Holaaaaa nuevamente! Prometí un capítulo y acá lo tienen, tiempo record.

Espero que les guste mucho. La hora se acerca rápido... este capítulo es decisivo!

Disfruten mis hermosos lectores. Déjenme sus lindos reviews, saben que me encanta leerlos... nos vemos próximamente. No tendré internet en unos días, tendrán que esperar para otro.

Espero que este los deje con ganas de más xD Nos vemos!

Cap 36: No queda nadie en la ciudad.

Sasuke comenzó a abrir sus ojos de a poco. Había ayudado a Naruto mínimamente, pero el esfuerzo que había hecho corriendo desde la casa de Kio hasta la arena de combate, y todo lo demás, lo habían agotado bastante. Su cuerpo no estaba preparado para tantos esfuerzos en un día.

Lo habían internado provisoriamente, y pese a su negación a tal hecho tuvo que acceder. Además dormir en una cama no le venía tan mal.

Sin embargo… estaba tranquilo. La invasión a Konoha había parado, lograron detener a Gaara… bueno, en realidad había sido Naruto.

Pero lo más importante era que el hokage había contenido a Orochimaru. Sasuke se preguntaba si aquel viejo estaba vivo o no, si era como en su mundo.

Además ya sabía toda la verdad de los Uchiha, y el tercer hokage sabía todo… o casi todo.

Ya casi no le quedaba tiempo, tenía que hablar con Sakura… y planeaba hacerlo esa misma noche. Era lo último que podía hacer. Debía comunicarle toda la verdad, rogar porque le creyera e irse a su mundo original esperando que tomara una decisión correcta.

No sabría ni cómo hacerlo. Ni siquiera podía imaginarse a él mismo escuchando la verdad Uchiha a esa edad.

Creer en algo toda la vida como si fuese lo único verdadero… y luego enterarte de que todo era exactamente al revés de cómo lo creías.

…Las cosas no habían sido como en su mundo. Para nada. Todo era parte de una…

–Haruno Sasuke –escuchó de repente, sacándolo de sus pensamientos.

Todo estaba oscuro. Alguien estaba allí, donde su visión no llegaba.

Se puso de pie e intentó encender la luz, pero no funcionaba. Qué conveniente…

–Esa voz… –musitó Sasuke, mirando a la nada. No podía verle la cara, pero sabía perfectamente quién era. Ya había hablado con él antes.

–No tenías que meterte. ¿Cuántas veces te advertí que no continuaras con esto? –le preguntó con calma, esperando una respuesta.

Sasuke no dijo nada.

–Mi hermana no puede saber lo que pasó –continuó el hombre.

–Itachi… sé lo que pasó. Sé por qué no me mataste aquella vez, en la casa de Sakura. Sé todo lo que hiciste por guardar el secreto, por mantener a salvo a Sakura. Quizás no puedas o no quieras creerlo… pero yo te entiendo perfectamente. Simplemente no puedo dejar que ella viva en una mentira. No puedes hacerle eso. Tú no tienes idea de lo que se siente crecer en un mundo que crees real, y enterarte de repente que no lo es.

Lo que Sasuke decía lucía como si él mismo hubiese pasado por eso, e Itachi era lo suficientemente inteligente como para darse cuenta. Sin embargo, no había ninguna explicación lógica a las extrañas y convincentes palabras del Uchiha.

–¿Quién demonios eres tú? ¿De dónde vienes?

–Yo soy… Soy…–no podía decirlo, simplemente no le creería– Soy lo que soy, Itachi.

Itachi simplemente lo miró.

–Ella nunca se enterará de nada, nunca –le dijo en un tono mordaz.

–Si lo hará, esto debe terminar aquí y ahora antes de que sea demasiado tarde –respondió Sasuke, dirigiéndose a la puerta para salir de la habitación.

Estaba decidido a buscarla.

Ni siquiera llegó a abrirla; Itachi se la cerró abruptamente y no le dio tiempo a nada.

–Ya basta –pidió Sasuke, serio–. No tengo tiempo para esto.

–Tuve que asesinar a Kio –le dijo Itachi de repente, dejándolo helado.

–¿Qu… qué…? –preguntó, estupefacto.

–Creí que no me traería problemas, pero ahora ves lo que tuve que hacer por culpa de un niñito entrometido.

–¿Cómo…? –Sasuke todavía no podía creer lo que escuchaba.

Aquel hombre que lo había ayudado…

–¿Crees que no estoy al tanto de cada paso que das? ¿Al tanto de cada paso que da cada habitante de esta aldea que sabe o siquiera sospecha de lo que realmente pasó? Te seguí a la casa de Kio, y cuando te fuiste lo interrogué. No tuve más opción que matarlo. Nunca me había dado problemas.

Sasuke sentía que la sangre le hervía.

–No te creo. Ni siquiera asesinaste a su esposa –masculló en la oscuridad.

–Cree lo que quieras –contestó Itachi con una indiferencia y frialdad increíbles.

–¿Entonces por qué demonios todavía estoy vivo? ¿No sería más fácil asesinarme al igual que a él?

–Porque no puedo hacerlo. Tú eres el compañero de equipo de Sakura. Habrían investigaciones. Se complicaría.

Sasuke entrecerró sus ojos. Algo no cuadraba.

–¿Con quién crees que estás tratando? –le preguntó, confundiendo un poco a Itachi.

–No sé de qué hablas.

–¿Crees que no me doy cuenta de que estás mintiendo? –le preguntó, dejándolo callado– Lo que dices no tiene mucho sentido. ¿"Habrán investigaciones"?. Por favor. Eres más inteligente que eso. Te las arreglaste todo este tiempo para hacerle creer a todo el mundo algo muy distinto a la realidad. ¿Por qué me sigues manteniendo con vida?

Itachi suspiró, sin contestar nada.

–Se acabó la conversación –le dijo de repente en un tono definitivo.

Sasuke no comprendió, pero en ese preciso instante sintió que lo tomaba de la camisa y lo elevaba en el aire, con una fuerza increíble e impidiéndole moverse con libertad.

–Mírame a los ojos –le ordenó. Pese a eso Sasuke los cerró.

–No –contestó a secas el Haruno.

Itachi lo sostuvo con más fuerzas que antes, furioso.

–Ábrelos –volvió a ordenar.

Sasuke lo ignoró totalmente.

–Bien –le dijo, soltando una mano de su ropa y dirigiéndola a su bolsillo.

Sacó un pequeño kunai, Sasuke pudo escuchar el ruido de su filo.

–¿Qué haces? –le preguntó, atónito.

Itachi deslizó su mano con el kunai lentamente hasta tocar sus parpados cerrados, sin hacer presión alguna sobre ellos.

–Como no vas a abrirlos… –comenzó el hombre. Iba en serio. Planeaba cortarle los parpados.

–No, no –decía Sasuke, todavía sin abrir los ojos.

Itachi comenzó a hacer presión. Realmente era capaz de hacer eso por mantener todo como lo había planeado.

…Era igual a su hermano. Incluso peor.

A pesar de todo no podía dejarlo que le sacara los parpados al cuerpo del otro Sasuke. No era justo para él tener que vivir con eso.

–¡Espera! –gritó finalmente Sasuke, en la desesperación.

Itachi soltó el kunai.

–Ábrelos –volvió a ordenar el Uchiha con su sanguinario tono de voz.

Sasuke los fue abriendo de poco… hasta que los vio.

Sus rojos ojos, estáticos sobre los de él.

Sasuke conocía bastante bien esa técnica… nunca la había usado, pero la conocía bien. Iba a introducir parte de sus recuerdos en un genjutsu. Los iba a bloquear. No podría recordar nunca más nada de lo que él decidiera bloquearle.

Era evidente… iba a borrarle la memoria respecto a lo que sabía de la masacre. Todo lo que había hecho sería totalmente en vano.

Todos los días que le había regalado Destino en ese mundo no iban a servir de nada en adelante.

Aquella técnica era permanente. Tan sólo los más experimentados podían realizarla, y una vez lo hacían no había vuelta atrás.

Cuando sus pupilas chocaron con su sharingan, todo se le puso en blanco. A partir del momento en que había entrado a la casa de Kio y hasta el momento en que había salido de ella, no podría recordar absolutamente nada.

Cuando terminó su trabajo, lo soltó.

Cayó al suelo un poco confundido.

–Estarás bien en un momento –le comunicó a medida que se iba levantando del suelo.

Su mente estaba bloqueada. El genjutsu había funcionado.

Ya no podía recordar qué era lo que le había dicho ese hombre, a pesar de todo el esfuerzo mental que estaba haciendo para poder entenderlo. Se agarró la cabeza y se presionó la sien sin lograr demasiado.

Se sentía totalmente desesperado, impotente e inútil. Todo había sido en vano.

–Ella no se irá de Konoha –le afirmó convencido Sasuke, con mucha bronca por lo que acababa de ocurrir.

Itachi simplemente lo miró.

–Si se irá –afirmó sin margen de duda el hermano de la pelirrosa–. Esta misma noche lo hará.

Sasuke abrió los ojos totalmente sorprendido al escuchar eso.

–Imposible. El tercer hokage murió sellándole los brazos.

Itachi lo miró un poco confundido.

En su mundo era eso lo que había pasado, y tan sólo varios meses después Orochimaru mandó a buscarlo.

–No sé de qué estás hablando. Tan sólo lo obligó a retroceder momentáneamente. Tampoco está muerto. Orochimaru vino a buscar a mi hermana en el preciso instante en que vine yo a hablarte a ti. Al parecer no pierde el tiempo y ya está planeando la próxima jugada. Le ofreció entrenamiento y poder a cambio de sus servicios. Es evidente que tiene planes de quedarse con su cuerpo también, aunque en el futuro ella no lo permita. Ella aceptó su propuesta porque se siente débil y ya está dirigiéndose a la salida.

–No… no puede hacerlo… –susurró Sasuke sacudiendo la cabeza. Todo se estaba repitiendo de la misma y exacta manera que en su mundo.

Ella definitivamente iba en camino a su propia perdición.

–¿Por qué…? –masculló– ¿¡Por qué le haces esto!? ¡Déjame recordarlo todo! ¡Maldito bastardo, algo bloquea mi mente y no puedo entender qué iba a decirle a Sakura! ¿¡Por qué asesinaste realmente el clan!? ¡Dímelo! –Sasuke ya había perdido totalmente la calma.

Itachi simplemente lo miró unos segundos, cerró sus ojos de forma calmada y siguió su camino rumbo a la puerta para retirarse.

–¡Impediré que se vaya e iré con las autoridades para advertir lo que está por hacer! –lo amenazó antes de que pusiera un pie afuera.

–La mayoría de las autoridades de Konoha tuvo que ir a hablar con la aldea de la Arena. Las que restan están tan ocupadas resolviendo los desastres de la invasión que ni siquiera van a escucharte. Sé mi invitado e inténtalo. Perderás tu tiempo. Nadie puede detenerla en estas circunstancias.

Sasuke se quedó callado por un momento. Inhaló una bocanada de aire y lo miró con valor.

–Yo lo haré –le dijo.

Itachi no le respondió nada. Dibujó una diminuta y casi invisible comisura en sus labios, suspiró y desapareció de su vista, dejándolo totalmente aturdido.

Volvió en sí rápidamente y cayó en la cuenta de lo que estaba ocurriendo.

–Sakura –susurró para sí, saliendo de la habitación al instante.

Ni siquiera pensó en calzarse los pies; salió corriendo como una bala, desesperado.

Las enfermeras de los pasillos lo veían correr sorprendidas, algunas incluso le pidieron que se detuviera y volviera a su habitación… pero no hubo caso.

No pensaba. No sentía. No hablaba.

Tan sólo corría, y corría a ella. A impedirlo.

La desesperación era cada vez más intensa. ¿Lograría llegar a tiempo? ¿Podría impedirle salir de la aldea?

No había más tiempo que desperdiciar. Ni siquiera sabía él mismo cuánto tiempo le quedaba en ese mundo. Ya había perdido la cuenta.

Simplemente corría, sintiendo el aire frío chocar con sus delicados ojos verdes y hacerlos llorar por instinto.

Nada le importaba, no se detuvo ni por un instante.

Bajó las escaleras en tiempo record y se dirigió a la puerta de salida.

La abrió atropelladamente, sorprendiendo a todos los presentes.

Cuando salió del hospital no miró atrás, siguió corriendo.

No se sentía cansado, su adrenalina estaba en el límite. Lo más importante era llegar a tiempo.

Finalmente llegó a ese lugar, a la banca, a la salida de Konoha.

…La historia se repetía.

–¡Sakura! –gritó con todas sus fuerzas una vez llegó.

Ella estaba de espaldas, casi llegando al final. Tenía una mochila en su espalda y la dureza se fijaba en sus ojos… pero al verlo todo cambió.

Al voltear a verlo, sus ojos se mostraron sorprendidos, extraños.

–Tú… –comenzó susurrando después de parar en seco.

No había nadie en ese lugar. Tan sólo estaban ellos dos.

Era cierto que casi todas las autoridades estaban ausentes. Orochimaru no era ningún idiota para elegir momentos de hacer propuestas a ninjas poderosos para que abandonaran su aldea.

–Sasuke… –musitó, mirándolo con los ojos bien abiertos.

Él todavía jadeaba por la corrida que había hecho a través de media aldea, pero no le importó. Sólo estaba concentrado en ella, la miraba fijamente sin siquiera parpadear, sin dudar.

Ambos estaban uno frente al otro, separados tan sólo por unos cuantos metros.

Lo único que se escuchaba era el viento que los abrazaba, y la única que los acompañaba era la noche, iluminándolos con aquella irremplazable luna llena.

La misma que había cubierto su cabeza cuando dejó a Sakura en aquella banca.

Bajo la misma luna, sobre un mundo distinto…