ADVERTENCIA: Si te encariñaste con los personajes o eres muy sensible se te recomienda IGNORAR este capitulo, ya si eres masoquista es cosa tuya, yo cumplo mi parte de avisar.
La verdad creo, creo que fui un poco cruel... solo un poco ¿Alguna vez han visto Hachiko o Clannad?
– ¿Qué hacemos? –pregunto Diana mirando a las demás– ¿los seguimos?
– No... dejemos que Joker se arregle con ellos, nosotras tenemos mejores cosas que pensar –indico Carrie, tanto Diana como Estefany la siguieron sin replicar, ya era tarde para ella–. ¿Pilar? –la chica volteo a verlas, antes miraba la dirección por donde se fueron junto a Godzy, y asintió, aunque sintió que debía ir...
– ¿Dónde nos colocamos? –pregunto Diana, la pelirroja apunto a la escuela, todas la observaron, extrañarían ese lugar y todos aquellos momentos, pero desgraciadamente las cosas ocurrieron de otro modo.
¿Nunca han sentido que hacen algo mal?
Estefany escribió una nota, se encontraba en su salón, recordaba perfectamente el día que llegaron a la escuela, cuando se fue con el albino a la biblioteca, cuando Natsume le contó del noviazgo de este con la demonio, cuando le hicieron esas bromas y todos los momentos con sus compañeros. Bueno y malos. Soltando un suspiro se acerco a la ventana y dejo que la nota se fuera con el viento.
Cuando Joker termino de contarles todo y después de un pequeño intercambio de palabras, todos suspiraron, era duro admitirlo, les cogieron cariño al cuarteto de cartas, pero de ellos dependía la gente que más querían.
– ¿Para que salvamos a esos imbéciles? –pregunto Nijuu tomando parte del control del cuerpo.
– Entre ellos esta la gente que queremos –susurro Shiro a su lado, la de ojos rojos soltó un pesado suspiro.
– Si, es verdad –suspiro hasta que una nota cayo enfrente de ella–. "En la escuela" ¿Ya saben que significa, verdad? –pregunto Natsuki–. Terminare lo que empecé con Diana –dijo seria.
– Yo debo arreglar cuentas –susurro Mun, Taiyo la miro con preocupación–. La detendré, sin importar que, debo hacerme cargo ¿No? –mostró una pequeña sonrisa que la calmo–. Sin importar que en el proceso muera.
– Ya saben mi respuesta –se unió Nathali mostrándose firme.
– Yo debería hacerme cargo de ella –negó Taiyo.
– No, su problema no es contigo –explico de forma seria, extraño viniendo de ella–, además, esto lo hago porque quiero –le mirada de su novio la devolvió a la realidad–, sin importar que... una vez acabe, te iré a ver.
– Yo igual tengo cuentas pendientes –comunico Kuro golpeando su palma con su puño, el albino la vio de forma ausente–. Vamos –todos asintieron preparándose mentalmente para lo que venía, Hikari la interrumpió antes de que se fuera.
– Necesito un favor –le susurro algo al oído dejándola de piedra–. Por favor...
Las cuatro miraban al edificio tensas, no seria tan fácil entrar, seguramente habían guardias cuidando el lugar.
– Júrenlo, ante todo las detendremos –pidió Natsuki.
– Lo juro –susurraron las tres, se daban una idea de porque lo decía, Nathali abrazo con fuerza a su prima con sus ojos llenos de lágrimas.
– Gracias por todo –murmuro entre cortadamente.
– No hay de que... te quiero mi pequeña fujoshi bipolar –soltó una risa amarga con un nudo en la garganta.
– Nos vemos en el infierno –se despidió Kuro, las otras tres sonrieron de lado, el cielo les seguía quedando muy lejos.
– Juntas joderemos a Satanás –concluyo Nathali entrando directo a la azotea, estaba segura que ahí estaría.
– Adios vaquera –Mun hizo su última broma despeinándola, la pelinegra asintió riendo apagada , la peli plata se adentro al edificio tomando aire.
– Nijuu –llamo–. Ya se que diras, juntas hasta el final Natsu, juntas hasta el final. Terca.
Entre los caminos a los bosques y edificios se celebraba la otra batalla, los que sobraban daban lo mejor de si, pero a pesar de eso eran muchos guardias, con ayuda de Joker era menos pesado pero aun así estaban en sus límites.
– ¿De donde vienen tantos? –se pregunto Shiro, el peli naranja apunto a un portal y el chico solo chasqueo la lengua–. Merezco unas vacaciones –su amigo solo rio nervioso.
– Ya están cansados –murmuro Sumire tensa, les habían ordenado esconderse.
– Esto... esta mal –susurro Subaru preocupado.
– ¿Usagi? –pregunto Ruka mirando como veía hacia afuera, se acerco y miro al edificio de los salones, no le dio mucha importancia hasta ver como una de las ventanas explotaba–. Oh dios –cubrió su boca temeroso, no se podía quedar ahí, pero sentía que se arrepentiría de ir–. Quédate aquí y cúbreme –le susurro al conejo y salió en dirección al edificio.
Kuro y Estefany se enfrentaban en su salón, la clase B, la tensión se podía palpar en el ambiente. Ninguna deba su brazo a torcer apasar de tener varias heridas, algunas sangrando y en el caso de la peli verde, quemaduras. A nuestra diablilla ya le faltaba el aire, por mucho que tuviera condición seguia estando debil por lo de hace unas horas, la pelea cuerpo a cuerpo no ayudaba. Nublada por la furia, frustración y el sentimiento de debilidad tomo uno de los fragmentos de vidrio de la ventana antes rota, sin pensarlo dos veces se acerco y se lo clavo. Cegado por un sentimiento que no sabía descifrar, sin ser consiente de lo que hacía, no era la primera vez pero jamás fue tan sanguinario, ella decía odiar matar con sus propias manos, según ella odiaba la sangre manchando su cuerpo, pero pensar en lo ocurrido, su familia, sus amigos, su novio, ella. Sintió como la peli verde apretaba su camisa, la oji rojo quedo en shock, soltando el vidrio el cual al chocar en el suelo se fragmento más.
Lagrimas descendía por sus mejillas, culpa del dolor, sangre saliendo de su boca, el estomago destrozado, un festival sanguinario el cual Kuro no había notado hasta ese momento, se miro las manos, su vista era nublosa, culpa de su propio llanto.
– ¿En qué clase de monstruo me he convertido? –se preguntó viendo a Estefany respirando agitadamente dando sus últimos respiros–. ¿Desde cuando dejamos de ser niños?... desde que nos convertimos en diablos.
Se levantó comenzando a alejarse de su víctima, sus pensamientos en otro lugar, se había convertido en eso que tanto odiaba, en aquellos que mataron a sus padres, a sus amigos, a todos esos inocentes que tuvieron la mala suerte de entrar en una peligrosa guerra, incluso se convirtió en aquella faceta que tanto le aterraba de sus hermanos.
Culpa, ese sentimiento le dominaba y le hacía doler la cabeza, ella empezó esa absurda pelea por los sentimientos de Shiro, no Estefany, su rival solo se defendía de los ataques.
– Entonces... –susurro–, de verdad soy la villana, soy como mi padre... –se miro nuevamente las manos–, soy hija del demonio –murmuro con la mirada perdida–. Mamá... papá... abuela... incluso al maldito de Blake –cerro sus ojos sintiendo los parpados pesarle–, quiero... ver... de nuevo a Kana.
¿Han sentido que quieren cambiar sus decisiones?
Nathali y Carrie se encontraban en la azotea peleando, la pelirroja intentaba herirla, pero era imposible, la de ojos claros igual tenía dificultadas para atacarla debido al cansancio que sentía, había peleado mucho ese día.
Carrie comenzó a lanzarle varias bolas de fuego, pero Nathali las bloqueaba con sus barreras, ninguna se quería rendir fácilmente–. ¿¡Puedes morirte ya!? –grito la jurado del corazón pateándola–. Eres peor que una cucaracha.
– Tú... no... te quedas... atrás –dijo con la respiración más agitada, fue entonces que se levanto como pudo y se acerco, el impacto de sus hachas corto cabezas, pero no la de su oponente.
– ¿Eh? –susurro la chica sorprendida, frente a ella el cuerpo decapitado de algún guardia diablo, la pelirroja tomo ventaja y la empujo clavando el tridente en una pierna sacándole un gruñido. La joven intento ir contra ella pero al sentir aquella presencia en su espalda volteo e intento atacar siendo detenido por la mano de su contraparte que la miraba seriamente–. Cierto, ustedes son del mismo bando –recordó mirando a un punto en la nada. Miro más atrás, ahí estaba Mizuki, los tres acorralandola, no había salida... o tal vez si–. Disculpame por no cumplir nuestra promesa... pero sabes que a veces es imposible hacerlo –se dijo así misma.
– Vete al infierno –le dijo Carrie antes de alzar su arma y lanzarla atravesando el frágil pecho de la joven quien formo alrededor de la azotea una barrera.
– Esta bien –volteo a verla con una sonrisa escalofriante–, pero todos se vienen conmigo.
– Pues nos vemos querida amiga –susurro la pelirroja notando como la chica formaba en sus manos unas bolas de energía grandes–, púdrete...
– Arde en el averno perra –respondió Nathali lazando el ataque.
Aunque Mun entendiera que Pilar no tenia del todo la culpa y que en el fondo no era mala persona, si la dejaba vivir, la academia podía correr peligro y con ella todos sus habitantes. Ambas se empezaron a atacar con sus poderes, no tanto con las armas, aunque el espacio era reducido debido a que estaban en los baños.
– ¿Sabes? –comenzó a decir Mun detrás de los lavabos–, es divertido ver como mientras uno lucha a muerte otras miles de personas ríe y juegan felices –el silencio de Pilar le dejo continuar–, siempre pensé en eso, hoy la gente llora, mañana ríe, al otro se enoja y al otro muere, eso suena a un bipolar –siguió hablando sin recibir respuesta–, la primera vez no entendí que era la bipolaridad, me dijeron que era cuando uno cambiaba su estado de ánimo y yo me decía ¿No siempre cambiamos nuestro estado de ánimo? Ayer estaba feliz y hoy ando triste y melancólica ¿tú qué opinas Pilar? –pregunto, pero al verla frente a ella sin decir nada se extraño–. ¿Pilar?
– La gente es rara... eso opino –respondio seriamente, en sus manos formo un bola de energia color amarilla de la cual saían chispas–, nunca entenderé esos conceptos... ¿lista? Prepara tu maldito ataque y terminemos con esto.
– ¿Por qué? Si tanto quiere matarme ¿Por qué?
– No quiero matar gente inocente y sé que terminare por perder todo lo que me queda... pero soy terca y te quiero matar, por eso... no sé, me dio el instinto suicida, creo que pronto todo lo que pensé correcto se volverá incorrecto ante mis ojos... y no quiero cambiar de opinión, no me asusta la muerte ¿a ti si? –le tendió su otra mano, Mun la tomo dudosa y se levantó, ambas se vieron.
– Eres tan compleja –bromeo formando en su mano una bola de energía color azul la cual salpicaba agua ¿Sabían que combinar agua y electricidad es catastrófico? Siempre lo será–, aunque te quiera entender jamás lo haré –miro en otra dirección melancólica–, me hubiese gustado ser tu amiga.
– A mi no –se acerco tomando su otra mano y a la vez besándola, Mun se sorprendió ante esa acción pero no pudo pensar más porque todo se volvió oscuro para ella.
– Lo siento Taiyo.
Game over.
Natsuki se encontraba en busca de Diana, en su camino se topo con guardias custodiando el lugar por lo que el pelear con todos ellos la llevaba a la batalla debilitada.
– Me duelen las piernas y me pesa el cuerpo –susurro visualizando a Shiroi frente a ella, la albina la miro sorprendida por su estado–, pero se que soy fuerte, yo... morire épicamente, venciendo a mis enemigos –penso dejando otras a la chica muerta.
– Incluso, estando casi muerta, eres un dolor de trasero para todos –escucho esa voz a sus espaldas, miro a su contraparte con pesadez.
– "Eres irritante" ¿Cuántas veces mis enemigos no me lo ha dicho? –susurro cerrando los ojos, al abrirlos ambos estaban rojos–. Es mi turno.
Hikari estaba peleando con Hikaru. La rubia sabía que su contraparte era un poco más fuerte físicamente pero ella tenía la ventaja de estrategia y costumbre, miro levemente a los demás, la mayoría estaba cansado, noto por una fracción de segundo como Hikaru volteaba a ver al portal y este se hacía más grande, él era el que lo abrió, si lograba que lo cerrara el trabajo sería más fácil.
– ¡Ah! –soltó un grito cuando sintió algo chocar contra su espalda, un látigo, más que por dolor fueron los recuerdos. La mirada de los demás no se hizo de esperar, Shin intento acercarse pero le era imposible, tenía tres tipos sobre el. Hikaru aprovecho para derribarla.
– Lo siento señorita, pero esto es de parte de Blake –susurro Moon.
– Es una lastima, eso que me caías bien –comento el rubio alzando su katana, Hikari intento pararse pero sintió que la tierra a su alrededor la atrapaba, impidiéndole moverse.
– Que deplorable, morir a manos de él –la chica soltó una risa mientras cerraba los ojos–, no me puedo permitir esto, debo ser... yo debo ser Perfecta –formo alrededor de los una barrera, Hikaru dejo su ataque al notar este detalle.
– Si crees que te tendré compasión... –susurro enterrando la katana en su pierna con lentitud, pero la chica ni se inmuto.
– La compasión... es para débiles y... yo –sonrió de forma arrogante–... yo soy jodidamente perfecta –acerco una mano a la bolsa de su vestido, una pequeña bomba de botón, Hikaru la miro con sorpresa–. Si yo caigo te caes conmigo... maldito defectuoso –le guiño un ojo con esa sonrisa.
– ¿De verdad tanto riesgo por una academia que los odia? –gruño viéndola, ella asintió. Moon no decía nada, solo se sento en el piso esperando el impacto.
– ¿Nunca lo dije? Tenemos tendencias masoquistas, además aquí aprendimos una magia muy poderosa.
– El poder de la amistad y el amor, bla, bla –dijo sarcásticamente.
– No, eso es para maricas –volvió a reír–, solo nosotros somos responsables de nuestra vida e igual el de proteger a quienes lo valen, protegeré a esta podrida academia con mi vida –apretó el botón.
– ¡Hikari!
La rubia oyó eso antes de sentir el fuerte impacto, aunque a decir verdad no le molestaba morir así, al menos lo haría como: "La maldita pro que era"
Todos notaron como el portal se cerraba, alertando a los diablos. Una vez que la explosión termino la barrera puesta por Hikari igual lo hizo, Shin se acercó al lugar notando como solo quedaban una pluma blanca y una medalla, levanto ambas notando como uno de los pétalos de la rosa se volvía gris. Miro atentamente la pluma hasta finalmente comenzar a derramar lágrimas.
– Maldita bruja –pronuncio sin dejar de llorar, dio media vuelta viendo a sus amigos igual llorando, pero ya nada podían hacer.
Game Over
– ¿Dónde estarán? –murmuro caminando con dificultad, tenía que encontrarlo antes que nada, su herida sangraba más, aun no entendía como seguía viva después de dicho impacto.
– ¡Nathali! –grito Sora viéndola, se acercó corriendo–. ¡Dios estas muy mal! –la sostuvo por los hombros, esta sonrió débilmente–. Vamos con Suba...
– No Sora, ya no, incluso si voy, nada se puede hacer –su compañera la miro preocupada–, tengo un plan... antes de morir, ayúdame por favor –la chica asintió.
– El esfuerzo de Hikari valio mierda –gruño un dolido albino, volvieron a abrir otro portal de donde seguian saliendo guardias diablos, se pregunto el porque eran eternos.
– ¿Qué es este ambiente? –pregunto Taiyo mirando a todos, los diablos miraban a la escuela, ella estaba extrañada por lo que su vista se dirigio al edificio, alzando la vista hasta ver la azotea–. Oh por...
– ¿Kuro? –se pregunto Orenji mirando a la oji rojo, ella en su forma de diablo, con una mirada llena de malicia y corrupción y aquella sonrisa ladeada.
– ¿Kuro? Yo soy la reina de los diablos, el demonio –dijo con un tono burlon.
– Llegas... –iba a decir Diana pero se quedó en silencio al ver a una moribunda Natsuki, ella simplemente se sostenía de las paredes con sangre cubriéndola, parte era suya, parte era de todos aquellos que se cruzaron en su camino.
– Terminemos con esto, estamos agotadas.
La peli azul alzo su tridente dispuesta a pelear, aunque estaba extrañada de su estado, dudaba mucho que peleara con cinco diablos especiales a la vez. Sin más se dio la batalla, arma con arma, cuerpo con cuerpo, Diana con agua, Natsuki con fuego, opuestos en guerra. Punzadas por todo el cuerpo de la pelinegra, miro al pasillo, nada.
– Me gusta cuando se sonroja y tartamudea –comento de la nada, Diana la miro extrañada, estaba loca como para hablar de eso en medio de una pelea–, le prometí ser su amiga si dejaba que lo protegiera ¿Sabes por qué? Porque yo siempre ame a Ruka-pyon –sonrío de lado–, por eso soy tan egoísta.
Diana no dijo nada, alzo su arma viendo a la chica hacerlo mismo.
– Tengo ****** –la peli azul abrió los ojos con sorpresa–, ya te imaginas lo demás... –la contraria asintió–. Nijuu, esto es... –las tres presentes sabía que iba a pasar en ese momento–, juntas, digámoslo juntas.
Game Over
Pero ninguna supo que había un cuarto presente.
– ¡Kuro para! –pidio Shiro intentando acercase al loco demonio que atacaba a todos por igual, incluso logro herir a Kobato. A pesar de lo que hacía el albino no servia de nada, la oji rojo estaba perdida en un mundo oscuro y sádico, con diversión y travesura en la mirada, como si fuese un juego.
– Shiro, no esta sirviendo de nada... –murmuro Orenji mirando aterrado a la joven, sabía que la fragilidad mental de Kuro se podía romper en cualquier momento pero no esperaban que fuese tan grave.
– ¡Shiro idiota, cuidado! –grito Yami intento acercarse, pero fue tarde. El albino intento acercarse a su novia siendo atacado por la misma, una bonita herida vertical desde el pecho hasta el estomago apareció en el impactado chico.
– ¡Shiro, basta! –pidió Mikan mirando como, sin rendirse, el chico se levantaba de su posición para intentarlo nuevamente.
– ¡No sea terco, maldita sea! –grito un furioso Natsume. El albino los ignoro a todos y finalmente logro acercarse a la chica abrazándola, ella se intento zafar lastimándolo sin tener piedad, pese a eso, Shiro no la soltaba.
– Te amo –susurro en su oido con una mueca ida, la chica se detuvo al escuchar esas palabras. Los recuerdos la invadieron, desde que lo conoció hasta ese día.
– ¿Eh? –pareció reaccionar, miro a la espalda del chico y sus manos llenas de sangre, lo ocurrido con Estefany la invadió, se perdió en si misma por la culpa. Se separo del chico y lo miro, afectivamente, una herida que ella provoco, lagrimas se formaron en sus ojos–. Lo siento –susurro volviendo a formar lágrimas, el chico la miro sosteniéndola de las mejillas y depositando un suave beso en sus labios.
– Te amo –repitió juntando sus frentes.
Kuro no dijo nada, solo miro hacia atrás, al hacerlo abrió sus ojos como platos y empujo al albino hacia un lado, Kurai se abalanzo contra ella tirándola al piso. Shiro se levanto rápidamente.
– ¡No! –grito ella–, déjalo, no merezco esto, siempre he sido así –declaro forcejeando con su contraparte.
– ¿Qué demonios...?
– Mierda ¿Enserio pensaron que era una torpe niña inocente? ¿Enserio creen una asesina puede ser inocente? ¡Siempre estuve conciente de lo que hacía! ¿Sabes porque no queria matar con mis propias mano? ¡Trataba de fingir que era buena! ¡Soy tan buena mintiendo que me mentí a mi misma! –todos los presentes se sorprendieron ante sus palabras–. ¡No soy idiota! Esto me lo merezco.
Lanzo al chico lejos y se alejo volando cerca de un grupo de guardias, cada vez eran menos, sabía que Kurai la seguía por lo que al tenerlos frente a ella formo un campo rojizo encerrandose con ellos. Viéndose atrapada por todos saco del bolsillo de su cinturón una bomba, sin pensarlo dos veces de la trago y se acerco a la barrera, con su dedo dibujo la cara de un lobo y un puma, entre ambos una signo de más y después uno de igual para al final poner un corazoncito, ella rió ante eso viendo a su novio que la miraba en shock.
– "Goodbye" –leyó Shiro en sus labios.
– ¡NO!
Todos aquellos que vieron lo ocurrido soltaron un grito, la barrera que formo la chica se volvió más roja. Cuando esta desapareció toda la sangre comenzó a caer como si fuese lluvia, algunas gotas impactaron en el rostro de un choqueado Shiro, quien no podía creer lo que paso.
Game Over.
– Yami-san –llamo Kurai, la pelinegra lo miro–. ¿Qué pasara con sus amigos? –pregunto mirando la escena con lagrimas en los ojos, pensar que el jugó con ella cuando se conocieron, pensar que hace unos momento estaba viva.
La chica miro su medalla, solo quedaban tres pétalos del lirio y tres en la rosa, la oji fiusha entendía que quería decir eso–. Cuatro guerreros caídos –murmuro, Kurai la vio sin entender–. Ahora mismo ¿Qué puedo hacer? No puedo regresar a la vida a mis amigos, pero no creo poder soportar verlos caer a cada uno; hazme un favor –le dio a sus pistolas, este no entendió–, cuídalas niño –le sacudió la cabeza– y vete, busca el refugio y escóndete, di que estas de mi parte y muéstralas –apunto con la cabeza ambas pistolas.
– ¿Qué hará Yami-san? –pregunto preocupado-
– Me los llevare al infierno –susurro, el chico la miro sorprendido.
– ¡Pero las maldiciones no podemos vivir en el infierno! –grito asustado, hasta que entendió el porqué de esa decisión.
– Perdón por matar a tu familia –le dio una sonrisa maternal–, cuídate niño, nunca dejes que el odio te consuma o terminaras como yo –salió de su escondite volando.
– ¡Yami-san! –le llamo, pero al verla guiando a diablos a una dirección alejada dio dos pasos atrás apretando las pistolas contra si.
– Yami ¿¡Qué carajos haces!? –le grito Jin viendo como reunía a muchos guardias a su alrededor, a la mayoría, esta quedo volando en el centro, muchos la rodeaban.
– Stnuah uoy taht esruc eht mi semusnoc uoy that ssenkrad mi em sdeef tahw si niap –debajo de ella se forma una estrella negra que lanza una luz rojo sangre–. Namuh ton mi nomed a ton mi emanating ilno mi etah eht lla –la luz se intensifica, un campo de energía negra la rodea–. Aler not si idob im noisulli na tsuj mi nosiop ildaed tsom eht ma I noitcurtsed desuac tsuj i –mira atentamente a Jin quien la ve preocupado, ella solo le sonríe–. Esruc a tsuj mi edis krad eth ma i tnemtnioppasid desuac tsuj i redrah edisym wehs tsuj won –después de eso la luz se intensifica y la envuelve una luz negra que hace que se tambalee levemente, nadie entendió hasta que vieron como un aura negra salía de sus cuerpos y se adentraba en Yami, la chica hizo una mueca de dolor, pero luego sonrió ampliamente.
– Se está... comiendo el odio de toda la academia –murmuro Shiro sintiendo como parte de sus penas se iban, pero seguía en un estado de shock siendo atendido por Orenji.
– ¡Cara de mono! –llamo la chica, Jin la vio extrañado–. ¡I evol uoy! –el oji bicolor abrió sus ojos sorprendido, entendió el mensaje perfectamente–. I ma yrros –todos vieron como las esfera negra crecía más y como todos empezaban a ser consumidos por esta, incluyendo a Yami quien solo dio un ademan de despedida y desapareció junto a esa bola de energía y los guardias.
– Yami... san –murmuro Kurai y vio entre sus manos donde estaban Candy y Mandy igual en este había una medalla, en la cual uno de los pétalos del lirio se volvió gris–. Lo irónico del asunto –río de forma amarga mientras lloraba, era muy sensible.
Game over
Los diablos especiales se quedaron en shock, se había llevado a casi todos, menos a unos cuantos y a ellos. Nadie sabía que les esperaba, ni sabían que pudo pasar con Yami, pero estaban seguros que no la volverían a ver.
Orenji miraba el portal, luego a su amigo quien miraba al piso–. ¿Qué haremos?
El chico no contesto, miro de reojo a Taiyo, ella se veía destrozada, pues ya se habían dado cuanta que no solo Hikari, Kuro y Yami habían caído.
– Tanto nos costó enfrentarnos a Elizabeth –un sollozo salió de su garganta–, para que un montón de imbéciles vengan y no se lleven una, sino varias vidas –ambos chicos se vieron, solo quedaban ellos tres, Mikan y Nathali, aunque no sabían que la última seguía viva–. ¿Por qué? –prometimos vernos crecer juntos ¿Por qué nos arrebatan lo último que tenemos? –ambos se miran y la jalan, los tres se dan un abrazo.
– Esta bien, te prometo que haré algo –aviso el albino saliendo del shock, se levanto y se volvió un lobo.
– ¿Shiro? –llamo Orenji, miro como el chico salió corriendo, trepando los arboles para dar un salto hacía el portal–. ... Adiós –susurro mirando aquella dirección, después de un buen rato el portal se volvió a cerrar, luego miro uno de los pétalos de la rosa ponerse gris.
Game Over.
– ¿De qué... tanto... hablan? –pregunto Nathali, venia acompañada de Sora.
– Oh dios –susurro Taiyo.
– ¿Qué... planean? –pregunto con dificultad.
– No lo se, ya no quedaba nadie, solo nosotros y Mikan –los cuatro miraron a la castaña que se veía muy afectada por lo ocurrido, vio morir a cuatro hermanos, todos sabía cual fue el destino de Shiro sin verlo. Además, era obvio como acabaron Mun y Natsuki.
– Yo no puedo hacer mucho pero –la chica logro forma en su mano una piedra alice color rosa, se la entregó a Orenji–. Planeaba cubrir a todos los que estén en el refugio para evitar que se hagan daño, una barrera que dure un día aun si ya no está quien la creo –todos voltearon a ver a Mikan quien peleaba con algunos guardias y con Mike y Tairo a la vez.
– ¿Chicos? –llamo Sora, la voltearon a ver, por primera vez después de que ella les contó su vida, estaba llorando.
– Tranquila, todo estará bien –prometio falsamente Taiyo.
– No mientas.
– No lo hago... quiero creer que es verdad.
– Los dejo... tengo una promesa que cumplir –aviso Nathali y se alejó al bosque. Comenzó a ir donde ella creyó que estaría su pareja, sintió un poco de emoción ¿Quién no quisiera despedirse de su novio antes de morir de forma trágica? ¿Quién puede cumplirlo?–. ¡Sergio! –le llamo, el chico la miro sorprendido.
– N... Nathali –se quedó pálido al verla y se acercó rápidamente, ella le sonrió, enserio no entendía como logro aguantar tanto tiempo, una vez este se acercó se dejó caer en sus brazos, ya bastante cansada.
– Te prometí que te iría a ver cuando acabara con Carrie, perdón por tardar tanto –le sonrió acariciando su rostro, notando como empezaba a llorar–. Nunca debiste... salir con una... fujoshi –ya le costaba hablar pero daba igual, terminaría como sus padres, moriría con la persona que ama–, son las más... raras.
– Y divertidas –murmuro sin creer lo que sus ojos veían–, tenías razón, el amor es el veneno más letal –ella solo sonrió, ya no podía seguir hablando. La chica solo se acercó a él y le dio un suave beso en los labios el cual fue correspondido, este término cuando Nathali dejo de respirar, el pelinegro la miro aun con lágrimas. A veces amar era muy doloroso. En la medalla de Nathali se puso gris uno de los pétalos de la rosa.
Game over.
– Sigamos –susurro Orenji formando sus garras, se acerco a algunos guardias atacando, golpeando, matando, mientras un sentimiento lleno de dolor se instalaba en su pecho, volvió a perder a su familia, todos esos años que se esforzó sufriendo de duros y crueles entrenamientos, amores no correspondidos, humillaciones y graves heridas que para cualquiera serian mortales, todo para que se rompiera en menos de un día, miro al cielo que comenzaba a tornarse anaranjado, señal de un bello atardecer.
– ¡Orenji! –grito Mikan tratando de avisarle, el volteo por unos segundos viendo el arma de Kotaro aproximarse hacia el, solo cerro los ojos y espero el impacto.
– ¡Nos vemos mis ángeles! –se despidió antes de ser decapitado. Sora se cubrio la boca con sus manos mirando al pobre tigre. Taiyo bajo la vista a sus pies mirando la cabeza de su hermano, la alzo mirándola de frente y mostró una mueca de tristeza abrazándola contra sí. Miro como Mikan se acerco con una mueca ida, mientras otro pétalo de rosa en sus medallas se ponía gris. La única ventaja de esto. Kotaro tenía una grave herida en la garganta, Orenji no podía irse así como así.
Gamer Over
– ¿Por qué todo esto esta pasando? –se pregunto Mikan sin dejar de llorar, solo quedaban ella y Taiyo.
– No lo se Mikan, no lo se –susurro la de pelo anaranjado con tristeza.
Las horas pasaron, la situación cada vez se relajaba, los guardias desaparecían, parecía que las cosas por fin terminarían, pero eso era falso, aun no acaba.
– Ya no puedo más –se quejó una cansada Milkan, Taiyo la miro seria.
– Ya casi terminamos –susurro con su vista baja, solo eran ellas dos y nadie más.
– Lo se –la castaña se reincorporo como pudo e intento atacar pero...
– ¡Mikan! –chillo mirando a su amiga quien cayo al piso inconsciente–. ¿No tomaste las pastillas, verdad? –susurro preocupada–, vamos estarás... –parpadeo confundida cuando vio algo hacerle sombra, alzo la vista, frente a ella Mike y Tairo, ambos igual de cansados, se interpuso entre su amiga y los dos jóvenes–. ¡Natsume! –el mencionado se acerco preocupado–. Llevatela –pidio con una mueca seria.
– Taiyo...
– Ella... aun no debe morir ¿Saben porque? –pregunto, pero no recibió respuesta–. Porque ella aun tiene cosas pendientes aquí, aun debe seguir viva hasta cumplir ciertas cosas, tiene una madre, tal vez la odie, pero tiene que arreglar las cosas con ella, no lo se, solo vayan, estaré bien.
– Mentirosa –solo eso dijo y la cargo al estilo novia para alejarse, Mike intento seguirlo pero Taiyo se interpuso con firmeza, cerro sus ojos y mientras el volumen de su pelo desaparecía estos se tornaban de un rojo intenso.
– Esa era Kuro –susurro antes de sacar su arco y flecha. Los dos chicos se abalanzaron contra la joven que a duras penas se defendía, el cansancio era tal, estaba harta de todo eso. Tairo la tomo del cabello y le arrastro por el piso, la chica apenas logro levantarse cuando la guadaña de la muerte se clavo en una de sus alas cortándola, sacándole un horrible grito de dolor.
– Mierda –susurro Mitsuki acercandose y lanzando a Mike lejos comenzando a forcejear con el–. ¡Kobato has algo! –ordeno, pero la peli azul estaba en el piso forcejando con tres guardias a la vez.
– ¡Shin, Jin! –pidió la peli azul, pero ambos estaba en las mismas, acorralados por varios, también estaban agotados, miraron a Sergio que apenas podía defenderse de unos cinco que estaban contra el, con Mikan y Natsume fuera de batalla todo era más difícil.
– Joder –se quejo Taiyo tratando de pararse, miro su ala en el piso, llena de sangre, cerro sus ojos tratando de calmar el dolor y al abrirlos miro sus cartas tiradas, solo tres estaban volteados y al leerlas sonrio con tristeza, miro a su contraparte el cual la apuntaba para darle el golpe final, ella solo cerro sus ojos esperando el impacto–. Yo quería ser enfermera, tal vez encontrar a ese alguien y vivir lo que resta de mis días con mis amigos y mis posibles sobrinos ¿En algún mundo paralelo tendré esa oportunidad? Si tuviera una hija la llamaria Aiko.
Miro como la rosa estaba totalmente gris y solo quedaban dos pétalos de lirio, uno de ello se apago al igual que su vista.
Game over.
Lo que quedaba de la clase B estaba frente a las tumbas de sus amigos, de maestros estaban Persona, Narumi, Jinno, Serina, Nodacchi y Misaki. Kazumi estaba más atrás mirando con tristeza, perdió a sus dos sobrinas. Subaru estaba junto a su hermana, quien por primera vez después de años lloraba, lloraba amargamente la perdida de sus buenos amigos. Yuka y Nanami estaba igual a lado de Mikan quien no lloraba, solo veía impactada las lápidas. Igual Aoi estaba al lado de su hermano y más atrás estaba Youchi, quien se limitaba a mirar la tumba de su última familiar, si, tenía a sus tíos, a sus primas, pero no era la mismo, ya había perdido a sus padre y ahora a su hermana. Igual los animales estaban ahí observando a sus dueños, por suerte los animales no podían llorar.
Kurai estaba entre ellos, mirando lo que era la tumba de Yami, miro a Candy y Mandy, tal vez eran objetos inanimados pero casi juro sentir la tristeza venir de esas armas, como si supieran que su mamá se fue. La maldición se acercó a Jin y le dio algo, este miro lo que era: la medalla de Yami. Igual Shin tenía la de Hikari, Sergio la de Nathali, Sora se había quedado la de Orenji. Hotaru se había quedado la de Shiro y Natsume la de Kuro, Mitsuki la de Mun y la de Taiyo se la quedo Kobato.
Youchi se acerco a Ruka quien estaba sentado y sonriendo mirando la tumba de su novia, le dio la medalla y el rubio la acepto soltando una risa amistosa mientras le revolvía el pelo.
Mikan, que es la única superviviente a un amargo juego trágico, tenía su propia medalla. Poco a poco todos se fueron yendo, hasta que solo quedaron Hotaru, Natsume, Ruka y Mikan. Los tres decidieron dejarla sola, una vez la castaña se vio sola pareció despertar de su ensoñacion, miro cada una de las tumbas de sus amigos.
Hikari Suta: No todas las brujas son malas. By: Shin Johnson.
Mujer, hombre, hermafrodita, da igual, eres Yami Yoru, solo es importa. By: Jin Johnson.
Las mentiras tienen nombre, Kuro pyuma, pero eso te hacía gran persona. By: Natsume Hyuuga.
Shiro Okami: Rey de la ceguera, amaba a la reina de la mentiras a pesar de todo. By: Hotaru Imai.
Orenji Tora: El tigre con piel de oveja, adora a los ángeles. By: Sora
Taiyo Akarui: Brillas como el sol, hasta el último minuto By: Mitsuki Kurosaki.
"No juzgues un libro por su portada" Seguramente eso diría Mun Buru. By: Kobato Hatsune.
El veneno más letal, según tú, se llama, Nathali Kurosaki. By: Sergio Aborosu.
Natsuki y Nijuu Ito: Le joden la vida a todos incluso estando muertas. By: Youchi Ito.
Mikan se dejó caer de rodillas frente a su familia, esa que estuvo con ella en los peores momentos de su vida ayudándola, que estuvo en los mejores festejándola y que sin duda fueron su único apoyo en su infierno de vida. El nudo en su garganta que no le permitía llorar fue desapareciendo y comenzó a soltar sollozos, derramando lágrimas por sus amigos. Apretó los puños fuertemente a la vez que cerraba sus ojos.
– ¡Maldición! –gruño golpeando al piso con su puño.
Después de un gran grito lleno de furia, frustración, impotencia y dolor cayó al suelo cansada, apunto de quedar inconsciente. Noto como Hotaru y Natsume iban corriendo a ella, solo soltó un par de lágrimas más y se dejó vencer por la oscuridad, despertaría al día siguiente y nada cambiaría, aunque llorara y gritara, no iba a devolver a la vida a nadie.
– Soy una inútil... soy una idiota...
— ¿¡QUE!? NO PUEDE ACABAR ASÍ —se quejó la niña, la señora la vio divertida—. MAMÁ
— No así no acaba la historia, me improvise el final —ambos niños ponen un puchero—, pero me divirtió ver sus caras de tristeza al contarles cada muerte.
—...Tía sádica...
— Cuéntales el verdadero final —la mujer sintió como la abrazan de los hombros.
— Esta bien, pero mañana, aunque ustedes lean esto a las tres de la tarde aquí ya son las once y mis niños deben dormir, por hoy confórmate con el final malo de la historia o igual considerado el final falso.
