Capítulo XXXVII
Peldaños veraniegos: Mind the gap
Cave ne cadas (cuida de no caer / cuidado no caigas)
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Cemeteries of London - Coldplay
Shadows in the city - Marcus Foster
Sultans of Swing - Dire Straits
Don't Let me Down - The Beatles
Shine a Light - Spiritualized
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-Sí.
-¿Sí?- repite incrédulo.
-¡Sí, sí, sí! Mil veces sí, rakkaani. Quiero ser tu esposa- ríe una carcajada infalible y toca sus labios.
Lo tira al suelo y se revuelcan riendo y besándose delante de todos. Les da igual que los reconozcan. Han dicho sí. La afirmación no es una coincidencia. Ella no cesa su risa. Luce como un niña, como un luz fúlgida por si sola, sin que deba existir el sol para brillar o la miseria para estar feliz.
Ese es el acuerdo que por fin han concretado, el que une sus vidas, que hace tener sus ilusiones conjuntas. El apoyo incondicional está sellado, el lacre todavía está caliente y moldeable sobre sus destinos.
-¿Por qué ríes tanto? ¿Es un chiste mi propuesta?
-No, tonto. Es que soy muy feliz ahora mismo. Si hubieses visto tu cara…
-¿Te parece gracioso lo mal que me lo has hecho pasar?- reprocha con ese puchero que a ella le incita morder.
No puede evitar sonreír a pesar de su tono. No suelta su abrazo. Es tan difícil conseguir el rostro de felicidad absoluta en Isabella que no quiere ver otro ahora mismo.
-¿Qué pasa? ¿No te gustan mis dotes actorales?
La mira sorprendido. Siempre vengativa.
Un mensaje por megafonía rompe el momento.
Últimos pasajeros del vuelo con destino Londres, por favor, diríjanse a la puerta 16. Las puertas de embarque están a punto de cerrar.
-Mierda. ¡Rápido!
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Mira el despertador. 4:27 am y ella no está en la cama. Duda que esté en la calle, estaba demasiado exhausta. No sería la primera vez que se despierta e Isabella no está a su lado. La primera vez, casi un año atrás, se asustó al no encontrarla. Cinco de la mañana y escuchó la puerta.
¿Dónde estabas?
Yo...Necesitaba dar una vuelta.
¿De madrugada?
Entendió, con esa rutina anómala y esporádica, que Isabella necesitaba esos momentos, esos rincones apartados. Fueran donde fueran y a esas horas. Formaba parte de su lado oscuro e incognoscible, el mismo que él aprende a respetar a pesar del miedo que le posee pensando qué puede ocurrirle por las inseguras y secretas calles de Londres. Hay días en los que su intranquilidad es palpable y a pesar de abrazarla fuerte antes de dormir para evitar que se vaya, que se deslice de sus brazos y penetre en la incertidumbre de la niebla, ella simplemente se escurre y desaparece por horas. Las mañanas después de esos paseos nocturnos y solitarios se reflejan en sus ojeras, unas que contradicen la expresión de paz en su rostro, como si realmente fuera una necesidad tener que salir en la madrugada y perderse para encontrar un contacto con ella misma, una conexión con lo que une sus mundos interiores y poder continuar en pie. A veces está tentado de levantarse e ir con ella, acompañarla, pedirle que le enseñe dónde va, preguntarle en qué piensa, porqué pugna con ella misma, porqué se esconde tras los parapetos, de qué trata su lucha, intentar ahuyentar lo que sea que le haga huir, los fantasmas que le acosan y la inducen en el nerviosismo repentino, darle la mano y apretarla para demostrarle que él siempre va a estar ahí, ser capaz de protegerla. Pero asume, con cierto dolor por ser un tema en el cual él no puede entrar ni compartir, con dolor al entender que amarla no es suficiente, que esa parte de su mundo no es colindante al suyo, que no hay existencia de istmos entre él y lo hermético de Isabella y que su personalidad limítrofe es algo que no va a cambiar, con todo ello entiende que no hay lugar para él en esos pasos ni amparo que pueda ofrecer y sea aceptado.
No debe salir del cuarto para encontrarla. Está apoyada en el rincón de lectura del dormitorio. Ese espacio postrado en la ventana, con un sillón y los estantes llenos de hermosos libros rodeándolo. Es el rincón favorito de ambos. Las horas no tienen piedad mientras leen, cada uno con su libro mientras la luz del sol o la artificial cuando llueve ilumina las letras. A veces se interrumpen para leerse en voz alta las frases que más les impactan, para comentar los mejores párrafos, para paladear juntos esa sensación literaria que deja a su paso ese arte de combinar palabras y frases que quitan el aliento y quedan marcadas a fuego.
Lo extraño es que no está leyendo nada.
-¿Qué haces?- pregunta bostezando- Es tarde.
Le invita con su mano y hace hueco para que se siente con ella.
-Es hermoso.
Se refiere al anillo en su pie desnudo. Lleva un tiempo inestimado observándolo. No puede parar de hacerlo. El zafiro es como si le hablara. Nunca había visto un azul tan hermoso, centelleando ante la escasa luz lunar. Y es suyo. Es la prueba de que se va a convertir en esposa, en que ha aceptado entregarse a un hombre. A Edward Cullen. Necesita tiempo para poder asumirlo.
-Puedo agrandarlo para tu mano.
-¡No! Tienes razón. Esto es más nosotros. Me gusta tu originalidad. No temas un drama, no lo haré.
Sonríe, vuelve a besarlo y se gira para acostarse de espaldas sobre él. Miran por la ventana. Pleno verano y el cielo oscuro descarga fuertes gotas de agua que resbalan por el cristal. La casa no se siente vacía aún en silencio y ellos no se sienten extraños en ella. Salchicha viene corriendo porque el hueso con el que estaba jugando se le ha quedado atrapado dónde siempre. Krispy duerme en las ramas que cuelgan entre los estantes y Chucky no se mueve del regazo de Bella. Ha estado demasiado tiempo fuera. Sus ausencias no hacen posible detener la continua depresión del animal y por eso sigue tomando diazepan. Hoy no le ha dado la pastilla. Hoy disfrutan del tiempo perdido. Edward le hace hueco al perro y ya están todos. Parecen una familia.
Parecen lo que son.
Edward la abraza fuerte. Ella parece menos inexpugnable que siempre.
-Rusia.
-¿Qué pasa con Rusia?
-Celebremos nuestra boda allí.
-¿En Rusia?- pregunta extrañada- ¿Ya has vuelto a leerlo, no es así?
Edward está obsesionado con ese autor. Es de sus favoritos. Con ese y el resto de escritores rusos. Le gustan las historias tristes y oscuras en las que la esperanza no existe. Cuanto más depresiva sea la historia, más feliz es.
-¿En Finlandia también sucede? ¿Las has visto?
-Es una de las cosas más hermosas en este planeta. Eso y perseguir a los lobos de fuego.
-¿Qué son?
-Auroras boreales.
-Aquí no sucede nada en el cielo. Ni tan solo se ven las estrellas con la contaminación- asegura mirando por la ventana- Me fascinan las constelaciones y no sé reconocer ninguna- dice avergonzado.
-Edward…
-¿Qué pasa?
Tira su cabeza hacia atrás para mirarle apoyada en su hombro.
-Somos muy jóvenes para casarnos.
-Fuiste tú la que lo propuso primera.
-Ya, pero tú sabes que a mi me falta un tornillo.
-No tengo miedo a nada, Isabella. No con lo que respecta estar juntos para siempre en esta vida. Es una de las únicas cosas que no me aterran. Además, si esperamos, ¿qué sentido tendría? Cuanto más años tenga, menos posibilidades tengo de llegar a viejo y celebrar nuestro aniversario de oro. No pienso arriesgarme porque ten por seguro que quiero un aniversario de nuestra boda de cincuenta años.
-¿Y si…?
-Y si nada. Ya he decidido el lugar. San Petersburgo. Ahora elige la fecha.
Ella sonríe ante su demandante voz. Piensa la fecha. No hay vuelta atrás. Ella inició la loca propuesta y ahora él la ha aceptado. Tiene miles y miles de dudas, pero las aparta y sigue sin pensar en nada.
-El 27. El 27 de junio de 2013. Tienes un compromiso nupcial, no lo olvides.
-El mismo que tú, no lo olvides tampoco. Será la noche blanca de nuestras vidas.
Se miran a los ojos en un período extenso de silencio y promesa. Están dando un paso de titán y lejos de estar asustados, lo que están es impacientes.
Isabella ha aprendido a engañarse y creérselo. Por un momento fugaz, cree que todo lo que imagina en el futuro es cierto y disfruta de ello. En esa fecha ya no tendrá a Edward a su lado. Cuando acabe la promoción de la película de Jarmusch, probablemente presentada en Cannes, todo acabará ahí, en ese festival. Habrá tenido la experiencia que tantos quieren; una fama inútil, unos segundos de gloria falsa y la fugacidad de un romance con una estrella joven.
¿De qué le sirve nada de eso si ella solo desea el hombre que hay detrás de todo eso?
Cuando vuelve a mirar su dedo vuelve a fantasear con que todo es cierto. Cada vez es más difícil separar la fantasía de lo que podría ser su realidad. Por eso está siendo tan buena en lo que peor se le da: no pensar.
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Londres es una ciudad tan atractiva, interactiva, despierta y cambiante que ofrece miles de cosas contínuamente, a cada rato, a cada género de interés, a cada distrito. Y ellos, que han estado viendo mundo durante los últimos meses, no pueden evitar hacer el mismo turismo allí también, en su propia ciudad y respirar al mismo tiempo la pertinencia y la sensación hogareña.
Agosto es una locura. El mes parece encogerse como una prenda en la lavadora con agua caliente, como la que encoge Edward cada vez que intenta batallar contra esa máquina que se come sus calcetines y por eso nunca se pone el mismo par.
Los días pasan volando. Por supuesto, exploran como jamás habían explorado la ciudad.
Covent Garden y sus músicos, caminatas por el Támesis, abastecerse de comida en Borough Market, entrar en el British Film Institute sin que haya ninguna presentación y él enloquezca a todos los que andan ahí por esa visita, solo quería ser testigo del patrimonio cinematográfico. Ir a Science Museum y sorprenderse como dos niños más en una excursión con la escuela, admirar desde fuera Temple Church, reírse de los extranjeros durante el cambio de guardia en el palacio, ir a una obra de teatro en el Globe Theatre London, formar parte del público escaso en el Speaker's Corner, tomar el té a las cinco en la cripta de St Martin in the Fields, tours tenebrosos sobre fantasmas, leyendas y asesinatos, Chartreuse mientras observan ponerse el sol en su jardín recostados en sus tumbonas, dormirse en los campos de Primrose Hill, sentir escalofríos ante los frascos de Hunterian Museum, querer hijos para tener la entrada permitida en Coram's Fields. Visitar lugares abandonados como St Dunstan in the East, subirse al primer tren de la estación St Pancras sin saber el destino y acabar en Birmingham para disfrutar de un festival de jazz y folklore.
-¿Has leído esto?
-¿Qué es?- pregunta cogiendo el pequeño libro.
-Hercólubus. El planeta rojo que nos va a aniquilar por fin. ¿Quieres que sobrevivamos en Marte? Puedo ir buscando si ya hacen viajes y reservar asientos para irnos- comenta riéndose- No digas que te lo advertí.
-"Libro itinerante. Por favor, colabora con la difusión de este libro. Después de su lectura le rogamos que lo deposite en algún lugar adecuado para que pueda llegar a otras personas". ¿Pero qué locura es esta...?
Lo dejan en el asiento. No se les ocurre otro medio en el que viaje a tantas personas.
Richmond Park y los ciervos que Bella echa en falta, alimentar patos y pelícanos en St James Park, aquellos que un día los atacaron, dejarse un dineral en compras en Burlington Arcade. Shri Swaminarayan Mandir, echaban de menos los templos hindús. Encontrarse a Victoria Beckam mientras compran en William Vintage y que esta se declare fan de Edward con esa expresión de estrecha soberbia que lleva a menudo, trajes a medida en Savile Row, París es la ciudad de las mujeres elegantes, Londres es la de los hombres y Edward se ha convertido en todo un referente de la moda ahora que la ha mejorado considerablemente por su madurez estética.
Ir a la biblioteca para no estudiar, la cúpula gigante lo hace imposible. Shaftesbury Avenue, arteria teatral en el Soho, el piso en el que vivía Edward ahora lo habitan unos músicos, horrorizarse ante el recuerdo reencarnador de hogueras quemando mujeres acusadas de brujería en el ahora Smithfield Market, la oficina de registros de Marylebone, tantos famosos y artistas que firmaron un matrimonio y él rechaza la idea. Electric Cinema, el primer cine de la ciudad, nido de cinéfilos y carnet de socio del cinéfilo de su novio. Ir prácticamente todos los días a los cines al aire libre. En azoteas, parques y piscinas. El hot tub cinema y sus jacuzzis fue una experiencia desagradable a pesar de lo atractiva qué se vende y por eso no la repetirán otra vez.
-¿Has leído esta sinopsis?- señala la programación- Tiene muy buena pinta. ¿Vemos esta hoy?
-No.
-¿Por qué?- murmura extrañada.
-La tenía que haber protagonizado yo, pero al final no pude por malentendidos. Pensaba que tenía las mismas posibilidades que el resto, pero adivina qué. Me equivocaba. Tenía menos en realidad. Soy un paria y la gente piensa lo contrario. Es gracioso.
-Oh...En ese caso, la veremos igualmente...Y pondremos a parir al director de casting. Oh...Y si vuelves a decir que eres un paria tendré que darte una paliza…¿Mis besos no son un derecho exclusivo?
-Tú eres algo superior a todo.
-Y tú eres mi igual.
Aqua Kyoto, él echaba de menos el sushi de verdad. Volver a Greenwich, al punto del meridiano en el que se besaron por primera vez, esta vez por el túnel peatonal, posar con dinosaurios en Crystal Palace Park, comer en Leadenhall Market con el antagonista de Harry Potter sin que un grupo de fanáticas que visitan el lugar se den cuenta de ello. Navegación en una pequeña barca por la Little Venice. ¿Cuando iremos a la verdadera, nena? No tiene respuesta. Exposiciones. Exposiciones de Andrei Tarkovsky, Zdzisław Beksínski, Suzan Drummen y tantos otros.
-Wow, ¿has visto qué preciosa es la mujer de ese cuadro? Está super bien hecha.
-¿Cuál?- dice extrañada.
-Esa- señala al frente de donde están.
-Eso es un espejo, Edward.
-Ya.
Ella se sonroja en medio del Tate Britain. Él es un despiadado en su seducción refinada.
Shoreditch. La parte más joven de la ciudad. Su lugar preferido. Disfrutar entre la multitud de CLF Art Cafe, cenar en Wolseley, comer en Beach Blanket Babylon, el mejor restaurante de Notting Hill, refrescarse en la fuente de Courtauld Institute, fumar cachimba sentados en cojines al aire libre en Paddington, encontrarse a Stuart Broad en el Hard Rock Cafe y que este les invite a un partido de cricket.
Groucho Club, The Arts Club, The Club at the Ivy, Hertford Street, Members Club London, Annabel's London Club y el resto de clubs de miembros privados. Fiestas en salas privadas, incluso los bolígrafos tienen cámaras ocultas. Coctelerías secretas y selectas, lunchs oficiales privados, conciertos privados, discotecas privadas con salas VIP, noches privadas. Podría llegar a confundirse y dejarse engañar por la sensación de culpabilidad, incluso podría sentirse snob por esa elección de buscar lugares económicamente distintivos y superiores, pero no. Ha aprendido a sentirse bien con ello porque no encuentra razones suficientes para sentirse mal o falso, deja atrás el fariseísmo y acepta la magnificencia de la sociedad. A pesar de sentirse más a gusto en esos lugares por el respeto de no ser molestado, no renuncia a los lugares en los que se arriesga a ser visto.
La calidad de la música no es muy buena, pero poco importa cuando se sabe todas las canciones del grupo. Una pena que no sea el grupo real el que está tocando, sino una banda tributo a Gorillaz, quien hace la recopilación de sus mejores temas y que a pesar de no ser los verdaderos, completan el aforo sin problemas.
-Isabella, ¿dónde vamos? Van a tocar mi preferida pronto.
Ella le arrastra al lavabo. Ama tener sexo con Isabella, son como viajes intergalácticos, como tomar el sol desde la luna y ver las estrellas tras sus ojos, pero él quiere meterse entre el gentío enloquecido y cantar a pleno pulmón Dirty Harry. Supone que lo podrá hacer en casa cuando ella se empieza a desnudar haciéndole ojitos.
-¿Dónde se han metido estos?- pregunta Alex cuando vuelve dónde está el grupito con los que han ido al concierto.
-Isabella quería ir al baño- contesta Jason.
-¿Y Edward ha ido a...Aguantarle el bolso?- pregunta Daniel con ironía, pues ella no utiliza bolso.
Todos ríen y siguen bebiendo cerveza. Observan cómo la gente empieza a aplaudir todavía más fuerte cuando dos figuras se alzan en el escenario disfrazados de esos personajes ficticios que forman la videografía del grupo real. Los dos empiezan a bailar mientras los integrantes en el escenario, quienes los han dejado pasar y darlo todo junto a ellos, cantan Dirty Harry.
-Qué lograda la vestimenta y las máscaras, ¿no? Y estos dos pringados perdiéndoselo por un polvo.
-No me lo puedo creer.
-¿Qué?
-Mira los zapatos de los que están disfrazados.
Tom hace caso y empieza a carcajearse negando con su cabeza.
-Están locos.
Le da la razón cuando la que va disfrazada de Noodle, se acerca al micrófono y empieza a animar al público.
-¡Stage diving! ¡Stage diving! ¡Stage diving!(*)
Murdoc Niccals niega la cabeza y se retira, pero la banda lo acerca al borde del escenario delante del público que está encantado con la idea.
-50 a que no se tira.
-Hecho- acepta Tom.
Alex pierde. Su amigo está perdiendo los estribos de la cordura de manera arrulladora e inexplicable.
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-Nena, me pateé Oxford Street de arriba a abajo y nadie me reconoció. ¡Voy a celebrar mi asueto duchándome!
Más tarde, saliendo de la ducha, se dio cuenta que de hecho si fue reconocido y más de una vez.
Encuentran cierta libertad, o al menos están aprendiendo a encontrarla. A pesar de ello, no es nada fácil.
El impedimento que tiene una rutina, es que los que se topan en ella, saben a qué hora y dónde estarán a diario. A pesar de hacer cosas diferentes cada día, algunos paparazzis que se quieren pagar sus vacaciones se reparten estratégicamente para fotografiarlos. Esa rutina no es otra que la de sacar a pasear a Jack. A pesar de elegir parques aleatorios y quedarse a leer en ellos mientras el perro hace sus necesidades y corretea, ellos siempre están ahí, como una enfermedad. No importa que cojan bicicletas para huir, siempre los persiguen con un medio u otro. Y es agotador que ni tan solo tengan un momento al día en el que puedan leer en un parque mientras fuman pipa.
Eso atemoriza a Edward de vez en cuando, uno de sus miedos actuales es que Bella se agote psicológicamente ante toda esa franquicia que le arrebata la intimidad que intentan preservar con esfuerzo, una de sus pesadillas es que ella marque el punto y aparte en el que le diga que él es demasiado ínclito para seguir construyendo cimientos comunes. Es algo que todavía no sabe cómo evitar y además tiene la certeza de que no habrán avisos previos cuando suceda. Hasta ese momento condicional sigue aprovechando su compañía mientras resista.
-¿De que te ríes ahora?
-Es que hay una imagen…-mira su pantalla del móvil- Dice que los hombres que la tienen pequeña necesitan coches grandes y si la tienen grande pues tienen coches pequeños porque no tienen complejo de medida.
-¿Y qué?- pregunta él sin entenderlo.
-Pues que alguien te hizo una foto conduciendo mi Alfa...y todo el mundo ahora está diciendo que tienes una polla de un metro…-ríe a carcajadas sin parar- Y...Es Trending mundial ahora mismo.
-¡¿Qué?!
-Jajaja, ay no puedo. Hashtag penemétricocullen. Me meo- dice volviendo a carcajearse- están haciendo una recopilación de todas las fotos en las que se te marca ese pollón tuyo...Mío...A medias...Tú ya sabes que digo.
Como está siendo costumbre cada miércoles, van al teatro. A Edward le encanta, pero últimamente se veía limitado a ir. Con Bella tiene energías renovadas para hacer cosas que dejó de hacer y que antes las hacía. Aunque ahora cambien un poco, pues tiene que entrar justo antes de que empiece las funciones, levantarse cuando el casting se despide y todo ello siempre que no le interrumpan para hablar. A veces no es molesto, la gente es respetuosa, entienden que es una persona más, alguien normal y se limitan a intercambiar algunas palabras como si fuera eso, alguien normal, otras en cambio resultan grotescas con sus actitudes exigentes. Se olvida de los percances cuando se dirige a los camerinos y conoce a parte de los elencos. Los actores de teatro tienen un ligero cambio actitudinal y ese es asombroso. Tienen otra perspectiva de la actuación verdadera, de lo que supone deber actuar en directo, asumiendo posibles riesgos, posibles olvidos de guión ante cientos de personas o traspiés entre candilejas a tiempo real. Eso es el verdadero sentido de actuación para ellos. El calor inmediato de los vítores de los espectadores.
Hampstead pubs. Revolucionó la noche y el Twitter posando con una fan de Caleb y Jon Snow juntos. También coincidió con Eddie Redmayne. Intenta juntarse y hacer amistades con diferentes personalidades de su mundo. Actores, directores, guionistas, presentadores, periodistas. Algunos son conocidos de hace tiempo, de cuando se buscaba la vida de joven. Otros los conoce ahora, con cierta influencia, para abrirse camino en la dirección que quiere. Una vez entras en la élite británica, todo es hacer contacto con todos los que puedas. Estuvo cenando con el director Shane Meadows y su amigo Paddy Considine. A Edward le gusta esas personas que están en la sombra, que no están focalizados en premios ni galas. Si va a quedarse en Inglaterra, deberá pensar por su trabajo ahí. Como todos, intenta buscarse la vida, y en la suya, la mitad es por contactos.
Fiestas con celebridades británicas de todas las categorías. Monólogos de Ricky Gervais, de Eddie Izzard, el python perdido, con Warwick David sentado a su lado, haciéndole sentirse un fanboy. Él es uno de sus mejores. El más cercano a su querido Christopher Lee, cree que le deberían apreciar más porque ese hombre si es digno de admirar.
Bella no encuentra ningún momento en el que arrepentirse de haberse ido a vivir ahí. A veces le gustaría sentirse mal, castigarse por preferir vivir allí y traicionar sus raíces, pero no puede. Está feliz de todo lo que ofrece la ciudad, de todas las actividades, de toda el sector organizativo cultural tan amplio. Y esa actitud que la modifica, de alguna manera se la reprocha a Edward, cuya abulia se limita ir al cine y comprar más películas de cine independiente en las tiendas de su ruta particular.
-No sabes aprovechar todo lo que tiene Londres. No entiendo como pudiste substituir esta belleza por Los Ángeles.
-Los Ángeles es...Bueno, tiene su qué. Debes visitarla para entenderlo. Aunque lo mejor de esa ciudad es abandonarla. Es una filosofía muy diferente. Pero lo que no he hecho es sustituir a Londres por ella. ¿De dónde sacas eso? No puedes decirme eso, nena. Quiero morir aquí, por muchos lugares a los que vaya o viva. Llevo la humedad, la niebla, la lluvia y su olor en mi- se justifica antes de volver a entrar en otra tienda de DVD's.
Ella ya viene con su libro de bolsillo preparado para aprovechar el largo tiempo que él utiliza para comprar. Le gusta ver películas, disfruta de ellas, sin embargo con Edward es algo que va mucho más allá, rozando lo enfermo, dando de pleno en un estilo de vida. Es su alimento, una protección o un suplemento para el alma, es su sexta comida del día, casi igual de importante que el desayuno. Y no es porque no intente traerlo de vuelta a la realidad provocándole.
-Rakas, hay luna llena esta noche…-se acerca a él con tono seductor- ¿te vas a convertir en hombre lobo y me vas a dar una noche de pasión animal y sexo sucio?
-¿Eh? Sí, si, en un rato- comenta distraído besándola en cualquier lado sin mirarla.
Está tumbado en el chester viendo Dead Man's Shoes. Ella sabe que no le está escuchando. Cuando está viendo pelis que realmente le gustan y que no ha visto se desconecta. Es como un niño con sus dibujos, no hay niño. Edward sería una comparativa adecuada. Es divertido y tierno.
-Creo que seré yo la que se convierta en una incuba de placer, ¿te parece?
-¿¡Pero qué...!? ¿Has visto eso? Qué escenón- se queda con las palomitas a medio camino.
Habla solo con la pantalla. Ella sonríe, le da igual lo que ocurra en la trama, se acurruca y se queda dormida delante de su pecho. Ya habrán más lunas llenas, ahora disfruta como una niña pequeña protegida en ese mundo exclusivo, ese lugar al que apoda Edwardlandia, cuyo dueño territorial es el mismo que el protagonista onírico de sus descansos.
A veces las estratagemas diseñadas con su cuerpo no es suficiente para distraerle de su adicción, al contrario, incluso él la arrastra a ella a su vicio cinéfilo.
-Un poco pronto para estos juegos ¿no?
Su compañero de casa entra y se encuentra a Isabella atada al chester con un par de esposas. No quiere saber de dónde las ha sacado ni porqué las está utilizando, si no se va es porque al menos no está desnuda, pero ella se justifica apresuradamente mientras Alex se sienta a su lado y coge el bol que hay en la mesa.
-Alex…- la mira comiendo palomitas con cara de indiferencia- Alex ayúdame. El cinéfilo tiene hoy el día. Quiere ver todas las pelis de no sé qué directores israelíes. De un repartidor de pizza en moto y de no sé qué más tonterías. Sálvame, no aguanto más maratones. Ayer y antes de ayer vimos todas las que pasaron por el festival de Sundance.
-Tampoco querías maratón de Star Wars y luego no querías ni levantarte para abrirme la puerta el día que me dejé las llaves.
-Te haré pizza, espaguetis, risotto, lo que quieras, ¡pero desátame!
Su amigo sigue sin actuar.
-¡Paska, Alex! Ayúdame, ya viene- susurra escuchando los pasos de Edward.
-Ey, Alex.
-Hola. Tu novia me estaba ofreciendo una mamada por desposarla.
-¡¿Qué?!- exclama Bella.
-¿Qué te he dicho sobre eso, nena? Tú solo me la puedes chupar a mi. Vaya- dice fingiendo decepción- no quería hacerlo, pero me has obligado. Ahora tendré que añadir más pelis. ¿Qué te parece Ingmar Bergman? Vamos, te estoy dando a elegir y todo, no puedes decir que sea malvado contigo, descarto Jacques Doillon porque sé que te aburre el cine francés. ¿O quieres que hagamos excepción con François Truffaut?
-¡No más cine aburrido francés, por Ukko! ¡Se creen maestros del amor por enseñar los actores en pelotas follando, hablando de tonterías con un ritmo monótono y sin sentido! ¡O sea no! El cine italiano es el bueno, joder.
-Oh, claro, olvidaba tu declinación. Pier Paolo Pasolini, Elio Petri, ese estilo...
-Y no sé donde coño vas a meter tantas películas, Edward. La casa va a reventar si sigues así.
-¿Robert Bresson, Michael Haneke, Hayao Miyazaki? Los hermanos Dardenne los tengo pendientes...¿Quizá Béla Tarr? Alfred me trajo la última peli que me faltaba de su filmografía.
Alfred es el repartidor de FedEx habitual de la zona. Edward se ha hecho amigo de él después de todas las veces que viene a la semana para entregarle las películas que solo encuentra por Internet. Siempre le invita a cervezas y se quedan en casa charlando mientras hablan de cosas triviales o incluso ven las pelis que ha traído en la furgoneta cuando acaba su turno.
Empieza a quejarse e insultarle en italiano, pero él la calla metiéndole palomitas en la boca. Cada vez que abre la boca él introduce más mientras la mira altivamente y ríe con crueldad y diversión.
-Así me gusta, el espectador es un agente activo, como dijo Sergei Eisenstein. ¿Qué? ¿Qué quieres más? Si que tienes hambre hoy, Isabella. Toma palomitas, ansiosa.
Sin embargo, Isabella también sabe reírse a su costa con la misma crueldad.
-¿Cómo lo haces para quitártelo de encima?- pregunta Alex cuando Edward está especialmente cansino.
-Pongo sus pelis.
Enciende el DVD. Le ha puesto una contraseña y la primera película que hizo Edward se reproduce.
-¿Pero cómo…? ¿Qué le has hecho?- dice él sin poder apagarlo.
-Internet.
-¿En Internet te dice cómo manipular el DVD?
-Hay hasta la receta para hacer bombas nucleares, ¿cómo no va a haber esto?
Edward sigue discutiendo y ella sube el volumen mientras enumera todas las mejoras. Edward se va avergonzado. Odia, detesta, es superior a él observarse en una pantalla. Se tiene pánico, no puede hacerlo. Ella en cambio ama verlo. No lo hace perfecto, tampoco tiene papeles en los que pueda demostrar su talento al 100%, pero lo que le gusta es bueno. Tan solo necesita la oportunidad de llevarlo a otro nivel que todavía no aparece.
Edward vuelve al rato presumiendo su último logro vengativo.
-Pues que sepas que me da igual que hayas manipulado el reproductor de DVD porque me acabo de comprar por Amazon un proyector de cine de 35 mm- presume como un niño automalcriado, haciéndoles reír cuando se vuelve a ir con un movimiento muy digno.
Mientras tanto, mientras llega aquello para poder brillar y desprenderse de etiquetas injustas, sigue siendo y comportándose como cualquier hombre normal.
Incluso la palabra normal suena bien.
-¿Y el mando, Isabella?
-Busca bien, Edu.
-Le tengo que poner el rastreador- anuncia revisando entre los cojines.
-Llevas diciendo eso siempre que lo pierdes, es decir, todos los días. Lo añadiré a la lista de cosas que dices que vas a hacer y no haces...Como los orgasmos que prometes y luego te vas a beber al pub.
Parecen un matrimonio.
-Lo encontré…
-¿Me has escuchado?
-No hay pilas. Tengo que comprar pilas.
-Llevas dos semanas con lo mismo. Lo dejaste tirado por el mismo motivo.
Ese tipo de hombre normal, con su relación normal, con sus cosas de días normales. Él es como enfrentar la palabra cognoscible a ella misma, es conocido sin ser comprendido. A veces ignora de tal manera lo qué y quien representa ser para el mundo, la imagen que proyecta y debería seguir, que sigue haciendo cosas como antes a pesar de no necesitarlas.
-Voy a ganar la lotería este jueves.
-¿Oh si? ¿Cómo lo sabes?
-Me lo ha dicho el gato de Richard Whittington.
-¿En serio has comprado lotería?
-¿Por qué no? ¿No tengo derecho? Y también he hecho la quiniela del futbol.
-¿Con todo el dinero que tienes quieres más?
-¿Dónde queda la ilusión de que te toque algo? ¿Te piensas que la batidora la compré? ¡Me tocó en el sorteo del supermercado!- anuncia feliz- cada mes hago la quiniela del futbol. Alex es más malo que yo acertando los marcadores.
Tener dinero implica ver las cosas de otro modo, también en aspectos en los que nunca piensa la gente que no lo tiene.
Lo que queda de verano lo dedican plenamente a ellos y a las calles de Londres. No están mucho tiempo en casa, unas pocas horas para dormir y a veces ni eso, se quedan en algún hotel porque quieren y pueden permitírselo. No siempre están en la capital, con un coche alquilado se desplazan a diferentes ciudades de Inglaterra. Lo recorren todo juntos y unidos y a menudo está en Internet. A menudo el odio incrementa y sigue incrementando.
-¿Sabes qué odio del odio que me tienen, Edward?- pregunta ella en la gasolinera en la que han parado a repostar.
Hay infinidad de revistas y en varias ellos salen en primera plana.
-No es odio quién no tiene motivos para odiarte sin conocerte.
-Exacto. Que no es odio real. No me odian a mi, solo odian que esté contigo. Me gustaría ser odiada con motivos. ¿Odio por estar con alguien? Qué absurdo. Es un odio que cae en saco vacío.
Es casi igual de absurdo como el trabajador que les hace una foto desde el otro lado del cristal y lo sube a su cuenta de Instagram presumiendo de a quién ha visto mientras trabaja.
-Para mi no es odio vacío. ¿Cómo crees que me siento al saber que la gente que dice amarme o idolatrarme odie la persona que más feliz me hace?
-Pero es comprensible.
-Por supuesto que no. Eso no tiene margen de comprensión alguna.
-Bah- le quita importancia.
Él no entiende esa actitud. Parece que Bella tenga amnesia selectiva o una defensa ante las críticas vacías pero llenas de insultos y escarnios que consiguen su cometido. Se sube al coche y con energías renovadas maneja el volante incorporándose en la ruta de vuelta de Manchester. Salchicha saca la cabeza por la ventana para drogarse y los dos se ríen de él.
-¿Quién te quiere a ti, quién?- le pregunta a su perro.
-No te dejes engañar, Salchi. Tu papi no te hace caso.
No quita la mirada de la carretera y su perfil concentrado es todo un estímulo por sí mismo.
-No hagas caso a la mama. Ella es la que te ignora.
Los dos hacen referencia a las noches en las que ladra. Ambos se hacen los dormidos. Un codazo, un ronquido. Al final siempre se levanta él.
-Será mejor que estés desnuda cuando vuelva.
-Dalo por hecho.
Salchi los mira y vuelve a sacar la cabeza por la ventana con la boca abierta. Están enamorados del perro, lo aman con tal devoción que intercalan los pubs normales con los pubs dog-friendly. Edward le ha dejado incluso conducir a la ida. ¿Has visto mi hijo que bien conduce, nena? Es un crack presumió con él en sus piernas poniendo sus patas sobre el volante.
Jack tenía sus garras pintadas de verde azulado. Ella se estaba pintando las uñas sobre la mesa cuando el perro fue a chafardear y acabó con una sesión de manicura. Isabella sonrió e hizo fotos de los dos conduciendo juntos. Es la paparazzi de su propia relación. Las fotografías que añade al albúm familiar lo amplían cada vez más y está quedando algo asombroso. Algo que cuando todo acabe valdrá la pena el dolor del recuerdo.
Todos los asombrosos recuerdos que está creando, todos los momentos que solo podrán ser inmarcesibles y sacros cuando los guarde en su memoria de manera religiosa.
-Tengo un fetiche con todo esto. Son preciosos y sexys. Muy elegantes para tenerlos guardados en el trastero de Big Yellow. ¿Para qué los quieres si no te los pondrás de nuevo?
-Porque simplemente son míos y los pagué yo.
-Pensaba que eran las marcas quienes os los dejan para hacerles publicidad.
-Algunos sí, pero la mayoría los compré yo y no los voy a vender. ¿Por qué los has traído?
-Porque me gustan y punto.
El suelo está lleno de prendas variadas, desde lo informal, lo de calle, lo deportivo y los trajes de algunas premieres y entrevistas a las que ha ido cuando promocionaba las temporadas de Time Owners y sus películas. Él mira el espectáculo divertido con una cerveza en la mano, Bella entusiasmada en el cambio de armario es una de las cosas más divertidas de ver. Sigue odiando las compras, pero al menos le da ese gusto más privado. Lleva la mañana poniéndoselos todos antes de guardarlos. Le ha obligado a vaciar el trastero que tiene alquilado y tenerlo todo en casa. Algunos no le abrochan en la cintura, pero con las chaquetas lo tapa.
-Qué suerte la tuya tener este vestidor enorme en vez de un simple armario. ¿De cuándo es este?
-No lo recuerdo, míralo en Internet, seguro que está.
Ella comprueba que ese traje fue el que utilizó la primera vez que fue a la gala de los Oscars.
-¿Dónde están los zapatos? Oh, Ukko, me los tengo que poner. Son perfectos.
-Los doné para una investigación sobre la fibromialgia.
-Ow- dice apenada- me encantan. Es bueno saber que fue por una buena causa. ¿Cuál sino viniendo de ti?- dice para ella misma en tono bajo- Mira estos. Joder, Edward. Este zapatero es el paraíso de mis fetiches- dice mirándolos todos ordenados- Oh mira, este lo utilizaste en el programa de Oprah. Que poco me gusta esa negra. ¿Y el que te pusiste en Jimmy Fallon? Es de mis favoritos, no está.
-Se lo di a Tom para su premiere.
-Oh...Por eso le iba tan grande. Mmm...delicioso- murmura cuando le besa saboreando el giste que se ha quedado en su bigote.
-¿De qué me sirve tanto traje si luego no tengo ropa?
Miran el hueco que han dejado para la ropa diaria. Son tejanos y camisetas básicas blancas la mayoría.
-Pareces un dibujo animado con la misma ropa siempre...Tendremos que ir de shopping.
-Pero tú lo odias.
-Cuando se trata de ti no, porque todo te queda bien.
Él entra y la sorprende. Está solo con una camisa suya y sus bragas. Se fija en sus rodillas. Esa zona del cuerpo es una de las más antiestéticas en las mujeres. Es como un pliegue de grasa que se sobrepone a otro pliegue de grasa. Las de Bella curiosamente son hermosas. Son tersas y lisas, con el hueso marcado.
-Oye, no hagas trampa. Espera fuera- protesta echándole antes de que empiece su acoso sexual y la entretenga.
-¿Qué te estás poniendo, tardona?- pregunta al rato mientras sigue esperando con su cerveza ya vacía.
-¡OOOHH EDWARD CULLEEEN! ¡AAAH!- sale del vestidor chillando.
Viste el smoking cuando fue a los BAFTA. Se zarandea, se estira de la americana, se tira al suelo y chilla más fuerte. El perro viene corriendo alarmado y se revuelca con ella. Edward no sabe qué interpretar sobre su compañero, si está preocupado por verla en el suelo haciendo todo eso o si le está tomando el pelo y está fingiendo un ataque de fan más.
-¡Hazme tuya Edwaaard! ¡Dame bebés!
-¿Habéis terminado ya?
-¡Bebés, Edwin! ¡Bebés!
Incluso se ha unido a la fiesta Chucky, quien desde la cama está repitiendo los mismos gritos que su dueña.
-Va, Edwin Culín. Ponte uno tú. Es injusto. Modelas estos hermosos trajes para todas esas teens y milfs y yo que soy tu mujer no me modelas nada. No eres justo. ¿Ya sabes cuales vas a ponerte para lo promoción?
-No.
-Pero ya te queda nada para que comience- ayer le dieron fechas y lugares exactos- Esos bastardos te arrancan de mi lado. Eres mío.
-Lo soy.
-Si te toca alguna apunto con un bazoca a las coordenadas en las que estés.
-Ven conmigo y podrás defenderme con algo de corto alcance.
Ella vuelve a insistir en sus trajes.
-Me pongo paranoico a última hora. Por eso llamo a mi estilista y le digo que me traiga una decena de trajes. Los veo, me pruebo los que más me gustan y me quedo con el que mejor me queda. Al día siguiente repito la acción pero eliminando el que he utilizado.
-¿No es eso una actitud demasiado diva?
Se encoge de hombros.
-No lo puedo evitar. ¿Querrás acompañarme?
Suspira porque esperaba la pregunta y aún no sabe la respuesta concreta.
-Yo...No sé, Edu. Quiero, pero ya sabes qué pasará.
-Te importa un pito.
-Sí, pero...No sé...Lo decidiré a último momento como tus trajes- dice quitándose el que tiene.
-Me gustaría que vinieras, cariño. Quiero que estés conmigo cuando vaya a dejar mis huellas en el Teatro Chino de Los Ángeles. Nos llamaron a los protagonistas para que dejáramos nuestras manos y pies ahí.
-Wow, eso es fabuloso.
-No te creas. Muchas series lo hacen cuando terminan.
-Claro que no. No es habitual, solo es de películas. Oh Edward, tus huellas inmortalizadas, ¡qué noticia! Me alegro por ti.
-Como sea- no quiere darle importancia y lo trata como una nimiedad- Oye, ¿qué pasó con tus calzoncillos?
-¿Qué con ellos?
-Pues que antes tenías y ahora ya no.
-Ahora estoy contigo y maduré en ese campo, supongo.
-No quiero que dejes de ser tú por mi.
-No es eso...Bueno, creía que te disgustaba. Puede ser anecdótico, pero constantemente pensé que no te haría gracia.
-Estás equivocada. Mi preferido es el que tiene tréboles. Recuerdo cuando me recibiste después de la anterior gira promocional. Amo como te ves en ellos.
-Tú amas como se ve todo en mi aunque me quede horrible. No sabes ser crítico ni imparcial conmigo.
-Es que estás cañón, nena- dice mordiéndole la cintura cuando llega dónde está él.
-¿Qué me dices de ti? Todos tus calzoncillos están horribles. Menos mal que no se ven.
-¿Por qué dices eso?- murmura jugando con el elástico de su ropa interior.
-Parecen de abuelo, Edu. No puedes ir con ellos y luego ponerte esos hermosos trajes encima. No, no. Además, que yo si los veo. Vamos, iremos a comprar.
Pasean por las calles y entran en numerosas tiendas. Compran varias decenas de calzoncillos.
-Estos últimos son de los que marcan todo el paquete...La nueva especie Edwarda Anacundus irá sujeta. No pararé de ponerte cachondo para que sufras.
Él estalla en carcajadas. Nunca se puede terminar de acostumbrar a ella. Aunque sabe que saldrá con algunas joyas como esa, simplemente no puede evitar sorprenderse. No lo ha hecho el hombre que los ha atendido cuando lo ha escuchado.
Ella es un poco así, un poco ella, un todo Isabella, una muy descarada cuando desea. Se ha probado un conjunto muy sexy escogido por él. No le quedaba bien. Le ha hecho reconocerlo. Edward no ha tenido remedio, el corsé no le abrochaba por mucho que apretara. La depresión le ha durado veinte minutos. No ha cesado en sus quejas. "Estoy gorda. No sé cómo me quieres, solo soy una bolsa de michelines. Podrías estar con cualquier saquito de huesos. Todos esos que conocistes en las pasarelas. Mira qué papada adiposa, es horrible. Debería comprar una crema anticelulítica a ver si funciona."
Él la ha ignorado por supuesto. No le ha creído nada de lo que ella ha dicho. La encuentra una mujer bella cuando se queja de que no lo es siendo consciente de que lo es.
Cuando han pasado por una panadería, ella se ha quedado delante del mostrador igual que Audrey Hepburn ante aquella famosa joyería de la quinta avenida. Ha entrado y se ha olvidado de seguir quejándose mientras comía un croissant relleno de chocolate.
-¿Qué haces mirándole el culo a esa?
-¿Qué? No, yo no estaba…¡Bella espera!
Tiene que mimarla y besuquear su cuello insistentemente para que le vuelva a dirigir la palabra. El resto del camino lleva su mano dentro de su bolsillo trasero, dando apretones disimulados para demostrarle que ese culo es el único en el que él está interesado.
-No intentes arreglarlo. Tu subconsciente no miente.
-Deja de decir estupideces.
-¿Por qué no llamas a Rosie Huntington-Whiteley, eh? El único pibón británico de Victoria's Secret. Es espectacular- nunca deja su espíritu belicoso.
-Tampoco tanto sin maquillar y recién despertada.
-¿¡Qué?!
-Fue hace años y cosa de una noche. No puedes reprocharme nada.
-Paska…-murmura ella dejándole atrás.
-Vamos, Isabella. No te enfades- esas miradas que podrían matar…-¿Quieres ver un poema, nena?
Alza sus manos unidas y le muestra lo que quiere decir.
-Qué melifluo, cariño- su ironía es afilada- Pero no pienses que te has ganado mi disculpa. ¿Qué te piensas? ¿Qué puedes mirar jodidos culos ajenos en mi puta presencia? Tendrás que hacerlo mejor.
-Pensaba hacerte gritarme Edward Thatch- aprecia tocando su barba incipiente.
Ella traga ante su tono. Es una de las tantas claves que esconden perversidades y provocaciones secretas entre ellos, es el código único entre amantes. Ella lo llama pirata malvado cuando emplea sus armas lingüísticas y le permite cabalgar su cara como una posesa.
-Ah...Si crees que puedes solucionarlo todo con sexo oral, estás muy...Paska, Edward, eres injusto. Vamos a casa, pero que conste que no soy una fácil.
-Claro que no, amor. ¿Estoy perdonado?
-Primero haz tu trabajo, Barbacastaña.
Lo arrastra hasta llegar a casa.
-¡¿Alex?!- chilla al abrir la puerta- No está, perfecto.
Comienza la diversión en el mismo recibidor, le baja los pantalones de un tirón y abre sus piernas apretando con fuerza sus muslos. Es estimulante la vista de una Isabella excitada y molesta. No es fácil complacerla en esas circunstancias, cuando está enojada se niega a acabar rápido, eso le hace a él esforzarse más. La mira con malicia cuando hace rápidas incursiones de su lengua entre sus pliegues calientes, eso la aproxima a su orgasmo. La deja varias veces al borde inmovilizándola cruelmente.
-Si no me dejas correrme no tendremos sexo en toda la puta semana- le amenaza.
La puerta se abre y les interrumpen. Se pone delante tapándola. Alex mira el panorama, Bella subiéndose el pantalón y Edward refregándose la boca con la mano.
Rueda los ojos.
-¿Sabéis qué? Vendré más tarde- comenta antes de volver a cerrar la puerta.
-Tendrá morro. Es que se piensan que es su casa y encima nos hacen sentir culpables.
-Como sea. Acabemos lo que hemos empezado.
El pobre Alex, el testigo fehaciente que afirma el desastre que esos dos forman, sigue aguantando la locura de ambos.
-¿Alex?
-¿Eh? ¿Bella? ¿Qué…?- mira la pantalla del móvil- Maldita sea, son las 3 y media de la mañana.
-Edward y yo estábamos de fiesta y solo comprobábamos que los teléfonos de las cabinas realmente funcionaban. Sigue durmiendo, mañana te llevaremos desayuno de…¿De dónde quieres?
-Cuelga ya. ¿Quieres que lo hagamos dentro de la cabina?
-¿Qué? Edward, está lleno de cámaras.
-Lo vi en una peli que escribió Tarantino…
-¡Iros al cuerno!- es la despedida de Alex.
¿Qué clase de broma cruel es esa? A pesar de las putadas que se gastan entre ellos, también comparten buenos momentos.
Están comiendo en un restaurante cerca de casa cuando le llaman. Se asustan cuando ven los ojos agrandados de Alex.
-¿Qué ha pasado?
-¡Sí, sí, sí! Quieren la canción de Heart Won Head para una serie. Les envié la maqueta a la productora de The Walking Dead.
-Qué bueno. Felicidades tío- se alegran por él.
-Sí, pero he pensado que podría grabar mi propio videoclip aprovechando que va a salir en algún capítulo. Es una gran influencia. ¿Qué me dices?
-¿Yo?
-Tienes conocimiento con los que has dirigido. No niegues que te gustaría. Es algo pequeño.
-No sé, Alex…
-¿Por qué no?
-No quiero arruinarte la música.
-Qué imbécil eres.
-No soy Floria Sigismondi ni Nabil Elderkin.
-¿Eh? Como sea. Haz uno bien bonito. Estoy seguro que lo harás.
Dos semanas más tarde, ya lo tiene. Le enseña lo que ha hecho, solamente el metraje, y su amigo queda impactado. Es un vídeo sencillo, con planos no destacables, pero tiene algo que te atrapa simplemente. No sabe cómo lo ha hecho pero cuando terminan los cuatro minutos le queda una sensación de plenitud.
-Mierda, esto es bueno, cabeza esperma.
-No quiero que salga mi nombre cuando lo edite. Que nadie lo sepa. No quiero que mi nombre influya.
-No me vengas con esas mamadas, Edward. Es derecho de todos que sepan que es tuyo.
-No. Esa es mi condición, ¿vale? Nunca has relacionado mi influencia para sacar adelante tus sueños y así funcionaran. Acepté grabarlo para tí, ahora acepta esto.
-Está bien.
Es intachable que la música los une. Comparten mañanas enteras componiendo con sus guitarras y el piano en el comedor.
-¿Qué me dices de publicar algo?- tantea Isabella una de esas mañanas.
-Me temo que solo conseguiría críticas…
-Que le jodan a las críticas. Al menos graba para mi. Repasa las canciones que has compuesto con Alex. Mañana haremos algo espectacular.
-¿El qué?
-Tú haz lo que te digo- advierte cogiendo su armónica.
La adrenalina permanece y se duplica en cada poro de sus pieles. Están en una esquina de Camden. Se han disfrazado de vagabundos. Los dos tocan la guitarra mientras Jack está tumbado entre las dos fundas en las que los viandantes dejan sus limosnas. No necesitan ese dinero, de hecho, lo darán a los indigentes de esa zona, el real objetivo de estar haciendo esa locura es la libertad que les da hacer música en la calle, la adrenalina de ser reconocidos, el subidón de que la policía venga y los arreste. Eso hacen. Tocar la música que han compuesto desde que están juntos. La gente se para para escucharlos, les gusta como suenan. La voz del hombre desgarra las palabras de una manera extrañamente dulce y dolorosa a la vez. Edward se pone nervioso cuando pasan grupitos de chicas, piensa que de un momento a otro sabrán que bajo ese sombrero, esa peluca y barba falsa está él. Piensa que lo desenmascararán, harán fotos, chillarán y harán de esa experiencia un circo en el que estará en todos lados.
Eso no le impide dar todo de él. Cada vez que termina y mira a Isabella, ella está mirándole. Su mirada dice todo. Su mirada le apoya, le dice esto es genial, Edu, mírate, le dice que es él haciendo música, lo que más le gusta, más que incluso actuar, más que el cine, la música es lo que de verdad le interesa y ahí está él, con sus venas marcadas de su cuello cuando alza la voz y su atrevimiento al realizar algunos arpegios. Ella permanece con esos ojos que le animan, le envalentonan, le infunden el ánimo y la valentía que él no se atreve a combatir, le dan la libertad que él pide a gritos callados por él mismo, le da la vía, le muestra el camino, le inyecta la adrenalina, la receta para ser uno mismo y feliz. Se siente alucinante sentir las cuerdas de la guitarra en sus dedos y estar en un lugar abierto con todo el mundo que pasa por ahí. No es un bar, no tiene su nombre como bandera para captar público, él no quiere eso, él tiene de público al cielo y los peatones.
No se atreve a hacer un álbum en un estudio. Piensa que sería aprovecharse, piensa que en realidad no vale para eso, piensa que no ha dado clases y por eso no es bueno y por eso puede relajarse y sentirse bien mientras toca en la calle de manera no profesional, sin que nadie lo evalúe, ni lo juzgue. No ha tenido que meterse en un estudio, ni publicitar ni hacer entrevistas para simplemente hacer arte auditivo, ya lo hace, en la calle, bajo el anonimato de la vagabundia y el anonimato que esta le otorga. Y se siente extasiado, pleno, libre y satisfecho. Tanto que no puede creerlo, pero Isabella sigue ahí, tocando el didgeridoo que su compañero Joshua le ha enviado por paquetería, con un gorro de policía y su peluca rubia con la que le recibió en su primera cita, aquella tarde mágica en la que se preguntaba quién era y porque apareció en su miserable vida. Queda poco para que haga un año de eso y no puede creer que haya pasado tan rápido, todo lo que han vivido y siguen viviendo día a día es un contraste zigzagueante entre lo incrédulo y lo fantástico.
Edward es de los que no creen en la suerte, no en la totalidad de esta. Siempre dijo que había que trabajar duro para conseguir las cosas, él tuvo suerte sí, pero nunca se rindió. Ahora, con Bella, no puede decir lo mismo. No la buscaba y sin embargo, apareció y tuvo la suerte de que ella le dejara entrar en su vida, porque así lo ve y piensa él.
Recuerda esa tarde en la que ella bailó ante un grupo de músicos callejeros. Ahora están invertidos los papeles, ahora ellos tienen a cargo la melodía y la gente se detiene a bailar. Muy pocos, los más atrevidos, pero lo hacen y eso les anima más a darlo todo. Otros acarician a Salchicha y él no rechaza los mimos. Cuando ven un coche patrulla es cuando recogen apresuradamente y salen por patas carcajeándose.
-¿En serio os habéis hecho pasar por vagabundos?
-Mira toda la pasta que hemos sacado.
-Somos buenos tocando juntos, nena.
-La próxima podemos regalar cd's gratis a quien quiera.
-Ya os vale, me hubieséis avisado.
-Podemos repetirlo- dice Edward.
-O hacer algo mucho mejor…
Los dos miran a Isabella con la misma expresión. Están deseosos de escuchar esa mejora. Se van a aferrar a esa idea loca sea cual sea, es una garantía de diversión.
Dos tardes más tarde, en la azotea del edificio de Bella, están ellos tres junto con Jason. Los cuatro tienen su guitarra.
-No es la Apple Corps pero servirá- anuncia ella sonriendo con sus gafas de sol redondas.
Edward la alza, la da una vuelta en el aire y la deja en el suelo. No le da tiempo a protestar, la besa entusiasmado. Está siendo un verano que ni de lejos había pensado sería tan asombroso.
-Eres la mejor, nena. En serio. Lo eres. Te amo- confiesa pletórico.
Se suman a ese concierto privado e improvisado más amigos de Edward y Alex. Amigos en común, amigos músicos como Ed Sheeran, Iwan Rheon, Johnny Flynn o Tom Odell que suben sus instrumentos con ayuda.
-Hola, ¿está Edward?- pregunta un chico desconocido con rastas y un gorro de lana a pesar de ser agosto.
-Em...Sí. ¿Nos conocemos?
-Oh, Daniel, ya has llegado, pasa. Mira, te presento a mi chica. Ella es Isabella Swan, llámala Bella. Bella, este es Daniel Waples.
El chico pasa y acomoda sus instrumentos. Son extraños. Es como una especie de gong abombado de color metálico oscuro. Mientras que con una mano toca el peculiar instrumento, en la otra acompasa el ritmo con otro.
-¿Dónde has conocido a ese chico?
-Es el que te expliqué que conocí una noche de fiesta que pasé por un túnel y estaba él tocando. ¿A qué es fascinante? Es un músico independiente de aquí, eso que toca es un Hang, es un instrumento suizo. Lo otro es un asalato, es africano creo. Hacen una buena mezcla sonora, ¿no crees?
Ahí arriba comen, beben, fuman, escriben, componen música y sobretodo tocan. Tocan todas las canciones de los Beatles, porque es un orgullo estar haciendo eso y ahí, en Londres, en una azotea, es lo más icónico que han hecho nunca. Tocan las canciones con las que crecieron, con las que sus padres pusieron en la radio una y otra vez. Cantan sus grupos favoritos, los de su infancia. Sus grupos míticos británicos. Versionan The Who, Rolling Stones, Pink Floyd, Dire Straits y Queen.
Edward rompe lo melancólico cuando canta una canción que habla de orgías, conchas y rabos disparando a culos en pompa.
-¿Qué mierda cantas, Edu?- ríe ella sin parar.
-Aaah- exhala negando su cabeza- Kings of Leon molaban mucho más antes.
Vuelve a coger la guitarra, esta vez solo y en acústico.
-¿De qué trata?
Están sentados en círculo. Edward acaba de tocar una canción que compuso hace poco.
-Es sobre Peter Fechter. Fue una víctima del muro de Berlín. Lo dejaron morir desangrado cuando intentaba huir del lado en el que estaba. ¿Os ha gustado?- pregunta llevándose la mano tras la nuca avergonzado.
La respuesta es un aplauso fuerte que le hace sonreír y estar al límite del sonrojo. Ella es la primera en acercarse, sentarse en sus piernas y abrazarlo delante de todos. Recuerda una conversación nocturna, mientras leían en su rincón de lectura, él leyó frases del libro que tenía, trataba de la caída. Le explicó que tenía una idea en mente, de dos personas de diferentes bandos del muro. No trataba de una pareja separada, ni unos amigos, ni unos vecinos, sino de dos primos que se veían separados por ese hecho histórico segregador.
-Es la hostia- exclama sorprendida del resultado haciendo reír a todos por lo directo de sus palabras.
Pero la hostia viene luego, antes de recoger, cuando Edward le dedica la última canción de la tarde, en esa azotea, esa versión de ese grupo que cantó su discografía aquella noche que se emborrachó cuando él vino de su viaje promocional.
Se sienta con las piernas cruzadas en el suelo. La escena es mágica. No se quitan los ojos, parece que están solos a pesar de los colegas. Está anocheciendo, algunos que pasean intentan saber qué ocurre ahí arriba, quién toca como lo hicieron un día el grupo más famoso de ese país. Hay luces que rodean el perímetro, unas alfombras para sentarse, cervezas abiertas y muchos cables. Es una especie de paraíso abierto y ligero y sin embargo, todo se reduce a ellos, de manera egocéntrica.
Cuando termina no puede hacer otra cosa que abalanzarse a él emocionada. Solo le abraza. Muy largamente. Sin palabras ni besos. Solo le abraza. Las canciones nunca fueron creadas para ser analizadas, sino para sentirlas, como ahora. Isabella no quiere dejarle caer, no quiere decepcionarle. Ella está enamorada por primera vez también.
Esa experiencia no es la única digna de merecer ser un buen recuerdo, hay otras que la adrenalina también incrementa por diferentes motivos. Las ideas de Bella no cesan en su cabeza.
-¿Qué es esto?
-Dijisteis que os molaría intentarlo. Yo solo compré el material.
-Tu novia está loca- ríe Alex revisando los sprays de colores.
-Nena, es peligroso. Está prohibido. Si nos pilla la poli…
-Será divertido huir de ella. ¿Y tu sentido del peligro? ¿Es que ni tan solo la liaste con quince? ¡Vamos!
Shoredicth. Cenan ahí y hacen tiempo. A Edward siempre le encantó ese barrio. Además tiene amigos con los que rapear o hacer al menos un intento. Ese cambio cultural que le ofrece la gente afro le atrae. Y sobretodo los espectaculares graffitis que te puedes encontrar. Cuando anochece y ya llevan un par de copas y algo de substancia ilegal en sus organismos, buscan una pared virgen y usan los sprays. Es más difícil de lo que parece. Es morboso estar al tanto por si aparecen luces en el área, pero ellos siguen concentrados y con un pañuelo tapando sus rostros. El morbo se duplica cuando aparece un coche patrulla y empiezan a huir. Cada uno sale disparado por un lado. El punto de encuentro dijeron que sería casa. Edward llega primero. Ha sido una locura, nunca ha corrido tan rápido y tanto como esa noche. Y no es como si lo hiciera para evitar una multa, si fuera por eso los habría esperado con descaro e indiferencia y habría pagado al momento diciéndoles que se quedaran el cambio como propina.
Espera a que vengan ellos dos, Isabella es la siguiente en entrar. Viene pringosa y huele fatal. No sabe dónde se habrá metido para esconderse pero seguro que en un sitio poco agradable.
-Cariño, te amo con locura, pero en serio dúchate.
Lo dice con humor, no es para nada un reproche. Si está es que no le han pillado. No puede decir lo mismo de otras veces.
Está siendo algo reiterado los encontronazos con policías. ¿Será que tiene un imán? Cuando huyeron de su concierto en la calle, fue literalmente una huida. Bella se abrió paso como loca por la carretera hasta que un coche patrulla la hizo estacionar.
-¿Sabe por qué la paro, señorita?
-¿Por tener un coche mucho más chulo que el suyo?
-Encima graciosa. Salga del coche por favor- pidió el policía.
-¿No va a pedir mis papeles?
Edward apoyó su cabeza entre su índice y su pulgar en la frente avergonzado. Puta loca de la vida. Son las palabras que utilizaría para definirla. ¿Qué hizo? No quería tragarse la caravana de la autopista y ni corta ni perezosa sacó de la guantera una sirena de policía que no dudó en poner sobre el techo del coche. Se abrió paso en el tráfico fingiendo una emergencia, fingiendo que es policía camuflada de paisana.
Quedó en una multa esa vez. No fue así hace dos semanas, cuando tuvieron su última discusión. Todo empezó con un antojo.
-Edu, cariño...Ves y cómprame un Mcflurry.
-Son las 4 de la mañana. Duérmete.
-Me apetece helado.
-No.
-Arderás en el infierno, ¿lo sabías?- él se gira- Tengo antojo…-y se acurruca más- ¿Así me vas a tratar durante todo el embarazo?
Él abre los ojos de golpe.
-¿Qué has dicho?
Ella es ahora quien se gira.
-Bella, repite eso.
-Mmm…
-No tiene gracia.
-¿No querías un pequeño Charles Dickens? Olvídalo, no tienes el privilegio de hacerme un bombo todavía.
Él vuelve a respirar, estaba conteniendo la respiración, no porque le desagrade la idea, sino por todo lo contrario, porque ya se veía arrasando las tiendas de ropa de bebé.
-¿Dónde estabas?- inquiere por la mañana.
Lo sabe, solo la pone a prueba. Terminó por levantarse en mitad de la noche y se fue.
-En comisaría. Me volvieron a detener. Pero no pudieron hacerme nada, cerré el McDonalds y dejé el dinero con propina por el helado. Fue tan divertido, Edu. Fingí estar embarazada, si me hubieras visto estarías orgulloso de mí. La cara del policía era tremenda mientras yo me ahogaba. Creo...Creo que no puedo respirar- se imita ella momentos antes- Les voy a denunciar, déjenme irme o saldrá en todos los periódicos cómo los agentes de policía tratan a una pobre mujer en estado. No me creían pero me tiré al suelo con las manos en mi barriga.
-Bella…¿qué hago contigo?- suspira tedioso.
-¿Quieres?- ofrece de su donut de limón.
-Isabella, estoy hablándote en serio.
-Y yo te estoy ofreciendo mi donut en serio.
-¿Esto es de verdad?- enseña unos papeles.
Es su historial penal. Tiene varios delitos, todos leves. A Edward se le va de las manos, las cosas huyen de su control. No sabe si ella es una genia o una delincuente.
-¿De dónde has sacado esto?
-No importa. Pero he pagado mucho dinero para que no saliera a la luz esta mañana.
-¿Te han sobornado?
-¿Es real o no?
-¡Sí! ¡Sí, es real! ¿Qué mierda? ¿Por qué tienes esto?- inquiere furiosa.
-¿Por qué no me habías contado nada de esto?- señala el papel.
-¿Por qué tendría que decírtelo? Oh si, porque alguna agencia se ha hecho con esto y ahora me tengo que ver obligada a dar explicaciones. ¿Con qué derecho una puta revista me obliga a decir o no mi pasado?
-Eres mi pareja.
-¿Y qué? Soy tu pareja y sigo siendo yo, estar juntos no significa perder la individualidad, tú lo dijiste.
-Lo dije y lo mantengo, pero esto...
-¿Qué, Edward? ¿Que tengo un expediente? Pues lo tienen muchas personas, en algún momento de la vida nos mantenemos fuera del margen de la ley y no pienso disculparme. No siento no ser la paloma blanca ideal que tu madre querría para tí. No soy esa mujer. He tenido mi momento de rebelarme contra la sociedad y las normas.
-Oye, Isabella- va detrás de ella y le agarra la mano- no te enfades.
-¿Pero cómo no me voy a enfadar? Es que es injusto que lo sepa todo el mundo. ¿Qué les importa lo que yo haya hecho o no? ¿Por qué tienen interés en mí si yo no soy nadie? Y lo peor es que te condicionen y tú hayas pagado un dineral por ocultarlo. No tendrías que haberlo hecho. Ahora te conviertes en un cómplice. Sé que repercute en tu imagen, ojalá no estuviera relacionado, pero esto...No puede ser.
-Isabella, no te estoy reprochando nada. Solo...Estoy sorprendido, quería decirte: ¿agresión en defensa de los animales? ¿Liberaste a todos esos animales en esa fábrica de experimentación? ¿Arrojar pintura a abrigos en la pasarela de Milán?
-Era joven y tonta. Es solo una fase de protesta contra el mundo, se llama adolescencia.
También están los delitos por embriaguez al volante y alteración grave del orden y la vía pública. Muchas fiestas durante su etapa universitaria.
-Cariño, ¿sabes cómo me pone esto?
-¿Eh?- se desconcierta.
-Dios mío, es que eres perfecta- celebra antes de besarla y tener sexo fabuloso.
Edward tomó su decisión esa mañana. No quiere que le importe lo que digan los demás. Está dispuesto a desafiar de una vez y de verdad las normas, está dispuesto a entrar en ese margen en el que no existe la ley. Prefiere desafiarla antes que ser un sumiso de ella. Se siente como el adolescente que nunca fue.
Por esa razón no discuten al respecto, Edward ha podido saborear un poco de rebeldía y se ha sentido bien. Ese tipo de adrenalina que todavía no había sentido le ha gustado, así que cuando su agente le llama, él no le replicada nada. Defiende a su chica por esa experiencia. Ni tan solo se plantea esa introducción decadente a la que le está arrastrando. Si no hace daño a nadie, volvería a hacerlo sin pensarlo. De hecho, se ha quedado con ganas de terminar su obra y volver a huir de las autoridades porque es divertido y porque no hay lugar para el arrepentimiento o la vergüenza.
Ella sale de la ducha, se tumba en el sofá junto a él y hablan de lo ocurrido esperando la llegada de su amigo.
-Guarro.
-Un respeto. Es un pedo de Edward Cullen. Te estoy galardonando gratuitamente con ellos. Deberías sentirte afortunada.
-No intentes justificarte, asqueroso. ¿Qué clase de caballero eres? Yo no te compré así.
-Estamos en la intimidad. No hay más caballerosidad que la de actuar de manera natural...Eso y que Japón me ha hecho mucho daño...Tampoco es para tanto.
Se ha tirado al suelo y se arrastra como soldado herido hasta la ventana fingiendo sobrevivir.
-Que maldita eres.
-Si con un casi año de relación ya tenemos esa confianza que da asco, cuando tengamos cuarenta cagaremos delante del otro mientras el otro se arregla delante del espejo.
-Cuento con ello- dice con obviedad Edward- quizás no tengamos que esperar a los cuarenta.
Y por un momento se lo imagina. Se ve a ella poniéndose rimel mientras él lee el periódico en el inodoro. Es de los que se llevan y se pasan el tiempo leyendo ahí. De hecho, no era de esos, pero ahora debe leerlo antes de irse a dormir, cuando recrea el ritual de aseo nocturno porque Bella le ha prohibido leer en la cama.
La cama es para follar, no leer. Al menos no leer antes de follar.
Su problemática es que Bella lo deja tan agotado que cuando acaba no tiene ganas más que de apagar la luz y dormir plácidamente.
Al final se quedan dormidos viendo la tele. Alex hace ruido y despierta a Edward. Se ponen a hablar de la locura de esa noche y de Tom, quien se comporta raro últimamente. En eso se despierta Bella.
-Alex, ¿otra vez? Deja a mi niño, es mío- lo abraza a tientas con los ojos cerrados.
-Claro que no, él es mío, yo lo vi antes.
-Pero yo lo veo más.
-Tú lo has dejado tirado cuando nos seguía la poli.
-Nos he dividido para que pudieran seguirme a mi y no le atraparan. Me pertenece.
-Que decida él entonces.
-Soy de Alex.
-¿Ah sí?¿Él te hace mejores mamadas que yo? ¿Te aguanta las crisis psicoparanoicas? ¿Y tu verborragia? ¿Te prepara la comida o la bañera? Noo, no, no, está bien. ¿Sabes qué? Que te la chupe él porque yo voy a mamársela al nuevo dependiente de Tesco, que está…
Edward se levanta, la persigue y la trae de vuelta al sofá poniéndose encima para que no huya y deje de decir idioteces.
-¿Qué me dices de un trío?- propone Alex- para los dos.
-Claro, tiene que ser excitante ver cómo rompes el culo a Edu mientras yo lo veo.
-Yo pensaba otra cosa.
-Suficiente Alex. Tú, prepara la boca. La tienes muy amplia.
-Que te den, ¿qué te piensas que soy? ¿Una muñeca hinchable? Déjame vivir. Quítate las costillas inferiores y así aprendes a autochupártela.
-Elegiste al más soso y coñazo del grupo, Bella. Tendrías que venirte conmigo, soy más sexy aunque no lo quieran admitir todas las revistas- presume Alex.
-¿Quién ha dicho que haya elegido?- tontea con él.
Edward le da una nalgada sorpresa.
-Al cuarto- manda con humor.
.
Una música le despierta. Está a todo volumen. Luego escucha la aspiradora, pero está demasiado cerca. Cuando identifica la canción, abre los ojos extrañada y se sienta en el colchón. Lo que ve no tiene precio.
-Quiero ser libre. Quiero ser libreee. Quiero ser libre de tus mentiras, estás tan satisfecha que ya no te necesito…
Ella no puede seguir viendo eso sin destornillarse de la risa. Edward se ha puesto un bigote falso, tetas, unos pendientes rosas a conjunto con esa camisa estrecha y una minifalda negra de cuero. La situación no puede ser más desopilante. Sigue cantando en playback alrededor del cuarto con la aspiradora encendida. Bella lo mira y se ríe hasta el punto en que su mandíbula no puede más del dolor. Él reencarna a su mayor ídolo en esa mañana calurosa de agosto. Es un sinvergüenza, sin sentido del ridículo alguno.
-Estoy enamorado por primera vez y sé que esta vez es de verdad...Estoy enamorado...Dios lo sabe. Dios sabe que estoy enamorado…
No aguanta y se acerca a bailar con él. Lo acompaña cantando sin poder parar de reír. No sabe cómo lo hace él para aguantar la risa y hacerlo todo tan profesional. Cuando acaba lo empieza a desnudar.
-Yo también sé impresionar, nena.
-Me has engañado. ¡Son calcetines!- finge sorpresa cuando le quita un sujetador de los suyos.
-Es que estoy más plana que una tabla de planchar- se lamenta entristecido.
-Eres lo más sexy que he visto en mi puta vida- murmura en su boca.
Y no se refiere a lo bien que le queda el bigote y las ligas, se refiere a lo sexy que es su actitud, su humor, su interior y su asiduidad en hacerla reír. Le gusta lo sexy que es cuando le consigue hacer feliz hasta cotas inalcanzables.
.
Una conversación que todavía no se habían atrevido a exponer ni explorar durante el desayuno.
-¿Cuántos hijos quieres que te haga?
-El mundo está poblado de feos. ¿Para qué queremos más?
-Nena no digas tonterías. Los niños saldrán a la madre.
Ella ríe sin evitarlo. Está en ámbar, como un semáforo, entre la incredulidad y la admiración.
-No digas tonterías tú. Dijiste que los odias. Aunque tu cara cuando viene Charlotte dice lo contrario.
-Hay momentos en que los quiero estrujar de lo que me desquician...Pero creo que los buenos momentos lo compensan.
-Tener hijos no es solo tenerlos. Hay que educarlos, transmitirles unos valores, estar por ell...
-¿Cuantos?- insiste mordisqueando sus labios y lamiendo la mermelada que se ha quedado en sus comisuras.
-No creo que estemos tomando esta conversación en serio cuando no te tomas ninguna enserio.
-Si lo hago. Todas las cosas que nos decimos las tomo enserio.
-Cambiaría nuestras vidas, Edward. No eres consciente de todo lo que conlleva. Tener un niño no es solo tenerlo, es estar a su lado y tú vas de lado a lado constantemente. No pienso tener hijos que cambien de escuela como un trotamundos por culpa de sus padres. Ni lo sueñes. No se necesita solo dinero para cuidarlo, si quieres ser padre, tienes que ser padre y no solo para mantener, sino para ejercer como tal y sentirte orgulloso de serlo, darles una estabilidad y una presencia absoluta. Mi padre siempre citaba a Corleone. El hombre que no pasa tiempo con su familia no es un hombre. No te acuso de no serlo, pero simplemente no es compatible tu tipo de vida actual con una paternidad. Estás en un momento clave de tu carrera. No voy a traer hijos para tenerte al otro lado del mundo y que los veas a través de una pantalla. Si quieres niños, vas a estar cada segundo a su lado y eso es algo que ahora no puedes hacer. Es muy sencillo cuando lo piensas con la cabeza fría.
Acabó ahí la conversación, pero desde luego Edward la retomó pocos días más tarde porque su cabeza no puede estar fría respecto a esa idea.
-¿Qué haces?
Se asoma en su hombro y mordisquea la piel de su cuello antes de mirar el papel en el que está dibujando. Son muñequitos de palo en una especie de montaña rodeada de agua con dos palmeras a cada lado. De cada muñeco salen flechas con diferentes nombres masculinos y femeninos.
-Dibujo a nuestros hijos. Vamos a llenar una puta isla nena, vas a ver…
Ella ríe. Edward es tan graciosamente loco cuando quiere y no quiere.
-¡¿Qué?! Ya lo hablamos.
-Tooodos estos.
-Ni cuerda.
-¿Y un equipo de fútbol?
-¿Cómo quieres que traiga tantos? Son nueve meses de gestación entre uno y otro.
-Pues lo planificaremos de alguna manera para que los traigas de cinco en cinco...Quintillizos. ¿Total? Una vez estás ahí abierta de piernas y dilatada da igual uno que cinco.
-Qué romántico. Claro que si...Embarázate tú entonces.
-Lo haría nena.
-Seguro...
-Que si. Si pudiera sería tu caballito de mar. Protegería nuestros huevos en mi saco, bolsa o lo que tengan esos bichos y llenaríamos un coral enorme con nuestras pequeñas crías de caballitos revoloteando por el salón.
Bella no puede evitar reír.
-Eres un tonto.
-¿Cuantos, entonces?- vuelve a insistir.
Ella suspira y decide tomarse en serio la conversación porque es algo en lo que Edward está insistiendo con frecuencia. Lo peor de todo es que no es capaz de cortar tajantemente la posibilidad porque ser madre es su deseo de vida más oculto y personal.
-No sé. Lo único que tengo claro es que no quiero solo uno, es decir, siempre he sentido que me ha faltado algo. Mis padres me han dado todo cuanto pudieron, pero creo que siempre he tenido una necesidad de tener a alguien a mi lado. Un compañero de aventuras ¿sabes? Ser hija única no es una mala experiencia ni nada de eso, pero siempre he notado que es como alguien que nace sin padre o sin madre. Es como si faltara un cimiento en mi vida. Puedes tener amigos, compañeros...pero sabes que no es para siempre. Un hermano siempre está ahí. ¿Sabes ese tipo de cosas que no se pueden decir a los padres? Venir a casa con algún secreto, algo que te gustaría compartir pero no puedes. Eso tuve yo. Todo lo que me ha ocurrido en la vida he tenido que quedármelo para mi. Y...a veces es una carga pesada, creas o no. A veces tantos secretos para una persona resulta agobiante y produce miedo. La persona que guarda tanto para ella teme volverse loca. Un hermano es la balanza que todos necesitamos. Tú no te has parado a pensar en ello porque te criaste con dos hermanas y todo esto ni tan solo has llegado a planteártelo. Es lógico.
-Supongo que tienes razón. Siempre me he sentido afortunado de tener hermanas, a pesar de que me putearan por ser el pequeño. Eso provocó que deseara tener otro hermano para poder putearle yo y vengarme de esa manera, pero...Rosalie y Alice siempre están ahí, lo han estado y eso se siente muy bien cuando...Ya sabes, empiezas a pensar si te volverás paranoico cuando disfrutas tanto tiempo solo. El impedimento es que no podía contarles todo, todo, al ser chicas, pero eso también tuvo la ventaja de que me hizo un hombre más respetuoso con las mujeres, después de ver todos los patanes de novios que vi pasar por casa. En fin, nuestros renacuajos no tendrán que sufrir nada de eso porque todos tendrán hermanos para molestarse. Puedo imaginarlo, mira- señala el dibujo- Edwarda enganchará chicles en el pelo de Elizabeth, pero Evangeline y William...
-Un momento…¿En serio le has puesto Edwarda?
-Claro. Mi primogénita mantendrá mi nombre, así debe ser.
-No me lo puedo creer…Edwarda es un nombre horrible. ¿Cómo se supone que llamaremos al primer varón? ¿Isabello?
-Si quieres llamarlo Isabello no habrá problema...Total, los niños se inventarán un mote con un nombre u otro. ¿Cuál era el tuyo? El mío fue Edkward(*). Supongo que siempre he sido el rarito de la clase.
-No tenía ningún mote.
-¿En serio? Los finlandeses sois personas raritas. Sea como sea, yo tengo que tener un heredero. En Finlandia, Inglaterra, Italia, me da igual, nena. Nuestros retoños son la eugenesia natural cuando mezclemos los cromosomas de nuesro ADN para siempre, sin manipulación ni nada- admite con un toque vanaglorioso poco visto en él- Viviremos en nuestro propio país. Tú, yo...Nuestros edwardbellos, los habitantes del territorio. Estoy impaciente por llevarlos al cine cada maldita semana. Y los extraescolares...Quiero apuntarlos a actuación para que pierdan el miedo como su padre. Bah, ¿qué digo? Ellos no tendrán miedo a nada, serán super cool. Harán todo lo que le prohibamos, los castigarás y luego lo volverán a hacer porque les dará igual. Quiero ser su colega. Haré chapuzas junto a ellos, probablemente serás tú quien tenga que darme manguerazos en el jardín para quitarme la porquería del cuerpo mientras me riñes y ellos se ríen de mi.
-¿Yo?
-Claro, nena. La madre siempre hace ese tipo de cosas. Quiero eso, Isabella. ¿Qué de malo tiene ser un padre joven? ¿Soy raro por querer serlo? Pues me da igual, los quiero.
Lo dice tan decidido y con tanta predilección que ella quiere llorar. Muchísimo...Porque tener un hijo con Edward no es una opción. No es ninguna opción y sin embargo se ha convertido en lo más platónico de su vida. Y él llena y llena ese dolor con sus ilusiones y sus esperanzas al respecto de manera cruel e inocente. Su inocencia es la crueldad ignorante.
Después de desayunar, Edward queda con un par de amigos suyos y Bella aprovecha el sol que brilla con potencia para pasear con una persona especial. Después de la conversación de esa mañana no ha podido pensar en otra más que en ella.
-Eres hermosa. No había nadie mejor para mi nieto- dice desde su silla de ruedas.
Isabella le mira, estaba distraída mirando al horizonte sentada en el banco delante del estanque. Mira a la mujer con amabilidad. Ha querido sacarla a pasear al parque cercano a su residencia.
-¿Que me dice de una inglesa de sangre pura?- replica con ironía.
-Bobadas. Cuando era más joven claro que quería ese ideal, pero luego te haces vieja, ves a los tuyos y cuando veo sobretodo a mi nieto, las cosas horribles que dicen de él, y sé que solo sé la mitad de todo, tan solo quiero una buena muchacha para él.
Sonríe y mira el suelo melancólica. Por supuesto no comparte su punto de vista sobre ella misma.
-Puedo ver que tu corazón no cabe en el pecho de lo bondadoso que es. Oh, ¿qué ocurre, cariño?
Sus ojos se han puesto llorosos de manera repentina. La abuela Cullen la mira conmovida, sin entender su expresión.
-Me recuerdas a mi abuela.
-Oh, ¿ya no está aquí?- Bella niega con su cabeza evitando que se le caigan dos lágrimas- ¿cómo era? Háblame de ella.
-Ágatha era hermosa. Tanto, tanto...De lo más hermoso que he conocido nunca. Las mujeres mayores suelen cortarse el pelo, usted por ejemplo, lo tiene corto, si se fija todas lo tienen corto, pero ella lo llevaba largo y blanco. Recuerdo que me gustaba peinarle. Mis amigas peinaban muñecas y yo cuando peinaba a mi abuela era la niña más feliz del mundo. Me enseñó a hablar sueco. Y siempre tenía una buena historia que contarme. Siempre. Y hablaba de mi futuro como si pudiera ver a través de una bola de cristal- a la abuela no le pasa desapercibido el movimiento de su rostro refregándose los ojos- la echo tanto de menos que duele. Edward no sabe lo afortunado que es de tenerle.
-Mi nieto hermoso...No era muy revoltoso de pequeño. Alice, ella era la terremoto de la casa y arrastraba al pequeño porque la grande, Rosalie, esa es un trozo de pan. Serena, tranquila. Los pequeños han estado más unidos entre ellos. Soy afortunada de tenerles. Me gustaría pasar más tiempo con ellos, pero crecieron, se han hecho mayores, cada uno tiene su vida, es ley, por eso tengo que esperar a Navidad para verles a todos juntos. ¿Y tu abuelo? ¿Tampoco lo tienes?
-Cáncer de pulmón. Fumaba como un loco. Era un hombre muy tranquilo. Amaba la música, era devoción, se expresaba mediante ella. Me subía a su regazo y ponía clásica. Tenía un toque muy patriótico. Bueno, un grado alto de patriótico- corrige riendo ligeramente- Supongo que era inevitable. Participó en la Guerra de Invierno. Sus ojos...Su mirada escondía el horror, siempre tenía la impresión de que había presenciado cosas horribles y aún así jamás me dijo nada. Defendió con su propio cuerpo, su aliento y su mente el país de los soviéticos. Yo era pequeña cuando falleció. No fui consciente de lo que vivió hasta después, cuando pedía a mi padre que me contara cosas de él. Lo necesitaba, tenía...Tenía miedo de olvidarle si no lo veía de nuevo, así que pedí a mi padre que me hablara de todo lo que calló, pero él tampoco hablaba sobre eso. No supe nunca si es porque jamás le explicó o simplemente mi padre quería protegerme de todo aquello. Solo sé que en mi adolescencia me documenté y en cada soldado que veía en la nieve, cada soldado que veía pasar hambre y salvar civiles, cada soldado que era un héroe, yo le veía a él. Y en cierta manera, eso le decepcionaría, porque seguro que él querría que le recordara como ese hombre musical, pero no puedo evitar recordarlo como el soldado. Para mi es un orgullo. Lo siento- solloza tapándose la cara- me pone muy sensible esto. Jamás he hablado de ello.
-Oh, cariño...Está bien. Es una hermosa historia. No te sientas apenada.
-Es que me siento ridícula llorando. Estoy muy sensible. Es mi período.
-Ridículo es pensar así. No hay nada de malo en llorar, querida. Oh mi periodo, no me acordaba de él. Este mes se me ha atrasado…¿Debería preocuparme?
Isabella no puede evitar la carcajada. Los genes divertidos de Edward son herencia, no tiene duda.
-Es que…-la mirada sabia y antigua de la mujer le invita a sincerarse- Me siento tan triste a veces...Edward me hace olvidar a menudo mis penas pero cuando él no está vuelven a aparecer. Para mi la familia lo es todo, ¿sabe? Y de un día para otro se había esfumado entera. Y ahora estoy aquí con usted, tratándome como de la familia y siento como un leve rayo de sol intentando resucitar las cenizas de esa sensación. Mi supervivencia son recuerdos y temo simplemente un día olvidarme de ellos. No quiero sustituirlos y sin embargo quiero volver a sentir lo que es formar parte de una familia. ¿Es eso traición?
-Bella, tu familia nunca va a morir. Viven en tu corazón.
-Lo sé, lo sé...Pero…-suspira- me siento sobrepasada. Su nieto y yo hemos hablado sobre tener hijos esta mañana. Ha sido una conversación seria.
-¡Ay dios mío! Eso suena fabuloso, querida. Bisnietos. Dádmelos pronto antes que muera.
-No diga eso.
-Tengo ochenta y cinco años, es ahora o nunca si quieres que los conozca.
-No es tan fácil- dice con una carcajada involuntaria que contrasta con sus lágrimas.
-Permíteme rebatir, pero no es difícil concebirlos cuando un hombre es hermoso. Y mi Edward lo es.
Ella ríe. Esa mujer tiene ese humor añejo, británico puro y refinado con la edad y la vejez.
-¿Puedo abrazarla?
La abuela solo se abre de brazos e Isabella no duda en rodearla largos segundos.
-Anda, dame más pan. Estos patos siguen con hambre.
La distrae y funciona. Siguen alimentando a esos animales mientras disfrutan del sol, el verde y la compañía olvidada de la figura anciana. Tienen tanto que ofrecer y los jóvenes no aprovechan esa sabiduría exclusiva de ellos.
.
-Hola nena.
-Ciao ragazzo.
-¿Qué tienes ahí?
-Un nuevo hijo.
Abre sus brazos y en ellos hay una pequeña ardilla
-Pero Bella…
-Pero Edward...Me lo encontré en el parque así. Su madre estaba al lado muerta.
-¿Desde cuando es doméstica una ardilla?
-No creo que haya nada más genial que tener una ardilla. Y mírala. Tan pequeñita y suave.
-Puede pegarte cualquier enfermedad.
-Ya la he vacunado.
-¡¿Qué?! Jack…
-Ya se conocen. Ha estado durmiendo en su cama. Jack le ha dado calor. ¿Puedes creerlo? Y Chucky ha reaccionado bien. Vamos, Edu...por fins...Prego, prego…
Niega con la cabeza. Maldita locura. Maldita mujer. Maldita la locura de esa mujer.
-¿Cómo la vamos a llamar?
Ella ríe agradecida y feliz y salta a sus brazos agradeciéndoselo.
-¡Ratatösk!
-¿Ratatösk? ¿Significa algo?
-Es ardilla.
-¿En tu lengua salvaje nórdica esa?
-Sí. Así se llama la ardilla que lleva los mensajes entre el águila y el dragón recorriendo el Yggdrasil.
-Espera, espera, no me lo digas, esa la conozco…-murmura con los ojos cerrados haciendo memoria- es el árbol. El de tu anillo, ¿es así?
Su sonrisa es un sí orgulloso.
.
-¿Qué te pasa, Isabella?- pregunta esa misma noche después de jugar con la ardilla.
-Nada- ella está encogida en posición fetal sobre la cama retorciéndose con sus puños sobre el vientre.
-Tienes mala cara- insiste.
-No.
-¿Te encuentras mal?
-¡Paska! Que estoy en esos días.
-Oh...Entiendo…¿Qué días?
-¡En los que sangro por el coño! ¿Eso querías oír?- pregunta con agresividad
-Oh…¿puedo hacer algo por ti?
-No.
No tiene ganas de jugar.
-¿Seguro?
-¿Te romperías una vez al mes los huesos por mi?
-Mmm...Quizás pueda darte una pastilla, ¿quieres?
-No...Pastillas, no.
-Pero si te duele tómate una. ¿Qué ganas sintiendo dolor, mi amor?
-Estamos poco acostumbrados al dolor, Edward...La gente se acostumbra a rechazarlo y a la más mínima queja, no dolor, sino molestia, aprovecha para medicarse. No me asusta un poco de dolor menstrual, un día me hará la mujer más feliz todo esto. Oh...Y no me llames mi amor cuando esté con la regla si quieres conservar los dientes- aprieta la mandíbula al sentir otra patada de ese enano puto cabrón que vive en su ovario.
-Está bien, Isabella. Creo que no sería capaz de cortarme las bolas para hacerte sentir mejor, pero si pudiera ovular en tu lugar lo haría.
Ella pone ojitos de aaaww.
-Eres un romántico Edward- él lo afirma modestamente besando su mano- pero prefiero sufrir yo solita. Los hombres sois lo peor quejándoos, no podría soportar escuchar tus quejas de nenaza. Será mejor que te vayas.
-¿Quieres ver una peli?
-Que me dejes sola, coño. Pesado. Sta zitto che non capisci niente.
-¿Una romántica?
-¡Vaffanculo!
-No me mandes a tomar por culo, Isabella.
Ella grita contra la almohada y luego, de manera así muy bipolar, le contesta.
-Me apetece una sangrienta y bien gore.
-Las mujeres quieren las ñoñas cuando están con las hormonas...Ya sabes. Eres algo rara.
-No soy rara...Solo me siento mejor cuando veo que no soy la única que sangra.
-¿Te sigue doliendo mucho?
Mira el reloj de su despertador. No ha pasado ni cuatro minutos y ya le ha vuelto a preguntar lo mismo, como si en ese corto período el ovario hubiese levantado la bandera blanca de paz o algo. Lo nota ansioso. Edward es ansioso y paranoico no solo para él mismo. Él es tan tierno que quiere reír y abrazarlo y comérselo a besos.
Lo tranquiliza con humor para desviar la atención de ella.
-No mucho- insiste mintiendo- ¿Te gustaría acaso que pudieras sentirlo? No lo creo justo. Las mujeres aguantamos esto pocos días al mes, los hombres nos tenéis que aguantar a nosotras todos los días. ¿Ves? Está bastante equilibrado.
-Pero…¿Por qué intentas hacerme sentir bien encima de que estás sufriendo? No tienes sentido. Yo me pondría una compresa si eso te hiciera sentir mejor.
-Oh…¿De veras? Porque puedes meterte un tampax en el culo para demostrarlo más que de boquilla.
-Aunque también creo que puede hacerte sentir mejor si te traigo algo de la nevera ¿no?
Él se levanta de camino a la cocina.
-Tu ano no se mantendrá virgen para siempre, Edward. Un día te descuidas y estoy buscando tu punto G.
-Ya lo desvirgaste, por si no te acuerdas.
-Eso no es nada.
-¿Frigo Pie o Drácula?
-Utilizaré lubricante, no sufras. Te adentraré en el arte del pegging con el tiempo.
-Seguro que en Italia los helados no pueden compararse con el resto del mundo.
-¡Pues claro que no! No hay nada como nuestros gelatos, ni tan solo nos podréis imitar jamás aún sabiendo los ingredientes. Como se nota que no lo entiendes porque no has probado los brioche de gelato. Si hubieras...
Sonríe cogiendo un par de Dráculas. Le está pillando el truquillo en cómo distraer a Bella.
-¿Te acuerdas, nena?
-¿De qué?
Edward apoya la mano que no sujeta el helado en la parte inferior de su barriga, como si así pudiera calmar sus calambres.
-Cuando te conocí.
-Ooh, si. Qué pasado fuiste.
-Me detestabas.
-No soportaba que fueras tan guapo- acepta sin remedio.
-¿Eso pensabas?
-¡Claro! Decía ¿cómo puede ser tan guapo? Maldito bastardo hijoputa. ¿Por qué insiste?
-¿Le dirás a tus hijos cómo te perseguí como un lunático?
-¿Quieres que se lo cuente?
-Sí, pero me tienes que glorificar un poco, nena. En realidad fue algo patético, ¿no? Todas las veces que me rechazaste. Pero a nuestros hijos tienes que hacerme ver como un héroe o algo así por ir tras su madre de tal manera y no rendirse a pesar de lo mala que fue ella.
-¿O sea que te debo glorificar y yo ponerme como la mala de la película?
-No, yo no he dicho...Ah maldita sea. Que cuente la historia Chucky entonces.
Las risas son coordinadas.
-O Jack, ¿te imaginas? Pobre, lo querrán cabalgar a nuestro Salchi...Con los dolores de espalda que le esperan...
-Nuestra primera princesa querrá cabalgarlo justificando que es su pony. Luego crecerá y querrá uno de verdad. Oye, ¿te imaginas? A Edwarda puede que le guste la hípica. Nos obligaría a llevarla a las carreras de caballos. Luego vendrá su etapa adolescente y todo eso. Le diré que se vaya a su cuarto y reflexione cuando haga alguna trastada gorda. Y me odiará, pero no importa porque ella sudará de mi y tú que le habrás enseñado a defenderse de todo y habrás sido un ejemplo de hago lo que me da la gana, se escapará y aunque la castigue le importará un comino y hará lo que le dé la gana a la maleducada porque ella será así simplemente y pasará de mi culo y de mi autoridad.
-Pues vaya, ¿así te imaginas a tu hija?
-¿Cuando sea adolescente y ya no tenga solo ojos para mi? Seguro. Eso me pasará por mimarla, porque pienso hacerlo cada segundo de mi vida. A ti te dejaré para que la castigues, pero no te odiará porque sois mujeres.
-Precisamente por eso me odiará. No puedes tener la mentalidad de mimar a tu hija desde antes que nazca, es horrible. Nadie la soportará, Edward. Y te reprochará que le diste todo lo que quiso, ¿qué valores pueden desembocar de ahí?
-Aún queda mucho para eso. Por eso hay que aprovechar cuando son bebés y solo la caguen físicamente hablando. Tengo que ver como los amamantas- murmura apretando su pecho.
-¡Ah! Me has hecho daño. Están sensibles.
-Perdona, nena. ¿Pero te imaginas?- no aparta su mano de ahí.
-¿Por qué insistes tanto, Edward?
Las lágrimas se acumulan tras sus ojos, aguantando estoicas su aparición.
-Porque es un deseo real. No quiero que pienses que lo digo por decir. Quizás no ahora, pero pronto. ¿Tú qué piensas?
-¿Qué pienso de este dolor?- cambia de postura poniéndose de espalda sin deshacerse del agarre de Edward pero sin enfrentarle- Pienso que este es el dolor más grande porque te regala lo más grande de la vida. Creo que lo más grande que tendré en mi vida es una extensión de mi misma, algo con mis genes, mi sangre, todo yo en una persona que yo he creado. Es...algo tan natural que me resulta fascinante. Que una persona pueda traer a otra es...De acuerdo, lo más doloroso por unas horas...pero lo más fascinante por toda una vida.
-Pregunto algo más concreto, Isabella.
Muerde su labio. No ha funcionado ese callejón.
-¿No te sirve todos nuestros niños? Ratatösk, Jack, Chucky y Krispy.
-Amo nuestros niños, pero quiero niños humanos. Tres.
-¿Tres?
-Mínimo.
.
-¿Estáis bien?
Se miran extrañados ante la pregunta. Están jugando tranquilamente al ajedrez.
-Sí, ¿por qué?
-No estáis teniendo sexo ni nada.
-Estoy con la regla- contesta con naturalidad.
Edward se ríe de la cara de pasmarote de su amigo. Bella es así.
-¡Sí! ¡Por fin, gracias dios por escuchar mis plegarias!
Ahora es Edward quien tiene esa expresión mientras su colega se aleja.
-¿Crees que somos muy ninfómanos? Yo creo que es lo normal, ¿no?- se asegura sin inocencia fingida.
-No estoy seguro de que sea normal, Bella. Para ti sí porque eres de sangre caliente.
-¿Qué insinúas?
-Pues que vosotros sois así, pasionales... Italianos, griegos, españoles, latinoamericanos...Ya sabes. Y me importa una mierda si se queja Alex. Que se vaya de mi casa si le molestamos. A ver si encima no puedo follar cómo, cuánto y cuando quiero. Tu turno, nena.
-Me gusta eso.
-¿El qué?
-Pues que dejes de ser tan correcto y digas lo que piensas realmente. Creo que tanto tiempo escondiendo esa parte de ti te ha hecho olvidar que puedes quejarte de lo que no estés de acuerdo.
-Claro que no lo he olvidado.
-Por supuesto que sí, pero supongo que en público seguirás censurándote. Es una fuerza superior a ti…-suspira y hace un sonido gracioso- el correcto e inglés Edward Cullen.
-¿Es malo eso?- pregunta avergonzado y sintiéndose estúpido.
-No, supongo que no. Conmigo eras así cuando te conocí.
-¿En serio?
-Oh si, y todavía lo sigues siendo a veces. No me gusta que te calles, no quiero un sumiso mental a mi lado. Tu alma no es conformista...Pensaba que el hecho de que fueras tan correcto era porque eras un conformista, pero me equivocaba. Solo eres...precavido pero con ideas claras aunque creas que no las sean. Eres una persona diplomática en la extensión de la palabra- añade divertida.
-¿Crees que soy demasiado inseguro? Quiero decir, ¿algo demasiado exagerado?
-Puede ser.
-¿Cambiarías ese defecto de mi?
-¿Es un defecto?
-No lo sé.
-Tanto si lo fuera como si no, no lo cambiaría. Ni tan solo querría modificarlo. No me enviaron al mundo para cambiar a nadie. Estoy contigo por como eres.
-Quizás no quieras modificarlo, pero...En cierta manera lo has hecho. Hay momentos en que...Me siento más seguro. Con más fuerza, no sé. Creo que tu ímpetu por las cosas me han contagiado esa actitud.
-Tú también me has contagiado de alguna manera que también me ha hecho cambiar. Supongo que es lo normal cuando haces un experimento social como el de convivir con una sola persona, nadie sale incólume- enfoca desde su visión profesional llena de teorías sociales.
-¿Te he hecho cambiar?
-Aunque no lo creas, sí.
-¿En qué cosas?- pregunta curioso.
-No sé, me siento a veces más...vulnerable y...sensible- admite con vergüenza, algo que parece solo ser cosa de él- Crees que soy una sangre caliente, pero olvidas que soy de sangre absolutamente congelada también y contigo simplemente se evapora. En Finlandia nunca verás a alguien abrazándose porque es algo tan íntimo que resulta incómodo de ver, casi exhibicionismo y tú me abrazas siempre por la calle y...No sé como explicarlo exactamente, pequeños detalles que antes detestaba y me reía de ellos, ahora los hago yo. Y no sé si me gusta el cambio, quiero decir…-suspira frustrada porque no sabe expresarse, un aspecto que le jode mucho, y le dedica una mirada enfadada- ¿Esto es por lo que dicen que es tan complicado el amor?
Él se ríe fuertemente. La gran Isabella Swan anda con pies de algodón sobre un terreno inexplorado y como una niña que no entiende la vida y se enfada de lo que siente porque no lo sabe justificar.
-¡No te rías, estúpido!
Alza las manos en forma de rendición.
-Me gusta que desnudes un poco el corazón, Isabella. No es nada malo darme un poquito de él, cariño.
-Ah, cállate, ¿para qué? ¿Para que puedas romperlo y luego me arrepienta siempre?
-¿Te arrepentirías de todo esto?
Se muerde el labio. Sabe que no pero no está cómoda admitiéndolo en voz alta. No está cómoda admitiendo sus sentimientos ni sus pensamientos respecto lo que le hace sentir.
-¡No sé! ¡No me está gustando esta conversación!- exclama levantándose apresuradamente- Es injusto lo que estás haciendo y lo sabes- añade señalándolo acusatoriamente.
-¿Qué estoy haciendo?
-¡Tú eres mi primer amor!- gruñe con un brillo en los ojos, ¿son lágrimas?- y yo soy para ti el tercero o cuarto. ¡No te aproveches de mi! ¡No eres justo!
-Nena…
-¡Que no me llames nena, hostia puta!
-Está bien, está bien.
-¡Me tienes harta! ¡Harta! ¡No soporto que seas tan…!- se frustra al no encontrar palabras y a pesar de encontrarlas no son ciertas- ¡Joder! Y no quiero que menciones más los putos niños. ¡No quiero tener malditos hijos contigo, te enteras? ¡¿Acaso me has preguntado si yo los quería?! ¡¿Me has preguntado si quiero ser madre? ¡Solo pides hijos como si importaras tú únicamente!
-Pero yo te pregunté y tú dijiste…
-Me da igual lo que dijera, ¿vale? ¡Me da igual!
-¿Por qué te pones así? ¿Por qué dices todo eso? No te entiendo…
-¡No lo sé! ¡Yo tampoco me entiendo!- exclama antes de marcharse.
Jack se acerca y sube a su regazo.
-¿Tu la entiendes? No le he hecho nada. Su período nos va a joder la vida, hijo mío- el perro gira la cabeza para que le rasque ese punto detrás de la oreja.
Edward mira al frente pensativo, sin parpadear, ahora sin bromear con el perro. No entiende ese cambio de humor brusco y ese rechazo repentino sobre los hijos que él ha expresado desear. Teoriza la situación porque se siente mal de haber provocado esa reacción en Bella, cree que es cosa suya y no algo hormonal. En realidad llega a una conclusión sólida, son más parecidos de lo que parecen. Ella criada con actitud fría y sin expresarse es como él siendo tímido y privado y la fama arrebatándole esa parte de él. Edward es como la fama de ella, arrebatándole algo que forma parte de ella. Es un sentimiento muy fuerte. Ella admite que esas cosas bonitas que le pasan ahora les pasaban a los demás, de la misma manera que Edward comentaba imágenes de paparazzis de otros famosos pero no las suyas. Es algo tan complejo y que provoca un dolor parecido a un mordisco en la mente.
Suspira mientras le sigue rascando. Bella ha estado sola demasiado tiempo. Tiene que adaptarse a ese hecho e ir despacio con ella, pero no puede ir despacio con ella. Quiere comerse el mundo a su lado y ella también, solo que no lo analiza porque lo vive y cuando se detiene a pensar en todo aquello que siente, se colapsa y se enfada con ella misma, como en ese preciso momento.
Isabella únicamente puede enfadarse con ella misma porque con Edward es imposible. ¿Cómo puede enfadarse con él si se presenta con una caja de bombones por la noche y malgasta la palabra perdón?
No soy justa contigo. No soy justa contigo repite contínuamente mientras se reconcilian.
-¿Por qué no te acercas y me haces el amor?
-Porque hemos follado tres veces y no se me empina más.
-Está bien, déjame tenerte encima al menos- suspira cuando siente su peso- Eso es, mi niño hermoso…¿Estás en tu postura?
-No- le coge la teta- ahora sí.
Ella ríe y lo besa en la frente.
-Eres para estudiar.
Los dos lo son. Como cualquier persona que ama de verdad en los tiempos prohibidos para amar.
-Vamos...Baila conmigo- pide poniendo música.
Todavía están desnudos en la habitación.
-Sabes que no sé bailar.
-Los hombres que no saben bailar no saben hacer el amor. ¿Sabías eso?
Sabe cómo provocarlo de todas las maneras. Edward se pica, podría pensar en algo ingenioso con lo que refutarle y así escabullirse de bailar desnudo, pero piensa en los bailes que ha visto de mano de otros hombres y su sangre hierve. Entonces quiere bailar de la misma manera. Rodea su cintura con un brillo en la mirada oscuro.
-¿No sé hacer el amor?- se encaja en sus caderas y la embiste superficialmente.
-Créeme, hacerlo bien no es meterla simplemente.
-¿Solo sé meterla?
-Bueno...Todo es mejorable...La verdad es que no me quejo, pero…
-¿Pero?
Ella solo ríe y comienza a moverse suavemente. Edward necesita un tiempo de reacción para superar el temor inicial de quedar en ridículo por su torpeza. Sus movimientos son estáticos, no va más allá de los cortos y básicos.
-Tienes que relajarte, rakas...Muévete sin vergüenza. Deja que tu cuerpo se deje llevar.
-No es Dirty Dancing esto- aclara poniéndose nervioso con su inseguridad.
Isabella suspira y le envuelve los ojos poniendo un pañuelo alrededor de su cabeza.
-Siénteme- susurra.
Sujeta sus manos y ella misma las pone donde desea. Se recorre su cuerpo con las manos de Edward. Mueve las caderas con suavidad, obligando a las de Edward a seguir el mismo movimiento y tiempo debido a la cercanía. La oscuridad le debería aterrar todavía más, pero la intimidad de esa condición paradójicamente le hace sentir mejor y tranquilo.
-Ahora sí me sigues…No tienes que tener miedo del lenguaje corporal, Edu. No conmigo.
Las canciones pasan volando. Isabella aprovecha para observarle. Se siente poderosa tenerle con los ojos tapados y ella al mando, enseñándole a moverse de manera natural, a deslizarse, a desplazarse, a acariciarse a oscuras y a coordinar los movimientos en un espacio infinito mientras disfruta y se alimenta de su desnudez y su tierna entrega. La decadencia física activa establece su propio ritmo y el baile comienza a tener otro tono mucho más candente que el principio.
Tienen intención de recuperar el tiempo perdido por la abstinencia mensual. Alex está con su chica de vacaciones y por fin vuelven a tener la casa para ellos. Sexo duro ronda en sus intenciones y sus instintos, pero les interrumpen, como es habitual. Tom está en la puerta con una mochila y un ¿Me puedo quedar un par de días? Están a punto de decirle que se vaya por dónde ha venido, que se busque un hotel porque ellos no lo van a hacer encima que les han cortado el rollo, pero no pueden.
-Me he divorciado.
Y una lágrima sincera cae en su mejilla. Es la única que cae. Su rostro es de arrepentimiento. Cuando piden explicaciones, él no echa las culpas a Sarah. Es confuso hasta el momento en que termina confesando que se ha divorciado porque ha estado acostándose con la niñera de Charlotte. Ellos se miran inmediatamente. No se lo esperaban, Tom era feliz con su matrimonio, con sus idas y venidas, pero felices al fin y al cabo.
Edward lo consuela a pesar de saber que no debería. Él la ha cagado, le ha sido infiel a esa mujer asombrosa, a la madre de su hija y ha echado a perder esa historia por la calentura con una menor de edad. Lo consuela porque es su amigo, pero Tom está jodido. Edward no lo sabe, pero está más jodido de lo que todos piensan. Isabella es la única que lo averigua cuando le pilla infraganti.
-¿Edward lo sabe?
-¿El qué?
-No te desentiendas, Tom. Tampoco ha pasado tanto desde que te has metido eso en tu tabique. Puedes entenderme.
-No- contesta a su primera pregunta.
-¿Hace mucho que estás enganchado?
-Algunos años...No soy tan fuerte con la fama y eso que ni tan solo soy la mitad de famoso que Edward. No entiendo cómo lo aguanta él. Supongo que formo parte de los débiles- sus gestos así lo transmiten, se mueve pesadamente- soy...Soy del montón, ¿no? Lo raro es no ser un cocainómano de mierda en estos mundos. ¿Vas a regañarme o algo?
-Eres grande. Todos tenemos adicciones...Yo llevo intentado meses dejar de fumar y siempre termino cayendo. Edward se muere si le quito el azúcar, la teína o la cafeína de su sistema. ¿Sabes nuestra diferencia? Tú tienes una responsabilidad de mayor grado. Si no intentas dejar esa mierda, vas a perder lo más importante de tu vida, y eso no es la cocaína, eso es tu hija. Date cuenta antes de que sea demasiado tarde.
-¿Crees que no lo he intentado dejar?
-¿En qué momento he dicho nada de eso?- dice antes de dejarle solo.
-Bella…-se gira en la puerta- No digas nada de esto, por favor.
-No soy quien para juzgarte, menos para exponer nada sobre tu privacidad.
-Sé que no debería decir esto, pero envidio a Edward...Y la envidia me hace odiarle. Le odio, Bella. ¿No soy un asco de amigo?- pregunta ido.
-Él te quiere.
-Lo sé, eso lo empeora y me hace odiarme a mi mismo. Dime, Bella, ¿eres tan mala persona como yo?
Tom se acerca e intenta besarla. No se da por vencido e intenta agarrarla hasta que ella le empuja con fuerza.
-No te confundas, Tom. Soy mala persona, pero no de ese tipo de mala persona.
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-Nueve.
-¿Ese? Siete.
-Ocho.
-Sí, ocho.
-Y ahí viene un siete.
-Seis y medio…
-¿Se puede saber de qué estáis hablando?- interviene Edward.
Su hermana y su novia sonríen enigmáticamente. Están los tres junto con Alex y Tom comiendo en Tap on the line, uno de sus pubs favoritos por su belleza innegable. En verano la terraza es disfrutable por el sol y la serenidad de las hojas verdes que rodean los ladrillos. La carne a la brasa es algo que simplemente le pirra a Edward, pero cuando lo acompaña de mushy peas enloquecen sus papilas gustativas.
-Como si no fuera suficiente difícil descifrar el lenguaje de las mujeres, ahora hablan con números.
-Yo creo que entiendo mejor el código morse que el código mujer- afirma Álex pensando en su novia.
-¿El camarero?
-Yo diría que un tres.
-Sí, parece que es de los peludos…
-Wow, wow mira eso, Alice. Córrete, Forest, córrete.
Las dos siguen con la mirada a un joven que pasa haciendo footing con unas mallas deportivas muy ajustadas.
-Ese era un diez.
-No me lo puedo creer- dice Edward- ¿estáis puntuando culos?
-¿Algún problema?- pregunta Bella con un tono de voz nada amistoso.
Un tono de voz de esposa inglesa casada hace quince años.
-Edward, tío, no tienes autoridad ninguna.
-Vale verga tu vida- añade Alex riéndose con Tom.
-O sea que tú puedes puntuar culos con total impunidad en mis narices y si miro con objetividad yo me la lías en mitad de la calle.
-Eres tan guapo, Edu…
-No cambies de tema. No te pega lo superficial.
-Pídeme otra pinta, ¿quieres?
-Otra para mí- pide Alice levantándose.
Las dos van al baño juntas como mujeres normales. Se han hecho mejores amigas. Incluso visten los mismos tejanos Frame Denim esa mañana. Quedan siempre que están libres y disfrutan mutuamente de su compañía. Van juntas a conciertos, a exposiciones y a todo tipo de actividades. Están forjando una amistad muy fuerte entre ellas, con una complicidad que nadie pudo prever.
Él obedece y pide las cervezas.
-Ni una palabra- advierte.
Sus colegas se ríen y alzan los brazos en son de paz.
Hombres enamorados, hombres débiles a los pies cuando son hombres buenos.
-Vayamos a la playa este finde.
-¿Para qué? Para que sigáis puntuando culos?
-Es que ahí se aprecian mejor.
-Esto es increíble- comenta apretándose el puente de la nariz.
Lo increíble fue el maravilloso fin de semana que pasaron en Bournemouth. No pudieron pasárselo mejor, excepto Alex. A Alex le picó una abeja y estuvo en urgencias mientras ellos se reían de su hinchazón y Paula le cuidaba.
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-Alice, por fin vienes. Se han pasado la santa mañana rapeando hasta el nivel insoportable. Haciendo bases con la botella contra la mesa, con la boca y con la cremallera de sudaderas. Huyamos ya.
-Nena, ¿dónde vas?
-¡Quédate rapeando, me voy con tu hermana! No aguanto más los kung fu pandas.
-¡Son Wu Tang Club! ¡Y el de ahora se llama Lil Jon!
Bella da un portazo al salir.
-Me sonaba ese chico...
-¿Has visto?- dice con tono pícaro- es Ed Skrein, no sé dónde sale pero está bien, eh…
-¡Bella! Estás con mi hermano.
-Por supuesto, pero que culpa tengo yo de que traiga colegas buenorros.
Las dos se ríen con complicidad.
-¿Quieres que volvamos y te lo presento? Seguro que intenta impresionarte con un rap. Qué pesadilla...Necesito una copa, así que al Dirty Bones de cabeza. ¿O te lo presento?- insiste.
-¡No!- contesta avergonzada.
-También estuvimos cenando con Nicholas Hoult antes de ayer. Se lo puedes quitar a la Lawrence. No me gusta que se lleve tan bien con Edu...Esa zorra la quiero lejos, es demasiado compatible con Edward. Hollywood está deseando juntarlos.
-¡Bella, no! No quiero que me presentes hombres.
-¿Eso significa que vas en serio con Jasper, entonces?
-Bueno...Tengo que contarte cosas.
Bella emite un gritito emocionado y la abraza rápidamente mientras se convierte en toda oídos. Se siente bien. Se siente bien la amistad de una mujer, una que no la odie ni la envidie por estar con quién está. Al final su cuñada se ha convertido en esa figura que necesitaba. No se lo hubiese imaginado. Alice es tan contraria a ella. La típica pija mimada inglesa rubia de la que hubiese hecho mofa ahora es su mejor amiga. Lo más cercano al concepto. Isabella no puede conmutar ese término.
Alice es delicada, algo recatada, una fan de la moda y los diseños, el cuidado general y la imagen. Es tanta la influencia que surge del contacto socializador, que Bella disfruta de arrasar las tiendas con ella. Le gusta acompañarla porque a ella le cabe todo, es un palillo. Y no solo son las compras, ambas salen de copas solas sin compañía masculina cada semana. Hablan de sus cosas, de sus chicos, de todo lo que les envuelve. Hablan mientras les dan un masaje de aceite, hablan mientras pasean sus perros y se compran los tacones más caros de las tiendas que visitan, hablan mientras ignoran a los hombres que les entran en las discotecas y beben Cubanisto.
Son ese par de mujeres incompatibles que se disfrazaron juntas en el carnaval de Notting Hill. Ambas con una peluca rosa y con un atuendo original, pues eran un sujetador con un par de tetas grandes en él. Edward las observaba algunos pasos atrás negando con la cabeza viéndolas bailar los éxitos del momento mientras bebían y reían juntas disfrutando de la fiesta y el resto de gente disfrazada.
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Él pensaba que en Los Ángeles y Nueva York eran las únicas ciudades en el mundo en que se podía ser testigo de cosas asombrosas, realmente sorprendentes. Se da cuenta que no tiene ni que salir de casa para ser testigo de algo loco. Bella flota en la piscina porque está tumbada sobre la tabla de surf que ganó en los Teen Choice Awards. Toma el sol mientras bebe un mojito que ella misma se ha preparado. Salchicha está con ella, entre sus piernas tumbado. Lo ha escuchado ladrar, así que supone que debía estar preocupado de que ella se ahogara. Comprueba esa teoría cuando Bella se lanza al agua y el perro va nadando detrás. Sonríe observando la escena. Se acerca con una toalla y envuelve a Isabella con ella.
-Gracias, rakas.
-De naaaa…
Sumerge del agua y Salchicha salpica a su alrededor porque se ha lanzado inmediatamente después de que ella le empujara. La observa reír maliciosamente desde el bordillo. Él le devuelve la mirada fastidiado, pero su semblante cambia ligeramente cuando ella le tira la parte superior de su bikini y se aleja batiendo exageradamente su culo. Luego vuelve y la entrega un mojito mientras lo mueve de un lado a otro sobre la tabla.
-¿Por qué te dieron esta?
-No me acuerdo. Creo que por el hombre más caliente.
Ella ríe ante su tono de voz.
-Es un premio merecido- ronronea mientras roza sus pezones.
Está con la camiseta blanca de siempre, ahora mojada y ajustada a su piel después de haberlo lanzado al agua con ella. No se ha molestado en quitársela, no quiere quemarse, y eso, fuera de parecer una desventaja por no poder apreciar su cuerpo, es lo contrario. Es algo demasiado sexy el tema de las camisetas mojadas y Edward en el mismo espacio.
No hace falta ir a ningún lugar asombroso porque el asombroso es Edward. Antes de ayer se presentó en casa como si nada, con un juego de llaves y dijo: Me he comprado una casa de verano en Clovelly como quien compra un juego de cubiertos nuevo. Te va a encantar, cariño. Es un pequeño pueblo costero, de pescadores y con calles inclinadas de piedra.
Bella no dudó en empacar las maletas. En la baca del coche pusieron dos tablas de surf, la de Bella, que es la que ganó Edward en esos premios y la de Edward, una en la que ha estado surfeando, o algo así como un intento de windsurfeo, en las playas cercanas. Pasan unos pocos días en esa casa de piedra asombrosa. Unos días únicamente para ellos, para su intimidad más profunda, ese pequeño pueblo es una simbología de su descanso real.
-Es increíble…
-¿Qué?
-Tienes la mano vendada por ese libro enorme y aún así lo sigues leyendo.
-Es que es tan bueno, Edward. No puedo parar.
El verano también es para leer. Ellos aman leer y en sus descansos es lo que hacen.
-¿No lo terminaste la semana pasada?
-No, ese era Príncipes de Irlanda, este es Rebeldes de Irlanda. Amo a Edward Rutherfurd. Es uno de los mejores historiadores de este tiempo. Deberías leerlo. Tengo el libro de Londres en alguna parte. Es culpa de él que quisiera venir aquí a vivir. Malditos escritores, nos condicionan la vida. Son odiosos. Mira Dostoievski, nos ha decidido cuándo y dónde celebrar nuestra boda.
El poder de la lectura es poderoso. Ella, aún con dolor físico en la mano no puede parar esa adicción. Edward también conoce los síntomas. Es de los que intentan convencerse de solo un capítulo más a las tres de la mañana.
Se despierta medio adormilada y girándose en la cama, siente la ausencia que deja su cuerpo. Anda sigilosa y lo encuentra tumbado en el sofá, llorando sin molestarse en secarse las lágrimas. Se hubiese preocupado de no haberlo visto sujetando un libro entre sus manos. Es bonita ese tipo de tristeza infinita que deja por dentro la literatura. Bella respeta y comprende la sensación, así que pone a calentar agua y a los minutos se acerca a él con una taza de té -muy cargado de azúcar- en la mano.
Cuando Edward la ve es cuando se seca las mejillas torpemente con el dorso de su mano. Se siente avergonzado al principio, cuando ve cómo ella se acomoda tras su espalda para acunarlo desde ahí, sabe que incluso parece orgullosa de que un hombre no se reprima por sus sensaciones y mucho menos si las provoca la literatura.
-¿Quieres que te haga el amor?- propone repartiendo besos suaves para animarle.
-¿Si digo que no suena muy marica?
Edward no la ve, pero sabe que ahí, en su frente, hay una sonrisa apoyada.
-Suena a un hombre hermoso...Tranquilo rakas, soy yo. No te avergüences- susurra cuando oye un quejido sonrojado- Apoya tu cabeza aquí en mis tetitas firmes y deja que te abrace. Mañana será otro día y podré follarte con normalidad.
Suelta la carcajada y apoya su cabeza en su pecho. Ahí deja caer alguna lágrima más mientras ella acaricia su pelo. Ambos se quedan dormidos en esa posición.
Ha sido una semana exhausta. A Edward le dio el venazo cuando vio Easy Rider y alquiló una Ducati Scrambler con la que recorrieron el sur del país pasando por todos los pequeños pueblos costeros, por todas las calas y golfos, por todas las oportunidades que no desaprovecharon en pasear en la más íntima y soleada soledad.
De camino a Londres de nuevo, ella ya está pasando página de ese episodio.
-Tenemos un cuarto vacío.
-¿Y qué pasa?- pregunta alzando su voz por el casco mientras están parados en un sémaforo.
-Hay que llenarlo...Y tengo la mejor idea de la semana.
Arrasan la librería callejera de South Bank. Compraron una carretilla de las que se utiliza para las obras y la llenaron un par de veces. Títulos y títulos se integran en el espacio vacío. Ese mismo día por la tarde arrasan el resto de librerías urbanas. La chica de la caja, quien es una fan de Edward, no puede creer ver a su ídolo en ese ambiente, así como cobrarle todo lo que se lleva. Disimulando mientras ellos organizan y ordenan todos los libros en el carro de la compra de hierro, ella sube una foto del ticket de compra. La cifra asciende a más de mil libras. Se llevan colecciones especiales y costosas como si nada. Se llevan todos esos libros que ella sueña con tener en el pequeño estante de su cuarto.
El sol también sale, El arte de la guerra, El arcoiris de gravedad, Meridiano de sangre, Bajo el volcán. Títulos complejos como El árbol de los cogigos o la guía del entendimiento del arte como lo es En busca del tiempo perdido. Mientras Bella arrasa con todos aquellos libros escritos por sus antropólogos favoritos como Louis Leakey, James George Frazer o Mary Douglas, Edward arrasa la colección completa de los fundamentales rusos: Gogol, Gorki, Pasternak, Solzhenitsyn y por su puesto Tolstói. Existe una frontera literaria y en el alma entre un hombre simple y un hombre que ha leído a ese escritor de obra magna absoluta.
Esa noche llora en su cama. Llora por veinte minutos ininterrumpidos. ¿Qué es más cruel que trabajar en una librería porque amas los libros pero no puedes comprar porque no te llega el dinero? Más cruel que eso es ver a tu ídolo comprando libros como si nada, unos libros que va a leer junto con la mujer que la acompañó a comprarlos y eligió junto a ella, una chica que no es ella, una chica que está construyendo en casa una librería más grande que en la que trabaja. Eso es crueldad. Crueldad y envidia, pues cuando salen fotos de Isabella leyendo El jaguar y el oso hormiguero: antropología de la pornografía, sobre las piernas de Edward en un parque cercano a su zona, ella estalla de rabia y vergüenza por dejar que le afecte tanto. Y es que no lo puede evitar, se tragaría todas las críticas que ha leído sobre leer porno en público y el asco que eso implica según la opinión pública. Se da cuenta de lo ridículo que es todo aquello cuando ellos vuelven a visitar su librería a la semana siguiente para arrasar de nuevo la librería. Se siente ridícula cuando le regalan la edición especial de Orgullo y Prejuicio que nunca se pudo permitir simplemente por haberles atendido tan bien y haber sido tan paciente a la hora de cobrarles. Aún hay baba sobre su caja cuando Edward le dijo que lo disfrutara y le sonrió.
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-Jodido Ukko…-exclama sorprendida.
-¿Son todas las cajas?
-Sí, todas. Es extraño, porque ninguna celebridad viene a buscar nada a estas oficinas, por eso las vamos acumulando en cajas y están...Bueno, no tengo otra justificación a tanto desorden.
-Está bien, gracias- sonríe con cordialidad Edward.
Bella sigue con la boca abierta. Le ha convencido para ir a buscar todas las cartas de fans que envían a la oficina. Tenía curiosidad e incluso amor por el contenido. Debe ser fascinante producir una admiración y un cariño de tal magnitud mundial y poder verlo en tus propios ojos. Edward está abrumado, la primera carta nunca la olvidará, cuando aún él era un nadie para el mundo. La adrenalina de sentirse querido por personas que no conoce era como un chute de autoestima ajeno muy potente. Ahora esa carta es solo una entre millones, pero seguirá siendo especial para siempre.
-Te dije que llegan cientos cada año. Es inviable.
-Pensaba que exagerabas- dice entrando en la oficina pasando por donde puede.
En ese espacio solamente hay cartas para él y está lleno. Lleno de cajas amontonadas con sobres y más sobres de colores, tamaños y sellos diferentes. Algún que otro regalo, fotos para ser firmadas, postales. Cientos de ilusiones, sueños, fantasías y amor por un hombre que no les pertenece más que en la imaginación diseñada al gusto.
-¿Contenta? ¿Podemos irnos ahora?
-¡¿Qué?! No, llevémonos todas al coche.
-¡Edward Cullen! ¿Cómo tú por aquí, muchacho? ¿Qué tal estás?- interrumpe el responsable de la agencia de talentos.
Él es el encargado de todo ese beneficio y publicidad. No solo esa dirección es para admiradoras de Edward, hay cajas con nombres de otras celebridades que seguramente jamás pisarán ese lugar. El hombre, algo bajo, con un traje elegante y sucio, no puede permitir la oportunidad de tal anormalidad.
-Esto no es habitual. Deberías hacer un vídeo para que te vean, que te importan tus fans y que estás aquí viendo sus cartas de admiración. Esto es bueno.
-Mmm...Gracias, pero no creo que quiera grabarme…-comienza incómodo.
¿Por qué tiene que dar o hacer constancia de todos sus pasos? Odia eso. Se siente forzado, se siente como si tuviera que demostrar al mundo constantemente lo que es o deja de ser.
-Vamos, será algo rápido.
Llama su representante por teléfono mientras el hombre llama a la productora de Time Owners. Bella se asombra de cómo calculado es ese mundo y de sus conflictos de intereses. No termina de acostumbrarse a él. Todas sus estrategias son tan sucias que sabe que Edward tiene sus manos manchadas de alguna manera u otra. No se puede tenerlas limpias en ese negocio. ¿Le puede juzgar? ¿Le puede reprochar lo que le hicieron hacer mientras estaba con Tanya? ¿Le puede culpar de obligaciones que están firmadas en un contrato? ¿Le puede llamar hipócrita cuando la diferencia mínima y bestial con el resto es la palabra público?
-¿Por qué a mi?- protesta enfadado.
-Porque no sabes decir no, Edu. Tienes que aprender. Aprovecha y dales un mensaje original.
-¿Cómo qué?
La cámara se pone a grabar cuando se enciende esa pequeña luz roja. Edward saluda torpemente, se enreda incluso con su lengua, se ríe de él mismo, pero no tiene paciencia para hacer mil tomas de esa tontería y procede.
-Ey, hola soy Edward Cullen, ¿qué tal? Pasaba...Pasaba por aquí y bueno, me decidí a entrar para ver qué se cocía aquí dentro y...Mmm, pues...Bueno, es verano y viendo tantas cartas me preguntaba...Me encanta leer y sé que muchos de vosotros también así que esto...Esto es un mensaje para deciros que estoy abierto a recibir propuestas de lectura, sí...Me encanta leer en verano y si queréis enviarme vuestro libro favorito o lo que sea pues...Enviadlos a esta oficina que yo me pasaré a por ellos y os estaré enormemente agradecido de tener un buen libro en mis manos, ¡dejo las opciones en las vuestras! Bueno, y quien dice libros también dice películas. Enviad vuestras favoritas. Y gracias por todas estas cartas- señala hacia atrás- realmente creo que alguien de aquí las censura de alguna manera, no puede ser que no haya ninguna mala o que me amenace. Sigo esperando esa que me diga que saben donde vivo y me irán a matar- Bella está delante haciendo con sus brazos ¿qué dices?- Emm...Sí, tened un buen día y…¡Adiós!
Ella termina riéndose porque está sonrojado. En el coche lo imita y él vuelve a sonrojarse otra vez.
-Pobres chicas, Edu...Piensan que eres perfecto y no las puedo juzgar. Yo lo pensaba, pero luego dejas los calzoncillos tirados por cualquier lado y la cocina hecha una desastre cada vez que intentas hacer algo y sé que me equivoco al pensarlo. Además de que no me traes el desayuno a la cama nunca, claro.
-Yo el desayuno me lo como en tu cuerpo.
-Mmm…¿Por qué eres tan injusto?
-¿Por qué siempre me dices eso?
Ella solo permanece con los ojos cerrados. Siempre le dice eso. Siempre. ¿Por qué eres tan injusto? Él jamás entiende a que se refiere con eso.
-¿Por qué no aceptas que todos te aman?
-Porque eso es mentira. Los que me odian no me envían cartas para decírmelo.
¿Puede culparle por ser buena persona y meterse en el mundo de malas personas solo para ofrecer buen arte en el lugar dónde más sobrevalorado y explotado está?
No, no puede. Él es un valiente y un luchador. Lo dudó un tiempo. Ahora ya no. Siempre le demuestra sin humildad fingida que sus pies están bien firmes sobre tierra. La conversación asciende a las desventajas y opiniones falsas sobre su carrera.
-La gente piensa que ser actor es…Hay una idea tan equivocada...En Los Ángeles todos quieren serlo y yo empecé como el suplente de una obra. Un día no vino ese actor ¿y sabes que pasó? Algunos se fueron sin ver la obra. Tengo miedo de ser como Hugh Laurie.
-¿Por qué? ¿En qué sentido?
-Porque él antes era conocido. En Inglaterra es un icono humorístico de toda la vida. Ahora es un actor de élite por hacer una serie muchos años. Ahora nadie lo llama Hugh, él es solo el doctor House. No importa que haga, siempre es House. Y Caleb es como House, Isabella. Y puede estar muy bien, te abre puertas sin duda, pero si piensas en películas que haya hecho durante y después de eso, ¿qué tienes? Y él es solo un ejemplo, hay muchos. Y no quiero seguir ningún ejemplo de lo que se espera de mi. No quiero.
-No tienes porque. Mira, Johnny Depp empezó así. Hizo una serie en que hacía de poli y la abandonó porque no quería ser un chico de póster. Empezó a hacer pelis y luego trabajó con Jarmusch también. Él ya nos lo explicó, trabajar con él ha sido como trabajar contigo en el sentido del fanatismo que arrastras. Jim ya vio que Johnny era admirado por miles de mujeres, pero él ahí estaba, trabajando en una película independiente, arriesgándose porque le gustaba el trabajo y el guión que le ofrecieron y cobrando un dinero inferior al que acostumbraba y que se lo gastó en sus vicios. Ahora quizás no está en su mejor momento, pero mira atrás, cuando él era joven, cuando tenía tu edad, hizo pelis muy buenas que ahora la gente no las conoce porque tienen prioridad las más comerciales desde que protagonizó Piratas del Caribe, pero ahí están, en su filmografía. Nadie excepto tú tiene tu futuro en las manos. No estás dejando que te lo manipulen. Sé que te está costando, puede que no entienda tanto como tú de cine, pero poco a poco estoy aprendiendo lo que hay más allá de las películas gracias a ti y a partir de eso veo que no te has vendido. A estas alturas ya estarías en otra liga, estás forjando un camino y no va a ser fácil, rakas. Es algo lento, no van a venir los mejores directores a la puerta de tu casa ahora, en este momento, pero en unos meses, unos años, no lo veo inalcanzable si escoges las opciones correctas, ya lo estás haciendo. Y cuando ocurra, las revistas que ahora no te valoran lo harán, les habrás callado las bocas y los críticos se sorprenderán de ese muchacho que creció en un camino paralelo que todos esperaban. Sé que no te importa ser un actor en la lista A, B o Z. Tan solo tienes que mantenerte así, negando todos los guiones que no te han llamado la atención, que no son buenos. Nadie más que tú puede hacerlo y mírame- dice señalándose apartando la vista de la carretera unos segundos- estoy aquí, apoyándote. Sé que no es fácil, ni tan solo salgo dos minutos en la película, está en post-producción y ya me están diciendo que solo soy una famewhore, una actriz a la que no hacían caso y he tenido que manipular todo esto. No me importa, Edward. Nada de eso me importa, claro que no soy actriz, solo sé que va a ser una buena peli, te dieron la oportunidad de participar en ella. No dudes nunca que algo bueno te está esperando. Creo que te lo mereces. Creo que tienes un miedo inicial a romper las reglas pero cuando te acercas a ella, ese miedo desaparece porque realmente quieres ser fiel a ti mismo y no depender de nadie ni tener que satisfacer a nadie más que a ti. Eso es determinación y la determinación va a tener asombrosos resultados. Solo es paciencia y esfuerzo- acaba sonriendo y dándole un toque con su mano libre.
-¿Por qué hablas así?
-¿Así cómo?
Él mueve la cabeza un par de veces.
-No sé. Haces que vea todo de otra manera. Me dificultas quejarme de las cosas- ríe él.
Todavía queda espacio en el coche. Se vuelven a acercar al local de Edward para terminar de recoger lo que queda.
-No me acordaba de este- menciona sorprendido mientras saca su último premio.
-Oh no...No me vas a meter eso por ningún orificio. Estás advertido.
-Nena, es el premio de los People's Choice.
-Si, si, eso dicen todos y luego te la meten a traición.
Él ríe largamente. Isabella siempre le hace reír hasta en lo más mínimo. Él es...como ella. Siempre bromista.
-Oye, ¡este me gusta! ¿Cuál es? ¿Por qué te lo dieron?
-¿Ese? Creo que es del 2007, la película del adicto a los videojuegos. Es del festival de cine de Edimburgo.
-No entiendo porque los tenías guardados- evalúa mirando el resto de premios, ahora todos sacados de las cajas.
-La mayoría son a mejor beso y pareja en pantalla del MTV. No son premios.
-¿Quieres que compremos una estantería? No caben todos. No quiero que se rompan, son bonitos recuerdos.
Su respuesta es dejarlos arrinconados. No le importan. Bella teme que será de los que no le importe ni cuando gane algo importante, que será como aquellos actores que dejaron la estatuilla por ahí perdida u olvidada en su propia casa. Si Edward lo gana algún día, espera que no se lo deje en el baño olvidado o en alguna hamburguesería en la que cene después de la gala.
El premio de New Hollywood Award es su preferido, así que se permite el lujo de ponerlo al lado de la tele como quien pone un jarrón decorativo.
A pesar de eso, de su motivación hacia él, de esas conversaciones y sus actos íntimos de apoyo y confianza, Edward lleva un par de días extraño.
Alex entra bostezando en la cocina. Isabella está haciendo el abundante desayuno con coordinación absoluta. Incluso él aprecia esa característica italiana tan distintiva.
-¿Y Edward?
-Esta mañana ha recibido un email de un director que conoció en Estados Unidos. Su agente estuvo hablando para un proyecto, no sé mucho más...Así que estará haciéndose una paja, supongo- ríe alegremente ella.
-¿No es duro?
-¿El qué?
-Que no le puedas satisfacer nunca.
Bella sonríe, ambos saben que sabe satisfacerlo más que nadie en la vida, pero él se refiere al campo artístico.
-Me satisface que a Edward le satisfaga lo que hace. Sueña con trabajar con gente a la que admira, él pensaba que nunca podría ser tomado en serio, y ahora la vida le está demostrando que está equivocado. Ahora tiene la oportunidad de hacerlo. ¿Sabes cuántos les gustaría trabajar con gente a la que admira y puede? No muchos.
-¿Así que no te importa que tenga amantes artísticos?
-Él ama su trabajo y cada vez que crezca en él lo amará más. Yo amo mi trabajo, tengo amantes también y platónicos igual que los tienes tú siendo músico. ¿Crees que Paula debería enfadarse cada vez que pudieras hacer una colaboración con todos esos músicos que has escuchado durante toda tu vida?
-¡Sí! ¡Sí!- baja chillando por las escaleras! -¡Siii!- le besa rápido y alza los puños como un vencedor.
-¿Qué?
-¡Quieren verme!
-¿Quién?
-Paul.
-¿Paul…?
-Paul Thomas Anderson.
-¿Es algún guión?
-Sí, bueno...en realidad es un guión pero no de una peli. Quiere hacer un cortometraje. Hace un tiempo lo conocí en una fiesta y estuvimos hablando. Me gustaría hacerlo.
-¿Un cortometraje?
-Sí, es algo breve. Fresco de hacer, quiero hacerlo. No todo tienen que ser películas de horas. Lo bueno puede ser más corto.
-Pues ya sabes...sedúcelo en esa reunión, nene- apoya ella guiñándole el ojo- a por todas, león.
-Por favor…-se aleja Alex con su taza hacia el comedor.
A pesar de esa gran noticia, Edward sigue extraño.
-Dime todo lo que sepas.
Alex la mira extrañado.
-¿A qué te refieres?
-El juicio con Tanya- contesta sin rodeos- Edward está extraño y sé que es por eso. Le enviaron una carta, pero no me quiere decir nada.
-No es el juicio. Bueno, sí, pero está nervioso por otra cosa. Igualmente, no es algo que tenga que decirte yo, si él no quiere decirte nada, debes…
-No me jodas, Alex. Estás tardando en contarme qué está ocurriendo. Y no me hagas chantajearte. Sabemos que sé un par de cosillas que a Edward no le harían gracia.
Se queda pillado por la amenaza. Isabella aterra cuando saca su lado más oscuro.
-Ella...Tanya está inaugurando una marca de ropa con su nombre. Sé que le ha invitado a algún evento, pero él no quiere ir. Van a coincidir porque él ahora está en Nueva York y ella tiene la boutique allí. Puede que se encuentren y ocurra algo que él no quiere. Además los paparazzis van a estar por todos lados y las fans van a enloquecer por un posible reencuentro y todo eso de siempre.
-¿Es todo?
-Creo que el juicio se celebrará en febrero. Este tipo de cosas van lentas. No sé más, en serio, pero no debo contarte nada yo. Si él no te explica nada es para no preocuparte con sus cosas.
-Sus problemas son míos ahora. Me preocupa más que calle.
-Ya sabes cómo es.
-Eso no quita que me joda verle así de taciturno.
-Está igual que siempre.
Ella niega la cabeza. No se nota a simple vista, pero ella es demasiado observadora.
-No sabes lo que es verle realmente triste...Antes que llegaras tú no lo había visto tan devastado. Es algo que no hemos hablado, simplemente él evita, pero así era hasta que llegaste. No solo se animó sino que incluso lo has cambiado.
-¿Para bien?
-Sí, por supuesto. Ahora es más seguro de sí mismo.
-Yo lo veo inseguro todo el tiempo.
-Imagínate antes. Ahora incluso podría parecer un creído.
-Aprender a quererse no es ser creído, es algo que todos deberíamos aprender a hacer. ¿Algo más respecto a Tanya?- insiste después de un silencio breve.
-No.
Ella no insiste, finge que lo está dejando pasar porque en realidad se centra ocultamente en diferentes planes para cuando el juicio se acerque. Que Edward no esté ayuda a desarrollar diferentes ideas.
A la vuelta ella le recibe besándolo apasionadamente, con fuerza, con motivación, sin indagar en todos los percances que ha publicado diferentes puntos de prensa amarillista. Por supuesto hubo revuelo. Tanya lo deseaba de esa manera, pero él no le dio el gusto.
-¿Preparo los puros?
-Hay que esperar.
-Mmm...Seguro. Escogeré el mejor whisky.
-¿Puedo pasar por la puerta?
-¿Por qué dices eso?- inquiere con seriedad.
-Como veo que salís por todos lados paseando y compartiendo momentos únicos en pareja…-tira un par de revistas en las que salen fotos de ellos juntos.
-Mierda.
Rebusca en su cartera y le da cincuenta libras a Alex.
-Te lo dije.
-¿Qué tramastéis?
-Estábamos paseando y noté algo raro. La experiencia cada vez que voy contigo supongo. Yo dije que eran paparazzis y Bella, pobre inocente Bella en este mundo, dijo que no fuera paranoico como tú. Entonces apostamos y fingimos ser novios.
-¿¡Cómo?!
-Fue muy divertido Edward. Poder tomarle el pelo a todo el mundo con algo tan tonto como ir de la mano sabiendo que solo tú puedes darme tu mano- dice ella besándolo.
-Se lo creen todo. No me digas que no te mola tomar el pelo de esta manera sabiendo la verdad.
-No se os puede dejar solos ni un minuto.
-Mmm- murmura besándolo entusiasmada- te he echado de menos- susurra en sus labios.
-Está bien. Iré yo a pasear a Jack- ellos ya están desvistiéndose escalera arriba- ¿Queréis que traiga cena?- ríen ignorándolo- sois unos malditos salidos, todavía estoy aquí. Siempre hacéis lo mismo.
No espera a que le tiren la ropa. Ya lo hicieron una vez y aprendió la lección.
-No has tenido cuidado de mi. Faltaste a tu promesa- lo abraza desde atrás mientras él presiona las teclas de su piano.
-¿Por qué dices eso?- pregunta sonriendo.
-Me desmayé de verte tan guapo en la fiesta esa que fuiste. ¿Quién te entiende? Le dices a Alex que me cuide y tu tan despiadado vistiéndote así. Tienes que ser más consecuente con lo que dices.
Sonríe y besa la mano que ella tiene en su pecho.
-Te amo.
-¿Te encontraste con ella?
-No quiero hablar de eso.
-Vale- acepta besando su hombro desnudo.
Por la noche se acercan a Mahiki junto con varios amigos. Es el local de moda por excelencia para los celebrities en Londres. Los cocktails van de un lado a otro, igual que las drogas de diseño. Hay algunas mujeres que no se molestan en disimular el acoso a Edward. Parecen hienas desesperadas por algo de atención. Están en la mesa más alejada, en el reservado. Edward está demasiado ocupado con Isabella, ella tampoco se molesta en disimular y lo besa sin escrúpulos con su lengua loca y provocadora. Él no le gusta hacer eso delante de tanta gente, nunca va más allá de besos breves, pero lleva más de dos bebidas encima y por eso se deja hacer. Ella besuquea mientras desciende hasta un rincón en su cuello. Animada con la situación, ejerce más presión y aspira su piel con su boca. Lo hace con fuerza. Mordisqueando cuando abre sus labios. Edward hace esos sonidos de queja deliciosa que lejos de detenerla, la convencen de todo lo contrario. Termina con su labor de marcarlo y mira el chupetón orgullosa. Una marca rojiza y morada por la presión está ahí de manera temporal.
Él es mío le contesta a esas hienas.
Y a pesar de ello, parece que juega a dos bandas, pues acepta bailar con otra celebridad. Le presentan a Henry Cavill, charlan y cuando le invita a la pista de baile, ella no le rechaza. A Edward por supuesto no le hace gracia pero no es como si se lo fuera a prohibir. Le molesta lo juntos que se mueven, la manera en que se agarran con las manos a medida que las canciones pasan. Él debería estar ahí, bailar de manera desinhibida como hicieron desnudos y a oscuras en su habitación, pero eso está lleno de gente y luces y las manos que se posan en la cadera y espalda de Isabella con confianza no son las suyas. Es soportable aunque muy molesto, aunque cuando terminan de bailar, Bella ultrapasa los límites y él monta en cólera internamente abandonando el local.
Ella se digna en aparecer por la mañana, cansada de tanta juerga durante la noche.
-¿A qué juegas, Bella? Primero me haces esto y luego...
-Luego me has dejado sola. Os habéis ido todos, ¿se puede saber por qué?
No solo se fue Edward, todos sus amigos y sobretodo Alice, quien no le atiende el teléfono y le envío un mensaje con un simple "eres una sinvergüenza", también lo abandonaron y quedó ella sola. Saca el zumo de la nevera mientras él sigue sentado delante de la mesa, como inquiriéndole su comportamiento.
-Eso me digo yo, ¿por qué?
-¿Qué? No estoy entendiendo nada. ¿Qué está ocurriendo?
-No sé, ¿te lo has pasado bien esta noche?
-Pues sí, mucho. ¿Tú no?
-Deja de ser cruel, ¿quieres? Ya sé que eres buena, no hace falta que me lo demuestres.
-¿Pero qué te pasa?
-¿Qué me pasa? Te pones a bailar con Henry toda la noche y me dejas apartado como la mierda.
-Henry es el único hombre que quería bailar conmigo, ¡¿debería disculparme?!
-¡Sí! No me importa que bailes con él, no soy tan retrógrado, ¿pero besarlo? ¿En serio, Isabella?
-Eso fue un beso inocente.
-¡Oh! Un beso inocente. Claro.
-¿Estás así por eso?
-¡No te rías!- grita humillado y enfadado.
Eso le hace reaccionar a ella.
-Ha sido...Intuitivo, no significaba nada, Edward.
-Díselo al local entero.
-Me da igual lo que piense el local entero.
-¿Y yo? Tampoco te importa lo que piense yo.
-Por supuesto que si, pero eso…Es que es tan tonto…
-No para mi. Si solo con un baile te sale por instinto un beso, no sé qué podría salir de tu instinto en otras situaciones.
-Yo...No te atrevas a insinuar algo así.
-¿Que no me atreva? ¿No es verdad?
-¡Fue una tontería! Mamma mia, Edward, un pico tonto. ¡Un roce! Lo pidió el baile.
-Oh lo pidió el baile. Ahora cada vez que bailes vas a besarte con todos. ¿Por qué no bailas con todos a ver si puedes acabar con una maldita orgía?
-Te estás pasando.
-¿No fue suficiente con tu compañero en Jordania?
-Aquello fue a propósito, lo admito, te pedí perdón, ¿pero quieres que te pida perdón por este? Ni tan solo fue un beso en el sentido de la palabra.
-La gente pide perdón cuando hace daño, y tú me has hecho daño. ¿Un beso intuitivo? Tan intuitivo que ni Henry se lo esperaba y se quedó con cara de tonto. No significó nada y por eso vino luego a disculparse.
-No tenía porqué.
-Claro que no. La que tendría eres tú. ¿Por qué no admites que fue un error y ya está?
-Yo no...Yo no quería dañarte Edward. Me salió...de dentro. Yo…¡Joder!
No soporta nada de eso y se va.
Isabella desaparece del mapa durante tres días. Edward no entiende nada. Debería ser el molesto y el que deba esperar por una disculpa que no llega. Traga el orgullo como pocos.
Se ha rebajado a llamarla y tampoco contesta, así que al tercer día está en su casa porque no soporta estar separado de ella.
Se la encuentra en pijama, despeinada y de aspecto cansado y ojeroso.
-No deberías haber venido- es su recibimiento.
-¿Qué te pasa? ¿Por qué desapareces así?
Ella contesta después de un largo silencio.
-Sabes porqué.
-¿Desapareces por el beso?
Aún no se atreve a mirarlo a la cara.
-Me avergüenza lo que hice. Y tú tan solo vienes aquí y…Perdón- susurra.
Edward asiente y no dice nada más, aunque tampoco se acerca a ella. Cree justo que lo sienta. Ella se tambalea al andar. Cuando pasa por su lado el olor a alcohol le golpea.
-¿Estás borracha?
-Destroza el rompecabezas, por favor- indica señalándolo.
-¡¿Qué?!
-Hazlo.
-Claro que no. Llevas un año con él. No pienso destrozarlo.
-Lo necesito- insiste mirando al suelo.
-Bella, no voy a hacerlo.
-Bien- intenta desmontarlo ella.
-Y tú tampoco lo harás- detiene sus manos.
-Lo necesito- repite con ese proclive a la destrucción.
Esa destrucción para poder sentir una serenidad impostora.
-Es infantil lo que quieres hacer. Te perdono. Ya está. No debo castigarte ni tú tampoco. No seas tan vengativa incluso contigo. Dios mío ¿cuánto has bebido?
-No merezco que seas tan bueno conmigo.
-Esta catarsis es absurda.
-Odio que intentes...redimir mi culpa. No deberías hacerlo. ¿Por qué lo haces? ¿No te cansas de ser un hombre bueno? ¡¿No te cansas de que no pueda ser compatible?!- acusa chillando.
-Déjalo ya.
-¡Maldita sea! Es justicia. ¡Rómpelo!- intenta alcanzar el puzzle pero él le detiene abrazándola.
-Ya está, Isabella.
-Perdóname- pide derrotada.
Se cae al suelo y él cae con ella. La balancea suavemente ante el impacto que supone verla de esa manera. Todo el coraje que ha acumulado contra ella se esfuma de repente. El dolor de verla de manera demacrada y sentirla así de vulnerable es peor que el propio beso que no debió dar nunca.
-Lo he hecho. Deberías perdonarte a ti, Isabella. Creo que haces todo esto porque no sabes hacerlo. No te has perdonado los errores que habrás cometido- declara en trascendencia.
El silencio solo afirma su deducción. Ella lo abraza más fuerte. Se siente avergonzada, pequeña...De nuevo maligna sin querer serlo. Y Edward benigno sin querer serlo también.
-Vamos, nena. Date una ducha. Te invito a comer al Nando's.
Intentan olvidar lo sucedido. No olvidar, pero si perdonar y salir hacia adelante. A Bella le cuesta incluso más que a él, cuando debería ser al revés. La prensa está al tanto, siempre la intentan evitar, pero él tiene cierta debilidad.
-Edward…
-Acabo de entrar, te lo juro. Lo he visto de casualidad. No le daba importancia.
Se justifica rápidamente. Ella le ha pillado viendo esas noticias gossip en las que sale mal parada. Hablan sobre ello a menudo. Es una adicción que Edward sabe que debe remediar pero simplemente no puede.
-Te propongo algo- dice subiendo a su regazo.
-Lo intento- confiesa él sabiendo que ella sabe que no acababa de entrar.
-Pierdes demasiado tiempo en Internet. Bueno, no en Internet, sino en los mierdas portales de siempre. Ya sabes lo que vas a encontrar, por eso desperdicias leyendo como te insultan.
-No me importa que me insulten a mí, me jode que te insulten a tí.
-Como sea. Internet es algo maravilloso y enorme, Edward. Debes aprenderlo a utilizar. En serio, tienes el mundo a un click y tú que siempre me preguntas sobre cosas arqueológicas o antropólogas puedes utilizarlo para aprender cosas así. No sobre esos temas, pero sobre el resto de cosas. Es una fuente de información masiva, no te enfoques en las fuentes que hacen relleno y solo entretienen a la sociedad. ¿Por qué no te abres algún blog o te haces alguna cuenta en alguna plataforma?
-¿Cómo qué?
-Pues no sé, averígualo, hay cientos de cosas interesantes. Puedes hacerte amigo de miles de frikis que saben sobre miles de cosas. Interactúa con ellos y aprende.
-Incluso los más frikis saben quién soy y sacarían provecho de mi.
-Pues entonces en algo que no debas enseñar el rostro, no pasa nada. ¿Por qué no te creas una web cinéfila? ¿O sobre literatura, arte, política? No sé, cariño. Te gustan muchas cosas sobre muchos temas, concéntrate en uno o simplemente haz un popurrí de todo lo que despierte un interés en ti.
-Pero yo no sirvo para eso, nena. No soy como tú, yo no sé explicarme escribiendo. Tú lo haces genial, yo solo escribo galimatías.
-No tienes que escribir un libro, Internet no es para eso. Puedes llegar a muchas personas. Inténtalo, Edu. Sólo dime que lo intentarás.
-Está bien, pero no prometo nada.
-Oye, ¿y este sobre?- murmura fijándose en la textura suave del papel que destaca entre el correo que ha recogido del buzón.
-Es una invitación de boda- responde Edward con sus cejas fruncidas- ¿Ves? Como siempre, todos se casan antes que nosotros.
-Sam Claflin y Laura Haddok- lee ella- Oh, no sabía que se casaran.
-Sam al final se lo pidió. Está loquito por Laura. No tanto como yo por tí, obvio.
-Julio del año que viene en Chiswick. Es un mes más tarde, cuando vayamos a la boda nosotros ya llevaremos casados un mes.
-Si no te echas atrás- tira la púa.
-¿Lo dices por ti?
La sorprende respondiendo a su tentativa tirándola a su regazo con rapidez. La encierra en sus brazos y la mira como si solo existiera ella en el mundo, como la mira siempre.
-Como si yo te fuera a dejar huir de mi- amenaza antes de besarla y perpetuar sus labios a los de él.
.
Abre la puerta y escucha la voz de Edward y Alex. No sería raro sino fuera porque no están bromeando o hablando sobre música como es usual, sino que están discutiendo. La pelea gira entorno la foto que ha subido a Instagram sin permiso de Edward. En ella salía con Isabella besándose en el Cupido de Piccadilly Circus. La ha subido a Internet aún sabiendo que él no quiere que lo haga.
-¿Qué tiene que ver eso? Dije que no la subieras y lo haces. ¿Es que estáis todo en contra mi o qué, joder?
-El problema es tu exceso de paranoia, Edward. Te estás pasando. Le dijiste que quitara fotos en las que ni tan solo salías tú por si la gente sabía dónde estabas.
-Te sorprendería los lugares en los que me encuentran.
-No me sorprende porque los conozco. Lo que me sorprende es que te condiciones tu vida por eso, pero lo que me da rabia es que intentes condicionar la de ella. Lo que deberías es estar orgulloso de lo que tienes. Una mujer como ella, que te quiera, que no le interese lo que a todas y además te aguante. Parece que te avergüence.
-No digas idioteces, ¿me oyes? Que quiera proteger mi intimidad no significa que me avergüence de ella.
-Esa protección te va a dañar tu intimidad. No te das cuenta. Lo que tendrías que hacer es estar orgulloso de Isabella en vez de esconderte. No te entiendo.
-No me digas lo que tendría o no tendría que hacer, Alex. Tú no vives ni has vivido lo que yo. No tienes ni idea.
-Quizás de eso no, pero no valoras lo que tienes. Tú eres el que no tiene ni idea.
-Chicos, chicos...Suficiente. ¿Qué pasa?- interrumpe ella.
Le ignoran por completo.
-Quiero que borres la puta foto. Ya.
-¿Y si no qué? ¿Me vas a denunciar o algo?
-Mira, vete de mi casa. Paso de aguantarte yo a ti.
-Claro que me voy. Anda y que te aguante ella. Andas insoportable. Tus dramas de actor perseguido y torturado por los medios. Ay pobrecito. Es el peor drama de todos los tiempos.
-No sabes de qué hablas. Ojalá vivieras tan solo un día para saber qué se siente.
-El mismo día que tú. El resto del año puedes pirarte a donde te salga de los cojones con todo el dinero de esa tortura.
Su amigo se va a preparar todas sus cosas. Ella encoge la distancia de sus cejas, no está entendiendo nada y la escena que presencia entre ellos se le hace violenta.
-¿Edward, qué…?
-Felicidades, nena. Parece que mis amigos ahora prefieren defenderte a ti. Déjame alguno, ¿si?- pregunta irónico antes de dar un portazo.
Mira ambas puertas y se siente culpable sin saber de qué y porqué.
Sabe y es consciente que es una mujer difícil de amar, incluso por un hombre que ama con tanta facilidad y se entrega con confianza a ella, pero eso no resta que Edward también tenga sus momentos en los que es difícil amarlo ciegamente. Edward le irrita, le da rabia, le desquicia y todo ello tiene razones coherentes.
Amar es el desafío más grande a uno mismo, es un reto que presiona en la forma de ser, a modificar y corregirse por otra persona que sabes que te dañará pero tienes que ponerte a prueba para tolerarla de la misma manera que tienes que tolerarte. Ella nunca aceptará sus errores y Edward se lo recuerda cada vez que inquiere los castigos que ella misma se infringe mentalmente. Él da y da sin recibir ni la mitad a cambio, agotándolo y aumentando sus dudas.
Aprender a tolerarse sin dejar de amarse es como si pretendieran ignorar los agujeros subterráneos que hay en un camino lleno de curvas. El camino es un conjunto de idas y venidas en su estabilidad. Aún así son cabezotas e insisten. A eso se reduce todo, a la reciprocidad, el intento y el reintento. Pero si hay algo que de verdad sea primordial, ese es el descaro y la arrogancia.
Para enamorarse hay que ser arrogante por una simple razón. La primera síntesis es simple, porque todas las razones que la siguen son complicadas, pero la sencilla es esta: hay que ser un arrogante porque amar, significa no tener los pies en la tierra, y quien no tiene los pies en la tierra, cae en la arrogancia de manera innata. Una persona enamorada obliga al mundo a ser esclavo de su triunfo, obliga al resto a poner sobre su cabeza una corona de laureles, presumiendo su logro de estar amando, vanagloriándose de que ha conseguido amar sin más intención que esa.
Enamorarse es como el nihilismo con la excepción amorosa. No creen en nada que no sea amar porque es lo único que se siente real y verdadero. Es aquello que te hace sentir vulnerable e invencible simultáneamente. Es el paradigma de los descarados, aquellos que parecen estar embriagados, tambaleantes y desorientados cuando ingresan en el mundo frío y calculador de los que no saben amar. Por eso muchos afirman que es la religión más peligrosa de todas, porque palpan algo real que parece ser demasiado para la capacidad humana, algo que comprueban no es alegórico como otros intentan enseñar. Se arriesgan, apuestan por sus instintos y pierden el miedo al fracaso o al ridículo porque se dan cuenta de lo que es secundario y lo que no.
Y no es fácil, porque la tendencia a querer revelarse por revelarse al mundo surge, porque el humano es esa marabunta de contradicción constante que no sabe dónde quiere ir y llegar. Isabella odia que Edward aparente ser el dueño de sus plexos nerviosos, no le gusta que tenga el control sobre ella, pero es que ella no sabe tener control sobre si misma, lo cual no sabe que considerar peor.
Aprovechan Londres porque van a dejar de vivir en esa ciudad en menos tiempo del que hubiesen supuesto. Y no hay ninguna advertencia de todos los huecos por los que van a caer y cuya dificultad de salir de ellos va a ser todo un impedimento para poder seguir tolerándose como hasta ahora, por muy descarados que sean. Al fin y al cabo, Edward fue educado con las mejores directrices británicas y sigue con los pies en el suelo en todos los aspectos, incluso el suelo en el que camina junto a Isabella.
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¡Gracias por leer, muchas gracias por sus huesitos!
(*)Stage diving es la expresión para el acto de lanzarse de un escenario.
(*)Edkward: mezcla entre Edward y awkward (rarito, digámoslo así)
