ESTADO: NUEVO

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Suzanne Collins. Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro El diente de león. Regalo para Elenear28.

CAPÍTULO 29: SEREMOS PADRES

POV KATNISS

Peeta me lleva hasta el sofá y me obliga a sentarme allí. Después ocupa un lugar a mi lado y toma mi rostro entre sus manos obligándome a que lo mire. Pero no puedo y bajo la mirada aun más. Y él lo respeta. Sólo me deja llorar, y me abraza fuerte por lo que parece una eternidad

-¿Por qué me esquivas? –Pregunta confundido. -¿Qué te sucedió, Preciosa? ¿Hice algo mal?

Niego con la cabeza

-¡Diablos, Katniss! Al menos dime donde estamos. ¿Es tu lugar? ¿Aquí pasas los días?

Niego nuevamente.

-Es… es… es el compartimento de Finnick. Estamos aquí… para hablar sin que nos molesten, o escuchen. Además está más cerca del hospital que mi compartimento o el de Haymitch.

-Entonces, ¿lo que debemos hablar no podíamos discutirlo en el hospital?

-N-no. Mucha gente espiando.

-Pero son doctores.

-Tú no entiendes. No entiendes lo grave que es esto, amor.

Peeta abre y cierra la boca no sabe que contestar. Lo estoy confundiendo aún más.

-¿No son de fiar, verdad?

-Me temo que no que no hay diferencia entre el Trece, o el Capitolio en cuestiones políticas. Además descubrí algo…

-¿Algo?

-Algo que me hace desconfiar más de Coin y su gente.

-¿Quién es Coin?

-La presidenta del Distrito Trece. Te la mencioné antes.

-Tienes razon. Me olvidé. ¿Ella te hizo algo?

Ahora soy quien se queda sin palabras.

¿Me hizo algo? Sí, me ocultó el embarazo, me manipuló todo este tiempo, me prometió sacar a Peeta del Capitolio, pero siempre me puso excusas hasta que me rebelé y la enfrente con ayuda de mis aliados. Me expuso a mí y mi bebé en peligro de muerte al enviarme a campo de batalla todo el tiempo sin darme siquiera darme una advertencia.

-No puedo decírtelo aún todo. Pero debes saber la verdad, una parte por ahora. La única que realmente importa.

-Sólo habla y dime cual es, por favor. Me estoy poniendo nervioso por tanto misterio.

Peeta me mira suplicante y a pesar de mis nervios trato de tomar valor y decirle la verdad. Desde que entró ha pasado seguramente más de una hora consolándome, abrazándome y besándome para calmar mi llanto. Sé que en algún momento entró Finnick para dejar nuestros desayunos pero no le prestamos demasiada atención Y él se fue de inmediato diciéndonos que custodiaría junto a Haymitch la puerta. Como no puedo hablar sin temblar, tomo su mano entre las mías y la llevo a mi vientre esperando que él entienda el mensaje.

-¿Qué haces, Kitten? ¿Te duele algo? ¿Te sientes descompuesta? ¿Necesitas un medico? Puedo… -Mira de mi rostro hacia la puerta decidido a salir en busca de ayuda y yo sonrío, al ver al verdadero Peeta saliendo a la superficie nuevamente, como me prioriza a mí por sobre él. Su mano sigue en vientre y lo acaricia y yo empiezo a llorar nuevamente. ¡Está tocando a nuestro bebé y aún no se da cuenta de ello! -¿Katniss? –

Y sin poder resistirme me inclino hacia él haciéndolo caer de espaldas y lo beso. Peeta se está debatiendo internamente me ve como si estuviera loca, y tal vez lo esté, el embarazo y su ausencia me ha vuelto bipolar e inestable. Pero yo quiero besarlo, besarlo como no lo he besado desde que nos reencontramos y aún más. Es la primera vez que estamos realmente solos. Peeta y yo gemimos. Peeta murmura mi nombre de una forma que solo puedo definir como deseo. Me rodea la espalda con sus brazos y va ascendiendo hasta mi cuello apretándome más contra él. Mis lágrimas caen sobre su rostro, pero no parece importarle. Al igual que yo con él, se dedica a besar mis labios, mi rostro, y quitar mis lágrimas con sus dulces labios, bajar a mi cuello y repartir besos a lo largo y ancho del mismo. El cuello de mi mono resulta ser un estorbo entre mi cuello y su boca.

-Puedo reconocer mi ropa, Kitten. –Murmura en mi oído con la misma voz ronca que le escuché las veces que hicimos el amor. –He de reconocer que te queda muy bien mi suéter gris. Combina con tus hermosos ojos.

Puedo sentir su corazón contra mi mano, latiendo a la par del mío y me ruborizo aún más si es posible.

-¿No te molesta que use tu ropa?

-Creo que me gusta verte con ella.

Y acabo riendo ante su comentario. Bien, porque no pienso dejar de usar tus suéteres.

-No te pediría lo contrario. ¿Pero no te quedan un poco grandes?

-No dirías lo mismo en si…

-¿Sí que?

-Si supieras que necesitaré tu ropa en unos meses, porque la mía me quedará pequeña.

Nuestros labios casi se rozan. Peeta está sobre mi cuerpo con sus piernas a los costados de mis caderas, sin aplastarme, él siempre tiene ese cuidado conmigo.

Me dedico a acariciar sus labios con mis dedos y él se queda allí sin moverse, ni dejar de mirarme con intriga.

-Recuerdas la última noche que pasamos juntos antes del Vasallaje, tú dijiste algo en la entrevista con Caesar y después te disculpaste conmigo por ser tan irresponsable.

-Después de esos días que hicimos el amor. –Ahora es él quien se ruboriza.

Asiento.

-Hace tiempo tengo ciertos síntomas, siempre los relacioné con la medicación que me obligaban a tomar, pero hablé con Finnick, Haymitch y mi familia y me convencieron de hacerme un test de embarazo. Me lo hice junto después de dejarte ayer, porque tenía miedo de saber el resultado. No te lo dije. Siento mucho el haberte preocupado cuando me fui.

-¿Y que dio? –Él no puede creer lo que escucha y yo acaricio su rostro moreteado y maltratado. Peeta sonríe y besa el dorso de mi mano. –Puedes contar conmigo pase lo que pase.

Sus palabras me llenan de tranquilidad. Busco en el bolsillo de mi pantalón y saco el pequeño dispositivo electrónico, lo prendo y aparece el resultado nuevamente. Peeta me lo saca de la mano y lee poniéndose de costado a mí en el sofá.

-Vamos a tener un bebé. –Digo.

Peeta está en absoluto silencio y es él quien empieza a derramar lágrimas esta vez.

-Un hijo… nuestro.

-Sí. Peeta… sé que no es lo que queríamos y que tal vez no estemos preparados. Lo siento.

-Desde siempre soñé tener hijos contigo, Katniss. –Confiesa. –Solamente contigo. Pero ahora, el bebé merece algo mejor que yo… Snow me convirtió en alguien débil y con miles de traumas. No sé si pueda ser capaz de cuidarlo como él merece. –Murmura entre lágrimas. Y yo lo abrazo. Peeta también llora porque siente que no será un buen padre.

-¿Y te crees que yo sí? No estoy preparada. Pero nuestro hijo está aquí, y estoy aterrada. Maldición, tenemos diecisiete años. También estoy rota, pero tú eres fuerte, más fuerte que yo aún. Te pondrás bien. Lo superaremos juntos, te ayudaré, volverás a ser el mismo hombre fuerte, dulce y determinado que yo amo. Te lo juro.

-¿Y si nunca vuelvo a ser el mismo?

-No pienses en eso. Tú dices eso porque es muy reciente… eso no significa que no puedas salir adelante junto a nosotros. Somos víctimas del sistema, cada uno de nosotros.

-¿Quieres tenerlo de verdad? Tú nunca quisiste hijos.

-Es una parte de ti, no puedo matarlo.

-Me alegra escuchar eso. Aunque si tú quisieras lo contrario, no puedo obligarte a algo que no…

-Lo quiero. –Interrumpo. –Quiero que viva y que lo tengamos en nuestras vidas, aunque sea la peor de las madres posibles. Quiero que los tres seamos una familia. No soy un monstruo como para deshacerme de un ser inocente, es mi… hijo.

-Nuestro hijo. –Corrige sonriendo. –Serás una gran madre. No importa que ahora no te sientas cómoda.

-¿Cómo lo sabes?

Peeta sonríe y quita lágrimas de mis ojos.

-Porque eres Katniss Everdeen. La niña que sacrificó todo por su hermana menor y se convirtió en su sostén. Si cuidas a nuestro hijo como cuidaste de Prim, el bebé será muy afortunado. Tú misma dijiste, ahora los tres somos una familia. Trataré de superarme para ser digno de ti y nuestro hijo o hija. Te lo prometo. Haré lo que tú quieras. Solo prométeme que no me dejarán. Tú eres lo único que me queda. No te alejes nuevamente.

Al mirar sus ojos me doy cuenta de lo mucho que lo hice sufrir con mi desaparición y sé que no puedo volver a cometer la misma estupidez. No debo volver a preocuparlo así, él sigue muy sensible y con temores aún más grades que los míos debido a lo que vivió.

-Te lo prometo. Estaré contigo y no desaparece sin avisarte el motivo. Es lo justo.

Peeta besa mi frente, más relajado y me sonríe con picardía.

-¿Puedo? –Pregunta.

-¿Qué cosa?

-Verte. Verlo.

Sonrío y me quito el suéter gris y dejo que Peeta desprenda los botones de mi camisa, me alegro por llevar ropa interior abajo cuando la camisa cae a mis costados. Peeta baja la vista de mi rostro, a mi cuello, a mis pechos y finalmente mi abdomen plano, pero algo hinchado en comparación a cuando no estaba embarazada, hasta mis pechos lucen diferentes, Peeta nota estos cambios porque su sonrisa se ensancha más. Me toma de la cintura y empieza a subir sus manos acariciando mi vientre con un cuidado adorable.

-Tiene 9 semanas ¿no? –Pregunta con esperanza.

-Debe estar cerca. El dato del test es estipulativo, necesitamos una ecografía para saber cuando fue concebido.

-¿Tu madre te la hará? Quiero estar contigo cuando eso pase. Necesito conocer a nuestro bebé.

-No sé cuando pueda hacérmela, Peeta. Esta situación es muy complicada, pero debes saber que estarás conmigo. No te excluiré de nada.

-¿Por qué es complicada?

-Esta conversación no debe salir de aquí, por ahora. Por seguridad de todos. Has de cuenta que no te he dicho que estoy embarazada, ni siquiera me toques el vientre como ahora frente a la vista de los demás.

-¿Katniss? ¿Por qué debo ocultar el hecho de soy padre? Lo dije frente a todo Panem.

-Creemos que Coin me ocultó el embarazo a propósito. Muchas pistas nos llevan a eso. Solo cuatro personas saben que sé de mi embarazo, además de ti, nadie más. Y creo que Beetee lo sospecha pero es de confianza. Panem cree que lo perdí, pero estuvo aquí aunque no lo supiéramos.

Como Peeta ya me vio, me abrocho la camisa dejando solamente mi vientre al aire por si entra Finnick. No quiero que piense que Peeta y yo hicimos algo más, tal como es él se burlará de nosotros durante meses incomodándonos, sobre todo a mí que reacciono más rápido.

-No lo sabíamos. Pero una parte de mí lo presintió en la arena. Hey, no has cambiado tanto como creí.

-¿De qué hablas?

-Eres demasiado pura e inocente. De cierta forma los dos lo somos en este aspecto, pero tú más. –Sonríe de forma adorable.

Me ruborizo.

-¿Te recuerdo que estoy embarazada de ti y como hicimos este bebé?

Murmuro molesta.

-Otra vez. Eres pura e inocente a pesar de que ya dejamos de ser… ya sabes. Hasta te ruborizas cuando lo menciono.

-Ya, de acuerdo. Soy las dos cosas ¿y qué?

-Nada. No es insulto. Me gusta eso de ti... Y como eso puede cambiar en el segundo que te muestras decidida. Serás una gran madre. ¿No, bebé? –Vuelve a bajar la mirada a mi vientre y se inclina sobre el mismo, besando mi vientre de una manera más dulce y no sensual como las veces que hicimos el amor. Puedo notar la diferencia entre estos besos y los anteriores, porque ahora besa a nuestro bebé como el padre que en unos meses será. –Te amamos, hijo o hija. Estaremos esperándote, pero no salgas hasta dentro de siete meses, bebé. Queremos que nazcas sano. ¿Entendido? Te cuidaremos para que eso sea posible, pero también tú debes ser tan fuerte como demostraste hasta ahora al sobrevivir a esta guerra. Pero, toda guerra tiene un final y cuando acabe seremos libres, solamente resiste el tiempo que dure, como nosotros.