N/A - Esta es una traducción literal al español del Fic "Altered Destinies" del autor DobbyElfLord, del cual he obtenido el permiso para hacerlo. Es seguramente el Fic de Harry Potter que más me ha gustado de todas las que he leído. Para traducir la historia no utilizo ninguna herramienta de traducción. Así, evitamos las pésimas traducciones literales (palabra por palabra) y la lectura resulta más llevadera.
N/A - Atencion! Este Fic fue desarrollado con anterioridad al último libro RM, por lo que su historia se desarrolla a partir del fin del sexto libro El Misterio del Príncipe.
N/A - Todos los personajes y lugares pertenecen a J. K. Rowling, salvo el argumento y los personajes adicionales que ha creado el autor DobbyElfLord.
Capítulo 36 – Marea de Tormenta
1 Setiembre de 1943
Durmstrang
El joven mago estaba sentado en su pupitre, releyendo uno de los libros que su profesor le había asignado como tarea. Era un material fascinante; había tanta magia dejada de lado, abandonada y prohibida por la debilidad de unos pocos magos burócratas. Por qué debería un mago poderoso hacer caso a esos squibs débiles mentales?
La maldición disolvente de carne humana era impresionante. Actuaba como un enjambre de insectos que se comía el objetivo bocado a bocado, y el agua se liberaba a la atmósfera en forma de vapor. Si la maldición alcanzaba un pie, el cuerpo entero se consumiría en un poco más de diez minutos si no se efectuaba la contra-maldición apropiada.
Extrañamente, la maldición había sido desarrollada en las épocas de la Peste Negra como una forma de deshacerse de los cuerpos sin seguir esparciendo la enfermedad. Sin embargo, años después de la plaga, los gobiernos mágicos existentes incluyeron la maldición en el grupo Oscuro porque el polvo que quedaba de los cuerpos era fácilmente empleado para encubrir asesinatos.
Tom frunció su ceño ante semejante estupidez y se concentró en la pronunciación y los movimientos de su varita requeridos para el hechizo. No era algo rápido de efectuar pero era tan exigente como un Reducto.
La puerta se abrió; Tom sonrió al distinguir la figura de una enorme mujer a su habitación. Era su profesora preferida.
"Buenos días, profesora Helena. Ha llegado el resto de los estudiantes?"
La bruja semi-troll le devolvió la sonrisa, aunque ésta podría haber petrificado del miedo a cualquiera que no la conociera. A decir verdad, Helena poseía un raro sentido del humor y era llevadera, si nadie la molestaba.
"Escuché que están en camino. Deberían llegar a la caverna en dos horas."
En vez de un tren al estilo Hogwarts, los alumnos de Durmstrang utilizaban un barco negro a vela que surcaba ríos subterráneos y paraba en algunas locaciones del este y del centro de Europa. Berlín era la última parada antes de llegar al lago interno de la caverna. Luego, los estudiantes se dirigían al comedor principal para el banquete de bienvenida. Como no había división de Casas como en Hogwarts, sus habitaciones estaban divididas por año y por sexo, y extraoficialmente, por país de origen. Cada habitación albergaba cuatro estudiantes que ellos mismos podían elegir: a Durmstrang no le interesaba cómo se formaban los grupos.
La profesora entró a la habitación y se sentó al pie de la cama, la cual crujió bajo su peso pero soportó. "Está ansioso de que lleguen sus nuevos compañeros, señor Slytherin?"
"Sí. Luego de tres meses cautivo aquí, supongo que será bueno estar con chicos de mi edad nuevamente."
"Ah, Tom." Exclamó Helena. "Ya no eres un cautivo de Durmstrang. Eres el aprendiz de mi Señor, y cuando estés listo podrás dejar el colegio para enfrentarte a tus enemigos y derrotarlos. Has progresado mucho."
Tom sonrió agradecido. Nunca había revelado todo el potencial de su riguroso entrenamiento con James; Christina solía llevarlo al límite en los duelos de práctica, pero mantenía ocultos sus dotes de Oclumancia y de Animago. Sus estudios podían revelar la hipocresía de James Evans, pero su entrenamiento no había sido malo. De hecho, descubrió que el hombre al que solía llamar Papá le había provisto de un entrenamiento mucho más gris de lo que se suponía; James enfatizaba la supervivencia mucho más que las reglas.
"Almuerzo para el Amo Slytherin!" Dijo un elfo, apareciéndose en la habitación portando una bandeja.
"Ponla en la mesa." Ordenó Tom, con un gesto. "Quiere comer conmigo, profesora?"
"No, ya he tomado mi almuerzo. Lo dejaré para que coma. Un profesor subirá para llevarlo al comedor principal para el banquete."
"Podré estar en las habitaciones con los otros estudiantes?" Preguntó.
"No es un alumno regular, señor Slytherin." Le respondió la enorme bruja. "Es el aprendiz del Señor."
Tom suspiró. Había escuchado ese argumento varias veces en la última semana.
La profesora Helena se enojó ante la expresión de fastidio de Tom. "Puede visitar las habitaciones, las aulas o cualquier sitio del colegio antes del toque de queda, pero el Lord insiste en que permanezca en su propia habitación y usted no volverá a cuestionarlo!"
"Sí, profesora." Concedió Tom. Luego de que Helena se fuera, tomó su libro y se sentó a la mesa para comenzar a comer.
Finalmente el profesor que llegó para escoltarlo al comedor principal fue Christina. Mientras caminaban rumbo al banquete Tom jugueteó con su varita oculta en su antebrazo. Un mes atrás hubiera dado cualquier cosa por tener su varita y arrojarle todas las maldiciones que conocía, pero ahora algo lo detenía.
La bruja confundía a Tom. Podía ser incluso una persona agradable, pero cuando comenzaba el duelo se transformaba en una asesina psicópata. Incluso el solo hecho de platicar acerca de algo relacionado con el combate mágico le iluminaba los ojos. El Conde era su charla favorita: lo sabía todo sobre él, excepto su nombre verdadero, e incluso tenían algunas transcripciones de sus encuentros con el Ministro de Magia Nott. En todas esas reuniones, Arcturus Black siempre había estado presente.
El comedor principal transmitía frío y una vaga sensación de prohibido al igual que el resto del colegio. Había una larga mesa por cada año, y al final del comedor había un sector elevado con otra larga mesa para los profesores, al igual que en Hogwarts. En medio de esa mesa, sin embargo, se sentaba un señor tenebroso.
Grindelwald parecía envuelto en una conversación casual con algunos de los profesores mientras esperaban el arribo de los estudiantes, y sonrió al verlos llegar. Tom notó que la sonrisa no se había reflejado en su mirada fría y calculadora.
"Bienvenidos profesora Raven y señor Slytherin. Por favor siéntense con nosotros." Ofreció Grindelwald, señalando dos sillas a su derecha.
Tom esperaba poder sentarse con los de sexto año pero ahora debía sentarse junto a Christina, que no tardó ni un segundo en sentarse inmediatamente a la derecha del Lord. A su izquierda estaba el director adjunto del colegio, mientras que la profesora Helena estaba en un extremo. Serena, conocida entre los estudiantes como Madam Raven, ocupaba la silla que estaba a la derecha de Tom.
Finalmente los alumnos comenzaron a ingresar al comedor en filas bien ordenadas, marchando obedientemente a sus lugares asignados. Los de primer año resaltaban del resto, ya que desentonaban en sus movimientos respecto a los alumnos mayores.
"No estás feliz de no haber tenido que marchar junto a todos ellos?" Le susurró Christina al oído. "Siempre he odiado esta parte. Los de primero, en la mesa central. Segundo y tercero ocupan las mesas contiguas a la izquierda y derecha respectivamente, por lo que los alumnos de años pares se encuentran a la izquierda y los impares a la derecha."
Tom miró automáticamente a las mesas más alejadas del centro. Efectivamente estaban ocupadas por los estudiantes mayores. "Por qué?"
Christina sonrió. "Para evitar que los alumnos se dividan en años y peleen en el comedor. Derrotar a una clase superior es un gran honor. Tú estás fuera de esa estructura pero mi Señor se desilusionaría mucho si su aprendiz es derrotado."
"Genial." Pensó. "Seré el blanco de todo el maldito colegio."
Una vez que estuvieron todos en sus sitios y en silencio, Grindelwald se levantó de su silla. "Saludos, mis estudiantes. Bienvenidos a otro glorioso año de la Academia de Magia de Durmstrang. Han aceptado la responsabilidad de aprender magia correctamente y, como elite del mundo mágico, espero el esfuerzo, la dedicación y la inteligencia de ustedes en sus estudios. No me defrauden."
Tom se estremeció ante el discurso. Su tono de voz era cordial pero la amenaza no dejaba lugar a dudas.
"Tengo buenas noticias. La profesora Raven ha regresado luego de un largo tiempo. Estoy seguro de que estarán ansiosos de aprender de la mejor combatiente mágica de toda Europa." Prosiguió el mago tenebroso.
Tom reprimió las ganas de inclinarse hacia Christina y preguntarle si el Conde se había ido de Europa; como asumían que estaba muerto, no podía usarlo para intentar molestarla.
"Asimismo, estoy feliz de anunciar que he aceptado un aprendiz." El anterior silencio del salón se profundizó aún más, si eso era posible. "El señor Slytherin asistirá a varias clases junto a los alumnos de sexto año, además de mi entrenamiento personal. Él es el heredero del gran mago Salazar Slytherin, y estoy seguro de que ustedes no dudarán en hacerlo sentir como en su propia casa. Podría levantarse, señor Slytherin?"
Tom se levantó nervioso y se valió de sus habilidades de Oclumancia para no demostrar emociones. Los alumnos tampoco: ni aplaudieron ni sonrieron ni reaccionaron de ninguna forma visible. Por el contrario, Tom sintió que lo estaban estudiando y juzgando; luego de un breve lapso (que a Tom le pareció un siglo) el señor oscuro le pidió que se sentara.
"Ahora disfruten de su banquete!" Exclamó Grindelwald, y con un chasquido de sus dedos la comida apareció de pronto en todas las mesas.
Una jarra con sidra caliente había aparecido frente a Tom. "Bebe un poco. Creo que lo necesitas." Le murmuró Serena, sorprendiéndolo. Lo había ignorado desde que había llegado al comedor, y ahora se preocupaba por él?
"Gracias Madam." Le dijo con cortesía. "Ciertamente esto fue una sorpresa." La bruja asintió solemnemente y volvió a su conversación anterior.
Tom comenzó a comer, mientras observaba todo alrededor. Todo era muy distinto a Hogwarts, y sentía que su alma se dividía en dos direcciones diferentes: una parte echaba de menos a su colegio y a sus amigos, y el pensar en su familia lo confundía. Su padre había sido un hipócrita, pero lo había salvado en lugar de matarlo. Y qué opinaría su madre al saber que estaba aprendiendo Artes Oscuras?
Sin embargo, Tom sentía un poder adictivo en ese colegio. El señor tenebroso podía asistirlo y ayudarlo en alcanzar su máximo poder mágico, y todos sabían que el poder mágico atraía poder político, económico y social. Nadie volvería a obligarlo a nada, nunca más.
2 de Setiembre de 1943
Tom hizo su camino hacia el aula de Encantamientos en su primer día de clases, luego del desayuno. Los estudiantes bullían en todas direcciones, rumbo a sus aulas, sin el perturbador paso militar del día anterior en el comedor principal. Parecían más relajados, pero nadie reía ni gritaba como era usual en Hogwarts.
Como no era un alumno regular, Tom tenía que vestirse con la túnica oficial del Ejército Oscuro. Su presencia fue notada en cuanto salió de la Torre: nadie dijo nada, y todos los alumnos con los que se cruzaba se abrían a su paso, manteniéndose a una respetable distancia.
Las túnicas que vestía eran útiles para esa época del año. El colegio era frío y estaba situado en lo alto de los Alpes, y las chimeneas se encendían solo para rituales o para comunicación vía Floo. Gruesas túnicas y encantamientos calentadores era todo lo que los estudiantes tenían fuera de sus habitaciones. Esos mismos encantamientos (y otros) se mantenían activos en el colegio, para evitar que paredes, piso y techos se terminaran congelando.
Tom atravesó la puerta del aula, y se llevó su primera sorpresa del día.
"Buenos días, señor Slytherin."
"Buenos días, profesora Helena."
La enorme mujer mitad-troll le sonrió traviesamente; la conocía y sabía que era su típica sonrisa, pero aún así seguía poniéndolo un poco nervioso. "Apuesto que no esperaba verme hasta la clase de Entrenamiento Físico. Mi herencia Troll me hace sumamente resistente a hechizos y encantamientos perdidos arrojados por estudiantes irresponsables."
La conversación se detuvo al llegar el resto de los estudiantes, quienes procedieron a sentarse en las sillas; las mismas estaban dispuestas en forma de U alrededor del escritorio de la profesora. Tom se sentó en una de las sillas, y al instante uno de sexto se sentó a su lado, ignorándolo.
La profesora Helena impresionó a Tom durante la clase. Su estilo era muy diferente al del profesor Flitwick pero ambos parecían disfrutar del proceso de aprendizaje. La clase se había enfocado en encantamientos protectores, y al final de la misma los alumnos debían mantener entero un huevo ante una maldición aplastante de la profesora. Si el huevo sobrevivía, el estudiante pasaba la lección del día. El huevo de Tom pudo sobrevivir, pero el del compañero sentado a su lado ni siquiera se inmutó; el muchacho sonrió triunfante.
Las clases de Transfiguración y Pociones se desarrollaron de la misma manera. El status de aprendiz del Señor Tenebroso separaba a Tom del resto, y nadie parecía querer acercársele, pero todos parecían medir sus progresos contra los de ellos. Tom pasó un anochecer silenciosamente en su habitación, luego de una incómoda cena en la mesa de los profesores.
La mañana del viernes rompió la rutina de aislamiento a la que estaba siendo expuesto Tom. Tomó su desayuno a solas en su habitación y partió rumbo a su doble clase de Artes Oscuras, que le ocuparía toda la mañana.
Al entrar al aula se dirigió a las sillas ubicadas en las tribunas, pero fue detenido por la profesora de Artes Oscuras. "Quédese en el frente del salón, señor Slytherin. Será mi asistente en las demostraciones prácticas." Le ordenó Christina.
Tom aceptó sin protestar; luego de un mes de batirse a duelo con la bruja psicópata, estar al frente en una clase repleta de sus compañeros de sexto no lo ponía nervioso.
Los alumnos llenaron paulatinamente el salón. Nuevamente nadie hizo comentario alguno sobre él, pero notaron su presencia. Christina esperó a que todos se sentaran y luego comenzó su clase.
La bruja oscura se paró frente a todos, mirándolos fríamente, y cuando habló, su voz fue más fría aún. "Cuando me fui, ustedes estaban completando el tercer año de estudios. Desde entonces, lo han hecho lo suficientemente bien como para pasar sus exámenes y poder asistir a esta clase. Bien hecho, pero ahora veremos si realmente se han ganado un sitio aquí. Cada uno de ustedes se batirá en una demostración de duelo con el señor Slytherin: si sobreviven, evaluaré vuestra performance y decidiré quién se queda y quién se marcha. Las Artes Oscuras no son para los débiles y no perderé tiempo en estudiantes incapaces."
El estómago de Tom se dio vuelta y crujió nervioso al pensar en veintiséis duelos.
Christina seleccionó un alumno al azar. "Señor Schlagel, usted será el primero." Y dirigiéndose al resto, agregó: "Los que no tengan tiempo de examinarse hoy, lo harán en la próxima clase."
Tom reconoció al muchacho; era el que se sentaba a su lado en algunas clases, y parecía ostentar un poder mágico medianamente aceptable. Sacó su varita y fue hacia la plataforma de duelo; allí espero.
Schlagel subió a la tarima varita en mano, y se dirigió al lado contrario al de Tom sin tener en cuenta algún posible ataque sorpresivo por su parte. Una vez en su sitio, adoptó la clásica postura de duelo y esperó.
Y siguió esperando y esperando.
Los alumnos presentes comenzaron a murmurar a medida que el tiempo pasaba, esperando que el aprendiz del Señor Tenebroso atacara. En lugar de eso, permanecía quieto en su sitio sin siquiera preparar su varita.
Schlagel no soportó más la presión: el stress de anticiparse al ataque de Tom estaba haciéndolo sudar. Aprestó su varita y murmuró entre dientes un hechizo: un pulso de luz de un brillo púrpura enfermizo se dirigió hacia el pecho de Tom.
En cuanto su contrincante preparó su varita, Tom ya había entrado en acción y solo tuvo que dar unos pasos al costado para esquivar el haz de luz, aunque le impresionó el hecho de que, presa de los nervios, no haya gritado el hechizo.
Dos hechizos siguieron al primero, los cuales volvió a esquivarlos tal como James le había enseñado. Un movimiento mucho más fácil desde que había aprendido a dominar su forma de Animago. Los estudiantes comenzaron a lanzar comentarios de sorna hacia su oponente.
Shlagel, concentrado en intentar atinarle a Tom, no se percató de que su oponente se hallaba cada vez más cerca gracias a sus movimientos. De repente, Tom dio una voltereta hacia delante y con su pierna derecha barrió los pies de Shlagel, tirándolo con fuerza al piso y haciéndole perder su varita. Éste, sorprendido, vio cómo Tom la levantaba y se la entregaba a Christina.
La bruja oscura la aceptó con calma y fue hacia el estudiante batido. "Ha perdido, señor Shlagel. Tome su varita y váyase; lo espero en mi oficina esta tarde."
El rostro del muchacho de sexto año estaba pálido por el dolor de la caída, pero asintió obedientemente y rengueó fuera del salón. Al momento, Christina volvió a señalar al azar a la tribuna. "Usted es la siguiente."
Una bruja de cabello negro se aproximó a su sitio en la plataforma con confianza, con su varita colgando de su mano. Tom conjuró un hechizo no verbal y esperó a que estuviera lista. Cuando la muchacha levantó su brazo para arrojar su primer hechizo, Tom conjuró un Bombus Lux que sonó como un trueno en el salón al tiempo que estallaba una enorme bola lumínica que encegueció a todos, menos a él. Antes de que nadie reaccionara, Tom ya había desarmado a la muchacha y desactivado la protección en sus oídos y ojos.
La clase permaneció aturdida un largo rato, al igual que Christina. Luego, en un tono casual, vociferó: "El próximo?"
Miró a los estudiantes y sonrió con malicia. "Señor Krieger!"
El alumno de sexto que sentaba a su lado en las clases de Encantamientos se levantó y fue hacia la tarima; Tom notó que se movía rápida y ágilmente, lo que le indicaba que estaba bien entrenado.
Pero sus ojos le llamaron más la atención. Eran profundamente negros, y lo miraron con un odio especial. No era el típico odio que provenía de antagonismos colegiales como el de Alajos Sardonnes; éste era un odio liso y llano que no experimentaba desde sus lejanas épocas en el orfanato.
Los dos magos se estudiaron intensamente esperando una señal o un movimiento. Alerta como estaba, Tom casi fue sorprendido por el primer hechizo; un haz de luz amarilla pasó rozando su cabeza, pero el segundo hechizo fue absorbido por sus escudos mágicos. Necesitaba tomar la iniciativa y lanzó algunos hechizos rápidos para poner a Krieger a la defensiva.
"Corycus, Fucotig, Corycus, Fucotig, Perfringo!"
El hechizo golpeador era bueno para debilitar los escudos, y el maleficio que arrojaba bolas de pintura solo era una distracción, ya que quería que Krieger les prestara atención. La maldición rompe-huesos que siguió a continuación era otra cosa distinta, y fue dirigida hacia las rodillas de su oponente.
Krieger esquivó el primer hechizo golpeador justo antes de que algunas pequeñas bolas de pintura roja le atinaran el hombro. Sorprendido, el joven alemán se distrajo permitiendo que el segundo hechizo golpeador alcanzara sus escudos, haciéndolos temblequear.
La maldición rompe-huesos impactó con fuerza en los escudos, los cuales absorbieron la mayor parte de su energía; el resto atravesó la defensa que colapsaba y arrancó un gruñido de dolor en el muchacho.
Tom no tuvo tiempo de seguir atacando. Incluso herido, Krieger agitó su varita y conjuró una maldición: un látigo de fuego rasgó el aire entre ambos contrincantes rumbo a Tom. Instintivamente, éste levantó su brazo izquierdo para proteger su rostro. El látigo se enrolló en su brazo y quemó la manga de su gruesa túnica.
"Sectumsempra!" Murmuró como pudo, arrojando con la varita en su mano derecha una maldición que cortó violentamente la varita de Krieger en dos partes. La maldición oscura siguió su camino e impactó en la mano del muchacho a modo de cuchillada.
Tom respiró aliviado cuando el látigo de fuego se desvaneció en el aire, pero tuvo que conjurar un encantamiento entumecedor en su brazo para sofocar el dolor de la quemadura.
La destrucción de la varita de Krieger significó el fin del duelo. Christina fue hacia el muchacho, quien estaba vendándose la mano con un trozo de tela. La sangre chorreaba sin parar desde su mano, y Christina conjuró un encantamiento sanador con su varita: buena parte del desangrado se detuvo, pero no del todo. La bruja oscura levantó sus cejas confundida, ya que esperaba que la mano del muchacho de sexto sanara del todo. Algo sobre esa maldición pareció revolverse dentro de sus recuerdos.
"Eso te ayudará hasta que puedas llegar a la enfermería. Ahora ve!" Ordenó la bruja.
Una vez que Krieger se había ido, se volteó para mirar a Tom. "Krieger era el mejor duelista del colegio." Le susurró, con el fin de que solo él escuchara. "Ha ganado las competiciones del año anterior, venciendo a estudiantes de sexto y séptimo."
"Por eso me odia? Por que soy una amenaza a su status?" Preguntó Tom.
Christina sonrió con malicia. "Sí, por eso, y por el hecho de que se murmuraba de que Krieger iba a ser elegido como aprendiz del Señor Tenebroso. A su modo de ver las cosas, tú le has robado su lugar."
"Oh, eso es genial." Gruñó malhumorado.
Christina le guiñó un ojo y se dio vuelta para encarar la clase. "Ya han sido examinados tres estudiantes y dos de ellos han terminado en la enfermería. Me alegra que sea viernes, de lo contrario el resto de los profesores se molestarían mucho conmigo." Apuntó hacia un estudiante al azar. "Tú, tu turno!"
Tom se dejó caer en su cama, exhausto, luego de haber tenido que luchar contra doce estudiantes durante tres horas. Krieger había sido su contrincante más duro, pero no había sido su duelo más largo; seis compañeros de sexto habían acabado en la enfermería, y él mismo también podría haber terminado allí sino fuera por las pociones curativas que Serena le dio cuando llegó a su cuarto.
Y aún tenía que luchar contra el resto de ellos, la próxima clase.
17 de Diciembre de 1943
Tom salió del aula de pociones a paso seguro. Las vacaciones de invierno comenzarían al día siguiente y el profesor Ogglet había decidido sorprender a los alumnos con un pequeño examen del tipo EXTASIS antes del receso.
Ninguno de los estudiantes llamó a Tom para que lo esperara y ninguno se le acercaba. Luego de más de cuatro meses como aprendiz del Señor Tenebroso, sus compañeros sabían que era mejor no estar cerca del señor Slytherin; antes lo hacían por envidia, y ahora por miedo.
La semana posterior a los duelos en la clase de Christina, Krieger se cruzó con Tom y sacó a relucir una varita nueva. Luego de esquivar el ataque inicial, Tom demostró sus avances en magia oscura arrojando el hechizo de flechas envenenadas que había usado contra Christina. Esta vez, tres flechas se clavaron en el pecho de Krieger y el veneno paralizante le provocó un paro cardíaco. Luego de eso, el muchacho al que ya llamaban el Aprendiz Oscuro fue aún más aislado por el resto.
Tom se dirigía a la Torre del maestro cuando escuchó una conmoción desde el vestíbulo de la entrada, por lo que decidió ir a ver qué ocurría.
Dos miembros del Ejército Oscuro estaban allí, junto a dos cuerpos que levitaban a medio metro de altura cerca de ellos. Los dos soldados habían conjurado sábanas para tapar a los dos cuerpos sin vida, pero Tom intuyó que se trataba del guardia de los terrenos y del instructor de vuelo, los cuales permanecían desaparecidos desde hacía un par de semanas. Christina y Helena se acercaron a la escena.
"Dónde los han encontrado?" Preguntó Christina.
Uno de los soldados hizo una leve reverencia y respondió: "Estaban en una saliente de una montaña al sur de aquí. Deben haberse bajado de las escobas por alguna razón y fueron atacados por hombres-lobo. Jonas murió por una mordida que destruyó su cuello. Mythos fue herido en una pierna pero aparentemente pudo resistirse por un tiempo antes de morir por la pérdida de sangre y congelado."
Tom consideró otra escena, pero no dijo nada. Había estado sintiendo a James moviéndose por los alrededores de la montaña del colegio, intentando contactarse con él. Sus defensas y su Oclumancia pudieron evitar la conexión, pero sin embargo pudo sentir una llamarada de triunfo de James la noche que los dos magos desaparecieron en sus patrullas. No habían sido hombres-lobo los que habían matado a Jonas y Mythos, sino una clase completamente diferente de lobo.
Christina frunció su ceño. "Llévenlos al cuartel y sigan con la investigación. Quiero asegurarme de que fue un accidente y que las heridas no fueron causadas por magia." Se volteó para mirar a Tom y agregó: "Nuestro Maestro quiere verte en su cuartel."
Tom asintió y se dio vuelta para dirigirse allí; no necesitaba saber cuándo quería que fuera a verlo: siempre era inmediatamente. Helena lo alcanzó un poco más adelante.
"Oh mi pequeño Tommy, te has estado portando mal?" Le preguntó la profesora, entre divertida y curiosa. Solo ella y Christina lo trataban como a uno más.
"Posiblemente. Quizá escuchó sobre lo que le sucedió a tu varita ayer." Le dijo, con un tono seco de voz.
"Me encantaría saber cómo has hecho para reemplazar mi varita por una falsa."
"Tuve suerte de encontrarla en el piso." Le dijo Tom, fingiendo desinterés. "Nunca dije que había sido yo el que la había cambiado."
"Hmm, no habíamos tenido bromas hasta ahora. Deben ser algunos precoces bribones de primer año."
"O algún estudiante mayor que quiere revelar su lado bromista." Ofreció Tom.
"Posiblemente." Le dijo Helena, imitando su tono de voz inicial.
La pareja despareja llegó a la Torre del Maestro y ascendieron por el conducto hacia los niveles superiores. El último nivel albergaba una sala de conferencia con una magnífica panorámica de los alrededores del colegio.
Tom se aprestó a golpear la puerta de la oficina de Grindelwald, pero Helena lo detuvo y señaló la otra puerta. "No está en su oficina, está en su cuartel."
"Entren." Dijo una voz, desde dentro.
Helena entró primera; Tom nunca había estado allí y quiso observarlo todo. Y lo que vio lo sorprendió.
La gran habitación era similar a la sala común de Ravenclaw, repleta de estanterías con libros de todos los tamaños. Una biblioteca cerrada de vidrio contenía varios textos que parecían antiquísimos. Un par de amplias ventanas mostraban un espectacular paisaje de las montañas de los alrededores.
Tom se sorprendió al sentir algo nuevo. Calor.
Había creído olvidada esa sensación que no experimentaba desde que había estado en Hamburgo. Su mirada se dirigió a una extensa chimenea encendida y deseó sentarse frente a ella por un largo rato.
"Admito que disfruto la sensación del calor más de lo que un director de Durmstrang debería."
Tom se dio vuelta para mirar a Grindelwald. "Sí, milord. Esta habitación me recuerda más a Ravenclaw que a Durmstrang."
El señor oscuro soltó una corta risa, pero una vez más sus ojos permanecieron serios. "Es cierto. Puedes sacar al mago de Ravenclaw, pero no puedes sacar a Ravenclaw del mago. Pero dime, joven Slytherin, cómo es que conoces la sala común de Ravenclaw?"
"El profesor Evans sabía todas las palabras clave de las Casas. Fui capaz de obtenerlas." Respondió. Técnicamente no era mentira. Cuando James le entregó el Mapa de los Merodeadores, recibió además las palabras clave de las salas comunes.
"Muy astuto, señor Slytherin." Le dijo, sin cambiar su expresión. "Tome asiento. Tenemos mucho que discutir." Y mirando a Helena, la despidió: "Gracias, querida, ahora déjanos a solas."
Helena le dedicó una reverencia extraña, casi delicada. "Sí, milord." Se volteó y se marchó del cuartel de Grindelwald.
Una sospecha cruzó la mente de Tom: Helena estaba enamorada del señor tenebroso! Casi ríe ante lo absurdo de la idea. Y cuando Grindelwald levantó sus cejas en una expresión irónica, Tom se percató de que el señor tenebroso sabía sobre ello.
"Tom, estoy seguro de que te has preguntado por qué he hecho tanto para traerte aquí y hacerte mi aprendiz." Cuando Tom asintió, Grindelwald prosiguió. "El plan original no era tenerte. Necesitaba, y necesito, información que tu ancestro ha dejado escrita en algún sitio y que solamente tú podrás obtener. Has escuchado alguna vez la palabra Horcrux?"
Tom simuló ignorancia. No quería revelar cómo lo sabía. Grindelwald pasó los siguientes veinte minutos explicándole el uso de los Horcrux y cómo eran creados. Era información que ya había escuchado antes, pero que James no le había explicado con tanto detalle.
"Salazar Slytherin ha podido conseguir toda la información relacionada con los Horcrux y la ha ocultado en la Cámara de los Secretos. Mis fuentes dicen que solo el heredero de Slytherin puede acceder a ese sitio, y que debe ser lo suficientemente oscuro como para poder leer ese material. Originalmente habíamos intentado utilizar a tu verdadero tío para que recuperara los escritos. Supongo que recordarás la incursión a Hogwarts durante tu segundo año? Bien, capturar al hijo del Ministro Nott hubiera sido un buen bonus, pero nuestro objetivo era entrar en la Cámara. La intromisión de ese Conde terminó arruinando mis planes fatalmente."
"Por qué necesita un Horcrux, milord?"
"Sabes por qué he sido exiliado de Inglatera?"
"No, milord."
Grindelwald se recostó contra el alto respaldo de su silla. "Luego de terminar Hogwarts, me obsesioné con la idea de descubrir una forma de estudiar nuevos mundos y viajar en el tiempo. El gran filósofo mágico Michael Britanious visitó la gran biblioteca de Alejandría un tiempo antes de que esos estúpidos muggles supersticiosos la incendiaran. Escribió un tratado basado en el material de la biblioteca acerca de la posibilidad de abrir portales entre los mundos. El Ministro hizo lo que pudo para detenerme y me prohibió el acceso a dicho material, por lo que intenté robarlo. Sin embargo, mis viejos amigos Dumbledore y Thomas Potter supieron de mi plan y me traicionaron; luego de un breve juicio, el Ministerio de Magia de Inglaterra decidió exiliarme del país."
La mirada del Lord estaba perdida en el fuego de la chimenea. Luego de una pausa, continuó. "Si bien esos rollos quedaron fuera de mi alcance, decidí continuar mi investigación. Eventualmente, conseguí contactar con un plano de existencia muy diferente a la nuestra. Muchos se refieren a ese plano como Infierno, aunque el nombre correcto es el Plano Principal del Fuego. No tiene nada que ver con nuestros muertos, pero las criaturas de ese lugar dieron origen a nuestras imágenes modernas de Demonios y del Diablo. A través de ciertos rituales podemos atraer algunas de esas criaturas hacia un portal y capturarlas mágicamente a nuestra voluntad. Desde ese plano, además, se puede alcanzar muchos otros más."
"Ha estado allí, Maestro?"
Grindelwald sonrió. "Has dado con el punto, mi joven amigo. Si puedo llegar a ese plano, sería capaz de abrir nuevos portales hacia otros reinos, pero sin embargo la transición por el portal es mortal para los humanos. Solo alguien con un Horcrux puede sobrevivir."
Tom asintió. "Me necesita para acceder a la Cámara y hallar el escrito correcto. Y necesita un mago oscuro para traducir la información."
El Lord sonrió complacido. "Entiendo que te has superado en tu entrenamiento y que Christina está satisfecha con tu progreso. Serena, por su parte, me ha dicho que eres un gran estudiante. Es muy raro que las dos hermanas estén de acuerdo en algo."
Tom hizo una reverencia con su cabeza. "Gracias, milord."
"Bien. Ahora, tengo un trato que podría interesarte. Archipedous, acércate por favor."
Tom tuvo que valerse de todo su autocontrol para mantenerse en su sitio cuando un demonio emergió del fuego de la chimenea. La criatura miró a Tom fijamente antes de dirigirse a Grindelwald con una voz que parecía quemada. "No me gusta este plano frío, hechicero. Libérame o atraviesa el portal conmigo."
"Silencio, esclavo. Harás lo que yo te ordene." Exclamó el señor tenebroso; pasaron varios segundos antes de que el demonio se decidiera a aceptar su sumisión.
"Como puedes ver, los demonios deben estar subyugados a nuestra voluntad y pueden ser excelentes sirvientes una vez que se los logra dominar a nuestra voluntad. Han estado en incontables mundos desde eones y poseen conocimientos casi infinitos sobre esos reinos." Grindelwald frunció su ceño ante el demonio y prosiguió: "Incluso proclaman saber sobre cuestiones tan antiguas como los viajes en el tiempo o sobre la creación de universos, pero se niegan a compartir su sabiduría."
El demonio rugió: "Ya he dicho, solo se obtiene información en el mundo real." A Tom le costaba entender lo que decía la criatura. Solo comprendía identificando las palabras sueltas que distinguía para poder formar frases inteligibles.
Suspirando por la frustración, Grindelwald acotó: "Consideran que el mundo real es el Plano de Fuego, y que solo allí uno puede obtener el conocimiento de los demonios."
"Regresa a tu lugar, Archipedous. Te convocaré más tarde, antes del próximo ritual."
"Sí, hechicero." El demonio se dio vuelta y saltó hacia el fuego, de donde salió una llamarada que se extinguió casi al instante.
"Me iré por unas semanas, durante el receso invernal. Debo consentir un poco a mi marioneta muggle; se está poniendo inestable y las pociones ya no funcionan como antes. Sigue con tus estudios, te haré llamar a mi regreso."
Tom se levantó y se inclinó para saludarlo. Mientras se iba rumbo a su habitación ubicada un nivel más abajo pensó sobre todo lo que había visto y escuchado esa noche, y no pudo llegar a ninguna conclusión.
10 de Marzo de 1944
Durmstrang
El cumpleaños número diecisiete de Tom pasó sin que nadie lo felicitara; ni siquiera estaba seguro de que alguien estuviera al tanto de cuándo era su cumpleaños. El señor tenebroso y Christina estuvieron ausentes la mayor parte del receso invernal y la única persona a la que vio Tom el primero de enero fue a Serena, y solo para que le dieran de nuevo esa horrible poción. Tuvo que contentarse con solicitarle un trozo de pastel a un elfo doméstico y festejar su paso al mundo adulto en soledad.
Los siguientes dos meses se adentro más aún en sus estudios; la magia y los rituales que estaba estudiando le fascinaban.
Se preguntó con curiosidad si el Tom Riddle de la época de Harry Potter también había pasado tiempo con el señor oscuro. James Evans le había contado que aquel Tom Riddle había creado su primero Horcrux durante el verano posterior a su sexto año. Quizá aquel Tom había conseguido los escritos de Slytherin para Grindelwald, pero al mismo tiempo pudo aprender los negros y retorcidos rituales para hacerlos. Era posible. Si en aquel tiempo Lord Grindelwald no pudo encontrar a ningún Gaunt fue porque aquel Tom Riddle había asesinado al último Gaunt vivo para robarle un anillo.
Un golpe en su puerta lo sacó de sus pensamientos, y Christina y Helena entraron sin esperar su respuesta. Consideró arrojarles una buena maldición por la impertinencia, pero desechó la idea al imaginarse que el Señor Oscuro le devolvería el castigo.
"Venimos con buenas noticias!" Dijo Christina, que parecía exaltada.
"Y qué noticias son?" Les espetó, dejando su libro y recostándose en su silla.
"Mira, está practicando el gesto amenazante de un señor oscuro." Le dijo Christina a Helena, sonriendo.
La mitad-troll negó con su cabeza, esbozando una media sonrisa cínica. "No, es su imitación de la expresión de Serena cuando está leyendo y la interrumpen."
"Quizá…"
"Tienen algo que decirme" Gruñó Tom.
"Lord Grindelwald ha fijado una fecha para tu retorno a Hogwarts para buscar los escritos perdidos de Salazar Slytherin." Le dijo Christina.
"Y eso cuándo sería?" Preguntó Tom.
"El veinte de Junio. Las clases en Hogwarts terminan el quince este año, por lo que no habrá ni estudiantes ni profesores que se entrometan. Entraremos, tomaremos lo que el Señor busca y nos iremos sin dejar rastro."
"Quienes?" Tuvo que preguntar Tom.
La bruja oscura sonrió. "Helena y yo te acompañaremos. Sé que el Señor Oscuro quiere que sea algo rápido y sigiloso, pero ansío encontrarme nuevamente con el Conde."
"Y yo iré para echarle un ojo a ambos." Agregó Helena, desconfiando de Christina.
Tom sonrió. "Quizá tengamos suerte y nos encontremos con el profesor Flitwick." Ante las miradas de ignorancia de las brujas, agregó: "Es el asistente del profesor de Encantamientos."
"Es alto y musculoso como yo?" Preguntó Helena.
"No, es mitad-duende, pero fue campeón de duelo antes de entrar en Hogwarts." Concluyó Tom.
Christina y el muchacho se rieron ante la imagen de un duelo entre Helena y Flitwick; la bruja mitad troll, sin embargo, lucía pensativa.
Luego de que las risas se detuvieron, Tom miró a Christina. "Entonces, cuéntame sobre los planes del señor oscuro para mi regreso triunfal a mi viejo colegio."
La plática continuó durante gran parte de la noche.
6 de Junio de 1944
Durmstrang
Las preparaciones para la misión a Hogwarts ya estaban encaminadas. Los estudiantes de Durmstrang habían vuelto a sus hogares por las vacaciones de verano dos días atrás. Tom no había establecido amistad ni lazo alguno con ninguno de ellos; luego de lo que le hiciera a Krieger, el héroe estudiantil, nadie quería estar en sus cercanías. De cualquier manera, Tom los veía solo como prueba para sus nuevas maldiciones oscuras.
Helena lo encontró en la biblioteca por la tarde. Serena trabajaba en el inventario de los libros, quejándose por la condición en que los alumnos los devolvían.
"Tom, te he estado buscando." Vociferó Helena, ignorando la mirada asesina de Serena.
"He estado aquí toda la tarde." Dijo Tom, sin levantar su vista del libro que leía.
Helena se detuvo frente a la mesa en la cual se hallaba el muchacho. "Nos hemos enterado que los ejércitos muggles norteamericanos e ingleses han comenzado a bombardear la costa de Francia. Parece el preludio de una invasión. El señor oscuro nos quiere listos para partir inmediatamente."
Tom asintió pero no estaba escuchando realmente. Pensaba sobre las emociones que había sentido a través de la conexión que tenía con la cicatriz de James Evans. Desde marzo, las sensaciones de miedo, preocupación y frustración habían crecido exponencialmente, pero esa misma tarde más temprano todas esas emociones se habían fundido en una sola: expectativa. Tom sabía que James Evans estaba cerca del colegio desde hacía bastante, pero ahora algo había cambiado.
De pronto, supo qué estaba faltando. No podía sentir la conexión!
"Helena, creo que… "
Repentinamente, el castillo entero tembló macabramente ante una sacudida. El aire se llenó de polvo y se detuvo tan pronto como había comenzado.
"Qué fue eso?" Preguntó Helena salvajemente.
Antes de que Tom pudiera contestar, Serena ya estaba a su lado con otra poción. "Bébela rápido." Le ordenó; Tom obedeció.
"Creo que a Christina se le cumplió su deseo antes de tiempo." Dijo Tom, con sequedad.
"Su… deseo?"
"Sí, como dice ese viejo dicho… cuidado con lo que deseas." Contestó Tom sonriendo, pero sin humor alguno. "Debe haber sido el Conde, golpeando la puerta para que le dejen entrar."
Los ojos de Helena se abrieron por la sorpresa ante el comentario. "Ven conmigo, hay que encontrar a Christina. Tenemos que prepararnos."
Tom siguió a la enorme profesora de Encantamientos a paso redoblado. "Esto será interesante."
