Alemana campeón!
jajaja perdón, tenia de decirlo xD
Acá está otro capitulo... les recuerdo que solo quedan dos capitulos y el epilogo. Se me fue rápido el tiempo.
Mientras, disfruten!
Capítulo Treinta y seis
¡Hola NY!
Quité mi mano rápidamente al percatarme de Lucas, y seguí sonriendo, tanto por vergüenza como por emoción de ver a Ross y su bebe.
Salí del ascensor con Edward pisándome los talones y con Lucas a mi lado.
-¿Donde estabas?-gruñó a mi lado
-En el Parque, ¿quien te aviso?-por el rabillo del ojo mire a Edward quien caminaba mas lento y manteniendo, ahora, mas distancia. Se lo agradeci en silencio.
-Jasper.-al doblar en la esquina Lucas me condujo por un pasillo largo, otra vuelta a la izquierda y luego de tres habitaciones llegamos al lugar asignado de Rosalie.-¿Estabas con él?-exigió saber
-Si, pero Emm me llamó cuando apenas tenia cinco minutos en el parque.-suspiré, para evitar gritarle-¿ya puedes dejar el interrogatorio?-tensó la mandibula y me libero de su agarre, el cual apenas habia notado pero que al final tuvo dos consecuencias. Primero me dolia, y segundo el avance peligroso de Edward al notar la tension entre Lucas y yo.
-¿puedo confiar en que se comportaran?-miré los azules ojos de Lucas, y los verdes de Edward, ambos asintieron, en segundos distintos, entonces pude darme vuelta y entrar a la habitacion.
Me refugie en la enorme habitación, donde en el centro se encontraba Rosalie en la cama ortopédica, al lado en una silla que se veia comoda estaba Emm y en otro sillon mas alejado estaba la Señora Esperanza.
Salude en voz muy baja y abrace a Emm primero, lo noté serio y nervioso, dos cosas muy raras en ese enorme hombre.
Camine rapidamente para saludar a la mama de Ross y luego fui a su lado, donde le quite un cabello de su rostro y le sonreia.
-Que bueno que llegaste Bella.
-Es genial que hayas esperado a que llegara.-le sonrei y ella hizo una mueca-¿Tomaste la epidural?
-son drogas-anuncio Emm
-Tu no eres el que aguanta el dolor-Rosalie sonrió por el apoyo
-Es soportable, mi unica queja es que tengo mucha hambre...-me reí despacio pero negué-Bella...
-dime ros
-Te ves alterada
-hay una situacion incomoda afuera de tu habitacion...-Emm me dirigió una mirada curiosa, se levanto y salio del cuarto.-Seguro fue a mantener orden...-me aventuré
-¿Quienes estan afuera?-Ross se veia contenta con la distraccion
-Lucas... Y Edward-Rosalie abrio los ojos desmesuradamente pero sonrio con picardía
-no me mires asi, nunca puede faltar el drama en situaciones como esta.-Esperanza se carcajeó y Rosalie intentó hacerlo, yo dejé mi cartera al lado de la señora y busqué una silla para sentarme al lado de Rosalie.
En ese mismo momento la puerta se abrio con brusquedad y Alice aparecio tras ella.
-Ahora no falta nadie-comentó alegremente Esperanza
-¡Por Dios, ya falta poco!-Alice se acercó entre saltitos y gritos de emocion a Ross y a mi, al mismo tiempo me dedico un abrazo con palabras burlonas: No es justo que tengas dos hombres detras de ti.
-Alice, cállate—susurré totalmente avergonzada.—Cuando todo esto termine, te mataré.
-Algun dia me agradeceras, bells—guiñó el ojo y se acomodó al lado de Esperanza.
Me quedé hablando unos minutos más con Rosalie, hasta que las contracciones se hicieron más seguidas y nos desalojaron. Sólo quedó la Sra. Esperanza y Emm.
Todos estábamos ansiosos, emocionados, y yo estaba muy tensa porque tendría que lidiar con una situación tan complicada como incomoda. Edward se había quedado por pura terquedad, cosa que no había previsto ya que se me ocurrió que tendrías más cosas que hacer que aguantarme mientras estaba con mi prometido.
Ese comportamiento no lo entendía en absoluto; luego de mucho tiempo de ausencia, tanto física como emocional, el hecho de que llegara de la nada con la intensión de ser mi amigo, me confundía por completo. No niego que me encanta su presencia, pero al mismo tiempo me da miedo porque siento que todo esto terminará mal.
Aparte de todas mis nuevas preguntas acerca de Edward estaba Lucas, él cual estaba furioso con la presencia constante de Edward y mi atención hacia él.
-¿Podríamos dejar el tema para cuando salgamos del hospital?—susurré a mi prometido cuando él siguió presionando sobre Edward
-Entonces salgamos, y hablamos
-que literal, Lucas.—sostuve su mirada unos segundos, ganando la ronda al verse él, como el completo ridículo en el cual se habia convertido desde hacía unas horas.—Puedes irte al departamento y descansar, yo me quedaré aquí por Rosalie y Emm.
Pude ver, como en su cabeza, se maquinaba una irónica respuesta pero me giré de inmediato y caminé hacia Alice quien estaba cuchicheando con Jasper.
-Ali, ¿podemos hablar?—ella asintió confundida y le sonreí a Jasper en modo de disculpa, todo esto bajo la permanente mirada de Edward.
-No has hablado con Edward, pareciera que te espera...—dijo sin disimular en absoluto que hablábamos de él
-Ya despaché a Lucas, me tenía demasiado incómoda, y Edward será el siguiente.—Alice me dio una mirada reprobativa.
-Tienes que arreglar todo esto, bells
-y tu me vas a ayudar, porque según sé fuiste tú quien le dio mi dirección a Edward...—me crucé de brazos y ella comenzó a incomodarse
-lo iba a conseguir de todas maneras...
-¡Pero tu te le fuiste de ofrecida! Necesito que entiendas que me acabas de poner en una situación horrible y bizarra—cerré los ojos y suspiré
-¿No se supone que amas a Lucas? Si es así... ¿por qué estás tan indecisa con que hacer sobre Edward?—su ceja arqueada comenzó a irritarme.
-Yo amo a mi prometido—ataqué
-Cuidado con lo que dices... acuérdate del dicho: el pez por la boca muere.—me colocó una mano sobre el hombro y me miró intentando calmarme, cosa que agradecí.—Lucas se acaba de ir, me miró realmente mal y Edward te sigue esperando—decía ella mientras miraba por encima de mi hombro—ya puedes ir a hablar con él.
-averigua de cómo va la situación con rosalie, necesito irme a casa por un momento.—acomodé mi cartera en mi hombro y Alice pareció interesada en algo ahí adentro
-¿Qué es...?—metió la mano dentro de la bolsa y sacó el libro de "Orgullo y Prejuicio" que Edward me había dado en el parque.-¡Que hermoso! ¿Quién te lo ha dado?
-Edward...
-Parece más un detalle que tendría Lucas...—pensó en voz alta y luego sonrió socarronamente entregándome el libro—Pero igual me parece un gran regalo.
-Si, a mi también—lo tomé y volteé para ir a hablar con Edward, el cual estaba un poco distraído con su teléfono celular.
-Hey, Edward. Vamos a la cafetería—me miró sorprendido pero al final sonrió, lo cual me afectó tanto como la primera vez que le ví hacer eso.
Caminamos en silencio hasta allá abajo donde quedaba la péquela cafetería que me acordaba un poco a la cafetería de mi instituto; fui ojeando en el camino el libro que me había regalado y me encontré con la dedicatoria en la última página.
"Mi pequeño y hermoso cisne, no había leído a un personaje que se pareciera tanto a ti en tan imprescindibles cualidades como lo es el orgullo y el prejuicio, por ello considero, mi especial Elizabeth, que mereces leerte tan apasionadamente como yo te leo a ti.
Con cariño, E.C"
Y me habría quedado sin palabras, de no ser por la obligación que tenia de pedir algo del menú.
-Un café y... un pedazo de torta de chocolate, por favor.—dejé el libro en medio de ambos.
-y usted caballero, ¿Qué desea?—el doble sentido de su palabra se me hacía ácido a mis oídos pero intenté concentrarme en el reciente mensaje de texto de Lucas.
"Lamento mi comportamiento, me avisas si necesitas que te lleve algo. L. Miller"
"no te preocupes, dentro de poco estaré en el departamento, ¿te importaría tenerme listo algo para ponerme?"
-...en un momento les traigo su orden—no había escuchado la respuesta de Edward, pero el parecía estar divertido ahora
-Bien... quiero ofrecerte una disculpa, Lucas es demasiado...
-¿inseguro?—su pregunta fue más una afirmación
-Celoso—corregí—Pero deberías entenderlo, que llegue el ex de tu prometida no es fácil
-si estuviera seguro sobre tu decisión, él no tendría por qué ponerse así
-Basta—dije lo más amable que pude—sólo quiero decirte que, gracias por el libro y por acompañarme hasta acá, pero puedes irte si deseas, ya todos estamos aquí y...
-voy sobrando, lo sé—sonrió—déjame comer algo y me voy, pero sabes que me estas debiendo una salida.
-Lo sé, pero tengo que hablar con Lucas primero.
-¿Para pedirle permiso?—ambos nos reímos con su pregunta
-Para nada, sólo para evitar estas situaciones tan incomodas... siempre he creído que una relación buena debe tener mucha comunicación y confianza, y eso lo practicamos él y yo, pero cuando llegaste la situación fue demasiado rápida y aún no hemos hablado sobre ti
-¿y que hablarían sobre mí?
-Pues... cuando hable con él, luego te cuento—el pareció conforme con mi respuesta. Nos quedamos en silencio un segundo, luego él pareció percatarse del libro y lo abrió.
-¿Te gustó la dedicatoria, o no la has leído aún?—hice una mueca y me sonrojé.
-si la leí, gracias.—esta vez, agradecí a la mesera cuando trajo la orden y lo interrumpió al inicio de algo que pretendía decir.
Comimos mientras compartimos algunos comentarios sobre libros, cosa que me pareció muy interesante al tratarse de un Licenciado en Literatura, y logré no quedarme atrás invocando a los clásicos de la literatura, lo cual nos llevó en una charla casi interminable.
Tuve que regresar a la realidad, mirarlo muy detalladamente y sentirme abrumada con la realidad de quien era él: mi exciber novio, mi primer amor.
-Edward, ya tengo que irme—tomó mi mano, velozmente, aprovechando la cercanía debido a libro que teníamos entre nosotros.
-Me ha encantado hablar contigo, como siempre—sonreí con un poco de falsedad puesto que sus palabras me hicieron sentir melancólica por los viejos tiempos. Quise ser una irresponsable y liberal niña de 15 años en florida.
-igualmente—Se levantó en cuanto yo lo hice y caminé lo más rápido que me dieron mis piernas. Tenía que regresar a la realidad.
Busqué a Jasper y fui con él hasta el departamento, aprovechando que Rosalie no había cambiado de estado.
La noche parecía mi cómplice, o tal vez era yo que sentía el ambiente tan compenetrado conmigo y me perdí en la oscuridad en el camino a casa.
-Bella, ¿estás bien?—La suave pero llamativa voz de Jasper me sacó de mis pensamientos y le sonreí sin mucha credibilidad
-Estoy a punto de empezar a gritar como histérica, o llorar como magdalena. Estoy muy confundida, cuñado.—él se permitió una carcajada, al darse cuenta que estaba sobreactuando, pero al final se mantuvo serio, buscando que decirme.
-¿Tiene algo que ver con Edward?
-Tiene todo que ver con él—razoné.—Es muy... extraño todo lo que siento ahora, y creo que no debería sentirlo.
-Creí que amabas a Lucas; te vas a casar con él y pues con los años que llevo conociéndote tu no estabas muy animada con la idea de matrimonio.—me recordó, y tenía razón. Yo cuando estaba en plena adolescencia había declarado estar en contra del matrimonio, a pesar de tener un buen ejemplo de ello con mis padres, pero era lo que creía, y ahora estaba haciendo todo lo opuesto.
-Pero Lucas entendió lo que estoy esperando del matrimonio, y no es algo que quieren todas las mujeres.
-¿Me permites saber qué es lo que quieren todas las mujeres?—rodeé los ojos
-Estabilidad. Un marido que las mantenga. Amor eterno y una linda casa.—sonreí ante la absurda imagen que se me creó en la cabeza
-si, es muy obvio que ese no es tu futuro ideal. Vale, entonces si ya hablaste eso con Lucas, ¿Qué papel tiene Edward en tu cabeza?
-Tiene mi historia, me define en el ahora; -tragué saliva ante la inmensidad de mis palabras—porque... al parecer no terminé de olvidarlo. Pero que confuso es todo, porque si pienso en Lucas me emociono y quiero estar entre sus brazos, pero la realidad es que no he estado en otros, y no estoy insinuando que quiero otros, sino que no tengo seguridad en mi misma sobre si se lo que quiero.
-hmmm... No tengo nada para decirte, supongo que luego de esto tienes que hablar con Alice, muy seriamente.
-Ese, es un buen consejo. Tienes razón y lo haré.—le sonreí agradeciendo que me escuchara, y a pesar de sus pocas palabras, su sinceridad ante todo. El, con la mano que debía estar en la caja de cambios, tomó mi mano y la apretó en un gesto que yo agradecí bastante; tratándose de él significaba el apoyo de un hermano.
Le dije que se fuera en cuanto llegamos al departamento, paneaba llamar a un taxi para no tener la presión de tener a alguien esperando por Lucas y por mi, sobre todo porque yo ya estaba suponiendo que tendríamos una larga charla.
Mi estado de ánimo se reflejó en mí andar. Fui muy lento y tuve mucho cuidado con los detalles de mi edificio. La estructura debía ser de más de cien años, pero estaba obviamente, restaurada, sin embargo con algo de concentración podías seguir los marcos de las paredes, que tenían un color caoba casi intacto con diseños pasados de moda.
En eso iba cuando una señora llegó con unas bolsas que vi pensadas, me acerqué un poco y le ofrecí mi ayuda.
-Muchas gracias linda—respondió y subimos el primer piso a su paso, pero entonces se detuvo y supuse que ahí se quedaría.
-¿es hasta aquí?—negó-¿No necesita más ayuda?—estaba confundida por su tremenda y abrupta apatía.
-Te enseñaré un atajo.—me guiñó el ojo y no le vi nada malo, entonces la seguí.
Después de subir las escaleras, girando a la izquierda estaban las ya habituales tres puertas, pero nosotros seguimos como si fuéramos a seguir por las escaleras pero ella giró a la derecha, abrió una puerta y le seguí; justo detrás de aquella puerta estaba un enorme ascensor, de esos antiguos.
-Por aquí me ahorro los dolores de manos, pero tú me lo facilitaste.—Estaba asombrada con el pasadizo, y observé el panel de control, en el cual estaban todos los pisos excepto la primera planta.
-Es... genial, nunca había entrado por aquí, pensé que era un cuarto de conserjería.—ella me sonrió amablemente
-hasta ellos lo han olvidado. Esto lo utilizamos los viejitos del quinto piso, quizás por eso nunca nos hemos encontrado.—fue mi turno de sonreír.
-Gracias por compartirlo conmigo...
-Jane—ofreció-¿Cómo te llamas?
-Isabella, y me quedo en el tercer piso, Jane.
-Claro nena—con su lánguido dedo apretó el 3 y luego el 5, para que luego el ascensor comenzara a subir haciendo mucho ruido, pero subiendo al fin.
Me dejó en mi piso, yo salí del enorme ascensor y me quedé entre el estrecho espacio entre eso y la puerta, la cual también abría con facilidad, como si nunca se dejara de utilizar.
Caminé a través del pasillo y terminé frente al departamento de Lucas, que ahora también era mío y abrí la puerta.
Dejé mi cartera en el mesón de la cocina, deteniéndome a revisar la sartén que estaba en la cocina, que tenía una panqueca recién puesta, pero sin rastros de mi prometido.
-¿Lucas?
-Ya voy—vociferó desde la habitación principal, supuse.
Fui por un vaso de agua y saqué de mi cartera el libro que me había regalado Edward, fui hasta el estante con las fotos y lo puse abajo, donde había un pequeño librero de mi propiedad.
Volví por la panqueca y la volteé justo cuando Lucas se dirigía para hacer lo mismo.
-¿Cómo sigue Rosalie?—Se acercó a mi, me abrazó y beso en la frente
-Sigue con las contracciones, va para largo—me percaté de su cuello mojado, así que debió estar bañándose, pero aun así su fragancia me perturbaba.
-Tenemos algo de tiempo entonces. ¿Quién te trajo?—me puse tensa por su pregunta que me sonaba más bien al comienzo de un interrogatorio.
-Jasper.—me apresuré a sacar la panqueca y colocarla en un plato donde ya habían más.—le dije que iríamos en taxi, pero primero tengo que bañarme.
-Si.—se quedó callado por un tiempo.—Oye, amor, tenemos que hablar sobre Edward—me giré y sonreí al mismo tiempo asentí y me preparé.
Lo conocía lo suficientemente bien como para saber que si alguna frase que saliera de mi boca contenía la palabra "celoso" él era capaz de cerrarse en un caparazón y no hablarme por días. Así de sentido era.
Entonces recordé un consejo de Natacha que decía algo cómo: Porqué sé cómo son los hombres, y no es que tenga tanta experiencia sino que hablar con Marco me aporta muchos conocimientos, existe una clase de hombre a los que se les debe dejar "ganar" la discusión, te evitarás muchos rollos.
Y tenía razón, al menos esa vez, conocía perfectamente que dejándolo "ganar" la discusión se tranquilizaría, el tema pasaría a la historia y seguiríamos con nuestras vidas.
-No hay mucho que decir sobre él—hice una mueca—lamento si te hice sentir... incomodo—añadí—nunca fue mi intención.
-Sé perfectamente que no lo has hecho a propósito y que quizá estas...—frunció el ceño concentrándose en hallar la palabra adecuada—emocionada con el hecho de que tu exnovio, el cual te llevó a tu mayor pasión, esté aquí—y por pasión no entendí si se refería a él mismo o a la escritura, o a la medicina.
-sin él no estaría aquí ahora... ni mucho menos contigo—busqué su mano y él se encontró la mía; ambos sonreímos—Pero además de ser mi ex, es mi amigo
-un amigo que no te contó que vendría—sugirió con tono apremiante
-si, justo ese amigo—le sonreí calmada y sintiendo recién el cansancio emocional.
-Bella...—interrumpió el silencio y mis pensamientos sobre la deliciosa ducha que estaba a punto de tomar.
-dime—al mirarlo a los ojos logré distinguir un dejo de preocupación y exaltación.
-No te había querido decir antes porque estabas muy ocupada en la universidad...—le miré sarcásticamente. Él sabía cuanto detestaba los rodeos.—el hecho es que en el taller que estoy impartiendo conocí a alguien...—los vellos de la nuca se me erizaron, y ni siquiera hacía frio—este señor es un empresario que se está quedando unos meses en la ciudad y aprovechó de entrar a mi taller para aprender el manejo de unos programas—no supe si me había decepcionado por el hecho de que no me dijera que le había gustado una chica o si me alegré por la misma razón—Me preguntó si estaba graduado de ingeniero y le comenté sobre mi meta de terminar la carrera becada y luego estudiarla; el entonces respondió que en la empresa que estaba iniciando, necesitaba a alguien especializado y que él podría ofrecerme una pasantía—vi entonces como sus ojos se iluminaban poco a poco. Se estaba emocionando.
-¡Eso es genial!—dije contagiándome de su entusiasmo... pero oh oh, ahí estaba el susto en sus ojos, de nuevo.-¿Cuál es el "pero"?—el sonrió avergonzado, supo que lo había adivinado.
-Es en Nueva york—mi mandíbula se fue a saludar al piso. Sí, estaba boquiabierta—no pongas esa cara bella...—tomó mis manos y las besó—es una gran oportunidad
-¿y qué pasará con tu beca? ¿Conmigo? ¿No vas a terminar tu carrera...?—empecé a notar la histeria subiendo por mi cuello.
-Bella, amor, cálmate
-Que pésimo consejo—me quité del alcance de su agarre y saqué la panqueca de la sartén, pues como ya habían cinco en el plato apague la estufa. No tenia hambre. El enojo se había colocado en la boca de mi estómago.
Lucas me siguió con la mirada, supongo que buscando que decir, pero lo era difícil; yo estaba hecha una furia atrapada en un cuerpo de 1,60 metros.
Caminé imponente e indetenible hacia la habitación, él iba detrás de mí y cuando estaba desvistiéndome por fin habló.
-Con la beca no pasaría nada, terminaría este semestre, dejaría el siguiente y el otro lo continuaría allá—frunció el ceño.—contigo tampoco pasaría nada...
-¡Ah! O sea que me vas a terminar—insinué y ahora me di cuenta que hubiese preferido que me dijera que le había conocido a una chica.
-no, tontita...—acarició el revés de mi cadera y m estremecí-no te voy a dejar—posó toda su mano en la parte baja de mi espalda—puedes venir conmigo—él sonreía pero yo no
-te has vuelto loco—me separé de nuevo—no pienso ni por el carajo dejar esta ciudad, ni mi universidad, ni mi carrera—y me sentí mal al terminar de vociferar...
-En NY hay muchas más oportunidades...-comenzó
-Yo ya me acostumbré aquí—protesté y su semblante cambió
-¿No me decías que querías aventuras? Pues mudémonos a Nueva York—hice una mueca, había dado en el clavo.—yo estoy aterrado, quiero tomar este riesgo pero no sabría que hacer ni que pensar si me dices que no...
-No, ni se te ocurra seguir—me giré y le encaré—detesto el chantaje
-Ven conmigo bella—negué con la cabeza—te dejaré pensarlo...
-Tu también deberías meditar tus palabras—mi cara era una completa mascara para no dejar entrever mi emoción, mi angustia y mi miedo.
Lucas se acercó, me besó la frente y susurró: lo haré. Para después salir de la habitación y dejarme ahí, toda nerviosa.
Necesitaba mi celular, o mínimo mi portátil pero los dos estaban afuera así que saqué de mi veladora un cuaderno que él me había regalado para las ideas de mis historias. Sólo que esta vez era un pensamiento.
"todo se complica, el panorama cambia. Me estas pidiendo saltar al abismo pero no tengo miedo; existe algo dentro de mi que simplemente lo rechaza la idea, y estoy segura que no es el sentido común, pero no quiero pensar que es...
Me resulta cruel pensar que mi egoísmo te hará quedar y no estoy siendo sincera. Me quiero quedar por él. No es justo, lo sé; ni para ti ni para mi lo es. Así que creo que lo próximo que diré es ¡Hola NY!"
Al terminar de escribir lo leí una y otra vez, hasta el cansancio y la memorización. Me sentía la peor persona del mundo. ¿Cómo puedo admitir que me quiero quedar por Edward, cuando ni siquiera le conozco tan bien como a Lucas? Se me revolvió el estómago y comencé a tachar mis palabras declaradas.
Se podría decir que había encontrado la solución y la decisión.
Me terminé de desvestir y fui a la ducha; en el transcurso escuché el ruido del tv y posteriormente un plato dejado con algo de brusquedad sobre el fregadero. Sin embargo me dejé llevar por las ilusiones forzadas de él y yo en esa enorme ciudad, comenzando algo nuevo, empezando una rutina diferente cada día, pero con principios básicos establecidos.
Las ilusiones iban cada vez más lejos y en eso recordé que NY era la cuna de las más importantes editoriales lo cual casi provocó mi caída en la ducha.
Le debía conceder a Lucas lo de "más oportunidades". Sonreí medio ida mientras una hora pasaba y cuando por fin desperté de mi letargo escuché mi teléfono repicar. Me envolví rápidamente en una toalla y salí con prisa y fue en vano ya que ahí estaba Lucas, de pie a la salida del baño con mi teléfono en la mano.
-Gracias—le dije conmocionada de verlo sonriente. Así éramos nosotros; pese a una discusión una sonrisa era innegable para el otro.
Se fue con andar relajado y concluí que la comida añadida a una cerveza le había hecho pasar el mal trago inicial de mi negativa.
El teléfono lo atendí rápidamente. Un botón me hizo escuchar "¡Está por nacer!" y sobra decir que era Alice gritando a través del teléfono. Cortó la llamada tan rápido como terminó de hablar y yo corrí a cambiarme.
-Lucas—le grité llena de emoción. Él apareció dos segundos después—¡está por nacer!—le revelé, y sonrió de oreja a oreja.
-Apresúrate, llamaré al taxi.
Entonces el tiempo corría. En un dos por tres, que daba seis, ya estábamos en el hospital y con toda la exaltación que merecía el momento yo estaba sonrojada y con el corazón apresurado; sin embargo no había pasado nada. Alice me había alarmado por nada y por gusto.
Y aunque la alerta sobrevino porque Alice escuchó gritar a Rose, la verdad es que la susodicha atravesaba una contracción muy fuerte.
Al llegar ahí, Edward todavía estaba en el hospital, y Alice se encargó de explicarme que ellos se habían quedado conversando, también junto con Jasper. Sentí como Lucas se tensó y relajó varias veces a mi lado, yo solo me ocupada de acariciar su antebrazo, tratando de mirarlo en cada oportunidad, para que se calmara.
Después de tres horas, es decir, como a las 11 de la noche al fin nació Rupert, un bebe saludable, rubio y con ojos marrones, por aportación de Emmett. Cuando lo vimos a través del enorme vidrio Alice lloró de emoción y Jasper sonreía muy orgulloso.
Lucas me abrazó pero luego permaneció alejado de toda la celebración, no sin antes felicitar a los nuevos tíos. Edward hizo lo mismo, que felicitó a Jasper, a Alice y a mí al final, terminando por apartarse.
En determinado momento me percaté de que ambos desaparecieron por el mismo lugar, pero era lógico, por ahí habíamos entrado, y aunque eso no me quitó los nervios sucedió que nos concedieron permiso para entrar a ver a Rosalie al mismo tiempo que Emm y la mama de ella salía para ver a Rupert en la sala de neonatología.
Al entrar a la habitación, donde la habían regresado, ella se veía tan agotada, pero feliz y radiante de una manera que nunca antes había visto, entonces supe que así se veía una madre y esperaba verme así en algún momento, dentro de unos años...
-Oh, mierda Rosalie...—Alice a penas se podía contener las lágrimas y su voz le fallaba.
Toda la habitación estaba llena de emociones fuertes. Se sentía.
-Me veo horrible...—gimió Ros
-¡Ni por asomo!—le contradije. Me acerqué un poco y le acaricié el cabello
-El niño es muy hermoso, Rose—comentó Jasper y ella sonrió
-Quiero verlo—pidió enseguida
-Yo voy por él—Alice besó fugazmente a Jasper y salió de la habitación dando saltitos.
Me desplomé en el sillón para dejar espacio entre los dos hermanos, en ese instante el teléfono de Alice comenzó a vibrar.
Era Natie.
"Aló"
"¿Bells?"
"¿Cómo estas nena?"
"¡Bien! Llamo a Alice para saber por Rosalie"
"Pues Rupert acaba de nacer"
Se escuchó un grito por la otra línea
"Dale mis felicitaciones a ella, de parte de Marco y mía."
"Por supuesto"
"Hey, tengo tiempo sin saber de ti. Marco me comentó que hablaron hace poco, y que estabas sorprendida por algo. Mañana te llamaré para no interrumpirlos ahora, es muy tarde"
"jajaja. ¡Si! Una sorpresa que me dejó muy en shock. Mañana te digo con más detalles ángel, descansa y saluda al tonto ese por mí."
"Vale bella, besos."
Fue algo rápido y un poco frio de mi parte. No entendía que pasaba conmigo. Todo eso de Lucas y Edward me absorbía demasiado y necesitaba desahogarme rápido.
DOS SEMANAS DESPUES...
¿La vida perfecta?
No existe. Pero yo estuve muy cerca de ella... al menos eso creo.
En la universidad me iba de maravilla, estaba bien de salud, mi trabajo no me causaba ningún estrés, estaba comprometida y mi novio estaba bien.
Y entonces llegó algo llamado: Transferencia
Lucas iba a ser transferido, eso le estaban ofreciendo y el necesitaba considerarlo.
Eso ponía en balanza todo, incluso la empresa que él ya había comenzado sobre cursos de computación, y abarcando hasta nuestro matrimonio.
Yo me sentí insegura con el tema... eso conllevaba muchas cosas, él al menos estaba a la mitad de la carrera, yo sin embargo estaba en mi prematuro segundo año, donde las practicas iniciales eran indispensables y no podía irme.
Realmente era un tema que quise evitar durante una semana más o menos, pero no pude, al final tuvimos que hablarlo.
Y la concusión fue a misma que había pensado hacía dos semanas.
Me iría con él.
Pero no en ese instante, sino dentro de dos meses, cuando ya habría tenido el tiempo de arreglar mis papeles, encontrar una universidad y transferir las notas, porque no todo era tan sencillo como parecía.
Lucas y yo acordamos que él iría primero, al menos un mes antes para ver lo de nuestro apartamento, sus papeles y los míos, y yo me quedaría a finalizar mi semestre.
Tuve que decírselo a mis papas al cabo de dos días de haber tomado mi decisión, y por supuesto no estuvieron de acuerdo, no al principio.
"Estas muy pequeña como para hacer eso, Isabela" Había dicho mi madre
"¿dejarás la universidad solo para irte tras tu novio? Cuestionó mi papá.
Y les fulminé sus ideas con una sola frase: Me graduaré con honores, aquí o en Nueva york.
Desde ese momento entonces todo cambió en mi vida.
El apartamento se fue desocupando cada semana, con más cajas apiladas y menos cosas exhibidas. Había hablado con Edward para proponerle dejarle el apartamento una vez que finalizara la mudanza, y aceptó.
El 9 de abril de 2005 Lucas se fue, y no le vería por un mes. La despedida en el aeropuerto fue insoportable.
-No te vas a arrepentir, bella—me besó con cautela, pero apasionadamente un segundo después.
-Mejor vete si no quieres que empiece a llorar—le advertí sonriendo a medias
-Te amo—y no pude responder. Le besé y lo vi marcharse.
Regresé a casa junto con Jasper y Alice, pero al llegar al conjunto departamental me lancé a los brazos de Edward.
-Tranquilízate bella...—así abrazados me llevó hasta mi casi vacío apartamento.
-Lo lamento...—intenté recomponerme pero por algún motivo me sentía fatal, triste y desolada. Logré apartarme de él y lo miré intentando que leyera mis ojos, mis verdades, mis preguntas enterradas en el pasado.
Recordé el odio que le profesé un día muy lejano, cuando aún estaba en Forks, recordé el dolor y vacío en mi pecho cada vez que miraba a Violeta, pero lo soporté y había vivido bien hasta hacia poco cuando había regresado a mi vida, como nunca antes; en persona.
-Dime Edward... ¿Por qué?—mi garganta estaba a punto de cerrarse, pero mi pregunta ya estaba hecha.
-¿Por qué?—repitió confundido.
-¿Por qué me ilusionaste pero nunca te enamoraste?—el bajó la vista, pensando o avergonzado, no sé; yo estaba atacada por la ira y la tristeza, preguntándome como es que había llegado a ese punto de querer tanto a dos personas tan diferentes.
-Porque yo también estaba ilusionado, bella. Y si no me enamoré como tú fue porque lo pensé demasiado, y no tenía ningún sentido en ese momento.
-¿¡Ahora si tiene sentido!?—mi voz sonaba irónica, y me gustó por un momento.
-tal vez... pero no creo. Tú tienes una vida hecha, no vine a perturbarte
-¡Eso es exactamente lo que haces, Edward! Perturbarme. Estoy muy confundida, pero con decisiones en mi espalda.
-Tu tienes a solución a todo eso—me consoló. Su voz sonaba triste. Él se veía triste. No pude odiarlo, lo amaba también
-El amor nunca se va, el sentimiento solo se apacigua.—susurré entre unas cuantas lágrimas que me limpié al instante.
-¿entonces?—nos miramos fijamente, durante unos segundos hasta que el cortó la distancia, nuestros rostros quedaron a centímetros infernales y pude sentir su respiración—Dime que no lo haga, y te obedezco
Callé.
Sus labios se sintieron como volver a aquel parque de diversiones, donde lo vi por primera vez y estaba muy cautivada con su mirada; se sintió como la primera vez que escuché su voz diciendo que me quería. Se sintió como volver al cielo y en un instante bajar al infierno de pasión que nunca antes había experimentado. Sus brazos me apretaron y mis manos colgaban a mis constados, estaba atrapada, presa de una primera vez que nunca debió haber pasado.
Todo terminó demasiado lento. ¿Cómo era posible sentir tanta satisfacción y culpa al mismo tiempo? Sonreí, pero mi sonrisa se congeló. Lo miré y me separé lentamente de él, odiándome por ello. Me di la vuelta y me obligué a ir a mi habitación. No dije nada, y él tampoco me siguió, fue un punto muerto, un pacto en silencio de no hablar de ello, de no hablar más. Así de sencillo.
El siguiente mes fue agonizante, pero sobreviví.
Exacto el 10 de Mayo de 2005 me fui, me despedí de Alice, Jasper y la pequeña familia que ahora eran Rose, Emm y Rupert. Los iba a extrañar. Con Natasha ya había hablado, quedamos en encontrarnos en la gran manzana unas semanas después de que yo llegase, entonces se quedaría una temporada larga conmigo, y Marco también era parte del plan. Pero de Edward me había despedido esa tarde, hace un mes. Y a pesar de haberlo visto en la universidad, no he vuelto a hablar con él, y así esperaba que fuera.
Al llegar a NY todo me pareció un mundo nuevo. Si bien Chicago era una ciudad, Manhattan era mil veces más ciudad que mi antiguo hogar.
Cuando me instalé, lo que me llevó dos semanas y media, ya tenía todo listo para iniciar de nuevo, y era emocionante, no lo niego. Casi todas las noches no podía dormir por tratar de admirar esa ciudad; estaba cautivada.
Y Lucas acompañaba mi locura en ocasiones, cosa que agradecía, sin embargo en una madrugada comencé a pensar cómo es que terminé así ya que huir de los problemas nunca fue una de mis cualidades; si había algo que me gustara era encarar mis problemas, tal vez sufría, pero no era una cobarde al menos.
Concluí en que yo debí haberme quedado en Chicago, enfrentar mis sentimientos y ser responsable por las consecuencias. Pero no podía ponerme a lamentar las decisiones que no tome, ya que la vida se basa en ellas, y por supuesto no habría una historia que contar si hubiese hecho "lo correcto".
No me daré golpes de pecho por lo decidido, solo me puse a pensar que no tendría este vacío en mi peso de haber actuado diferente.
Había comenzado a llorar hace algunos minutos pensando en que quizás él estaría sufriendo, era algo que nunca quise; lastimarlo. Lucas era más de lo que yo merecía, estaba segura. Pero no era tonto, y sabía que me sentía incompleta. Yo simplemente no debería estar lamentando estar a su lado, él es un hombre excepcional; pero por esa misma razón me sentía peor.
Suspire, me sentía un poco mejor revelando sentimientos conmigo misma, así que de nuevo me levante y continúe escribiendo. Al cabo de unos diez minutos en mi bandeja de correo electrónico entró un email con el asunto de: Te extraño.
Nos leemos el viernes!
Haganme saber si les gustó y cual creen que será el final :3
Besos
MVB
