Primer período: mi infancia. Cuando mataron a mi padre, yo tendría unos 10 años. Aún siendo solo una niña, mi infancia se acabó. Me robaron la inocencia, y mi felicidad como criatura se finiquitó para siempre.

Algunos de mis recuerdos de aquel entonces son borrosos, porque han pasado muchos años… 20 años, puesto que hoy cumplo 30 años. Qué apropiado que naciera el día del invierno… La vida quería avisarme que lo que me tocaría vivir era frío… Muy frío.

A pesar de tener recuerdos confusos, todavía recuerdo algunas cosas antes de que pasara algo que no olvidaré mientras viva. Me acuerdo de estar una noche toda la familia preparándonos con nuestras mejores ropas para una ocasión "especial", algo que mi padre deseaba desde hacía tiempo: conocer a sus suegros. Nunca tuvo la oportunidad, y para él la familia era muy importante, así que un día cogimos un vuelo para irles a conocer.

Recuerdo un avión, bastante grande y lujoso. Casi no había gente. Esa fue la última vez que vi Zheng Fa hasta entonces.

-¡Shhhhht! ¡No hagas ruido, o van a descubrir que estás aquí!-recuerdo que le hablé a la mochila.

Y de ahí, apareció un lindo perrito juguetón de pelaje canela con los ojos muy vivos, que no paraba de ladrar y que me protegía de las amenazas. Fue, durante casi toda mi vida, mi mejor amigo. Mi mascota. Yo lo quería mucho.

-¡Woof! ¡Woof!

-¡Sssht! ¡No pueden oírte papá y mamá! ¡Esto es un secreto! ¿Vale?

El animal hizo ademán de callar un poco, pero el ruido ya estaba hecho.

-Ja, ja, ja. ¿Con quién hablas, tesoro?-oí una voz masculina a mi espalda.

Me giré para ver que mi padre me estaba hablando, con su típica sonrisa. Nunca se enfadaba conmigo, y eso que era ciertamente traviesa. Aunque con él me portaba muy bien. Lo adoraba, era mi ídolo.

-¿E-eh? ¡N-no, con nadie! Solo estaba… Cantando.

-Conque cantando, ¿Verdad? ¿Y qué canción era esa, que me ha parecido oír aullidos de lobo?

Supe por qué mi padre dijo "lobo", y no "perro", así que entendí que me había pillado. Cuando conocí a mi amigo con cola, estaba solo en día frío. Era mi cumpleaños. Paseábamos, y me lo encontré solito. Lo ayudé, y desde entonces fuimos inseparables. Era como de mi familia, y me protegía como tal. Tenía el pelaje algo subido, y una mirada muy dorada y despierta, y siempre me recordó a un lobo en miniatura más que a un perro. Así que, por eso, le llamé "lobo" en mi idioma natal. "Lang".

-S-sí, era yo… Estaba imitando a un lobo. (…) ¡Aauuuu! ¡Aauuuu!

Tomándoselo como una muestra de compañerismo, aquel peludo amigo salió de la mochila y acompañó a su ama con los aullidos.

-¡Jo! ¡Lang, te he dicho que te estés quieto! Ahora nos has metido en un lío…

-¡Pero bueno! Ja, ja, tenemos un polizón a bordo. ¿Te lo has traído al final?

-No quería dejarle en casa… Ya sabes que siempre va conmigo, y se sentiría muy solo. ¡No puedo hacerle eso a mi mejor amigo! ¡Es su derecho a tener libertad y no estar encerrado! ¡Así que…! ¡Soy su abogada!-exclamé, divertida y amenazante.

-¿Así que ahora quieres batirte a un juicio conmigo, eh, aprendiz de picapleitos? Ja, ja, ja. Pues déjame decirte que tienes toda la razón. Hacerle eso a un amigo está muy feo. Así que no pasa nada, puede quedarse aquí.

-¡Hurra! ¡Xie xie, papá! ¡Te prometo que se portará bien!

-De acuerdo, pero recuerda que tú también has de portarte bien. Vamos a conocer a tus abuelos, ¿Recuerdas? Has de ser muy educada con ellos, que son los padres de mamá.

-¡Sí, papá! ¡Me portaré muy bien! ¡Espero que nos llevemos bien! ¡Como una familia feliz!

Y entonces, me viene a la mente la imagen de mi madre. Estaba algo alejada de la escena, vestida con ropa cara y un semblante tan recto que le daba un aire de estirada. De hecho, mi relación con ella nunca fue idílica. Luego entendí por qué.

-…En mi familia no están para cursiladas, Zhen.

-Oh, vamos, no seas tan negativa, Calisto. No pudieron venir para nuestra boda, ni para el nacimiento de Okarina, tengo muchas ganas de conocerles.

-Hmpft. Qué ironía. (…) Déjalo, no me hagas mucho caso. Y tú, vigila al bicho ese, niña. Lo que nos faltaba es armar alboroto antes de aterrizar.

El perro gruñó, amenazador, pero no le reñí. Me uní a su protesta.

Lang no es ningún bicho! ¡Y es muy bueno! Si yo se lo pido, no armará jaleo. ¡De verdad, mamá!

-¡Vaya par! Sois más inseparables que dos siameses.

-¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!-me reí, con una risa preciosa, nada comparado a aquellas carcajadas de histérica.- ¡También soy inseparable de ti, papi!

-Y yo de ti, bonita. Vaya, siéntate, corre. Vamos a aterrizar. Y vigila a Lang también.

Y nos sentamos todos para el aterrizaje, pero hubo un problema inesperado. Los motores empezaron a fallar. Podríamos habernos estrellado en cualquier momento. Recuerdo que me asusté mucho, pero mi padre mantuvo la sangre fría y, gracias a su culturilla general, ayudó para el aterrizaje forzoso. Sus actos se quedaron grabados en mí para siempre. Nos había salvado la vida.

Gracias a mi padre, pudimos aterrizar sin problemas. No hubo ninguna víctima. Claro que aquel era el primer indicio de que las cosas no acabarían bien al final. Yo no lo sabía en ese momento, pero pude leer lo que fue el segundo indicio de un mal presagio: un cartel del aeropuerto. En él se leía: "Reino de Allebahst"

-¿Allebahst? ¿Qué lugar es este? ¿Seguimos en Asia?-pregunté.

-Estamos en Europa, Okarina. Y este es el lugar donde nací: el Reino de Allebahst. ¿Te gusta el nombre?-me indicó mi madre.

-Eeeh… No sé, es… Raro. ¿Aquí viven los abuelos?

Descubriría la respuesta más tarde, para mi desgracia. Después de que muchas personas felicitaran a mi padre por su increíble hazaña, salimos del avión y empezamos a andar. Recuerdo que mi madre nos indicaba el camino. Anduvimos por unas calles oscuras hasta toparnos con un edificio que brillaba por su majestad.

-¡Hala! ¿Qué sitio es este? ¡Es tétrico!-declaré, inocente.

-Pues… No sabría decirte, cielo. Me recuerda a una…

-Vamos a dentro, Zhen. Mi padre está dentro… Está deseando conocer a su yerno… ¡Pfffffff! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!-rio mi madre, con esa risa característica y escandalosa. En medio de la noche, era escalofriante.

-Sí, sí, vamos a conocerle. ¿Cómo se llama? Ni siquiera sé eso.

-Hmpft. Lo sabrás pronto… Muy pronto.

Mi padre sonrió y entramos al interior. No recuerdo muy bien cómo era el lugar. Había luces a intensidad media y algunos cuadros con diplomas colgados de la pared. En medio de la sala, se hallaba una única silla, apartada del resto de las cosas. Una habitación extraña.

-Qué lugar tan misterioso…-opiné, y me puse a observar cosas a mi alrededor.

Me llamó la atención una cosa que había en un estante, un objeto muy místico. Nunca había visto nada parecido: era una larga llave de forma genuina unida a un soporte de madera con adornos, con un botón en la parte de abajo.

-¿Qué es esto?

-Una llave. No la toques o te arrepentirás.-me dijo mi madre, amenazante.

No supe a qué vino eso. Aun así, la ignoré y seguí trasteando en aquel estante: abrí uno de los cajones, y me encontré con una pistola de tamaño mediano. Me sorprendí: nunca había visto una. La cosa iba a cambiar.

-¡Ahí va, Lang! ¡Este sitio es inmenso! ¡Es más grande que nuestra casa! El abuelo debe de tener mucho dinero.

-¡Okarina! No está bien decir esas cosas, y menos de tu abuelo.-me indicó mi padre.

-Déjala. En realidad, tiene razón.-me corroboró mi madre.

-¿De qué trabaja el abuelo, mamá?

-Oh… Tiene negocios… De momento locales… Pero aspira al mundo entero. ¡Pfffffft! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja!

No lo entendí, pero no me gustaba que mi madre se riera de esa forma.

-Siéntate, Zhen. Avisaré a mi padre. Enseguida saldrá a recibirte.

Mi madre desapareció de la escena. Entonces, papá se acomodó en aquella silla tan grande que presidía la habitación. Ansioso por conocer a su suegro. Y tan idiota que pagó el precio que eso suponía.

-¿Qué, Okarina? ¿Nerviosa por conocer al abuelo?

-Bueno… No sé, supongo. No lo conozco.

Me acerqué a la puerta por donde mi madre se había marchado.

-Ahora pórtate muy bien, ¿Entendido, mi vida?

-Sí, papá. Me portaré muy bien, porque me has enseñado muy bien. Y por eso te quiero tanto.- Y le sonreí. Y me sonrió.

Justo después de nuestras mutuas sonrisas, pude oír pasos por la puerta. Se abrió de golpe y pude intuir la figura de un hombre mayor, de pelo y barba de un gris oscuro y unos ojos muy fríos y verdes. Iba vestido de verde también, con una capa, botas y algunas medallas en su pecho. Su mirada no me inspiró confianza. Y su voz ronca tampoco.

-¿Y se puede saber quién eres tú, niña?-me preguntó, rudo, y sin interés ninguno.

-Es la niña de la que te hablé. Mi hija.-le informó mi madre.

-Oh, así que tú eres la moco… La hija de Zhen Moon, ¿Eh?-continuó, con una falsa sonrisa.

-Esto… Sí, señor. Me llamo Okarina Moon, un placer conocerle por fin.-saludé, tan cortés como fui capaz.

-Okarina, ¿Eh? Es un nombre muy raro. Algún día te lo podríamos cambiar.

-… ¿Eh? ¿Por qué? A mí me gusta… Lo eligió mi papá.

-Da igual, ahora no tengo tiempo para ti. Prefiero hablar con tu papá. Luego ya iremos a ti.

Y dicho lo cual, se dispuso a ignorarme y a pasar de largo. Mi padre le estaba dando la espalda por aquel entonces, pero pronto le vio la cara. Y también vio la de mi madre. La de verdad.

-¿Calisto? ¿Hay algún problema? ¿Por qué…?

Un ruido mecánico surgió de la nada. La silla donde estaba mi padre tenía un mecanismo oculto. Ahora estaba atado de manos, pies y tórax.

-¡…! ¿Eh?

-¿Papá?-me alteré, girándome hacia él.

-No puedo soltarme.-concluyó, forcejeando un poco.

-Esa es la idea… Zhen.-le indicó mi madre, con una pérfida mirada.

No podía entender nada de nada. Me aparté de la escena… Dispuesta a ver cómo mi padre reaccionaba al conocer a su suegro.

-Vaya, vaya… Qué honor de su parte en venir a visitarme… Abogado Zhen Moon, de Zheng Fa. Mi querido yerno-le saludó él.

Mi padre deseó no haberle conocido. Deseó que todo fuera un sueño. Una pesadilla, mejor dicho.

-¡…! ¡Usted! ¡Es usted! ¡Quercus Alba!-gritó, furioso. Nunca había visto a mi padre así.

-No sé para qué querías conocerle… Si ya le conocías… Cariño.-bromeó mi madre, volviendo a reír como solo ella sabía… Pero más malvadamente.

-Calisto, ¿Qué significa esto?-le inquirió mi padre, sorprendido en el mal sentido.

-Cuánto he ansiado este momento, Calisto, hija mía. El momento de conocer a tu marido. Tener el honor de saber… Que te has casado con un estúpido.-pronunció, severo y malicioso, Alba.

-¿Qué?-me pregunté, sorprendida como mi padre, en el mal sentido.

-Calisto, ¡¿Alba es tu padre?! ¡Es el líder de una red de contrabando, Calisto! ¡Sabes que le estado investigando, Calisto! ¡¿Por qué no me dijiste nada de esto?!-sollozó papá, dolido, sintiéndose traicionado. De hecho, lo había sido.

-Eso es muy sencillo. No te lo he dicho porque… ¡Yo soy un miembro de la red de contrabando!-reveló, al fin, aquella arpía.

-¡¿Qué?!

-¿Tanto te sorprende, Moon? Ella es una buena hija. Hace caso de todo lo que le dice su padre. Y para su padre, te estabas convirtiendo en un peligroso estorbo.-amenazó Quercus, con una sonrisilla hipócrita.

-¡Calisto! ¡¿Cómo has podido hacerme esto?! ¡Yo te quería, confiaba en ti!-chilló él, al borde del lloro.

-Oh, vamos, deja de llorar si eres un hombre, Moon. Lo has hecho muy bien, muy bien, desenmascarándome. Para tu desgracia, no podía permitir que lo descubrieses…

-¡Alba! ¡No dejaré que se salga con la suya!-contraatacó papá, desesperado pero sincero.

-Me temo que ya lo he hecho.-se defendió Alba, cínico.

-¡Papá! ¡¿Qué está pasando?!-grité, atemorizada.

-¡Okarina, tú no te metas!-me espetó mi madre.

Alba se giró un momento.

-¡¿Qué pasa, papá?! ¡No entiendo nada de nada!

-¡No hace falta que entiendas nada, niña!-continuó esa bruja.

-¡Calisto! ¡¿Cómo te atreves a hablarle así a nuestra hija?! ¡Soltadme de una vez!-vociferó mi progenitor.

Con una pérfida sonrisa de víbora, Alba volvió de su efímero retiro con esa llave en la mano y la pistola del cajón en la otra. Ambas cosas se las tendió a Calisto… Que ya no merecía llamarse "mi madre".

-Se acabó la charleta.

-¡Mamá, para, por favor! ¡Todo esto me da miedo!-supliqué.

-¡Quercus Alba! ¡No se atreva a hacerle daño a Okarina!-me defendió.

-Tranquilo, abogaducho, tu hija no sufrirá durante toda tu vida, de verdad. Yo la vigilaré.-Y al decir esto, Alba me cogió de los brazos.

-¡Dejadme en paz, y dejad en paz a mi padre!-me atreví a gritar.

-Ja, ja, ja. Son clavados, ¿Eh, hija mía?-le preguntó Quercus a su hija mayor.

-Ya, ya lo sé. Perra suerte la mía…

No le dio tiempo a continuar. Calisto tomó la pistola y la cargó. Después, apretó el botón trasero de aquella llave. Era un afilado cuchillo con todo de adornos.

-¡…!-se sorprendió papá.

-Hmpft. Tú tranquilo, Okarina estará en buenas manos a partir de ahora.

-¡Calisto, no le hagas daño a Okarina!-imploró él.- ¡Okarina, cielo! ¡Corre, vete de aquí! ¡Huye a un lugar seguro!

Quercus me sujetó más fuerte, por si tenía intención de irme, pero me negué.

-¡NO! ¡No voy a irme sin ti! ¡Mamá, déjale ir, por favor! ¡No le hagas daño, mamá!-empecé a llorar.

Al verme así, mi padre se puso a llorar también. Pero no era por su orgullo. Era porque no soportaba verme tan indefensa, y sin poder protegerme.

-¡Okarina! ¡Hija mía!-lloró.

-¡Papá!-contesté yo.

-Bah, ya me he cansado de melodramas, Calisto. Acaba de una vez con este pesado, ¡Bórralo del mapa!-ordenó Quercus, malvado.

Calisto se acercó a él con las armas en sendas manos. Clavó la mirada en mi padre, mientras yo imploraba que lo dejasen en paz. Él lloraba al verme, y lloraba al ver a la que era su esposa tan vil con él, aunque la había amado y tratado como nadie.

-¡Calisto! ¡¿Por qué me haces esto?! ¡Has jugado conmigo y con tu hija! ¡Me da igual lo que me pase, pero no le hagas nada a Okarina!

-¡Papá, noooo!

-¿Qué ha pasado, Calisto?Creía que eras justa como la fiscal que eres. Yo creía que eras una mujer de principios. ¿Ya no me quieres? ¿Eh? ¡¿Nunca me has querido?! ¡¿Todo nuestro matrimonio ha sido una farsa?! ¡¿Eh?!-sollozó mi padre, dolido como nadie.

-¿Y este qué dice? ¡Es un completo imbécil!-soltó Alba.

-¡Yo te quería, Calisto! ¡Confiaba en ti, te lo prometo! ¡Yo te quería! ¡Te quería!

Calisto, que le estaba mirando, se detuvo en seco. Se agachó a la altura de sus ojos bañados en lágrimas de dolor. Acto seguido, le dio un beso en los labios. Y pronunció una palabra que se grabó en mí para siempre.

-…Idiota.

Y con una sonrisa maliciosa, agarró con firmeza el cuchillo y lo clavó en el pecho de mi padre… Oí su grito resonar en mi cabeza.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!

Y justo después, el sonido de una bala atravesar la misma herida que había provocado la daga. Ya no oí ningún grito. Bueno, sí. Solo el mío.

-¡Papáaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Di un estirón tan fuerte que hice que Alba me tuviera que soltar por fuerza. Ella se apartó involuntariamente, y lo vi… A mi padre tendido en esa silla, con un montón de sangre manchando su ropa, lágrimas manchando sus ojos y dolor manchando su corazón. Que ya no latiría nunca más.

-Pa…Papá…

Me acerqué ligeramente, con mucho miedo y una pena que nunca había sentido. Le toqué la cara con la mano, y no alzó la cabeza. No respondía. Había muerto.

-Papá… (…) ¡Nooooooooooooooooooo!

Me abalancé sobre él y lo abracé como esperando que me abrazara también. Mi vestido se manchaba de su sangre, pero no me importó nada. Solo quería estar con mi padre, al que me habían quitado.

Nunca lloré más en toda mi vida. No dejé de sollozar "papá" mientras lo abrazaba. Y un maldito interrogante, "¿Por qué…?"

Cuando me cansé de tanto sollozar, aunque la pena no cesara, me levanté de allí, con la ropa manchada de sangre, y me alcé, furibunda y llorando, contra Calisto. Corrí hacia ella y empecé a pegarla.

-¡¿Por qué le has hecho algo así?! ¡Mala madre!

Grité sin cesar, y no paré de pegarla y pegarla. A ella no le dolía. Pero a mí sí. Me dolía mucho. Me habían arrebatado a mi familia.

Alba, como siempre tan cobarde como para no ensuciarse las manos de sangre, se acercó desde donde estaba, para pegarme una buena bofetada y apartarme a un lado. Creo que grité, y me di un golpe. Pero sí recuerdo hablar con mi amigo, que estaba por allí, sin separarse de mí.

Lang, corre, busca ayuda!

Me miró con sus ojitos dorados y me dio un "besito" con la lengua en la mejilla. Después, con carita de pena, se marchó buscando ayuda. Pero ya no pudo volver. Nunca lo he vuelto a ver. Mi pobre amigo… Ojalá esté bien… Esté donde esté.

-Adiós, amigo… Xie xie, Lang...-me despedí, débil

Me puse a llorar en un rincón, hasta que me vi obligada a parar por la presencia de Alba, amenazante.

-Bueno, bueno, querida señorita Moon. Para que lo sepas, yo cumplo mis promesas, como la que te he hecho antes. Ahora, vamos a encargarnos de ti.

Me levanté de ahí llorando y, valiente, me atreví a gritar.

-¡Adelante, mátame, estúpido viejo! ¡Así me llevarás con mi papá! ¡Quiero irme con él a la Luna, a dónde se van los muertos! ¡Quiero estar con mi papá!

-Vaya… Es una oferta tentadora, pequeña, muy tentadora…-susurró, jugueteando con una gran medalla

-¡…!

-Pero no creo que te merezcas eso, mocosa. Eres la hija de mi peor enemigo, muchacha. Eso merece algo más duradero que la muerte. Ja, ja, ja…

Me asusté. Y hacía bien. Desde aquel preciso momento, una huérfana de padre (y de madre), sin escapatoria, pasó a convertirse en una criminal demasiado joven para ser tal cosa.