¡Hola a todos!
Muchísimas gracias por las reviews del capítulo anterior. Me alegro de que gustara la pelea de Sanji. Tenía muchas ganas de escribir sobre él y más cuando lleva tanto tiempo sin aparecer por One Piece. Se le echa mucho de menos :_(
Por otra parte, quería dar mención especial a DarkSoulOkami por su comentario. Yo tampoco soy mucho de dejar reviews, al menos no en todos los capítulos, pero me alegro de que lo hicieras para decirme que esta historia merece la pena. Por comentarios así, me alegráis siempre el día :)
Ahora, volviendo al capítulo de esta semana, seguimos con la acción, pero este episodio será un poco más duro.
¡Disfrutad de la lectura!
One Piece y sus personajes no me pertenecen, sino a Eiichiro Oda
Capítulo 37
Otro estruendo acompañó a la caída definitiva del techo del salón de coronación. Todos, ya fuera de la habitación, se cubrieron el rostro, sintiendo cómo el suelo temblaba bajo sus pies. Una vez el desprendimiento se detuvo, emprendieron de nuevo su camino.
"¡Voy a patearle el trasero al Izazu ese!", dijo Luffy mientras crujía sus dedos y arrancaba a correr.
"¡Oi, Luffy!", le llamó Zoro, no sin mucho éxito.
Sion recogió a su hermana del suelo y, junto a Yua, los tres siguieron a los dos mugiwara.
"¡Luffy, espera!", le llamó Yua, "¡No conoces el castillo!"
"¡Lo más probable es que esté en el ala sur! ¡Ahí es donde se encuentra normalmente!", le gritó Sion, intentando que le escuchara. Tan pronto como dijo aquellas palabras, Zoro giró a la izquierda y Luffy a la derecha, "¡Idiotas! ¡Tenéis que seguir de frente!"
Yua rodó los ojos resignada mientras Zoro y Luffy regresaban rápidamente al pasillo y continuaban corriendo, esta vez mucho más cerca de ellos.
"Sion, tú y tu hermana tenéis que ir al oeste", le recordó Yua.
"Cierto", Sion la miró de reojo mientras seguían corriendo, "¿Y qué vas a hacer tú? Ya no tenemos plan, ni siquiera sabemos si las damas de mi madre están bien. Se supone que ellas deberían ser las que nos acompañaran, pero creo que deberías venir tú"
"Yo…"
"Irás con él", Zoro no dejó ni siquiera que Yua terminara de responder. Ésta frunció el ceño porque deseaba ser utilidad, pero la mirada de determinación del espadachín daba a entender que no había discusión posible. Aquello no era negociable.
El chico asintió y se frenó en seco, "Decidido entonces. Nuestros caminos deben separarse aquí. Zoro, Luffy, escuchadme", los dos pararon frente al joven príncipe, "Seguid todo recto, al final tendréis que girar a la derecha, pero sino usad vuestro instinto. No os será muy difícil encontrarle. No habrá huido, quiere pelear", Luffy asintió y dio un paso al frente, pero Sion le agarró del brazo para detenerle, "No le subestimes, es muy poderoso. Seguramente sea un usuario, como tú. Es cruel y manipulador, tened cuidado", añadió, dirigiendo su mirada también al espadachín y haciendo que éste último chasqueara la lengua ante la preocupación de aquel mocoso que tantas veces le había sacado de sus casillas durante aquellos días.
Finalmente, Sion le soltó del brazo y Luffy comenzó a echar a correr de nuevo. El príncipe dirigió una mirada de reojo a Yua y, agarrando a su hermana con fuerza entre sus brazos, echó a correr hacia la derecha.
"Oi", Yua iba a seguir a Sion, pero se detuvo al escuchar la profunda voz de Zoro llamarla, "Tienes un imán para los problemas, así que no te metas en líos"
Yua sonrió, "Como si eso fuera a suceder"
La castaña se giró y aceleró el paso, alcanzando pronto a Sion, que claramente había aminorado su marcha para que ella pudiera alcanzarle y, por qué negarlo, también para escuchar lo que el peliverde tenía que decirle a la chica.
"Tiene que ser un idiota hasta en estos momentos", opinó Sion, pues esperaba otras palabras más apropiadas para la ocasión por parte del espadachín.
"Cállate", le replicó Yua, intentando defender a Zoro, aunque conteniendo una leve risita.
Solo aquellas palabras pronunciadas por el espadachín podían hacerla tan feliz. Acababa de despedirse de él y ya estaba preocupada, pero en esos momentos su prioridad eran los príncipes, ya que, desgraciadamente, a ellos también les estaba esperando una batalla. A lo lejos, Yua podía vislumbrar la figura de un hombre alto y corpulento.
"Mierda. tenemos problemas"
Yua no podía estar más de acuerdo con Sion. El hecho de que Izaro supiera todos sus movimientos significaba que había colocado a uno de sus hombres de confianza en el pasillo que les llevaba hasta el túnel del bosque. No obstante, los ojos de Yua se abrieron de par en par al ver de quién se trataba: el mismo que había ido a provocarles el día anterior.
"Vaya, vaya, ¿por qué tenéis tanta prisa?"
Yua aceleró el paso y se puso frente a él, "Sion, tú sigue con el plan. Llévate a Meldy"
"Pero Yua…"
"¡Hazlo!", Sion tragó saliva al ver la mirada de determinación en la castaña y continuó corriendo, "Dije que os protegería y eso es lo que voy a hacer"
Antes de girar, Sion miró hacia atrás, pues el hombre ni siquiera se había molestado en impedirles el paso. Eso era lo que quería, enfrentarse a la castaña.
Baldo, que así era como se llamaba aquel subordinado de Izaro, era casi tres veces más alto que la chica, por lo que Yua iba a tener muchos problemas. Por el contrario, una sonrisa se dibujó en el rostro del príncipe al ver cómo la castaña se arrancaba la falda y la lanzaba a un lado, quedándose solo con el mono y dejando a la luz el cinturón con cuchillos que llevaba atado en su muslo. Solo entonces, decidió que lo mejor era hacerla caso y dirijirse hacia el lado oeste del castillo.
Baldo se carcajeó al verla, "Uhhh… Todos se meten conmigo porque me gusta quedarme con las sobras de mi jefe, pero ya me dirás cómo voy a dejar pasar esta oportunidad", el hombre se relamió los labios y Yua un dio paso atrás, "¿Es que tienes miedo ahora? Tranquila, no pienso matarte. Solo divertirme un rato"
Yua se puso rápidamente en su mano la cadena que Usopp y Franky le habían dado para poder hacer volver a su mano el cuchillo que le habían fabricado y, casi sin tener tiempo de reacción, Baldo se avalanzó sobre ella. Sin embargo, la castaña esquivó el primer enviste como pudo y sacó una de sus dos dagas para hacer un corte profundo a Baldo en su brazo. El hombre gritó y se giró rápidamente, extendiendo su brazo y haciendo que éste impactara en la cara de Yua. La castaña, aturdida por el golpe, cayó al suelo, soltando su cuchillo.
"¿¡Cómo te atreves!?", le gritó Baldo echándose de nuevo sobre ella.
Yua rodó sobre sí misma, evitando que Baldo cayera sobre ella, y se incorporó. Escupió a un lado, sintiendo cómo el sabor de la sangre no dejaba de inundarle la boca.
Tranquila, te queda otra daga y el cuchillo que Usopp y Franky te fabricaron, pensó, intentando animarse.
Había llegado su oportunidad para poner en práctica todo el entrenamiento que había recibido por parte de los Heart Pirates. Afortunadamente, Baldo era un hombre tosco y corpulento, de complexión parecida a la de Jean Bart, así que en ese aspecto estaba acostumbrada a tratar con tipos que utilizaban la fuerza bruta como él. No obstante, cada vez que había peleado contra Jean Bart, solo había podido esquivar sus golpes hasta que éste se había cansado debido a que sus patadas y puñetazos, producto del modo de lucha de Bepo y de las enseñanzas que había recibido por parte del oso, no servían para nada contra él. Era demasiado fuerte para sentir algo de dolor.
Yua, por su parte, en ese mismo instante podía sentir su corazón acelerarse cada vez que Baldo se echaba sobre ella y ella, como podía, iba esquivando cada uno de los golpes. Intentó moverse de tal manera que pudiera acercarse a su daga y recogerla, pero Baldo no resultó ser tan idiota como creía y terminó dándose cuenta, por lo que la chica, cuando fue a agacharse para recogerla, vio por el rabillo del ojo cómo su otro brazo se dirigía hacia ella, así que sacó el cuchillo que Usopp y Zoro la fabricaron y lo lanzó.
"Fallaste", dijo Baldo mostrando una amplia sonrisa al ver cómo el objeto pasaba por su lado y aprovechó aquella situación para golpearla en la espalda.
Yua cayó al suelo, sintiendo cómo sus huesos se estremecían tras el golpe. Intentó incorporarse, pero sus brazos temblaban y solo consiguió sacar la fuerza necesaria cuando escuchó el sonido de la carne ser perforada. No lo había olvidado, aquel cuchillo no era un cuchillo normal, también podía hacer de boomerang y, aprovechando sus conocimientos sobre el lanzamiento de cuchillos, le había dado la trayectoria adecuada para que, cuando volviera, se clavara en la espalda de Baldo.
"Eso es lo que te has creído", respondió, finalmente, mostrando una sonrisa de satisfacción por haberle causado, ahora sí, una herida más importante a su oponente.
Sin embargo, lo que sucedió a continuación fue más allá de lo que jamás había imaginado. Baldo estiró el brazo y se sacó el cuchillo de la espalda para lanzarlo al otro lado del pasillo con fuerza, como si aquello no hubiera sido nada para él. De repente, la atmósfera de la habitación cambió y Yua, estremeciéndose de terror ante el aura que Baldo desprendía, supo que aquel hombre no le había mostrado ni la mitad de su fuerza.
Como si de un toro se tratara, Baldo dio dos zancadas en las que se situó frente a ella y le propinó un cabezazo en la boca del estómago. Yua sintió cómo sus piernas se elevaban en el aire y su cuerpo terminaba impactando contra la pared. Ésta sintió todos los huesos de su cuerpo crujir en cadena y tosió sangre a borbotones, pues seguramente tendría hemorrageas internas a causa del tremendo golpe.
Cerró los ojos y deslizó su cuerpo por la pared, intentando olvidar el dolor que sentía, pero los abrió de par en par cuando notó la enorme mano de Baldo rodear por completo todo su cuello.
Como si de una pluma se tratara, Baldo la elevó de nuevo y la sostuvo en el aire, contra la pared. Yua sujetó la mano del hombre con ambas manos, intentando encontrar a la vez un resquicio por el que poder tomar aire.
Un extraño brillo, lleno de malicia, se instaló en la mirada de Baldo y, con su otra mano libre, agarró una de las manos de Yua, obligándola a soltarle. La castaña intentó resistirse, pero aquello fue peor. Baldo le apretó con fuerza el brazo haciendo que sus huesos crujieran y, de repente, un grito desgarrador se escapó de la boca de la muchacha. El dolor era insportable. Sus cuerdas vocales le quemaban en la garganta, pero no podía cesar los gritos, no ante lo que estaba sintiendo ni ante lo que estaba viendo. Su brazo derecho, donde se había colocado la cadena para hacer volver el cuchillo, caía inerte a su costado, deformado y roto por varios lados.
Yua comenzó a llorar y Baldo la lanzó contra el suelo. La chica volvió a gritar al sentir una punzada de dolor que le recorrió desde el brazo roto hasta la nuca y creyó que iba a perder el conocimiento.
¿A quién había pretendido engañar? Ella no sabía pelear, ni siquiera era fuerte. Había insistido en su fortaleza tantas veces ante Zoro que ahora, cuando lo recordaba, se sentía infantil y estúpida.
Abrió los ojos, notando cómo todo se movía a su alrededor. Habría intentado moverse de no ser porque sentía náuseas y estaba completamente desorientada.
"No he terminado contigo", Baldo caminó hacia ella, riéndose a carcajadas, "Voy a terminar de divertirme contigo. Voy a borrar esa estúpida ilusión de tu rostro. Te voy a dejar inservible para Izaro, tendrá que deshacerse de ti cuando vea que te he usado. Ni siquiera te querrá el imbécil del espadachín ese"
"¡NO!"
Yua gritó al notar el cuerpo de Baldo sobre ella. Intentó zafarse, pero se sentía mareada y aturdida todavía. No obstante, pataleó con sus piernas, esperando poder golpear a Baldo en algún momento, pero él era mucho más fuerte y le aferró los muslos con fuerza para que dejara de mover las piernas, provocándole un dolor intenso cuando éste le clavó las uñas en la carne.
"¡NO ME TOQUES!", gritó la castaña, impotente ante él.
Baldo se relamió de nuevo, "Grita más todavía. Así disfrutaré más"
Yua gimoteó y, prácticamente, en un acto reflejo, se llevó su mano izquierda, ilesa, a su muslo derecho. No tenía permitido perder, no iba a ceder ante aquel monstruo. Y ahí estaba, podía tocarlo con las llemas de los dedos de su mano izquierda. Todavía tenía una oportunidad.
Su mente se nubló durante unos instantes y solo podía percibir la inercia de su brazo izquierdo moviéndose de arriba abajo. Una y otra vez. En repetidas ocasiones y de forma incansable. Su cabeza no podía ni siquiera procesar sus gritos de rabia mientras clavaba una y otra vez el cuchillo en su abdomen. Le iba a despedazar, ella era la que le iba a convertir a él en alguien inservible porque no la iba a tocar. No le iba a poner ni un solo dedo encima.
De repente, dejó sentir el aliento de Baldo en la cara, pues el olor que desprendía su boca comenzó a cambiar y entonces pudo percibir el correoso olor de la sangre. Yua sintió cómo el caluroso líquido descendía por su mano izquierda y, apretando los dientes con fuerza, hincó más el cuchillo en el abdomen de Baldo.
"Te dije que no me tocaras", dijo Yua entre dientes, hundiendo todavía más el cuchillo en su abdomen.
Un hilo de sangre descendió de la boca de Baldo y cayó en el rostro de la castaña para, poco después, rendirse y dejarse caer sobre la muchacha. Yua tosió cuando el cuerpo inerte de Baldo golpeó el suyo. No podía asegurarlo con certeza, pero parecía que estaba muerto.
Yua empujó como pudo el cuerpo del hombre hacia un lado en repetidas ocasiones, pues era pesado y no podía con él. Necesitaba quitárselo de encima cuanto antes porque, en esos momentos, solo quería asegurarse de que Zoro estaba bien. Si a ella le había tocado el subordinado de Izaro del que los demás se burlaban, no quería ni imaginarse qué habría sucedido con el espadachín o el propio Luffy.
Una vez consiguió echar el cuerpo del hombre a un lado, giró hacia su izquierda e intentó incorporarse, pero tan pronto como estuvo en cuclillas, el dolor de su brazo derecho regresó y vomitó sobre el frío suelo de aquel pasillo del castillo, vislumbrando en su mente las imágenes de todo lo que acababa de suceder.
Escupió a un lado e intentó relajar su respiración, todavía agitada por el esfuerzo y el miedo. Su brazo izquierdo, que sorportaba su peso, temblaba como si fuera de gelatina y, sin poder aguantar más la presión que sentía, rompió a llorar.
Estás bien. Estás viva. No te ha hecho nada. Solo te ha roto un brazo cuando te esperaba algo peor, no dejaba de repetirse en su mente. Tomó aire y se puso en pie, pero, a pesar de las palabras de ánimo que se dedicaba a sí misma, sus piernas seguían temblando.
Se apoyó en la pared del pasillo y, poco a poco, fue caminando en la dirección por la que había venido. Necesitaba verles a los dos, a Luffy y a Zoro, pero, sobre todo, necesitaba ver al espadachín. Tras lo que acababa de experimentar, él era la única persona a la que necesitaba ver para asegurarse de que todo iba a salir bien.
¡Hasta aquí el capítulo!
Cuánto drama, cuánto drama... ¿Qué creéis que pasará en el próximo?
Por cierto, casi lo olvido... ¡GRACIAS Y MIL GRACIAS! ¡Superé las 100 reviews! Esto no habría sido posible sin todos vuestros comentarios y vuestro apoyo, así que muchas gracias. ¿Queréis que haga algún capítulo especial para conmemorarlo? ¿Cómo un AU o alguna situación que os gustaría ver? Ya sabéis, dejadme vuestras opiniones y vuestros deseos serán órdenes para mí xD
¡Nos leemos!
