Buenos días tardes o noches tengan mis queridos lectores. Hoy les traigo un nuevo capítulo de esta historia.

Para esta ocasión no les traigo historias oscuras ni grandes batallas. En su lugar les traigo un capítulo algo tranquilón pa relajarnos antes de volver a las batallas.

En esta ocasión quise aprovechar la oportunidad para ponerme experimental e intentar hacer historias en paralelo. Sé que antes ya lo había intentado con Ash y Mei, pero aquello eran historias separadas que ocurrían al mismo tiempo, pero ahora quise intentarlo con historias que ocurren en el mismo lugar, al mismo tiempo y que se cruzan entre sí. Así que ahí me dicen que tal me salió y como puedo mejorar.

Por cierto, me alegra ver que el capítulo pasado no atrajo haters o gente que me dice "Te quedastes sin ideas". O hicieron lo maduro que es, si no les gusta lo que escribo no me leen y ya o de plano si les latió el cap.

Pero bueno, ora si vámonos con el cap.

Cap. 36 Bajo el árbol de la promesa.

Un nuevo día llega a Ciudad Coumarine y la mañana en la urbe estaba increíblemente ajetreada a comparación a su regularmente apacible ambiente. Caravanas de camionetas, carretas y demás vehículos de carga pasaban por las calles en dirección al centro. En el centro pokémon, nuestro héroe y sus amigas veían el desfile de vehículos desde el área común.

Mei: ¿Algo pasa? – Se preguntó en voz alta.

Bianca: Ni idea. A lo mejor viene un espectáculo.

White: Si mal no recuerdo, la chica del restaurante nos dijo de habría una clase de evento junto con el Idolmaster. – Mencionó.

A Ash no le traía buen recuerdo la mención de aquella muchacha.

Mei: ¿Por qué no le preguntamos a la enfermera? – Sugirió, a lo que los demás aceptaron.

Joy: Lo que ven son los diferentes comerciantes y vendedores que llegan a la ciudad a vender su mercancía durante el festival de agradecimiento. – Aclaró al grupo que fue a verla.

Bianca: ¿Festival de agradecimiento? – Se interesó.

Joy: Este festival nace de una leyenda. – Comenzó a relatar. – Hace 3000 años hubo una guerra entre nuestra nación y otra extranjera. Al término del conflicto, un joven soldado y su compañero pokémon, que estaban peleando fuera de las fronteras, regresaron a esta, su tierra natal, sólo para encontrarse con que había sido devastada y de ella solo quedaban cenizas. – El relato tenia a los jóvenes cautivados. – Familia, amigos, pareja. Todo eso le fue arrebatado. Cualquiera en su posición se hubiese derrumbado ante tal tragedia, pero él se llenó de una nueva convicción y junto a su compañero se dispuso a restaurar su lugar de origen a su belleza original. En la colina más alta sembró una semilla que se dice trajo de un árbol especial de donde luchó. Con ayuda de su compañero pokémon, juntos lograron devolver al valle a su aspecto anterior.

Mei: Que linda historia.

Joy: Y aun no acaba. – Reanudó el cuento. – El entusiasmo de ambos atrajo a otras personas y pokémon, quienes también la guerra les arrebató lo más valioso para ellos y entre todos reconstruyeron la villa. Pero lo más sorprendente de todo fue que aquel árbol creció y creció hasta tener un teneño gigantesco y así se ha mantenido erguido y lleno de vida hasta nuestros días. – Señaló en dirección a una ventana donde, al fondo del paisaje se veía un enorme árbol a lo lejos. – Por eso cada año, en estas fechas, celebramos la unión entre nosotros y nuestros pokémon, al ofrecer un regalo frente al gran árbol de la promesa a nuestros pokémon y seres queridos.

Ash: Eso suena fantástico. – Expresó emocionado, ignorando el hecho de que la mujer, hasta apenas ayer, lo trataba como si fuese una plaga.

Joy: El festival atrae a muchos vendedores de todas partes de la región, quienes se reúnen en el centro de la ciudad, formando un gran bazar. Además las tiendas locales tienen varias promociones y demás. – Informó.

Ash: ¿Qué les parece si nos unimos a la celebración?

Bianca: Me parece genial.

White: Yo me apunto.

Mei: Igual yo.

Joy: La ceremonia de entrega de regalos se hace durante la noche en el árbol de la promesa, a las 8:00 PM; así que tienen todo el día para encontrar o elaborar sus regalos.

Ash: Entonces pongámonos en marcha. – Avisó.

Al salir del centro pokémon se encontraron con las calles de la ciudad siendo adornadas de forma colorida. Guirnaldas, colgantes, luces y demás pronosticaban que sería una alegre fiesta.

White: ¿Y cuál es el plan?

Bianca: Yo quiero conseguir algo para que mis pokémon y por supuesto, algo para ustedes también. – Expresó su idea.

Ash: Yo también planeo eso.

White: Pero estoy segura que no todos pensamos comprar lo mismo. Ash y tu seguro querrán objetos para mejorar su desempeño en batallas, pero a mí me gustaría algo para hacerlos lucir más lindos para los eventos.

Mei: Entonces creo que deberíamos separarnos. – Propuso. – Así cada quien podrá buscar el mejor regalo para los demás y además quedaría como una sorpresa.

White: Buen plan hermanita. – La felicitó revolviéndole los cabellos.

Ash: Entonces nos separaremos aquí y nos reunimos al atardecer para ir al árbol. – Indicó.

Con ello, cada quien tomó rumbos distintos para ir a conseguir los regalos para sus pokémon y sus amigos y familiares.

– Con Mei. –

La menor del grupo, andaba por las calles en dirección a un lugar en específico, el mercado de la ciudad. El lugar era bastante grande, con varios puestos que iban desde comida, ropa, objetos de plástico, juguetes, etc. Obviamente Mei fue a la parte que tenía los puestos de alimentos frescos.

Mei: Bien, ya que cuento con el permiso de la enfermera para usar la cocina, voy a preparar varios postres para todos. – Se animó a sí misma.

Lamentablemente, aquellos ánimos se disiparon prontamente al ver la ridícula cantidad de gente que también estaba comprando. Obviamente al ser una época especial, habría mucha gente (en especial mujeres), quienes iban a buscar los ingredientes más frescos para sus platillos.

Pasando por varios puestos de frutas y bayas, se dio cuenta de que era poca la cantidad que estaba en su punto para preparar lo que quería. En sus manos apenas llevaba un par de bolsas con unas pocas cosas que logró conseguir.

Mei: Haaaa. – Suspiró derrotada.

¿?: ¿Ocurre algo hijita? – Preguntó una mujer de edad que atendía un puesto.

Mei: Lamento que me viera así, es solo que…

Ancianita: Querías preparar algo especial, pero no encontraste los ingredientes con la calidad que deseabas. – Adivinó, ganándose una confirmación. – Seguro querías prepararle una rica comida a alguien especial. – De nueva cuenta, Mei asintió. – Ah, la juventud. – Suspiró nostálgicamente, malinterpretando un poco. – Te diré algo. A esta hora, es probable que no encuentre mucho. Así que te aconsejo que busques en el bosque a las afueras de la ciudad. Algunos recolectores consiguen su mercancía ahí.

Mei: ¿¡En serio!? ¡Muchas gracias señora! – Recuperó los ánimos y rauda y veloz se dirigió al bosque.

Ya en su destino…

Mei: Muy bien, es hora de trabajar. – Sacó dos pokébolas, de las que emergieron Noibat y Swirlix. – Necesito su ayuda chicos. Quiero encontrar las mejores frutas y bayas para hacer algo delicioso. – Indicó. El par de pokémon asintió y de inmediato pusieron manos a la obra.

Con el olfato de Swirlix y el sonar de Noibat, no le tomó mucho encontrar los mejores ingredientes para sus platillos.

Mei: Ahora necesito ver cómo llevarlos. – Pensó, pues su pequeña bolsa no alcanzaría para transportar todo lo que quería.

Afortunadamente, el destino tendría una agradable sorpresa para ella.

Ash: Mei ¿qué haces aquí? – La llamó, tomándola por sorpresa.

Mei: ¿Ash? – Se asombró ligeramente de verlo ahí. – ¿Pero tú que hace aquí?

Ash: Oye, yo pregunté primero. – Tuvo un punto.

La jovencita entonces, le explicó la causa de su presencia en ese lugar.

Ash: Entonces nos pasó algo parecido. – Sonrió rascándose la nariz. – Yo estaba quebrándome la cabeza sobre que darle a mis pokémon, cuando me encontré con Ramos. Él me dijo que siguiera mi instinto, así que pensé que a mi pokémon les gustarían las bayas. – Se giró un poco para mostrar un gran canasto de mimbre colgado en su espalda, con algunas bayas en su interior.

Mei: ¿Entonces qué te parece si me ayudas a conseguir los ingredientes y les entregamos esto como un regalo en conjunto? – Propuso.

Ash: Suena como una gran idea. Después de todo, si lo hiciera solo, no sé si escogería las mejore bayas.

El par se puso a trabajar, con los pokémon de Mei encargándose de localizar los frutos más frescos, mientras que Ash y Pikachu las recolectaban.

Pasada una hora de arduo trabajo, lograron llenar el cesto hasta el tope.

Ash: Creo que con esto es suficiente. – Dijo satisfecho consigo mismo.

Mei: Regresemos al centro pokémon.

El par caminó rumbo al centro médico complacidos por su botín obtenido. Durante el trayecto, Ash aprovechó para tomar un par de bayas y devorarlas en un instante.

Mei: Ash, no deberías comerte las bayas, son para los pokémon. – Lo regañó.

Ash: No puedo evitarlo, están deliciosas. – Se deleitó con los deliciosos jugos de las bayas. – En serio Swirlix y Noibat hicieron un gran trabajo reuniendo la fruta más dulce.

Mei: Debería agradecértelo, después de todo tú me entregaste a Swirlix.

Ash: Oye, lamento de verdad todo lo que… – No pudo continuar, ya que Mei selló sus labios con su índice.

Mei: Creo que ya pasamos por eso de pedirnos perdón entre nosotros. – Le guiño el ojo. – Pero quitando eso, el que me obsequiaras a Swirlix fue un lindo detalle. – Se paró frente a él, mirándolo directamente. – Nunca pude agradecerte apropiadamente por ello; así que gracias Ash. – Le dedicó una linda sonrisa.

A pesar de ser la menor del grupo, Mei a veces podía mostrar tener mucha más madurez que el resto de sus familiares (y no solo en lo físico).

No pasó mucho tiempo para que llegasen a su destino. Ash le dejó el cesto en la cocina, mientras ella se puso su indumentaria apropiada para cocinar.

Mei: Ahora es mi turo de poner manos a la obra.

Ash: Dime en que puedo ayudarte.

Mei: Lo siento Ash, pero tu trabajo termina aquí. – Dijo, extrañando a Ash. – Quiero que el regalo sea una completa sorpresa, así que no quiero que nadie lo vea hasta que esté terminado. – Se explicó.

Ash: ¿Pero los harás tu sola sin ayuda?

Mei: No te preocupes, tengo el tiempo suficiente para acabarlos antes de que llegue el atardecer. Además quiero intentar algunas recetas que aprendí con la chef Monarque. – Se mostró confiada. – Así que tiene tiempo para hacer lo que quieras y nos veremos en el gran árbol. – Lo corrió de la cocina.

Sin la presencia de nuestro protagonista, la menor del grupo se puso a trabajar.

- Con Bianca. -

Tras separarse del grupo, Bianca recorrió las calles buscando algún regalo adecuado tanto para sus pokémon, así como para sus primas y Ash.

Bianca: ¿Que podría regalarles? – Cavilaba. – Tal vez podría hacer como White y regalarles uno lindos accesorios; pero entonces eso les estorbaría a la hora de las batallas. Entonces, tal vez objetos que les ayuden en batalla; aunque creo que eso sería más útil para mí que para ellos.

La chica seguía vagando sin rumbo, hasta que un grupo de gente, reunida alrededor de algo captó su atención. Acercándose, descubrió que lo que a todos tenía tan absortos era un vendedor que traía algún artículo interesante.

Vendedor: Pásele jovenazo, pásele señorita. Traigo para ustedes el regalo perfecto para sus pokémon. – Anunciaba. – ¿No está cansado de que, luego de una batalla su pokémon termine todo sucio, mojado, quemado, o con algún efecto de estado? ¿No le gustaría darle una correcta y relajante recompensa por todo su esfuerzo? Pues no busque más porque traigo para ustedes el kit de Poké Relax, directo de la región Alola. – Mostró al púbico un estuche cuadrado amarillo, que al abrirlo tenía varios compartimientos con objetos diversos que colocó en la mesa que tenía. – Con estos artículos, no solo podrán consentir a su pokémon, sino que también obtendrán ciertos beneficios.

Sujeto 1: ¿Cómo cuáles? – Cuestionó el extraño.

Vendedor: Me alegra que lo pregunte. Para ello necesitaré un voluntario del público. – Buscó con la mirada, encontrando a la voluntaria perfecta en nuestra heroína. – Usted. – Señaló justo a Bianca. – Luce como una entrenadora pokémon ¿le gustaría participar en una demostración?

Interesada en el producto, Bianca pasó al frente.

Vendedor: Para comenzar, necesito que deje salir a alguno de sus pokémon para la demostración.

Bianca entonces, dejó salir a Pachirisu.

Vendedor: Ahora, con el permiso de usted señorita, procederé a afectar a esta Pachirisu con algunos efectos de estado. – El hombre sacó una pokébola, de la que salió un Gloom. – Gloom, por favor usa tu polvo venenoso en Pachirisu. – El pokémon botón despidió de su bulbo un polvo morado, que al tocar a la ardillita, la dejó envenenada. – Ahora procederé a quitarle la parálisis. – De su estuche sacó una especie de hisopo con punta de algodón y lo pasó por el cuerpo de la ardillita. Gradualmente esta comenzó a recuperarse de su envenenamiento, hasta que quedó completamente sana.

El público se impresionó con aquella demostración que parecía casi mágica.

Vendedor: Y eso no es todo; como dije, este kit posee objetos que curan otros estados. – A continuación tomó el resto de los objetos. – Esta secadora cuenta con temperaturas especial para curar tanto la congelación como las quemaduras en un pokémon, esta toalla especial está hecha con lana de Mareep que ayudan a curar la parálisis. Claro, este kit cuenta con otras cosas como un cepillo para quitar las motas de polvo y un peine para desenmarañar el pelaje de sus pokémon. – Explicó. – Y todo esto puede ser suyo sólo por la bajísima cantidad de $450.

Algunas de las personas reunidas se acercaron a adquirir el producto o a regatear mientras que otros cuantos se alejaron. Para cuando todos se fueron, el vendedor no se vio muy satisfecho, pues, a pesar de lograr venderle a la mayoría de la concurrencia, esta no había sido muy numerosa y aun le quedaba mucha mercancía por vender.

Vendedor: Dígame señorita. – Se dirigió a Bianca. – No le gustaría adquirir uno. Ya que me ayudó con la demostración le puedo hacer un descuento del 50%.

Bianca no necesitó meditarlo mucho para decidirse por comprarlo. Era el regalo perfecto para sus pokémon. De inmediato buscó su monedero en su bolsa, sólo que olvidaba un pequeño detalle.

Bianca: No puedo encontrarlo. – Dijo desesperada hurgando en su muy MUY desordenado bolso.

Vendedor: No se preocupe señorita, seguro que debe estar por… ¿¡Qué es eso!? – Se espantó al ver el interior del bolso, que de alguna manera había logrado asemejarse a una zona de guerra.

Y era de esperarse. Sin Miccino a la mano para que lo mantuviera ordenado, era obvio que la rubia volvería a sus malos hábitos.

La muchacha pensó que su oportunidad se vería truncada, pero el vendedor le trajo un rayo de esperanza.

Vendedor: Tal vez podamos llegar a un acuerdo. Puedo dejarte el kit gratis, pero a cambio necesito que hagas una cosita por mí. – La miró de pies a cabeza detenidamente.

Unos momentos más tarde…

Vendedor: Vamos niña, no me tengas esperando. – Le habló a la jovencita, que estaba dentro de un baño púbico de un parque.

Bianca: ¿Está seguro de esto? – Preguntó nerviosa, tapando su cuerpo con las manos.

Vendedor: ¿Quieres tu kit gratis o no? – Le amenazó. – Así que ya sabes cómo le puedes hacer.

Bianca suspiró derrotada y salió de aquel baño.

Vendedor: Vaya, eso es mejor de lo que esperaba. – Sonrió al verla en su nuevo atuendo.

La rubia salió vestida con un atuendo de bailarina folclórica de Alola, con una corona de flores, un vestido largo azul sin tirantes y zapatillas; y como accesorios portaba unos aretes con forma de pokébola, unas pulseras de colores y un collar de perlas.

Vendedor: Contigo vestida así, podre atraer a una multitud mayor de clientes. – Sonrió complacido.

Para poder pagar por el kit de Poké Relax, Bianca accedió a convertirse en edecán para atraer público.

Vendedor: Debido a los gastos de importación del Poké Relax no pude contratar a una edecán profesional para hacer publicidad. – Dijo con decepción. – Afortunadamente llegaste tú, una preciosa chica que trabajará de a gratis. – Celebró eso para, acto seguido observarla detenidamente en su nuevo atuendo. – Por cierto, con ese cuerpo y rostro que te cargas, uno no pensaría que fueras una entrenadora. Dime, ¿has pensado en trabajar de modelo?

Eso hizo sonar una campana en la mente de la jovencita. En ese momento recordó como su mente estaba dividida entre sus dos metas soñadas, el convertirse en modelo o en una investigadora. En su introspección, se sintió mal consigo misma; después de todo, White, Mei y Ash ya tenían muy en claro lo que querían en la vida mientras que ella, siendo la mayor, no tenía ni idea.

Y lo peor de todo era que ellos habían presentado pasos agigantados en sus sueños durante el viaje y la jovencita se sentía estancada en un mismo punto.

Vendedor: ¿Oye, te sientes bien? – Se preocupó un poco al ver la expresión de incertidumbre en Bianca.

Bianca: Estoy bien, solo estaba pensando en unas cosas. – No quiso preocupar innecesariamente al sujeto.

La chica trató de verle el lado bueno; tal vez esta era una oportunidad para probar algo parecido al mundo del modelaje y ver si era para ella. Y el trabajo era sencillo, sólo tenía que danzar moviendo las caderas de forma atrayente y llamando la atención de los transeúntes para que pasaran a observar.

Su trabajo dio buenos frutos, las personas que pasaban eran atraídas por la exótica danzante; los hombres aprovechaban a echarse un taco de ojo con la linda bailarina, mientras que las damas veían el lindo atuendo, que lucía elegante y nada vulgar o provocativo, además de la danza.

Claro que eso no impedía que la oriunda de Unova sintiera algo de vergüenza al ser vista por tanta gente. En su mente rezaba porque ninguno de sus conocidos la fuese a ver vestida y actuado así. Lamentablemente el destino es una dama caprichosa. Pasada ya una hora de trabajo, cuando Bianca ya se sentía más relajado con su labor y con la guardia baja, una voz llamaría su atención.

White: ¿Bianca? – La llamó.

Al oír su nombre, un escalofrió recorrió toda la espina de la mencionada. Internamente pidió por que sólo hubiese escuchado cosas y no fuese su prima la que estaba tras de ella. Pero al girar la cabeza, confirmó tristemente que, efectivamente era White la que tenía enfrente.

White: Hm hm hm hm. – Se aguantó la risa al verla en aquellas ropas. – ¿Qué traes puesto?

Bianca: No te rías. Lo que pasa es que quería un kit de Poké Relax, pero no encontré mi monedero en ningún lugar de mi bolso.

White: Debí imaginarlo. – Suspiró. – Siempre has sido una desorganizada.

Bianca: Por favor, tienes que hacer algo. No quiero que alguien más me vea así. – Suplicó.

White: Pero si te vez adorable. – Le pellizcó los cachetes a modo de burla.

Bianca: Por favor. Me daría mucha vergüenza si Ash me viera así. – Suplicó.

White: ¿Ash? – Se intrigó.

Bianca: Digo, también Mei, claro está. – Se apuró a corregirse.

White: De acuerdo, creo que puedo hacer algo por ti. – La tomó de la mano y se la llevo con ella.

Vendedor: Oye espera ¿a dónde vas con mi edecán?

White: No se preocupe señor, solo le haré un pequeño arreglo, en seguida se la regreso. – Le dijo antes de marcharse.

Pasados unos momentos, las chicas volvieron. El vendedor quedó boquiabierto con el "pequeño" arreglo de Bianca. A la jovencita le habían maquillado la piel para darle un tono de bronceado, le pusieron una peluca larga castaña y le aplicaron algo de maquillaje. Ahora parecía una mujer diferente.

White: Listo, con esto ni Ash ni Mei podrán reconocerte. – Quedó satisfecha.

Bianca: Muchas gracias prima. – La abrazó fuertemente, zarandeándola de lado a lado.

White: Supongo que mi trabajo aquí está hecho. Suerte prima. – Se despidió de ella y siguió su camino.

Gracias a su nueva apariencia aún más exótica, Bianca logró atraer a un número mayor de clientes, entre ellos a nuestro protagonista, quien iba pasando tras dejar a Mei en el centro pokémon. En cuanto cruzaron miradas, la atención del joven pareció enfocarse en ella.

Bianca: No no no no. Que no me descubra, moriría de vergüenza. – pensaba internamente, sudando frio del miedo a ser descubierta.

A pesar de que el joven estaba ahí para ver el producto, Bianca no pudo evitar notar como de vez en vez la volteaba a ver discretamente. Su corazón latía con más y más fuerza ante la expectativa de ser descubierta.

Bianca: Tal vez si lo ignoro y no dejo que me vea la cara, pierda el interés. – Se esperanzó internamente.

Desgraciadamente para ella, Pikachu detectó su aroma y bajó del hombro de su entrenador para saludarla. El pequeño saltó directamente hacia ella, siendo recibido por los brazos de ella.

Ash: Pikachu ¿qué pasa contigo? – Preguntó consternado. – Discúlpelo señorita no sé lo que le… – Ash se detuvo un momento al tenerla al frente.

Bianca temió que su identidad fuese a ser descubierta, pero afortunadamente vino alguien a su auxilio.

Vendedor: Oye, que le haces a mi edecán chico. – Le llamó la atención. – Sé que es una preciosidad pero esa no es buena razón para acosarla.

Ash: No, no es eso. – Se apresuró a negar. – Lo que pasa es que, parece que a mi Pikachu le llamó la atención la señorita.

Vendedor: Vamos, no hay que poner excusas. Sé cómo los jóvenes se entusiasman con una cara bonita. ¿O no?

Ash: Bueno, es cierto que es bonita, pero le juro que lo que le dije era verdad.

Al escuchar a Ash referirse así de su persona, el corazón de Bianca palpitó más fuerte.

Vendedor: De acuerdo chico, te creo. – Le dijo con condescendencia, obviamente sin creerle. – Solo toma a tu Pikachu y deja a la jovencita trabajar.

Ash hizo caso y se retiró, no sin antes darle una última mirada a la chica disfrazada. Sus ojos reflejaban inquietud, como si hubiese algo que quisiera decirle, pero al mismo tiempo se contenía a hacerlo; y al mismo tiempo, un tenue sonrojo se notaba en sus mejillas.

Al final, el muchacho se retiró, dejando a Bianca con una sensación de alivio por no ser descubierta. Aunque persistía una leve inquietud por las miradas que antes le dirigió el muchacho.

Salvada por los pelos, la chica volvió a su trabajo. Pasadas un par de horas, toda la mercancía fue vendida.

Vendedor: ¡Lo logramos! – Exclamó derramando lágrimas de felicidad. – Muchas gracias, de o ser por ti tal vez no hubiese vendido todas. – La tomó de las manos sacudiéndolas de arriba hacia abajo. – Aquí tienes tu kit de Poké Relax y un extra por tu gran labor. – Le entregó el estuche amarillo junto a un sobre con algunos billetes dentro. – Además puedes quedarte con el vestuario, lo mandaron de la compañía para la edecán, pero como ni vino pues ahora es tuyo.

Bianca: Genial. – Se alegró. – Con esto incluso puedo conseguir algo para Ash y mis primas.

Con dinero en mano, la chica regresó al baño del parque y se cambió a sus ropas originales. Lamentablemente su maquillaje era otra historia, ya que White usó uno especial que no se caería en un largo rato. Sin remedio a tener que ser una morenaza por una tarde, fue a explorar las tiendas.

En su exploración logró encontrar bonitos presentes para White y Mei y ahora solo necesitaba el de Ash.

Bianca: Ahora solo falta encontrar algo para Ash. – Se dijo a sí misma y continuó buscando.

Pensando que al entrenador le gustaría algo que le beneficiara en sus batallas, tenía una idea más o menos clara de lo que podría comprarle.

Por azares del destino llegó a la plaza central de la ciudad, donde se había instalado todo un tianguis con los vendedores ambulantes de diversos lugares y regiones. Había vendedores que traían gateau clásico de Sinnoh, Otros galletas de lava de Hoen, otros vendían figuritas tótems extrañas de una región que desconocía, unos más pokébolas de apricorn de Jotho, etc.

Bianca: Tal vez esas pokébolas le sean útiles a Ash. – Pensó por un momento, más otro puesto fue el que robó su total atención. Unos puestos más adelante, vio un letrero que decía "Emporio de mega-piedras Lindholm". – ¡Eso es! Ash o tiene ningún pokémon, a parte de Riolu, que tenga una mega-piedra.

Prontamente la jovencita se acercó al pequeño local, consistente en una lona en el suelo donde estaban colocados un montón de accesorios con mega-piedras incrustados en ellos junto con letreros que indicaban sus nombres y precios. Pero cuando estaba por llegar se dio cuenta de quien estaba en la tienda como vendedor y ese era nada más y nada menos que Ash.

Rápidamente se fue a ocultar tras otro puesto para evitar que su amigo la viera.

Bianca: Oh no, ¿qué rayos hace aquí? – Se preguntaba. – Si me ve con este tono de piel, no solo descubrirá que era yo la que estaba ahí, sino que también sabría cuál es su regalo. – La chica se quedó un rato pensando en que hacer, hasta que cayó en veinte que la respuesta estaba justo en su bolso.

Bianca: Disculpe. – Llamó a nuestro joven tendero.

Ash: Si, ¿qué es lo que…? – Se le trabó la lengua al verla.

Para evitar que Ash descubriera su identidad, Bianca tuvo que regresar a su antiguo disfraz. Por su parte, el joven quedó pasmado unos momentos al rencontrarse con la exótica dama, hasta que por fin espabiló.

Ash: Yo… este… ¿Desea… desea comprar algo? – Tartamudeó.

A Bianca se le hizo adorable aquella faceta hasta ahora desconocida del joven, pero al mismo tiempo se preguntaba por qué la mostraba ahora.

Bianca: Yo quería ver algunas de las mega-piedras que vendes.

Ash: Cla… Claro, eche un vistazo.

Al ver que el moreno no la reconocía, decidió arriesgarse un poco y satisfacer su curiosidad.

Bianca: Dime, no aparentas ser un vendedor, ¿así que qué haces aquí? – La invadió la curiosidad.

Ash: Tiene razón, no soy un vendedor. En realidad estoy cubriendo al dueño de este local mientras hace un encargo que le pedí. – Aclaró.

Bianca: ¿Es para alguno de tus pokémon?

Ash: En realidad es para una chica. – La tomó por sorpresa.

Aquello tomó por sorpresa a la jovencita por un momento. ¿Quién sería la dama merecedora de tales atenciones? En su mente caviló sobre para quien sería el presente.

Bianca: Tal vez sea para Korrina, después de todo es su prometida. Pero ella ya tiene a Mega-Lucario, así que no creo que sea para ella. – Descartó la idea. – Podría ser Serena, ella ha estado enamorada de Ash desde que eran niños. – Pensó en otra posibilidad. – Pero hasta donde se Ash no lo sabe, así que no tendría sentido que le comprara un regalo. – Nuevamente desecho la idea. – Podría ser que vaya a corresponder a los sentimientos de Alexa, después de todo ella es una mujer muy sexi y que gusta de él.

En su mente seguía repasando las posibilidades hasta que el chico la sacó de su trance.

Ash: ¿Esta bien señorita? – Preguntó preocupado a la achica que había dejado de hablar por un minuto entero.

Bianca: Si si, estoy bien. Sólo pensaba que esa chica debe ser alguien especial para que estés haciendo algo así.

Ash: Pues sí, ella es una chica muy especial para mí y con quien guardo una promesa. – Dijo esbozando una sonrisa.

Por un momento Bianca tuvo un sentimiento nada agradable en el pecho, mas prefirió ignorarlo en pro de conseguir el presente para su amigo. Observando los accesorios, buscó alguna mega-piedra correspondiente a algún pokémon de Ash. Había algunas piezas que correspondían a las criaturas del moreno; había una sceptilita en un pañuelo, una garchompita en una hombrera, una lucarita en un brazal. Pero la que llamó más su atención fue una gardevoirita que yacía solitaria y sin accesorio en un pequeño cofrecillo.

Esperanzada en que Ash no se hubiese aprendido el nombre de cada objeto a la venta, rápidamente tomó la caja y la cerró.

Bianca: Quiero llevarme esto. – Le mostró la caja cerrada junto al letrero que indicaba el nombre y precio.

Ash: A ver, intentó tomar el objeto, más la chica se le adelantó y en su lugar le dio el letrero.

Bianca: Aquí está el precio. Me gustaría llevármela si no te importa. – Se apuró a decir.

Ash: Cla… claro. – Se extrañó por el comportamiento de esta.

La chica pagó por el artículo y buscó retirarse lo más pronto posible, mas no contaba con que Ash la tomaría de la mano, frenando su huida.

Ash: Espera por favor. – Le pidió intensamente. – Yo… yo… yo quisiera saber su nombre.

La pobre estaba en un aprieto. Por algún motivo Ash deseaba conocer su identidad. Obviamente no podía decir que la identidad de esta chica morena era su buena amiga Bianca. Y lo peor era que, por el rostro persistente del muchacho, este no la soltaría hasta tener una respuesta satisfactoria.

¿?: ¿¡Qué estás haciendo muchacho!? – Gritó irritado una grave y anciana voz.

Ash ni siquiera pudo reaccionar antes de que un fuerte martillazo cayera sobre su dura cabeza. El responsable, un hombre bajito de unos 50 años, de facciones toscas, gran barba larga y rubia; vestido con un overol naranja de trabajo, con la parte superior atada a la cintura, dejando su torso expuesto solo con una camiseta.

Ash: Se… señor Lindholm ¿Qué hace aquí? Pensé que aún estaba fabricando lo que encargué.

Bianca aprovechó aquella oportunidad para soltarse del agarre de Ash.

Bianca: Lo siento pero tengo que irme. Tal vez nos veamos otra vez. – Dicho eso, huyó del lugar.

Huyendo de ahí, se encaminó a toda velocidad al centro pokémon para quitarse el maquillaje y volver a su apariencia normal antes de que iniciase el festival.

- Con White. -

A diferencia de sus familiares y amigo, quienes no sabían exactamente que obsequiarles a sus compañeros pokémon, White sabía perfectamente lo que daría y a donde dirigirse para conseguirlo; su destino, la boutique de artículos pokémon. Entrando al negocio, quedó maravillada con la cantidad de ropa y accesorios que tenían para los pokémon.

Estantes, colgadores, repisas y vitrinas, estaban repletas de ropa y accesorios para cualquier pokémon que existiese. Había secciones para pokémon de forma humanoide, para los cuadrúpedos pequeños, las criaturas en forma de serpiente, etc.

White: Vamos chicas, tenemos conjuntos que probar. – Dejó salir a sus pokémon.

Acomodando a la pequeña Bubu, a Fennekin, Flabébé, Emolga y Maria en fila, las llevó a los probadores donde les probó conjunto tras conjunto. A pesar de lo que cualquier animalista podría creer, a los pokémon de White le encantaba ser vestidas con diferentes prendas y accesorios.

Detenidamente, White recorrió cada rincón de la tienda, seleccionando los adornos perfectos para sus criaturas. La jovencita duró un rato probando diferentes conjuntos, uno tras otro, en sus pequeñas amigas.

Lamentablemente, las cosas no saldrían como esperaba. A pesar de haber encontrado objetos muy bonitos y comprar algunos de estos, no se sentía enteramente satisfecha. Independientemente de la lindura de los artículos, no se deshacía del sentimiento de que estos no iban del todo con sus pokémon.

Saliendo de la tienda, decidió ir a una pequeña cafetería a meditar. Claro que no contaba con que, en el camino se encontraría una escena de lo más inverosímil. Frente a ella estaba su prima vestida en ropas extrañas y tropicales, moviendo las caderas en una danza e incitando a los transeúntes a que pasaran a ver un producto.

Pensando en que pudiese ser solo una mala pasada de sus ojos, se acercó a comprobar, más el acortar la distancia sólo comprobó que se trataba de ella.

White: ¿Bianca? – La llamó, incrédula de que su prima estuviera ahí, haciéndole de bailarina.

Su prima se volteó, quedando blanca por, al parecer, haber sido descubierta en tan embarazosa actividad.

White: Hm hm hm hm. – Se aguantó la risa al verla en aquellas ridículas ropas. – ¿Qué traes puesto?

Bianca: No te rías. Lo que pasa es que quería un kit de Poké Relax, pero no encontré mi monedero en ningún lugar de mi bolso.

White: Debí imaginarlo. – Suspiró. – Siempre has sido una desorganizada.

Bianca: Por favor, tienes que hacer algo. No quiero que alguien más me vea así. – Suplicó.

White: Pero si te vez adorable. – Le pellizcó los cachetes a modo de burla.

Bianca: Por favor. Me daría mucha vergüenza si Ash me viera así. – Suplicó.

White: ¿Ash? – Se intrigó.

Bianca: Digo, también Mei, claro está. – Se apuró a corregirse.

White: De acuerdo, creo que puedo hacer algo por ti. – La tomó de la mano y se la llevo con ella.

A pesar de la queja del vendedor, White llevó a su prima al baño de un parque cercano.

Bianca: ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo puedes ayudarme? – Cuestionó preocupada.

White: Relájate. Sólo necesitamos cambiar tu apariencia un poco para que quedes lo menos reconocible posible. – Le dijo para relajarla.

De su bolso, White sacó un juego de maquillaje especial, pelucas y bases.

Pasados unos momentos, las chicas regresaron. Aquel vendedor quedó sumamente asombrado por el cambio de apariencia de la rubia.

White: Listo, con esto ni Ash ni Mei podrán reconocerte.

Bianca: Muchas gracias prima. – La abrazó fuertemente, zarandeándola de lado a lado.

White: Supongo que mi trabajo aquí está hecho. Suerte prima. – Se despidió de ella y siguió su camino.

Tras el duro trabajo de maquillar a su prima, decidió darse un pequeño descanso en un café de por ahí y pensar en lo que le hacía falta para su regalo.

White: Lo que compre está muy lindo, pero siento que mis pokémon podrían verse aún mejor. – Pensó mientras le daba un sobo a su bebida.

En eso, visualizó a nuestro protagonista, quien iba saliendo de una tienda cercana con bolsa en mano. Este al verla, naturalmente se le acercó.

Ash: Hola White. ¿Qué haces aquí? – Saludó a la castaña, tomando lugar en la silla frente a esta.

White: Pues estaba pesando acerca del obsequio para mis pokémon. – Contestó.

Ash: Pues parece que no tuviste problema. – Hizo la observación al notar la bolsa de la boutique.

White: Si, bueno. Encontré algunas cosas bonitas para ellas, pero siento que algo falta. – Le contó. – Es solo que no lose. Me gustaría darles algo más significativo.

Ash: Sabes, a mí me pasó algo similar. – Dijo tomándola por sorpresa. – Yo también quería darles un regalo y me la pasé buscando algo que le gustara a todos. – Comenzó a relatar. – Pero al final no encontré nada que me satisficiera.

Ash: Y cuando pensé que no podría encontrar nada, me encontré con Ramos. Él me dijo que no necesitaba pensar mucho en un regalo, pues lo que importa son los sentimientos que le pongas. Además, es posible que tus pokémon hayan adquirido un gusto tuyo al pasar tanto tiempo juntos.

White: Así que poner mis sentimientos en el regalo y que además sea algo que también me guste a mí. – Reflexionó dándole vueltas a su café con la cucharilla. – Honestamente, cuando seleccioné los regalos para mis pokémon, lo hice pensando en ellos y que nos gustara todas, pero aun así siento que no fue suficiente.

Ash: Tal vez algo comprado no sea suficiente para expresar lo que sientes por ellos. – Pensó. – en mi caso fui a conseguir el regalo con mis propias manos.

White: Con tus propias manos eh… – Reflexionó. – ¡Eso es! – Se levantó de golpe. – Ya se lo que tengo que hacer. Muchas gracias Ash. – tomó sus cosas y se retiró, dejando solo al muchacho.

Sabiendo lo que tenía que hacer emprendió rumbo a la tienda de telas más cercana. Allí consiguió listones, cuentas, encajes, telas y de todo lo que necesitaría para el proyecto que tenía en su cabeza.

White: Bien, con esto puedo hacer algo muy bueno. – Se dijo a si misma con satisfacción.

Mientras se iba de regreso al centro pokémon, pasó por una tienda de ropa, donde un maniquí, vestido con un delantal rosado, llamó su atención. Inmediatamente la imagen de su tierna hermana saltó a su mente.

White: Tal vez pueda hacer algo no solo para mis pokémon.

Entrando, lo primero que hizo fue pedirle a una encargada que le mostrase los delantales y de ahí escogió uno sencillo de color blanco. Con esa compra, pensó en retirare, más, cuando estaba ya en la caja, un segundo artículo captó su interés.

White: Disculpe señorita, también deme ese por favor. – Señaló el objeto en cuestión.

Satisfecha con su compra, la chica fue a toda prisa al centro pokémon. Al llegar a la institución médica, a chica se dirigió directamente a su habitación, encerrándose a cal y canto, pues tenía mucho trabajo que hacer y no quería ser interrumpida.

- Con Ash. -

Tras separarse de sus amigas, el chico de Kanto corrió a toda velocidad hacia el centro de la ciudad en búsqueda de algún regalo para sus pokémon. Entre lo más destacado que encontró en su recorrido; en una tienda encontró una especie de muleco de peluche en forma de Clefairy. En eso, el dependiente de la tienda se acercó.

Dependiente: Veo que le interesa nuestros mulecos pokémon. A la mayoría de los pokémon les encanta jugar con ellos e incluso algunos entrenadores los ocupan para distraer pokémon salvajes peligrosos y huir sanos y salvos. – Explicó su producto.

Ash: Tal vez este peluche les guste. – Se dijo a sí mismo. – No, no creo que sea del estilo de Sceptile, Frogadier y Doublade les agrade. – Reflexionó, devolviendo el muñeco a su lugar.

En la siguiente tienda decidió preguntarle a uno de los empleados por alguna recomendación sobre que adquirir.

Vendedor: Si quieres un obsequio para tus pokémon, no busques más; tenemos brazales firmes o cascos dentados, tal vez un muñeco de sustituto o una regadera en forma de Lotad. – Le pasó cada objeto mencionado y más, hasta que el peso de la enorme pila terminó derribándolo. - ¿Y cuál será su forma de pagó, efectivo o tarjeta?

Ash: Creo que luego pasó ay ay ay. – Se quejó de dolor.

En un local de aromaterapia observó algunos inciensos muy curiosos, así que fue a preguntarle a una empleada.

Empleada: Estos son inciensos especiales para ciertas especies de pokémon. Por ejemplo, este incienso marino, el cual es buen para relajar a los pokémon de agua o este que es un incienso duplo que se dice aumenta la suerte. – Explicó.

Aquellos objetos lucían muy interesantes, más sus efectos no funcionarían en todos los pokémon de Ash, lo que era lamentable.

Sin éxito en su empresa, nuestro héroe se dejó caer decaído en la banqueta.

Ash: Estoy confundido. – Se frustró. – No esperaba que fuese tan difícil escoger un regalo que hiciera felices a todos. – Su pequeño amigo lo consoló dándole palmaditas en el hombro.

Afortunadamente, Ramos, que iba pasando en dirección al gran árbol, lo vio.

Ramos: ¿Qué pasa jovencito? Te vez decaído.

Ash: Señor Ramos hola. – Lo saludó poniéndose de pie. – Lo que pasa es que no logro encontrar el mejor regalo para mis pokémon. He visitado varias tiendas ero no hallo nada que pueda hacerlos felices a todos.

Ramos: Ya veo, una decisión difícil sin duda. – Se llevó la mano a la barbilla. – Pero sabes, no creo que debas de mortificarte demasiado con eso, son tus pokémon después de todo.

Ash: ¿A qué se refiere? – Sus palabras lo confundieron.

Ramos: Tus pokémon te conocen y tú a ellos. Ellos no esperan algo muy despampanante, ese no es el espíritu de la festividad. Ellos sólo quieren que el regalo venga de ti. Así que por que no sigues tus instintos dejas que sea tu corazón el que escoja.

Ash: Wow, eso suena profundo. Muchas gracias Ramos. – Recuperó el ánimo.

Ramos: Por nada, después de todo ustedes considerar el escoger un regalo como parte de tu formación para entender mejor a tus pokémon y es mi deber como líder de gimnasio ayudar a los entrenadores. Ah y un tip para tu regalo; si tienes una relación cercana con tu pokémon estoy seguro de que algún gusto se les habrá pegado de ti o tú de ellos. Ahora, si me disculpas, tengo asuntos que atender para las festividades. – Dicho eso se retiró montado en su pokémon.

Con una nueva resolución, Ash tuvo una nueva visión sobre el regalo que podría darle a sus pokémon. Cavilando sobre que sería lo indicado, su estómago rugió de hambre. Ese fortuito evento encendió un foco en su cabeza.

Ash: ¡ESO ES! – Exclamó sonoramente, llamando la atención de los presentes. – He he he. – rio avergonzado y de inmediato fue al centro pokémon. – Enfermera Joy, dígame dónde puedo encontrar bayas. – Dijo de golpe, espantando a la mujer.

Claro que aquella mujer lo había tratado de las nalgas cuando fue difamado por J. J., pero en vista de que no tenía a nadie más a quien preguntarle, tuvo que conformarse con ella.

Joy: No hagas eso. – Expresó irritada, mas luego se relajó. – Si quieres encontrar bayas, generalmente te diría que fueras al mercado pero considerando que este día, probablemente muchas personas hayan ido ahí por los mismo, te aconsejo que vayas al bosque a las afueras ahí podrás hallarlas. – sugirió. – Te dibujaré un mapa de donde sé que se encuentran.

El muchacho tomó el objeto se encaminó a la salida.

Joy: Espera. – Lo detuvo. – Antes de que te vayas, quiero disculparme contigo por la forma en que te traté antes. A pesar de que todo lo que publicaron de ti era una mentira, yo lo creí ciegamente. – La mujer se inclinó en una pose de disculpa.

Ash: Por favor levántese. – Le pidió. – Acepto sus disculpas. Sólo espero que no vuelva a cometer el mismo error. – Afortunadamente para ella, Ash no era alguien rencoroso.

Joy: Déjame darte algo a manera de disculpa. – Fue a la bodega y regresó con un cesto grande con cintas para colgárselo en la espalda. – Con esto podrás recoger muchas bayas.

Ash: Muchas gracias enfermera. – Aceptó el canasto y se despidió para, ahora si retirarse.

Siguiendo el mapa de la enfermera, llegó a una arboleda, de donde cada uno colgaban bayas diversas. Para su sorpresa, mientras caminaba descubrió que no era el único que estaba en el lugar.

Ash: Mei ¿qué haces aquí? – La llamó, tomándola por sorpresa.

Mei: ¿Ash? – Se asombró ligeramente de verlo ahí. – ¿Pero tú que hace aquí?

Ash: Oye, yo pregunté primero. – Tuvo un punto.

La jovencita entonces, le explicó la causa de su presencia en ese lugar.

Ash: Entonces nos pasó algo parecido. – Sonrió rascándose la nariz. – Yo estaba quebrándome la cabeza sobre que darle a mis pokémon, cuando me encontré con Ramos. Él me dijo que siguiera mi instinto, así que pensé que a mi pokémon les gustarían las bayas. – Se giró un poco para mostrar un gran canasto de mimbre colgado en su espalda, con algunas bayas en su interior.

Mei: ¿Entonces qué te parece si me ayudas a conseguir los ingredientes y les entregamos esto como un regalo en conjunto? – Propuso.

Ash: Suena como una gran idea. Después de todo, si lo hiciera solo, no sé si escogería las mejore bayas.

El par se puso a trabajar, con los pokémon de Mei encargándose de localizar los frutos mas frescos, mientras que Ash y los suyos las recolectaban.

Pasada una hora de arduo trabajo, lograron llenar el cesto hasta el tope.

Ash: Creo que con esto es suficiente. – Dijo satisfecho consigo mismo.

Mei: Regresemos al centro pokémon.

El par caminó rumbo al centro médico complacidos por su botín obtenido. Durante el trayecto, Ash aprovechó para tomar un par de bayas y devorarlas en un instante.

Mei: Ash, no deberías comerte las bayas, son para los pokémon. – Lo regañó.

Ash: No puedo evitarlo, están deliciosas. – Se deleitó con los deliciosos jugos de las bayas. – En serio Swirlix y Noibat hicieron un gran trabajo reuniendo la fruta más dulce.

Mei: Debería agradecértelo, después de todo tú me entregaste a Swirlix.

Ash: Oye, lamento de verdad todo lo que… – No pudo continuar, ya que Mei selló sus labios con su índice.

La sensación de la delicada y suave piel de la niña sobre sus labios lo hizo acelerar sus pulsaciones y le provocó un rubor que afortunadamente Mei no notó.

Mei: Creo que ya pasamos por eso de pedirnos perdón entre nosotros. – Le guiño el ojo. – Pero quitando eso, el que me obsequiaras a Swirlix fue un lindo detalle. – Se paró frente a él, mirándolo directamente. – Nunca pude agradecerte apropiadamente por ello; así que gracias Ash. – Le dedicó una linda sonrisa.

Para nuestro protagonista, verla así era la mejor recompensa que pudo obtener.

No pasó mucho tiempo para que llegasen a su destino. Ash le dejó el cesto en la cocina, mientras ella se puso su indumentaria apropiada para cocinar.

Mei: Ahora es mi turo de poner manos a la obra.

Ash: Dime en que puedo ayudarte.

Mei: Lo siento Ash, pero tu trabajo termina aquí. – Dijo, extrañando a Ash. – Quiero que el regalo sea una completa sorpresa, así que no quiero que nadie lo vea hasta que esté terminado. – Se explicó.

Ash intentó convencerla de que le dejase ayudarle, más esta no aceptó e insistió en que se fuera.

Saliendo del edificio, nuestro joven héroe no sabía qué hacer con el tiempo que le quedaba, pues aún faltaba un rato para que atardeciera, así que decidió vagar por la ciudad a ver que había.

Mientras se dirigía al centro de la ciudad, una multitud llamó su atención, así que por curiosidad se acercó a ver.

Lo primero que notó fue a un sujeto haciendo la presentación de un producto. Por lo que llegaba a ver, se trataba de algún kit de relajación y embellecimiento para los pokémon. Por un momento, el chico pensó que ese hubiese sido un gran regalo para sus pokémon, pero ya había conseguido las bayas así que lo dejaría pasar.

Pero mientras oía la explicación, una bella visión lo atrapó. Junto al vendedor, una jovencita de cabellos castaños y vestido azul, fungía como edecán para atraer la atención de los pasantes y ayudar a hacer la demostración del producto.

La atención de Ash se enfocó en aquella morena, y no porque era una muchacha preciosa sin lugar a dudas, sino por un extraño sentimiento de familiaridad que surgía al verla. Tal era aquella inquietud que sentía, que le era imposible no mirarla de vez en vez.

Al final de la presentación, Ash aun seguía ahí viendo a la extraña. El sentimiento de familiaridad que tenía para con ella seguía presente, pero aún no podía entender por qué. En su banco de memoria no registraba el haberla conocido alguna vez. El deseo de ir a preguntarle su identidad era fuerte, más el pensamiento de que se vería como un acosador o peor aún, se vería como Brock.

Decidiendo que lo más prudente seria retirarse, se dio la vuelta, más no contaba con que su amiguito no tendría las mismas intensiones. Saltando de su hombro, Pikachu fue corriendo hacia ella y saltó a sus brazos, seguido por el muchacho que lo perseguía.

Ash: Pikachu ¿qué pasa contigo? – Preguntó consternado. – Discúlpelo señorita no sé lo que le… – Ash se detuvo un momento al tenerla al frente.

Al tenerla más cerca, su corazón se aceleró un poco y sus mejillas se sonrojaron levemente. Aunque Ash estuviera acostumbrado a ver chicas bonitas durante sus viajes, solamente una había logrado llamar su atención. Pero ahora tenía a esta chica, que además de ser bella, se le hacía enormemente conocida.

Vendedor: Oye, que le haces a mi edecán chico. – Le llamó la atención sacándolo de su trance. – Sé que es una preciosidad pero esa no es buena razón para acosarla.

Ash intentó explicarle la razón que tenía para quedársele viendo, más el vendedor no le creía ninguna palabra, atribuyendo su comportamiento a sus hormonas de puberto.

Vendedor: De acurdo chico, te creo. – Le dijo con condescendencia, obviamente sin creerle. – Solo toma a tu Pikachu y deja a la jovencita trabajar.

El sentimiento de incomodidad que el sujeto le ocasionó fue suficiente para lograr que Ash se retirara del lugar enteramente avergonzado.

Regresando al centro de la ciudad, Ash pensó en qué hacer con su tiempo. Fue en ese momento que la imagen de sus amigas se hizo presente.

Ash: Por supuesto, tenemos que conseguir los regalos para las chicas. – Le comunicó a su amigo en su hombro. Y así ambos fueron a revisitar las tiendas, ahora en busca de los presentes para sus amigas.

En su mente ya tenía una idea de lo que le regalaría a una de las chicas, así que se dirigió a una de las tiendas que había visitado antes por el artículo en cuestión. Y vaya que sería una coincidencia que, al salir del local se encontrara justo con la persona a la que le había comprado el regalo.

Ash: Hola White. ¿Qué haces aquí? – Se acercó a saludar a la castaña, tomando lugar en la silla frente a esta.

La castaña le contó acerca de su indecisión sobre los obsequios que había adquirido para sus pequeñas. Para su sorpresa, Ash se mostró empático con su predicamento, confesando haber tenido una situación similar.

Ash: Y cuando pensé que no podría encontrar nada, me encontré con Ramos. Él me dijo que no necesitaba pensar mucho en un regalo, pues lo que importa son los sentimientos que le pongas. Además, es posible que tus pokémon hayan adquirido un gusto tuyo al pasar tanto tiempo juntos.

White: Así que poner mis sentimientos en el regalo y que además sea algo que también me guste a mí. – Reflexionó dándole vueltas a su café con la cucharilla. – Honestamente, cuando seleccioné los regalos para mis pokémon, lo hice pensando en ellos y que nos gustara todas, pero aun así siento que no fue suficiente.

Ash: Tal vez algo comprado no sea suficiente para expresar lo que sientes por ellos. – Pensó. – e mi caso fui a conseguir el regalo con mis propias manos.

White: Con tus propias manos eh… – Reflexionó. – ¡Eso es! – Se levantó de golpe. – Ya se lo que tengo que hacer. Muchas gracias Ash. – tomó sus cosas y se retiró, dejando solo al muchacho.

¿?: *EJEM*. – Escuchó un carraspeo a sus espaldas.

Al darse vuelta, se encontró con un mesero.

Mesero: Buenas tardes joven, supongo que usted pagará por lo que consumió su pareja. – Le entregó la nota de lo que tomó White.

Ash: ¿Qué? ¡Oye White, espera! – Quiso llamarla, mas esta ya sea había retirado, por lo que nuestro héroe tuvo que sacrificar de su bolsillo.

Dejando el café, nuestro protagonista siguió explorando los locales. La mayoría de lo que veía no lo convencía como un adecuado regalo para sus dos amigas faltantes. Pero entonces, como el coro de los ángeles, una voz llamó su atención.

¿?: ¡ME LLEVA LA CHINGADA! – El potente grito se escuchó a varios metros a la redonda.

El dueño de aquella áspera voz era un hombrecillo de unos 50 año aproximadamente; de baja estatura, mas con una complexión robusta y musculosa. Sus facciones eran toscas, sus ojos pequeños y azules, su nariz ancha, su boca grande y una larga barba rubia, mismo color que su corta cabellera. Su vestimenta consistía en una camisa roja debajo de un overol grueso de mezclilla y botas de trabajo.

Al parecer este hombre se hallaba hablando por celular con alguien.

El explosivo arranque del sujeto hizo que todos los ojos se enfocaran en él, Ash incluido. Pero la atención del muchacho cambio rápidamente al notar lo que tenía este en su puesto.

En una lona en el suelo estaban colocados un montón de accesorios con mega-piedras incrustadas.

Los ojos del niño destellaron de emoción al ver tantas mega-piedras juntas y sin perder ni un momento, se acercó a verlas. Había piedras para varias especies diferentes de pokémon, incluso para algunos que el ya poseía en su equipo. Su deseo de adquirir una para sí mismo era grande, pero entonces notó que uno de los accesorios, un brazal para ser más específico, con un letrero que decía "absolita".

Viejo: ¿Te gusta? – Le habló el viejo hombrecillo, quien terminó su llamada. – Bienvenido al emporio de mega-piedras de Lindholm (cachen la referencia).

Ash: ¿Esta mega-piedra es para un Absol? – Se interesó. Aquel sería un gran regalo para Bianca.

Lindholm: Tal cual dice su nombre.

Ash: Me la llevo. – No tuvo que pensarlo dos veces. – Con esto Bianca podrá mega-evolucionar a Absol. Sólo le faltaría una… – Fue ahí que sus ojos vislumbraron algo especial. – ¿Es eso lo que creo que es?

A los pies del vendedor, en una caja, pudo ver un trozo de piedra con los colores del arcoíris y el logo de la mega-evolución en el centro. Gracias a que poseía una propia, Ash pudo saber de que se trataba.

Lindholm: Tienes buen ojo. Esto es una piedra activadora. – Le mostró el trozo de mineral sin forma.

Ash/¿?: La quiero. – Dijeron de golpe dos voces.

La segunda voz provenía de otro muchacho, quien también había hincado la mirada en el objeto.

Ash: Ni de broma, yo la vi primero. – Extendió la mano para tomar la roca, pero el otro chico hizo lo mismo y ambos acabaron sosteniéndola de extremos diferentes.

Chico: Lo siento amigo, pero no planeo dejarla. – Forcejeó con Ash por la piedra. – Voy a dársela a mi novia.

Ash: Ah sí, pues yo también la quiero para una chica especial. – Al igual que el joven, también forcejeó.

El forcejeo no parecía llegar a ningún punto.

Lindholm: A ver, denme eso. – Arrebató la piedra activadora de ambos. – Si la quieren, será mejor que encuentren una forma de decidir quién se la lleva.

Joven: Pues ya que estamos compitiendo por una mega-piedra, yo digo que resolvamos esto con una batalla. – Desafió.

Ash Me quitaste las palabras de la boca. – Aceptó el reto.

Cada uno se alejó un poco para tener espacio para la batalla.

Joven: ¡Ve Marowak! – Del orbe salió el pokémon cráneo de hueso.

Ash: Pues entonces yo iré con Pikachu. – El roedor saltó del hombro de su amigo y se puso en combate.

Joven: Un Pikachu. Ja, tenemos la ventaja Marowak. – Se confió. – ¡Marowak, hueso veloz!

El pokémon de tierra extendió su hueso y se lanzó al ataque.

Ash: ¡Esquiva con velocidad extrema! – Indicó. El roedor evitó el ataque desapareciendo momentáneamente, para luego reaparecer casi inmediatamente a espaldas de Marowak, dándole un sorpresivo contrataque.

Marowak se levantó y regresó a la ofensiva con huesomerang. Pikachu usó su cola para impulsarse y saltar sobre el hueso. El perder su arma dejó a Marowak abierto para recibir una cola de hierro de parte del roedor. Sin embargo eso no lo libró de recibir daño del regreso del hueso, pero era un precio bajo a pagar por infringirle un daño crítico a su oponente.

Por desgracia para él joven, se notaba su falta de experiencia en lo referente a las batallas pokémon a diferencia de Ash, quien ya había tenía bastante cayo en eso.

El pokémon de tierra se levantó, volviendo a la ofensiva ahora con una serie de ataques de hueso palo tan fuertes que lograron romper el suelo en cuanto Pikachu los esquivaba. El ratón eléctrico retrocedía a saltos ante cada sablazo lanzado por Marowak. Cambiando de ritmo, el pokémon de tierra volvió a extender su hueso y atacó con hueso veloz. El incremento de velocidad tomó por sorpresa al roedor, quien recibió un impacto de su oponente.

Pero ese sería el único golpe; la velocidad de los ataques de ese Marowak no se comparaba con la del Mega-Lucario de Korrina. Pikachu rápidamente usó cola de hierro y desvió el resto de los golpes.

Ash: ¡Termina con velocidad extrema! – Indicó. Pikachu obedeció y cargó con toda su fuerza, impactando y mandándolo a volar hasta estrellarse en un muro, quedando inconsciente.

Joven: Ma… Marowak, regresa. – Regresó al pokémon, tanto asombrado como deprimido. – Ganaste en toda ley chico, te mereces la piedra activadora. – Le extendió la mano.

Ash: Sin rencores. – Estrechó su mano.

Aquel joven se retiró, dejando el camino libre a Ash.

Ash: Muy bien señor, me llevaré la absolita con la piedra activadora.

Lindholm: Perfecto, sólo deja ponértelas en una caja para cada una y listo.

Ash: ¿Sería posible que pusiera la piedra activadora en un adorno bonito? – Pidió.

Lindholm: Lo siento chico, aquí no cuento con mi forja móvil para hacer eso y además no puedo dejar mi puesto en este momento. – Desairó al muchacho. – Lamentablemente mi hija se lastimó el brazo cuando desmontábamos unas cosas y ahora se encuentra en el médico. Así que no hay nadie que atienda el puesto para que pueda fabricar un accesorio.

Ash: Entonces que dice si yo tomo el puesto y así usted puede hacer el trabajo. – Propuso.

El viejo pensó acerca de la propuesta. Miró a Ash de pies a cabeza de forma analítica, mascullando algunas cosas en voz baja.

Lindholm: De acuerdo niño, tienes un trato. – Accedió. – Escucha, hacer el adorno no me tomará mucho tiempo, alrededor de dos horas. Por mientras tú te encargarás de atender aquí. No es muy complicado, todos los objetos tienen precio en la etiqueta, así que no deberías tener problema a la hora de cobrar. – Explicó sus funciones.

Ash: No lo defraudaré.

Lindholm: Por cierto, dime que adorno te gustaría más para la piedra activadora. – Le pasó un catálogo con los modelos disponibles. Ash le dio una checada y marcó con su dedo el que quería. – Ok, entonces me voy yendo. – Se despidió.

El rato que estuvo Ash como tendero pasó sin pena ni gloria. Hubo algunas personas que se acercaron a mirar y otras que compraron una que otra pieza. A decir verdad, se encontraba bastante aburrido, hasta que…

Bianca: Disculpe. – Llamó a nuestro joven tendero.

Ash: Si, ¿qué es lo que…? – Se quedó embobado al ver que, frente suyo, se encontraba la misma chica de apariencia tropical que vendía esos kits de poké-relax, desconociendo su verdadera identidad. – Yo… este… ¿Desea… desea comprar algo? – Tartamudeó.

Bianca: Yo quería ver algunas de las mega-piedras que vendes.

Ash: Cla… claro, eche un vistazo. – Se puso nervioso. Honestamente nunca esperó volverse a encontrar con aquella muchacha

Bianca: Dime, no aparentas ser un vendedor, ¿así que qué haces aquí? – La invadió la curiosidad.

Ash: Tiene razón, no soy un vendedor. En realidad estoy cubriendo al dueño de este local mientras hace un encargo que le pedí. – Aclaró.

Bianca: ¿Es para alguno de tus pokémon?

Ash: En realidad es para una chica. – Confesó.

Al decir eso, la chica se quedó pensativa en su lugar, preocupando al entrenador.

Ash: ¿Esta bien señorita? – Preguntó preocupado a la achica que había dejado de hablar por un minuto entero.

Bianca: Si si, estoy bien. Sólo pensaba que esa chica debe ser alguien especial para que estés haciendo algo así.

Ash: Pues sí, ella es una chica muy especial para mí y con quien guardo una promesa. – Dijo esbozando una sonrisa.

La sola mención de Bianca, trajo una ola de buenos acuerdos a la mente de Ash. Había sido gracias al dilema que ella tenía con su padre que recobrara su espíritu como entrenador. Y no solo eso; sin su valiosa ayuda jamás hubiera logrado derrotar a su primera mega-evolución.

Bianca: Quiero llevarme esto. – Dijo la ahora morena, sacando al chico de sus pensamientos. Lo que sostenía era una cajita de madera con la etiqueta de precio.

Ash: A ver, intentó tomar el objeto, más la chica se le adelantó y en su lugar le dio el letrero.

Bianca: Aquí está el precio. Me gustaría llevármela si no te importa. – Se apuró a decir.

Ash: Cla… claro. – Se extrañó por el comportamiento de esta.

Apurada, la chica le entregó el dinero mostrando prisa por irse. Al verla con esas intenciones, Ash no pudo aguatar el impulso por detenerla tomando su mano. Aquello ocurrió como si su cuerpo actuara autónomamente a su mente.

Ash: Espera por favor. – Le pidió intensamente. – Yo… yo… yo quisiera saber su nombre.

La necesidad de saber que era ese sentimiento que le provocaba era demasiado fuerte.

Lindholm: ¿¡Qué estás haciendo muchacho!? – Gritó irritado, tomando por sorpresa a Ash y haciendo que liberase de su agarre a la chica.

Ash ni siquiera pudo reaccionar antes de que un fuerte martillazo cayera sobre su dura cabeza, cortesía de Lindholm.

Ash: Se… señor Lindholm ¿Qué hace aquí? Pensé que aún estaba fabricando lo que encargué.

Lindholm: Vine porque tenía que conseguir unos materiales para el acabado mientras se enfriaba, así que vine de paso para asegurarme de que todo estuviera bien aquí. Y mira con lo que me encuentro, a ti coqueteando con una chica cualquiera. – Lo regañó. – Se suponía que lo que estoy haciendo es algo para, y cito, "una chica muy importante para mí", pero parece que solo eran palabras vacías.

Ash: Se equivoca señor, no estaba coqueteando con ella. Sólo quería saber su nombre porque algo en ella… bueno… no sé cómo explicarlo, había algo en ella que me daba una sensación de familiaridad a pesar de que no creo haberla visto antes. – Se explicó.

El rostro del hombrecillo no mostraba ninguna señal de creerle.

¿?: Papá, deja de molestarlo. – Una femenina voz vino en su auxilio.

De detrás del hombre apareció una señorita de unos 25 años; pelirroja, con cabello largo y vestida con una camiseta negra, jeans y botas. Y portaba un cabestrillo en el brazo derecho.

Lindholm: Pero Brigitte…

Brigitte: Pero nada papa. Siempre haces lo mismo. Por eso no tienes otros empleados a parte de mí. – Lo regaño. – Deberías confiar más en él.

Lindholm: De acuerdo muchacho, lo dejaré pasar solo esta vez. Pero si cuando vuelva te encuentro sin hacer tu trabajo, ni pienses en que tendrás la pieza que quieres. – Con esa amenaza, el diminuto hombre se retiró.

Ash: Muchas gracias. – Se dirigió a la mujer.

Brigitte: Llámame Brigitte. Y no te preocupes, mi papá puede ponerse algo intenso. – Excusó a su padre. – Lo bueno es que ya me pusieron el cabestrillo, así que pude venir a ayudarte.

Ash y Brigitte se pusieron entonces a continuar vendiendo las mega-piedras.

- Al atardecer -

El atardecer llegaba y era siendo tiempo de que nuestros jóvenes se reunieran.

En la cocina, Mei se encontraba dando los últimos toques al regalo de ella y Ash. Sus fieles pokémon, se encontraban ayudándola a pesar de que los presentes eran para ellos y ya o serian una sorpresa.

Mei: Lamento tener que pedirles que me ayudaran, no esperaba que me tomara tanto terminar todos estos. – Señaló cuatro paquetes perfectamente envueltos para regalo, siendo uno mucho más grande que los demás. – Solo falta que salga la última bandeja. – En eso sonó un timbre, que indicaba que el último lote estaba listo.

Sacando la bandeja del horno, el dulce aroma de unas galletas con chisas de chocolate blanco y negro inundó la habitación. La castaña procedió a empacar aquel lote en una cajita que envolvió en un papel decorado con corazones.

Mei: Con esto es todo. – Se dijo a sí misma, satisfecha.

Por otro lado, en la habitación que compartían las tres, White estaba pegada a una máquina de coser, dándole los últimos toques a su obsequio.

Gracias al consejo que le dio Ash, que en realidad era un consejo de Ramos, se dio cuenta que, para demostrarle a sus pokémon el cariño que les tenía, un regalo comprado no bastaba. Así que se puso las pilas y se decidió a modificar aquellos accesorios y vestimentas que adquirió para que se ajustaran a sus pequeñas.

Claro que esa actividad ya la había acabado hace mucho, por lo que en ese momento específico tenía toda su concentración era el decorado de aquellos artículos que captaron su atención en aquella tienda.

El tiempo corría y pronto seria la hora en que se vería con sus familiares y Ash, por lo que era imperativo apresurarse. Al estar finalizando el último de sus proyectos, un TOC TOC TOC se escuchó en la puerta.

Mei: Hermana, ya casi es hora. – Era la responsable del golpeteo, quien le visaba que se apurase.

White: Ya casi termino, adelántate si quieres. – Le dijo sin despegar la mirada de la máquina de coser.

Mei: De acuerdo, esperare a Ash para que me ayude con las cajas y nos iremos en cuanto llegue. – Avisó, dejando a su hermana a que terminase su trabajo.

En otro lugar, al mismo tiempo, Ash se encontraba impaciente a la espera de Lindholm. El entrenador había logrado vender junto con Brigitte toda las mega-piedras y ahora solo estaba aguardando a que el padre de esta le trajera lo prometido.

Al poco rato, llegó el hombre en un pequeño camión y le entregó a Ash una pequeña cajita con un moño.

Lindholm: Aquí lo tienes, toda una belleza si me permites decir. – Se echó flores.

Ash tomó la cajita y la abrió para admirar su contenido.

Ash: Esta increíble. – Quedó gratamente asombrado.

Brigitte: Vaya papa, te luciste esta vez.

Lindholm: He he he. Que puedo decir, cuando me lo propongo puedo hacer lo que sea. – Se ufanó. – Ahora chico, vete de aquí y dáselo a tu chica especial. – Le guiño el ojo en complicidad.

Ash: Si, gracias. – No entendió bien a lo que se refería. – Nos vemos. – Se despidió y se fue al centro pokémon.

Lamentablemente para el joven, aun no tenía un regalo para Mei y eso lo mortificaba. No soportaba la idea de volverla a decepcionar.

Subiéndose al andén del metro que lo llevaría al centro médico, fue sorprendido por una lluvia de globos y serpentinas.

Personal: ¡Sorpresa, felicidades! – Gritaron y aplaudieron el personal del metro.

Encargado. – Felicidades joven, usted es el pasajero numero mil de este día. – Los presentes y el persona aplaudieron a nuestro afortunado protagonista. – Y por ser la celebración del festival de agradecimiento, queremos darle un obsequio para usted o para ser lo de a alguien especial.

Ash agradeció por el obsequio dado y lo abrió para ver su contenido.

Ash: Es perfecto. – Sonrió al ver un regalo que sería ideal para Mei.

Por último, la integrante mayor del grupo, al conseguir el artículo que buscaba, se regresó al centro pokémon a quitarse el maquillaje, solo para entrarse de que se le había prohibido el acceso a su habitación, que ahora era la zona de trabajo de White.

La ex-güera por poco y cae en la desesperación, mas luego recordó que había otra habitación disponible. Sin que nadie la viera se metió en el cuarto de Ash y se metió a la regadera. El maquillaje corporal era difícil de quitar. Había sido una bendición que su prima le hubiese puesto uno tan resistente que no se cayera aun con el sudor del baile; pero en ese momento eso era una maldición, pues tenía que tallarse las partes maquilladas con toda su fuerza para que este se cayera. Así pasó dos horas completas hasta que al fin se deshizo de aquella capa de maquillaje.

Saliendo de la ducha, se cambió a su ropa original y bajó a la sala de espera. Ahí estaba su prima, esperando a Ash para que la ayudase. El aludido llegó corriendo al centro médico, agotado y jadeante por el esfuerzo.

Ash: Ya… ahh… llegue. – Dijo entre jadeos, pues al bajarse del metro vio en su reloj que estaba tarde, así que metió carrera para llegar al centro pokémon.

Mei: Me alegra que aparecieras. Necesitamos llevar los paquetes. – Señaló el gran paquete que era obviamente el regalo para los pokémon.

Ash: Seguro, solo dame un minuto para recuperar el aliento. – Pidió.

Mei: Claro, sirve que así esperamos a si mi hermana termina con su obsequio.

El concederle descanso al joven fue benéfico, ya que entonces White terminó y pudo bajar a reunirse con los demás.

El grupo salió del centro pokémon, sólo para encontrarse con una maravillosa vista. Las luces de la calle comenzaron a encenderse, junto con las luces decorativas que adornaban los edificios, postes y arcos de la calle principal. Todo eso convertía en un paseo lleno de luces y destellos titilantes que le daba un aire mágico.

Joy: ¿Por qué no dejan salir a sus pokémon para que también disfruten el paseo? – Les sugirió la enfermera, quien llevaba una clínica móvil con su Wigglytuff.

Los chicos aceptaron la sugerencia y dejaron salir a sus compañeros pokémon. Junto a ellos, caminaron por la calle en dirección al gran árbol. Al igual que ellos, todos los otros entrenadores y habitantes de la ciudad marchaban en compañía de sus amados amigos al mismo destino.

A las afueras de la ciudad, en la colina más alta se alzaba erguido el gran árbol de la promesa. Y su nombre no era para menos. Era tan alto como un edificio de 20 pisos y tan frondoso que fácilmente podría ofrecer una agradable sombra por todo un día entero.

En contraste con el resto de la ciudad, el árbol estaba aún sin iluminar, más sí decorado. Ramos se encontraba dándole instrucciones a un grupo de técnicos, quienes revisaban la instalación eléctrica para asegurarse de que no hubiera un corto circuito a la hora de encender las luces.

Joy: Atención a todo el público, se acerca la hora del evento, así que se les pide a los entrenadores que pasen a dejar sus obsequios bajo el árbol. – Avisó a los presentes por medio de un altavoz.

Las personas hicieron lo indicado y colocaron en orden sus regalos a los pies del árbol. Ash y sus amigas hicieron lo propio y regresaron con la multitud.

Joy: Veo que algunos de ustedes vinieron ya con sus pokémon. – Miró al grupo de protagonistas. – Los invito a que, el resto de ustedes, los dejen salir para que disfruten de las festividades.

Las pokébolas volaron y el cielo se inundó con los destellos de los orbes que liberaron a las criaturas. Un mar de pokémon apareció y se reunieron con sus entrenadores y familias.

Joy: Ahora, para iniciar con la celebración, tendremos unas palabras del líder del gimnasio local Ramos. – Presentó.

Todos recibieron con un aplauso al hombre, quien venía acompañado de su fiel Gogoat.

Ramos: Gracias a todos por su presencia. Es una bella vista la que tengo desde aquí, con tantas personas y sus compañeros pokémon. Todos ustedes ejemplifican perfectamente el espíritu de unión que aquel soldado y su fiel pokémon tenían, y con el que le regresaron la belleza y su color a un valle estéril por la guerra. – El público quedó conmovido por sus palabras. – Ahora, sin más preámbulos, ¡demos inicio con el festival de agradecimiento de este año! – Esa fue la señal para que el equipo técnico encendiera el interruptor de las luces.

El gran árbol se ilumino en una espiral ascendente desde la base a la punta. Ahora se había convertido en toda una torre de luz multicolor.

Ramos: Es momento de que todos entreguemos nuestras muestras de agradecimiento a nuestros pokémon.

El momento había llegado para el evento principal. Nuestros héroes sacaron los regalos que llevaban consigo, mientras que los pokémon se pusieron frente a sus entrenadores. La primera en pasar al frente fue White.

White: Chicas, ¿recuerdan que fuimos a comprar accesorios y ropas para ustedes verdad? – Las pokémon asintieron. – Pues no sentí como que fuera suficiente, así que decidí poner algo de mí en sus regalos. – Les presentó sus regalos.

La pequeña Bubu y Fennekin recibieron un par de moños color rosa con adornos de piedrecillas brillantes. Las pequeñas tipo fuego brincaron de felicidad y no perdieron tiempo en pedir que les pusieran las nuevas prendas.

La siguiente fue Emolga, quien recibió un vestido con franjas que se entrecruzaban en diagonal, de colores blanco, gris y amarillo y un moño del mismo color en la espalda. La ardillita revoloteó alegre por el presente recibido.

Las últimas en recibir regalo fueron Flabébé y María, obteniendo de su entrenadora un par de sombreritos de lana café con un moño del cual colgaba un dije en forma de estrella que color violeta. Cabe destacar que el gorro de María poseía una abertura e la parte superior para que esta pudiese sacar las hojas de su cabeza sin problema. En agradecimiento, ambas pokémon acariciaron las mejillas de White con las suyas.

Los demás pensaron que la casta había terminado, más esta tomó unas bosas de regalo del árbol se puso frente a sus amigos.

White: Estos son para ustedes. – Le entregó a cada quien una bolsa. – Quise aprovechar la oportunidad para darles esto, ya que hemos pasado por mucho juntos y honestamente, no creo haber tenido mejor oportunidad de viajar que con ustedes. – Expresó con cariño, sonriéndoles. – Excepto por las partes en las que casi morimos.

Ash: De hecho yo también tenía algo para ustedes. – Confesó.

Bianca: También yo.

Mei: Parece que todos pensamos lo mismo. Creo que eso muestra bien el lazo que nos une.

White: Pero bueno, ábranlos. – Comandó.

Estos obedecieron, siendo la primera Bianca en mostrar su regalo. A ella le tocó una especie de funda color mostaza con varios bolsillos en su interior.

White: Ese es un organizador. Lo pones dentro de tu bolso y así puedes guardar lo que necesitas en sus bolsillos. – Explicó. Aquel regalo era perfecto para una chica tan desorganizada como Bianca. – Así no volverás a perder nada. – La rubia respondió a ello con un fuerte abrazo acompañado de varios "gracias"

La siguiente en pasar fue Mei, quien recibió un delantal blanco con decorados en encaje, la leyenda "Best sister ever" con un corazón cocida a la altura del pecho y las imágenes de un Toguepi en la parte inferior y un Pichu y un Petilil en la zona media.

White: Pensé que sería bueno para cambiar tu viejo delantal. – La menor del grupo apenas si pudo contener las lágrimas ante el bello regalo, claramente hecho a mano, y al igual que Bianca, envolvió a su hermana en un abrazo.

El último en abrir su regalo fue Ash, quien se sorprendió con lo que le dieron. Era una gorra blanca con roco, colores reminiscentes a los que usaba cuando viajó por Kanto, con un diseño de una L color verde invertida en la esquina superior izquierda y otra L del mismo color puesta al revés en la esquina inferior derecha (diseño tomado de la película "Pokémon yo te elijo").

Ash: Esta buenísima. – Se quitó su actual cachucha para ponerse la que le dieron. – Nunca me le quitaré. – Le dedicó una de sus sonrisas.

White: Ha ha, por favor no lo hagas. Necesitas lavarte esas greñas de vez en cuando. – Bromeó. Aun así, sintió una dicha al ver al chico usando con tanto gusto el diseño que ella preparó. Hasta podría decir que se lucia encantador.

La iniciativa de White motivó a su hermanita a ser la siguiente en ofrecer su obsequio.

Mei: Sigo yo. ¿Ash, me ayudarías? – Pidió. El muchacho hizo caso y trajo el gran paquete al frente. – De hecho este es un regalo de mi parte y de Ash. Él consiguió los ingredientes y yo me encargue de prepararles estos.

Ash removió la tapa de la caja, la cual se desarmó, revelando una pila enorme de macarrones. A todos los pokémon se les hizo agua la boca al ver los tan apetecibles postres.

Mei: Adelante, hay suficiente para todos y ustedes también pueden comer. – Le dijo a todos los pokémon, incluyendo los de sus familiares.

Al es cuchar eso, inmediatamente todas las criaturas se abalanzaron sobre los postres, deleitándose con su exquisito sabor. En su interior, Ash agradeció de no haber tenido en su equipo a Snorlax en ese momento, pues estaba seguro que con él presente, la comida no hubiese alcanzado para todos.

Mei: También hice algo especial para ustedes. – Entregó al grupo algunos envoltorios con galletas. Cada envoltorio era diferente; el de White tenía un diseño de estrellas y traía galletas con chispas de chocolate, el de Bianca era de caritas de Pachirisu y contenía unos brownies y por último el de Ash tenía un diseño con corazones y en su interior había galletas en forma de corazón rellenas de mermelada de bayas diversas.

La pequeña había puesto mucha dedicación para ofrecerle sus dulces favoritos a cada uno.

White: Momento ¿por qué las galletas de Ash se ven más elaboradas? – Dijo notando que las de él eran las únicas con una forma específica, mandándole una mirada inquisitiva.

Mei: Bueno… lo que pasa es que… como eran las ultimas que hacia quise ponerme un poco creativa. – Se excusó.

White: Hmm… De acuerdo. – Le creyó.

Bianca: Ahora me toca a mí. – Risueña tomó su regalo y lo mostró a sus pokémon. – Este es un kit de relajación para ustedes. – Las criaturas se mostraron confundidas. – Este kit trae artículos para peinarlos, limpiarlos, relajarlos y curarlos de algunos males tras una batalla. – Explicó. – Y también puedo hacerlo con los de ustedes. – Le dijo a los jóvenes.

Para ilustrar mejor su explicación, Pachirisu se puso de voluntaria para recibir las atenciones de su entrenadora, quien la cepilló y limpio frente a ellos. Al terminar, la ardillita lucia contenta y relajada.

Las hermanas eléctricas no perdieron la oportunidad para ir a lucirse frente a Pikachu. Una modelando su nuevo atuendo y la otra mostrando su sedoso pelaje. El roedor amarillo elogió en su lengua la apariencia de ambas, recibiendo como recompensa que estas se le lanzasen encima y lo llenaran de besos.

Los humanos solo rieron ante la escena frente a ellos. Mientras, Bianca sacó los presentes para los demás

Bianca: Y estos son para ustedes. – Les entregó 3 cajas a sus amigos.

White abrió a suya, que era la más pequeña, recibiendo unos aretes con un cristal igual a la gema de Diancie.

White: Gracias por esto. Los usaré en el próximo concurso.

La siguiente fue Mei, a la que le tocó recibir unos guantes de cocina color café y con estampados de conchas de Oshawott.

Mei: ¡Están fantásticos! Ya me hacían falta unos para cuando horneara. – Exclamó.

El último nuevamente fue Ash, quien al abrir su regalo se encontró con algo bastante curioso. Se trataba de un prendedor con moño azul. Aquello sería un presente nada acorde para un varón, si no fuera porque el objetivo no era que él lo usara. Y eso lo supo al momento de ver en el centro del moño, una piedra cristalina y redonda que reconoció de inmediato.

Ash: Esto… esto es una mega-piedra.

Bianca: Pues tu sabes, por ahí. – Dijo negándose a revelarle como la consiguió. – Esta es una gardevoirita para cuando Kirlia evolucione.

Ash: No sé qué decir… esto es… wow. – Quedó sumamente halagado con el regalo. – Esto significa mucho.

Ambos se quedaron mirando el uno al otro, envolviéndose en una agradable atmósfera.

White: Bueno bueno, ¿y qué hay de ti Ash? – Preguntó sacando a ambos de su trance.

Ash: Oh sí. – Espabiló. – Bueno, en el caso de mis pokémon, pues Mei y yo compartimos el regalo. – Miró a su equipo, quienes ya tenían la panza hinchada de acabarse los postres. – Pero si tengo algo para ustedes.

Del árbol, nuestro héroe tomó unas cajas.

Ash: Esta es para ti. – Le pasó su regalo.

Al abrirlo, White se encontró con un muñeco pokémon de un Clefairy. Al ser Ash era de esperarse que su regalo tuviese que ver con pokémon.

En cuanto lo vio, María quedó enamorada del peluche a tal grado que saltó de los brazo de la castaña para ponerse a jugar con él.

White: Ooowwww mira como le gusta. – Dijo encantada, cual madre al ver a su hija. – Gracias Ash, fue muy lindo de tu parte.

Ash: Pensé que como Petilil es aún una bebé, le gustaría tener algo con qué jugar.

White: Y diste en el clavo. Creo que con tu experiencia cuidando a pokémon bebes serias un buen padre algún día. – Comentó.

Aquella oración hizo que las féminas imaginaran a una versión más adulta de Ash con un bebé en sus brazos y sonriéndoles cálidamente.

Ash: Pues gracias. – Contestó ignorante de lo que circulaba por la mente de ellas. – Pero tú también estás haciendo un buen trabajo con Petilil. Seguro que, de seguir así, serás una excelente madre. – Comentó logrado que a White se le subieran los colores.

Ahora fue turno de la menor del grupo. A ella le tocó aquella cajita que Ash recibió. Al abrirla, la castaña encontró un relicario dorado con forma de corazón.

Mei: Ash ¿esto es para mí? – Preguntó incrédula ante tan increíble regalo.

Ash: Por supuesto. – Contestó con una sonrisa. – Anda, déjame ayudarte. – Tomó la cadena con el relicario y se lo colocó a Mei.

Mei: ¿Me queda bien? – Preguntó algo nerviosa y apenada.

Ash: Te vez perfecta. – Alzó un pulgar en señal de aprobación.

El último regalo fue el de Bianca. A ella le tocó una caja algo más grande que las demás, en cuyo contenido estaba el brazal con la absolita y, además, un hermoso brazalete de plata con diseños de pokémon hada, un Sylveon, un Toguetic y un Floette; y en su centro estaba incrustada la piedra activadora (diseño basado en los juegos de OR/AS).

Bianca: Ash, esto… esto es… – Ahora fue el turno de ella de quedarse sin palabras. – Gracias. – Se lanzó a darle un enorme abrazo.

El par permaneció abrazado, ignorando completamente la presencia de todos los demás; perdiéndose en su propio mundo. Ni siquiera las voces de Bianca o Mei lograron sacarlos en esta ocasión.

Para Ash, la suavidad del cuerpo de Bianca, acompañada por su esencia natural, le provocaban el deseo de quedarse así y no soltarla. Por su parte, la rubia tenía una sensación similar al tener los brazos del muchacho rodeando su cuerpo.

No fue hasta que un fuerte estruendo acompañado de un resplandor fuese lo que los sacó de su mundo. La pareja volteó a ver al cielo para contemplar una lluvia de fuegos artificiales que iluminaron el cielo con diferentes destellos de colores.

Ramos nuevamente se paró en el escenario.

Con esto la ceremonia de entrega de regalos de este año ha terminado. – Anunció. – Pero esto no ha terminado. Es hora de dar inicio a la fiesta.

El líder de gimnasio bajó del escenario y una banda ocupó su lugar, indicando que la celebración duraría toda la noche.

Ash: Saben algo. – Llamó la atención de sus amigas. – Yo también quiero hacer una promesa. Quiero prometer bajo este árbol que seguiremos juntos en nuestro viaje y que las apoyaré en todo con todas mis fuerzas. – Extendió la mano al frente.

Bianca: Yo también. Quiero seguir recorriendo las regiones contigo Ash. – Puo su mano sobre la de él.

Mei: Y yo.

White: Pues yo también me incluyo, después de todo alguien tiene que ser la voz de la razón.

Bajo el árbol de la promesa, el cuarteto reforzó los lazos de amistad y compañerismo que tenían y profundizaron aquellos sentimientos que tenían entre sí.

Mei: Y que estamos esperando, vamos a bailar. – La niña tomó el brazo de Ash y lo jaló a la improvisada pista de baile.

Bianca y Mei pronto se les unieron.

Toda la noche, el grupo disfrutó de todo lo que la fiesta tenía para ofrecerles. No fue hasta altas horas de la madrugada que regresaron al centró pokémon. Cada quien cayó rendido en su cama, dejando que el sueño los dominase esperando ansiosos a la mañana, pues sería entonces cuando el gimnasio reabriría y Ash y Bianca irían por su siguiente medalla.

Y aquí termina la historia de hoy, espero que la hayan disfrutado.

Esta vez seré breve en la despedida. Solo comentaré que espero que me haya salido bien este experimento y espero sus críticas. ¿metí mucho ship o muy poco? ¿el repetir diálogos fue exesivo? Ustedes díganme para que, cuando haga otro de estos caps me salga mejor.

Y yo me despido no sin antes recordarles que cualquier duda, queja, comentario sugerencia serpa bien recibidas.

PD. ¿Quieren que haga la película de hopa o no? Ahí me dicen.