Killian estaba orgulloso de que Emma haya podido proteger a todos con su magia. La oscuridad, que antes estaba contenida en Rumpelstiltskin, ahora estaba libre invadiendo los reinos. La oscuridad era un tema que preocupaba a todos, porque tomaba las vidas de las personas como si nada. Killian estaba preocupado, Emma había podido neutralizar la oscuridad pero no destruirla. Emma no podía estar en todos lados, protegiendo a todos. Aparte, seguía inconsciente desde lo que había pasado en el castillo de Regina. Habían vuelto al Bosque Encantado y el Hada Azul, una aliada de los padres de Emma, les dijo que era normal que eso pase. Que Emma estaba recuperando sus energías, que al no saber controlar su magia había utilizado todas sus fuerzas y ahora necesitaba descansar. Sin embargo Killian no podía evitar preocuparse. Él se iba a preocupar hasta que Emma despierte, y hasta se iba a seguir preocupando después. Él siempre se iba a preocupar por ella porque la amaba y la quería a salvo de todo mal que haya en el mundo.

Killian estaba con su tripulación almorzando en el castillo de los padres de Emma. Ellos se iban a quedar allí hasta que Emma despierte, y los reyes ofrecieron amablemente hospedaje a todos los piratas. Killian estaba distraído con su comida cuando notó que Henry se paró de la mesa, lo cual era raro, el niño nunca perdía una oportunidad para comer. Lo siguió con su vista y vio lo que había llamado su atención, Emma estaba allí. Killian sonrió como hace tiempo no lo hacia, verla a Emma despierta y bien era todo lo que necesitaba para ser feliz. Henry la abrazó con fuerzas y la arrastró hasta la mesa, la hizo sentar en su silla y se sentó en sus piernas. Killian no pudo evitar reír, Henry parecía un niño pequeño cuando tenía esas reacciones.

- ¿Cuánto tiempo? – Preguntó ella agarrando la mano de Killian.

- Nueve días. – Respondió él dando un beso a la mano de ella.

- Mmm un nuevo record. – Bromeó ella, para quitar la tensión del momento.

- Preferiría que los record sean para menos y no para más. – Dijo él dándole a entender lo preocupado que había estado todos esos días.

- Lo siento, yo no puedo controlarlo. – Se disculpó ella.

- Lo sé. – Asistió él. – Y no lo sientas, estuviste brillante. – La halagó él, porque a pesar de que había estado preocupado había admirado lo valiente que había sido al proteger a todos.

El almuerzo continuó a ritmo tranquilo. Todos parecían felices y aliviados de que Emma haya despertado. Sus piratas la pusieron al día de lo que habían estado haciendo y sus padres también se animaron a contarle un par de cosas que habían estado pasando en el castillo. En cierto momento sus padres propusieron que ellos se queden allí y Killian pudo notar lo tensa que Emma se puso ante la propuesta. Entendiendo que necesitaban más privacidad para esos temas, pidió a sus hombres que se retiren.

- No vamos a quedarnos aquí, nosotros vamos a volver al mar. – Dijo Emma con convicción, dando por cerrado la discusión en la que se había fundido con sus padres.

- Si quieren ir al mar pueden hacerlo, pero háganlo desde nuestro reino. – Propuso David.

- Podríamos convertirlos en parte de nuestra marina. – Agregó Mary Margaret.

- No. – Negó Emma. – Nosotros somos personas libres y nos gustaría mantener eso. – Explicó su postura.

- Emma vos sos nuestra hija y te guste o no, en algún momento vas a tener que ser reina. – Dijo David intentando hacerla razonar.

- Pero mientras no tenga que serlo, me gustaría tener la posibilidad de elegir lo que quiero. – Discutió Emma y se cruzó de brazos.

- Emma, tus padres… - Comenzó a decir Killian, rompiendo el gran silencio que se había formado.

- Mis padres no me entienden, pero vos si. – Lo interrumpió Emma. - ¿Podemos irnos? – Le suplicó.

- Si es lo que deseas. – Respondió Killian, él estaba dispuesto a darle lo que ella quiera.

- Lo lamento, pero es lo que quiero. – Dijo volviéndose hacia sus padres. – Yo necesito tiempo y estar aquí es demasiado. – Intentó expresar lo que le pasaba.

- Tomate el tiempo que quieras. – Concluyó Mary Margaret tristemente.

- Podes volver cuando quieras, este es tu hogar y siempre va a estar abierto para vos. – Aseguró David.

- Gracias. – Agradeció Emma.

Luego de la discusión Killian fue a ordenar a sus hombres que preparen todo para irse, dejando que Emma pueda despedirse de sus padres. Al rato estuvieron todos a bordo del Jolly Roger y partieron hacia el océano. Killian sabia que Emma no solo estaba escapando de las emociones que le generaba el estar con sus padres, sino que tenía algo en mente. Ella estaba determinada y segura, lo cual solo podía significar que tenía un plan. Ahora solo quedaba averiguar cual era ese plan.

- ¿Cuál es el plan? – Preguntó él sin quitar su atención del timón.

- ¿Cómo sabes que tengo un plan? – Preguntó Emma sorprendida, quitando su vista del océano y volviéndose hacia él.

- Te conozco. – Respondió él.

- Necesito que Tinkerbell me ayude a controlar mi magia para poder enfrentar a la oscuridad. – Confesó Emma abrazándolo por detrás y descansando su cabeza en el hombro de él.

- Bien, siguiente destino la isla "El manantial secreto". – Dijo Killian.

Pasaron dos semanas en la isla "El manantial secreto", Tinkerbell le dio largas e intensas lecciones a Emma para que pueda comenzar a controlar su magia. Después volvieron a partir hacia altamar, pero Tinkerbell decidió unirse a ellos para poder continuar con las lecciones de Emma. El siguiente mes lo pasaron persiguiendo a la oscuridad, intentando una y otra vez destruirla. Fracasaron en cada uno de los intentos, lo único que Emma lograba era proteger a todos, pero no destruir la oscuridad.

- ¿Estás bien? – Preguntó él sentándose al lado de Emma a observar el mar.

- Llegó un mensaje de mis padres, va haber una reunión con todos los reyes de los reinos para discutir el tema de la oscuridad. – Respondió ella sin quitar su vista del mar.

- Deberíamos ir, después de todo estuvimos enfrentándola todo este tiempo, tal vez podamos aportar algo. – Sugirió él.

- No lo sé, no estoy segura de si es una gran idea. – Dijo Emma indecisa.

- Hay algo que te está preocupando desde hace tiempo, ¿Qué es? – Pidió saber él abrazándola. Hace varios días que había notado que había algo que atormentaba los pensamientos de Emma, pero había querido darle el tiempo que necesite para hablar.

- No es nada, es algo tonto. – Dijo ella sacudiendo su cabeza de lado a lado.

- Nada relacionado a vos es tonto. – Aseguró él. – Aparte si te viene atormentando hace tanto tiempo, por algo será. – Dijo preocupado.

- Desde que murió Regina que mi maldición dejo de tener efecto. – Confesó ella algo tímida, jugando con el colgante de él para evitar mirarlo a los ojos.

- ¿Y no estás contenta con eso? – Preguntó Killian confundido, porque no sabía que era lo que estaba pasando por la mente de ella.

- Tendría que estarlo, pero no lo estoy. – Respondió Emma con sinceridad. – Sé que suena estúpido, pero conviví toda mi vida con mi maldición y no sé como hacer para no tenerla. – Intentó explicar con la voz temblorosa.

- Ahora que no la tenes te sentís vacía. – Dijo él agarrando el mentón de ella para hacer que sus miradas se encuentren.

- Exacto. – Asistió ella. - ¿Si podría volver a tenerla, vos que dirías? ¿Lo aceptarías? – Preguntó ella temerosamente.

- Yo te conocí con la maldición y nunca te juzgue, ni pensé menos de vos por ella. Yo acepto y amo cada parte de vos Emma. – Aseguró él mirándola intensamente. – Si volver a tener la maldición te hace feliz, entonces encontraremos la forma. – Prometió.

- Gracias. – Dijo ella rozando suavemente su nariz con la de él. – Creo que sé de algo que podría intentar. – Agregó, después de darle un pequeño beso en los labios.

- ¿Qué? – Preguntó él curioso.

Emma le pidió que cierre los ojos y él le hizo caso. Emma le agarró la mano y su garfio. Killian sintió como de repente empezaba a volar, a ser desprendido del espacio donde estaba. Era raro de explicar, pero era como si estuvieran desapareciendo. Cuando Emma le dijo que podía abrir los ojos, Killian comprendió lo que había pasado. Emma los había teletransportado hacia el bosque de Hogsmeade, a donde estaba la fuente de los deseos.

- Pensé que la otra vez que habías intentado desear algo no había funcionado. – Comentó él con curiosidad.

- Eso es verdad. – Asistió ella. – Pero creo que también es verdad lo que vos me habías dicho. – Dijo con una pequeña sonrisa.

- Puede ser, suelo tener la razón la mayor parte del tiempo. – Bromeó él, ganándose un pequeño golpe de ella en el brazo.

- Yo había deseado no tener magia porque tenía miedo que vos no puedas aceptarme por ella y porque tenía miedo de no poder controlarla. – Explicó ella.

- Pero en el fondo no lo deseabas. – Agregó él, entendiendo lo que ella quería decir.

- No, al menos no del todo. Lo deseaba porque iba a hacer las cosas más sencillas, pero en el fondo sabía que era parte de mí. – Dijo ella honestamente.

- Lamento haber hecho que hayas deseado renunciar a tu magia. – Se disculpó él sintiéndose algo avergonzado y culpable.

- Yo no lo lamento, yo sería capaz de hacer cualquier cosa por vos Killian porque te amo. – Dijo ella mirándolo intensamente.

- Y yo sería capaz de hacer cualquier cosa por vos. – Aseguró él acariciándole la mejilla.

- Lo sé. – Asistió ella.

- Me alegra que tu deseo de perder tu magia no haya funcionado. – Confesó él.

- Siempre lo sospeche, después de todo te convertiste en el principal fanático de mi magia. – Dijo ella sonriendo y le dio un beso.

- Espero que esta vez funcione. – Dijo él honestamente.

- Supongo que es hora de intentarlo. – Decidió ella.

Killian estaba sorprendido, Emma siempre lograba sorprenderlo. Que ella quiera volver a tener su maldición le parecía algo valiente y heroico. Killian sabía lo difícil que era para Emma vivir con esa maldición, pero también sabía que era parte de ella. Ella había vivido toda su vida con eso y había encontrado la forma de sentir que podía ayudar. Emma era feliz cuando lograba hacer que un alma perdida sea consumida por la luz o cuando lograba evitar alguna de las catástrofes de sus visiones. Killian la amaba y siempre la iba a amar, maldición o no maldición no iba a cambiar eso. Si Emma quería tener su maldición de nuevo, él iba a ayudarla a que vuelva tenerla. Él haría cualquier cosa por Emma, con tal de que ella sea feliz.

Emma se metió en la fuente y se colocó en el centro de ella. Killian observó cada uno de sus movimientos y como el agua estancada le llegaba hasta la rodilla. Ella cerró sus ojos y pidió su deseo en el aire tres veces. Una vez que Emma hizo su pedido una luz blanca iluminó a toda la fuente y gotas de agua saltaron en el aire convirtiéndose en polvo al caer.

- Creo que funcionó. – Dijo él observando la situación maravillado.

- Si, creo que si, puedo sentirlo en mi interior. – Dijo ella abriendo sus ojos y haciéndose paso en la fuente camino hacia él.

- ¿Feliz? – Preguntó él ofreciéndole su mano para ayudarla a salir de la fuente.

- Muy feliz. – Dijo ella aceptando su mano. – Gracias. – Agradeció y lo abrazó con ternura.

- No tenes que agradecerme, yo te amo. – Dijo él correspondiendo el abrazo.

- Y yo te amo a vos. – Dijo ella.

Emma lo besó con pasión y Killian se derritió en el beso. Se besaron con ternura y alegría, felices de que el deseo haya funcionado. Aliviados, de que por lo menos una vez habían podido conseguir algo de lo que querían en el primer intento. Aunque, técnicamente, este era el segundo intento. ¿Por qué sus vidas eran tan complicadas? Tal vez eso pasaba cuando dos opuestos se juntaban. Una princesa y un pirata, ¿Quién lo diría? Killian seguro que no. Él nunca se había esperado enamorarse de una princesa, y mucho menos enamorarse con tanta fuerza e intensidad con la que lo había hecho con Emma.

Cuando tuvieron que despegar sus labios para poder respirar, Killian le pidió que los llevé devuelta hacia al barco. Si pasaban más tiempo desaparecidos sus hombres se iban a preocupar. Emma los teletransoportó devuelta hacia el Jolly Roger; Y aunque Killian admiraba que la magia de ella sea capaz de hacer eso, debía admitir que la sensación de ser teletransportado no era para nada placentera.

- Killian me gustaría pedirte algo más. – Dijo ella sonrojándose.

- Lo que quieras amor. – Dijo él manteniéndola en sus brazos, disfrutando del contacto de estar abrazados.

- Quiero ir al Bosque Encantado, a la reunión sobre la oscuridad. – Confesó ella su pedido, algo tímida.

- Esa es una gran decisión, estoy orgulloso de vos. – Dijo él, sorprendido de que le haya llevado menos tiempo del que esperaba que le iba a llevar decidir eso.

- Es hora de dejar de escapar de mis responsabilidades. – Dijo ella. – Soy la princesa del Bosque Encantado y soy la salvadora de los reinos. – Admitió intentando sentirse a gusto con los títulos.

- Y sos Emma, mi esposa, la mujer que amo. – Agregó él dejando un beso en la cabeza de ella.

- Por eso quiero que vengas conmigo, no voy a poder enfrentar todo sin vos. – Pidió ella mirándolo a los ojos.

- Siempre voy a ir con vos, a donde quieras que vaya. – Aseguró él.

Killian le dio un beso y luego la abrazó. Intentó darle calma y seguridad. Había llegado el momento de que Emma se haga cargo de sus responsabilidades y él iba a estar a su lado. Él siempre se iba a mantener al lado de Emma. Ellos habían estado enfrentando a la oscuridad. Pero Killian sabía que ellos no iban a poder solos, iban a necesitar el apoyo de los reinos. Simplemente debían ir a la reunión y convencer a las personas para que se unan a la lucha. Y si había alguien que pueda convencer a las personas de eso, Killian estaba seguro que esa persona iba a ser Emma.