LA VIDA QUE QUIERO

CAPÍTULO XXXVI

Ya pasaban veinte minutos más de las siete, y Candy no terminaba por ingresar al salón.

Y es que afuera, se encontró con alguien a quien jamás creyó que volvería a ver en la vida.

-Hola, Elisa - Terminó por saludar Candy, un tanto cortés, un tanto sorprendida

-Perdón por haber venido... tu mamá me dijo que hoy te casas y pues no dudé en venir a verte... pero si te molesta o te incomodo, sólo dime y...

-No, no, para nada

-Candy - Exclamó con lágrimas en sus ojos - espero que ya hayas logrado perdonarme, por... por todo lo que sucedió antes, tú sabes - al parecer, su visita tenía una intención muy distinta a sólo molestar

-Nunca tuve malos entendidos contigo, Elisa, por lo menos no de mi parte. No te tengo nada que perdonar. He superado tantas cosas en mi vida que ahora me alegra tanto el que estés aquí, presente

-Gracias Candy. No esperaba menos de ti

-Bueno, pues, si deseas quedarte, a mi me dará enorme gusto

-¡Oh no, no! No vengo vestida para la ocasión, solo venía a desearte mucha felicidad

-No te preocupes ¿No quieres conocer a mi bebé?

-¡Oh tu bebé! Tu mamá me dijo que es un bebé muy hermoso, me encantaría conocerlo

-Entonces que esperas, pasa por favor

-Gracias Candy, y muchas felicidades por tu matrimonio - se acercó a abrazarla con sinceridad

Elisa ha tenido que aprender varias lecciones en su vida. Una de ellas, es el haberse librado de un esposo alcohólico que no la amaba ni la valoraba como mujer. Inteligentemente, tomó a su hijo con sus pertenencias y decidió salirse a buscar una nueva vida, lejos de ese peligro de hombre. Su vida a partir de entonces, fue más tranquila y feliz. Ahora ya disfrutaba de las bendiciones de estar compartiendo más tiempo de calidad con su hijo.

Ya adentro del salón, los invitados se dejaban ver por todas partes ya sentados en sus respectivas mesas.

El salón era muy grande en dimensión, tan grande como para albergar cómodamente a unas quinientas personas, pero los invitados eran solo trescientos. Aún así a Candy se le hizo una cantidad bastante exagerada, pero ni hablar, la mayoría de esos invitados eran personas importantes del medio de la política donde Richard se desenvolvía.

Del techo pendían unos enormes y elegantes candelabros. Al fondo, estaba un escenario en donde una orquesta ya se preparaba para amenizar el ambiente con música.

Los alrededores del salón eran de unas tonalidades café y doradas que hacían juego con la mantelería. Había flores por todos lados, específicamente, rosas de color rojo y blanco. La elegancia no terminaba allí. En medio de la pista, se observaban en el piso las iniciales C y T, donde seguramente, la pareja bailaría su primer vals como esposos.

Terry ya aguardaba al fondo del salón esperando a que su novia caminara junto a él para dar el sí. Al ingresar Candy, todos los invitados se pusieron de pie, mientras admiraban la gracia y belleza que la caracterizaban.

Con una gran sonrisa dibujada en sus labios, Candy, guiada del brazo de Tom, no dejaba de observar ni un segundo a su novio, quien también la observaba con embelesamiento.

Una vez llegando junto a él, tomaron sus manos y se dieron la vuelta para comenzar con la ceremonia, ahí, al frente de una pequeña y elegante mesa donde el juez ya aguardaba con los documentos necesarios para llevar a cabo el casamiento.

El juez comenzó su lectura de rigor, que no tardó más de quince minutos, para posteriormente ofrecerles las actas que debían de firmas tanto los padres, como los testigos y ellos mismos.

-Por el poder que me confieren las leyes de los Estados Unidos de Norteamérica, yo los declaro marido y mujer. Puede besar a su esposa, Sr. Grandchester.

El corazón de Candy dio un brinco de alegría al escuchar esas palabras del juez. "Su esposa", que hermoso se escuchaba.

Por su parte, Terry, también rebosante de alegría, tomó con sus dos manos el rostro de Candy para depositar en sus labios un dulce beso. Su primer beso como esposos, un beso que marcaría el inicio de su vida de casados, y así es como Terry deseaba que fuera su vida con Candy de ahora en adelante, dulce, como su beso. Ya en la alcoba habrá suficiente tiempo para devorarse con besos apasionados y húmedos, no ahorita, pues no hay necesidad de que las demás personas vieran esa pasión de ellos.

Voltearon a observar a toda la concurrencia para percatarse de que todos les aplaudían con emotividad. Y ellos sonrieron más. Terry tomaba posesivamente a su esposa de la cintura mientras agradecía las muestras de afecto de sus familiares y conocidos.

Después no tuvieron más remedio que soltarse para seguir recibiendo los abrazos de felicitación de todos. Entre felicitaciones, fotos, buenos deseos y sonrisas transcurrió aproximadamente una hora más, para que ellos al fin puedan bailar su primer vals como marido y mujer.

La orquesta inició con las primeras notas y la pareja de esposos se acercaba lentamente a la pista de baile.

Con movimientos suaves, pero bien adiestrados, Terry guiaba a su esposa en los pasos de baile, mientras no dejaban de observarse a los ojos con embelesamiento, entre vuelta y vuelta, sintiendo sus respiraciones acompasadas y las miradas atentas sólo en ellos dos.

Terminando de bailar tan hermoso vals interpretado por la orquesta en vivo, comenzó el tradicional baile de los invitados con los esposos.

Fue una noche en la cual se rompieron diversas reglas. Terry y Candy decidieron disfrutar de su fiesta como si se tratara de una fiesta infantil con payasos imaginarios incluidos. Les importaba poco el que en ese salón se encontrara mucha gente influyente e importante en el mundo de la política. La fiesta es en honor a ellos, pues son ellos los que pusieron ambiente allí.

Platicaban amenamente con cada persona que se encontraban de frente. De repente veían hacia la mesa principal cómo Sarah y Eleonor se peleaban por cargar al pequeño Terry. Les sorprendió un poco notar que en la mesa no se encontraba Michelle.

Evidentemente, Michelle asistió a la ceremonia, junto con su novio, Anthony. Cuando Candy y Terry terminaban de charlar con Archie y Annie, se giraron sólo para encontrarse con la pareja, que estaba deseosa de hablar con ellos.

-Terry, Candy, muchas felicidades - dijo Anthony con sinceridad, extendiéndoles la mano en señal de afecto

-Gracias Anthony - dijo Candy con una reluciente sonrisa. Le alegraba sobremanera haber ya superado una etapa más en su vida. Esa etapa en la cual Anthony aún figuraba como un ser muy especial.

-Quiero que sepas, Candy, que de verdad me alegro mucho por ustedes - después se dirigió a Terry - de verdad, Terry, lo digo de corazón, espero que sean muy felices.

-Anthony - mencionó Terry después de aclararse la garganta - sigo pensando que eres un completo imbécil - a aquél se le desfiguró el rostro - pero ¡Qué diablos! Serás mi cuñado, gracias - se acercó a abrazarlo y ahora sí, Anthony suspiró con alivio

-Chicos -. ahora habló Michelle - ¿Podrían traernos unas bebidas a mí y a Candy?

-Desde luego - le dijo su novio - vamos Terry

-Ehh sí - un poco indeciso se retiró con Anthony en busca de algunas bebidas.

-Bueno, Candy - mencionó aquella con una gran sonrisa en su rostro, y Candy también sonreía agradecida de que al fin ya no habría malos entendidos con su cuñada - todo el numerito que hizo Anthony, fue solo en nombre de él

-¿Disculpa?

-Sí, no te creas que los dos somos unas almas puras

-¿A qué te refieres, Michel?

-Lograste tu cometido ¿No?

-¿Cuál cometido?

-Es increíble que aún sigas haciéndote la mustia. Cualquiera aquí, en esta fiesta, se puede dar cuenta de que atrapaste a mi hermano por su fortuna.

-Estás muy equivocada. Pensé que habías cambiado, Michelle, pero veo que no. Terry no tiene ninguna fortuna. si te refieres a la de tus padres, estás muy mal informada, esa fortuna es de ellos, no de Terry.

-¿Y quién pagó esta boda, estúpida?

-Fue un regalo de tu padre

-¡No es cierto! ¡Mentirosa! dime, como le haces para conseguir lo que quieres ¿Eh?

-Mejor hablamos en otro momento - se pensaba retirar, cuando la chica la jaló del brazo

-¡Escúchame bien Candy! Sé perfectamente que tú eres la ex novia de Anthony - aquella abrió los ojos estupefacta - ¡Oh si! lo sé todo... y créeme cuando te digo, que te haré la vida imposible. Te odio.

-No ganas nada con decir tantas estupideces

-¡Cállate! ¿No querrás que de verdad eche a perder tu fiesta? ¿Eh? ¡Perra!

La hermana de Terry se retiró de allí, dejando a Candy completamente atónita, justo en el momento en el que Anthony y Terry se acercaban.

-¿Donde está Michelle? - preguntó Terry

-No se - respondió Candy con la mirada completamente perdida - discúlpenme, ¿quieren?

Los dos caballeros voltearon a verla con incredulidad.

-¿Que le pasó? - preguntó ingenuamente Anthony

-No lo sé - pero se imaginaba

Los siguientes minutos, Candy permanecía solamente sentada en su respectivo lugar, mirando hacia un punto fijo, mientras cargaba a Terry, su bebé.

Cuando Terry, su marido, se acercó a ella, pudo notar que algo extraño le pasaba.

-Amor, ya es hora del brindis, dile a tu mamá que se encargue de Terry

-Ah, sí - como autómata, hizo lo que Terry le indicó.

La señora Sarah no se percató del aturdimiento de su hija, pues permanecía platicando felizmente con Richard.

-Candy ¿Que te sucede?

-Nada

-Ajá, y yo nací ayer

-Lo siento Terry - suspiró mortificada - prometo explicártelo mas tarde, por favor no me preguntes más, no quiero echar a perder el momento

-Pues si no deseas echarlo a perder, no sería mala idea que comenzaras por sonreír un poco

-Discúlpame - y sonrió - ¿Así?

-Un poco más

-¿Que tal así?

-Perfecto - y se acercó a darle un beso a esa sonrisa - hermosa, yo te amo ¿lo sabes, verdad? - ella asintió - no me gusta que algo te esté aturdiendo, o alguien. En fin, este día es especial, deseo que lo disfrutes a mi lado, por favor

-¿Cómo eres capaz de pedirme eso? si sabes que no es necesario - se acercó a besarlo - te amo

-Y yo a ti ¿lista para el brindis?

-Mas que lista

Todos los invitados permanecían ya en sus respectivos lugares cuando el riguroso brindis se llevó a cabo.

-Buenas noches, damas y caballeros, es un verdadero placer el que nos estén acompañando esta noche - Terry hablaba con gran encanto - mi historia de amor con Candy, es muy larga, llena de dichas y sorpresas, así es que no deseo declamando toda la noche sobre ello, solamente hacerles saber lo feliz que me hace el estar ya unido de por vida con el amor de mi vida - tomó delicadamente una de sus manos y besó su dorso - te amo Candy

-Yo también te amo - decía sonrojada

-¿Deseas tú decir algo?

-¿Yo? Oh, bueno, sí. También agradecerles muchísimo su presencia. A mi familia, mi mamá y mi hermano, pero mi nueva familia también - dijo volteando a mirar a Richard y a Eleonor - y aunque existan ciertos problemas en el corazón de determinadas personas - dijo mirando a Michelle - me alegra mucho que mis mejores amigos se encuentren en este momento tan importante. Gracias, Annie, amiga, te quiero muchísimo, gracias Archie, Charlie... gracias a todos. Incluso, el día de hoy me lleve una sorpresa muy grata. Elisa - dijo dirigiéndose a ella - eres mi única prima, y te quiero mucho, gracias por haber venido y hacerme saber lo que tanto anhelabas que yo supiera. Y... es todo ¡Salud!

-¡Salud! - exclamaron los demás presentes.

-Ahora es mi turno - exclamó Richard, quien no se quedaría con las ganas de decir unas palabras. Unas palabras que se convirtieron, más o menos en un sermón de media hora aproximadamente, logrando con ello dormir un poco a los presentes, incluso a Terry, que a manera de broma bostezaba exageradamente - y como seguramente todos, al igual que yo, deben estar hambrientos. Gracias.

Todos aplaudieron entusiasmados al terminar el discurso pues estaban ya a punto de servir la suculenta cena.

Toda la noche transcurrió maravillosa, con el único gran detalle de la soberbia de Michelle, quien no era capaz de disimular la mirada de odio que le dirigía de vez en vez a Candy.

Terry lo notó, pero no mencionó nada. Se imaginaba que el aturdimiento de Candy de hace un momento era culpa de su hermana. Mejor, él trató de consentir a Candy para que fuera una noche inolvidable.

Y aunque el pequeño Terry, ya de casi siete meses de edad, se escabullía de los brazos de quien fuera para gatear a su gusto por toda la estancia, no les restó diversión, al contrario. Todos los presentes se maravillaban con lo hermoso que es el bebé, quien poco a poco va tomando sus rasgos físicos personales, haciéndolo lucir como un bebito encantador, y muy seguramente en un futuro parecido y apuesto como su padre.

Las personas que eran un poco ajenas a la pareja, se fueron retirando del lugar con anticipación, no sin extender las felicitaciones correspondientes. Al final de la fiesta, únicamente se quedaron los familiares y amigos muy cercanos.

No había ningún problema ni preocupación por los demás invitados, puesto que cada familia ya tenía reservada su habitación en el enorme hotel para descansar a gusto.

Y así, hasta los amigos más cercanos iban muriendo de sueño. Aguantar una fiesta hasta las cinco de la mañana... no cualquiera. También se fueron despidiendo poco a poco hasta que al final, solo permanecían los recién casados con sus respectivos padres.

-Hijos, váyanse a descansar ya - les habló con ternura Eleonor - ya es muy tarde - mejor dicho, es muy temprano, pensó

-Vayan ustedes, nosotros los seguimos - aclaró Terry

-Bien, pues... señora Sarah, deme al bebé por favor - le pidió

-No, claro que no, el bebé se dormirá conmigo - bueno, en realidad ya estaba dormido, Sarah se refería al lugar donde pasaría la noche

-Por favor señora Sarah, ya no discutamos

-No, discúlpeme usted, señora Eleonor, usted ya lo tuvo mucho rato

-Pero usted también

-Ya, ya - les pidió Candy un poco de tolerancia discutan por ello. Es nuestro hijo, se quedará con nosotros

-¿Queeeé? - Hasta Terry exclamó ese "qué"

-¿Si, no? ¿Qué tiene de extraño?

-Mi niña, no necesitamos explicarte lo que debe de hacer una pareja de recién casados en su noche de bodas ¿Verdad?

-¡Mamá! ¿Eso que tiene que ver? - exclamó sonrojada

-No se diga más - ahora exigió Terry - el niño se quedará con usted, señora Sarah - y Sarah sonrió triunfante - madre,. no te ofendas, pero tu duermes con compañía

-Bien, me parece estupendo - dijo Richard - ahora sí, hasta pronto. El sueño me vence, muchas felicidades chicos - los abrazó

-Gracias papá, gracias por todo

Se repartieron mas abrazos y los señores se retiraron a sus respectivas habitaciones.

Candy y Terry permanecieron un rato más en el salón de baile. Él se acercó a poner una melodía del aparato de sonido y después se acercó a Candy

-Señora esposa ¿Me concede esta pieza? Un baile de marido y mujer, completamente solos

-Encantada

Se movían al compás de las notas suaves de la música, acercando cada vez mas y mas sus cuerpos, hasta que se fundieron en un abrazo tierno y reconfortante.

Al terminar la melodía, se quedaron un ratito más así, abrazados. Pero sus cuerpos ya les demandaban descanso, así es que se dirigieron también a su habitación.

Terry se tiró a la cama con todo y zapatos, recargando sus dos manos bajo la cabeza. Mientras, Candy se movía nerviosa alrededor de la cama.

-¿Qué sucede, hermosa?

-Nada... yo... bueno, durmamos ya

Terry sonrió de medio lado, como dándole la razón. Ella se dirigió al cuarto de baño,. y se tardó bastante, por lo que Terry fue a su encuentro.

-¿Candy? ¿Estás Bien?

-Sí ¿Por qué?

-Es que te tardas demasiado

-Quitarse un vestido de novia no es tarea fácil

-¿Te estás cambiando?

-¿Y qué creías?

-¿Cómo es posible? Ni que nunca te hubiese visto cambiándote

-¡Pero prefieres dormir!

-¿Qué? ¿En que momento te dije eso?

-¡No me hables! Vete a dormir

-¿Estás llorando?

-¡No!

-Candy, ábreme

-Me estoy cambiando

-Ábreme

-No, vete a dormir

-Ahhh ¡Necia!

Cinco minutos después, La puerta del baño se abría, saliendo de allí Candy con el rostro un poco enrojecido, y aún con el vestido de novia puesto.

-¿No que te estabas cambiando?

-¿Me ayudas? - se volteó sutilmente, mostrando su espalda, y Terry entendió que necesitaba ayuda con el cierre del vestido

Se levantó de la cama y se apresuró a ayudar a su esposa con lo que le pedía, al bajar lentamente el cierre se dejaba ver su blanca y tersa piel, que no dudó en besar y acariciar con devoción, acción que a ella por supuesto, le encantó.

-Hermosa - le susurró al oído - ¿Sucede algo malo? a veces tienes reacciones que no entiendo

-No me hagas caso, Terry - dijo, volteándose para encararlo, mientras con un brazo se sostenía el vestido por delante para evitar que cayera - a veces me pongo así, pero no es por ti, discúlpame

-No te preocupes, disfrutemos mejor de esta noche - la besó a los labios

-Pensé que querrías dormir

-¿Dormir? Eso déjaselo a los borrachos que mañana amanecerán como si les hubieran pasado veinte trenes encima. No bebí ni una sola gota de alcohol del día de hoy, sólo por ti

-¿Ah sí? ¿Por mí?

-Claro ¿qué pensabas? Necesito estar en todos mis sentidos para hacerte todo lo que quiero precisamente hacerte - y entonces, de un jalón, la hizo quitarse el brazo que sostenía el vestido, para hacerlo caer a sus pies. La cargó, y así la llevó hasta la cama, en donde una apasionada sesión de caricias y amor se consumaba hasta altas horas de la tarde, de ese mismo día.

Continuará...

Gracias por seguirme hasta aquí. Discúlpenme si rompí mi promesa de publicar los capítulos que ya tenía listos, sucede que toda la semana estuve muy atareada y mi compu se descompuso. Pero aquí me tienen. Ya saben, misma mecánica, recibo muchos reviews y de inmediato subo el siguiente, que ya está casi listo. Saludos! Y gracias!