi tío segundo o algo así.
A Harry le daba vueltas la cabeza con tanto parentesco, pero Molly parecía encantada.
- Vaya, pues muchas gracias Draco, no tenía ni idea. Sabía que era un reloj único, pero no sabíamos de donde prevenía. Arthur se pondrá muy contento. Ahora si me disculpáis, voy a avisar a Ginny de que estáis aquí. No sé que le pasa, pero desde que llegó del colegio se pasa el día en su habitación.
Tanto Harry como Draco intentaron no sonreír porque sabían que seguramente estaría escribiendo cartas como loca a Dean Thomas, con el que había vuelto a retomar la relación unos meses antes. Una vez solos se sentaron en la restregada mesa donde comían y Harry dijo:
- O sea, que somos familia...lejana, pero familia al fin y al cabo. ¿No sé te hace raro?
Pero Draco solo se encogió de hombros y continuó hablando.
- Claro, no estás tan solo como crees, tienes un montón de parientes políticos. Aparte de los Weasley y los Black, también estás emparentado con los Bulstrode, los Crouch, los MacMillan, los Crabbe, y alguno más que se me escapará. Espera un segundo...tu padre era primo hermano de Bartemius Crouch, creo. Así que me parece que también estás emparentado con Daphne de alguna retorcida forma. Me suena algo así como que su madre era sobrina de Bartemius Crouch.
- Vaya –musitó Harry, sorprendido ante toda esa familia política que acababa de descubrir -. ¿Y cómo sabes tu eso?
- Mi madre me obligó a aprenderme el árbol genealógico de los Black antes de ir a Hogwarts, para...
Pero dejó la frase inconclusa, aunque Harry sabía el motivo: para que supiese con quien se podía relacionar y con quien no. Aun así, le resultaba curioso saber que era pariente de Millicent o de Ernie, aunque seguramente en un grado muy lejano. Lo que sí le impacto era su parentesco, bastante cercano esta vez, con Narcissa, Andrómeda...y Bellatrix. Pero no era momento de pensar en eso, ya que poco a poco la cocina se empezó a llenar de cabezas pelirrojas.
La primera en aparecer fue Ginny, que no tardó en felicitar a ambos por las notas de sus EXTASIS, aunque las suyas tampoco eran malas. Pero no había puesto mucho empeñó en ellas ya que quería dedicarse al quidditch de forma profesional y en septiembre tenía un par de pruebas para las Holyhead Harpies y las Águilas de Aberdeen. Después aparecieron Bill y Fleur que volvían de sus respectivos trabajos. Bill seguía en Gringotts pero Fleur había entrado a trabajar en el ministerio, en el Departamento de Relaciones Mágicas Internacionales, donde seguro que revolucionaba a todos los funcionarios. Ambos les trataron con educación, pero se veía que no sabían muy bien como habían llegado las cosas a ese punto.
Poco después llegaron George y Ron de la tienda y aquí fue donde Harry comenzó a ponerse nervioso. Primero saludó a Draco con un laconico "Malfoy, que tal". No era lo que Harry esperaba, pero era mucho mejor que una maldición. Draco le estrechó la mano, quizás con más fuerza de la necesaria y Ron le devolvió el apretón con las misma intensidad, ante las miradas de todos. Finalmente se dio la vuelta hacia Harry y le saludó en voz tan baja que dudaba que él mismo se hubiese escuchado. Parecía abochornado de verdad y Harry no quería prolongar ese momento, así que le dio un rápido abrazo mientras le susurraba al oído palabras tranquilizadoras.
Una vez pasado, pudo relajarse y comenzar a disfrutar. Había echado mucho de menos a los Weasley, ya que las últimas veces que se habían visto no había sido en momentos alegres (por decirlo de una forma suave), pero todos estaban animados. Molly sirvió el estofado de cordero que tanto le gustaba a Harry, pero Draco le sometió a un profundo estudio y lo probó con cautela. Le tuvo que gustar porque al ver la velocidad con la que se lo comía, Molly no paró hasta que se acabó la tercera ración, alegando que también estaba muy delgado y tenía un color muy paliducho.
Cuando empezaron a comer el helado del postre comenzaron a preguntar a los recién licenciados que iban a hacer en el futuro. Harry expresó su deseo de ser auror y sabía que gracias a Kingsley no iba a tener ningún problema en entrar; todos sabían ya que Ginny quería ser cazadora de quidditch profesional. Así que la pregunta era más bien para Draco, al que todos miraron con curiosidad.
- Quiero entrar a trabajar en el Departamento de Misterios, pero no sé si será posible.
- Es un trabajo muy difícil –dijo Bill, aunque su voz denotaba cierta admiración -. O por lo menos esa es la impresión que me da: no tengo ni idea de lo que hacen los inefables.
- Ni yo, pero me llama la atención –continuó Draco -. Lo que no sé es si me permitirán entrar a trabajar en el ministerio.
Harry le miró apenado y le cogió la mano por encima de la mesa (no pudo dejar de ver como Ron y Arthur retiraban la mirada).
- Si he de serte sincera –terció Fleur, que había permanecido en silencio toda la comida -, yo tampoco creo que consigas entrar en el ministerio, sobre todo debido a tu...pasado. Pero creo que deberías intentarlo. Si se atienen a los hechos, y si es cierto lo que nos ha contado Harry, no deberías tener problema alguno en entrar. Pero ya he visto suficiente de este país para ver como funcionan algunas cosas.
Todos permanecieron en silencio después de ese comentario tan directo a las "actividades" anteriores de Draco y éste se empezó a incomodar. Menos mal que George, con el don de la oportunidad que le caracterizaba supo distender el ambiente.
- ¡Eh Harry! ¿Te he dicho ya que estoy saliendo con Angelina?
La comida no salió del todo mal, sobre todo gracias a Molly, que a los pocos días escribió una carta a Harry en la que se declaraba "completa y absolutamente cautivada por Draco", Ginny y George. El resto le trató con educación, pero se notaba que estaba incómodo en su presencia, sobre todo en la de Bill y Fleur. No en vano, en sexto había permitido el paso a Greyback, que había dejado al mayor de los Weasley completamente desfigurado.
Pero poco a poco todos se fueron acostumbrando a su presencia, y Draco dejó de estar inquieto en su presencia. Menos con Ron.
Lo suyo era patológico.
En conjunto, los inicios de su relación con Draco no se podía calificar de fácil. Habían tenido que hacer frente a muchas habladurías y comentarios malintencionados, incluso de algunos compañeros de Hogwarts; pero como eran compañeros normalmente de cursos superiores con los que no tenían mucho trato, normalmente con una carta amenazadora de Draco el asunto quedaba liquidado. Pero en general no se podía quejar: de hecho tanto uno como otro, tenían muchos más amigos que en sus tiempos de colegio. Aun recordaba su cumpleaños hace unos pocos meses, en el que a instancias de Draco le habían montado una fiesta sorpresa en Grimauld Place. Aparte de los de siempre, Ron y Hermione, Ginny y Dean, Luna y Rolf, Neville y Hannah, y Daphne y Nott (aunque estos llegaron juntos pero no revueltos...aun), también estaban Lavender y Roger Davies (ahora también abogado de Draco); Ernie y Justin (vaya, vaya, quien lo hubiese imaginado); Adrian Pucey y Pansy, Parvati y Wayne Hopkins, Padma Patil y Miles Bletchley (otra que había hecho de su túnica un sayo y se había liado con un slytherin), Seamus y Romilda Vane...y así hasta un total de cerca de cuarenta personas.
Cuando les vio reunidos en el salón de su casa Harry sacó la varita por instinto, pero al instante descubrió lo que era y sonrío aliviado, aunque un poco desconcertado de que hubiese tanta gente allí reunida por él, por su cumpleaños.
- ¿Qué esperabas Harry? ¿Qué nos íbamos a perder una fiesta? –dijo Seamus, que al instante comenzó a conjurar cervezas para todos. Le pasó una a Lavender, pero ella la rechazó con una mueca de asco -. ¿Qué pasa, has dejado de beber?
- Bueno, es que...no creo que me convenga –miró de reojo a Roger y éste asintió sonriente -. Veréis, no es por quitar protagonismo a Harry, pero esta mañana hemos estado en San Mungo y me han confirmado que estoy embarazada de una niña.
Después del primer momento de sorpresa todos se abalanzaron sobre los futuros padres, los primeros de ellos que lo iban a ser, y se deshicieron en felicitaciones, recomendaciones y consejos por lo que habían practicado con sus sobrinos y primos pequeños. Y Harry, encantado de que le robasen protagonismo, se acercó a abrazar a Lavender, a la que con el tiempo había llegado a coger mucho cariño.
Harry pensó que había sido en su último cumpleaños la última vez que se habían reunido todos. Ahora volverían a reunirse, pero por un motivo menos alegre, el juicio de Draco. Un sonido proveniente de la chimenea le hizo dar un respingo, pero enseguida se tranquilizó al ver a Ron y Hermione sacudiéndose las cenizas de la ropa. sin más preámbulos Ron le saludó y comenzó a comer lo que seguramente era su segundo desayuno.
- Joder, Ron –dijo Harry divertido -. Eres como Frodo.
Hermione comenzó a reír, pero Ron parecía no saber de que estaban hablando, así que se encogió de hombros y continuó dando cuenta de las tostadas que Harry no había podido tragar. Hermione se sentó a su lado y señaló con la cabeza hacia arriba, en clara alusión a Draco.
- Ahora baja. Debe estar arreglándose.
Como si les hubiese estado escuchando, Draco hizo su aparición. Harry le miró de arriba abajo y dio su aprobación al atuendo: unos sencillos pantalones beige y una camisa azul clara, sin corbata, con unos zapatos marrones oscuros.
- Solo te falta el yate y la gorra –bromeó Hermione, que ya se había levantado a abrazarle -. ¿Cómo estás?
- Bien...creo. Con ganas de que esto acabe de una vez.
No te preocupes –intervino Ron, que había acabado las tostadas y ahora sus ojos daban vueltas por la cocina buscando algo comestible -. Saldrás bien librado de esta. Además, con los testigos que tenemos, no te pueden condenar.
Entonces Harry se levantó de la silla de un salto.
- ¡Los testigos! ¡Joder! ¿Llegarán a tiempo?
- Tranquilo Harry –dijo Hermione -. Creo que ya están con Roger en el ministerio: anoche fue a por ellos a Hogwarts
Esa había sido una de las ideas de Roger, el presentar testigos en el juicio de Draco que declarasen que Draco había obrado como lo había hecho bajo coacción y amenazas. El testimonio de Narcissa no valía y les había costado encontrar a alguno que lo pudiese corroborar y no fuese mortífago. Pero tras varias sesiones en la biblioteca, Roger, Hermione y Daphne habían dado con la solución. Aunque lo más difícil había sido que el Wizengamot aceptase sus testimonios.
Una vez que Ron acabó de engullir el último emparedado de bacon, Harry recogió los restos con un movimiento de varita y de dos en dos fueron al ministerio por la red flu.
Al salir de la chimenea lo primero que vieron Harry y Draco fue un montón de flashes de cámaras de fotos. El ministro Clearwater había permitido entrar a la prensa hasta el atrio, algo que no había pasado en ningún juicio. Draco masculló algunas maldiciones por lo bajo (maldiciones más bien de tipo muggle) y Harry pudo vislumbrar a Dennis Creevy, que había recogido el testigo de su fallecido hermano como fotógrafo profesional y ahora trabajaba para Corazón de Bruja. Haciendo caso omiso de las insidiosas preguntas y escoltados por Ron y Hermione, consiguieron llegar al ascensor. Según una carta del ministerio, el juicio se celebraría en la misma sala donde se celebró la vista oral de Harry por conjurar un patronus hace ya tantos años.
Cuando llegaron a la antesala vieron que el resto ya estaban allí, un grupo formado por unas veinte personas, los mejores amigos de ambos, Narcissa y Andrómeda (supuso que tanto Teddy como Lorian estaban ahora mismo al cargo de Tipsy, la elfina de los Malfoy), Arthur y Molly y algunos más. Aquello reconfortó a Harry, ya que pasase lo que pasase, no iban a estar solos. Después de saludar a unos y a otros, Narcissa se les acercó con paso resuelto:
- Draco, Roger y Susan ya están dentro. Me ha pedido que pases en cuanto llegues –después miró a Harry y dijo con indiferencia -. Tu también puedes pasar, Potter.
Harry la miró sorprendido, pero se recompuso enseguida y asintió. Aunque cuando se dio la vuelta no pudo dejar de oír como Narcissa le decía a su hermana "No entiendo porque él puede pasar y yo, que soy su madre, tengo que quedarme aquí fuera"
Había llegado la hora de la verdad.
Se miraron y Draco trató de sonreír, pero a Harry le pareció más bien una mueca que una sonrisa. Se despidieron apresuradamente y entre deseos de buena suerte, entraron de la mano.
Tal y como había sido en su vista, Roger Davies y Susan Bones (estudiante en prácticas de Derecho Mágico) estaban en el medio de una sala semicircular, justo enfrente de la grada donde se sentaría el Wizengamot al completo. Bajaron corriendo y Harry se tranquilizó al ver que los dos testigos ya estaban allí sentado en sendas sillas, aunque permanecían en silencio y no les hicieron ninguna señal de reconocimiento. Harry se quedó un poco chafado pero se dijo que en el fondo tenía que ser normal. Esperaba que la idea de Roger funcionase y no se quedasen dormidos en mitad del juicio.
Poco a poco la tribuna se fue llenando y cuando entró el ministro Clearwater, Harry se retiró unos metros y se sentó en una silla que había hecho aparecer minutos antes, aunque no dejaba de mover los pies y retorcerse las manos. Draco se sentó entre medias de sus abogados y dirigió a Harry una última mirada, mucho más angustiada de las que a veces le sorprendía cuando estaban juntos y Draco comenzaba a divagar sobre su futuro. El ministro se aclaró la voz y comenzó a hablar:
- Estamos aquí, a fecha quince de noviembre de 2002 para juzgar, y si procede, sentenciar, a Draco Lucius Malfoy, bajo los cargos de asociación con mortífagos, intento de asesinato, y permanecer en tiempos de guerra bajo las órdenes del que se hacía llamar Lord Voldemort, al que de ahora en adelante llamaremos por su verdadero nombre: Tom Riddle.
"Como escribiente del tribunal, Ernie Joseph MacMillan. Abogado de la defensa, Roger Louis Davies. Que el acusado se ponga en pie"
"Ahora le hechas pelotas –pensó Harry con acritud -, pero hace unos años no te atrevías ni siquiera a pensar en que podía haber vuelto"
Draco se levantó con la manos cruzadas delante del cuerpo y escuchó impasible.
- ¿Es usted Draco Lucius Malfoy, nacido en cinco de junio de 1980 en Wiltshire?
- Sí, lo soy.
- ¿Es consciente de los cargos que se le imputan?
- Sí, lo soy –repitió en el mismo tono de voz monocorde.
- Bien, todos los aquí presentes hemos estudiado su declaración, ¿tiene algo más que añadir?
Harry vio como Roger le hacía un gesto imperceptible de negación.
- No, no tengo nada más que añadir. Me ratifico en mis declaraciones.
- Bien, en ese caso no procederemos a interrogar al acusado. Si algún miembro del Wizengamot tiene alguna pregunta para el señor Malfoy, ruego que la haga ahora.
Todos los miembros se miraron entre sí unos minutos. Hubo un momento en el que varios parecían dispuestos a hablar, pero al final ninguno dijo nada. Harry incluso pudo ver como Ernie resoplaba de alivio.
- Bien –prosiguió Samuel Clearwater -. Debido a la insistencia de su abogado y a que existen antecedentes en el caso de Doris Turpin contra Andrea Towler en 1715, vamos a admitir como válidos los testimonios de los dos testigos de la defensa.
"Severus Tobias Snape y Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore"
En ese instante Susan Bones se levantó de la silla y golpeó ligeramente los marcos de ambos cuadros para llamar la atención de sus ocupantes. Snape miró hacia arriba con gesto hastiado y Dumbledore le sonrió afablemente. El ministro estaba claramente nervioso, ya que interrogar a dos cuadros en un juicio se salía bastante de lo común, incluso en el mundo mágico. Pero tras muchas horas de estudio Hermione había descubierto que había precedentes y a Roger no se le ocurrieron mejores testigos que ellos dos.
En un principio Harry dudó que hubiese un cuadro de Snape en Hogwarts, pero luego descubrió que lo había mandado hacer la profesora McGonagall, en recuerdo de uno de los hombres más valientes que había conocido (aunque se enterase bastante tarde de este hecho)
El ministró carraspeó y comenzó el interrogatorio.
- ¿Es usted Severus Tobias Snape?
- Si –respondió inspeccionándose la pechera de su túnica negra.
- ¿Qué nos puede contar acerca del acusado, Draco Malfoy?
iene un gran talento para las pociones.
Algunos miembros del Wizengamot sonrieron a escondidas, pero Harry no pudo evitar reír abiertamente. Ese era uno de los problemas que tenían los cuadros: al no ser como los fantasmas, una sombra de lo que fue la persona, recordaban toda su vida pero no tenía que ser por orden cronológico, así que había que hacerles las preguntas de forma muy concreta porque si no, podían salir por cualquier parte (como acababa de ser el caso) Pero lo bueno era que los cuadros no podían mentir: al ser una representación mágica de la persona, ésta estaba sujeta a ciertas leyes de inmutabilidad. Además, no mentían porque no tenían necesidad de ellos, pero también sencillamente porque no podían: era como plasmar la vida de una persona, solo que en vez de con letras, se hacía al óleo. El ministro, algo sonrojado, volvió a repetir la pregunta.
- Severus Snape, ¿podría usted explicarnos bajo que circunstancias entró Draco Malfoy a las órdenes de Tom Riddle?
- Muy sencillo –respondió Snape seriamente y en voz muy baja, esa voz que tanto había atemorizado a Harry en sus primeros años de educación mágica-. Draco Malfoy fue amenazado de muerte; él y su familia. Si no cumplía las órdenes del Señor Tenebroso, tanto él como Lucius y Narcissa morirían.
- ¿Draco Malfoy intentó asesinar a Dumbledore por orden de Tom Riddle?
- Sí –respondió impertérrito.
- ¿Y cuales serían las consecuencias para Draco Malfoy y su familia si no mataba a Dumbledore?
Snape le miró con una mueca de desden y siguió hablando.
- Puede que sea un cuadro, señor ministro, pero hasta los lienzos tenemos algo de memoria a corto plazo. Y si no recuerdo mal, le acabo de decir que si Draco no cumplía sus órdenes, él sería asesinado junto a su familia.
Varios miembros del jurado no pudieron evitar reír, aunque trataron de disimularlo. Y Harry tuvo que reconocer que era gracioso ver como Snape humillaba a los demás: eso iba en contra de todo lo referente a Gryffindor que había en él, pero con el tiempo se había ido draconizando (menos mal que Draco también se había ido potterizando, aunque algo menos)
- Eh...si, en efecto –se veía a la legua que estaba deseando acabar cuanto antes con Snape -, ¿lo has apuntado bien, MacMillan?
Pero Ernie no levantó la mirada del pergamino y se limitó a asentir con la cabeza, aunque a Harry le pareció ver que hablaba para sí mismo. A saber que perlas estaría soltando del ministro para sus adentros en ese preciso instante.
- Bien, señor ministro –intervino Roger -. Creo que el testimonio de Severus Snape demuestra que todo lo que hizo Draco lo hizo bajo las órdenes de Tom Riddle bajo coacción. Creo innecesario interrogar a Dumbledore y pido la absolución completa de mi defendido.
Harry ya se estaba preparando para la buena noticia cuando una mano se levantó entre el jurado y una figura se puso de pie. Consternado, comprobó que se trataba del señor Hanlon, el mismo que había dado a Draco la noticia de que se padre había sido condenando a cadena perpetua en Azkaban. A ver por dónde saltaba ahora.
- Con su permiso señor ministro....damas y caballeros del Wizengamot. Estoy en mi deber de recordar que las acciones pasadas de Draco Lucius Malfoy fueron muy graves y no se deben tomar a la ligera. Estamos hablando de un joven que durante toda su vida ha creído en la supremacía de la pureza de sangre y eso no es algo que se pase de un día para otro. Es más, estoy convencido de que detrás de esa falsa expresión de arrepentimiento se esconde el verdadero Draco Malfoy, que sin duda y a pesar de las amenazas, estaba encantado con realizar las misiones que le fueron encomendadas. Creo que es un sujeto potencialmente peligroso y que debe ser recluido en Azkaban por un tiempo no inferior a diez años.
Harry estaba más que indignado: estaba furioso. Tanto, que de su varita comenzaron a salir chispas y tuvo que hacer un gran esfuerzo para calmarse. Los miembros del jurado comenzaron a hablar en voz cada vez más y más alta, incluso a discutir entre ellos, aquello parecía una lechucería en hora punta, y el ministro no parecía tener autoridad para imponer silencio.. Pero una profunda voz hizo que todos callaran como si les hubiesen lanzado un silencio. Y Harry pudo escuchar por fin la voz de Dumbledore, una voz que llevaba varios años sin escuchar y que pensaba que no volvería a oír en su vida.
- Disculpen, miembros del Wizengamot. Si me permites, Samuel –pero se corrigió enseguida y Harry adivinó que debía estar enviando al ministro una de sus penetrantes miradas -. Oh, perdón, señor ministro. Como decía me he visto obligado a intervenir. La noche que nos ocupa, es decir, la de mi muerte, puedo jurar que el joven Draco Malfoy aceptó mi oferta de protección, y que si no se pudo llevar a cabo fue porque los mortífagos irrumpieron en la torre de Astronomía. En ese momento Severus estaba obligado a matarme (obligación que le impuse yo mismo), pero eso es una historia que no viene al caso. Solo quiero decir que considero al joven Draco inocente de los cargos que se le imputan, ya que pude ser testigo de su predisposición a abandonar a Tom Riddle, aunque por circunstancias del destino, digamos que la cosa se torció un poco.
Draco se dio la vuelta y miró a Harry asombrado, ya que ambos sabían que eso no era del todo cierto. Harry recordó que los cuadros no podían mentir, pero el de Dumbledore debía ser especial: al fin y al cabo, el había sido en vida un hombre muy especial. El Wizengamot al completo se había quedado mudo y se notaba que el ministro necesitaba un receso para superar tanta emoción. Incluso Ernie había levantado la cabeza del pergamino y paseaba su vista de Dumbledore a Draco sin cesar. Samuel Clearwater pareció pensar unos instantes y al final habló en voz baja, como con miedo.
- Bien, señoras y señores. Ya hemos escuchado todos los testimonios. ¿Algo que alegar, señor Davies?
- No señor ministro- respondió con aplomo -. Solo pedir que se ejecute ahora mismo la votación con el fin de exonerar hoy mismo a Draco Malfoy de todos los cargos.
- Bien. Miembros del Wizengamot, los que estén de acuerdo en condenar a Draco Lucius Malfoy a una pena no inferior a diez años que levanten la mano.
Contra su voluntad, Harry se incorporó a medias y trató de contar las manos levantadas. Joder, eran bastantes más de las que esperaba, pero no estaba seguro. A ese cabrón de Hanlon le iba a cruciar el culo en cuanto le viese fuera del ministerio. Draco estaba con las manos entrelazadas a la altura de la frente y la cabeza apoyada en ellas. También pudo ver como disimuladamente Susan le pasaba una mano por la espalda tratando de animarle, contenerle, reconfortarle...o un poco de todo. El ministro apuntó algo en un papel y se lo pasó a Ernie, quien, para pesar de Harry, ensombreció su mirada. Aquello no auguraba nada bueno.
- Ahora que levanten la mano los que están a favor de que el acusado sea eximido de todos los cargos.
Las manos volvieron a levantarse, pero a Harry le pareció que eran ligeramente superiores a las anteriores, pero no estaba seguro. Solamente cuando vio la cara de frustración de Hanlon y la leve sonrisa que iluminó el rostro de Ernie, lo supo con certeza. Habían ganado.
Draco sería exculpado.
Mientras se levantaba corriendo a abrazarle, sin esperar a que el ministro hiciese público el veredicto, iba pensando en los años que le quedaban por vivir junto a Draco, todas las experiencias por vivir juntos. Mentalmente y sin ser plenamente consciente de ello, iba haciendo planes para los próximos cinco, diez, quince, cuarenta años. Los que pensaba pasar, Merlín mediante, al lado de Draco.
Draco le recibió con los brazos abiertos y una sonrisa en la cara, una sonrisa franca, abierta, como pocas veces sonreía y que era la que le había acabado de enamorar. Justo cuando llegó a su altura Draco se anticipó y le dio un fuerte beso en los labios de los que daba él, posesivo, de los que marcaba el territorio, sin importarle que aquella fuese la primera muestra de cariño en público que daban en cuatro años. Pero en seguida se vieron separados por una marea humana que acababa de irrumpir a la fuerza en la sala, con Narcissa a la cabeza.
Aturdido, Harry pudo vislumbrar a Hermione y Daphne gritando abrazadas, a Pansy derramando gruesas lágrimas, al igual que Narcissa, a Andrómeda un poco apartada, pero mirando con orgullo a su sobrino. Hasta ese momento Harry no se dio cuenta de que realmente tanto él como los demás consideraban realmente la posibilidad de que Draco fuese condenado, y cuando vio que su expresión de alivio se reflejaba en el rostro de su novio, supo que él también había contemplado esa posiblidad.
Mientras les sacaban a la fuerza de la sala de juicios, Harry pensó que lo que más le apetecía en ese momento era estar a solas con Draco, tranquilos, sin nadie alrededor, para poder hacer al fin planes reales, pero luego meneó la cabeza y siguió a los demás hasta la salida, al parecer en dirección a la mansión Malfoy, y Harry se resignó a compartirle durante unas cuantas horas.
Al fin y al cabo, tenían toda la vida por delante para estar juntos.
FIN
Ahora si que sí...ahora si que se ha acabado.
Muchas gracias a todos los que me habeis acompañado en lo que se puede llamar mi bautizo como escritor en esta página y espero no haberos defraudado y que la historia os haya gustado.
Gracias a todos los que han comentado algo, mucho o poco, porque para mi todos los comentarios que me haceis son igual de valiosos. Pero aqui debo hacer una mención especial a Madie, que lleva conmigo desde el principio, y sus comentarios me han ayudado muchisimo. ¡¡Un besazo guapa!!
El siguiente capitulo no se puede considerar como tal, si no más bien una especie de introducción a mi siguiente historia (que aun no tiene ni titulo) Trdaré un poco en subirla porque aun está en pañales, pero prometo continuarla.
Lo dicho (ay, que penita más grande), que muchas muchas gracias a tods y espero volver a veros (o a leerlos)
Un abrazo muy fuerte,
Peter Maifayr
