Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation, no hago esto con fines lucrativos.
Imagen 283: Chica a horcajadas en regazo de chico, propuesta por mí.
Personajes: Daisuke y Miyako.
Número de palabras: 503
Cuenta Regresiva
Demasiado Miyako
—¿Q-qué crees que haces?
Daisuke sabía que Miyako podía ser impredecible a veces, que en realidad lo era la mayoría del tiempo.
Demasiado intensa, demasiado chillona, demasiado impulsiva. Siempre demasiado.
Pero si alguna vez la había entendido menos que en ese momento, no conseguía recordarlo.
Estaban en su habitación, discutiendo como era habitual en ellos. Él le había dicho algo de que se vestía como abuela, no estaba muy seguro. Generalmente con ella las palabras se le salían solas de la boca. No pensaba, solo disparaba a matar.
Todo iba muy normal hasta que Miyako dijo que le demostraría que podía ser seductora, que podía gustarle a un bobo como él. Acto seguido se le subió el regazo, con su cabello, que Daisuke no recordaba que tuviera tan largo, balanceándose sobre sus caderas mientras se acomodaba ahí, en ese punto que él comenzaba a sentir caliente.
Todo lo que pudo hacer fue echarse para atrás y tartamudear como idiota. Nada de lo que hizo a la chica desistir de sus intenciones.
—¿No sientes nada? —preguntó ella.
—Te volviste loca. ¡Quítate de encima!
—No. No hasta que reconozcas que puedo gustarte.
Empezaron a forcejar y sin querer la empujó, haciéndola caer al suelo.
La chica lo miró herida, profundamente herida, antes de levantarse sola y marcharse como un huracán. Daisuke presintió que no había sido por el golpe precisamente.
La siguió hasta afuera del departamento, para variar sin pensar.
—¡Miyako!
—¡Déjame! —gritó sin detenerse. Por su voz debía estar llorando. Se limpiaba los ojos con el dorso de una mano cuando Daisuke bruscamente la detuvo del otro brazo en mitad del pasillo y la giró—. ¿Ahora qué quieres? —Por mucho que lo intentó, no logró contener un hipido.
—Eres una tonta, ¿lo sabías? ¡No respondas! —La conocía tanto que hasta se pudo imaginar las palabras que estuvo a punto de decir—. ¿Querías que te dijera que me gustas? ¡Pues lo haces! Pero no porque te me subas encima como un animal. Tampoco sé por qué. Solo me gustas y estaba intentando no herir tus sentimientos. Que no pensaras que tienes que hacer esas cosas para gustarme. Pero debo ser muy idiota porque tal parece que siempre te lastimo de todas formas.
No supo de dónde salió todo aquello, pero para cuando acabó, Miyako lo miraba sorprendida y a él le entraron ganas de volverse diminuto y esconderse debajo de una piedra.
—Tienes razón, eres un idiota... —Aquel comentario le dolió al chico más de lo usual. Le costó encajarlo entre las costillas—. Pero supongo que deben gustarme los idiotas, ¿verdad? —Ese otro no se lo esperaba, ni menos el beso que vino después.
Ya lo había dicho. Con Miyako todo podía tornarse impredecible. Pasar de frío a cálido en un segundo y viceversa. Pero eso ni siquiera era lo peor. Lo peor era que lo volvía también a él impredecible. Así podía acabar haciendo cosas que en otro momento no hubiera hecho ni de broma. Podía, por ejemplo, corresponderle el beso.
23 de noviembre del 2017
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