CAPITULO 38: SANTERÍA PROBLEMÁTICA.
"¡Embry!" Oí gritar a Holly rasgando el aire.
Eso había sido suficiente, nadie había podido evitar que saltase siguiendo su voz.
El agua estaba helada contra mi piel, a pesar de eso, me había destransformado y me había dejado arrastrar hasta que llegué al tronco donde estaba Holly sujeta y había llegado a tiempo de evitar que se ahogase puesto que parecía estar desmayada. La había sujetado sumergiéndome y la sujeté conmigo mismo al tronco.
"Holly, no te mueras…" Había gemido con impotencia dejando que el río nos arrastrase.
Si le pasaba algo… dios, no sé que podría hacer.
(Salto espacio-temporal)
"Holly…" Gemí cuando la fuerza del río disminuyó y pude nadar con ella desmayada en mis brazos hasta la orilla.
Aquello era horrible, estaba… pálida, y desmayada, e inconsciente, y pálida, y desmayada, e inconsciente, y pálida, y…
"Cough, cough." Tosió suavemente.
"Holly." Le dije abrazándola. "Holly, por favor, despierta… dime algo."
Estaba helada, y vale, había tosido, pero no parecía despierta.
"Holly, por favor." Le dije.
Entonces oí unas respiraciones pesadas, y eso me hizo sujetarla con fuerza y ponerme a cuatro patas para trasformarme y esperar lo que fuese que estaba respirando así.
"Embry." Dijo una voz gutural antes de salir Kobu mirándome con unos ojos y unos rasgos un tanto animalizados. "No bajes la guardia."
Entonces le tiré un mordisco y él se apartó.
"¡Eh!" Me dijo. "Oh, lo siento." Dijo sacudiendo la cabeza hasta quedar con sus rasgos normales salvo por los ojos que tenía amarillos animal. "Tío, tú no has visto muchos de los nuestros ¿no?" Me dijo cuando volví a amenazar con atacarle.
"No vas a tocarla." Afirmé mentalmente.
Entonces oí aullidos demasiado cerca lo que me hizo levantar la cabeza para mirar hacia la dirección.
"Son más 'hermanos'." Me dijo. "Alex le comentó a Denah y ella ha hablado con otros de los suyos."
"¿Los suyos?" Pensé. "¿Y quién narices es esa Denah?"
Entonces volví a oír gemir a Holly y me giré para volver a gruñirle a Kobu cuando volvió a intentar acercarse.
"Como vuelvas a acercarte te arranco el brazo." Le gruñí mentalmente. "Ya no me fío ni de mi sombra…"
"Ese es el Kobu verdadero." Afirmó Keechak. "Créeme, solo él tiene ese cerebro tan tostado…"
Eso me hizo relajar un poco, si el chucho decía eso entonces supongo que podía creérmelo, pero… ¿qué impedía que ese chucho no fuese el auténtico?
"¿A que te muerdo algo que no se pueda regenerar, chico lindo?" Me dijo.
"Vale, eres tú." Cedí.
Solo él podía amenazar algo así de esa forma.
"Chack, es… Holly no está bien." Le dije.
"Será mejor que la cojamos y la llevemos a casa de la abuelita." Me dijo el lobo rojo mirándome. "Es… no tiene buena pinta. Ojalá no haya pasado aún al siguiente paso."
"¿Qué paso?" Le dijimos Kobu y yo a la vez.
"Primero el grito abisal, luego el desmayo preventivo…" Dijo intentando meterse bajo ella. "Y si no es rescatada, digamos que su alma sale del cuerpo para percibir el cambio en el campo de… que corre el riesgo de que algún alma sin cuerpo encuentre su cuerpo mientras su alma está dando un paseo y lo allane."
Genial, eso sonaba horrible.
"¿Cómo se le salva?" Pregunté.
"No lo sé." Dijo.
"Pero sabías lo que puede pasar." Le dije. "Eso es porque ya lo habías visto."
"Pero es evidente que no lo conseguimos." Afirmó antes de pensar y decir algo en otro idioma que Kobu le contestó. "Todos creemos que lo mejor sería preguntarle a la abuelita."
"Eh, qué pasa aquí." Dijo Qualetaqa apareciendo en bolas salvo por una especie de taparrabos de neopreno.
"Tranquilo, este es el auténtico." Afirmó Keechak. "Tiene sus piercings, eso es imposible de imitar."
Sí, ahora que me fijaba llevaba un par de piercings en los pezones y supongo que era cierto, aún si alguien hubiese podido copiarle, era la primera vez que le veía eso, así que si le habían copiado la apariencia era porque le habían observado y tampoco debían saber que llevaba eso ahí.
"Chak, ayúdame a ponerme a Holly en el lomo." Le dije agachándome. "Será mejor que le pongas una pierna y un brazo a cada lado mío."
"Qualetaqa también puede…" Me dijo el lobo.
"No." Afirmé colocándola bien con un solo botecito. "Yo la llevo." Afirmé cogiéndole los brazos cruzados en mi boca procurando no hacer siquiera presión.
Creo que nunca he corrido como entonces, y corrí, y corrí, y corrí hasta llegar a la casa de los abuelos de Jhon y allí entré y me encerré con Holly en la casa.
Con cuidado tiré de los cojines que pude encontrar hasta hacer una especie de colchón en el suelo y la tumbé allí. Entonces di una vuelta, dos, tres y me tumbé haciéndole un muro peludo.
Era realmente doloroso ver cómo se retorcía con espasmos de vez en cuando, me hubiese gustado poder destransformarme, pero… si continuaba en la forma animal tendría más probabilidades de protegerla.
Era extraño, pero por allí no pareció pasar nadie; pasaron las horas y lo único que podía oírse eran aullidos de lobo a lo lejos y de pronto…
Ring, ring… ring… ring…
¿Cómo coño quería nadie que lo cogiera si no era mi casa ni tampoco tenía manos en ese estado?
Sin embargo, como Holly se retembló, le di un lametón en la frente mientras saltaba el contestador.
"Hola, soy yo, Yuma." Dijo el abuelito por el contestador. "No sé si estáis todavía ahí o si es cierto que no estáis en casa, pero si lo estáis, yo que tú iría al bunker que hay en el granero. Es… digamos que ahí estaréis a salvo."
Vale, eso sí era suficiente para destransformarme, así que corrí a coger el teléfono desnudo.
"Yuma." Le dije. "Lo siento, estaba trasformado."
"¿Estáis todos bien?" Me dijo. "Mi esposa ha visto problemas."
"Sí, es… Holly está desmayada, el chucho rojo dijo que primero el grito abisal, luego el desmayo preventivo; y que si no era rescatada, su alma sale del cuerpo y que correría el riesgo de que algún alma sin cuerpo encuentre su cuerpo mientras su alma está dando un paseo y lo allane."
"Oh." Dijo. "Es… vamos a tener que investigar, pero… sí, claro… no, como lo que se supone que le pasó a Kaya."
"¿Kaya?" Le dije. "¿Quién es Kaya?"
"La que iba a ser la esposa de… Oh, cierto." Dijo. "Sí, de momento llévatela al granero, y cuídala hasta que amanezca. Mañana será un día soleado, no creo que los demonios vayan a aparecer por aquí a la luz del día."
"Vale." Le dije. "¿Y para despertarla?"
"No sabemos, pero… no te preocupes, tan pronto lo sepamos te lo diremos." Me dijo con un tono que no me tranquilizó lo más mínimo. "Pero no te preocupes, si entra alguien de seguro no será un demonio."
(Salto espacio-temporal)
"A ver… aparta un poco…" Me dijo la abuelita sacando uno de los botes de un estante para volver a sentarse ante la tabla con huesos de bichos, plumas, guijarros y demás. "Ya lo tengo. ¿Seguros que con esto será suficiente?" Preguntó antes de coger las cosas en sus manos y dejarlas caer para mirar el resultado.
"Señor… nos ha tocado una Maruja." Dijo el abuelo para que la abuela le tirase algo a la cabeza.
"No te metas con los muertos." Le dijo.
"Te sigo diciendo que lo mejor es preguntarlo a la naturaleza." Le dijo el anciano.
"Esto… no es por ser descortés, pero… ¿les importa dejar las peleas de pareja para otro rato?" Les dije. "Holly no está bien."
"Juventud… siempre con prisas." Dijo el abuelo.
"¿Recuerdas cuando tú y yo éramos jóvenes?" Le dijo la abuelita volviendo a agitar las manos y lanzando las cosas con una sonrisa tras volver a repetir la pregunta.
"Sí, creo que sí." Dijo el abuelo.
Mentiroso… seguro que eso era hacía siglos lo menos.
"Vale, vamos allá." Dijo la abuela cogiendo una daga de plata. "Plata de las minas de San Luís de Potosí. Fue usada en unas cruces del vaticano y devuelta a su hogar, así que ahora, son cuchillos de santeros." Me dijo sonriendo y acercándole la punta al brazo de Holly antes de que Qualetaqa nos retuviese a su hermana y a mí de cogerle la muñeca para pararle. "Corta todo tipo de materia." Afirmó haciéndole una delgada línea de sangre a Holly en el brazo con la punta dejándola pinchando un punto por donde salió sangre con la que llenó una pequeña vasijilla plana tipo cuenco. "Incluidos los espíritus. Veamos…" Dijo añadiendo unas hierbas. "Sí… es justo lo que pensaba…" Añadió mojando uno de los guijarros en la sangre y volviendo a moverlos en sus manos antes de tirarlos tras formular la pregunta. "Decidme, grandes espíritus. ¿Qué debemos hacer para despertarla puesto que su sangre está en guerra consigo misma?"
"Qué dice." Le pregunté mirando la tabla donde habían aparecido los elementos que movía en sus manos mezclándolos y donde había manchas.
"Lo entiendo, lo entiendo." Dijo la anciana. "¿Y qué más?" Dijo volviendo a agitarlos todos y tirando de nuevo. "Sí, sí, cierto…" Afirmó repitiendo el gesto pero solo con una parte. "Vaya, eso no es tan sencillo…" Añadió tirándolo de nuevo. "Sí, cierto, eso se me olvidaba…"
Dios, en cuanto se despertase Holly de aquello juro que la sacaría de aquel sitio de gente supersticiosa y locos. Allí estaban el hombre algo madurito llamado Willow, una chica de ojos aguamarina llamada Marlina de la cual Alex se mantenía apartada y sus hermanos los gemelos con Qualetaqa que había estado con nosotros casi todo el rato.
"¿Qué dicen, Nahimana?" Le dijo Willow.
"Vamos a necesitar polvo de caléndula." Dijo la abuelita. "Y un pollo, pero tiene que ser blanco, rollizo y lleno de sangre, así que no lo hagáis trizas por el camino."
"Yo sé dónde hay una granja de Wyandottes." Dijo Marlina. "Puedo ir a conseguir una."
"Marlina, cielo." Le dijo Willow mirándola.
"Si quieres podría llevarte." Le dijo Joe.
"Llevaros mi coche." Les dijo el abuelo.
"Riven, ve con ellos." Le dijo Qualetaqa.
"¿Insinuas que mi hija no puede hacerlo sola?" Le dijo Willow.
"Insinúo que dos lobos cazan mejor que uno solo." Le dijo Qualetaqa. "Y que preferiría que dejásemos nuestros problemas de lado, por el bien de alguien que ni siquiera sabe lo que somos."
"Está bien." Dijo el hombre tras pensárselo. "Dejemos de lado todo esto hasta que todo acabe."
"Marlina, Joe y Riven id a conseguir el pollo." Les dijo el abuelo. "Qualetaqa, tú y yo vayamos a buscar la calénula."
"Con permiso." Dijo Alex dando un paso al frente. "Yo soy la médico de la zona y conozco la región como la palma de mi mano, he ido a buscar plantas medicinales en incontables ocasiones, reconoceré la planta mejor que mi hermano."
"Cierto." Dijo Qualetaqa.
"También necesitaré que consigáis algo de los diablos." Dijo la abuelita.
"Yo iré." Dijo Willow dándose un golpe en el pecho. "Se han burlado de nuestra seguridad, esto es asunto de honor ya."
"Yo voy contigo." Afirmó Qualetaqa. "Dos lobos cazan mejor que uno, además, Raider y Joe resultaron heridos por culpa de esos demonios."
"Procura que no te hagan daño." Le dijo el hombre ocultando algo que no pude detectar qué era completamente.
"¿Y yo qué hago?" Le dije a la anciana.
"Tú quédate aquí." Me dijo. "No conoces el lugar, no sabes dónde encontrar las cosas, pero tienes fuerza, me ayudarás a prepararlo todo. Dime… ¿qué estarías dispuesto a hacer por la chica a la que amas?"
"Daría mi vida por ella." Afirmé.
"Lo que suponía." Afirmó sonriendo. "No te preocupes, los etéreos la protegen, no va a morir esta vez. Pero vas a tener que hacer un sacrificio."
"¿Sacrificio?" Le dije.
"Ya lo verás cuando te toque." Me dijo sonriendo.
(Salto espacio-temporal)
"Ten, usad esta tintura." Nos dijo la abuelita pasándonos a Alex y a mí un cuenco con una especie de pasta de hiervas donde destacaba la caléndula amarilla mezcladas con lo que parecía algo de sangre que había salido del pollo que ahora estaba rajado en canal en una especie de bandeja en piedra. "Ponérsela en las heridas que pueda tener, ten chico, mastica." Me dijo pasándome una bola de plantas. "Hazlas una pasta y cuando la tengas, pónsela bajo la lengua, y píntale los labios con esto." Añadió pasándome un cuenco vacío.
"Señora aquí no hay nada." Le dije metiéndome la bola en la boca para masticar aquella mezcla con sabor asqueroso y amargo que regó de sabia mi boca dejándomela con mal sabor.
"Pronto lo habrá." Afirmó suavemente.
Era doloroso ver a Holly, que seguía tumbada en el suelo, pálida como la nieve y fría como la piedra.
Poco a poco fuimos untándola de aquella pasta.
"Ya está." Le dijo Alex. "¿Ahora qué?"
"Ahora salgamos." Dijo la abuelita para mirar al resto que estaban donde podían por el granero. "Todos."
Sin embargo, cuando yo fui a moverme, el abuelito me puso la mano en el hombro y me sonrió negando suavemente.
"¿Abuela?" Le llamó Jhon desde la puerta.
"Ahora voy." Dijo. "Cerrar la puerta."
"Embry, te esperamos fuera." Me dijeron Qualetaqa sonriendo con los gemelos que estaban heridos aún siendo humanos puesto que habían vuelto armados con escopetas.
Asentí suavemente.
"Es hora." Me dijo la abuelita suavemente.
"¿De qué es hora?" Le dije.
"De tu sacrificio." Afirmó acercándome el cuchillo con el cuenco vacío que me había dado antes. "Dijiste que darías tu vida por ella."
¿En serio iba a reclamar mi vida?
"Sí." Asintió mi boca sin siquiera mandarlo yo.
"Entonces vas a tener que hacer un gran sacrificio." Me dijo. "Pero no hoy."
"¿No?" Dije sin entender una sola palabra.
"No." Dijo. "Eso ya lo he visto, pasará, pero no hoy. Hoy tan solo vas a tener que hacer un pequeño sacrificio. Vas a tener que cortarte y dejar que caiga sangre en este cuenco ritual." Me dijo pasándomelo de nuevo. "Cuando lo tengas, deberás mojar sus labios con ella, no sé cuánto le llevará despertar, pero… tú tendrás que protegerla, y si fuese demasiado tarde… entonces deberás ir hasta los mismísimos límites entre el mundo corpóreo y el de los etéreos y solicitar su alma. Te harán pasar por pruebas y si las pasas, su alma será tuya." Me dijo haciendo que se me crease un nudo en la garganta para luego sonreír. "Por suerte, creo que aún estamos a tiempo de rescatarla con solo esto."
"¿Entonces ese es todo el sacrificio?" Le dije. "¿Un poco de sangre?"
"La sangre es solo el principio." Me dijo. "El verdadero sacrificio vendrá después."
"¿Después?" Le dije.
"Primero vino la sangre y luego la tortura." Me dijo. "Pero yo apuesto por ti." Afirmó abriendo las puertas del granero lo justo para poder salir. "Los espíritus me lo han mostrado, despertará, pero tú debes ser fuerte." Afirmó cerrando la puerta.
Tragué como si fuese espino en vez de saliva. Holly iba a despertar, pero a cambio yo iba a tener que hacer un sacrificio, pero no sabía cual.
Miré la daga, la hoja parecía efectivamente de plata, era brillante a la luz de las velas que rodeaban a Holly. Con cuidado apoyé la punta en mi brazo. ¿Cómo debía hacer de profundo el corte? Debía ser profundo, los cortes se nos cerraban en cuestión de segundos gracias a la regeneración, si tenía que sacar bastante sangre entonces tenía que hacerme bastante sangre, clavé un poco la hoja en mi carne y me dolió horrores, era como si la hoja estuviese al rojo vivo, me quemaba la carne horrores, pero al momento comenzó a salir sangre que fue resbalando por mi antebrazo, así que cerré el puño y rasgué un poco sujetando el cuenco bajo el antebrazo por donde caía la sangre con la pierna para ajustarla.
Dolía horrores, y comenzaba a marearme un poco con el cuenco medio lleno cuando mi mano perdió la fuerza y la daba se cayó de mi mano, por suerte pude rescatar el cuenco de que se derramase mientras casi me caía hacia delante, me costó bastante moverme, pero acabé recostado cerca de Holly, entonces me senté de rodillas con dolor y esfuerzo y balanceándome hacia delante sintiendo que no tenía fuerzas dentro de mí, mojé el dedo en mi propia sangre para untársela en los labios a Holly.
"Vamos… por favor…" Le susurré repitiendo el gesto.
Aquello era una tortura, que no se moviese, mi dolor… sin embargo, seguí repitiendo el gesto; al cabo de un buen rato, el cuenco estaba más vacío y sus labios estaban rojos de mi sangre, algo había rodado en gotas hasta su boca y otras habían ido rodado por sus comisuras hacia las mejillas, por suerte yo había borrado todas y cada una de esas gotas antes de que manchasen de rojo su perfección blanca para volver a untarle los labios de mi sangre.
En otras circunstancias igual lo hubiese encontrado bien, sin embargo, mientras veía cómo ella estaba inconsciente y no reaccionaba a mi voz pidiéndole que despertase y me dijese algo, lo que estaba bien o mal, lo que era un asco o lo que era erótico no tenían sentido alguno, y solo rezaba para que, religión, secta, chamanismo, santería, dios o quien fuese o lo que fuese la hiciesen despertar.
Seguí untándole de sangre los labios y cortando gotas fugitivas hasta que casi perdí la fuerza.
"Lo… siento." Murmuré. "No he… podido… salvarte." Afirmé sintiendo que se me iban las fuerzas y me caía sobre ella.
Era… no sabía qué pasaba, por qué me había desmayado, pero… sin lugar a dudas tenía que ser por culpa de la herida. Seguro que me había desangrado yo solo y por eso me había acabado muriendo allí.
Que triste, yo muriendo sobre mi impronta…
Entonces noté algo, un leve movimiento y entonces un respingo antes de rodar.
"Ay, dios…" Oí murmurar. "Embry… Embry, por favor…"
"¿Holly?" Murmuré.
"Menos mal." Dijo sonriéndome suavemente. "Estás bien…"
"Gracias a dios, gracias a dios." Dije abrazándola. "Estás bien…"
Entonces rodé sin querer hasta ponerla sobre mí aún sujetándola entre mis brazos y la miré mirarme y abrazarme para enterrar la cara contra mi ropa del torso.
"Embry, es… pasé tanto miedo…" Me dijo llorando.
"Shhh… ya está, ya pasó…" Le dije. "No te preocupes, nos engañaron a todos."
Se había echado a llorar a mares, así que lo único que pude hacer fue abrazarle casi sin fuerzas porque no me quedaban y dejarla que me llenase de lágrimas y mocos la ropa. Y la verdad no sé qué era más doloroso, si la herida del brazo o el verla llorar tan desconsolada.
"Vamos, deja de llorar ¿sí?" Le dije dándole unas palmaditas. "Vamos a llamar al resto y…"
"¡No!" Dijo agarrándose con más fuerza.
"Holly." Le dije. "Es… ¡Oye!" Le dije cuando la oí aspirar. "¿Qué…?"
Alucinante, nunca había visto a alguien de su tipo actuando como un gato enorme.
"¿Holly?" Le dije cuando noté sus labios contra mi piel. "Oye, nena, que… bueno, no te creas que me importa mucho esto pero… como no dejes de hacer eso te aseguro que no voy a poder controlarme yo." Afirmé mientras notaba su calidez contra mí.
"Embry…" Murmuró suavemente.
Dios… hasta la voz la tenía bonita…
No, no podía ponerme a pensar en eso ahora.
"Holly, oye, va en serio." Le dije rezando para que no fuese un error pensar que el puñetero sacrificio era separarla, que era una tortura de hecho. "De verdad, para…"
Joder, nunca había tenido que separarme a una tía, a decir verdad, nunca ninguna se me había puesto así, y menos aún cuando se bajó las mangas y pude ver parte del pecho.
"Eh, que así me lo pones más difícil." Le dije apretándola un poco contra mí para evitar ver nada.
"Pero…" Me dijo.
"Ni pero ni nada." Le dije viendo un rayo de esperanza para el control. "Por ahora dejémoslo en quedarnos así de juntos y punto." Añadí suavemente para besarle el pelo pincho.
"Pero yo no…" Dijo suavemente. "No quiero." Afirmó intentando soltarse.
"A que te ataco." Le dije.
"Eso espero." Afirmó.
Un momento, esa no era ella. Le miré a los ojos, no eran los de siempre, era… era como si estuviese poseída.
"¿Holly?" Le dije.
"Llámame como quieras, guapo." Me dijo.
No, evidentemente, esa no era ella.
"No sé quién eres pero lo que sí es seguro es que no eres mi Holly." Afirmé inmovilizándola contra el suelo.
"Oh, Embry…" Dijo con suavidad, lo justo para hacerme bajar un poco la guardia y se soltó y acabó sobre mí. "No sé quién es esa Holly de la que hablas pero me da igual." Afirmó sonriéndome.
"Y una mierda." Afirmé revolviéndome y consiguiendo volver a colocarla bajo mí, esta vez de espaldas contra el suelo. "No sé quién eres pero no vas a volver a tomarme el pelo. Tú no eres mi Holly, y aunque ella antes se muere que dejarme meter mano y me da hasta vergüenza intentarlo porque la hago ponerse como un tomate incluso con decirle que está cañón con una ropa nueva, es mi Holly. La misma que se mata a bailar, hace dietas que me parecen estúpidas y que para que coma algo le tengo que engañar jugando con la comida. Y yo la quiero con todo eso, así que no pienso moverme ni soltar hasta que no te largues por ahí y me devuelvas a mi Holly."
No sé por qué pero de pronto, la tía había dejado de moverse intentando soltarse; al principio no dijo nada y luego suspiró.
"Tú la quieres mucho ¿verdad?" Me dijo.
"¿Tanto se nota?" Le pregunté sin aflojar lo más mínimo y con ironía.
"Rayas lo patético." Afirmó. "Pero me da envidia esa chica que dices, al menos tiene alguien que la quiere."
"Ni lo dudes." Afirmé de nuevo sin aflojar. "Y no soy el único. Ahí fuera tienes a gente como para llenar una aldea que está esperando y rezando para que se recupere. Y mira, aunque me muero de celos cuando unos de sus amigos ahí fuera se le pegan mucho o son cariñosos con ella, me hace feliz verla sonreír feliz con ellos. Tiene mucha gente que la quiere, y eso da aún más celos que ver cómo la tratan sus amigos como si la quisieran."
La verdad es que no sé quién coño estaba dentro de Holly, pero parecía haberse calmado y tranquilizado, no me dijo gran cosa sobre él o ella misma, pero me escuchó aún cuando la tenía inmovilizada cara al suelo contra este.
Y así fue pasando el tiempo hasta que noté que comenzaba a amanecer fuera.
"Oye, chico." Me dijo. "Es… creo que me voy a largar, pero… ha sido un placer conocerte, tu Holly tiene muchísima suerte de tener alguien como tú."
"Me siento honrado." Afirmé.
"Por cierto, se supone que no estamos permitidos a decir esto, pero… hay un hilo espiritual que une a dos personas en el mundo." Me dijo. "Nunca había visto uno tan fuerte como…"
Fin, de pronto se quedó callada y laxa.
"¿Holly?" La llamé. "Oye, seas quien seas, esto no tiene gracia." Le dije moviéndola suavemente y luego con un poco más de fuerza pero tampoco demasiada puesto que el cuerpo seguía siendo el de Holly y no quería hacerle el más mínimo daño. "Eh, despierta de una vez."
Fue curioso, porque poco a poco, noté cómo volvía en si hasta que pestañeó suavemente.
"¿Holly?" Le dije.
"Embry, qué..." Dijo abrazándome.
"Holl, cielo, tienes el vestido..." Le dije para comprobar que fuese ella.
Entonces se soltó y se hizo una pelota roja cubriéndose la parte del pecho del vestido ajustándosela al suyo.
"Dios, gracias a dios que has vuelto..." Dije abrazándola con fuerza.
La verdad es que me moría de ganas de poder abrazarla, solo abrazarla, estaba tan feliz de tenerla de vuelta que me daba igual que la situación hubiese sido la perfecta para otra cosa, solo quería abrazarla y punto; así que eso hice, la abracé sin importarme que siguiese sujetándose la ropa del torso a este ni que estuviese como un tomate.
"No puedes hacerte idea del miedo que he pasado..." Susurré casi gimiendo. "Pensar que lo pasaste mal... que podrías haber muerto..."
"Lo siento..." Murmuró tan bajo que casi hubiese podido decir que ni la oí.
Sin embargo, no la solté, y al cabo de un rato, ella me cubrió el abrazo con un brazo solo, justo antes de que se abriesen las puertas una rendija y la gente mirase dentro.
Y me dio igual el estruendo que se formó cuando abrieron la puerta y entraron en tropel dando gritos de alegría al vernos en el suelo pero ambos vivos; ni siquiera me importó cuando nos levantaron y cogieron a Holly haciéndola volar en abrazos. Yo solo podía verla a ella, estaba allí, conmigo, mi Holly...
