NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.

Lamento la tardanza, pero aquí les traigo el nuevo capítulo de Avatar.

Revisión de Comentarios:

Nikolas Sur: como podrás leer, Aang no muere.

Daari: perdón por hacerte esperar, y no, Katara no va a tener ningún aborto, pero sí algunos cambios emocionales que no detallaré. No se pauren por Mai y Zuko, ellos serán felices más adelante, y creánme que Momoko sufrirá muchísimo.

Bronkaloka: ¡Ah, con que eras tú! que bueno que me dices, así podré mandarte mensajes ^^

lizmi: me alegra muchísimo que te guste :)

SammyKataangTwilight: procuraré no hacerlo, pero no prometo nada.

nisseblack: por el momento nada, pero sufrirá (se frota nerviosamente las manos mientras ríe maléficamente)

yesica: creo que no debí dejar ese adelanto ¡Aang no muere!

Gabriel Sosa: "escritora" ^^ Me alegra que te gustara el fic y, para responder a tu comentario; la idea es precisamente que Katara parezca débil y no sólo ella, si no todo el Equipo Avatar, no porque no sean buenos maestros, si no porque se confiaron en sus años de paz y dejaron de practicar arduamente como lo hacían antes. Esto marcará mucho el carácter de ellos a partir de ahora y me percato de que escribo bien cuando me dices que notaste la disminución de poderes en los personajes. Pero no te angusties, que al final volverán a ser los mismos y con su esplendoroso poder. Gracias por ese comentario, me gustó bastante :)

lucecita11: no es mi intención enfermarte ¡lo siento!

cindy williams black: eso lo verás más adelante, don´t worry, be happy please.

Y muchas gracias a todos los que leen mis historias, aunque no comenten ¡Los Hits animan bastante también!

AVISO IMPORTANTE AL FINAL.


Capitulo 37

Invasión, Parte 2: Venganza.

El barullo provocaba intensos ruidos que súbitamente hicieron despertar a Katara. Abrió los ojos y se sintió algo mareada, pero supo reprimir el vértigo para pararse rápidamente en una acción casi automática. Veía borrosamente, figuras que se difuminaban sin que pudiera encontrarles forma específica.

Tuvo que parpadear varias veces para que aquella mancha rojiza finalmente se mostrara cual era; unas intensas llamas que se alzaban desde trozos de madera en el suelo hasta el la fachada más alta del Palacio, escalando para llegar al cielo, mientras la nube de humo negro oscurecía todo el rededor cual cortina protectora del enemigo.

Se encontraba en el patio trasero, ahí estaban miles de soldados de la Nación de Fuego enfrentándose a encapuchados de negro, algunos eran Maestros, otros eran espadachines, otros más usaban flechas o dagas, y así había miles.

-¡Katara!

Anonadada, ella no se había percatado de que estaba estática, parada cual estatua en el umbral que conectaba el patio con el ala este del Palacio. Volteó hacia la voz que le hablaba, encontrando a Sokka, peleando contra dos espadachines usando su propia espada espacial.

-¿Sokka?

-¡Al fin despertaste!—exclamó Toph, que usaba su tierra control para proteger a un inconsciente Mamuro.

-¿Qué pasa?

-¡Nos atacan!

Apenas iba a decir algo más, cuando sintió un golpe en la espalda que la tumbó. Era un látigo de agua. Katara rápidamente se paró para encarar al Maestro Agua que la quería enfrentar. Éste era un chiquillo con máscara plateada, tenía dos serpientes de agua en sus manos.

Katara lo analizó, seguramente podría vencerlo en no más de diez minutos. Corrió hacia la fuente de donde sacó tres látigos de agua, lanzándolos simultáneamente a su enemigo. Pero, como si fueran simples serpentinas, el guerrero las esquivó y saltó, dejando caer desde el cielo centenares de dagas de hielo.

Katara usó un escudo de hielo donde rebotaron todas las dagas, haciéndolas agua nuevamente para hacer una sola y filosa espada que le lanzó al guerrero. Éste, como si ya se lo esperara, cayó grácilmente en el suelo y con un solo movimiento, detuvo el ataque de la morena.

Asombradísima, Katara tuvo que crear dos remolinos que intentaran al menos hacer retroceder a su agresor, pero descubrió con horror que éste pudo congelarlos y lanzar enormes esferas de hielo hacia la chica, quien apenas y pudo esquivarlas.

¿Qué le pasaba? ¡Estaba peleando patéticamente! Se obligó a concentrarse más; miró a su enemigo, éste creaba una serpiente de agua inmensa. Katara formó hielo alrededor de sus pies, para quedar firme, mientras alzaba a su vez grandes chorros, lista para contraatacar. Bajo un grito de guerra, el soldado de máscara plateada lanzó su serpiente.

El estridente ruido de las espadas chocando una contra la otra, fue opacado por el agudo chillido de Katara. Ella, que intentara bloquear aquel ataque usando dos torrentes de agua congelada, fue brutalmente golpeada por su propio elemento. El hielo que sostenía sus pies se rompió ante la fuerza del impacto, y la morena cayó al suelo inconsciente por el dolor.

Así, desmayada, su cuerpo fue alzado por el agua bajo movimientos rápidos del guerrero, que dejó congelada a la Maestra Agua en un enorme bloque de hielo.

-¡NO!—Gritó Sokka.

El guerrero de máscara plateada, finalizada su labor, saltó hacia las fachadas del Palacio y ahí se escabulló hacia sepa Dios qué parte.

Sokka, nervioso y preocupado, miró el enorme ice berg donde yacía su hermana, Katara seguía inconsciente, sumida en un sueño perpetuo del que despertaría sólo al ser descongelada ¡La mejor maestra agua del Polo Sur, prisionera de su propio elemento! qué humillación.

Apenas Sokka había volteado para ver a Katara cuando recibió una estocada en el hombro. El chico llevaba años sin practicar debidamente la espada y tener tantos contrincantes lo ponía en clara desventaja.

Herido en su físico y orgullo, Sokka golpeó con el filo de su espada a todos los guerreros, aprovechando aquel movimiento para saltar hacia los pilares del Palacio. Arrinconado en el hueco del techo, nadie le veía y los espadachines finalmente se fueron. El patio quedó solo. Solamente el bloque de hielo, cadáveres, y trozos de madera que se quemaban junto con el Palacio.

Toph, con Mamuro, permanecían en una esquina, sin que nadie les prestara atención. Sokka rasgó sus telas para hacerse un torniquete alrededor de la herida ¡Hacia mucho que no curaba ni una! Recuperó la respiración y se calmó un poco, antes de saltar nuevamente hacia el patio. Toph fue hacia él, Mamuro (que se acababa de despertar) se paraba lentamente.

-Capitán Boomerang ¿Acaso estás herido?—preguntó la chica ciega.

-¿Cómo lo sabes?

-Siento una parte de tu cuerpo más caliente, eso normalmente pasa cuando se está sangrando.

-Pues sí, estoy herido, pero no es nada.

Mamuro estaba ya con ellos, y miraba asombrado el hielo donde reposaba Katara. Tenía una espada en la mano, firmemente empuñada, de la que Sokka no despegó su vista.

-No sabía que practicaras con la espada—le dijo.

-Casi nadie lo sabe, salvo mis padres. Fue mi papá quien me entrenó—Sokka asintió. Era señal de prudencia guardar en secreto el manejo de tan celoso y peligroso arte.

-Debemos sacar a Katara del hielo.

-¿Cómo, la Reina del Azúcar está prisionera en hielo? ¡Ja! No me la creo.

-Si lo está, pero no se cómo sacarla.

-Apenas un Maestro Agua—dijo Mamuro.

-O dos espadas filosas.

Los dos hombres sonrieron, mientras comenzaban a golpear con sus armas y a toda fuerza aquella prisión de la morena. Los golpes no servían para romper tanto hielo, pues estaba demasiado duro, pero las constantes y bruscas vibraciones terminaron por despertar a Katara de su inconsciencia. Sorprendida, la chica se encontró suspendida en su propio elemento y, con firmeza, consiguió descongelarse. Aquello le costó mucho más trabajo del que recordaba haberle costado descongelarse con Azula en aquella batalla, cinco años atrás.

Ya en el suelo, sobre un enorme charco de agua, comenzó a toser, debido a que sus pulmones llevaba ya casi quince minutos sin oxígeno. Respiró hondo varias veces antes de pararse.

-¡Oh, maldición! Me ganó.

-no te sientas mal—dijo Sokka, ayudándola para que se parara—A mí también me ganaron.

-Gran consuelo, hermano mío.

Cyaó entonces cerca de ellos un pilar incenciado.

-Deberíamos irnos de aquí.

-¿Tú crees?

-Appa…. Lo están cargando… son Zuko y no sé quién más, creo que Mai—dijo Toph—están en el patio oeste ¡Nos esperan!

-¡Debemos ir rápido hacia ellos!

-Vayan ustedes—dijo Katara—Debo ir por Aang.

-Toph, mira con tus pies ¿No está con Appa?

-No—respondió la Bandida Ciega, a lo que Sokka resopló.

-Voy por Aang—repitió Katara—Nos veremos allá.

-¿Segura?

-Claro, váyanse ya.

Sokka, renuente, se fue con Toph y Mamuro hacia el patio oeste, corriendo sigilosamente para que nadie los viera. Katara se adentró al Palacio, buscando la habitación del joven Avatar.

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El sonido de las constantes explosiones solamente alteró cada vez más los nervios del herido y convaleciente Avatar. Necio, como a veces podía llegar a ser, se paró y caminó lo más erguido que pudo, ignorando las punzadas de dolor en su vientre debido al golpe de Momoko. Aún le costaba creer y dolía más descubrir que su pupila era una traidora.

Ya parado de la cama, intentó caminar hacia la puerta, cuando apareció una silueta enfrente suyo. La reconoció de inmediato, pues esa petulante sonrisa en labios rojos carmesí, con ojos amarillos que proyectan superioridad, es imposible de olvidar.

-Mi querido Avatar ¡Cuánto tiempo sin vernos!—dijo ella—No te había visto desde que me mandaste a ese espantoso manicomio, es de mala educación mandar a la realeza a lugares así de indignos y de hecho, está duramente penado ¿Lo sabías?

-Claro, que cierta princesa pertenecía a ese lugar.

El rostro de Azula se crispó de ira.

-Todavía que he mandado dejarte con vida ¡Qué mal agradecido eres!

-¿Por qué no me sorprende que estés detrás de todo esto?

-Bueno, ya conoces mi espíritu vengativo ¿O no?—dijo, mientras se miraba las largas uñas.

-Lo que no comprendo aún—dijo Aang—es tu empeño en usar gente inocente para tu beneficio.

-Hablas de seguro por esa niñita pupila tuya ¿verdad?

-Lavaste muy bien el cerebro de Momoko-

-Oh, yo no hice nada. Ella sola vino a mí, buscando lo que tú no le dabas.

-Sea como sea, no debiste involucrarla.

-¿Y tu no lo hubieras hecho? ¿No le hubieras pedido a ella y sus hermanas que pelearan contigo en contra mía, como hiciste con esos campesinos del sur?

-¡Nunca obligué a nadie a que peleara conmigo! Y jamás lo haría.

Azula río burlonamente, con ese timbre tan característico en la antigua princesa de la Nación de Fuego, mirando después de manera intensa al Avatar.

-Como quieras verlo, de cualquier manera, sabes que casi todos están contigo por tu puesto, por lo que puedes ofrecerles. Pero nadie de verdad te quiere, Aang.

-A mí no me engañas Azula. No soy de esas personas con bajo autoestima a los que puedes manipular a tu antojo.

-Eso dices pero ¿También lo piensas? Una cosa es lo que dice la mente y otra lo que dice la boca.

-en mi caso, dicen lo mismo.

-¡Arrogante!

Aang alzó una pared de tierra para desviar el fuego azulado que le mandó aquella loca mujer. Pero, débil como estaba, ése solo esfuerzo le valió retroceder hasta caer en la cama, a donde Azula lanzó la siguiente llamarada, ahora más grande y rápida que a anterior.

-Este sólo es el inicio de mi venganza—dijo la princesa, saliendo de la habitación, envuelta en llamas.

Claro, lo que esa mujer de cabellos azabache desconocía, era que el Avatar ya dominaba el Fuego-Control y había salido ileso del ataque. Adolorido, Aang salió de su alcoba buscando a sus amigos y a su novia, preocupadísimo por su bienestar.

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Katara caminaba con dificultar, apoyándose en la pared para avanzar en el pasillo. Desde que despertó tras su breve congelamiento, sintió un vértigo espantoso remover sus intestinos y un dolor intenso en su estómago, así como repetitivas punzadas en la cabeza. Sabía que algo andaba mal, y le preocupaba sobre todo el bebito en sus entrañas. Pero se obligó a ser fuerte y dejar de pensar negativamente, todo estaba bien, solo se sentía débil, eso era todo.

Pero se obligó a reconocer que enfermaba, cuando tuvo que inclinarse sobre el suelo para vomitar. Más le dolió el vientre, aunque el vértigo había desaparecido, la cabeza seguía doliéndole algo. Además, a eso se le sumaba la preocupación. Aunque no se había encontrado con enemigos, sí había visto muchas paredes quemándose, pilares derrumbados, y cadáveres amontonados en las esquinas de los pasillos. La sangre manchaba todo.

Aún en el suelo, Katara sentía un espantoso dolor emocional ante tal inminente derrota. Se sentía humillada, y la fuerza de la indignación hizo que se parara nuevamente, llegando en pocos pasos a la alcoba de Aang. Cuando la encontró, vomitó nuevamente, por la impresión y la histeria que la invadieron de manera abrupta.

Controló sus nervios para ponerse de pie, el estómago le dolía ahora igual que la cabeza. La sensación de debilidad era intensa, pero trató de no desmayarse y reunir fuerzas para correr otra vez. Toda la habitación de Aang estaba en llamas. Y el fuego parecía provenir de la cama.

-¡No!—gritó—Aang… ¡Tiene que estar vivo! No puede…

Las lágrimas empaparon sus mejillas, intentó entrar a la habitación, pero era en vano. Lloró intensamente mientras se obligaba a correr hacia Toph y Sokka. ¿Estaría vivo o muerto el Avatar, esperanza del mundo, amigo de sus amigos, padre de su hijo, y su ser amado?

Sí, si lo estaba. Algo en su interior le decía que había escapado de esas llamas, pero ¿Quién había incinerado su habitación? No quiso pensar más, ya le dolía demasiado la cabeza como para hacer más esfuerzo. Tardó en llegar al patio oeste, pues debía detenerse varias veces porque la debilidad comenzaba a marearla más seguido. Ya no le dolía el vientre, ni la cabeza, pero ésa debilidad persistía.

Cuando llegó finalmente al patio, Appa estaba increíblemente nervioso por las llamas que rodeaban el lugar. Pero Suki lo calmaba con éxito. Ahí estaban Toph, Zuko, Mai, Mamuro, Sokka y Hanh.

-¿Dónde está Aang?—preguntó Zuko de inmediato.

-No lo encontré, creí que ya habría venido—contestó la morena, angustiándose más.

-No está aquí ni lo hemos visto—dijo Sokka, llegando hacia ella.

-¿Alguien ha visto a Sango y las demás?

Los golpes en las frentes no se hicieron esperar. Pero el grito de Zuko les recordó la realidad:

-¡No tenemos ya tiempo! Debemos irnos cuanto antes o nos descubrirán.

-Bueno, iré a buscar a Aang nuevamente—dijo Katara.

-¡No!—respondió Zuko—Iré ahora yo, tú quédate aquí.

-Te acompaño—dijo Mamuro, a lo que Toph replicó.

-No vayas.

-Nada malo va a pasar.

Besó la frente de su novia y los dos hombres se perdieron entre los escombros mientras corrían hacia el Palacio, casi destruido.

-¿Y quién buscará a Sango, Naoko Momoko?—preguntó Suki, mientas mecía a Hanh para que no despertara.

-Puedo ir yo—se ofreció Toph.

-¿Segura?

-¡Claro!

La Bandida Ciega se perdió también entre los escombros, sin esperar la respuesta de nadie.

-No me agrada que nos separemos—dijo Katara.

Sokka respondió:

-Lo sé, a mí tampoco, pero en éstas condiciones no podemos hacer algo más.

Katara, quien ya se estaba desmayando nuevamente, se recostó en la silla de Appa. Suki se preocupó especialmente por su cuñada, pero fue Mai quien la atendió, pasando un trapo mojado sobre su frente que comenzaba a calentarse. No venía siendo nada bueno el que Katara se enfermase en ése momento.

Pero las cosas estaban a punto de empeorar.


La memoria donde tenía los capítulos de ésta historia y todas las demás se accidentó y perdí los documentos. No se preocupen, todo sigue en mi mente, pero como he empezado desde cero demoraré más de lo normal en actualizar. Por eso mismo, no dejaré en esta ocasión ningún adelanto, pero en el próximo episodio que ya estoy terminando sí lo pondré.

Los comentarios animan mucho!

chao!