Una vez más os doy las gracias por las reviews que dejáis, me alegra mucho ver todos esos comentarios positivos.
Este capítulo se lo dedico a Leila ;) Espero que os guste, ya que no ha quedado exactamente como tenía pensado en un principio.
Mañana por fin empieza la Season 6 de Castle, que la disfrutéis!
Johanna intentaba balancearse en el columpio del jardín mientras que, unos metros más a la derecha, Castle jugaba con Jaime al beisbol.
-¡Mami! – gritó Johanna, bajando del columpio y corriendo hacia la entrada de la casa.
Castle se giró y comprobó que Kate le hacía señas desde la puerta que daba acceso al jardín, acto seguido se agachaba para recibir a Johanna en brazos. El escritor no entendía qué hacía Kate allí, se supone que estaba trabajando y no regresaría hasta la hora de la cena. Jaime y él dejaron el juego y se dirigieron juntos hasta donde estaba Kate.
-¿Cómo es que has vuelto tan pronto? – le preguntó Castle.
Beckett abrazó a Jaime y besó a Castle en la mejilla.
-No me encontraba bien, así que Gates me ha mandado a casa.
-¿Qué te ocurre? – preguntó Castle, preocupado – Ahora que lo dices, no tienes muy buen aspecto, estás pálida.
-Sí – dijo Kate, llevándose una mano a la frente y cerrando los ojos – Tengo fiebre y me noto la garganta inflamada, Johanna ha debido contagiarme las anginas – dijo con una voz débil.
La pequeña había estado la semana anterior enferma con anginas, aunque ahora ya estaba recuperada del todo.
-Y seguro que ya te encontrabas mal esta mañana antes de ir al trabajo – intuyó Castle – y aún así te has marchado a trabajar – La mirada de Kate se lo afirmó – Cabezota.
Castle casi obligó a Kate a meterse en la cama a descansar, mientras él le preparaba un caldo caliente y mandó a Jaime y Johanna a jugar a la sala de juegos mientras tanto, pero no le hicieron caso ya que se empeñaron en cuidar a su madre. Ayudaron a Castle a preparar el caldo y después, subieron al dormitorio con él.
Kate estaba recostada en la cama, con varios cojines tras su espalda para estar más cómoda. Se había puesto un pantalón y una camiseta ancha. Castle apoyó la bandeja sobre las piernas de la Detective.
-Tómate esto y después intenta dormir.
-Sí, mami – le contestó ella, bromeando.
Jaime y Johanna comenzaron a reírse y empezaron a llamar también así a Castle.
-Ya has hecho la gracia – le dijo Castle a Kate, intentando hacerse el ofendido – Ahora tómate eso. Y vosotros – dijo, dirigiéndose a sus hijos – volvamos al jardín a jugar, mamá necesita descansar.
Jaime salió de la habitación, gritando "si, mami" y Johanna, cómo no, le siguió detrás, imitándolo. Kate se llevó el cuenco de sorbo a la boca, mientras intentaba disimular una sonrisa, pero Castle ya le había visto.
-Te la devolveré cuando te recuperes – le dijo sonriendo antes de salir del dormitorio.
Castle sacó dos vasos con zumo de naranja para sus dos hijos y los dejó sobre la mesadel jardín, por si querían beber.
-Papi – le dijo Johanna – Quiero los abalorios, quiero hacer una pulsera.
Tras acompañar a Johanna a la habitación de juegos a coger la caja con los abalorios que Martha le había regalado, volvieron a bajar al jardín. La pequeña se quedó en la mesa, haciendo pulseras, mientras Castle volvía con Jaime a jugar al beisbol.
Castle le lanzaba la pelota a su hijo, y éste la bateaba. Normalmente iba con su abuelo a batear al parque y este año había comenzado a jugar en un equipo del colegio, por lo que no se le daba nada mal. Tras uno de los bateos, la pelota fue a parar a la piscina, junto a las cinco del resto de la tarde.
-¿Puedo ayudarte a recogerlas? – le preguntó Jaime.
-Está bien, pero con cuidado. Las recogeremos con el recoge hojas.
Con cuidado, el escritor ayudó a su hijo a sacar todas las pelotas del agua.
-Están tan mojadas, que ahora no podremos seguir jugando, ¿verdad papá?
-Verdad, mejor si lo dejamos para otro día, ¿oye, dónde está tu hermana? – Dijo el escritor mirando hacia la mesa del jardín, ahora vacía. Su hijo se encogió de hombros.
Cuando terminó la pulsera la miró con satisfacción. Había quedado muy bonita, seguro que a mamá le encantaba, además, había escogido el color púrpura que era su favorito.
Dio un último sorbo a su vaso, terminándose el zumo de naranja y se bajó de la silla. Cogió la pulsera de encima de la mesa y entró dentro de la casa. Subió las escaleras y recorrió el pasillo hasta la habitación de sus padres. Abrió la puerta despacio, sin hacer mucho ruido, pues papá había dicho que mamá necesitaba descansar. Cuando entró, cerró la puerta desde dentro, poniendo el mismo cuidado que antes. Se dirigió hasta la cama y comprobó que su mamá estaba dormida. Le dejó la pulsera sobre la bandeja que había en su mesita de noche, así la vería al despertarse y se pondría muy contenta. Al lado de la pulsera estaba el tazón del caldo que antes le habían hecho Jaime y ella con la ayuda de papá. Se inclinó sobre sus pies y comprobó a ver si mamá se lo había tomado todo. Sí lo había hecho. Sonrió al pensar que le habría gustado mucho cómo les había salido. La próxima vez ayudaría a papá de nuevo a preparar la comida.
Rodeó la cama y se sentó en el suelo, quitándose los zapatos. Después subió a la cama y se aproximo a donde estaba su mamá. Se quedó unos momentos observándola y recordó lo que ella le había hecho la semana pasada cuando tenía fiebre, así que lo hizo ella también. Acercó su mano a la frente de su mamá y notó que estaba muy caliente, sí, tenía fiebre. Le dio un beso en la mejilla, eso la curaría.
Se metió entre las sábanas y se acurrucó junto a ella. También su mamá había dormido con ella cuando estaba enferma.
La última vez que había echado un vistazo hacia la mesa del jardín, Johanna continuaba entretenida con sus abalorios, sin embargo ahora la caja de éstos continuaba sobre la mesa, al lado de su vaso de zumo vacío, pero ni rastro de Johanna.
Mientras Jaime se sentaba a beberse su zumo, Castle miró en el resto del jardín, pero Johanna no estaba allí. Supuso que estaría en el salón o en el baño, aunque normalmente pedía ayuda para ir al baño, así que entró a comprobarlo. Ni rastro de Johanna en la planta de abajo. Subió arriba a buscarla: nada en la sala de juegos, ni en su dormitorio, tampoco en el dormitorio de Jaime ni en el de invitados. De pronto se dio cuenta: ¿cómo había podido ser tan tonto? Seguro que estaba allí.
Abrió la puerta de su dormitorio y la vio. La bandeja de Kate, con el tazón del caldo que él le había preparado antes descansaba sobre su mesita de noche, en la bandeja, junto al tazón había una pulsera hecha con abalorios de color púrpura. Mientras tanto, la Detective dormía en el lado derecho de la cama. A su lado, y en la misma postura que su madre, dormía Johanna. Castle sonrió al verlas. Johanna era una mini-Kate, tenía el mismo cabello ondulado que su madre y la misma postura a la hora de dormir. Como Johanna ya había pasado por las anginas la semana anterior, decidió dejarla dormir con su madre.
Horas más tarde, las dos continuaban durmiendo, así que Castle preparó la cena para él y para Jaime. Los dos cenaron juntos, algo que entusiasmó a Jaime ya que le parecía algo así como un momento para ellos. Y esta vez podían hablar únicamente de cómics y superhéroes sin que nadie les interrumpiese o cambiase de tema. Además, Castle prometió comprarle a Jaime un nuevo comic. Su hijo había heredado su gran afición por los cómics y era algo de lo que solían disfrutar juntos.
Cuando Jaime se fue a dormir, el escritor llevó a su hija a su dormitorio, para que Kate pudiese descansar mejor.
Cuando se despertó vio que ya era de noche. El lado izquierdo de la cama estaba vacío. Se incorporó mientras evaluaba mentalmente como se encontraba: el dolor de cabeza había desaparecido y el de garganta parecía haber disminuido con el medicamento que se había tomado. Sin embargo parecía seguir teniendo algo de fiebre. También sintió que tenía hambre, así que se levantó.
Antes de calzarse, vio una pulsera hecha de abalorios en su mesita de noche. Sonrió al pensar que su hija la había hecho para ella, y se la anudó a la muñeca.
Cuando bajó al salón se encontró a Castle sentado en el sillón, con el portátil sobre sus piernas.
-Ey, ¿cómo te encuentras? – preguntó al verla.
-Mejor – le contestó sonriendo mientras se acurrucaba a su lado en el sofá.
Él la rodeó por la cintura, dejando que se apoyase en su pecho. De pronto se fijó en la pulsera que Kate llevaba en la muñeca.
-Johanna estuvo un buen rato haciéndola para ti. Y después se metió a dormir contigo sin que yo me enterase, mientras jugaba con Jaime al beisbol.
-Así que no era un sueño – él le miró, intrigado, así que ella se explicó – Creía que había soñado que me acariciaba la cara y me daba un beso, pero debe haber sido real.
-Sí – dijo él, también con una sonrisa en la boca.
Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que él agachó la cabeza, dispuesto a besar a Kate, pero ésta se retiró.
-Te voy a contagiar. Bastante te estoy exponiendo ya al peligro.
-No me importa que me contagies.
-¿A no?
-No. Me encanta que cuides de mí – ella sonrió - Y a ti también te gusta cuidarme.
-¿Qué me gusta cuidarte? – dijo ella, haciéndose la ofendida.
-Tu sonrisa te ha delatado – dijo él, orgulloso.
-Sea como sea, no te quiero contagiar. Y tú tampoco deberías querer, recuerda que tienes la firma de libros en Londres la semana que viene.
-¿Todavía quieres que vaya?
-Es parte de tu trabajo Castle, ya lo hemos hablado.
-Pues espero que te recuperes antes de que me vaya. Necesito hacer muchas cosas contigo antes si no nos vamos a ver en cuatro días.
Kate solo pudo reír ante sus palabras y asentir. Ella también necesitaba estar con él antes de que se marchase.
En ese momento, el estómago de la Detective reclamó su comida.
-¿Tienes hambre? – preguntó él al escuchar sonar sus tripas.
-Sí. Llevo horas sin comer y esta mañana apenas he desayunado.
-Te prepararé algo – dijo él, dejando su portátil a un lado, mientras se levantaba dándole un beso en la frente.
Gracias por leerlo ;)
Tendrá continuación con lo de la gira de Castle y las necesidades previas de Castle y Beckett :)
